Capítulo 27

El día había llegado. La victoria de Pitch estaba próxima. Los barcos esperaban anclados en el puerto a que su señor diera la orden de zarpar. Los soldados saboreaban el momento y se disponían a escuchar las palabras de Pitch. El duque apareció con su séquito personal en la entrada del puerto y se dirigió a su barco, donde había instalada una plataforma para que quedara por encima de todos los demás asistentes. A medida que se acercaba a las escaleras de la pequeña construcción, su sonrisa se iba ensanchando y varios gritos y vítores se escucharon a lo lejos. Por su parte, los aldeanos de Pholum obligados a formar parte del ejército guardaban silencio. Muchos se habían coordinado para plantar cara a los soldados de Shadow una vez llegaran al puerto de Arendelle y esperaban su momento para poder atacar.

Pitch llegó por fin a lo alto de la plataforma y carraspeó, levantando las manos, para mandar a callar a todo el mundo. El silencio se asentó en el puerto y solo se escuchaba el rumor de las olas. Sus ojos recorrieron a todos los presentes y alzó la voz.

-¡COMPATRIOTAS! ¡CAMARADAS! ¡AMIGOS Y HERMANOS! ¡TODOS!-levantó las manos en un además de abarcarlos a todos- Llevo mucho tiempo esperando este día... ¡El día en que se hará, por fin, justicia!-un bramido recorrió el puerto en apoyo a Pitch- A partir de hoy, a partir de mañana, todos quedaremos unidos bajo una misma bandera y con un mismo propósito. Nuestros enemigos conocerían la furia de Shadow y dejarán de reírse de nosotros. Hoy, comienza una nueva era. El blanco se volverá negro y el calor se hará frío. ¡UNÍOS A MÍ Y CONVERTIREMOS ESTE MUNDO EN ALGO NUEVO! ¿¡Estáis conmigo!?-un rugido como respuesta afirmativa surgió de las gargantas de los soldados de Shadow- ¡Partid ahora y haced Historia!

De inmediato, los capitanes obedecieron la orden de Pitch y empezaron a comandar los barcos. Todos soltaron los amarres y subieron las anclas. Unos minutos después, una flota de treinta barcos surcaba las aguas en dirección a Arendelle.

-¿Se puede saber a dónde nos llevas?-preguntó por enésima vez Jack, que cabalgaba deprisa tras el caballo de Anna.

Anna solo sonreía y Kristoff se encogió de hombros.

-Ahora lo verás, amigo-le dijo sin más al príncipe.

Acababan de pasar el claro en el que Elsa y Jack se habían besado por primera vez. Al príncipe se le había encogido el corazón al pensar en aquello y cierto resquemor se le instaló en su mente por haber dejado sola a la reina. Sabía que la cuidarían bien, pero presentía que solamente él sabría qué hacer con ella en todo momento. Sin embargo, la realidad de su muerte seguía demasiado presente, a pesar de que él insistía en su interior que solo estaba dormida. Y esa esperanza se había avivado cuando Anna había dicho que quizás tuviera la solución. Al principio, había dudado de sus palabras, pues no creía que nadie pudiese devolverle la vida a otra persona. Pero, teniendo en cuenta que ni él ni Elsa eran personas normales, consideró la posibilidad de que quizás, solo quizás, Anna estuviera en lo cierto.

Despertando a Jack de sus pensamientos, Anna se detuvo en horizontal de sopetón, provocando que Jack casi se cayera del caballo al frenar. Fue a protestar cuando Anna levantó la mano.

-Shh...-Anna se volvió a mirarle y sonrió- Están aquí.

Entonces, Jack se dio cuenta de que habían llegado a un prado muy parecido al del hogar de los trolls de Pholum y supo de inmediato quién le iba a ayudar. Al momento, todas las rocas que los rodeaban comenzaron a despertar y a saludar con efusividad a Kristoff y a Anna. Algunos se acercaron a Jack con curiosidad, que bajó de su caballo con la boca abierta. ¡Eran más que en Pholum!

-Acércate, Jack-le animó Anna-, no te van a hacer nada.

-Ya lo sé-musitó el príncipe, andando muy despacio y con cuidado de no pisar a ninguna criatura.

-Claro que lo sabe, princesa Anna-dijo entonces una voz grave y amable tras la princesa-, él habló con mi primo no hace mucho.

Anna se volvió y se agachó para abrazar al que parecía el jefe del grupo.

-Gran Pabi-dijo ella entonces-, quiero presentarte al príncipe Jack Frost de Pholum.

-Es un honor-dijo el príncipe, agachándose para quedar a su altura.

-El honor es todo mío, príncipe Jack. Jamás pensé que conocería a otro hijo del hielo.

Jack esbozó una pequeña sonrisa.

-Veo en vuestros corazones un dolor indescriptible-dijo entonces Gran Pabi, observándolos a los tres. A Jack se le borró la sonrisa de la cara-. ¿Es cierto lo de la reina Elsa?

Jack tragó saliva y asintió.

-Ya veo... Mi primo ya me puso sobreaviso, pero jamás pensé que llegáseis a venir por algo así...

-Anna cree que puedes ayudarnos-intervino entonces Kristoff, agachándose junto a Jack.

-¿En serio?-inquirió Gran Pabi sonriendo a la princesa. La criatura se atusó la barbilla- Mmm... Sospecho que no encontrásteis el centro de Elsa.

-No-suspiró Jack, cerrando los ojos-. Hice todo lo que pude, pero...

-Espera, joven, espera-le interrumpió Gran Pabi-. Veo que no te das cuenta de lo que pasa.

Kristoff y Anna miraron con curiosidad a Gran Pabi. Jack abrió los ojos y frunció el ceño. Movió un poco la cabeza y se acercó más al troll.

-¿De qué me tengo que dar cuenta?

-Oh, querido príncipe... Elsa ya había encontrado su centro-el troll alzó una mano y, con el dedo índice, tocó el corazón de Jack a través de la ropa-. Tú.

-¿Perdone?

Gran Pabi se giró y, abriendo los brazos, una pantalla de humo tomó forma ante ellos. En ese instante, imágenes de Elsa de pequeña, adolescente y ya como sucesora al trono antes de ser coronada aparecieron ante ellos. Jack abrió muchísimo la boca y se dejó caer de rodillas al suelo.

-Elsa conoció el amor de su hermana, el de sus padres, el cariño de Kristoff y la admiración de su pueblo. Supo cuál era su deber desde el principio. Aún así, el miedo ante su poder la atosigaba y la acobardaba. Necesitaba encontrar su propio valor y lo halló en ti, príncipe Jack-varias imágenes de Elsa y Jack acariciaron la pantalla de humo, mostrándole a todos lo mucho que amaba a la reina-. La arena negra era poderosa, pero Elsa continuó viviendo más tiempo del normal porque te tenía a ti. Sin embargo, su hielo ya había menguado bastante mucho antes de que Pitch se instalase en tu alma. Y ese pedacito de hielo que ella conservaba era tan pequeño que resistió cuanto pudo el poder de la oscuridad y el miedo.

-Entonces Anna tenía razón...-murmuró Jack casi sin darse cuenta- Elsa necesita la mitad de mi corazón.

-Así es-confirmó el troll jefe-. Sin embargo, la oscuridad acecha en el mar, príncipe Jack. Elsa no tendrá mucho tiempo para recuperarse si Pitch llega antes a Arendelle.

La cortina de humo se deshizo y las imágenes desaparecieron.

-Un momento-intervino Kristoff, que había permanecido callado durante todo el tiempo que había durado la explicación-. ¿Cómo se supone que Jack debe darle la mitad de su corazón a Elsa?

El troll guardó silencio durante un buen rato hasta que, sorprendiendo a todos, giró como un resorte y se perdió en la oscuridad del bosque. Jack, Anna y Kristoff se miraron.

-¿De verdad nos va a dejar así?-inquirió Anna, empezando a ponerse bastante nerviosa.

-No lo creo-aseguró Kristoff no muy convencido; miró a un pequeño troll que pasaba por ahí y se inclinó hacia él-. No lo hará, ¿verdad?

La criatura se encogió de hombros y siguió su camino. Entonces, el rechoncho cuerpecito de Gran Pabi surgió de la oscuridad con un libro entre sus pequeños y anchos brazos. Llegó hasta donde estaba Jack y dejó caer el volúmen al suelo, abriéndolo exactamente por la mitad. Pasó varias páginas hasta que exclamó:

-¡Por fin! Aquí está... -pasó un dedo por unas líneas escritas con una especie de runas y asintió- Tenéis que traer a la reina. ¡Enseguida!

Ya era noche cerrada cuando unos pequeños botes se acercaron a la orilla del fiordo de Arendelle. Un guardia que paseaba en ese momento por los muelles dio el aviso de que alguien había llegado a puerto. Tres soldados le acompañaron entonces para saber quiénes eran los visitantes pero, cuando llegaron a los botes, no vieron a nadie. Decidieron inspeccionar las embarcaciones y se dividieron el trabajo. Estaban tan imnersos en sus labores que no se dieron cuenta de unas sombras que emergían del agua.