Toda la genialidad de Twilight es obra de Stephenie Meyer, mal que me pese. Edward, Jasper y todo lo que conocen es de ella. Sólo la locura y la trama me pertenecen.

"No es tan fácil ser niñera"

By LadyCornamenta

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Capítulo XXVIII: Formalidades.

"El amor es como un reloj de arena: mientras el corazón se llena, el cerebro se vacía"

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Los días se sucedieron amenos, uno tras otro, después de aquellos inquietantes incidentes, y así pasaron unas agradables vacaciones para el grupo de muchachos. Aunque el tiempo no fue del todo favorable, pudieron disfrutar un par de días en la ciudad y unas cuantas maratones de películas bajo el cálido techo de la casa. La nevada continuó esporádicamente los días siguientes y aquello los había llevado a disfrutarla mediante el desarrollo de diversas actividades idiotas como guerras de bolas de nieve o construcción de muñecos enormes. Por supuesto, las actividades de aquel tipo también tuvieron lugar bajo techo, en la forma de peleas con almohadas e incluso llegando al extremo de arrojarse comida mientras intentaban preparar un pastel para el cumpleaños de Angela. Habían sido unos días grandiosos, lejos de las preocupaciones y con toda aquella extraña aura de amor que flotaba por la casa.

Sin embargo, en el viaje de regreso, Bella tuvo mucho tiempo para pensar en todas las cuestiones que esperaban ser resueltas en su retorno al mundo real. Aquellos días paradisíacos le habían permitido ordenar sus ideas y era el turno de organizar las cosas. Sabía muy bien que ella no era la única que tenía asuntos que resolver, lo que de alguna forma la alentaba a seguir adelante.

Su relación con Edward no había sido algo inesperado, pero el vínculo entre ellos había tomado una nueva dirección, sobre todo después de aquel incidente del día después de su primer encuentro. Bella realmente se sentía enamorada e increíblemente dependiente de él, y no pensaba que fuera una buena idea seguir escondiéndolo del mundo… aunque ese mundo se limitara a los padres de Edward y a los suyos propios. Sin embargo, tenía en claro que no sería fácil hablar de ello. Aunque la edad no le importaba realmente, había varias diferencias entre ambos que podían hacer que la relación de Bella con el hijo de los Cullen resultara extraña e incluso algo perturbadora.

—Has estado muy pensativa todo el viaje —soltó Edward casualmente, mientras comenzaban a observar las familiares edificaciones de la ciudad en la que residían—. ¿Algo anda mal?

—No, sólo estaba pensando en cosas de la universidad —mintió sutilmente Bella, con una sonrisa cansada.

Edward la observó con suspicacia, pero no dijo nada. Simplemente le cogió la mano y la apoyo sobre su regazo, mientras seguía conduciendo camino a casa. Bella agradeció aquel pequeño gesto haciendo una suave presión sobre los dedos del muchacho. Ya tendrían tiempo de hablar y resolver las cosas cuando llegaran; en ese instante, sólo deseaba disfrutar un poco más de la compañía de Edward.

En casa de los Cullen no había nadie cuando llegaron, ya que tanto Esme como Carlisle seguían con su trabajo. Eso fue lo que explicó Alice mientras conducía a Bella a la casa, dejando a Edward con todas las maletas y las chucherías que habían traído del viaje. La joven niñera se relajó un poco ante esa idea, ya que no tendría cargo de conciencia por no haber hablando antes; los Cullen no estaban, no había nada que ella pudiera hacer al respecto.

Bella siguió a Edward por las escaleras, cuando él se dispuso a dejar las maletas en su sitio. Ayudándolo a coger algunas bolsas que habían traído con recuerdos y cosas que habían comprado en Greenwich. Después de dejar las cosas de Alice en su habitación, se dirigieron al cuarto de Edward, donde el joven se encargó de soltar sus humildes pertenencias. Bella dejó las dos bolsas que quedaban —algo de ropa y recuerdos que el muchacho había comprado—, y siguió al joven, que se había recostado sobre la cama, lleno de regocijo. Ella se sentó en un costado, apoyándose contra la cintura de Edward. Su posición, sin embargo, fue modificada al instante, ya que el joven se encargó de abrazarla por la cintura y hacerla ceder a la fuerza de sus brazos. Pronto Bella quedó acostada sobre él y una estúpida sonrisa se dibujó en sus labios.

¿Qué podía hacer al respecto, si estaba inevitablemente enamorada?

Sus besos siempre poseían el sabor de tener conciencia que él sólo era de ella. De alguna forma, la joven Swan se sentía gratamente complacida con su relación; después de tantas idas y vueltas, saber que Edward era sólo para ella era todo un placer.

Casi sin notarlo, la joven Swan fue quien pasó a ocupar el puesto de la atrapada, mientras el cuerpo de Edward descansaba sobre el suyo, aprisionándola contra la cama. Desde que habían dormido juntos en la casa del club, las cosas entre ambos se habían puesto un poco más… intensas. Edward parecía aprovechar cualquier oportunidad para volverla loca con aquellos besos tan profundos y esas caricias incandescentes. Siempre se había quejado de su faceta de adolescente lleno de hormonas, pero la realidad era que Bella agradecía un poco aquel hecho, siendo en ese momento la única que podía disfrutar de ello.

—Edward, tu hermana. Abajo —susurró Bella como pudo, mientras el muchacho jugueteaba con su labio inferior.

El joven soltó una especie de gruñido, aunque las comisuras de su boca apuntaban hacia arriba en señal de buen humor.

—¿Cuándo te vas a Jacksonville? —inquirió él, sin moverse ni un ápice.

—La semana entrante —respondió—. El lunes.

—¿Eso significa que podrás salir conmigo el viernes?

Bella no podía negarse a esa sonrisa radiante, incluso si se lo hubiese propuesto. Simplemente asintió, contagiándose de la emoción y la inagotable fuerza de Edward. El muchacho se pegó más a ella, enterrando la cabeza en su hombro y quedándose allí por un largo rato, como un crío que se ha quedado viendo una película. A pesar de todo, ella seguía sintiéndose completamente protectora con él; siempre había habido algo en Edward que la impulsaba a querer protegerlo de cualquier cosa, y aquel sentimiento se había incrementado notablemente desde que él le había confesado toda aquella escabrosa historia de su pasado. Era imposible no desear cuidar el corazón de Edward, para que nunca nadie más volviera a lastimarlo.

—De acuerdo —susurró él—. Te encantará, ya lo verás.

Bella tuvo unas largas veinticuatro horas para meditar su situación. Todo había pasado en tan poco tiempo, que le resultaba difícil sacar conclusiones o posibles explicaciones sobre lo que ella y Edward tenían. Quería hacer las cosas bien, no quería secretos o cosas que pudieran interponerse entre ambos y arruinarlo todo. Ella deseaba tener el consentimiento de todos, poder hacer las cosas por la vía tradicional… incluso cuando la situación que se le presentaba fuera bastante particular.

El jueves al mediodía, la joven Swan llegó a casa de los Cullen con un paso tranquilo y una expresión nerviosa. Había llegado antes de su horario habitual de trabajo, ya que tenía planes que no podían postergarse. Incluso cuando la poca determinación que había conseguido parecía estar filtrándose por la suela de sus zapatos con cada paso que daba, intentó recuperar la compostura y lucir su rostro más serio. Entonces llamó a la puerta, haciendo acopio de todo el valor que fue capaz de reunir.

Nadie estaba en casa a excepción de Esme, y Bella no sabía si aquello era un beneficio o una sentencia de muerte. Por lo menos, estaba segura que se ahorraría el seguir dilatando el momento de poner las cartas sobre la mesa. Con un saludo cordial de por medio, la joven Swan ingresó a la casa. Esme, por supuesto, hizo la preguntar que ella tanto había estado esperando:

—Bella, ¿qué te trae por aquí a estas horas?

—Necesito hablar contigo, Esme —respondió ella, intentando relajarse.

Todo parecía ir según lo planeado por Bella, aunque sus nervios estaban un poco más revolucionados de la cuenta. Sin embargo, la muchacha sabía que la suerte no era algo que la acompañara usualmente, y quiso cavar un hoyo en la tierra y meterse dentro de él cuando Edward y Emmett atravesaron la puerta de entrada, hablando a los gritos y riendo estruendosamente. La mirada de la muchacha se conectó con la de los recién llegados, deteniéndose en la del primero con pavor. Edward frunció el ceño lentamente, exteriorizando su duda sin reservas:

—¿No es demasiado temprano? —preguntó él, sin poder disimular una pequeña sonrisa.

—¿Qué hacéis aquí? —preguntó torpemente Bella.

Edward frunció el ceño, mientras Emmett respondía por ambos:

—Estamos de vacaciones, nana —bromeó.

Oh, claro. La joven Swan quiso pegarse un cartel en la frente que dijera cuán idiota era.

—Entonces, ¿qué haces aquí? —Edward reformuló su pregunta.

—Quería tener una conversación con Esme —respondió Bella, tragando pesado.

El rostro de Edward se desencajó notablemente. Emmett tardó unos segundos más en saber a qué se refería Bella cuando decía hablar, y simplemente una mal disimulada sonrisa se asomó por sus labios. Alzó los pulgares en dirección a la joven Swan, lo que sólo sirvió para hacer que su sonrojo se incrementara.

Ella y Esme pasaron a la sala, seguidas muy de cerca por Edward, después que su amigo se excusara para ir al baño y darles algo de privacidad. La señora Cullen se sentó tranquilamente en el sofá, con una expresión calma en su rostro y una pequeña sonrisa. Bella se quedó de pie, frotándose las manos nerviosamente. Parecía que cada segundo transcurriera tan lento como las horas y ella no podía encontrar las palabras exactas para expresarse.

—Esme… yo…

Edward resopló de forma audible. Evidentemente a él todo aquello le parecía demasiada formalidad. Pero Bella era anticuada, y le gustaban las cosas claras y legales, como Dios manda. Ella quería dejar todo en claro, quería pedirle su autorización a Esme y garantizarle que todo aquello iba en serio…

—Dime, Bella —pidió ella, con una pequeña sonrisa—. Cualquier cosa que suceda, puedes decírmela.

Bella tomó unas cuantas y grandes bocanadas de aire; finalmente cogió la mano de su compañero, antes de soltar una oración de sopetón:

—Quiero a Edward. Lo quiero, mucho.

Bella contrajo el rostro en algunos nuevos segundos que parecieron eternos, incitada a cerrar los ojos para esperar la devolución de sus palabras. Todo su cuerpo se encontraba tenso, y realmente hubiese esperado cualquier cosa menos esa: Esme soltó una melodiosa carcajada, con una mirada de ternura en su níveo rostro.

—¿Y por qué tan serios? —preguntó, con tono alegre—, ¿acaso es un crimen?

Bella no sabía que responder. En su cabeza había planeado diferentes respuestas, pero ninguna de ellas era una réplica a una reacción tan favorable como aquella. Esme estaba sonriendo, y en ninguna de sus pequeñas suposiciones lo había hecho. De hecho, hasta creyó habérsela imaginado llorando en las posibilidades más extremas, acusándola de haber pervertido a su pobre hijito.

—Yo se lo dije —contestó Edward—. Ella es la testaruda. Soy mayor, Bells, no es como si pudieras ser acusada por pedofilia o algo así.

Bella tragó en seco. Había imaginado algo así, de hecho.

Edward giró el rostro, para que sólo ella pudiera escucharla.

—No como Jasper…

La joven Swan lo miró súbitamente, alzando las cejas de forma intencionada. Edward parecía no poder superar del todo el hecho que su mejor amigo y su hermana, cinco años menos, se hubiesen enamorado; incluso cuando el joven Whitlock había insistido en formalizar las cosas. Pero ella podía preguntarse, finalmente, si era acertado eso de ¿quién puede contra cupido? Ni Edward, ni ella, ni nadie eran los indicados para entrometerse en algo tan natural y puro como parecía la relación que Jasper y Alice compartían. Sin embargo, ella sabía a la perfección que las reacciones que aquello podía traer podrían ser de lo más variadas...

Esme rió con disimulo y Bella, siendo sus pensamientos interrumpidos, la acompañó con una carcajada histérica, sin saber a ciencia cierta qué hacer en una situación como aquella. Era una situación tan absurda y patética, que no se le ocurría nada mejor que hacer que reírse falsamente de aquel chiste sin gracia de Edward. Estaba nerviosa, realmente lo estaba; no terminaba de creerse lo que sucedía.

—Esme, ¿tú realmente has entendido lo que quiero decir?

—Bella, soy la madre de Edward —respondió ella, con naturalidad—. ¿Creías que no había notado todos los cambios de actitud que ha tenido desde que tú estás aquí?

La joven Swan se quedó en blanco. Realmente, por más que buscaba en su cabeza, no podía hallar nada inteligente para decir o hacer.

—El amor no es racional, muchachos —expuso Esme—; llega cuando menos nos lo esperamos y nos golpea más fuerte de lo que desearíamos. Pero es hermoso, y deberíais disfrutarlo, sin importaros demasiado lo que piensen los demás.

¿Cómo podía alguien responder a tan hermosas y alentadoras palabras?

Bella sintió que posiblemente podría llorar en ese momento, por lo que sólo se contentó con apretar fuertemente la mano de Edward que se encontraba entre las suyas.

Todo estaba bien.

Era feliz sólo con ello.

El día pasó veloz, al igual que el siguiente, y Edward no dejó de recordarle que saldrían esa misma noche. Ellos eran pura tranquilidad y alegría, y Bella se sentía bien con ello. Era como si, por primera vez en mucho tiempo, todo fluyera con excesiva naturalidad. Era relajante.

Aún seguía sintiéndose tensa al lado de Edward, pero simplemente porque todo el parecía muy nuevo. Era extraño estar tan bien después de tanto tiempo evadiendo a la persona debajo de la máscara. Diferente, esa era la palabra; pero se sentía realmente bien.

Después de volver del trabajo, Bella se dio una rápida ducha y se puso uno de esos tantos vestidos que había comprado con Angela pero que no había utilizado demasiadas veces. No era como si todas las noches de su adolescencia hubiese tenido citas elegantes y lugares interesantes que visitar. Siempre había sido una persona tranquila y hogareña… por lo menos hasta que había conocido a Edward. Él, de alguna forma, se las había ingeniado para trastocar todo su mundo.

Cuando el timbre sonó, Bella dio una última mirada a su cabello en el espejo de la entrada, para luego coger las cosas y cerrar la puerta de su apartamento. Después de esperar impacientemente el ascensor, la joven se subió y bajó con la misma ansiedad. Sólo tuvo que andar rápidamente hacia la entrada para encontrarse con Edward, con una sonrisa y una vestimenta oscura que le parecieron una combinación perfecta.

—Buenas noches —saludó él.

Sus labios hicieron un contacto lento y placentero, antes que el joven la cogiera de la mano y la arrastrara hasta el automóvil.

Si Bella no hubiese estado tan distraída observando a su compañero o perdiéndose en sus propios y felices pensamientos, se hubiese dado cuenta que el camino por el que andaban era familiar. De hecho, sólo se dio cuenta del destino cuando de hecho ya se encontraban en la puerta, ambos de pie frente a la gran entrada. Una inevitable sonrisa se extendió por sus labios, que tan sólo se amplió al observar a Edward y ver que sonreía de la misma manera.

—Todavía me odiabas en ese entonces —comentó él, mientras buscaba las llaves.

—No te odiaba —se defendió ella—. Simplemente… eras irritante.

Edward le regaló una sonrisa torcida antes de permitirle la entrada al edificio.

Todo lucía físicamente igual que como Bella lo recordaba, sólo que había una diferencia en su forma de ver las cosas. Ella se sentía en paz alrededor de Edward, se sentía feliz cada vez que él le sonreía o rozaba su mano suavemente; cada vez que su brazo la cogía por la cintura, de una forma que oscilaba entre lo cariñoso y lo posesivo. Los nervios y la tensión habían sido reemplazadas por una agradable carga eléctrica y una sensación de completitud.

—¿Alice ha preparado todo otra vez? —preguntó ella, con una pequeña sonrisita burlona.

Edward acercó su rostro, tan sólo para sacarle la lengua de cerca.

—Esta vez ha sido todo obra mía —se jactó—. Así que no esperes que sea tan inocente.

A pesar de la habitualidad, Bella no pudo evitar el suave sonrojo que se extendió por sus mejillas y que hizo que Edward riera tiernamente. Incluso después de tantas idas y vueltas, hay cosas que siempre son inevitables.

Edward cogió a su compañera de la mano y la arrastró hacia adentro del apartamento. Todo lucía bastante parecido a la última vez que habían estado allí, sólo que Bella, que se encontraba más tranquila, pudo apreciar todo con mayor detalle. Se percató del aroma a vainilla que flotaba por el aire, de las velas ubicadas en una esquina e incluso no tardó demasiado en darse cuenta que la mesa que antes se encontraba en el balcón había pasado a ocupar el centro de la sala. Por supuesto, cenar afuera con ese frío hubiese arruinado levemente el romántico momento.

La joven Swan dejó su abrigo y su bolso sobre el sofá y se dirigió a la mesa, donde Edward la esperaba. En ningún momento dejó de observarla, lo que la hizo sentir levemente intimidada; mas la costumbre a la persistencia de su compañero ayudaba un poco a su naturalidad.

Era una cena calma, aunque Edward admitió que la comida se demoraría porque había decidido pedirla a domicilio. Bella rió, recordando perfectamente que las escasas habilidades culinarias del joven habían sido justamente una de las grandes razones por las que ella había sido contratada. Nunca en su vida había agradecido tanto que Edward fuera malo en algo. Además, era justo: él era apuesto, buen deportista, buen bailarín… justo todo lo que ella no era. Era natural que ella pudiera ganarle por lo menos en algo.

—Bailemos un poco —pidió él, que en algún momento se había parado a su lado.

—Edward, tengo dos pies izquierdos, ya te lo he dicho.

Él sonrió y simplemente se inclinó para tomarla de la cintura. La besó con fuerza, haciendo que ella se levantara por inercia y envolviera sus brazos alrededor del cuello de él. El muchacho comenzó a andar hacia atrás y Bella lo siguió, sus bocas aún juntas. Edward comenzó a balancearse y ella lo siguió, sin querer abandonar la tibieza de sus labios.

—¿Lo ves? —susurró él contra su boca—, ya estás bailando.

—Tú estás bailando y yo no te estoy dejando escapar —corrigió ella con una sonrisa.

Él se encogió de hombros, devolviéndole una pícara expresión.

—Por mí está bien.

Ambos se movieron al ritmo de aquella suave música de piano, sin decir palabra y con algún que otro ocasional beso. Bella escondió su rostro por un largo rato en el pecho de Edward, aspirando su fuerte aroma y deseando quedarse allí por días, semanas quizás. Se encontraba en tal estado de tranquilidad que incluso el sonido del timbre del intercomunicador, situado en la cocina, la sobresaltó. Edward también dio un pequeño respingo antes de separarse de ella y avisarle que estaría de vuelta en un abrir y cerrar de ojos.

Los dos desenvolvieron la comida y ubicaron las pastas en una gran fuente, haciendo que se parecieran bastante a lo que podría haber sido una buena comida casera. Mientras Bella tiraba todo el papelerío, Edward llenó las copas y pudieron ambos finalmente sentarse a comer. Estaban en ello, justamente, cuando el joven se detuvo. Apoyó sus codos sobre la mesa y se quedó observando a Bella, con una enorme sonrisa en su rostro. Bella quedó deslumbrada por unos segundos, antes de preguntar:

—¿Qué sucede?

Edward se tomó su tiempo para responder, sin dejar de sonreír

—Estaba tan emocionado por esta cena, porque, bueno… tengo una sorpresa —admitió él—. No sabes cuánto me ha costado guardármelo, pero quería que fueras tú la primera que lo supiera.

Bella lo miró desconfiadamente a los ojos. Edward y las sorpresas nunca habían sido una buena combinación desde que se habían conocido.

—¿De qué se trata?

—Hace unos pocos días… envié mi solicitud a Yale para estudiar medicina—explicó—. Según el director de mi escuela, tengo grandes posibilidades de entrar.

Bella lo miró, con la sorpresa en cada facción de su rostro. Realmente, de todas las noticias y las sorpresas que Edward podía darle, no esperaba aquello. Pero, por supuesto, el tiempo le había enseñado que aquel joven era completamente impredecible.

—Pero… ¿tú… no querías estudiar música?

—Amo el piano —aseguró él—, y seguiré disfrutando de ello. Sólo sé que mi padre necesitará una mano y puedo serle de ayuda si sigo sus pasos. Nunca dejaré la música, si esa era tu pregunta.

—Pero…

Él le cogió la mano por sobre la mesa, interrumpiéndola con una expresión conciliadora.

—Me gusta la medicina, Bella —aseguró él—. Además, me quedaré aquí, en New Haven, contigo… ¿no te hace feliz eso? —preguntó, con una gran sonrisa.

Bella simplemente sonrió, apretando su mano con cariño.

Por supuesto que la hacía feliz. Allí o en cualquier parte del mundo.

Oh, sí. Ya falta poquito para el final, y creo que todos se han dado cuenta de ello. Este capítulo en sí lo tenía a medio escribir, por eso lo he colgado tan pronto, pero no puedo asegurarles que sucederá lo mismo con el próximo. Como ya he dicho, pido paciencia, sólo eso. Gracias a Dios comencé con el pie derecho y dentro de un mes, si Dios y el señor cálculo lo desean, seré libre y feliz, y podré hacer con mi tiempo lo que se me de la gana… pero lamentablemente, de momento, tengo que conformarme con escribir un ratito por las noches. Por eso, les agradezco por ser pacientes y esperar las actualizaciones.

Para Donna Frigopi Cullen, su mail no salió. Cualquier cosa escríbeme al mío (mi dirección está en mi perfil), o agrégame al Facebook como Lady Cornamenta, ¿si? Porque Fanfiction no me permite ver los correos que dejan en los reviews o en los mensajes privados.

Aprovecho y comento algo para todas: les pido que si quieren hacerme preguntas y demás, simplemente me manden mails a la dirección que tengo en mi perfil o me agreguen al Facebook. He estado teniendo problemas con los mensajes privados y muchas veces no me llegan las alertas o demás, así que… ya saben.

Estoy haciendo portadas también, algo muy off topic. Es sólo un curso, pero las que presenté el miércoles han gustado bastante y tenía ganas de hacer más, aprovechando las asignaciones. Así que ya saben, si alguien desea proponer algún fanfic para realizarle una portada, son bienvenidos (que comentario tan fuera de tema, lo sé).

Nos leemos pronto, por acá o por Dangerous Animals. Todo depende, aunque tengo un poquito más escrito de esta última.

Saluditos y suerte para todos, y que disfruten del mundial (¿?) jaja.

LadyC.