Disclaimer: Harry Potter no es mio, es de una señora muy pobre que vive bajo un puente y se llama J..
Notas: Qué buena que soy. Me demoré realmente poco, aplausos para mi. Sí, seguro, sobre todo porque esta historia debería haber estado lista qué rato. Ok, olviden los aplausos.
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Capítulo 28: Ojos bien cerrados.
- Disculpen, ¿Interrumpo algo?
- No, nada importante. –Contestó James mientras agitaba su cabello nerviosamente con una mano.
- ¿Tú eres Sirius, cierto? – Preguntó la mujer de cabellos encendidos, iguales a los de Lily. –Lo siento, es que soy pésima con los nombres. –El chico aludido asintió con la cabeza – ¿Y tú eres…Jake?
- James. –Corrigió el chico de lentes.
- ¿Por qué no se sientan con nosotros? –Los chicos cruzaron una mirada rápida, se pusieron de pie y siguieron a Rose Evans hasta la mesa en donde estaba su marido con cuatro tazas de café.
- Hace días que vienen aquí. –Dijo Rose mientras les acercaba una taza a cada uno. –Pero no ha sido hasta hoy que los hemos reconocido. –La voz de Rose era vacilante, como si tratara de contener los nervios y la histeria.
- ¿Fuman? –Los ojos verdes, calcados a los de Lily se posaron sobre la cara verdosa de James Potter mientras le ofrecía un cigarrillo.
- No, gracias. –Y con un gesto cansado se levantó los lentes y sus dedos se movían por el puente de su nariz, como si quisiera pellizcárselo, mientras los ojos cerrados arqueaban las ojeras que nacían bajo las pestañas. Sirius sacó un cigarro y con un gesto de la cabeza agradeció a Alfred.
- No has dormido nada, ¿cierto? –Más que una pregunta era una aseveración. -Quizá deberías irte a tu casa y descansar, James. Cualquier cosa yo les aviso.
- No, no se preocupe. No estoy cansado, gracias. –Contestó el chico mientras jugaba con la cuchara en el café. No se daba cuenta que a veces la cuchara seguía moviéndose en círculos dentro de la taza sin la ayuda de sus dedos.
Y los cuatro se sumieron en el silencio, pese a que la cafetería del Hospital Memorial Winston Churchill estaba sumamente concurrida, ellos no escuchaban nada más que los malos presentimientos que nadaban en sus cerebros. De pronto, James se sintió perturbado, unas pisadas rápidas sacudían todo el piso de la cafetería y una brisa de olor a tabaco llegó hasta él.
- ¡Alfred, Rose! Les juro que no tenía idea. Fui a su casa a visitarlos y Petunia me contó que estaban aquí, ¿Cómo está ella?
- Aún no despierta.
- ¿Y qué mierda le pasó esta vez? –Ian y Paul apenas llegaron aproximaron una silla para sentarse junto a ellos. Ian tomó el paquete de cigarros de su hermano y le sacó uno, mientras Paul tomó la taza de Rose y bebió el café amargo de ella.
- Esto está malísimo, le falta azúcar. –Dijo Paul mientras le pasaba un encendedor a Ian. – ¿Qué fue lo que le ocurrió a mi amorcito? - Los ojos ya fruncidos de los padres de Lily se fueron directo al joven con cara de hipogrifo y posteriormente se fijaron en James, quien miró hacia otro lado inmediatamente. El no diría más de lo que dijo Albus Dumbledore hasta poder hablar con ella, y en el estado actual en que se encontraba eso sería muy difícil.
- Nos dijeron que está inconsciente porque sufrió una fuerte conmoción, y que su mente no quiere despertar como un método de defensa que encontró. "Aunque estoy segura que otros saben más de lo que dicen", pensó Rose mientras miraba como Ian expulsaba con fuerza el humo del cigarro.
Unos tacos afilados de color azul, chocaban con el piso brillante, produciendo un fuerte eco.
- ¿Y cuál fue la conmoción que sufrió? -Preguntó Ian.
Y en ese instante la dueña de los tacos llegó hasta ellos y con una sonrisa radiante, preguntó. –Disculpen ¿Ustedes son los señores Evans?
- Sí, somos nosotros, ¿Ocurre algo?
- Si. –ensanchó su sonrisa la enfermera. – La chica despertó, el doctor Bellings dice que pueden entrar a verla un momento. Pero sólo un momento.
Y caminando por los iluminados pasillos James arrugaba la nariz, nunca había estado en un Hospital muggle y el olor que emanaba de cada rincón era un aroma pesado, denso y penetrante. Los padres de Lily, al ver que la magia no podía ayudar a despertarla, decidieron llevársela hasta un lugar donde la pudieran cuidar según los métodos que ellos conocían y que además les quedara más cerca de casa.
Al entrar en la habitación se encontraron con la chica despeinada, más pálida y con los ojos hinchados y levemente enrojecidos, como si hubiese dormido mucho tiempo.
- Hola, ¿Cómo te sientes, amor? –Preguntó la madre mientras le tomaba una mano con delicadeza.
- Me siento cansada…y tengo hambre. –Miró detenidamente a sus padres, regalándoles una sonrisa fugaz y atrás de ellos, rezagados, estaba Sirius, Ian, Paul y James afirmados en la inmaculada pared que estaba más cercana a la puerta. Cuando los ojos de Lily repararon en el chico de lentes, abrió los ojos con incredulidad y se trató de incorporar en la cama.
-¡James!, ¿Qué ocurrió?- Preguntó, mirándolo intensamente pero fue su padre quien le contestó.
- No lo sabemos con precisión, sólo sabemos que te impresionaste mucho con algo que viste y que te desmayaste. ¿Recuerdas algo con exactitud, hija?
- No. –arrugó el ceño, como si tratase de invocar recuerdos sobre algo, de pronto sus ojos quedaron fijos y palideció más aún.
Todos pensaban que Lily diría algo, que por fin todos sabrían que había ocurrido, pero en aquel instante la puerta de la habitación sea abrió estrepitosamente y un hombre barrigón entró, saludando a todos amablemente.
- ¿Lily Evans, cierto? –Preguntó un hombre de edad media, con el pelo ligeramente canoso y que usaba una bata blanca bordada en el extremo superior del bolsillo del pecho. Decía "Dr. C. Bellins". –Hasta que por fin despertaste, chiquilla. – Se acercó a ella revisando el suero que caía gota a gota hasta llegar a sus venas, revisó el resto de sus signos vitales y tras una serie de chequeos rápidos agregó con voz potente mientras anotaba en la ficha que estaba a los pies de la cama. –Todo bien, al parecer. Pero ahora debes descansar. Mañana puedes recibir visitas con más calma.
- ¿Puedo hablar unos segundos con James?, Prometo que no será largo.
- No, lo mejor es que descanses por ahora. –Contestó Rose, mientras le acariciaba el pelo a modo de despedida. –Ya oíste al doctor Bellings, mañana todo lo que quieras, por ahora duerme.
- ¿Cuánto tiempo he estado durmiendo?
- Tres días –dijo el doctor mientras llenaba la información de una ficha.
- ¿No le parece tiempo suficiente? No quiero dormir más, de hecho, me quiero ir a mi casa. –Apuntó incorporándose en la cama.
- No, Lily, lo mejor es que te acuestes. –Su padre la empujó suavemente de vuelta a su posición inicial. –Ahora duerme. –Alfred le besó la frente, pero ella no dejaba de mirar fijamente a James como si quisiera comunicarse con él telepáticamente.
Pero, a pesar de eso, todos se fueron. Cuando se despidieron, Ian le dijo que era la sobrina más aburrida del mundo, que sólo a ella se le ocurría pasar la primera semana de vacaciones durmiendo –"Pequeña zanahoria marmota"– apuntó despeinando los cabellos de la frente. Y Paul cuando se despidió, se lanzó a los pies de la cama gimoteando. –Pensé que terminaríamos como Romeo y Julieta y que yo me tendría que envenenar para estar juntos al fin.
Sin embargo James y Sirius sólo se despidieron con un movimiento de mano, el de James bastante frío.
Lily cuando vio la bandeja que le dejó una señora gorda y muy poco amable, supo que quería irse cuanto antes de aquel lugar. Todo tenía aspecto de algo poco consistente y cocinado en cantidades industriales. El arroz blanco era una masa homogénea, la gelatina de limón era la más liquida que había visto en su vida. Cuando lo probó, decidió que era más saludable pasar hambre. Y media hora más tarde, cuando fueron a retirarle la dichosa bandeja, se llevó un reto infernal por no haber comido casi nada.
Tendida en su cama con las tripas ronroneando, su mirada vagabundeó por la habitación ya a oscuras. Se veían la silueta de unas flores de pétalos grandes reposando en un gran florero. Las reconoció de inmediato –James –.
Las cortinas de las ventanas estaban abiertas, a lo lejos se veía las copas de los árboles agitarse levemente con la brisa que bailaba en el exterior de la noche. Y esos árboles danzantes se parecían mucho a los árboles que cubrían el beso semi fingido que se dio con Alex, en la fiesta de los premios anuales.
Y si alguna vez creyó que sólo el fuego quemaba, había estado equivocada toda su vida. Los labios sedientos de él, que se movían sosegadamente por cada rincón de su boca, emitían destellos como latigazos, de sentimientos y palabras no expresadas. –Adiós, perdón, no importa, gracias, hasta siempre –. Ambos lo sabían. Un beso largo y etéreo. Un beso conocido y sabido. Como la canción repetida en la radio todo un verano soleado. Y que acabó tan abrupto, tan rápido como cortado con una navaja punzante.
- Disculpen, ¿Interrumpo algo?
- Sí, Potter, interrumpes. –Contestó Alex al darse cuenta de quien había arrancado a Lily de sus brazos. -¿Y por qué mierda tienes luces amarillas? ¡Lily, no me digas que con él también! –Alex, incrédulo y con los ojos desorbitados, interpelaba a la chica.
- No, o sea, sí. –repuso en susurrantes balbuceos. –James, Alex, no es lo que están pensando.
- ¿Y qué es, entonces? –Interrogó James presionando la angosta muñeca de Lily, por la cual la tenía sujeta.
- Alex, yo nunca…, nunca ha pasado nada con Sirius Black.
- ¡Vamos, Lily! -Alex parecía haber perdido la razón, y la consciencia de que estaban esos tipos raros cerca de ellos. -Yo los ví. A tí y a Sirius Black, con luces y todo. ¿Hay algo más de lo que me tenga que enterar?
- No veo porqué deberías enterarte de la vida de Lily. Ustedes dos ya no son nada, ella no te debe explicaciones de ningún tipo. Así que cállate, Diggory. –Contestó James.
Las voces elevadas de los chicos zumbaban en los oídos de Lily, quien hubiese dado cualquier cosa para poder explicarles calmadamente el mal entendido del que eran víctimas, sin embargo, ella aún podía escuchar los pasos amortiguados entre la hierba, el crujir de las hojas y trozos de madera ocasionado, sin duda alguna, por al andar de los hombres expulsados de la fiesta.
- James, ¿Quieres calmarte? –susurró- Esto tiene una explicación. –El chico la miró incrédulo a través de sus cristales, y tras unos segundos que a ella se le hicieron eternos, asintió.
- Alex, lo que tú viste esa vez en mi casa, durante semana santa, era a James bajo los efectos de una poción multijugos. Es decir, no era Sirius Black, ¿entiendes? –El no contestó, sólo miró a James entornando los ojos hasta quedar transformados en dos líneas uniformes. - Y ahora, nos iremos todos de aquí tan silenciosamente como podamos.
Y James no sacaba su mano de la muñeca de Lily, la sujetaba con fuerza, como si temiese que en cualquier momento ella se alejara de él. Alex caminaba al lado de Lily en silencio, y a cada tanto arrugaba el ceño.
- Potter, ¿sabes qué? Eres un mentiroso. Me acabo de acordar que esa noche en el club me dijiste que le viste las luces a ella, cuando quién las tenía eras tú. Ahora entiendo todas esas miradas asesinas.
- No te mentí, imbécil. Yo no sabía que tenía las dichosas luces, fue a Lily a quién le vi las luces rosadas.
- ¿Rosadas? –Repitió Alex inmediatamente. Las mejillas de ella se tornaron de ese color al instante. -¿Lily, es eso cierto? –Y ella alzando sus ojos hasta encontrar las pupilas rabiosas de él, asintió en silencio. –Oh, ya veo. ¡Luces rosadas a la semana de que terminamos! Veo que estabas realmente afectada. -agregó sarcásticamente. -Dime, ¿desde cuándo estás enamorada de este imbécil?
- No es el momento, ni el lugar para hablar de eso, Alex. Además, tú a la semana tampoco andabas llorando por los rincones ¿o sí?
- Pero respóndeme lo que yo te pregunté, por favor.
- Sabes que las luces rosadas no significan eso, sabes que...
- ¡¿Pero él te hace feliz?! –Preguntó Alex, ignorando las palabras de Lily.
- Cuando salga de vacaciones puedes ir a mi casa y hablamos de esto tranquilamente, ahora quiero salir de este bosque, me asusta saber que están esos tipos cerca de nosotros.
Pero los miedos de Lily estaban reunidos en un claro del bosque. Había gente que ella conocía, como por ejemplo, Lucius Malfoy, todos muy ansiosos tramando una emboscada. Y el andar traicionero de Lily, James y Alex los llevó precisamente a aquel lugar. Cuando ella los vio no tuvo tiempo para que los chicos reaccionaran silenciosamente, se dieran la vuelta y se fueran por donde llegaron hasta ahí.
Los ojos de los hombres mayores, que hace poco compartían la mesa con dos de ellos, se posaron en sus rostros. Rápidamente muecas y sonrisas torcidas se estamparon en sus caras.
–Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?
Tres segundos, sólo tres segundos se tardaron en rodearlos, para luego orbitar alrededor de ellos como bestias sedientas, hambrientas de carne fresca y jugosa. –muggles y traidores a la sangre – ¿Qué mejor? Ninguno de los tres entendía muy bien los propósitos, ni las causas. Ninguno entendía cuál era el motor que impulsaba a esos sujetos. Pero los ojos prendidos en llamas venenosas ansiaban tortura y muerte. La deseaban, necesitaban y casi la gritaban.
- Yo quiero a la chica. No creo que al amo le moleste. -James tragó ruidosamente y sus ojos se estrecharon furiosamente.
- Y yo quiero al que se cree listo, a ése. –apuntó el hombre a Alex. –El hijo mayor de Diggory.
Las varitas vibraban en las manos de los mortífagos, desesperadas por surcar el aire y hacer su magia. Los ojos grises de Malfoy se derretían de felicidad al ver los ojos de James. Qué dulce le sabía la venganza, mejor que cualquier pastel de calabaza. Años y años siendo el blanco de sus bromas, años soportando como le burlaba jugando Quidditch, años de humillación, perder la Copa de las Casas por culpa de él y Sirius Black, años deseando todo lo que tenía y era James Potter.
Y Lily otra vez en un maldito trance, con la sangre corriendo por su cuerpo tan aprisa que casi ni pasaba por su cerebro, no había lugar en ella para pensar en la varita que permanecía guardada en su túnica, ni para fijarse en lo que intentaba hacer James.
Malfoy chasqueó la lengua.
- No, no, no. Ni lo intentes, Potter. –Las manos del chico se detuvieron a mitad del camino, ese camino que pretendían recorrer para encontrar su varita , las manos se quedaron estáticas frente a la advertencia de Malfoy. Sus manos se detuvieron pero no su boca.
- ¿Por qué no, Malfoy? ¿A qué le temes? ¿Quizá a que te dé una paliza o que quedes como el imbécil que eres frente a tus amiguitos?
- Cállate, Potter o…
- ¿O qué? –Interrumpió James- ¿Vas a llamar a tu padre?
- Al menos el mío sigue vivo…
La rabia que abordó el cuerpo de James era tan grande que se le hacía incontenible. No quería quedarse quieto, callado, ni tener que rogarle a nadie. No quería y no lo iba a hacer. Y si no es por la voz ronca, similar a un ladrido de su amigo, se hubiese lanzado a desfigurarle la pálida cara a Lucius.
- ¡Hasta que te encontramos, Cornamenta! Y mira, Lunático, si hasta nos tiene una fiesta.
- Bueno, Canuto, si tú llamas fiesta encontrarse con los internos que se fugaron de San Mungo porque se les fundió el cerebro intentando hacer un accio , allá tú.
- Pero a esta fiesta le falta algo. ¿Qué podrá ser, Lunático? ¿Quizá esto? –Dijo sacando de sus bolsillos unas esferas pequeñas y transparentes, como si fueran de vidrio claro y otras de vidrio oscurecido.
Y las miradas traviesas de Sirius y James se cruzaron, como si pudieran comunicarse con el pensamiento, y pronto se integraron dos miradas más, como si entre ellos cuatro, entre los merodeadores sobraran las palabras. Y parecía que no había nadie más en el mundo, sólo ellos con sus diálogos de miradas y parecía que ninguno de los mortífagos les estuvieran ordenando –cállense, arrodíllense, arrojen sus varitas. - Ni Remus, Peter, Sirius o James les hacían caso.
Y medio segundo antes de que se escuchara la potente voz de Remus gritando – corran – el cuerpo de Lily chocaba con los de los desconcertados mortífagos que les cerraban el paso. Sujeta de la mano de James, volaba por entremedio de los gruesos troncos del bosque, alejándose de un repentino humo que invadió todo de oscuridad y de una pestilencia que hacía lagrimear los ojos como si se estuviesen refregando las pestañas con cebolla.
El aire tibio golpeaba su cara, a veces con demasiado filo. Las ramas y las hojas arañaban las zonas desnudas de su cuerpo, la túnica rasgándose al engancharse en algo y los cabellos momentáneamente le impedían ver, sin embargo, parecía que lo único con sentido era correr y ponerse a resguardo, parecía que nada importaba, solo correr de la mano de James.
Y como arrancada de las profundidades de una clara laguna, Lily dejó de pensar en lo ocurrido aquella noche. El sonido de la puerta de su habitación abriéndose, la hizo dar un respingo en medio de la oscuridad. Se incorporó en la cama rápidamente, buscó su varita pero no estaba por ningún lugar. Por un momento pensó que era Lord Voldemort que había ido hasta el hospital a terminar lo que no había podido hacer en el bosque, se le aceleró el corazón y buscaba algo con que defenderse, no le importó que se estropearan las delgadas mangueras que se adosaban a sus venas y entornó los ojos hacia la entrada, pero no había nadie. Al instante creyó que se imaginó todo y que nunca había ingresado alguien a su habitación. Sin emargo, encendió la lámpara que estaba en su mesa de noche.
- Estoy enojado contigo.
La voz era conocida, era esa voz que siempre le dejaba la sensación que había mucho más por conocer. La voz ronca y potente, esa voz que quemaba como agua caliente cuando le hablaba en susurros y que tenía el efecto de que, con sólo caracolear en sus oídos, se le erizaran los pelos de los brazos, como si mil cubos de hielo se deslizaran por su espalda.
- ¿James?
Como por arte de magia, el cuerpo fibroso de él, se materializó a su lado. Tenía esa extraña capa en la mano y el ceño fruncido. Lily quedó atrapada en sus ojos.
Los ojos de James, prisioneros de unos cristales, estaban hechos de mil colores según Lily. Un circulo de tierra húmeda, un circulo de oro, un circulo de madera oscura, otro muy negro, y de nuevo un círculo de tierra húmeda, y uno de oro… Y se tragaban la escasa luz que emitía la lámpara, para que en su fondo se multiplicara y brillara como diminutos soles, como una estrella rasgada por un alfiler. Lily estaba segura que una especie de metal dorado y caliente se escondía bajo ellos, como si tuviese una segunda piel. Y las pestañas que brotaban con violencia de sus párpados chocaban con los cristales de sus lentes, con ímpetu, con rebeldía, como si estuviesen nutridas por una sangre especial, como si fuese magia.
- Sigo enojado contigo.
- ¿Por qué? –No lo estaba escuchando realmente, contestó eso sólo por decir algo. Se sentía ahogándose en un río turbio, caudaloso y de aguas hirvientes que hacía que algo palpitara con más fuerza dentro de su pecho.
- Porque eres una cabeza dura, porfiada e irresponsable, pero, eso ya lo sabía. En realidad estoy enojado por lo de Diggory.
- Ah…eso. –Respondió con desgano.
- Si, eso.
Luego se abrió el silencio entre ellos, uno de esos largos e incómodos. Lily apartó sus ojos de los de James, y después de mucho rato, casi dos eternidades, dijo volviendo la mirada hasta él. –James, no tengo ninguna explicación razonable para eso, pero no fue nada importante. Fue…como un beso de despedida.
- ¿Beso de despedida? -Repitió James, aún furioso.
- Te dije que no tenia ninguna explicación buena…
- ¿Eso significa que ustedes nunca más se verán o algo así?
Y Lily, perdida en las aguas barrosas que se le hacían los ojos de James, pensó. Pensó en esa noche de los Premios Anuales y como había cambiado su vida drásticamente. Porque ella esa noche estaba dispuesta a acostarse con Alex Diggory, o con quién fuera, para recuperar su libertad. Y tendida en la cama en el Hospital ya no estaba segura si era sólo por eso. Aquella noche, la de la fiesta de los Premios Anuales, se dio cuenta que si le temía un poco a la muerte era porque amaba las posibilidades de vida que se abrían ante sus ojos. Porque había descubierto una clase de vida que le gustaría tener, y con quién.
Después de correr y correr por más de quince minutos entre espesas hojas y un follaje hostil, se detuvieron a recuperar el aliento en una parte menos claustrofóbica de aquel bosque, y ella sólo podía pensar en lo cerca que habían estado de ser, a lo menos, torturados por aquellos extraños sujetos. Pensaba en eso, hasta que James Potter la besó de pronto, con tanta rabia, con tanta desesperación y con una persistencia inusual. En cambio, a él lo único que le interesaba era borrar de la boca de Lily cada huella, cada gesto, cada marca que no fuera suya. Y la frustración lo invadió pronto. Era la sensación de siempre, como si Lily huyera de todo, como si no la hubiese besado jamás, como si jamás la hubiera tenido.
Lily no quería ese beso, le sabía a vergüenza, a celos y a desconfianza. Abrió los ojos mientras intentaba soltarse del fuerte agarre en que James la tenía presa. Y al desplegar sus párpados vio que el extraño sujeto, de ojos rojizos y porte elegante, estaba justo enfrente de ella, justo detrás de James. El tipo sonreía burlescamente y sus ojos rasgados brillaban en la oscuridad, a la izquierda de él estaba parte de sus secuaces y tenían atados con una cuerda mágicas, como un lazo luminoso azul, a Peter y a Alex.
Lord Voldemort emitió una risa sin humor y los sujetos que lo acompañaban, que ahora usaban máscaras, lo imitaron con paroxismos sarcásticos. Y en aquel mismo lugar, con un soso movimiento de varita, Lily y James pasaron a sumarse a las filas de los que habían sido capturados. El lazo azuloso les rodeo el cuerpo y los atrajó hasta donde estaba Peter y Alex. Una mordaza que Voldemort hizo aparecer les inmovilizó los labios, y tendidos en el suelo, sentían como la soga mágica apretaba fuertemente sus vientres.
Voldemort estaba furioso, o eso creyó Lily, cuando vio sus ojos relampaguear con un color escarlata mucho mayor al que ella percibió en la cena. Vio como en susurros calmados, similares a siseos, reprochaba a cada uno de sus seguidores, cómo frente a ella recriminó la torpeza de sus discípulos que no habían sido capaces de capturar a un grupo de mocosos. Lily cerró los ojos cuando Lord Voldemort alzó su varita para torturar a uno de sus secuaces, y cuando los volvió a abrir, el tipo enmascarado aún se retorcía de dolor tendido en la hierba, dejando escapar gritos y lágrimas involuntarias.
Lily vio el deleite en los ojos de los otros. Como si la desgracia ajena fuera su alimento.
Mientras él discutía y reprochaba a sus sirvientes, ninguno de ellos emitía sonido alguno, ni siquiera se movían, salvo James que miraba intensamente a Peter y con los ojos parecía querer decirle algo. Alex tenía los párpados caídos y su rostro transpirado alertó a Lily que no se encontraba bien, que al parecer, había corrido igual suerte que alguno de aquellos mortífagos torturados.
Y ante la lucidez de Lily, Peter se transformó en una pequeña rata que huyó velozmente a través de los árboles, perdiéndose en la oscuridad del bosque. Dejando un espacio considerable en aquella soga que les permitía respirar de mejor manera y moverse un poco más.
James no desaprovechó los escasos segundos; Lord Voldemort no se había dado cuenta de la huida de Peter y un mortífago que estaba más cerca -Rosier- abrió mucho los ojos al ver la cola de Peter desplázandose velozmente entre las hojas. Abrió la boca, pero no se atrevió a interrumpir a su maestro, quién estaba ocupado aún recriminando a sus mortífagos, diciéndoles que se avergonzaba de ellos. James tomó su varita, y con un breve movimiento, la luz añil se relajó un poco. Al instante, James movió nuevamente su varita y el cuerpo débil de Alex se elevó unos metros. James sólo alcanzó a sacarse la mordaza que tapaba su boca.
- ¡Hey! ¡Se están escapando! -Gritó Rosier.
Pero en aquel momento Lily ya había sacado su varita y gritó "Diffindo" una y otra vez, dirigiendo el hechizo hacia los árboles, botado unos cuantos troncos, formando una trinchera entre ellos y los mortífagos.
Trataban de moverse tan rápido como les fuera posible, ella dejaba tantos obstáculos como podía a su paso, la mayoría árboles y piedras, cualquier cosa servía para segar el paso de Lord Voldermort y sus secuaces, mientras James llevaba el cuerpo de Alex y trataba de encontrar el camino hasta la fiesta.
- James, llévate a Alex a un lugar seguro, yo te cubro.
- No te voy a dejar sola.
- ¡SOLO HAZLO!
- ¡NO! –Respondió él.
- James, te seguiré inmediatamente, lo juro. Ahora, huye. ¡Rápido!
James dudó un segundo, luego obedeció las instrucciones de Lily, mientras ella trataba de darle tiempo distrayendo a los mortífagos con cuanto hechizo pasaba por su mente. Lord Voldemort esquivaba casi con aburrimiento los hechizos de Lily, mientras veía cómo sus mortífagos quedaban inmovilizados o se caían porque sus piernas parecían hechas de gelatina. Lily agitaba su varita con tanta rapidez como podía, pero no era suficiente.
- Estoy rodeado de inútiles. -Se quejó Lord Voldemort.
Luego, se echó a reir con un ruido rasposo, como si Lord Voldemort le diera a entender que ya era demasiado tarde, que ella no tenía escapatoria. Alguno de los mortífagos que quedaban en pie estaban mojados y otros agitaban sus brazos para apagar las llamas en que sus ropas estaban envueltas. Otros bailaban tontamente, sin poder controlar su cuerpo, la mayoría de ellos ubicados al otro lado de la trinchera que Lily había podido preparar. Sin embargo, ese no fue obstáculo para Lord Voldemort.
El, con un veloz giro de su túnica, apareció al lado de Lily y sus labios se fundieron en una amplia sonrisa cuando vio las pupilas verdes de la chica dilatadas de horror. Y sin perder de vista aquellos ojos, murmuró algo que comenzó a infringirle a Lily un dolor muy particular. Parecía que la cabeza se le partía, los ojos se le llenaron de lágrimas inmediatamente y luego aquella punzada se transformó en una molestia tan intensa que cayó desvanecida en el hierba. Luego Lord Voldemort alzó su varita y su sonrisa se hizo más amplia cuando pronunció -Avad... Pero no pudo terminar de conjurar la maldición porque un entrometido ciervo que apareció de entre medio de la espesura del bosque le golpeó vigorosamente en el costado con sus enormes astas. Si no es por ese ciervo, Lord Voldemort da el tiro de gracia.
James, en mitad de su carrera hacia la fiesta escuchaba los gritos de la gente, y el cielo estaba lleno de estruendo multicolores similares a fuegos artificiales, entonces decidió no hacerle caso a Lily, pensado lo peor. Dejó a Alex ocultó en el interior podrido de un viejo tronco y corrió tan rápido como pudo para ayudar a Lily. Sólo vio como los ojos de ella no se despegaban de los de Lord Voldemort, como si estuviera hipnotizada, luego contempló cómo caía sobre la hierba, tal fuera una muñeca de trapo. Fue entonces que presintió el próximo movimiento de Voldemort y echó a correr como un ciervo, tan rápido como sus vigorosas piernas le permitían. Luego, ante los paralizados ojos de los mortífagos se transformó nuevamente a su forma humana, y cogió a Lily, casi inerte, entre sus brazos. James pensó que ese era el final para los dos, Lord Voldemort estaba de pie frente a ellos dos y sus ojos brillaban de rabia. Pero todo el alboroto que había armado Lily anteriormente con sus hechizos, y los gritos desesperados de los mortífagos que se incendiaban, habían llamado la atención de los asistentes de la fiesta, quienes liderados por Dumbledore se habían internado en el bosque para averiguar qué ocurría. Cuando Voldemort vio a Dumbledore, con la mayoría de los Premios Anuales de Hogwarts cubriéndole las espaldas, alzó la varita y seguido de un fuerte crack, él y sus mortífagos desaparecieron del lugar.
Los dedos fríos de James sobre su mano tibia de Lily, atravesada por agujas que administraban suero a sus venas, los trajo de vuelta a la habitación #546 del Memorial hospital.
- ¿Qué pasó después, James? Yo sólo recuerdo que estaba intentado darte tiempo para que pudieras huir y que "él" se materializó al lado mio y me miró a los ojos y vi…
- ¿Qué viste? –Preguntó James mientras le apretaba la mano.
- A ti…estabas muerto. Siempre estabas muerto y cada vez que yo intentaba sacar esa visión de mi cabeza venía otra peor. -La voz de Lily se volvió temblorosa. - Vi que te torturaba tanto que tu cara era irreconocible, luego te abría el abdomen, él metía su mano entre tus costillas y te arrancaba el corazón. Yo no podía controlar eso, yo gritaba y mi varita no funcionaba. Luego todo empezó de nuevo, te vi caer en el pasto cuando un rayo verde te golpeó en el pecho. ¡Yo te toqué! Estabas frío, te moví y no despertabas. ¡Siempre estabas muerto, James! - Y las lágrimas llenaron los ojos de Lily al recordar todo esto.
- No, eso nunca pasó, Lily. Sólo fue una visión. Una especie de tortura mental –Contestó en susurros.
- Es que era tan real, James, tan real... –Se quejó para sí misma, y agregó, con tono apenado. –Cuando te fuiste ahora, pensé que no volverías...
- Es que no pensaba volver… Pero Sirius conoció a Ian y fueron a tomar cerveza con aquel otro chico a la casa de tu tío, y para ser franco, no me apetece una borrachera. Porque a pesar de todo, yo también quería hablar contigo.
Nuevamente el silencio, y cada uno pensando lo vivido y en lo que sentían en ese momento.
Lily sabía que lo que le pasaba con James era más que un par de besos y encuentros de sábanas no concertados. Sabía que no podía cerrar más los ojos a lo que su cabeza y corazón gritaban a cada segundo, que lo sentía cada vez más cerca y que extrañaba en cada momento.
- James, tengo que decirte algo, aunque creo que ya lo sabes.
"Sólo dilo, Lily, por favor, dilo", pensó él. Una palabra de ella y no le importaba aquel beso que vio, ni nada de lo que pudiera pasar con Alex Diggory – ¿Qué cosa? –Preguntó intentando adivinar su mirada enigmática.
"Me gustas más que un poco, de hecho, creo que estoy enamorada de ti." , pensó Lily, pero en lugar de ser sincera y dejar escapar lo que invadía su mente, contestó otra verdad, arrugando un poco el ceño. –Me voy a Bélgica con Alex, porque... - El contacto de las manos sólo duro un poco menos que un segundo. Y está vez fue James quien no quería escuchar nada más. Se fue velozmente, emitiendo destellos azules y no dejando a Lily terminar. No hizo caso a las súplicas de ella para que volviera y oyera todo lo que tenía que decir y golpeando con fuerza la puerta de la habitación número 546 del Memorial hospital Winston Churchill se fue con los ojos cerrados con fuerza para no llorar.
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Nota de la Autora: Ok, ahora me matarán, I know. Pero me gusta tanto este capítulo que no lo quise cambiar mucho. *abraza al capítulo* Sé que la pela con Voldemort es un moco al lado de las de Rowling, no soy capaz de escribir duelos tan geniales como los de ella, ni de hacer a Lord Voldemort tan atemorizante, pero es lo que hay.
Espero traer pronto el que sigue. YAY, capítulo 28, falta poco para llegar a donde quedé y del capítulo 31 no he escrito ni una letra, así que me pongo a eso inmediatamente.
Muchas gracias por leer y por sus reviews.
Un beso grande!
maite
