Título Original: Twisted Hearts.
Título Traducido: Corazones Atormentados.
Autor: Eternal fire1.
Traductor:Marijo216.
Corrección: Albreyck.
Corazones Atormentados
Cap. 28: Sigue Callendo
"A través del dolor y el derramamiento de sangre, a través de las lágrimas y la ira, a través de esta infinita tortura, todo lo que puedo pensar es en ti, y tú eres lo único que me mantiene cuerda."
"¿Vas a firmar?" Preguntó, sosteniendo una especie de documentos.
Aome los miró; la mandíbula cerrada, y luego sacudió la cabeza fervorosamente. Fuera lo que fuese, no haría nada que este... este monstruo le pidiera. Sus ojos se oscurecieron considerablemente. Entonces estaba encima de ella, el hierro caliente en las manos, los documentos en la otra, y sus ojos brillaban con tanta locura...
El grito de dolor que estranguló su boca al salir hizo eco en el sótano. La punzada formada directamente en su bientre. Le dejaría una cicatriz fea, lo sabía. Dios ¿cuántas cicatrices quedarían al final de esto? ¿Iba a salir de esto? Cerró los ojos, tratando de pensar en otra cosa que el dolor punzante en su bientre, pero todo lo que podía sentir era el dolor, y lo único que podía oler era carne quemada.
"Dije, ¿podrías firmar esto?" Su voz era tensa, como si bordeara el límite de la paciencia.
Se aclaró la garganta que estaba muy seca. "No." Ella no sabía lo que el firmar dichos formularios haría. Algo le decía que fírmalos tenía la ligera posibilidad de poner fin a la tortura, pero sabía que eso sería malo. Esto podría afectar las cosas para el mayor de los hermanos Taisho y tal vez incluso Inuyasha, quien pensó ya debía estar lamentando lo sucedido. Ella miró directamente a los ojos de su torturador. "No." Repitió. Nunca, nunca, haría algo para dañar a Sesshomaru.
"Entonces, no más trato amable para ti."
La quemó una y otra y otra vez.
Ella nunca se rendiría
Ella no los dejaba conquistarla. No importaba que su situación fuera terrible. Se negó a darles la satisfacción de... de derrotarla. Y qué si se escuchaba a si misma llorar y gritar, ella no les rogaría terminar. No iba a implorar. Prefería sufrir cualquier cosa que trajeran sobre ella.
Su verdugo tomó algún tiempo azotándola, y Aome se preguntó si tal vez habría sido mejor gritar por Sesshomaru en el principio, en el laberinto. Su mente se nublaba por el dolor, y ella sólo quería que terminara.
No, ella no quería morir, pero estaría muy agradecida si dejaran de tratar su cuerpo como un saco de golpear.
La golpearon, la lanzaron, quemaron partes de su cuerpo, y ahora un demonio azoto su espalda y Aome no sabía dónde encontrar la fuerza para resistir todo. Los golpes los podía soportar; los había manejado bastante bien. Insultó al youkai oso que la trataba como a un saco de patatas hasta que perdió los estribos y la golpeo en la boca. Eso dolía, pero no era algo que no podía soportar. Luego, un tigre youkai decidió utilizarla como a una pelota, lanzándola por la habitación. Oyó un chasquido, y su brazo y pie derecho quedaron abruptamente dañados.
Ella dio un respingo, y el estúpido youkai rió. Se rompió algo, estaba segura de ello. Después de eso, Naraku decidió aparecer.
Lo que no había sido agradable.
Aome cerró los ojos al recordar su cara. Hubo destellos de locura en sus ojos al ver su dolor. Su desesperación le satisfacía. Aome se levantó después de ver su cara, burlona. Ella no podía soportarlo.
Naraku rio y la quemo más. La quemadura la dejó entumecida, y cuando el cortador llego, no sabía si sentía un nuevo tipo de dolor o si estaba recordando uno anterior.
No le importaba.
Aome estaba más allá del punto de la razón.
Con Naraku ido, Aome supuso que nada peor que eso iba a suceder. Sabía que no podía soportar más el dolor. Su cuerpo se negaba a seguir trabajando.
Le demostraron que estaba equivocada.
Minutos después de que Naraku se fue, un fuerte y musculoso youkai entró en la habitación. En su delirio, Aome se preguntó desinteresadamente qué iba a hacer a continuación. Pensó que no quedaba nada. Cuando vio el látigo, empezó a reír histéricamente. Las risas continuaron cuando el demonio levanto sus manos sobre su cabeza. Pero no podía parar, ni siquiera cuando se dio cuenta de que él torturaría su desnudo cuerpo. Era como si algo se hubiese quebrado dentro de ella, y si no se reía ahora, se volvería loca.
El youkai la había mirado curiosamente, pero Aome se echó a reír más.
Para decir lo menos, no había sido ligero.
El youkai demostró lo mucho que su cuerpo podría tomar, y le mostró que, efectivamente, había torturas para aun por probar. Aome había visto a la gente ser azotada en las películas, pero nunca imaginó que podría sucederle a ella. Ni siquiera pensaba que la gente aun hoy en día fuese torturada, y mucho menos que ella sea torturada.
Pero lo había sentido de primera mano, y todavía estaba viva. Supuso que debería estar muerta, después de todo lo que su cuerpo había pasado, y a través de la bruma, se pregunto por qué no habían tocado su rostro. Aparte de su boca, todavía fuerte con el sabor de la sangre, tuvieron cuidado de no herir su cara. Si realmente pensaba en ello, sólo golpearon su espalda, con excepción de Naraku.
Esto no la hacia sentirse mejor. Eso no la hacia sentir algo, en realidad, porque ni siquiera estaba segura de que lo que estaba ocurriendo era real o una alucinación. Podría ser un sueño, y en cualquier minuto, Sesshomaru la despertaría de una manera no tan delicada, y le ordenaría que deje de gritar y lo dejara dormir. Por otra parte, ¿por qué alucinaría algo tan horrible?
Le importa un bledo sobre los asuntos que él pensaba eran terribles, porque una vez que estubiese despierta, el dolor que sentía dejaría de existir, y no tendría huesos rotos o sangre emanando de su espalda. No habría quemaduras, y su boca no sabría a metal. Todo estaría bien. Rápidamente abrazaría a Sesshomaru, agradecida, y luego giraría a su lado y dormiría.
Salvo que la pesadilla se sentía demasiado real para que Aome la imaginara, y el olor de la sangre en el aire era muy pesado, y el sabor amargo de la sangre en su boca no era nada que pudiera imaginar. El dolor que sentía era demasiado, y en el fondo sabía que no era un sueño.
Iba a tener un trauma muy real.
Realmente estaba siendo torturada.
Trató de no llorar, cuando todo se hundía. Estaba viva y consciente, por algún milagro, y todo lo que le habían hecho había sido real. No podía negarlo. Tuvo que hacerle frente.
Sucedió, y no tenía idea de lo que había hecho para merecer esto.
¿Qué hacer ahora?
Los azotes dejarían cicatrices en su espalda, sin duda. Las quemaduras dejarían marcas también; Naraku había sido claro en decir que la quemaran en el mismo lugar varias veces. Esto trabajó como un encanto. Aome incluso se desmayó durante un rato. Deseaba que sus manos fueran desatadas. Entonces podría purificarlos a todos. Dios, si pudiera, lo haría sin remordimiento. Tenía ganas de llorar, pero ella no lo haría. Aquí no, ahora no, definitivamente no delante de ellos.
Ya habían golpeado su cuerpo sin sentido. No quería, bajo ninguna circunstancia, dejarlos dañar su alma.
¿Podían ser destruidas las almas?
Si pudieran, Aome esperaba que Naraku no supiera cómo. Ella quería su alma. Estaba segura de que realmente moriría si lograban dañar eso. Se sentía cada vez más inquieta, sus ojos se cerraban...
"No duermas, ahora, pequeña Miko. Todavía no terminamos contigo" Una voz desagradable le dijo. Aome sintió ira. Sólo Sesshomaru la llamaba Miko, y oírlo de un youkai que había pasado la última media hora torturándola lo hizo sucio.
"Espera..." Aome apretó a través de sus dientes, "hasta que me libere." Él se rió, pero Aome lo miró con una furia que nunca había sentido antes, y pareció captar la indirecta. Se calló de inmediato. Aome podía sentir el poder de sacerdotisa que crecía dentro de ella, y ella quería usarlo en él...
Oyó al youkai salir de la habitación. Esperó algunos minutos, pero nadie entró
Todo estaba en calma, por el momento.
"Cobarde". Escupió venenosamente. No podía creer que se escapara de una indefensa atada sin posibilidad de escapar. No podía creer muchas cosas.
Luego, su atención regresó a su situación. Su cuerpo estaba débil más allá del agotamiento. Había perdido sangre debido a la, bueno, una parte de las torturas. Los golpes del oso youkai le dejaron contusiones y dolían mucho peor que lo que hicieron hace un momento. Las quemaduras estaban bien, sin embargo. Ella no sentía más ese dolor. Si los tocaba, sin embargo, estaba segura de gritar.
Por el lado positivo, ella estaba... bueno, aún con vida. No sabía si era o no un consuelo. Por otro lado, ellos podrían seguir torturándola. No era lo suficientemente estúpida como para creer que no lo harían. Se imaginó que aún habían miles de maneras de hacerla sufrir, sin finalmente matarla.
Quienquiera que dijo que hay cosas peores que la muerte había estado en lo correcto. Sólo deseaba haberlo sabido antes. Por supuesto, nada podría haberla preparado para esto.
Y no importa qué, Aome no podía desear la muerte.
Sesshomaru pensaría que era patética si lo hacía, y aunque sabía que no le importaba lo suficiente para venir por ella, le gustaba pensar que él estaría, en lo mínimo, orgulloso de ella.
Mantuvo sus esperanzas. Mantuvo su voluntad fuerte.
Él asentiría con la cabeza, y eso sería suficiente para Aome. Con este simple gesto, ella sabría que él la aprobó, y todo habría valido la pena.
Y a pesar de que había pasado por un dolor mucho más físico de lo que había pensado imaginable, la idea el no preocupándose o viniendo, hacía un daño peor. Aquello atravesó su pecho. Tal vez Naraku no sabía cómo romper su alma, pero Aome acababa de encontrar el camino, y debería dejar de pensar en Sesshomaru porque no iba a salvarla, y pensando que lo haría, no le ayudaría a salir de este gran hoyo. Además, antes de que todas las torturas comenzaran, había declarado que Sesshomaru no vendría. No quería que lo dañaran. Todavía no le deseaba daño alguno.
Es mejor si no venía. De esa manera, cuando su cuerpo finalmente se rindiese y muera, ella podía imaginar que le importaba e iría a su funeral. Si nunca llegaba, si nunca lo veía de nuevo, entonces podía imaginar su rostro con una sonrisa pequeña que sólo le había dado a ella.
Entonces podía pretender que la echaría de menos.
Sería capaz de imaginar su boca en la suya, y su toque de calidez. Si no venía, Aome iba a morir con esas imágenes, con esos ojos dorados llenos de calides que no estaría allí si aparecía y veía esto.
Si solo… si pudiese… si hubiera...
En realidad no debía preocuparse. No estaba segura de cuánto tiempo la mantendrían en este sótano. No estaba segura cuantas horas más iba a durar. Lo único de lo que Aome estaba segura era de que no lo haría con vida, y odiaba eso porque no quería renunciar, pero no sabía cómo seguir adelante.
Afuera, había ruido que sonaba como dos cuerpos que caen. Aome frunció el ceño.
"¿Y ahora qué?". Pensó. Ella escuchó atentamente, pero por un momento todo estaba tranquilo. Se preguntó si tal vez se lo había imaginado, pero luego hubo un destello de luz azul, y un olor extraño en el aire. La puerta se abrió segundos después para revelar una figura.
Aome y la figura se vieron la una a la otra, y Aome contemplo la posibilidad de que las cosas podían empeorar.
Souta miró a los dos demonios de pelo blanco en frente de él. Aome había estado desaparecida durante 36 horas, pero el hanyou y youkai frente a él no parecían tener prisa por llegar a ninguna parte ni hacer nada. Esto hizo hervir a Souta con ira, porque su madre estaba desesperada, él estaba desesperado, y Koga por lo menos hablaba con alguien en el teléfono.
Estaba tratando de hacer algo, y Sango y Miroku estaban ayudando con todo lo que pudieron, pero los Taisho estaban inmóviles.
Inuyasha estaba sentado con las piernas cruzadas, los brazos cruzados sobre el pecho. Tenía los ojos cerrados y parecía estar pensando. Sesshomaru estaba mirando por la ventana. No se había movido desde que Souta llegó con Kohaku y Shippo.
Su madre se quedó en casa en caso de que alguien llamara a la casa. Quería a Souta allí con ella, él persistió hasta que ella lo permitió y lo dejó ir. Ahora estaba aquí, y Sesshomaru todavía estaba en la misma posición exacta. Nada parecía perturbarlo, y esto enfurecía a Souta. No podía creer que esos dos estuvieran tan tranquilos cuando sus esposas y, en caso de Inuyasha, su compañera, habían sido secuestradas. Los secuestradores podrían estarles haciendo miles de cosas horribles, y ellos sólo estaban allí sin hacer nada.
"¿No van a hacer nada?" Souta exploto, exigiendo respuestas de los dos.
Ellos se mantuvieron en silencio, y Souta se acercó a ellos.
"No..." Shippo le advirtió, pero Souta volvió para enfrentar al youkai.
"Mi hermana está ahí e incluso... Kikyo está allí con ella."
No tenía sentido no tener en cuenta a la otra mujer. Ella estaba en la misma circunstancia que su hermana, y a Aome no le gustaría dejar a la otra mujer fuera. Ella era muy buena para eso.
"¿No te importa?"
Los dos permanecieron inmóviles.
"¡Maldita sea! ¿Vas a ir a...?"
Inuyasha abrió los ojos y lo callo con una mirada.
"No seas estúpido.", Dijo. "Yo voy a encontrar Kikyo y las traeré de vuelta. Estoy tratando de encontrar su rastro. Ha sido difícil, y si no te callas, chico, voy a perder mi concentración y tendré que empezar de nuevo".
"Deberías haberlas encontrado por ahora." Koga le dijo. Inuyasha estaba a punto de responder, pero Sango los interrumpió.
"La conexión entre ellos no es fuerte, debido al poco que han estados emparejados. Lo sabes." Ella le dijo en tono de reproche a Koga.
"Deja que siga con lo que está haciendo."
Inuyasha envió una mirada triunfante hacia Koga.
"No estés tan presumido, Inuyasha, y vuelve a trabajar". Sango ordeno.
Inuyasha murmuró algo, pero las palabras se perdieron, y cerró los ojos.
Souta mirada cortante a Sesshomaru, que ni siquiera dejo de mirar la ventana para ver la causa de la conmoción. Parecía no importarle nada, y Souta se sintió decepcionado.
Él oyó a su hermana confusa en el hospital, y había tenido la idea de que el youkai se preocupaba por ella. Aome sin duda lo hizo. Si Souta no la conociera mejor, diría que su hermana mayor estaba a medio camino de enamorarse del youkai, si no es que ya lo estaba. Había pensado que el sentimiento era recíproco.
Estaba muy mal informado.
Miró al youkai con la mayor frialdad que pudo, quien ni siquiera parecía sentir su presencia. Luego a Souta le dieron ganas de golpearlo porque su hermana tenía miedo, estaba sola, y vulnerable, y no merecía ser capturada por algún lunático que probablemente estaba detrás de los Taishos y no de ella de todos modos. Ella había sacrificado demasiado por él.
Ella no tenía enemigos. Nadie quería lastimarla.
Dio un paso hacia Sesshomaru, pero Kohaku le detuvo.
"No te metas con él."
Souta aparto su mano.
"No estás haciendo nada." Dijo a través de sus dientes.
"Souta, tu hermana no quiere que te metas en problemas."
"Mi hermana no estaría en este lío si no fuera por..." Era por culpa de Souta que se había casado con Sesshomaru en primer lugar. Era culpa suya que la hubieran secuestrado, y se dirigió hacia Sesshomaru, sostuvo su chaqueta y tiró de ella. Cuando los ojos fríos se volvieron hacia él, Souta de repente pensó que esta no había sido una de sus grandes ideas. "Yo..." Las palabras se perdieron, y todo lo que podía pensar era exactamente lo frío y peligroso que el marido de su hermana era. Debería haber escuchado a Kohaku. Todos en la sala se quedaron quietos, pero nadie se movió hacia ellos. Estaban esperando a ver qué iba a pasar.
"Mi hermana..."
"¿Está tu corazón mejor?" Oyó al youkai decir.
Souta estaba confundido. Su hermana había desaparecido, y él le preguntó por su… ¿corazón? "... Sí".
"¿Cómo va tu recuperación?"
"Yo... esta yendo bien."
Sesshomaru asintió con la cabeza.
"Mi hermana..."
Sesshomaru no le dejó continuar. Se apartó de la ventana.
"Dime cuando Inuyasha encuentra a su compañera." Le dijo a Koga que seguía hablando por teléfono. Le dio un movimiento de cabeza.
Souta se quedó mirando la puerta, indignado. Estaba enojado consigo mismo por ser inútil en la búsqueda de su hermana, y enojado con Sesshomaru por su apatía y enojado con... todo el mundo.
"No te lo tomes muy personal." Miroku le dijo. Souta volvió su mirada enojada con él.
"A él no le importa un comino mi hermana.", Dijo. Oyó un clic. Koga había colgado el teléfono, al parecer, terminó de hablar.
"Yo no estaría tan seguro de eso." Koga dijo, mirando a la puerta.
"Sesshomaru es... yo nunca lo vi actuar de esta manera antes."
"¿Te refieres a actuar como una piedra? "
Miroku rió.
"Lo qué Koga está tratando de decir es que Sesshomaru no esta tan tranquilo como parece."
"Sí. No te dejes engañar por las apariencias" Sango dijo. "Él está preocupado, pero no lo demuestra, especialmente a nosotros".
"Pero..."
Sango le dio una mirada tierna.
"Sesshomaru nunca mostrará si le importa o esta preocupado. Esa es su forma de ser."
"¿Cómo sabes que se preocupa, entonces?"
"Porque nosotros elegimos creer que lo hace."
"Eso no es suficiente."
"Entonces toma mi palabra." Koga dijo. "Lo conozco desde hace mucho tiempo, y puedo asegurarte que él realmente se preocupa por tu hermana, y tan pronto sepa dónde ir, va a encontrarla y traerla de vuelta."
"No puedo creer eso. Tú lo viste. Luego, cuando finalmente decidió hablar, sólo preguntó sobre mi estúpido corazón."
"Esto demuestra lo mucho que le importa." Miroku señaló. "Sabe que no has sanado completamente, y también sabe lo mucho que Aome se preocupa por ti. Se estaba asegurando de que estabas bien por ella. "
"No puedo..."
"Si alguien puede traerla de regreso", dijo Koga. "Es él."
Souta los miró a todos con incredulidad. No podía creer que estuvieran tan tranquilos...
"La encontré." Inuyasha gritó con una sonrisa. Se puso de pie rápidamente.
"Por fin podemos empezar a hacer algo.", Dijo. Sin una palabra, salió de la habitación. "Mejor los seguimos antes de que se marchen si nosotros." Dijo Koga. "Ya tengo un equipo listo."
"No puedo creer que se fueran sin nosotros." Koga ladraba furiosamente. Iba conduciendo su BMW tan rápido como podía. Sango estaba a su lado. Ayame estaba atrás, murmurando algo sobre "dolor" y "odio". Miroku se había quedado a cuidar a los niños. El equipo estaba tratando de mantenerse con ellos.
"Les dije que no fueran sin nosotros." Él dijo furioso. "¿Alguna vez nos escuchan?"
Sango lo miró con incredulidad. "¿Han escuchado alguna vez?"
"No." Koga admitió. "Pero debían hacerlo esta vez. Les dije que esto era peligroso. Les dije que Naraku probablemente tendría un ejército esperando. Pasar a través de ellos por sí solos no va a ser fácil."
"Estas olvidando." Sango le dijo. "Que estos son Inuyasha y Sesshomaru, y ambos sabemos lo letales que pueden ser, si es necesario."
Koga no se preocupo por esto. ¿Y qué si los dos habían ganado batallas interminables antes? Esto era ahora, ellos tenían mejores armas y mayor seguridad, y habría pensado que Inuyasha era lo suficientemente estúpido como para intentar rescatar a Kikyo por su cuenta, pero Sesshomaru tenía más cerebro. Koga pensó que al menos tenía mejor cerebro. Debería haber sabido que no tenía ninguna posibilidad solo.
"¿Además, no los alertaría tu equipo?"
Koga había pensado en eso, también. Es por eso que sólo reunió a sus mejores hombres y youkai. Ellos podrían entrar, sin que nadie se entere, en la guarida de Naraku, y liberar a las mujeres. Había seguridad en los números. Koga siempre trabajaba con números. Así es como lideraba su clan, y así es como ha trabajado cada trabajo. El trabajo en equipo resolvía las cosas. El individualismo arruinaba todo.
"Ellos van a arruinarlo todo."
"Estoy segura que en el momento en que los alcancemos, ellos habrán desbaratado la mitad de la seguridad."
"Eso va a alertar a Naraku. Mira, lo que están haciendo es estúpido. Naraku está esperando por ellos. Ellos están cayendo directamente en su trampa."
"Ni siquiera sabemos lo que planeo."
"Razón de más para tener cuidado."
Koga sabía que un error podría conseguir que Aome muera. La veía en su mente, rota, sangrando y muriendo, porque Sesshomaru estúpidamente decidió no seguir sus reglas. Era inútil no obedecer cuando él había estado haciendo esto por años.
Era el único con experiencia, y aunque sabía que Sesshomaru no tiene un pelo de tonto y era un excelente guerrero, no podía dejar de sentir que no estaban viendo el panorama completo. Que hubieran ganado algunas batallas interminables siglos antes era insuficiente. Naraku había planeado algo, y ellos no sabían lo que era. Lo manera correcta de hacerlo es llegar con un ejército propio y saber exactamente lo que estaba en contra.
Sesshomaru e Inuyasha no compartían la misma opinión.
Se habían escapado y ahora probablemente arruinarían todo porque no podía esperar un maldito segundo.
Si Aome era lastimada a causa de ellos, si hubieran tocado un pelo a causa de su estupidez, Koga les haría pagar con su vida.
Nadie tocaba a su mujer.
Inuyasha elimino otro youkai, y Sesshomaru retiró su brazo del estómago de otra de sus víctimas. Vio la sangre en sus manos con poco interés mientras lo empujó al suelo. Alrededor de él, habían al menos tres docenas de youkai muertos.
Tal vez presentándose y matando a todo lo que se pusiera en su camino no era un plan.
"Esto no puede ser." Inuyasha susurró. Sesshomaru tuvo que estar de acuerdo. Estaban casi en el interior del edificio, y hasta ahora, todo era fácil. Extremadamente fácil. Los youkai que habían encontrado no eran en absoluto amenazaalguna. El sistema de seguridad había sido fácil de pasar. No había nada por lo que valiera la pena preocuparse.
Era como si Naraku pidiera que entraran.
Sesshomaru estaba seguro de que era eso.
"El nos quiere dentro." Sesshomaru dijo finalmente.
Se tomó un momento para mirar el edificio en frente de él. Era una casa. Al menos, eso era lo que parecía. Allí, en medio del bosque, con la luna en lo alto, y en la oscuridad de la noche, parecía una de esas casas que aparecían en las películas de terror. El viento soplaba lentamente, haciendo que las ramas de los árboles se muevan y formen sombras.
Todas las luces de la casa estaban apagadas, pero Sesshomaru podía ver figuras moverse en la oscuridad. Estaba seguro de que había un sótano en alguna parte. Ellos podrían tener a Aome allí. Por su propio bien, mejor que hayan tenido a Aome en una habitación agradable.
Sesshomaru escuchó el sonido del agua salpicando contra las rocas. Había un acantilado en algún lugar cercano.
"No tenemos más opción que entrar" Inuyasha dijo. Sesshomaru odiaba admitirlo, pero parecía que sólo podían jugar con las reglas de Naraku.
"Él no sabe que venimos juntos." Sesshomaru le dijo. Si lo supiera, hubiera enviado a alguien más, probablemente a la youkai mujer que siempre estuvo a su lado, para detenerlos.
Sesshomaru todavía creía que Senaka pensaba que habían venido solos. En cualquier otra circunstancia, hubiera venido solo, pero él no había querido arriesgar la vida de Aome, e Inuyasha algunas veces era practico.
Inuyasha sonrió a su lado. "Tenemos que mantenerlo ignorante."
Hubo una pausa larga entre los dos hermanos. Sesshomaru se pregunto qué posibilidades tenían de trabajar juntos los dos y tener una conversación decente. Pensó que Aome estaría orgulloso de él.
'¡Yo sabía que no lo odiabas de verdad!' Ella diría.
'No, lo odio de verdad.' Sesshomaru le respondería.
Ella sonreía y movería la cabeza porque en el fondo, en el fondo, ambos sabían que estaba mintiendo.
Si él no hubiese mentido, Inuyasha habría muerto hace mucho tiempo, pero eso era algo que sólo ellos dos conocían.
"Todavía te odio." Inuyasha le dijo. Sesshomaru pensó que eso no parecía odio. "Y después de esto, volveremos a pelear sobre todo."
Sesshomaru asintió con la cabeza. "Por supuesto."
"¿Deberíamos...?"
Sesshomaru lo miró. "Toma la parte de atrás. Me quedo con el frente".
"¿Por qué me toca atrás?" Inuyasha se quejó, pero ya estaba en movimiento. Sesshomaru lo observó hasta que desapareció. Luego, su atención estaba en la casa en frente de él.
"No entiendo."
Kikyo desató sus pies mientras frotaba las muñecas de Aome. Luego colocó las manos sobre su pie roto. Aome sintió que se calentaba, y, a continuación, justo como eso el dolor se fue.
"No puedo curar todas tus heridas. Necesitaría mucha energía, y la necesito para escapar."
Aome la miraba con ojos calculadores. Todavía no estaba segura de si podía confiar en ella.
"Tu pie está bien, por ahora, pero no esta definitivamente curado. Durará sólo unas pocas horas."
"Muy bien." Aome, dijo, sólo para responder.
Cuando la mujer apareció delante de ella, Aome había pensado que todo había terminado. Esto era todo. Naraku había decidido enviar un humano, una miko, para eliminarla. Suponía que sería como una broma para Naraku. No veía lo que era gracioso, sin embargo. Había sido una sorpresa cuando Kikyo entró, y Aome vio a un youkai caer al suelo con un brazo faltante.
El otro guardia estaba en ninguna parte. Luego, por supuesto, Kikyo entró y saco un cuchillo.
Aome supo entonces que estaba perdida, pero Kikyo la sorprendió tirando la cuerda que colgaba de ella hasta el techo. La desató y la vendo tan bien como era posible bajo las circunstancias.
"Toma esto." Kikyo dijo, tendiéndole un suéter y pantalones. Aome se lo agradeció y se vistió. Kikyo la ayudó a vestirse.
"¿Por qué haces esto?" Aome vio a Kikyo trabajando con ellos. No tenía sentido para ella que cambiara de opinión así como así, y aunque Aome siempre le daría las gracias por esto, no podía dejar de ser sospechosa.
Kikyo la miró con sus grandes ojos marrones, y Aome notó que parecían menos brillante, mucho más apagados.
"No hay tiempo para explicaciones." Kikyo dijo.
"Tenemos que salir de aquí, y rápido. Naraku se enterará de esto pronto, y no va a estar feliz".
"Pero..."
Kikyo puso una mano sobre su boca. Aome se estremeció un poco, y la mano de Kikyo se hizo más suave. "Mira, sé que no tienes ninguna razón para confiar en mí." Ella dijo. "Pero soy tu única oportunidad de salir de aquí, así que tendrás que confiar en mí."
"Inuyasha confió en ti, y lo traicionaste."
"Eso era antes."
"¿Antes de qué?"
Kikyo suspiró. "Yo estaba trabajando para Naraku porque pensé que sabía donde estaba mi hermana. Pero está muerta, así que me mintió, y ahora lo voy a traicionar. Ahora, ¿harías el favor de seguirme? "
Ella dijo todo esto a toda prisa, pero Aome asintió con la cabeza, realmente no asimilando todo. Kikyo se movió a la puerta, y Aome la siguió. Cada paso que daba estaba lleno de dolor, pero sabía que ahora no era el momento para quejarse.
"¿Sabes cómo purificar?" Kikyo le preguntó.
"Sí, un poco... ah... necesito algo para poder concentrar mi poder" Kikyo asintió con la cabeza y le dio un cuchillo.
"Lo que sea que venga, purifícalo, sin pensar." Ella dijo, agachándose hacía el youkai que estaba inconsciente en el suelo. Kikyo puso la mano sobre él y una luz azul surgió. Cuando se fue, el youkai se había ido, también. "No dudes o mueres."
Aome tragó saliva. Nunca había purificado nada, y aunque había deseado hacerlo antes cuando la torturaban, ahora que estaba fuera no sabía si sería capaz de hacerlo.
Kikyo parecía sentir su vacilación. "Es esto o la muerte."
Aome respiró hondo. "Lo haré." dijo, más para convencerse a sí misma que para convencer a Kikyo.
Su espalda le dolía como el infierno. Tenía sangre sobre sí misma y sin duda una buena colección de cicatrices para toda la vida. Cada movimiento le trajo, pero era insignificante con lo que pasaría si no escapaba.
Tenía que escapar. Podría escapar. Podría preocuparse por el dolor después.
"Puedo hacerlo." Repitió.
Kikyo le dedicó una pequeña sonrisa. "Oh, y..." Kikyo dijo antes de abrir la puerta. "Sesshomaru no me besó. Yo lo hice. Era una trampa, para traerte aquí."
Las dos mujeres se miraron durante unos segundos. Aome asintió. Entonces Kikyo salió, y Aome la siguió. Sin duda, iba a purificar algunos demonios en el olvido, aunque sólo sea para estar con Sesshomaru.
"¿Qué quieres decir con que se han ido?"
Kagura se encogió. "No podemos encontrarlas en ningún lugar."
"Tienen que estar aquí." Naraku le gritó. "Búscalas y después, tráemelas."
"Señor..."
"¿Qué?" Le dijo bruscamente.
"Uno de los hermanos ha llegado. Mató a todos afuera."
Naraku asintió furioso. Las cosas no marchaban como había planeado. De hecho, se estaban saliendo de control.
"Encuentra a las Miko y encuentrame fuera."
Si uno de los hermanos ya estaba dentro, entonces tendría que mover sus planes al aire libre.
"Naraku..."
"¿Qué, Kagura?"
"Ellos no vienen solos."
"¿Qué?"
"Los dos están aquí."
Naraku maldijo.
"¡Por aquí!" Kikyo gritó, mientras purificaba otro youkai. Aome, tenía que admitir, lo hacia bien. Había dudado con su primer youkai, pero después de eso, ya no. Estaba peleando como un valiente guerrero, y Kikyo casi se sentía orgullosa de ella.
"Vamos, estamos casi fuera."
Ya podía ver la puerta. Estarían a salvo en cuestión de minutos, y...
"¡Aaahhh!"
Oyó el grito, se volvió y vio a Aome capturada por uno de los youkai. Kikyo volvió la cabeza hacia la puerta. Podía correr, y estaría a salvo...
Pero, ¿qué haría una vez que estuviera a salvo?
No tenía adónde ir. Ni casa. Ni hermana. Nada de nada.
Y si las cosas hubieran sido diferentes, reflexionó Kikyo, podrían haber sido amigas. Podrían haber tenido una boda doble. Podrían haber cuidado unos de otros. Si no le hubiera robado a Inuyasha, y si no lo hubiera planeado desde el principio, podrían haber sido como hermanas. En otro lugar, en otro tiempo. Sí. A Kikyo le hubiera gustado conocer a Aome Higurashi, o Taisho, como era ahora.
A Kikyo le hubiera gustado que todos los SI hubieran pasado, pero no pasaron, y sólo podía hacer una cosa para acercarse a los SI que ella dolorosamente añoraba, para al menos soñar que podían ser real.
Volvió por Aome, pero su camino fue bloqueado, y cuando Kikyo miró hacia arriba, supo que todo había terminado.
Kagura estaba allí, y Kikyo sabía que no podía luchar con Kagura. La youkai era más fuerte. Sin embargo, Kikyo puso una postura de lucha. Kagura rió.
"¡Oh, cuanto he esperado por esto!" dijo, sacando sus abanicos. Estaba sonriendo, saboreando el momento. "Tú pierdes."
Las cosas, Sesshomaru decidió, no iban como había planeado.
Le había llevado poco para descubrir que Aome no estaba dentro del edificio. Naraku había gritado por él e Inuyasha, y Sesshomaru había mirado por la ventana. Su corazón dio un vuelco.
Lo primero que vio fue a Aome, su pelo a su alrededor, sus ojos azules con miedo. Lo siguiente que había notado era que había un cuchillo en su garganta, el cuchillo sostenido por Naraku.
Vio rojo.
Saltó por la ventana, Inuyasha aun gritando maldiciones al otro youkai que tenía a Kikyo. Kagura, la youkai , parecía muy contenta de matar a la compañera de Inuyasha.
"Cálmate." Le dijo a Inuyasha con firmeza. Las esquinas de sus ojos ya estaban volviéndose rojas. Sesshomaru no tenía necesidad de hacer frente a un Inuyasha descontrolado encima de todo lo demás. Volvió su atención a Naraku.
"Déjalas ir."
Naraku, Sesshomaru decidió, era exactamente como su padre lo había descrito. Un hanyou patético que no sabía dónde estaba su lugar.
Lo que su padre había olvidado mencionar es que también era un psicópata que podría salirse de control y terminar haciendo cosas poco inteligentes como esta. Como para demostrar los pensamientos de Sesshomaru, Naraku se echó a reír como un loco.
"Esto" dijo, "es algo que recordarás para siempre."
Sesshomaru no entendía realmente lo que el hanyou estaba tratando de decirle. Sus ojos estaban sobre el cuchillo en la garganta de Aome. Y en toda la sangre que sin duda le pertenecía cuando su olor llegó a su nariz. Su rostro desfigurado por el dolor.
Ella había sido torturada.
Sesshomaru casi perdió la razón en ese momento. Sus ojos se volvieron rojos durante un segundo, antes de controlarse. Si perdía el control ahora, con Naraku tan cerca de ella, ella moriría.
"Voy a matarte después de matarla a ella." Naraku explicó. Sesshomaru apenas lo oía. Aome lo miraba con ojos grandes, como si ella no esperaba verle aquí.
"¿Sabes?, ella es muy fuerte. Ni siquiera firmó los papeles que quería aun cuando la torturaba." Sesshomaru estuvo a punto de perder el control allí. Buscó la cara de Aome. Ella asintió apenas. Naraku sonrió.
"¡Oh, sí!, ella gritaba y lloraba, pero no suplico. Te casaste con un humano notable. Desgraciadamente, como cualquier otro humano, no se cura rápido. Creo que en este momento está sufriendo de sus heridas." Él deslizo su lengua por su mejilla. Aome se estremeció, y Sesshomaru trató de calmarla con sus ojos.
"Iba a matarte, pero vas a sufrir más si la ves morir y luego vives".
"¡No!" Inuyasha gruñó.
Sesshomaru miró a su medio hermano con cautela. Si perdía el control ahora... Si ambos perdían el control ahora...
Naraku iba a ganar.
Sesshomaru no permitiría nada de eso.
Naraku volvió los ojos hacia él. Y sonrió con maldad.
"Inuyasha, qué bueno que hayas venido." asintió con la cabeza a Kagura, que trajo a Kikyo más cerca de Naraku.
"Sabes, debería agradecerte. Hiciste las cosas más fáciles. Te enamoraste de la querida Kikyo tan rápido... hiciste su trabajo fácil. "
"¿Qué?" Inuyasha dijo con incredulidad.
La risa de Naraku hizo eco a través del bosque. Sesshomaru observó que estaban cerca del acantilado.
"Ella trabajó para mí todo el tiempo. Se casó contigo porque se lo dije también. Te conoció en París porque yo quería que se conocieran allí."
Lanzó una mirada triunfal hacia Inuyasha. Sesshomaru podía ver la duda en el rostro de Inuyasha. Estaba mirando a Kikyo, rogándole que dijera que no era cierto.
"Es cierto." Kikyo dijo, como si oyera las suplicas del hanyou.
"Yo he odiado todo lo relacionado con los demonios toda mi vida." Ella lo miró con dolor en los ojos. "Tú eras sólo un trabajo. Nunca me hubiera casado contigo si él no me lo hubiera ordenado."
"Pero todas las veces que estuvimos juntos..."
Ahora era el turno de Kikyo a reír, aunque sonaba bastante desesperada.
"Solo estaba actuando. Nada era real." Sus ojos marrones, sin embargo, mantenían un borde del dolor y la locura. Sesshomaru se preguntó si estaba actuando, tratando de creer su propia farsa.
"Nunca te he amado, ni siquiera me gustabas."
"¿Lo ves, Inuyasha?" Naraku dijo. "Te gané hace más de tres meses, y ahora lo único que queda por hacer es ganarle a tu hermano."
Inuyasha no estaba escuchando y de repente todo parecía estar puesto en acción. Sesshomaru lo sintió antes de que sucediera, pero no pudo hacer nada para detenerlo. Los ojos de Inuyasha se volvieron rojos, y antes de que nadie pudiera reaccionar, se lanzó hacia Kagura, dejando caer a Kikyo.
Naraku se volvió a mirar a Kagura e Inuyasha, quien la estaba desgarrando, y en ese momento, Sesshomaru fue por él.
Naraku actuó rápido como si hubiera sabido que Inuyasha perdería el control.
Apuñaló a Aome en el estómago y la tiró a ella y al cuchillo a un lado, centrándose en Sesshomaru, que no podía hacer nada, sino ver más sangre saliendo de su cuerpo. Aome tropezó un par de pasos hacia atrás, más cerca del acantilado. Su mano fue a su pecho, y miró sus manos ensangrentadas, como si no creyera realmente que fuera su sangre.
Ella miro suplicante a Sesshomaru con sus ojos azules.
Y él pudo ver la muerte que empieza a entrar, y sintió que comenzaba a morir con ella...
Fue hacia ella, su camino cruzado por Naraku.
Gruñó. El hanyou sonrió.
Sesshomaru se lanzó a Naraku, tratando de librarse del hanyou tan rápido como podía.
Naraku no tendría nada de ello.
Se las arregló para bloquear el ataque de Sesshomaru, esquivándolo y haciéndose a un lado, lanzando un golpe hacia Sesshomaru. El golpe conecto a un lado de su cara, lanzando a Sesshomaru un par de pasos hacia atrás. Se recompuso, y de nuevo los dos comenzaron una serie de ataques.
Ambos eran rápidos, pero la mente de Naraku se nublaba con la venganza, luchando con vehemencia en vez de sentido. Sesshomaru estaba calculando cada movimiento que su enemigo hacía, en espera de un punto débil.
Y llegó en forma de, una vez más, otro golpe.
El youkai capturo el puño en su mano y la apretó, haciendo que los huesos se rompieran en docenas de piezas. Naraku grito, pero se tiró al suelo, llevando a Sesshomaru con él.
Una de sus garras le dio al lado. Sesshomaru lo ignoro mientras atravesó el estómago de Naraku. El hanyou gritó cuando el veneno empezó a mezclarse con su sangre.
Naraku pudo ver que no podía ganar esta batalla. Se negó a renunciar a sí mismo, y en un movimiento desesperado, se dirigió hacia Aome, tratando de recuperar lo único que haría daño a Sesshomaru Taisho. Sólo con la muerte de la Miko iba a ser capaz de derrotar al Inu-youkai.
Aome dio un paso atrás, perdió el equilibrio, iba a caer...
Kikyo la agarró antes de caer.
"Aome!" Kikyo gritó. Aome la miró con shock en los ojos.
Sesshomaru se olvidó de Naraku y se dirigió a Aome. Él iba hacia ella, pero alguien le atacó por detrás. Sesshomaru se volvió sólo para descubrir Inuyasha mas allá de la comprensión y atacándolo.
"Idiota". Le dijo, mientras bloqueaba los ataques de su medio hermano. Por el rabillo del ojo, pudo ver a Naraku acercándose a Aome. Kagura era un charco de sangre, y comenzaba a ser solo un recuerdo.
"Sal de aquí" gritó a su medio hermano, sabiendo que era inútil. Aome parecía estar en shock.
Y luego Naraku estaba junto a las dos Miko, cerca de Aome, pero Inuyasha seguía lanzándose contra él, bloqueando su camino hacia el lado de Aome. Vio que Naraku trato de agarrar a Aome, pero Kikyo tomó su mano en la suya.
Los ojos de Naraku se abrieron cuando Kikyo lo purificaba, poco a poco, sólo una pequeña parte de su cuerpo.
Él gritó al sentir que el poder de la miko lentamente se esparcía a través de él. Trató de liberarse de la miko que había traicionado, humillado y herido.
Kikyo no lo dejo ir. Y lo empujó hacia el precipicio.
Los ojos de Naraku se agrandaron. Estaba debilitado por su pelea con Sesshomaru. El poder purificador de Kikyo hizo aumentar las punzadas de dolor sobre cada parte de su cuerpo. El acantilado estaba a sólo un paso.
"Vas a morir conmigo." Trató de razonar. Y Kikyo sonrió. "Exactamente."
En sus últimos momentos, como para redimirse, Kikyo empujo a Naraku por el acantilado, y calló con él. Purificaría lentamente cada parte de él en su camino hacia abajo. Naraku trato de agarrar a Aome por el hombro en el último segundo, para traerla con ellos también. Sesshomaru rápidamente logro dejar inconsciente a Inuyasha.
¡No!
Su mente le gritaba para que se apresurara, para avanzar más rápido, hacer algo, todo, para salvarla. Extendió sus habilidades todo lo que podía.
Ella se dirigía hacia atrás, y seguía cayendo, cayendo, cayendo...
Por primera vez en su vida, Sesshomaru sintió la desesperación. Porque todo lo que lo enorgullecía, todo lo que quería, todo lo era no era suficiente para salvarla. Nada de eso.
No podría alcansarla. Él no sería capaz...
En un último intento, Sesshomaru se arrojó sobre ella, y extendió su mano a ella, a ciegas tratando de atraparla.
Su mano encontró aire, y luego...
Con un jadeo, su mano tocó la suya, y la agarró y tiró de ella desde el acantilado.
La sostuvo cerca de su cuerpo, se lleno con su olor, pasó la mano por su cabello sedoso, y agradeció a quienes le habían ayudado a salvarla. Ella abrió los ojos.
"Yo..."
Pero él la hizo callar. El cuchillo se encontraba todavía en su vientre, y había derramado demasiada sangre.
No sabía qué tan grave era su herida. No sabía si iba a vivir.
Oía gente llamándolos, y podía oír las sirenas en la distancia. No le importaba. Lo único que le importaba era la mujer en sus brazos. Lo único que quería era a ella, y no se podía preocupar por el resto del mundo.
Ella estaría bien. Tenía que estar bien.
Porque era Aome, y ella estaba casada con él, y él era Sesshomaru, y él la quería a ella. La necesitaba, y cuando la sostuvo, la acerco mas a él, juró que ella sobreviviría a esto. Ella lo haría porque él la quería, y Sesshomaru siempre conseguía lo que quería.
En sus brazos, Aome se volvió rígida, y cuando Sesshomaru la miró, sus ojos estaban sin vida, y ahí no parecía que hubiera más sangre que pudiese salir de la herida.
