Disclaimer: Soul Eater es propiedad intelectual de Atsushi Ōkubo. Los temas de cada uno de Los retos, pertenecen a la Comunidad de 30Vicios en Livejournal.
Reto #12 de la Tabla Básica de 30Vicios.
Resumen: Ni Spirit Albarn ni nadie los iba a detener...
Vermillion and Viridian
por Onmyuji
La sensación más similar a un Déjà Vu.
El aire se sentía tan bien. Era cálido, pero tenía sabor a sal. Iban rápido, por lo que se obligó a sí misma abrazarse más fuerte al cuerpo de su compañero. El susodicho sonrió al sentir el contacto, orgulloso del mismo, sobre todo después de lo mucho que le había costado convencerla de tener más libertades en asuntos como ese. Apretó sus manos en torno al manubrio, listo para presionar los pedales y acelerar. Así lo hizo, dejando atrás una larga estela de polvareda.
¿Qué tenían qué perder? Eran jóvenes, estaban enamorados y el tanque del combustible de la motocicleta estaba lleno. Mientras más lejos fueran todo estaría mejor, sobre todo porque estaban juntos. Eran capaces de enfrentar lo que fuera.
El camino se les fue acabando hacia el atardecer, hasta que finalmente estuvieron sobre la autopista 101, a las afueras de Clam Beach, California. Entonces, el chico de cabellos blancos se las ingenió, de forma que pudieran llegar hasta la playa de un sólo tajo, luego de horas y horas conduciendo sin parar.
—¿Te gustó el paseo? —La voz masculina se dejó escuchar una vez que la motocicleta quedó inmóvil y apagada sobre el suelo de arenoso de la playa. Se le oía fresco, alegre, feliz. Observó a su compañera, quien aún seguía aferrada a su cuerpo como una lapa, incapaz de soltarse, tratando de que se le pasara la sensación violenta del aire contra su cara—. Hey, si no te sueltas pronto, te perderás del atardecer. —Le advirtió él, forcejeando contra el cuerpo femenino, el cual logró quitarse de encima para poder bajar de la motocicleta.
Una vez que estuvo abajo, se volvió de nueva cuenta a ella, que sonreía con la misma soltura que él. Una risilla escapo entre los dientes que recordaban a la forma de los de un tiburón, atrapando la atención de la rubia ojiverde que aún estaba arriba de la motocicleta—. ¿Qué? ¿Qué te parece tan gracioso? —Reclamó ella con el ceño fruncido.
—¡Nada! Es sólo que tu cabello quedó despeinado. Déjame arreglarlo —Dijo él mientras se inclinaba contra ella y comenzaba a acomodar el cabello rubio cenizo en su lugar, distraído. Más concentrado observando el rostro enrojecido de ella que en la forma en que el cabello iba quedando. De repente, como una sorpresa hecha y derecha, él se inclinó contra su rostro y le robó un beso, suave y cariñoso. Ella pareció rechazarlo en los primeros instantes, pero luego se convirtió en la más tierna de las correspondencias entre ellos.
—Oye, Soul. ¿Crees que papá ya haya leído la nota? —Preguntó la chica, nerviosa y preocupada al mismo tiempo, mientras se separaba lentamente de su novio, ella principalmente sonrojada. Él la observó, antes de soltar una sonrisa llena de sorna.
—Conociendo al viejo, seguro ya debe estar buscándonos. Probablemente creerá que huimos a casarnos en una capilla en Las Vegas. ¡Tsk! Ese viejo se cree que haré lo mismo que hizo él con tu mamá. —Y entonces ambos soltaron una risa divertida ante la idea que aquello suponía. La ojiverde parecía segura de sí misma, lista para huir por todo el país y recorrer el mundo entero huyendo de su idiota padre con él. Pero las espinas de la duda, el temor; sus sueños incluso se estaban convirtiendo en parte de aquella gama de impedimentos para huir.
Ellos no podían huir para siempre. Spirit Albarn los esperaba, completamente histérico con Soul por haber secuestrado a su adorada hija, esperando una explicación. Tarde o temprano tendrían qué volver y hacer frente a aquel que era la Death Scythe por excelencia de todo el Shibusen.
Tratando de parecer más animado y buscando evitar concienzudamente aquellos pensamientos, Soul Eater Evans se volvió contra su novia, tomándola por la cintura y bajándola de la motocicleta. Y así, en sus brazos, mientras ella le regañaba escandalosamente, él se dejó caer contra la arena, con ella entre sus brazos. El aire era tibio, pero a ninguno de los dos le importó, puesto que Maka Albarn se acurrucó contra el cuerpo de su novio y se quedó ahí, quieta y pensativa, observando el atardecer.
—Soul.
—¿Hmm?
—Te quiero.
—Sí, pero yo te quiero más... —Él sonrió mientras observaba el rostro de su compañera, como un completo enamorado. Se inclinó y acarició la punta de su nariz con la suya propia—. Ya sé qué estás pensando, Maka. Quieres volver pronto a Death City. —Evidentemente, aquello no parecía una pregunta—. Ya lo sé. Quiero hacer esto bien.
—Yo también, Soul. No quiero simplemente llegar a casa con un niño en brazos y hacerle saber que es abuelo. Eso lo mataría. Y mi papá podrá ser un mujeriego y un pervertido, pero es mi papá y lo quiero... —Se sonrojó nerviosa mientras admitía esto. Soul soltó una risa, imaginando una posible escena con aquella idea. Luego recobró la compostura, con la funesta idea en la cabeza de que Spirit Albarn preferiría mil veces que Maka estuviese enamorada de cualquier otro que no fuera él.
Nada más había qué recordar cómo le lavó el cerebro a Death the Kid hacía no más de un mes, para que estuviera en pos de Maka y no pudiese intentar nada con él. Aunque al final sus esfuerzos habían resultado infructuosos, pues apenas se le confesó a Maka, la convenció de huir con él, lejos de Death City, donde nadie pudiese separarlos.
Pero ahora que estaban juntos, solos, sin preocuparse por el padre de la novia, consiguieron el tiempo para pensar las cosas con calma; sólo así cayeron en cuenta de que no querían terminar como los padres de Maka (casados en una capilla en Las Vegas a los dieciocho años y separados pocos años después).
La técnica notó que su novio se encontraba más callado y pensativo de lo usual; por lo que sospechaba (y vaya si era intuitiva respecto a su él), su cabeza rondaba por aquellos pensamientos. Y le preocupaba, porque no quería que sufriese por el rechazo de su papá—. Soul: Te quiero. Sólo a ti. No lo olvides. Papá tiene qué aceptar eso, quiera o no. —Y Maka deslizó sus brazos en torno al cuello del chico de ojos de rubí, sonriendo suavemente.
—De verdad espero que lo haga. Porque de no ser así, estoy dispuesto a secuestrarte una vez más y-...
—¡Soul!
—¡De acuerdo! Sabes que estoy bromeando. Me portaré bien. ¡Jamás huiría (eso no es cool) de Death City contigo en brazos aunque tu padre se negase rotundamente a darnos su bendición...! —Lo reconsideró seriamente al ver la cara de su novia—... de acuerdo, lo haré si se niega. Pero primero quiero saber que puedo intentarlo de la manera oficial. ¿Eso te parece mejor? —Le sonrió. Y cuando obtuvo la sonrisa de respuesta/aprobación de su novia, en ese instante del crepúsculo, ambos se fundieron en el último beso que se darían antes resolver (completamente decididos a encarar a cierta Death Scythe) regresar a Death City.
La sensación de Déjà Vu fue tan grande, tan poderosa, tan terrible, que Spirit Albarn definitivamente se temió lo peor. No encontró a absolutamente a nadie el departamento que su adorada hija y el bastardo de Soul Eater Evans compartían y ninguno de los amigos de ambos habían podido darle razones de ellos. Los únicos cuerdos que habían sido capaces de decir algo fueron Death the Kid y Tsubaki Nakatsukasa, quienes le dieron vagos detalles de una huída.
¡Una Huída!
Su adorada hija se había escapado con su propia arma. Y eso se le antojó de mal agüero. Seguramente había sido Soul Eater quien le metió aquellas ideas a su hija (cosa que no estaba muy, muy lejos de la realidad, aunque había qué mencionar que Maka también era cómplice de aquello) y ella había terminado cediendo. ¡Justo como cuando él y Kami...!
De pronto, como si un rayo hubiese iluminado su cabeza, lo entendió todo.
¡Por Shinigami-sama! ¡Sólo tenían diecisiete años! ¡Ellos! ¡Ellos no podían! ¿O sí?
Fue una sorpresa para él encontrarse en la puerta de su apartamento una pequeña nota, arrugada, chueca, con bonita letra. Escrita con apuro del puño y letra de su amada hija. Y lo que decía la nota lo condenó, confirmó sus sospechas... y lo peor, enloquecieron al Death Scythe.
Me voy. Soul y yo hemos decidido irnos de la ciudad por un tiempo. Nos amamos y eso no lo puedes impedir. Tampoco intentes localizarnos porque no lo lograrás. Espero que puedas entenderme.
Te quiero. Maka.
Era un terrible Déjà Vu. Esa era su paga por ser tan pervertido y mujeriego.
Y aquello fue suficiente para que el miedo de que su hija hubiese largado a casarse con aquel idiota de Soul Eater se hiciera presente. Y entonces no dudó en movilizar todas las fuerzas del Shibusen y mandarlas directamente a todas las capillas en doscientos kilómetros a la redonda... completamente decidido a impedir una boda.
Fin del Reto.
