CAPÍTULO 28
SE DESCUBRE LA VERDAD
Kenji entró en la sala de las celdas donde se encontraban los niños elegidos secuestrados, cargando un ordenador portátil en su mano derecha. La mayoría dormía por la una droga que les habían hecho tomar al llegar. No tardarían en despertarse. Se acercó a la celda en la que se encontraba Koushiro, que junto con Sora era el único que estaba despierto.
- Vengo a devolvértelo – le pasó el ordenador por un hueco de la verja que servía para pasar la comida a los prisioneros – Han bloqueado toda posibilidad de que os podáis contactar con Genai.
- Ya me lo imaginaba que lo haríais en cuanto me lo quitaste al llegar aquí.
- No te preocupes, por lo demás está todo bien.
Koushiro tomó su ordenador y lo encendió. Arrancó sin ningún problema y en el menú de inicio no parecía faltarle nada. Ahora era un ordenador normal y corriente, porque no tenía forma alguna de contactar con Genai ni con Tai.
Kenji se iba a ir, cuando miró de reojo en la celda donde se encontraba Sora. La niña estaba sentada, apoyando su espalda a la pared, con la cabeza escondida entre sus piernas. Parecía como si estuviera llorando.
- ¿Aún estás así? ¿Tanto te afectó lo que te dijo mi hermano?
- Déjame en paz… todo es por tu culpa… eres un maldito traidor… ¡un traidor! – Le gritó, mirándolo fijamente, con los ojos llenos de lágrimas.
- Si me odias, no voy reprochártelo. Es normal. Pero, ya te dije que me ocuparía de que mi hermano te pidiera perdón.
- ¿Acaso vas a traerlo aquí?
- No lo creo, no es mi intención que a él le pase nada. Lo siento mucho por vosotros, pero, Lilithmon tiene otros planes.
- Tai pronto descubrirá que te traes entre manos… ¡y nos sacará de aquí!
- Lo dudo… hoy o mañana le daré la pastilla que le hará olvidarse por completo de lo que siente por Hikari – esas últimas palabras captaron la atención de Koushiro, que dejó de teclear en el portátil para escuchar la conversación – Y no me costará mucho conseguir que se olvidé de que alguna vez exististeis.
- ¡Eres un monstruo! ¡¿Cómo puedes hacernos esto?! ¡¿Cómo puedes intentar jugar con los sentimientos de tus hermanos?! ¡¿Es qué no te importan?!
- Si no me importaran, estarían aquí encerrados con vosotros. He hecho todo lo posible para salvarlos. En cuanto Lilithmon le extraiga la luz a Hikari, por fin estará a mi lado. Podremos vivir en el mundo digimon o humano, como ella prefiera. Pero ya nadie querrá hacerle daño.
- ¿Y qué harás si Hikari no quiere estar contigo? ¿Y si prefiere estar con Tai?
- Eso es algo que dudo que ocurra.
Dicho eso, Kenji se marchó de allí. Por un momento Sora creyó percibir un poco de temor en esas palabras. Como si le preocupase de que su hermana pequeña pudiera preferir a Tai antes que a él. ¿Tan loco por ella estaba?
- Sora, ¿de qué estabáis hablando? ¿Qué es eso que le va a dar a Tai?
Sora comenzó a explicar a Koushiro lo que sabía. A fin de cuentas, tenían tiempo de sobra hasta encontrar una manera de escapar de allí.
Para cuando Kenji regresó al mundo de los humanos, era ya casi la hora de la cena. Su hermano, no sabía porque, no se sentó a la mesa con ellos. Su madre dijo que se encontraba mal y se fue a dormir. No le dio mayor importancia y cenó tranquilamente. Aún tenía que trazar un plan para hacerle tragar la pastilla, así como una forma de llevarse a su hermana durante un día entero sin que nadie sospechase nada para que Lilithmon le extrajera toda la luz que contenía en su interior.
Tras acabar de cenar, como no era su turno de fregar los platos, se fue directo a su habitación. Acostado en la cama, pensaba en un plan para llevar a cabo su tarea. Podía usar la pastilla o no, era su elección. Una parte de él no quería hacerlo, pues Tai no tenía bien claro sus sentimientos hacía Hikari. En cambio, la otra parte tenía miedo de que se la arrebatase. La promesa era estar los tres juntos, para siempre. Amarse, quererse, respetarse… pero, no quería compartir a su hermana con nadie. La amaba demasiado.
La puerta se abrió de golpe, lo que lo sacó de sus pensamientos. Era su hermana, que al entrar cerró la puerta con cuidado.
- Ey, ¿pasa algo?
- Es que… ¿te puedo contar una cosa, hermanito?
- Claro – se levantó para sentarse en la cama y le indicó a su hermana que podía hacer lo mismo a su lado - ¿Qué pasa?
- B-Bueno… es sobre Tai… - se ruborizó al mencionar su nombre – Es que… antes me he bañado con él.
- Ajá, ¿y qué pasa con eso? No es nada raro.
- Es que… bueno… él me ha… ¡me ha besado! – Dijo al fin, sonriendo alegre de haberlo podido soltar. En cambio, para Kenji no fueron unas palabras agradables de escuchar.
- ¿Te ha… besado?
- Si… me ha hecho muy feliz. Al principio me ha sorprendido pero… los labios de Tai eran tan suaves y cálidos. Dime, ¿crees que recordará la promesa que hicimos? La de… ¡kyah!
Kenji la tiró sobre la cama de golpe, situándose sobre ella sin decir ni una sola palabra.
- ¿H-Hermanito…? ¿Q-Qué te pasa…? ¿No…?
Sin decir nada, la besa con frenesí. Al contrario del beso que había recibido por parte de Tai, este no se centró solo en sus labios. La lengua de Kenji penetró en su boca como una serpiente en una madriguera, buscando a su presa. La niña no tenía nada de experiencia, pero dejó que su lengua se moviera sola, uniéndose a la de su hermano mayor. Ambas bailaron en el interior de su boca, pero, como la de Kenji era tan grande, sentía que se ahogaba. Por mucho que le gustase, no podía respirar bien.
Kenji pareció darse cuenta de eso y se apartó. Al fin pudo tomar una bocanada de aire. Respiraba agitada y sentía mucho calor. El beso de su hermano había sido demasiado apasionado.
- Hikari… ya no puedo más… no puedo contenerme más… yo… - las manos de su hermana se posaron en sus mejillas.
Eran pequeñas, suaves y cálidas. Lo miraba con una sonrisa y con las mejillas levemente encendidas por el subidón de temperatura que había experimentado su cuerpo.
- Hermanito… yo también te quiero. Mucho. Cada beso que me dabas por las noches, me hacía muy feliz.
- ¿Estabas despierta…?
- Algunas veces… otras me despertabas con tus besos… Y eso me gustaba, mucho. Me alegra tanto… que tanto tú como Tai… os acordéis…
- Hikari yo… dime… ¿a quién quieres más: a mí o a Tai?
- Pero, ¿qué dices, hermanito?
- Por favor… necesito saberlo… ¿a quién de los dos quieres más? ¿Quién quieres que esté a tu lado?
- Vaya pregunta… os amo a los dos por igual. Quiero estar con los dos juntos, para siempre. Como prometimos de pequeños, ¿no te acuerdas? Juré que os amaría a los dos por igual.
- Si… me acuerdo…
- Por eso… me alegro tanto de que los dos me mostréis por fin vuestros sentimientos abiertamente. Creía que…
Hikari no pudo hablar más porque, de pronto, su mente se quedó en blanco y perdió el conocimiento.
Su hermano se puso en pie y se quedó mirándola un momento. Acarició su cabello, sus mejillas, sus labios… antes de besarla, sin que su hermana se diera cuenta le había dado una píldora del sueño. Lo hizo sin pensárselo mucho. El haber oído que su hermano la había besado lo asustó, pensando que podía arrebatársela.
Ahora, no le quedaba mucho tiempo. Tenía que llevársela a Lilithmon, aprovechando que de noche, para que le quitará la luz y así poder hacerla finalmente suya. La cogió en brazos y se preparó para marchar al mundo digimon.
Mientras tanto, Tai estaba tirado en la cama, sujetando en su mano derecha un trozo de papel plegado. Era una carta dirigida a él. En su interior hablaba de una oferta que le hacían para estudiar en un Instituto de Tokyo, cuyo equipo de fútbol estaba muy interesado en él. Por lo que le daban una beca que le permitía ahorrarse el dinero de los estudios, e incluso le pagaban los gastos en un dormitorio para estudiantes.
Pero eso no era lo que ocupaba su mente ahora, sino más bien lo que había ocurrido en el baño con su hermana. Cuando las imágenes aparecieron en su mente, mostrándole recuerdos de su niñez como si de una película se tratase, no pudo sentir el impulso de besarla. No se arrepentía, porque al fin se había aclarado con lo que sentía por ella, pero no sabía como podía mirarla a la cara.
No parecía que su hermana lo rechazase, pero tampoco parecía aceptarlo por completo. No paraba de darle vueltas una y otra vez al asunto. Seguramente esa noche su hermana durmiera con Kenji. Por norma general le preocuparía por lo que pudiera hacerle, pero ahora, ya le daba igual. Porque él no era mucho mejor.
Luego estaba el tema de la oferta del club de fútbol. No era un mal equipo, y encima permitía que sus padres se ahorrasen sus estudios. Si aceptaba, tendría que irse al terminar el curso para vivir a Tokyo y empezar a entrenar con el equipo para el torneo nacional. Ello implicaría abandonar a su hermana y todo lo que sentía por ella. Lo veía bien en cierto sentido. Su hermano mayor la cuidaría, porque parecía quererla tanto o más que él. Y, al contrario que él, siempre ha tenido muy claro sus sentimientos hacía ella.
Una luz blanca iluminó de pronto la habitación. Tai se reincorporó alarmado. Era el monitor del ordenador que se había encendido. Su padre se había comprado un ordenador nuevo, así que les había regalado a sus hijos el viejo. Aunque en realidad apenas lo utilizaban.
Tai se levantó para apagarlo cuando de pronto la pantalla blanca cambió a una pantalla llena de números que se movían de un lado a otro. Tai ya había visto eso una vez. Cinco años atrás, cuando un digi-huevo llegó al mundo humano a través del ordenador de su padre. La pantalla cambió de nuevo y algo salió disparado de ella. Ese algo le golpeó en la cara y lo tiró al suelo.
- Auch que daño… ¿eh?
Tai distinguió lo que parecía ser una cola puntiaguda de color naranja. No podía asegurarlo mucho porque el monitor había vuelto a apagarse.
- ¿Agumon…?
- ¡Ah, Taichi! – Se lanzó para abrazarlo, feliz de ver a su amigo.
- ¿Q-Qué estás haciendo aquí…? ¿Cómo…?
- ¡Ah, no es tiempo para esto! ¡Rápido, tenemos que salvar a Hikari-san!
- ¿Eh? ¿De qué estás hablando?
- ¡Es Kenji-san, nos ha traicionado!
- ¡¿Qué?! ¿De qué me hablas? No empieces tú también como Sora…
- ¡Es verdad, Taichi! ¡Hace un rato han venido unos digimon del mundo oscuro y se han llevado a Biyomon y Tentomon! ¡Kenji-san estaba con ellos!
- Pero… eso es imposible, Agumon. ¿Cómo iba a ir mi hermano al mundo oscuro? Además, ¿cómo que Hikari está en peligro? Si está con él en su habitación. Mira, te lo mostraré.
Tai se levantó y salió de la habitación acompañado del digimon, que parecía muy apurado. No entendía a que se debían esas tonterías sobre su hermano. Parecía que Sora se lo hubiera contado adrede. Abrió la puerta de la habitación, listo para decir un "¿lo ves?" a su compañero digimon al encontrarse a su hermano jugando con su hermana. Sin embargo, lo que encontró fue algo muy diferente.
Una Hikari dormida colgaba de uno de los brazos de su hermano mayor, que estaba frente a la pantalla de su ordenador, a través del cual se veía un paisaje oscuro y sin color. Era el mundo digimon oscuro.
- ¿K-Kenji…?
