Capítulo 28: Cinco

Clarke se encontraba en su estudio, con la música alta mientras se concentraba en el lienzo frente a ella.

Llevaba todo el día enfrascada en él, intentando darle la apariencia adecuada, que transmitiese el sentimiento perfecto, tal como estaba en su cabeza, pero ese día no tenía la mente para aquello.

Lo sabía desde el momento en el que Lexa se había levantado temprano y había abandonado la vivienda alegando que tenía que hacer unos recados. No la había creído, no solo por el hecho de que fuese tan misteriosa, sin concretar nada, sino porque evitaba su mirada en todo momento.

Lexa había decidido no contarle lo que pasaba y a pesar de que le doliese e hiciese que se preocupara tenía que entender que no podía saber todo respecto a la morena, por mucho que le gustase.

Todo el mundo tenía sus secretos, eso era inevitable y no pretendía saber más de lo que le quisiera contar la otra, pero el hecho de que le hubiese mentido le había dolido más de lo que le gustaría admitir.

Suspiró frustrada y dejó el pincel sobre la mesa para pasarse las manos por el pelo.

Desde el momento en el que empezó todo aquello con Lexa sabía que no iba a ser fácil. Ya no solo por hecho de sus ajetreadas vidas, sino más bien por la manera de ser de Lexa, cerrada, reservada, pesimista, machacándose en cada momento que tenía ocasión. Clarke mentiría si dijese que no le dolía cada vez que la veía en cada una de esas situaciones, pero también tenía que reconocer todo lo que había avanzado desde que se conocieron. Lexa había estado abriéndose poco a poco a ella, aceptándose a sí misma y el hecho de que tuviese a alguien que la quisiera y cuidase, pero la aparición de la madre parecía haber destrozado parte de lo que habían avanzado y eso sí que frustraba a Clarke.

Justo en ese momento escuchó la puerta de entrada abrirse y cerrarse, frunció ligeramente el ceño y antes de que pudiese salir a ver quien acababa de llegar, Lexa apareció frente a ella con una mirada difícil de describir. Había enfado, rabia, confusión, pero también anhelo y curiosamente pasión.

Clarke abrió la boca para preguntar que ocurría, pero antes de que pudiese decir nada, Lexa recorrió la poca distancia que las separaba y, cogiéndola por la cintura con fuerza, la besó con una desesperación que hacía tiempo que no tenía.

Clarke gimió contra sus labios, sorprendida, ligeramente asustada y, para que mentir, excitada por esa necesidad que parecía tener Lexa de tocarla, de sentirla.

Lexa la empujó contra la pared mordiendo ligeramente su labio mientras que apretaba con más fuerza su cintura, pegándola a su cuerpo.

Clarke volvió a gemir mientras que Lexa dejaba sus labios para deslizarlos hasta su cuello, mordiendo y chupando con fuerza, marcándola de nuevo como suya, una y otra vez por todo su cuello.

- Lexa… -dijo Clarke entre gemidos intentando centrarse, aunque le resultaba difícil con las atenciones que le daba la otra.

Pero ese simple susurro pareció hacer reaccionar a Lexa, que se separó para mirarla a los ojos, aun con todas aquellas emociones a través de ellos.

- ¿Qué ocurre? -preguntó Clarke, preocupada.

- Necesito esto… -se volvió a enterrar en su cuello dando suaves besos mientras deslizaba una de sus manos por debajo de su camiseta para acariciar su piel- Pero si no quieres… -comenzó a decir.

Clarke se separó ligeramente para volver a mirarla y pudo ver que esa necesidad era real, por alguna razón Lexa necesitaba aquello y Clarke no iba a decirle que no, nunca lo haría y mucho menos cuando seguramente ella iba a disfrutar tremendamente de ello.

La rubia no dijo nada, solo estrelló de nuevo sus labios contra los de Lexa haciendo gemir en esta ocasión a la morena, que no dudó en volver a aferrarse a ella, correspondiendo de la misma manera.

- Hazme tuya -suplicó Clarke entre besos.

Lexa gruñó y mordió su cuello con fuerza.

- Mia… -gruñó arañando su cintura- solo mía.

De repente Lexa bajó las manos hasta el trasero de Clarke y demostrando una fuerza sorprendente, alzó a la rubia que no dudó en rodear el cuerpo de la otra con sus piernas a la vez que se apoyaba en sus hombros.

Se miraron a los ojos durante un segundo, asegurándose de que las dos estaban de acuerdo una última vez y después de ese segundo volvieron a besarse con la misma ansia que antes.

Sin dejar de besarse, Lexa comenzó a caminar lentamente, aun con Clarke en sus brazos, hasta su habitación. En el momento en el que llegaron a la cama, Lexa dejó a la otra en la cama y se separó de ella, mirándola de arriba abajo devorándola con la mirada.

- Te quiero desnuda, ahora mismo -ordenó Lexa con firmeza.

Clarke se estremeció al escuchar esa orden.

- Si, mi Comandante -murmuró para después obedecer.

Cuando estuvo completamente desnuda volvió a mirar a Lexa, ligeramente avergonzada por su tremenda desnudez, la intensidad de su mirada y que la otra estuviese todavía completamente vestida.

- En la cama, boca arriba, manos encima de la cabeza -siguió ordenando.

Rápidamente se colocó en la posición indicada sin poder evitar frotar sus muslos intentando crear algo de fricción mientras esperaba la nueva orden.

Pero no ocurrió, en vez de eso Lexa se dio la vuelta dirigiéndose hacia el armario, sacó de él dos corbatas y sin decir absolutamente nada se acercó a la cabecera de la cama. Antes de hacer nada miró a los ojos a Clarke.

- Rojo si es demasiado, ¿de acuerdo? -le advirtió.

Clarke asintió rápidamente, impaciente, pero Lexa no quería eso y a cambio recibió una pequeña bofetada en uno de sus pechos haciendo que gimiese con fuerza, sorprendida por el placer y el dolor que acababa de sentir.

- Cuando hago una pregunta, responde -espetó Lexa.

- Si, mi Comandante -dijo Clarke rápidamente.

- Incorpórate un poco -ordenó Lexa y Clarke rápidamente obedeció.

Lexa en ese momento cogió una de las corbatas y tapando los ojos de Clarke, la ató a la parte de atrás de su cabeza para cegarla por completo, después la empujó levemente para que volviera a tumbarse.

Sin decir nada mas Lexa, con la otra corbata, ató las manos de Clarke, movilizándolas sobre su cabeza, cuando se aseguró que no podía soltarse, la miró con una traviesa sonrisa en su rostro.

- No las muevas de ahí, o te castigaré -le advirtió.

- Si, mi Comandante -repitió Clarke para después morderse el labio, ligeramente nerviosa.

Lexa asintió levemente y se alejó de ella mirando a aquella mujer en su cama totalmente a su merced. No podía ver ni moverse y aun así Clarke se sentía segura con ella, eso provocaba que se excitase aún más si cabe.

Clarke intentó agudizar sus otros sentidos, pero era difícil averiguar qué es lo que ocurría a su alrededor en esas circunstancias. Lexa había desaparecido de su lado y se movía por la habitación. Le había parecido escuchar abrirse algún cajón, pero no estaba segura y se estaba empezando a impacientar.

Justo cuando estaba a punto de decir algo sintió el peso de Lexa en la cama, desde los pies el cuerpo desnudo de la otra se deslizó por el suyo hasta que Lexa estaba completamente encima de ella.

Clarke gimió al sentir como sus pezones rozaban la piel de la morena y arqueó la espalda buscando aún más contacto. Quería que hiciera algo, cualquier cosa porque se estaba muriendo en esos momentos porque la tocara y no iba a poder estarse quieta durante mucho más tiempo.

- Por favor… -suplicó.

De repente sintió los labios de Lexa moverse por su cuello mientras que con una de sus manos tiraba de su pelo para que echase la cabeza para atrás, exponiéndolo mas.

Lexa lamió lentamente su cuello dando pequeños mordiscos hasta que llegó a su oreja. Con la punta de su lengua jugó con el lóbulo y después le dio un pequeño mordisco a la vez que tiraba un poco más de su pelo.

Clarke gimió con fuerza aferrándose al cabecero de la cama para evitar mover las manos y tocar a aquella mujer sobre ella.

- Te voy a follar… -comenzó a decir Lexa con voz ronca en su oído- duro… áspero. Te voy a follar sin parar.

- Dios… -dijo Clarke al escuchar esas palabras.

- Tienes permiso para correrte lo que quieras -le informó Lexa- pero ten en cuenta que no pienso parar de follarte hasta que a mí me dé la gana.

Clarke sintió un objeto extraño contra su muslo y se dio cuenta que Lexa se había puesto el arnés para follarla. De manera instintiva abrió más las piernas dándole la bienvenida.

- Gracias, mi Comandante… -dijo Clarke moviendo ligeramente la cadera.

Lexa de repente mordió su cuello con fuerza mientras que comenzaba a penetrarla con el arnés, lentamente, hasta el fondo.

Cuando estuvo completamente dentro de ella, lamió la zona que acababa de morder mientras esperaba que se acomodara a la reciente intrusión, pero Clarke enseguida empezó a mover la cadera, queriendo más.

Lexa sacó por completo el arnés y se lo metió hasta el fondo de golpe comenzando a follarla a un ritmo constante sin detenerse un solo instante.

Clarke se agarró con más fuerza al cabecero y gimió sin parar con cada embestida que recibía.

- Dios… -dijo Lexa en su oído- Tan deseosa siempre de que te folle…

Lexa se apoyó con las manos en el colchón para poder moverse mejor y mientras miraba el cuerpo sudoroso debajo de ella y esos pechos que se movían cada vez que la penetraba, comenzó a follarla aún más rápido y fuerte.

Clarke no tardó en arquear la espalda y gemir profundamente, llegando al orgasmo, pero Lexa, como había prometido, no le dio tregua. Siguió con su ritmó de infarto haciendo que Clarke, sin que se lo esperase, encadenase un orgasmo con otro.

Su corazón iba a mil por hora, siendo follada de esa manera por Lexa, haciendo que todos sus sentidos se agudizasen y que todo fuese más intenso, más profundo.

Después del segundo orgasmo en tan poco tiempo le costaba incluso respirar. Nunca había sido capaz de correrse de esa manera y tan seguida, pero le había encantado.

Por suerte para ella, Lexa tuvo un poco de compasión y se inclinó para besarla suavemente reduciendo sus embestidas.

Clarke gimió contra sus labios, sintiendo cada una de las embestidas profundamente. Lexa sacaba por completo el arnés, lentamente y después lo metía hasta el fondo de golpe, una y otra vez, mientras lamía aquellos tiernos labios, saboreándola.

Con ese ritmo, lento, torturador, Clarke se retorcía sintiendo como Lexa tocaba ese punto en concreto dentro de ella que la volvía loca y provocando que otro orgasmo comenzara a acercarse peligrosamente.

- No… no puedo… -dijo entre gemidos, contra los labios de Lexa.

- Puedes y lo harás -dijo con firmeza Lexa sin cambiar el ritmo ni un ápice.

Clarke soltó un pequeño grito mientras se corría de nuevo, su cuerpo temblaba ya completamente bañada en sudor.

Cuando terminó de correrse sintió como Lexa se movía sobre ella, sacando el arnés de su interior, provocando que gimiese levemente al sentirse completamente vacía. Pensó que ya había terminado con ella, pero estaba totalmente equivocada.

Sin previo aviso sintió como las fuertes manos de Lexa la agarraban por la cintura, alzándola y dándole la vuelta, acabando boca abajo sin esperárselo.

Lexa colocó las manos en su cadera e hizo que la alzase, colocándola con el culo alzado y la cabeza contra el colchón, con las manos aun atadas y sin poder ver, totalmente dispuesta para ella.

Sin darle ni siquiera tiempo a coger aire o a colocarse correctamente, Lexa la penetró por detrás, aún más profundamente que antes debido a la nueva posición.

Clarke abrió la boca gimiendo sin parar y sin molestarse si quiera en contenerse, solo podía concentrarse en cada embestida, en cada parte de su piel que tocaba Lexa y que estaba envuelta en llamas, nada más importaba en ese momento.

Sin dejar de follarla Lexa le dio un fuerte azote en una de sus nalgas, sorprendiéndola y provocando que un golpe de excitación, aun mayor, la inundase.

- Dios… -fue lo único que fue capaz de formular.

Justo después de decir eso, otro azote fue recibido por su otra nalga y comenzó un ritmo de penetración y azotes que la estaba volviendo loca.

No creía ser capaz de correrse de nuevo, pero cuando empezó a sentir como Lexa se movía con más fuerza, de manera errática mientras gemía detrás de ella, sabiendo que Lexa estaba a punto de correrse, su cuerpo volvió a reaccionar y casi en el mismo instante en que el profundo gemido de Lexa se escuchó en aquella habitación, su orgasmo la golpeó.

Si hubiese podido moverse, en aquel instante hubiera caído derrotada sobre aquella cama, pero esa no era la idea de Lexa porque en cuanto se recuperó de su propio orgasmo, cogió el pelo de Clarke tirando de él con fuerza haciendo que su cabeza se alzase y su boca se abriese soltando un gran gemido.

- Aun no hemos terminado -dijo Lexa con voz ronca y cansada por el esfuerzo.

Pero a pesar de sonar ligeramente cansada, no parecía estarlo en absoluto porque Clarke no tardó en recibir aquellas embestidas de nuevo, esta vez a un ritmo más lento, acompañados de tirones de pelo con cada una de ellas.

- No puedo más… -dijo Clarke entre gemidos.

- Uno más -dijo Lexa inclinándose pegando su pecho en su espalda para besarle el hombro con suavidad.

Era físicamente imposible poder correrse otra vez, o eso pensó Clarke cuando pasaban los minutos y con aquel ritmo lento no conseguía llegar a ese punto culminen para correrse.

Lexa era consciente de ello porque cuando Clarke empezaba a desesperarse dio un fuerte tirón de pelo y aceleró el ritmo todo lo que pudo.

Las embestidas eran profundas y brutales y todo el cuerpo de Clarke se sacudía con cada una de ellas. Sentía como su orgasmo se acercaba, pero no era suficiente, se había corrido demasiadas veces en poco tiempo y aquello ya era demasiado.

No era capaz, eso pensó de nuevo justo antes de que Lexa, con la mano libre comenzase a acariciar su clítoris sin desacelerar sus embestidas. Justo en ese momento y sin ningún tipo de aviso, se corrió con fuerza, gritando de nuevo por la tremenda sensación que la golpeó.

Comenzó a sacudirse sin ni siquiera controlar sus extremidades mientras Lexa la sujetaba con fuerza, aun con el arnés en su interior. Se dejó caer por completo en la cama aun con ligeras sacudidas e intentando tranquilizar su desbocado corazón.

Lexa con cuidado sacó el arnés quitándoselo ella también y con dulzura la desató, tanto la venda de sus ojos como sus manos, después la abrazó con fuerza esperando a que consiguiese regresar a la normalidad.

En cuanto sus manos estuvieron libres se giró abrazando a Lexa y apoyando la cabeza en su pecho, ese era el único movimiento que era capaz de hacer sin que todo su cuerpo se resintiese del esfuerzo.

Después de casi media hora de silencio en el que Lexa se dedicó a darle suaves caricias en la espalda y en la cabeza, Clarke consiguió hablar de nuevo.

- ¿Me vas a decir que pasó? -dijo lentamente, sin moverse.

- Fui a ver a mi madre -soltó Lexa.

Se quedó callada esperando que Clarke la regañase, pero aquello nunca ocurrió.

- ¿Por qué no me lo dijiste? -preguntó suavemente Clarke, sin resentimiento en su voz.

- Necesitaba hacerlo sola… -intentó explicarse Lexa- Tenía que enfrentarme a ella y tu sueles tranquilizarme demasiado para eso.

- Me hubiera gustado acompañarte, pero si no querías solo tenías que decirlo -susurró Clarke- prefiero que me digas eso a que me mientas.

- Lo siento -dijo rápidamente Lexa con sinceridad- No sabía cómo enfrentarme a esto y ahora menos.

- ¿Qué ocurrió? -preguntó Clarke.

Lexa suspiró con fuerza antes de comenzar a relatarle todo lo que había ocurrido en aquel encuentro y terminando con la noticia de que al parecer tenía un hermano del que no sabía nada hasta ese instante.

- Me sentí tan… devastada, ¿sabes? -murmuró Lexa- Con mi vida tan fuera de control, sin poder hacer nada para arreglarlo, sin poder controlar algo… Por eso necesitaba tanto esto -apretó más fuerte a Clarke contra ella- Necesitaba sentir algo, controlar algo -se mordió el labio mirando el cuerpo desnudo de la otra- Lo siento si fui demasiado dura -dijo sintiéndose culpable por su comportamiento.

Clarke se incorporó ligeramente para mirarla y una pequeña mueca de dolor pasó por su rostro.

- No te disculpes, yo quería esto también -le aseguró- Si hubiera sido demasiado te lo diría.

- ¿Segura? -preguntó aun con dudas Lexa.

- Si -afirmó- Me ha gustado -se rio ligeramente- Aunque mi cuerpo estará resentido durante una semana por lo menos -bromeó.

Lexa suspiró acariciando la piel desnuda de la espalda de Clarke.

- Creo que mi cuerpo estará igual -sonrió ligeramente.

Se quedaron calladas durante un rato hasta que Clarke volvió a romper el silencio.

- ¿Sabes que vas a hacer respecto a todo eso? -preguntó.

- ¿Lo de mi madre y mi hermano? No tengo ni idea. Tenía claro que no quería tener nada que ver con ella, pero… él no tiene la culpa, ¿sabes? -frunció el ceño preocupada- No quiero que tenga que pasar por lo mismo que yo.

- ¿Crees que tu madre haría lo mismo de nuevo?

- No lo sé, pero necesito averiguarlo.


Twitter:

SaraChana1