Disclaimer: Obviamente, no soy J. K. Rowling así que no gano nada de dinero escribiendo esto. Sólo la satisfacción de crear una historia en la que Hermione no está con Ron.

EPÍLOGO

El andén 9 ¾ estaba lleno de padres despidiendo a sus hijos. Draco tomó la mano de Hermione mientras corrían detrás de Scorpius que iba delante de ellos con pasos veloces empujando su carrito. Cuando vio a James, el hijo de Harry y Ginny discutiendo con Albus, lanzó un grito llamándolos.

-¡Chicos!

Hermione quiso apresurarse para alcanzarlo pero Draco la detuvo con cuidado.

-Tienes que calmarte- le recordó él.

-Draco, no me pasará nada a mi ni al bebé porque corra este pequeño trecho- le dijo ella posando su mano sobre su abdomen apenas hinchado.

Estaba recién de tres meses pero desde que supo que estaba embarazada nuevamente Draco se puso más y más sobreprotector.

Scorpius llegó al lado de sus dos amigos y los saludó animadamente. Los dos Potter le devolvieron el saludo y le susurraron algo por lo bajo que lo hizo estallar en risas. Draco gruñó.

-Esos dos son una mala influencia- dijo molesto.

Harry apareció junto a Ginny y los saludó con cordialidad. A pesar que Draco y él no eran amigos se toleraban. Con Ron, por increíble que pareciese, se llevaba algo mejor. Tal vez era porque el pelirrojo, ahora casado con Lavender, jamás había intentado robarle a Hermione. Pero ellos no tenían hijos aún así que no los verían allí.

Draco giró el rostro y vio a Zabini siendo arrastrado por sus tres hijos. Las dos gemelas que los tomaban de las manos que ya estaban en segundo y su hijo que ingresaba es año tirándole de la túnica. Le sonrió divertido y los saludó. Pansy venía gritando detrás de ellos no sé que cosa pero al ver a Draco y a Hermione les sonrió alegremente.

Scorpius se le acercó cuando el silbato del tren sonó anunciado que todos debían subir.

-Escúchame bien- le dijo Hermione tomando el rostro de su hijo entre sus manos- No quiero recibir ninguna clase de carta de parte de los profesores diciéndome que te comportaste de mala manera.

-Sí, mamá- indicó el niño rodando los ojos- Sabes muy bien que yo siempre me comporto excelentemente.

Sí, él había salido inteligente como su madre pero con esa divertida arrogancia de su padre.

Hermione se inclinó y le dio un montón de besos en el rostro.

-Ya vasta, Hermione- indicó divertido Draco al ver la mueca de disgusto de su hijo- vas a ahogarlo.

-Tú cállate- le indicó ella sin mirarlo mientras atraía hacia ella a Scorpius y lo abrazaba con fuerza.

-¡Mama, suéltame!

-Ya, ya- dijo ella soltándolo- Compréndame, estoy algo emocional con esto del embarazo.

Draco simplemente sonrió mientras que su hijo negaba con la cabeza y lanzaba un suspiro.

El tren se marchó y durante unos segundos ellos dos se quedaron allí viendo cómo éste se marchaba. Draco la tenía abrazada por la cintura y ella se arrimaba a su lado recostando su cabeza sobre el hombro de él.

-Lo extraño- indicó ella.

Draco rió.

-No ha pasado ni cinco minutos desde que se fue.

-Pero igual lo extraño- le dijo ella- ¿A caso tú no lo vas a echar de menos?

-Claro que sí, pero volverá para las vacaciones de invierno.- y de repente colocó una sonrisa pícara- Además, tendremos la Mansión para nosotros solos… podremos hacer todo el ruido que queramos y no tendremos que poner hechizos silenciadores en la habitación.

Hermione sonrió divertida.

-Eso suena interesante.

-¿Tanto cómo ir a probar ahora?- le preguntó Draco giñándole un ojo- Ni siquiera tendremos que usar nuestro cuarto.

Ella estaba por responderle pero en ese momento aparecieron Ginny y Harry a su lado.

-¿Quieren ir a almorzar con nosotros?- le preguntó Harry.

-Lo siento, ya hicimos planes- le respondió Draco con rapidez mientras la llevaba a Hermione hacia la salida.

Ella no pudo hacer más que reír divertida por la repentina prisa de su marido. Se despidió de sus amigos agitando la mano, dejándolos confundidos.

En menos de un minuto estuvieron en la mansión y Draco comenzó a besarla sin importarle que aún estuvieran frente a las escaleras que llevaban al segundo piso donde se encontraban las habitaciones. A Hermione no le importó porque tenía un plan y no pensaba desaprovechar la oportunidad.

Lo empujó suavemente hacia atrás hasta dejarlo caer sentado en uno de los escalones y ella se colocó encima de sus piernas. Ya podía sentir la excitación de él presionando su pantalón, rogando por atención. Lo besó con pasión, con esa verdadera necesidad de tenerlo que sentía desde el momento en que él le dio el primer beso años atrás. Pero la gran diferencia era que en aquel momento a ahora era que ya no le importaba comportarse atrevidamente. No con él.

Acarició sus labios con la punta de su lengua y cuando él abrió la boca buscó su lengua para saborear completamente su sabor. Lo escuchó gemir levemente sobre sus labios y se sintió feliz, poderosa. Posó sus manos en su pecho y comenzó a bajar lentamente, desprendiendo todos los botones de la camisa de él hasta lograr quitársela. Y cuando llegó a su pantalón, retrocedió un poco, y comenzó a acariciarlo encima de la tema. Esta vez el gemido de Draco fue inconfundible. Él comenzó a quitarle la blusa que ella llevaba pero Hermione se apartó un poco impidiéndolo.

-¿Qué sucede?- le preguntó confuso.

-Nada- indicó sonriendo ella-Solamente quiero disfrutar de la vista.

Draco frunció el ceño sin comprender. Hermione se apartó completamente y le hizo una seña para que él comenzara a desvestirse. Cuando, finalmente, Draco entendió lo que ella deseaba, rió entusiasmado.

-Claro que te gustaría verme.- indicó él-Soy irresistible.

Se paró y comenzó a desvestirse lentamente hasta quedar completamente desnudo. Los ojos de Hermione no le dieron tregua. Lo "comió" con la vista sin dejar ningún rincón de su cuerpo y esa era una lenta tortura que a él le gustaba padecer.

Hermione le hizo una seña con el dedo para que se acercara y él se apresuró a hacerle caso. Comenzó a besarla nuevamente sentándose en el escalón con ella encima pero cuando menos cuenta se dio y sintió un leve "Clik", comprendió que Hermione lo había embaucado. Alzó la vista hacia arriba y vio que sus muñecas estaban atadas con un extraño aparato plateado de metal por el barandal de la escalera.

-Son esposas muggles- le informó Hermione sonriendo pícaramente mientras se apartaba-Creo que ya es hora que me vengue por lo que me has hecho la primera vez.

Draco tardó en comprender a lo que se refería.

-¡Pero si eso fue hace años!- exclamó-Y te vengaste ya… muchas veces.

Hermione se encogió de hombros suavemente.

-Creo que todavía no terminé de hacerlo-le indicó.

Se alejó unos pasos de él y comenzó a desvestirse. Draco no dejaba de verla y por cada prenda que ella dejaba caer él temblaba de deseo y expectación. Cuando finalmente quedó completamente desnuda frente a él no pudo articular palabra como cada vez que la veía así; y saber que en su interior nuevamente estaba creciendo un niño (o niña) hacía el momento más especial aún. Quiso levantarse, ir hacia ella, tomarla en sus brazos y besarla hasta más no poder pero su querida esposa no lo dejaba.

Hermione sonrió pícaramente mientras se acercó unos pasos a él. Draco tironeó de sus brazos pero las esposas no cedieron ni un milímetro.

-¿Te gusta lo que ves?- le preguntó ella.

-Sí, sí… mucho- respondió con prisa sin dejar de mirarla- Ahora desátame y ven acá.

Hermione negó con la cabeza sin dejar de sonreír.

-Primero quiero divertirme y torturarte.

De todos los años que llevaban juntos Draco ya la conocía lo suficientemente bien como para entender qué clase de tortura le gustaba hacerle, y, no es que a él no le gustara pero prefería tener siempre el control.

Hermione se acercó un poco más y comenzó a acariciarle su pecho con la punta de sus dedos, arrastrando un poco sus uñas sobre la piel logrando que Draco se estremeciera. Pero antes de llegar demasiado abajo separó sus manos y las posó en los muslos de el, subiendo con caricias. La respiración de Draco estaba agitada y ésta se fue haciendo más y más audible hasta convertirse en jadeos y éstos en gemidos cuando Hermione llegó a la parte que más le interesaba y la envolvió en sus manos.

Draco se sentía débil cuando estaba al lado de ella, se sentía un bastardo inútil que podía caer rendido a sus pies con una simple caricia o beso pero lo mejor de todo era que no le importaba en absoluto porque sabía que ella lo ama.

Como había dicho, Hermione lo torturó, no sólo con sus manos sino con su boca y su lengua. Y Draco no podía hacer más que agonizar entre esos movimientos que iban con lentitud, al principio para después ir más rápido y volver a la agonizante lentitud.

-Her,,, Hermio…ne…

Ella tampoco soportaba más así que se sentó nuevamente a horcajadas de él envolviendo con sus brazos su cuello para besarlo con infinito amor.

-Suéltame- rogó Draco ante la urgente necesidad que tenía de tocarla.

Hermione lo hizo y no tardó en quedar acostada boca arriba a los pies de la escalera con Draco besándola con infinito amor. Y esta vez fue su torno de tocarla. Adoraba hacerlo suavemente, casi temiendo que todo fuera nada más que un sueño, que en realidad ambos se habían perdido cuando su padre intervino. Pero para su fortuna, para fortuna de ambos, no fue así.

Draco pasó sus manos por su cuello, por sus hombros, delineó su clavícula y llegó a sus senos. Hermione se retorcía bajo él arqueando su espalda a medida de que las caricias avanzaban y se convertían en besos. Él siguió bajando con sus labios hasta su abdomen levemente curvado donde estaba creciendo su hijo y luego bajó más y más, besándola justo allí donde sabía que la enloquecería. Y cuando lo hizo los gemidos de ella no tardaron en convertirse en gritos. Sonrió orgulloso. Adoraba hacerla gritar. Pero justo antes de que ella llegara al orgasmo él se detuvo.

-Draco, te voy a matar- lo amenazó ella.

Él sólo sonrió divertido mientras volteaba quedando acostado de espalda en el suelo con ella encima. Desde esa posición la penetró lentamente, gimiendo a medida que entraba en ella.

-Soy todo tuyo, amor- le dijo con voz entrecortada por el deseo.

Hermione sonrió mientras comenzó a moverse sobre él, con lentitud primero para seguir con más velocidad, casi con desesperación. Y ambos estaban tan llenos de deseo que no tardaron en acabar.

Hermione se tumbó sobre él, felizmente agotada.

-Te amo-le dijo.

Draco sonrió mientras la rodeaba con sus brazos y acercaba su boca al oído de ella.

-Quiero ir más lejos de tus caricias y de tus besos, quiero abarcar tus ilusiones y tus esperanzas, quiero ser todo para ti y estar contigo el resto de mis días.- le susurró.

Hermione sonrió. Aquel joven del cual se había enamorado años atrás, que le había mandado cursis cartas de amor secretamente no había desaparecido, estaba allí, a su lado y por fortuna se había convertido en su esposo.