Escritora original; Bex–chan
Nombre original: Isolation
Traducción/adaptación:Sunset82

N/A: Recomendaciones de canciones para este capítulo son Keith Caputo "Got Monster"; Brandon Flowers "The Floor"; Christina Perri " Backwards". Creo que van bien con el capitulo ¡Haganmelo saber!I

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AISLAMIENTO

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Capitulo 28: Ángel

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Contrario a la creencia popular, el monumento infame que está en Piccadilly Circus no es la estatua del Dios Griego, Eros.

Cuando Hermione se había encontrado con un texto antiguo victoriano en la Biblioteca de Londres refiriéndose a ella con otro nombre, naturalmente había quedado intrigada y se entrego a un pequeño proyecto para pasar el tiempo durante sus vacaciones de verano antes de cuarto año. Originalmente había sido una estatua del hermano de Eros, Anteros, pero había pasado a llamarse "El Ángel de la Caridad Cristiana" por un tiempo, antes de que regresara a ser Anteros. A pesar de esto, casi todas las guía de turismos, tanto en los locales generales como la de los locales Londinenses ; ya sea en dialecto cockney u otro; todavía lo llamaba "La Estatua de Eros".

Cuando regreso a Hogwarts, le había contado a Harry y a Ron sobre su descubrimiento y como fue predecible, ellos habían sido indiferentes a la noticia, pero ella los regañaba cada vez que ellos llamaban el monumento con su nombre incorrecto, y eventualmente se terminaron cansando de sus sermones sobre la importancia de apreciar su verdadero titulo. Ron, por alguna razón, había tenido un poco de dificultad con el nombre Anteros, y seguía pronunciándolo "Antross", lo que sólo hacía que la irritara más.

De alguna manera, habían llegado a un arreglo, y comenzaron a llamarla "El Ángel de la Caridad Cristiana" – que al menos ese había sido su nombre por un momento – y luego había sido simplemente abreviado a "El Ángel".

El Ángel en el Circus.

Ella había nacido exactamente a las cuatro y media de la mañana, un detalle que estaba sorprendida de que Harry y Ron hayan recordado, pero tal vez en verdad habían estado escuchando entre que rodaban los ojos y sus rostros inexpresivos.

Tenía que reconocer el merito de los chicos. El destino era enigmático con su chiste interno, y Picadilly Circus estaría lo suficientemente ocupado con el bullicio constante para que ellos pasaran por desapercibidos en ese momento, pero no demasiado ocupado para desorientarse.

Después de arrojar todas sus pertenencias en su bolsa encantada, incluyendo todos los libros que todavía no había leído y todas las notas que había escrito en la última semana, le susurro un adiós a Crookshanks y le dijo que se comportara mientras ella no estuviera. A penas había pasado la medianoche, así que se sentó en la cocina por algunas horas, ansiosa y tamborileando las uñas sobre la mesa, siempre controlando la hora.

Un reloj que se mira corre más lento.

Cuando eran casi las cuatro, le escribió una pequeña nota a Tonks y a Lupin, disculpándose por su ausencia cuando se despertaran y prometiéndoles que iba a cuidarse. Como medida de precaución, encanto su cabello a un rubio claro, unos tonos más oscuros que el de Draco, y coloco su bufanda de lana, para tapar la parte inferior de su rostro, justo debajo de su nariz.

Con una última mirada al reloj, que mostraba que eran las cuatro y diez, respiro hondo para calmar el raro nudo de nervios en su estomago, y salió por la puerta. Camino a través el césped mojado por el rocío hasta que sintió un cambio en el aire que indicaba que estaba más allá de los escudos protectores, y luego se Apareció.

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El sueño era un evasivo bastardo.

Hubieron demasiada revelaciones en la última semana. Fue casi como si su cuerpo y cerebro estaban todavía intentando de aceptar la separación de Hermione, y estaban demasiado heridos por el impacto para absorber realmente este nuevo entorno y las personas en la misma. Tal vez, sólo estaba rechazando esta realidad sin Granger.

No lo sabía. No le importaba.

Sin embargo, había observado pasivamente las rutinas y la conducta de sus antiguos compañeros de clases y su tía, si solo fuera porque no había nada más que hacer. Había aprendido que esa no era la principal residencia de Andromeda sino que un refugio, y regresaba constantemente a su casa, normalmente con Bulstrode, quien parecía tener una bastante buena relación con su tía.

Davis y Bletchley estaban siempre en la sombra de cada uno, perdidos en su propio mundo. En los raros momentos que salían de sus habitaciones para las comidas y cosas similares, eran bastantes cariñosos, Tracey lo era más, pero no al punto de que hiciera a Draco atragantarse. Bletchey nunca la rechazaba, pero siempre tenía una rígida postura de protección que hacía que la intensidad de sus sentimientos por la bruja fueran obvios.

Theo, era una historia diferente. Si Draco había estado preocupado que él era el único que tenía problemas con esta situación bizarra, Theo no estaba en el mismo lugar que sus compañeros. Mientras que los otros parecían haberse adaptado bastante bien a las circunstancias, Blaise le había remarcado como Theo tenía sus días bueno y sus días malos. En no menos de cuatro ocasiones, Draco lo había escuchado murmurar algo derogatorio sobre los Muggles y los hijos de Muggles, y Draco no había podido decidir si se sentía incomodo o aliviado.

Tal vez ya no era capaz de pronunciar la palabra "Sangre sucia", pero escuchar el insulto era inquietantemente familiar, y había el débil rastro de una respuesta a eso. Se seguía cuestionando. Todavía seguía indeciso.

Fue solo cuando Ted Tonks había venido a visitarlos hace dos días atrás que Draco había presenciado uno de los buenos días de Theo. Draco había mantenido su distancia a propósito, pero había notado que el esposo de su tía tenía una presencia relajada y cordial que era difícil de no agradar, y Theo había perdido toda la repugnancia en su expresión. Habían jugado al Ajedrez Mágico como si fuera la cosa más normal en el mundo.

Los otros se habían contenido de hacerle alguna pregunta, y él tenía la sensación de que Blaise había tenido que ver con eso. Draco podía ver que él tenía un control silencioso sobre el pequeño grupo, excepto cuando Lovegood estaba alrededor. Draco todavía estaba intentando en verdad de comprender su relación bizarra, pero difícilmente podía comentar teniendo en cuenta de su propia unión con Granger.

Blaise y Luna tenían esa clase de amor silencioso que solo lo notabas si los estuvieras mirando; expresado plenamente con toques persistentes y sonrisas secretas. Desaparecían sin ser notados por las noches sin una palabra ni un susurro, y en los días cuando Lovegood estaba en otro lado, Blaise utilizaba esa mirada distante de un hombre que no sabía si su alma gemela regresaría a casa.

Draco solo lo reconoció porque una expresión similar había atormentado su espejo todas las mañanas.

Entre Blaise y Luna y Andromeda y Ted, estaba rodeado por recuerdos que se burlaban de su propia unión no convencional con Hermione, y todo parecía tan natural para ellos. Como respirar.

A juzgar por el matiz del color del cielo, era entre la cuatro y la cinco de la mañana, y estaba afuera, sentado en las escaleras de piedra en la parte delantera de la casa. Estaba usando el abrigo que Granger le había comprado, aspirando los restos débiles de su aroma, y agitando su varita de vez en cuando para renovar el Encantamiento Calentador que lo protegía del frio helado.

Había poco que hacer aquí, sólo pensar, y sus pensamientos eran siempre tan turbulentos como un mar tempestuoso. Esa noche no era diferente. No escucho que la puerta se abría.

— Buen día, cariño — la voz burlona de Theo quebró la paz, y Draco le disparo una mirada fría mientras él se acomodaba en las escaleras a su lado. — ¿Y por qué no estás metido en la cama?

— Probablemente por la misma razón que tú – contesto.

—¿Erección matutina?

A pesar de sí mismo, Draco exhalo una risa en voz baja. — No del todo. Sólo… demasiados pensamientos para dormir.

— Oh, eso — Theo asintió. — Sí, este es difícilmente el lugar para ponerte al día con tu sueño de belleza, Malfoy. Podría decir que se pone más fácil con el tiempo, pero si eso fuera verdad, no estaría aquí hablando contigo a las cuatro de la mañana.

— Brillante.

Theo golpeaba sus dedos sobre las piernas. — Así que, ¿en verdad eres un desertor?

— ¿Estaría aquí si no lo fuera?

— Buen punto — le concedió él. — ¿Y cómo explicas exactamente tu repentina tolerancia por los hijos de Muggles? Vi la mirada que me diste cuando dije "Sangre sucia" el otro día.

Draco suspiro y cerró los ojos. — Muchas cosas han cambiado desde la última vez que hablamos.

— ¿Te importaría explicarlo de forma más detallada?

— No en este momento — negó con la cabeza. — ¿Cómo te puedo decir mis motivos cuando no los entiendo por completo ni yo mismo?

Theo resoplo y rodo los ojos. — Eso solo fue una manera poética de decirme que me meta en mis propios asuntos.

— Entonces metete en tus propios asuntos — Draco se encogió de hombros. — ¿Por qué eres tan cretino, Theo? Fuimos amigos una vez…

Sí, pero tú mismo lo dijiste, muchas cosas han cambiado desde la última vez que hablamos— dijo Theo, de una forma fría. —Todos tienen estos malditos secretos, y Blaise, Miles y Tracey están de pronto bien con los Muggles. Carajo, incluso tú…

— No estoy bien — lo interrumpió. — Sólo estoy… confundido, como tú.

— ¿Y cómo sabrías tú como me siento con todo esto?

—Te vi con Ted, Theo. No lo odias, y él es hijo de Muggles.

Theo se frotó las manos y bajo la mirada sus pies. —Ted es un buen hombre — comenzó él, ahora su tono era reticente. — En mi primera semana aquí, me tome un poco de una poción oscura que le robe a mi padre. Estaba enojado, y sólo… quería irme.

Draco movió de golpe la mirada a su compañero. — ¿Intentaste matarte?

— No lo sé — dijo en voz baja, cerrando los ojos. — Sabía que la poción era peligrosa pero estaba tan jodidamente enojado. Básicamente comenzó a comerse mis órganos, y dolía como los mil demonios. Ted me encontró, me hizo un lavaje de estomago, y se quedo conmigo por seis horas intentando de arreglar el daño. Le pedí que no le dijera a nadie, y no lo hizo. — Hizo una pausa y ladeo la cabeza a un lado. — Le dije Sangre sucia el día anterior.

El silencio entre ellos era de esa clase de estática que te advertía que no respiraras primero; engrosado por la angustia porque no había palabras que fueran adecuadas para seguir lo que Theo había confesado. Draco arrugo el ceño pensativo, y tímidamente levanto la mano y le dio a la espalda de su amigo una palmada firme de confianza.

Theo alzó una ceja de manera cínica. — Si estás intentando abrazarme, te voy a jodidamente golpear.

— No te iba abrazar, idiota…

— Más vale que no lo hicieras — lo regaño. — ¿Terminamos con esta charla patética e innecesaria?

— Así parece — dijo Draco, frunciendo el ceño mientras Theo se ponía de pie para entrar. Resoplando un suspiro agitado, ladeo la cabeza para llamarlo por sobre su hombro — Si sirve de algo, Theo, todavía te considero mi amigo.

— ¿Debería hacer un pequeño baile de felicidad?

— Sólo… si necesitas desahogarte, puedes hacerlo ¿de acuerdo? — ofreció ligeramente. — Sé lo jodido que es todo esto. Créeme.

Theo vaciló, y Draco escucho que se aclaro la garganta. — Anotado — murmuró, agarrando con torpeza el picaporte. — Lo mismo digo.

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Hermione Apareció en el Parque Saint James.

Conocía bien la zona, y fue cuidadosa para asegurarse pasar desapercibida, eligiendo una pequeña colección de árboles cerca de la esquina de Horse Guards Rose y The Mall. Picadilly Circus estaba apenas a diez minutos de allí, y de inmediato comenzó a correr rápido, recitando el camino previamente planeado en su cabeza para asegurarse. Las vibraciones guturales del tráfico y el ruido de la ciudad hicieron que sus oídos le dolieran, y agacho la cabeza para evitar las miradas del puñado de personas que ella pasaba.

Cualquier otro día, se hubiera demorado para admirar la arquitectura elaborada de la Terraza Carlton House, pero apenas vio los edificios majestuoso mientras se movía por la calle Pall Mall. La corriente de peatones era más espesa mientras se adentraba al corazón de Londres, y sujetaba con fuerza la varita en su bolsillo, recordando el consejo de Ojoloco.

Vigilancia constante.

Subiendo por la calle Waterloo Place y Reagent, entrecerró los ojos mientras las publicidades llamativas de Piccadilly Circus manchaban los caminos con colores rojos, azules y verdes, y luego vio la estatua. Se permitió dejar escapar un pequeño suspiro mientras se acercaba acelerando los pasos, sus ojos mirando todas las direcciones, buscando por un destello de pelo rojo o un resplandor de luz rebotando de algunas gafas.

Como era de esperarse, habían personas desparramadas alrededor de la zona, algunos deambulando, otros sentados en las escaleras de la base de la estatua; turistas Europeos con cámaras sobre cargadas, estudiantes achispados quienes habían perdido sus patrones de sueño, y algunos profesionales ocupados quienes claramente estaban luchando con fechas de entrega. Pero no estaba ni Harry ni Ron.

Dejo de caminar y se cruzo de brazos para luchar contra el frio, estudiando la estatua, y preguntándose ansiosamente si había mal interpretado la carta. ¿Y si los chicos habían entendido mal la fecha de su nacimiento?¿Y si Hedwig había dejado el mensaje en el día equivocado? ¿Y si la carta había sido interceptada, o había sido un señuelo, y ella había ido directamente a una trampa como una maldita idiota?

Miro su reloj. Faltaban veinte minutos para la cinco.

La puntualidad nunca había sido el punto fuerte de ellos; joder, cinco minutos después era temprano para Harry y Ron, pero los riesgos crean dudas, y luego la paranoia se presenta sigilosamente ante uno sin darse cuenta. Ella había casi decidido abandonar todo el plan, pero algo en su instinto se trepaba en su espina dorsal, y de repente su mirada se dirigió a un lado y vio dos figuras caminando en su dirección.

El conocido color oxido del pelo Weasley estaba ausente; reemplazado por un tono castaño oscuro. No había gafas, el pelo negro había sido transformado en castaño, y ambos rostros habían sido alterados un poco con diferentes tonos de piel y sin pecas.

Pero ella los hubiera reconocido en cualquier parte.

Ella estuvo paralizada por un segundo, pero luego se echo a correr, lágrimas de alivio le picaban los ojos mientras se apresuraba hacia ellos. Ellos también estaban corriendo, pasando rápidamente al lado de los Londinenses noctámbulos, y ella se lanzo hacia ellos cuando estaban lo suficientemente cerca, envolviendo sus brazos alrededor de ambos cuellos y relajándose en dos pares de brazos extrañamente colocados. El trío se quedo de esa manera por unos momentos pacíficos, y luego Hermione se estaba apartando del abrazo familiar y golpeo con las palmas contra el pecho de ellos.

— ¡AUCH! —Ron se quejo. — Mione, ¿qué…

— ¡Nunca más se vayan así otra vez! — espeto ella, agitando sus manos. — Los podría matar a los dos…

— Te dije que estaría enojada — murmuró Harry con una leve sonrisa.

— ¡Ciertamente que estoy enojada! — regaño ella. — No los he visto en meses…

— Nosotros también te extrañamos — dijo Ron en un tono cálido, pero Hermione evito el intento de él de deslizar un brazo alrededor de sus hombros. Él la miro dolido, y una punzada de culpa golpeo su pecho. —¿Qué sucede, Hermione?

— Nada — suspiro ella, evitando su mirada. — Es sólo que… pronto va amanecer. Deberíamos irnos. ¿Dónde se están quedando?

Sus dos amigos compartieron una mirada desconcertada. — Bueno —murmuro Harry. — Es una larga historia, pero hemos estado moviéndonos mucho alrededor. Pensamos que las zonas alejadas de las ciudades serian lo mejor, pero en realidad no conocemos muchas. ¿Cuál fue el bosque que visitaste con tu familia?

— El bosque de Dean — contesto ella. — Sí, de hecho no es una mala idea…

— Pero necesitamos conseguir más suministros — explico Harry, haciendo un gesto a su mochila que colgaba de su hombro; el bolso que ella le había dado antes de que se fuera, completo con un Encantamiento de Extensión Indetectable. — La carpa que teníamos se está desmoronando y…

—Tengo una carpa — interrumpió ella, golpeando a su propia bolsa encantada. — He estado juntando cosas que pensé que tal vez íbamos a necesitar desde que ustedes se fueron….

— ¿Qué hay de la comida? — saltó Ron con su pregunta bastante predecible. — Se nos está agotando…

— Tengo todo lo que necesitamos — les dijo ella, frunciendo el ceño cuando se dio cuenta que el amanecer ya estaba aclarando el cielo. — Vamos, nos tenemos que ir. Busquemos un lugar para Aparecernos.

— Tienes razón, nos deberíamos mover — asintió Harry, y los tres comenzaron a ir por la Avenida Shaftsbury. — Honestamente, Hermione, tenemos tanto que contarte. No nos creería lo que ha sucedido desde que te dejamos.

Hermione cerró los ojos con fuerza por un momento y pensó en Draco. — Sí — murmuro distraída. — Yo misma tengo que contarles algunas cosas increíbles.

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Capitulo 28, Segunda Parte : Adaptación.

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Una semana después…

Draco descansaba contra la pared, su mirada fija en su tía, quien estaba claramente conteniendo las lágrimas.

Andromeda les conto el día anterior que Ted se iba a dar a la fuga. Ellos habían recibido una advertencia anónima, posiblemente de la Orden, que el Ministerio había sido informado del paradero de Ted, y era solo cuestión de tiempo antes de que vinieran a buscarlo. Theo había sido rápido en reaccionar, y había golpeado la pared con su puño, exigiendo saber porque Ted no podía quedarse con ellos en el refugio. Ted tuvo que calmarlo, explicándole que si los seguidores de Voldemort sabían que él se estaba ocultando, probablemente llevarían a cabo una búsqueda exhaustiva, y había riesgo de que se descubriera su escondite. Si ellos sabían que él estaba prófugo, lo cazarían, y cualquier tipo de atención sería desviada.

Para decirlo sin rodeos, Ted estaba poniendo su vida sobre la línea de fuego para ayudar a un grupo de adolescentes que apenas conocía. Theo tenía razón. Ted era un hombre decente.

La noción había despertado una cantidad aleccionadora de respeto dentro de Draco por su tío politico, y había un segundo hijo de Muggles en el mundo a quien no despreciaba. Y justo como Hermione, este hijo de Muggles había sido forzado a desaparecer de su vida demasiado pronto.

Fue casi como si el destino estaba tomando un descanso de su ocupada agenda, solo para joder con su cabeza. Ella plantaba estas personas en su camino que lo hacían olvidar de todos sus prejuicios enseñado desde su nacimiento, y luego ella se los arrancaría como pétalos de una amapola endeble, y lo dejaba adolorido por la confusión.

Draco cambio su atención a su tío, quien estaba despeinando el pelo de Davis, y murmurando algunas palabras de despedida a Bletchley y Bulstrode. Junto a Draco, estaba Theo rígido por la tensión; los puños cerrados y temblando un poco, y apretando los dientes detrás de sus labios fruncidos. Sus ojos se posaron en Blaise y Lovegood, notando que sus dedos estaban entrelazados; casi escondidos, excepto desde el ángulo de Draco; y Blaise estaba haciendo círculos distraídos en el dorso de su mano. Sus dedos se desenredaron cuando Ted se acerco a ellos, y Lovegood se hundió en su cálido abrazo con esa sonrisa distraída tan conocida de ella.

— Recuerda de mantenerte alejado de los arándanos inmaduros y muérdagos — dijo ella mientras se apartaba. — No vas a querer molestar algunos nargles.

Draco alzo una ceja, pero resistió la tentación de burlarse de su comentario.

— Voy hacer eso — Ted contesto con una sonrisa afectuosa, inclinándose hacia adelante y estrechando la mano de Blaise. — Ayuda a Andromeda a mantener a todos en línea mientras yo no esté.

— Por supuesto — Blaise frunció el ceño. — Buena suerte, amigo.

Draco se enderezo cuando Ted se dio vuelta hacia él, acercándose con una expresión seria que hizo que Draco se sintiera un poco aprensivo y torpe.

— Cuida de mi esposa — dijo Ted en un tono bajo, así solo ellos pudieran escuchar. — Cuida de tu tía ¿de acuerdo?

Sin saber que decir, Draco inhalo un poco de aire y se limito a asentir con la cabeza, y el pequeño gesto parecía ser lo suficiente para apaciguar a su tío. Cambiando de posición incomodo, desvió la mirada cuando finalmente Ted se movió hacia Theo, y Draco ladeó la cabeza así podía captar discretamente las palabras en voz baja de su conversación.

—… tú temperamento, cuenta hasta diez —aconsejo Ted. —Y sólo intenta pensar antes de hablar…

— Si, si — Theo se quejó con desdén, y Draco no tuvo que verlo para saber que él estaba rodando los ojos. — Abraza a un Hufflepuff y toda esa basura…

— Eres un buen muchacho, Theo — Ted lo interrumpió. —Yo puedo ver eso, Dromeda puede ver eso, y todos aquí pueden ver eso. Necesitas tener más fe en ti mismo.

— Lo que sea — murmuro Theo después de un suspiro y Draco los miro para encontrarlos estrechándose de las manos. —Solo regresa vivo ¿de acuerdo?

— Seguro — Ted acordó casualmente. Demasiado casual. Y le dio a Theo una firme palmada sobre el hombro antes de dirigirse hacia Andromeda, haciendo una pausa a mitad de camino y mirando a los habitantes silenciosos de la sala con una mirada crítica. — Bueno, todos parecen jodidamente miserables. ¿Saben? Voy a estar de regreso antes de que ustedes se hayan dado cuenta que me fui.

Nadie dijo una palabra durante unos lentos y estirados segundos, y por alguna razón, Draco se encontró a si mismo mirando a las manos unidas de Blaise y Lovegood. Justo cuando el silencio comenzaba a resonar en sus oídos, Andromeda fue hacia adelante para tirar del brazo de su esposo, y todo el optimismo persistente en su rostro se desvaneció.

— Vamos, amor — pidió ella, con la voz ligeramente temblorosa. — Te tienes que ir y me gustaría despedirme.

— Está bien — dijo Blaise. — Los dejaremos a…

— No, está bien — lo detuvo Ted, tomando el brazo de Andromeda. —Vamos a ir afuera. — Vacilo y le mostro al huraño Slytherin una sonrisa alegre. — Los veré a todos pronto.

En el momento que la pareja dejo la sala, hubo un murmullo colectivo de suspiros, y el silencio previo se hizo añicos cuando todo comenzó a moverse de nuevo. Tracy estaba sollozando un poco y haciendo un terrible trabajo en ocultarlo, y Miles la saco de la sala, seguido de cerca por Milicent. Un momento después, Draco se estremeció cuando Theo golpeo bruscamente la pared con su puño y salió por la puerta, escupiendo una lista de insultos mientras se iba.

— ¡Theo! — lo llamó Blaise, pero lo único que escucharon como respuesta fue la caída de algunos objetos que fueron arrojados al suelo, y Blaise gruño cuando se giro hacia Luna. — Voy asegurarme de que no haga algo estúpido.

Y luego sólo estaban Draco y Lovegood.

Él se enfoco en sus zapatos y se mordía la lengua, esperando a que ella dejara su asiento y fuera tras ellos, pero apenas se movió.

— No le estrechaste la mano — comento Luna en su tono habitual de ensueño.

— Apenas conocía al hombre.

— Pero te hubiera gustado hacerlo — dijo ella, y su comentario sincero lo descolocó por un momento.

Él le dirigió una mirada fría. — ¿A qué quieres llegar, Lovegood?

— Nada. Fue solo una observación — se encogió de hombros, y el distante ruido de Aparición puntuaba sus palabras. — Ese debe ser Ted marchándose.

— No me di…

— Tal vez deberías ir a ver si Andromeda necesita algo…

— ¿Y qué mierda podría ofrecerle? — le espeto a la defensiva.

— A veces, otra presencia es todo lo que uno necesita — murmuró Luna mientras pasaba junto a él. — Incluso si es alguien reacio.

Finalmente solo, Draco se encontró a sí mismo esperando para que su tía entrara a la casa, golpeando el pie impacientemente sobre el suelo y contemplando si se debería molestar en absoluto. Después de cinco minutos de mirar a la puerta, su curiosidad, y tal vez algo más, pusieron lo mejor de él, y dejo escapar un suspiro agitado mientras decidía ir a ver que era exactamente lo que retrasaba a Andromeda.

La encontró sentada en las escaleras de piedra en la parte de delante de la casa; los escalones en donde él había descansado rutinariamente cuando todos se habían ido a dormir, y en donde se había perdido de manera masoquista en pensamientos y recuerdos de Granger. Podía ver por el pequeño temblor de sus hombros y su cabeza inclinada que estaba llorando, y algo que casi se sintió como empatía lo atrapó con la guardia baja.

— ¿Qué quieres, Draco? — pregunto ella de repente.

Él se lamio los dientes y de hecho se pregunto qué había planeado obtener de esto, pero sus hombros se hundieron derrotados, y la verdad lo encontró antes de que pudiera rechazarla.

— Te quería decir que… tal vez tenías razón — murmuró él, casi esperando que ella no lo escuchara. — Tal vez tú y yo no seamos tan distintos.

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Hermione estaba leyendo la copia de Los Cuentos de Beedle el Bardo que Dumbledore le había dejado en su testamento.

El cuento de los tres hermanos y su trato con la muerte se habían convertido en su favorito, y las melancólicas leyendas y la luz blanca de su Lumos eran una buena compañía a la medianoche mientras Harry y Ron dormían. Era su turno de vigilar esa noche, lo que le venía bien. Se había puesto casi paranoica de que iba a murmurar el nombre de Draco mientras durmiera cuando las pesadillas atraparan su inconsciente. También estaba haciendo lo mejor para evitar pasar demasiado tiempo a solas con Ron, asegurándose que Harry estuviera cerca o inventando excusas cuando él intentara de iniciar algo que pudiera conducir a algo más allá de la esfera de su amistad.

La adaptación a este nuevo conjunto de cambios había sido más difícil de lo que había previsto, a pesar de la compañía familiar de Harry y Ron. Las conversaciones habían sido un poco extrañas por su parte, mientras pensaba sobre todo lo que ella decía, teniendo cuidado de no mencionar algo que pudiera de alguna manera contener alguna pista de su tiempo con Draco. En su mayor parte, ella simplemente había escuchado a los muchachos cuando le explicaban lo que había sucedido en su ausencia.

Ellos le contaron sobre su corta estadía en Grimmauld Place, y cómo habían averiguado que R.A.B. había sido las iníciales de Regulus Black. Habían descripto como un pequeño interrogatorio con Kreacher los había conducido a Mundungus Fletcher, un miembro original de la Orden quién se había convertido en un ladrón de poca monta. Un rápido paseo por el Callejón Diagon, y habían recuperado el Horrocrux, pero habían luchado para encontrar un método para destruirlo, y la energía negativa había causado cierta fricción entre sus dos mejores amigos, aunque parecían estar dudosos de contarle sobre que habían discutido.

Habían decidido dejar Grimmauld Place y se habían desplazado entre diversas locaciones cuando se hizo evidente que Voldemort derrocaría eventualmente el Ministerio. Habían establecido campamento en áreas boscosas en las afueras de las ciudades, regresando ocasionalmente a Grimmauld Place para buscar por cualquier pista sobre un método para destruir el Guardapelo. Habían estado acampando en el Bosque de Epping cuando descubrieron La Espada de Gryffindor, y ella frunció el ceño cuando se dio cuenta de que ellos nunca le habían explicado…

Una rama se rompió detrás de ella, y ella dejo caer el libro y dio vuelta de golpe, su entrenada varita sobre su objetivo inofensivo.

— Whoa — susurró Harry, levantando las manos. — Soy sólo yo, Hermione…

— Maldición, Harry, me diste un susto — exhalo un suspiro, bajando su varita cuando él se sentó junto a ella en el césped. — ¿Todo bien?

— Si. Sólo no podía dormir. Pensé en hacerte compañía.

— Si, por supuesto — asintió ella. — En realidad, estaba justo pensando en algo. Ustedes nunca me dijeron como llegaron a dar con La Espada de Gryffindor. ¿Cómo…?

— Mi madre — soltó Harry, y Hermione vio una extraña expresión robar su rostro. — Sé que suena loco, pero sólo escucha esto; un Patronus me condujo. Y el Patronus era una cierva. El Patronus de mi madre.

Hermione sintió que el corazón se le oprimía cuando recordó la noche que había dejado Hogwarts; recordando el momento cuando ella y McGonagall habían sido advertidas sobre la caída del Ministerio por el Patronus de Snape. El Patronus de una cierva. Una parte de ella contemplaba si debería decirle a Harry sobre los secretos de su antiguo Profesor. Después de todo, McGonagall había dejado muy en claro que esa información no se tenía que repetir, pero parecía demasiado cruel permitir que su mejor amigo se aferrara a una creencia ilusoria de que su madre lo estaba contactando desde el otro lado.

— Harry — comenzó ella con una mueca. — Ese no fue el Patronus de tu madre…

— Mira, sé que suena…

— No, Harry, sólo…

— Pero ¿Quién más tendría el Patronus de una cierva que me llevaría a…?

— Fue Snape — se apresuró en decir, y los ojos de Harry se agrandaron detrás de sus gafas. — Sé que suena bizarro, pero cuando estaba en Hogwarts, McGonagall me conto que él era un espía para la Orden…

— Pero él mato a…

— Lo sé — suspiró ella. — Pero no fue tan simple. Dumbledore le pidió a Snape que llevara a cabo la tarea así… — detuvo la emoción que se formaba en su voz mientras se preparaba para decir su nombre. — Así el alma de Draco sería salvada. Creo que hay más de eso, pero que Dumbledore le pidió a Snape que lo matara. Snape ha estado de nuestro lado todo este tiempo.

La expresión de Harry vacilaba entre sorpresa e incredulidad. — No — murmuró, negando con la cabeza. — Eso es imposible…

— Harry, vi su Patronus — continuó ella. — Él lo envió para advertirnos que los Mortífagos estaban llegando a Hogwarts, y era una cierva…

— ¡Pero eso no tiene ningún sentido! — exclamo Harry, intentando ponerse de pie. — ¿Por qué demonios Snape enviaría el mismo Patronus de mi madre?

— No lo sé — confesó Hermione cansada. — Tal vez sólo es una coincidencia…

— Necesito entender esto — murmuró para sí, alejándose de ella. — Necesito pensar…

— Harry, lo siento…

— Sólo necesito estar un tiempo solo — dijo él, dando unos pasos en la dirección opuesta. — Sólo dame un momento, y luego necesito que me cuentes todo.

Hermione sintió que la culpa inundaba su pecho.

«No todo. No sobre Draco. No todavía.»

— Está bien — dijo ella. — Simplemente no vaya más allá de los escudos, Harry.

La oscuridad lo succionó como un pez hambriento, y ella estaba sola de nuevo, preguntándose que pensamientos caóticos estaban pasando por la mente de su amigo en ese momento. Merlín sabía que ella difícilmente había tomado bien la revelación sobre las actividades secretas de Snape todos esos meses atrás, y ella comenzó en pensar en lo que debería decir cuando regresara a ella para obtener más detalles.

Bajo su mirada problemática y se poso en Los Cuentos de Beedle el Bardo, el viento moviendo sus páginas como un fantasma, cuando se detuvo, ella se enfoco sobre el pequeño símbolo garabateado sobre la pagina abierta; el triangulo, el circulo y la línea. Ella había notado la extraña marca algunas veces y nunca le había prestado mucha atención, pero algo sólo había…encajado. Con un jadeo dejando sus pulmones, se metió en su bolsa y busco un libro que había leído en Hogwarts.

Y las palabras "Reliquias" y "Mortales" estaban en la punta de la lengua.


¡Holis!

Otro capítulo más de la desventura de nuestros queridos enamorados, y siempre admiro cómo Bex tiene esa capacidad de describir esos sentimientos, te hace sentirlos hasta que te duele ¿no les parece?

Aunque ya nos abrimos a otras historias, la nobleza de Ted, la dolorosa historia de Theo… ¡Ah y Cierto! ¡Aparecieron Ron y Harry!... esto sí que abre todo un nuevo panorama, ya lo verán con los capítulos que sigan. Para aquellos que no conozcan el Picadilly Circus, los invito a ver las imágenes, ya que es un lugar emblemático de Londres, y Bex hace una buena descripción del mismo.

Como siempre agradecida por las reviews y una cálida bienvenida para los que se van sumando, me encantaría leer sus comentarios.

Bueeeeno eso es todo por ahora, nos estamos viendo para el próximo capítulo. Espero como siempre que hayan disfrutado de lo que acaban de leer. Un gran abrazo para todos y cada uno de ustedes. Buena vida

02 de Octubre de 2015

Sunset82 ;-)