Me miras y sonríes.

Mire nuevamente los nombres escritos en aquellas lapidas, mis tíos me miraban sin decir nada, la vista se me volvía borrosa por culpa de las lágrimas, fu entonces cuando tu colocaste tu mano en mi hombro, te mire de forma ida y pero a pesar de eso te sonreí, eso pareció sorprenderte pero correspondiste con una euforia nunca antes vista.

¡Ya están en un lugar mejor! dijiste, cualquiera te mandaría a la mierda pero yo asentí limpiando mis lagrimas –. Además es mejor que verlos sufrir.

El tío se agacho a nuestra altura, acaricio tu cabeza y me miro con una sonrisa apenada.

Tranquilo, te quedaras con nosotros, seremos una gran familia feliz.

Prometió.

Entonces... ¿Por qué?


Una vez más tu madre nos regañó por estar perdiendo el tiempo, tu asientes sumiso ante sus palabras mientras yo solo observo al piso, cuando termina se va, tú te alejas con la vista al suelo, toco tu hombro para reconfortarte, tu alzas la vista, me miras y sonríes. Tu madre nunca te prestaba atención y cuando lo hacía solo era para reñirte, pero a pesar de todo tratabas de pensar lo mejor, que en el fondo solo quería hacerte una mejor persona, ya no podía romperte esa ilusión dejando que vieras las verdaderas intenciones de tu madre, pero no sabes cuánto me arrepiento de eso.


Ami te dio una galleta y a mi otra, las comimos gustosos mientras de fondo escuchábamos a las sirvientas cuchicheando sobre otra que estaba embarazada, yo mire por la ventana aburrido y en eso los vi, un grupo de jóvenes que practicaban futbol, toque tu hombros aun cuando estabas muy entretenido oyéndolas, parecía que te gustara, cuando capte tu atención apunte a la ventana, tu observaste por encima de tu hombros notando a las chicos, pero no parecías interesado, por eso de nuevo me miras y sonríes, esta vez negabas regresando la vista a la plática.

Yo me encogí de hombros y me aleje para ir a jugar con ellos, te deje solo en la cocina, sabía que no le tomarías mayor importancia y te quedarías comiendo y hablando con ellas... ¿Por qué demonios no te insistí?


Entre que comías y chismeabas con las sirvientas tu figura se volvió redondita y tierna, me gustaba jugar con tus cachetes aun cuando a ti te molestaba, a tu madre le molestaba que subieras de peso así que tenías que comer a escondidas de ella conmigo y las demás cubriéndote, nunca le vi lo malo. Oí a tu padre hablarte sobre tu timidez, anoche hubo una fiesta y tú no te levantaste de tu mesa a pesar de que se acercaban a hablarte ¿Yo? No tuve problemas en adaptarme al ambiente, es más, me quede platicando con unas niñas que eran muy bonitas. El chiste es que ahora debemos ir a la escuela y parece que te cuesta hablar con otros, yo te obligue a estar conmigo y mis amigos jugando futbol, cuando los conociste te pusiste nervioso y ellos se mostraban algo extrañados ante tu actitud, pero sin más propusieron jugar, al inicio sé que no querías.

– Vamos, será divertido, además hace tiempo que no pasamos tiempo juntos –te insistí haciendo ojitos de perrito, tu ibas a negar pero cuando lo pensaste mejor finalmente me miras y sonríes, aceptaste.

...

Eras malísimo, pero para mí era divertido jugar con todos ustedes, siempre te quise como si fueras mi hermano... Maldición ¿Por qué te obligue a estar con ellos? Todo es mi culpa.


Empezaste a actuar raro, pero nadie se daba cuenta porque hacías las mismas actividades de todos los días, te paras, desayunas, vagueas, te encierras en la cocina con las chicas, comemos todos juntos, vuelves a encerrarte y cenas para finalmente irnos a dormir, algo monótono, pero me daba cuenta de algunos comportamientos raros en ti, por ejemplo ayer que había una cena solamente llegaste un rato y te fuiste a encerrar al cuarto, sé que no es lo tuyo convivir con otros pero eso no preste atención... mierda...

En la mañana te vi mirándote en un espejo con la expresión ida, yo estaba confundido por aquello así que me levante y tome tu hombro, me sorprendí cuando te exaltaste pero simplemente me miraste y sonreíste con una expresión que no supe descifrar. Mi conclusión fue que habías tenido una semana difícil así que decidí hacerme el ignorante...

Y de nuevo ese sentimiento de culpa me invade.


Cuando acabamos de comer solías desaparecerte, estaba algo curioso ante eso porque últimamente habías bajado de peso, en cierto momento pensé que empezaste a hacer ejercicio o también porque ya no comías tanto para que tu madre no te riñera, así que no te preste atención y seguía en mis cosas, coqueteando con nuestras compañeras... se supone que éramos como hermanos, entonces ¿por qué no me di cuenta? Notaba como te la pasabas todo el día encerrado y acostado sin querer salir, tu repulsión por comer en público, tu inestabilidad, incluso te desmayaste en la escuela, todo eran tan obvio ¿Por qué tarde tanto en reaccionar? ¿Por qué no actué antes? Pude evitarte tanto dolor y sufrimiento, supongo que me cegué.

...

En un simple día llegue de la escuela, tu no habías asistido porque decías sentirte mal, yo había llegado temprano y como siempre, tu padre fuera, tu madre en sus cosas, yo me dirigí a nuestra habitación y cuando iba a abrir la puerta ciertos sonidos captaron mi atención, siempre tuve buen oído, me acerque con cuidado y abrí lentamente procurando hacer el menor ruido posible. Los sonidos que salían del baño inundaron mis odios así que, temiendo lo peor, abrí de azoton la puerta...

Demonios, siempre tan lindo y tierno, tratando de ser positivo, dando lo mejor de ti...

– Hola –saludaste sin mirarme mientras limpiabas tu boca agachado a un lado del retrete, el shock era mucho para mí, jamás pensé eso de ti, pero...

– ¿P...por qué? –susurre mirándote, mis pies reaccionaron solos, me acerque a ti y te tome del cuello de tu camisa, tu a pesar de eso no me miraste y yo solo pude gritarte–. ¿¡Por qué lo hiciste!? –grite fuera de mí, el colmo fue que...

Tú me miras y sonríes...

Fue en ese momento que las lágrimas se escaparon de mis ojos–. ¡Eres un idiota! ¿¡Sabes lo que pudo pasar!? ¿¡Qué no te das cuenta!? ¡Eres lo único que tengo! –tu expresión sorprendida fue suficiente para mí, te abrace con fuerza escondiendo tu cara entre el hueco que había entre mi cuello y hombro–. No quiero perderte, por favor, no te alejes de mi lado... te necesito...

Yo estaba cegado por la frustración, el enojo y la tristeza, pero en el momento que alzaste la mirada pude ver unas grandes y gruesas lagrimas deslizarse por tus ojos... Shin, esa fue la primera vez que te vi llorar, tu siempre fuiste de esas personas que se tragaba el dolor y actuabas infantilmente para cubrir tus problemas, pero en ese momento te viste tan destrozado...

Ese día nació en ambos un nuevo sentimiento, en ti el sufrimiento y en mí la culpa, por eso no dudamos en dejarlo todo atrás y huir de esa gran casa para hacer una nueva vida, pero siempre juntos...


¿Por qué haces esto?

El gran demonio de cabellera negra se encontraba leyendo facturas y documentos, estaba bastante tranquila hasta que un azoton logro que se exaltara, miro con expresión severa al trabajador que llego con expresión aterrada, cuando se dispuso a reñirlo él dijo aquellas palabras que le pusieron de más mal humor.

– Logro huir de nosotros, otra vez lo está haciendo.

Elizabeth permaneció serena hasta la última palabra, cuando el hombre termino ella se levantó golpeando su escritorio de metal haciéndole una grieta, se levantó y salió caminando por los pasillos siendo seguida por aquel hombre, cuando llego a un sitio donde varios guardias se amontonaban los aparto con una simple mirada, al estar frente a una puerta metálica solo alzo un dedo y un rayo de energía color rojo impacto en está destruyéndola, cuando entro lo noto.

– ¡Llévenlo a urgencias! –ordeno con una mueca, ese maldito mocoso le traía muchos problemas.


La brillante y blanca luz que cubría la habitación lo despertó de su ensoñación, con pesadez se levantó sintiendo un fuerte dolor en las muñecas, miro a un costado encontrándose con el demonio, literalmente.

– Has despertado, estuviste más cerca de lograrlo, por suerte me avisaron a tiempo –informo la dama, el chico soltó un gruñido al oír su miserable noticia–. Como sea, mañana tienes que hacer un cargamento, más te vale estar bien para entonces, me da igual si tenemos que tenerte sedado todo el día –explico saliendo de la habitación dejando al joven con un par de guardias cuidándolo.

– ¿No cree que fue un poco cruel? –pregunto el hombre que anteriormente le aviso del incidente con el joven.

– No, estos son los jóvenes que cuando logran huir hacen rebelión contra la organización, extremadamente peligrosos, eso deberías saberlo, después de todo fuiste uno de los pocos sobrevivientes del escape de los experimento Z.

El hombre sintió un escalofrió recorrerle completamente, la mujer giro los ojos, los humanos eran tan cobardes.

– Um, el sujeto ciento veinte tres –susurro la mujer–, Sergio Aborosu, segundo intento de suicidio fallido, con antecedentes de más intentos, pero estos no estuvieron ni cerca de herirlo.

– ¿Por qué lo hace?

– No quiere trabajar para nosotros, menos desde que matamos a sus padres, se muestra antipático –la mujer se sentó en su asiento mientras aquel trabajador anotaba algunas cosas–, busquen más rocas –ordeno, el hombre asintió alejándose y la mujer se relajó, Elizabeth miro al techo pensativa–. Dos intentos de suicidio... por eso tenemos medidas drásticas con él.

Para pagar nuestros experimentos necesitábamos algún modo de ganar sin gastar tanto, por eso nos decidimos al comercio de armas, pero conseguirlas, aparte de molesto, era gastar más plata, por eso secuestramos al joven Sergio Aborosu; nunca se le puede dejar solo, tenemos a dos guardias cuidándolo las veinticuatro horas del día. No podemos dejarlo ni al trabajar, su alice de convertir cualquier cosa en un arma lo hace peligroso, no para otros si no por sus tendencias suicidas, el primer día intento dispararse a la cabeza siendo detenido a tiempo. La primera vez que estuvo cerca fue cuando estaba comiendo y volvió un simple cuchillo de mantequilla uno real, se hizo una herida vertical desde el pecho hasta el estómago, en esta ocasión fueron cortes en las muñecas con ayuda de una hoja de papel hecha una navaja.

A la hora de la comida le damos alimentos que sean fáciles de ingerir hasta para un bebe, el uso de cuchillos y tenedores está prohibido para él y tiene que comer lejos de los otros empleados y trabajadores siendo cuidado para que no se quiera meter la cuchara hasta la garganta y ahogarse. A la hora de ir al baño tampoco puede estar solo, en el urinal lo tienen que estar cuidando aunque le moleste, igual tiene un baño especial que cuenta solo con el retrete, un guardia tiene que pasarle el papel, es algo divertido si lo piensas bien, pero finalmente es para que el chico no se mate. Hasta para dormir se tiene que vigilarlo, duerme en un colchón viejo con unas sábanas delgadas para evitar que use un tubo en contra de los empleados que lo cuidan.

A pesar de que nunca esta solo tiene una personalidad retraída y apática provocada por su conducta, sumamente grosero y se tiene que tener mucha paciencia con él porque no sirve la amenaza de "Si no lo haces te mato"

– Ug, este mocoso me trae más problemas que beneficios –se quejó el demonio golpeando su teclado, ante ella aparecieron los datos de otro trabajador, al verlos bien se dio cuenta de algo–. Esto me puede ayudar –tomo el comunicador e hizo la llamada–. Sujete ciento doce, Shin Johnson, lo requerimos en la oficina ahora mismo.

¿Qué puedes hacer con un emo? Traerle lo contrario a él. Confiaría en la bondad e ingenuidad del ángel.


No sabía que decir, estaba en una especie de shock, no era normal llegar de la escuela y que tu casa se esté incendiando, juraba escuchar los gritos agónicos de su madre, pero estaba consiente que en esos momentos no había rastro de vida a su alrededor. Dejo que las lágrimas descendieran libremente por sus mejillas, se dejó caer de rodillas al mismo tiempo que gritaba de dolor. Fue entonces cuando unos hombres le tomaron y se lo llevaron pese a sus intentos por zafarse. Juraba que se iba a vengar de todos esos bastardos, les haría la vida imposible estando vivo o...

Muerto.


El joven despertó de forma agitada poniendo alerta a sus guardias de turno, cuando logro calmar su respiración llevo sus manos a su rostro, ese sueño le seguía atormentando cada día de sus miserable vida... miserable... si, así se sentía. Ignorando las miradas de los hombres se levantó y fue al baño a lavarse la cara, ese día había trabajo, le guste o no.

Cuando llego al desolado pasillo que conectaba con su "oficina" se encontró con una presencia, era un joven de cabellos negros y ojos morados que iba comiendo unas donas mientras miraba los alrededores, cuando la mirada de ambos cruzaron el joven más alto se acercó curioso, Sergio se confundió de que los guardias no le dijeran nada.

– Hola –saludo, las dudas invadieron al oji gris–, soy Shin, etto ¿Tu sabes qué lugar es este?

¿Por qué se dirigía con él y no con sus gorilas? Cuando giro la vista noto que no estaban, eso le sorprendió y a la vez alegro, tal vez esta ves podría...

– Oye ¿Me escuchas? –pregunto el oji morado.

– ¿Eh? Estas en la zona de mercadotecnia, yo soy el encargado de crear las armas que se distribuyen –explico esperando que se fuera, el chico asintió y miro a todos lados.

– ¿Po que estas solito?

– Trabajo solo...

– Entonces te hare compañía –propuso el chico, en ese momento el oji gris comprendió.

– Te mando Elizabeth –se quejó, el chico negó.

– Nop, estoy aquí por accidente, tenía que ir al piso seis pero...

Ambos se quedaron en silencio, fue entonces que Sergio le dijo aquello que hizo verse más idiota al chico–. Estamos en el piso diez...

– ...

Se quedaron mirando, entonces el oji morado ladeo la cabeza confundido.

– El elevador decía que este era el seis –su tono inocente e ingenuo logro convencer al chico que soltó un pesado suspiro.

Es obra de Elizabeth ¿Qué querrá? ¿Y porque mando a este mocoso? –se preguntó mirando a su acompañante que parecía atontado–. Pues deberías ir a...

– No, me cancelaron la misión.

Sí, es cosa suya.

Para desgracia de Sergio el otro no se separó de él en todo el día pese a sus protestas y rechazos, el bobo era muy positivo para su gusto y eso le irritaba, seguramente encerrado en su mundo color rosa no podía entender que pasaba a su alrededor, estando en ese sitio podrido que solo te vuelve loco. Igual, por culpa de Shin no pudo usar la pistola.


El oji gris se quejó al terminar su trabajo, para colmo tenia alice tipo 4, pero no se preocupen, nada le pasaría, finalmente Elizabeth se encargó del tráfico ilegal de pastillas para ayudarlo con su problema.

– Maldito demonio –se quejó el joven en un susurro, fue escoltado por sus guardias a su esquina en la cafetería, para su sorpresa lo dejaron un momento solo, pensó por unos momentos ahogarse con la comida pero sabía que de nada le serviría, menos cuando había mucha gente alrededor, salió de sus pensamientos cuando noto una presencia a su lado–. ¿Otra vez tú? –se quejó al notar al oji morado que sonreía emocionado.

– Te vi solito y dije "¿Por qué no le acompaño?"

– No quiero.

– Pero yo quiero acompañar a Sergio-chan –le sonrió de la forma más tierna que pudo haber visto el oji gris logrando que sus mejillas se ruborizaran, nadie jamás lo había tratado con tanta dulzura aparte de su madre.

– Largo.

– Nop.

Todos en la cafetería miraban al dúo de jóvenes que simplemente discutían sobre si Shin se quedaba en la mesa o no. Aunque pareciera raro se notaba en el joven suicida un comportamiento más relajado, tal vez el método de Elizabeth si estaba sirviendo.

Así trascurrió la semana, el oji gris siendo acosado por el de ojos morados, Shin no entendía el porqué de su necesidad de estar cerca del otro, no era tonto como muchos pensaban, se daba cuenta de que Sergio lo quería lejos de él, se daba cuenta que Elizabeth quería tenerlos cerca por alguna razón, se daba cuenta de muchas cosas, le encantaba eso, porque nadie se daba cuenta de lo que él pensaba, solo una persona lo sabía y esa persona lo observaba a lado de Julian con curiosidad.

– ¿Por qué Shin actúa tan raro? –pregunto el manipulador de mentes.

– No lo sé, pero parece que ese par se llevan bien –comento el de ojos bicolor mirando a su primo y al de ojos grises–. Tal vez... son más parecidos de lo que piensan...

Julian ladeo la cabeza cuando noto que Sergio golpeaba en la cabeza a Shin ¿Eso era llevarse bien?


– Sergio-chan~–canturreo Shin mirando a su nuevo amigo, el oji gris le miro fastidiado pero hizo una mueca cuando el oji morado le tomo de una muñeca, su acompañante no pasó desapercibida esa acción, estaba seguro que no le apretó tan fuerte, sabia medir su fuerza, no por nada estaban en la sección de lucha.

– ¿Qué quieres? –pregunto zafándose del agarre, el chico se quedó callado unos momentos y de nuevo volvió a tomar su muñeca pero más firme–. ¿¡Qué haces!? –pregunto cuando Shin le levanto la manga, sus sospechas fueron ciertas, el joven tenía unos horribles marcas en la muñeca culpa del incidente el día anterior a que se conocieran. El oji morado puso una expresión triste al mismo tiempo que el de ojos grises se soltaba nuevamente del agarre.

– ¿Por qué? –pregunto con los ojos llorosos, aunque Sergio se sintió mal por aquel gesto que puso miro a otro lado con fastidio.

– No te importa –murmuro, el oji morado lo tomo de los hombros y lo obligo a verlo.

– ¡Claro que me importa! ¡Somos amigos y no quiero que te pase algo! –exclamo zarandeándolo al tiempo que soltada algunas lágrimas. Cuando Sergio pudo soltarse lo miro sorprendido.

– ¿Ami...gos?

– ¿Uh?

– ¿Qué es eso? –pregunto dudoso, Shin le miro sorprendido.

– ¿No sabes? –el contrario negó–, bueno, amigos es aquellas persona que se preocupa por ti, que te quiere, algo así como otro familiar, alguien con quien puedes contar en las buenas y en las malas y que sabes que sin importar cuantas veces discutas siempre estará ahí para ti.

Sergio se quedó en silencio procesando lo dicho–. Yo no he hecho ninguna de esas cosas por ti –respondió, el oji morado sonrió.

– Pero yo lo hare por ti –le abrazo–. Sergio, seamos amigos –propuso. El chico lo pensó unos momentos, por un momento estuvo por aceptar, pero fue entonces que la realidad le golpeo con fiereza.

– No –respondió firmemente–, yo no puedo tener amigos y menos en este horrible sitio, no quiero tu falso intento de amabilidad –se alejó a pasos veloces del chico quien lo miro confundido y triste ¿Por qué nadie quería ser su amigo? Siempre era lo mismo, por un momento pensó en ir al baño y... No, le prometió a Jin que... Jin ¿Dónde estás?


El oji gris llego finalmente a aquel lugar, la azotea, se acercó a la puerta y cerro con seguro, así nadie molestaría. Se acercó al borde del edificio, si caer desde esa altura no le mataba, nada lo haría. Comenzó a pensar en cada uno de los aspectos de su vida y se dio cuenta que no valía estar vivo, no importa lo que pase, él siempre lo arruina todo. Se sentó en el borde y meció sus pies, soltó un suspiro y entonces dio el impulso necesario, desde abajo logro escuchar los molestos ruidos de la gente exclamar ante su acción.

El ruido de un vidrio rompiéndose inundo sus oídos, en ese momento sintió algo atraparlo salvándolo de la caída, abrió los ojos molesto y se dio cuenta que su salvador era el chico que rechazo hace unos momentos, se quedó en silencio hasta que ambos chocaron contra una pila de cacharros, eso provoco que Shin soltara, o más bien, lanzará al oji gris. Cuando Sergio recupero la compostura se levantó algo mareado, la imagen que tenía en frente fue mucho para él.

– No... –susurro, miro a su salvador con sus alas color morado teñidas de un rojo carmesí, se levantó con dificultad y se acercó, muchas piezas de metal se incrustaban en sus bellas alas–. ¿Por qué? –pregunto intentando quitarle algunas, el chico no alzo su vista del piso, por la posición en que quedó parecía crucificado, entonces...

Lo miro y sonrió...

– ¿Ves? Soy un amigo grandioso –dijo en un débil susurro antes de caer inconsciente, el oji gris quedó en shock, muchos trabajadores llegaron para ayudar al chico a salir de ahí y llevarlo a la enfermería, Sergio se dejó caer de rodillas mirando el alboroto.

La culpa lo consumió y provoco que saladas lagrimas salieran de sus ojos ¿Hace cuanto que no lloraba? No lo sabía, pero por primera vez arrepintió de sus acciones.


– Baboso –llamo Yami, el de ojos morados alzo la vista–. Vamos a comer –ordeno.

– ¿Eh? ¿Me estas invitando a que te acompañe a comer? –pregunto sorprendido pero emocionado.

– No –y la emoción se fue, ahora el chico tenía un aura negativa a su alrededor–, te estoy invitando a comer, apúrate o me arrepentiré –indico, Shin se quedó sorprendido pero sin más accedió, si eso era un sueño... ¡Que nadie lo despertara! Antes de ir junto a la emo miro a su otro emo, este hablaba con su novia, parecía feliz y aquello solo pudo hacerlo sentir feliz.

– Nuestro pasado –susurro.


Esta vez tocamos dos temas sensibles como lo son la enfermedad de la bulimia, protagonizada por Shin y contada por Jin, y el suicidio, protagonizada por Sergio, pero siendo Shin su "Salvación"

Los pasados de estos chicos es algo interesante, finalmente nunca les di trasfondo y eso que sus historias te dejan algo, ahora solo me queda un personaje para contar su historia la cual ya tengo, pero no he escrito. Pero bueno, en el siguiente capitulo tenemos.

Nuestro pasado VI: El precio de una familia.

Recordatorio: Yami come "odio" y "tristeza", al hacerlo conoce la historia de la persona.