HOLAAAAAA! NO os dejado sufrir demasiado, eh?

Capítulo cargadito y con sorpresita al final!

Disfrutarlo, porque estamos en la recta final. Dos o tres capítulos. (aproximadamente)

"" Hubo un comentario, solo que por alguna razón, la página no carga los últimos comentarios, pero los he leido porque me llegan al correo. Una chica que me da sugerencias para el fic, y su opinión crítica sobre él: No te he podido contestar porque no me sale tu nombre. Pero para nada me ha molestado lo que me has puesto, al contrario, comentarios como los tuyos, son los que hacen que las escritoras mejoremos (por lo menos yo lo veo así)

Sé que la lesión cardíaca de Bella puede no existir... No soy médica. Por lo que he juntado lo que me ha parecido para darle la visión a la historia que me venía mejor. Necesitaba algo para que Bella tuviese un motivo para morir y la verdad que se me ocurrió esto. Por otro lado, esta Bella, no es la misma de la historia original de Crepúsculo. Mis Bellas, por norma general, no suelen ser como la verdadera. A parte de que al principio del fic, ya explicó que Bella ha cambiado debido a lo que sufrió por la marcha de los Cullen. Realmente sus dudas y sus miedos de empezar algo serio con Edward, vienen de ahí.

Gracias a esta chica y a todas las que comentáis. Vuestras palabras, me ayudan a motivarme e intentar sacar minutitos al día, para seguir escribiendo.

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CAPÍTULO 28


- ¡Carlisle! La perdemos, se va… !Está muriendo!

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EDWARD PV

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Bella perdió la consciencia justo cuando la depositaba en la cama. Noté como su corazón tamborileaba arrítmico.

Ese sonido evoco en mi recuerdos de mis víctimas humanas en mi tiempo de rebeldía; Podría identificar el sonido de un corazón muriendo por el resto de mis días, por los remordimientos de aquellas víctimas, y ahora el corazón de Bella, el que tanto yo me había propuesto salvaguardar, sonaba igual que el de aquellas personas que se cruzaron en mi camino.

- ¡Carlisleee! - Chillé desesperado.

- Rosalie… la sedación… ¡Ahora!

Mi hermana junto con Emmet, llegaron cargando el carrito donde Carlisle tenía todo preparado para este momento y una bombona de oxígeno. Todo estaba escondido en un armario para que Bella no lo viese y se angustiara.

Rosalie le fue tendiendo todo lo que nuestro padre iba pidiéndole.

Lo primero que hizo fue ponerle el oxígeno para ayudarla a respirar, mientras yo, una vez me lo indicó, comencé a masajearle el corazón con cuidado.

Le inyectó una gran jeringa directamente en el corazón.

- Es adrenalina. Con esto ganaremos unos minutos para sacar a los bebés… Sigue masajeándolo, para ayudarlo a seguir latiendo – Me indicó en una fracción de segundo. Mi padre estaba asustado; lo conocía perfectamente y sus gestos y su voz, lo delataban. Estaba aterrado de perder a Bella entre sus manos.

Le inyectó la sedación, mientras Rose le ponía una vía en el brazo.

¿Cuándo había aprendido mi hermana a hacer eso? Meneé mi cabeza alejando esa pregunta.

- Voy a abrirla… - Susurró Carlisle, avisándonos.

El único que se alejó fue Jasper. Pero no salió del apartamento, simplemente se fue otra vez al salón. El resto, nos quedamos allí.

Carlisle sacó el bisturí y después de palpar a Bella, hizo un corte en su abdomen; apartó los intestinos y los órganos y con sumo cuidado, rasgó la tela del útero. En cuestión de un segundo, una cabecita de bebé asomó, junto con un lio de pies y manos.

- Aquí está la niña – Anunció. Rose la cogió entre sus brazos, rodeándola con una mantita rosa.

- Esme… toma… Aquí está el niño.

Nunca había visto a mi padre trabajar tan rápido y eficazmente. En cuestión de medio minuto, había sacado perfectamente a los dos bebés.

Esme acurrucó al niño en una manta azul y se fue al baño donde Rose estaba atendiendo a la niña.

- Bueno… - Suspiró – Primer paso solucionado. - Me sonrió relajando sus fracciones, las cuales habían estado tensas por la situación agobiante de hacía un minuto.

Carlisle colocó los órganos de Bella en su sitio; podía notar lo que lo desagradaba verla así.

- Tenemos unos minutos, - suspiró, mirando a Bella de una forma inexplicable. Era una mezcla entre amor, comprensión y… dudas.

- Hazlo… - Susurré. Lo miré de forma intensa – Me da igual si no me quiere, si no desea estar conmigo… No puedo permitir que muera. No tengas dudas. - Sabía que Carlisle, ahora que Bella estaba estabilizada, le entraban dudas morales.

- Carlisle… - Alice, que no se había movido de mi lado, lo llamó – Ella quiere esto. Lo sabes. Hazlo Carlisle. Todos apoyamos esto.

- Lo sé… solo estoy mirándola por última vez – Carlisle estaba… ¡despidiéndose!

Justo cuando Carlisle iba a a atrapar la muñeca de Bella, Rose gritó desde el baño.

- Carlisle… la niña… ¡no respira…! - Todos nos quedamos congelados.

- Está estabilizada, pero sigue con el masaje cardíaco – Me indico. - Vuelvo ahora mismo.

- Tranquilo Edward… todo saldrá bien. En unos minutos, Carlisle la convertirá y podremos respirar al fin, tranquilos. Bella estará con nosotros para siempre. - Alice suspiraba de alivio con sus propias palabras.

"Ella estará contigo, Edward. Solo necesita tiempo. Cuando despierte en su nueva vida, lo verá todo de manera distinta. Ten paciencia… Solo un poco más"

El pensamiento de Alice me hizo sacar una sonrisa. La cual duró poco, ya que el monitor Holter comenzó a pitar. Aunque no lo necesitaba ya que podía sentir el corazón de Bella golpear enrarecido contra mi mano.

Miré hacía mi hermana con los ojos desorbitados. No sabía qué hacer.

El monitor no dejaba de pitar, marcando como las constantes de Bella bajaban en picado.

- ¡Edward! - Alice me gritó con el rostro empapado en terror. - Se muere…

- Joder… ¡No! - Gritó Emmet.

- Edward… hazlo, o lo haré yo misma – Rose entró en la habitación como un ánima – Carlisle está con la niña, tiene un problema respiratorio – Murmuró triste – Está intentando abrirle las vías… - Frunció el ceño, y dio un quite con su cabeza, alejando el pensamiento – Bella se muere… ¿Quieres dejar de mirarme como un estúpido?

- Edward… ¡muérdela! - Exigió Alice.

Me incliné hacía ella como un lobo hambriento. Le clavé mis dientes en su yugular con cuidado de no dejarle demasiada marca.

Tapé el corriente sanguíneo que se abría paso hacía mi boca, con la lengua, dejando que mi ponzoña fuese entrando en su vena.

Me quité, lamiéndole la herida, y una vez que recuperé saliva en la boca, le mordí las dos muñecas. Dejando mis dientes más clavados en la que estaba marcada por los colmillos de James. Así, ella llevaría mi señal, no la de él.

Alice, Rose, Emmet y yo, nos quedamos contemplando a Bella. No se movía, estaba… como muerta. No había ningún síntoma.

Si tuviese pulso, ahora mismo estaría disparado.

El monitor Holter, daba pitidos ensordecedores, marcando los picos, en los latidos descompensados y cada vez menos frecuentes de Bella.

Todos nos miramos con los rostros tensos.

- ¿Bella? - Me acerqué a ella acariciándole la cara – Por favor… cariño… Por favor… - suplicaba. Suplicaba haberlo echo bien.

- Todo está bien, tranquilo – Carlisle entró en la habitación seguido de Esme – Rose, tu niña está perfectamente. - Le tendió a la bebé, ante los ojos felices de Rose. - Simplemente tenía suciedad en la garganta… Creo que la saqué demasiado deprisa. Siento el susto que te he dado.

- No te disculpes papá… - Le contestó Rose cariñosa – Has salvado a mis hijos y a Bella. No te puedo pedir más.

Esme le tendió el niño a Emmet.

- Aquí tienes a tu hijo… - Le sonrió ella - Son preciosos, los dos. - Emmet asintió, visiblemente emocionado.

- Papá… Carlisle… - no era capaz ni de hablar. Mi padre me miró con una mirada paterna y llena de afecto.

- Todo está bien. Puedo oler tu ponzoña en sus venas – sonrió – Al final, ella será tu creación… Me has quitado el privilegio de hacerla mi hija – Me guiñó un ojo.

- Pero… - No entendía como mi padre podía estar de guasa.

- Carlisle, ella no se mueve… ¿Estás seguro que Edward lo ha echo bien? - Preguntó Rose sofocada.

Me enternecía ver a mi hermana preocupada por Bella, aún teniendo ya sus hijos en sus brazos. Parece ser que el gesto maternal que había tenido con ella, habían echo a Rosalie adquirirle amor real a Bella.

- ¿Qué pensáis, que esto es instantáneo? Lleva un tiempo que la ponzoña se reparta por su organismo. Además, cada uno es distinto… A parte de que Bella esta sobre sedada. Le administre más sedación de la necesaria para suavizarle el dolor de la transformación. - Explicó.

Todos respiramos reconfortados por las palabras de nuestro padre. Aunque yo, hasta que no viese alguna reacción por parte de Bella, no me quedaría tranquilo.

- ¡Oh!… ¿Y Nora? - preguntó Rose. Ese gesto me maravilló de ella. Que recordará a Nora, aún teniendo en brazos a su propia hija.

- Yo estoy con ella – Comentó Jasper desde el salón. Todos nos miramos perplejos – Todos estabais ocupados, así que yo también quise ayudar. La pequeña estaba despertando así que me la llevé al salón conmigo. - Su voz vibraba de ilusión. Alice sonreía tierna.

- Edward… tranquilo hijo. Todo está bien. No te preocupes. - Intentó relajarme Carlisle.

- Mira – Rose y Emmet se acercaron con los bebés. - Tienes que conocer a tus sobrinos. - Las caras de mis hermanos eran la felicidad en estado puro.

Dos bultitos, uno azul y otro rosa, estaban acurrucados en los brazos de sus papás. Ambos abrieron las mantas para dejarles las caritas al descubierto. Eran preciosos… y ambos, se parecían a Bella. Tenían su misma naricita redondita en la punta y el labio inferior sobre salía del superior, justo como su auténtica mamá.

Una sonrisa tierna y sincera, salió de mis labios.

- Se parecen a ella – Rose me miró con emoción. Yo asentí – Y me alegro por ello. Espero que su carácter también sea como el de ella. - Rose giró la mirada para enfocarla en Bella. - Pronto la tendremos entre nosotros, para siempre – Sonrió.

- Bueno… ¿por qué no os lleváis a los bebés de aquí y vosotros salís? - Nos sugirió, más bien, ordenó Carlisle. - Voy a coser a Bella. - Arrugó la boca en un gesto un tanto divertido – Aunque pronto la ponzoña lo hará por mí, pero no me quedo conforme dejándola con el abdomen abierto. - Frunció el ceño. Carlisle era perfeccionista, siempre.

Poco después de que Carlisle acabase de coser a Bella, ella comenzó a removerse inquieta, apretando sus manos en puños.

Carlisle sonrió ante eso.

- El cambio comienza. La ponzoña ya empieza a trabajar sobre su sistema. - Todos giramos la mirada hacía Bella, que seguía completamente inmóvil. - Chicas, porque no la aseáis un poco; antes de que la ponzoña comience a quemarla más. - Me contraje ante esas palabras. - No sabemos como sopesará el cambio, así que antes de que avance más y le pueda resultar molesto, ¿os parece?.

- Claro Carlisle. Nos pondremos ahora mismo. - Comentó Esme. Alice y Rose asintieron.

Le lavaron los restos de sangre y le pusieron un pantalón leggin negro y un blusón blanco. Tuvieron la delicadeza de ponerle unas bailarinas en los pies.

- Debe estar presentable para cuando se mire. - Sentenció Alice, orgullosa del conjunto elegido.

Al cabo de unas horas, por fin, aunque con mucho dolor en mi corazón, Bella dio el primer indicio de que el cambio estaba haciendo efecto, como había dicho Carlisle:

- ¡Me quemo! - Gritó ella, rompiendo la calma que reinaba en su dormitorio. - Carlisle… Por favorrr… - suplicó – Edward… ¡Edwarddd…! - Gritó con los ojos fuertemente apretados.

- Tranquila mi vida… solo será un momento. Lo siento… cariño, lo siento muchísimo… - le susurré con dolor al oído.

Oírla grita así, me evocaba mi propia conversión. Ese dolor que te recorría el cuerpo, como lenguas de fuego que te quemaban sin compasión.

Esto, era una de las cosas que quería evitarle a Bella. Con cada grito, parecía que su alma se desvanecía.

- Su alma está dentro de ella. En cómo es, su manera de ver la vida, de actuar con los demás… Su alma, no es su sangre. - Alice me acarició el brazo, mirándome fijo a los ojos. - Ella será una gran vampira. Bellísima hasta lo imposible – Sonrió. - Rose, tendrás competencia – Rió.

- No esperaba menos de ella – Contestó con orgullo en la voz.

- ¡Por Dios bendito! - Bella volvió a gritar. - No… no quiero esto… prefiero morirrr… - Gruñía.

- Bella – Carlisle se acercó a ella, y le acarició una mano. - Ya hemos hablado de esto. Y no… - Posicionó su boca al lado del oído de Bella – No iba a dejarte morir, de ninguna de las maneras.

Así fueron pasando las horas. Los minutos y segundos que jamás se me habían antojado tan eternos. En esos momentos agradecía ser un vampiro antiguo, con mi paciencia bien ejercitada; aún así, hubo momentos que me apetecía estrellar algún reloj para intentar que el tiempo avanzase más deprisa.

Carlisle casi tuvo que sacarme del dormitorio a rastras. Nos obligó a que nos turnásemos para hacerle compañía. Y que intentásemos no parecer ansiosos ni asolados por el pesar de su dolor.

- Eso solo la agobiará más. - Y realmente tenía razón. Pero no por eso, le costó menos sacarme de allí.

Al día siguiente, tras más de 24 desde que la había mordido, los quejidos de Bella se hicieron más seguidos; dejó de gritar, para usar un tono más bajo y ronco, pero cargado de dolor.

Por mi podía haber seguido gritando si así la aliviaba.

Descubrimos que si le hablábamos, parecía que sus lamentos descendían y se encontraba más tranquila. Así que, tal y como nos aconsejó Carlisle, hicimos turnos y le leíamos y le hablábamos.

Rose le habló de los bebés y de las ganas que tenía que despertara para que los conociese. Y por fin, desveló los nombres: Alexander y Emma. Dos de los nombres de la lista que entre ella y Emmet habían echo y que más le gustaban a Bella.

Y yo le leí Cumbres Borrascosas; su libro favorito. Sabía que le gustaba mi voz, y mi forma de narrar; así que utilicé eso para intentar hacerle pasar el trago lo más llevadero posible, a parte que de esa forma, parecía que a mí mismo se me pasaba el tiempo un poco más deprisa.

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Nora, que ya caminaba, se nos escapó del salón en un descuido, y se fue al dormitorio de su madre. Imagino que la sentiría gritar, y después de dos días sin verla, pero sabiendo que estaba allí, querría verla.

- Mamá – la infantil voz de la niña nos sorprendió a todos, haciéndonos volar hasta la habitación.

La niña estaba agarrada al brazo de Bella, mientras esta apretaba los puños con fuerza y mantenía la mandíbula tensa.

- Mamá… depieta – la llamó, meneando el brazo de su madre.

- Nora, cariño – Me agaché a su lado. - Mamá está un poco malita, por eso está así. Pero pronto estará bien, no te preocupes. El abuelo Carlisle está curándola, para que en seguida vuelva a jugar contigo. Pero ahora debemos dejarla descansar, ¿de acuerdo mi niña? - Nora frunció la boca, en un gesto que la hacía parecer hija biológica de Bella.

- Ale… - y me regaló una de esas sonrisas que podían derretirte.

Me levanté del suelo, y cuando me incliné para subir a Nora en brazos, Bella movió su brazo y sujetó a la pequeña.

Me quedé petrificado. No porque fuese una imagen emotiva, al contrario:

Bella mantenía sus ojos cerrados, aún no estaba consciente, no había nacido en su nueva no vida; pero había atrapado el brazo de Nora entre su mano, olfateando al aire, reclinando los labios hacía atrás; en un gesto característico de caza.

- ¡Dios mio! - Susurré. A parte del gesto que Bella había adoptado al oler la sangre, me impresionó ver como el cambio en ella, comenzaba a ser más que notorio.

Emmet se acercó y con gran esfuerzo, consiguió apartarle la mano a Bella de la niña. La cual no quería moverse del lado de su madre, dificultando el trabajo de alejarla. La atrapé entre mis brazos, alejándome del lado de Bella.

- Noo… mamá depieta – Balbuceaba, agitándose en mis brazos. Miré hacía Carlisle con angustia.

- Ha sido un estímulo primario. Ha olido la sangre y ha reaccionado. Sin más. No sé a que vienen esas caras – Comentó restándole importancia. Pero su mirada, fija en Bella, estaba tensa.

Al resto podía engañarlos, pero a mí no. Nos conocíamos demasiado bien, para mentirnos entre nosotros. Sabía que ese gesto en Bella, lo había preocupado.

Tras darle la cena a Nora y dormirla, nos reunimos todos en el salón. De forma tácita, sabíamos que tocaba charla familiar.

- Bien – Carlisle tomó la palabra – Creo, que… no tuvimos en cuenta de que Bella va a ser una neófita. Nos hemos dejado llevar por nuestro lado sentimental y no calculamos que cuando despierte tendrá sed. Que será una vampira.

- ¡Joder!… ¿cómo se nos ha pasado eso? - Protestó Emmet. - Para ella va a ser difícil al despertar… Menudo despiste. - Bufó – A ver cómo hacemos para sacarla de aquí, sin que aniquile a medio barrio – Por supuesto, Emmet encontró la forma de sacar una broma de esto. Rose la lanzó una mirada fulminante.

- Esto es serio, hijo… Deja las bromas – Lo regañó Esme con tono condescendiente.

- Si. Es serio. Lo primero que haremos será sacar de aquí a los niños y abrir todas las ventanas para que el aire no huela a sangre humana. No tenemos mucho tiempo. Lleva 56 horas de conversión y el cambio en ella es más que evidente; no creo que tarde más de un par de horas. - meditó.

- El cambio es demasiado llamativo. - Agregó Jasper. - No sé si dispondremos de tanto tiempo.

- Si… todo va muy rápido – Meditó en voz alta Alice. Todos nos volteamos a verla – No puedo deciros nada. Solo he tenido algunos rescoldos de visiones, de ella convertida en vampira; pero no sé cuando despertará ni lo que hará… ¡Nada! Su don, su escudo de humana, ahora siendo vampira, bloquea el mio – Todos jadeamos de la sorpresa – No lo hace del todo, pero casi.

De pronto, sentimos un ruido a nuestras espaldas. Giramos, y lo que nos encontramos en la puerta del salón, nos dejó a todos petrificados:

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Bella había despertado, y estaba de pie, mirándonos atentamente.

Tenía una belleza extraordinaria: Su melena se había ondulado un poco más, seguía oscura, pero ya no estaba negra, como ella lo llevaba teñido, si no que, su color natural había vuelto matizándose aquellos reflejos rojizos de antaño. Aunque tenía los ojos rojos, se habían vuelto felinos, dotándola de una mirada extraordinariamente dulce y sensual.

Y su pose, era la elegancia personificada. Esbelta, recta y con un toque de coquetería.

Con un aleteo de sus interminables pestañas, podría hacer caer de rodillas a cualquier hombre.

- ¡Bella! - La primera en reaccionar fue Alice. - Estás… preciosa. - Le sonrió.

- Hija… ¡Bienvenida a la familia! - La saludó Carlisle.

- 56 horas… Eres una campeona, Bella – Le hizo la gracia Emmet.

Jasper la miraba atento. No mostraba una mirada hostil, pero tampoco amable. Estaba estudiando cualquier movimiento que ella pudiese hacer.

- Bella… - Rose la saludó con una voz melosa – Los bebés, están bien. - Sonrió bajando la mirada hacía Alexander, el cual dormía en sus brazos – No sé si recuerdas que te estuve hablando de ellos.

La mirada de Bella voló al bultito que Rose sostenía entre sus brazos.

Ahora ella era una vampira, y sus gestos eran más disimulados que antes, pero podía seguir reconociéndolos: Ella miraba hacía el niño de forma fija, con una mezcla entre curiosa y asustada.

Su garganta se movió, tragando y automáticamente se llevó una mano al cuello.

- Sé que quema… tranquila, es normal. - La avisé – Bienvenida… Estás hermosa, mi vida. - La miré con adoración.

Bella apartó su mirada hacía mí, y me miró abriendo los ojos, pestañeando sorprendida. Inclinó la cabeza, de forma curiosa; se mordió el labio inferior, en un gesto muy de ella. Ella, seguía siendo Bella.

Mi fuero interno, agradeció ese gesto, tan humano. Su silencio, y su forma de mirar, me estaba poniendo nervioso.

- ¿Bella? - Le preguntó Carlisle. - Habla hija… ¿Qué pasa? - Le preguntó preocupado. Ella frunció el ceño, pero dio un par de pasos en su dirección; acercándose cautelosa a Carlisle.

- ¡Mamá…! - Gritó Nora desde la puerta. - Despetate – Las intenciones de Nora eran claras… Echar a correr a los brazos de su madre, así que la sujeté entre mis brazos. Jasper se posicionó a mi lado.

Bella la miró reflejando el más puro pánico en su mirada. Sus manos volaron a su garganta, agarrándola, casi estrangulándose.

Apretó fuertemente los ojos; cuando los abrió había hambre en ellos. Ferocidad. Alzó la barbilla, y las aletas de su nariz se movieron ligeramente; estaba olfateando a Nora.

- ¡Isabella! - La llamó Jasper en tono severo. - Ni se te ocurra… Es tú hija. Acostumbrate a su olor desde ya. - La voz de mi hermano era como la de un general ordenando sobre sus tropas.

- ¡Ugh! - Gruñó con su voz cantarina – No puedo soportarlo… - Aunque no me gustaron sus palabras, su voz era la de una soprano.

- No respires – Ordenó Carlisle. Ella lo miró como si le hubiese salido una segunda cabeza. - No necesitamos respirar. Tus funciones vitales han muerto, ¿recuerdas? - Bella pestañeó, angustiada. Aunque eso sirvió para que apartara la mirada aterradora de su hija.

- No puedo soportarlo – Volvió a hablar. Su voz denotaba tensión y angustia. - Es superior a mí. - Apretaba la mandíbula con fuerza. Giró su mirada hacía mis ojos – No sé como podías hacerlo… Es… ¡imposible! - Siseó. Le sonreí en respuesta.

- No sin mucho esfuerzo… - Le alcé las cejas, de forma pícara. Ella pestañeó ante mi gesto, perpleja, mientras negaba con la cabeza.

Bella se llevó las manos a la cabeza; estaba aterrada. Y todos sabíamos que no había nada peor que un recién convertido asustado. Sus reacciones podían ser totalmente inesperadas.

- No puedo controlar… mis movimientos – Su cara dejaba entre ver un ligero disgusto. Pero algo me decía que estaba tremendamente agobiada y aterrada.

- Poco a poco, Bella. - Carlisle se acercó a ella, con total normalidad. - Has despertado antes de tiempo, y eso aturde aún más. En unos días te harás a tus nuevos sentidos.

- La vista… lo veo !todo! Y lo oigo ¡todo! - Exclamó alterada.

-Dame tu mano, Bella – Le solicitó Carlisle. Jasper se tensó a mi lado.

- Carlisle – El tono de Jasper estaba cargado de advertencia y miedo.

- ¡Vamos Jasper! Tranquilo hijo. Bella no va a hacerme ningún daño. - Nuestro padre alzó la mano, restándole importancia.

- ¿Daño? ¿A Carlisle? - Bella le frunció el ceño a Jasper, mostrando un rostro aterrador, pero de igual manera hermoso hasta lo doloroso. - ¿Estás loco o qué te pasa? - Su voz, dulce como la miel, adquirió un tono ronco. De fiereza.

- Eres una neófita. Ahora tienes muchísima fuerza, y puedes hacernos daño sin pretenderlo. - Le informó Jasper.

Carlisle le tendió la mano, para que ella depositará la suya. Era una manera de que explorará y se fuese haciendo poco a poco a los cambios. Y así, evitar que ocurriese algo desagradable si la tocábamos por accidente.

Cuando sus manos se unieron, Bella jadeó. Seguía asustada, pero Carlisle le dio confianza y ella comenzó a manosearle la mano y el antebrazo, maravillándose de la sensación.

- ¿Ves? Ahora tenemos la misma temperatura. - La sonrisa de Carlisle se tornó pícara. - Ya no tendrás problemas de frío, ¡jaja! - Se carcajeó.

Bella agachó levemente la cara, como hacía hasta tan solo unas horas, siendo humana. Ahora mismo, estaría colorada.

Su mirada voló a la mía, volviéndose traviesa.

Hasta que sus ojos cambiaron la ruta y dejó de mirarme, para desviar sus orbes hasta Nora, que seguía en mis brazos.

El corazón de la niña latía rápido sacudiendo su torrente sanguíneo, a la expectativa de irse con su madre.

A Bella se le contrajo la cara; fijando su mirada en la niña; mandíbula apretada, ojos muy abiertos; aletas de la nariz moviéndose y barbilla ligeramente alzada: Estaba de caza. Estaba cazando a su hija.

Dio un paso hacía mí, y yo apreté a Nora entre mis brazos. Rose se materializó de la nada y atrapó a la niña, alejándola.

- ¡Bella no! - Emmet se posicionó delante de ella. - Ni pienses que te voy a dejar que te acerques. - Le habló muy serio. - ¡Mírame… Ahora! - Le alzó la voz muy serio.

Bella pestañeó, cambiando el destino de sus ojos hacía Emmet. Su mirada cambió, volviéndose agónica.

- No puedo… Esto me supera… - Murmuró. - Debiste dejarme morir… ¡Tú! - Me señaló – Tu me mordiste… Debiste dejarme morir – Ahora su voz cambió a una lastimera; dirigió su mirada a Rose. - Te entiendo perfectamente; ahora sí. - Rose abrió los ojos como platos.

- No Bella… - Le murmuró mi hermana.

- ¡Se va! - Alzó la voz Alice, saliendo de una visión; no me había percatado, ya que no le quitaba los ojos de encima ante cualquier mal movimiento por parte de Bella.

Bella se giró hacía Alice; y ambas compartieron una mirada cómplice, pero cargada de sentimientos.

Esos segundos me dieron margen para poder acercarme a Bella.

- Mi vida… - le susurré, - ¿Cómo puedes tan siquiera pensar que dejaría que murieras? Te amo demasiado. - Alcé mi mano despacio, para que tantease mi gesto, y le acaricié la cara.

Cerró los ojos durante unos segundos, degustando el contacto; me dedicó una sonrisa triste y cuando volvió a abrirlos nos mantuvimos la mirada no más de dos segundos y... se volatilizó ante mis ojos. Desapareció de nuestra vista, del piso, del contacto que estábamos manteniendo, en menos de una fracción de segundo.

- ¡Bellaaa! - La llamé a gritos.

Todos nos quedamos contemplando la puerta, para, un instante después, mirarnos entre nosotros. Las palabras sobraban; todos sabíamos lo que había qué hacer.

Jasper y Alice salieron a mi lado, sin falta de decirles nada, en busca de Bella.

Recorrimos durante horas la zona abriendo en cada vuelta más y más el terreno a inspeccionar. Pero nada… No había rastro de Bella por ningún lado.

Incluso Jasper, que era buen rastreador, no conseguía encontrar un rastro fiable de ella.

- Se ha… volatilizado – Murmuró Alice completamente agobiada.

- Ella nos conoce. Nos conoce mucho mejor que nosotros a ella – Sentenció Jasper. - Sabe como darnos esquinazo.

Al volver a casa, tras horas buscándola, todo eran caras de tristeza absoluta. Nos miramos entre nosotros, desconcertados.

Nadie tenía noticias de Bella. Todos menos Esme; la cual sujetaba unos papeles entre sus manos.

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- Son… para ti. - Me indicó. Pestañeé sorprendido.

Los recuperé de manos de mi madre y los leí en dos segundos. Todos contenían la respiración esperando a saber qué eran aquellos papeles y qué decía Bella en ellos.

- Son unos documentos, donde me cede la custodia compartida de Nora. Ahora, paso a ser su padre adoptivo, junto con Bella. - Estaba completamente sorprendido, pero debía reconocer que en cierta manera, emocionado. - También están firmados otros, donde adjudica el apellido Cullen a la niña. - Desvié la mirada hacía mi madre - Te nombra a ti, Esme, para suplirla a ella, en su ausencia.

- ¡Oh…! - Jadeó Esme. Todas la miradas volaron hacía mi madre. - Hace un par de semanas, ella me preguntó si yo cuidaría de Nora si le pasase algo. - Pestañeó, frunciendo el ceño – No la vi rara, ni nada en Bella me llamó la atención, y di por echo que tendría miedo a que algo le sucediese y quería estar tranquila respecto a Nora.

- Yo si tuve una visión, muy breve, de Bella redactando unos documentos. - Anunció Alice ganándose mi mirada reprobatoria. - Me da igual que me estés mirando así. Era algo privado de Bella y yo, no tenía porque desvelar su secreto. - Claudiqué; realmente mi hermana tenía razón y no podía pagar con ella mi frustración.

- Hay también una carta… para todos...

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Noche Buena, dos años después...

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- Mira Nora… - Llamé a la niña desde el salón, junto al árbol de Navidad – Los regalos ya han llegado.

- ¿Y el de mamá… ? ¿Está el de mamá? - Preguntó ilusionada. Me incliné de hombros para hacerla rabiar un poco – O… este año… - sus ojos se llenaron de esperanza; eso me partió el corazón porque suponía lo que iba a decirme. - … ¿Va a traerlo ella? - Suspiré - ¿Papá? - Me apuró a contestar.

- No cariño… se lo ha dado a Santa Claus; ella aún no está recuperada y no puede venir. - Le mentí, como siempre.

- Los gemelos ya están listos – Anunció Rose, cortando así el ambiente triste – Abramos los regalos, niños. - La mirada de mi hermana se enfocó en la mía con pena.

Otra Navidad sin Bella.

Otros 365 días viviendo con su ausencia… 730 días en total.

Jamás había contado los días de esta forma obsesiva; incluso en nuestra primera separación, no los había llevado tan en cuanta como ahora.

730 días sin ningún tipo de señal. Viviendo en la más absoluta oscuridad respecto a ella.