Capítulo 27: Recuperándose del asalto

Las cosas empezaron a calmarse en Palacio. Conforme las horas pasaban, los sirvientes heridos leves podían marcharse, y los heridos de gravedad, comenzaban a mejorar. Los miembros de la Realeza compartían el poco espacio que había con sus súbditos, ayudándose los unos a los otros.

Un soldado recuperado cedió su camilla al pequeño Giv para que pudieran atenderle. Kalim y Arun ayudaban a los médicos con lo que podían. Kaileena y Cyrus colaboraban para asistir a los heridos mientras uno de los médicos administraba a Giv un antídoto.

Shahraman observaba el panorama junto a Malik. Se había salvado por los pelos. Tantas muertes, tantas familias destrozadas, tantísimos heridos ocupando camillas, algunos en mesas, otros en el suelo. Cualquier lugar era utilizado para atenderles. Su pueblo y sus propios hijos estaban pagando las consecuencias de un error que cometió hacía más de 50 años. Su reino se estaba desmoronando como un castillo de arena arrasado por la marea.

Los cocineros empezaron a repartir sopa entre los que estaban en la enfermería. Kaileena cogió un tazón para Hadi, que no se había separado de Giv en todo el tiempo que habían estado allí.

¿Hadi? – El chico la miró. Le mostró el tazón, ofreciéndoselo. – Toma.

¿Es para mí?

Sí. – Le respondió ella, sonriendo. – Te sentará bien.

Kaileena comenzaba a ver a Hadi con otros ojos, y él también parecía verla de un modo distinto. Sin la influencia de su padre, Hadi parecía un chico inseguro de sí mismo y lleno de miedo, el cual trataba de ocultar tras una máscara de odio y soberbia. Le recordaba tanto a ella …

De pronto, la paz que reinaba en la enfermería fue interrumpida por Yashar. El odioso Consejero llegó exigiendo espacio para sus hombres, queriendo echar a los campesinos.

Pero Yashar, no podéis echar a esta gente de aquí. – Le decía el Anciano. – Además, vuestros hombres tienen heridas leves, ¡no necesitan una camilla!

¡Están agotados!

¡Aquí hay hombres y mujeres que llevan toda la noche luchando por respirar! ¡No me vengáis con memeces!

¡¿Cómo osáis?

¿Hay algún problema? – Interrumpió Kaileena, acercándose.

No os preocupéis, Kaileena. – Le dijo el Anciano, apartándola. – Yo me encargo.

No va a parar hasta que consiga lo que quiere. – Le dijo ella en voz baja, mientras el Anciano la llevaba lejos de Yashar.

A vos es la última persona a la que desea ver. Si os enfrentáis con él, sólo lograréis que os insulte.

¡Uh! Qué miedo … - Kaileena esquivó al Anciano y se fue directa a Yashar. – Vamos a ver, ¿cuál es el motivo de que estéis armando semejante escándalo? Perturbáis el descanso de los heridos.

Vos perturbáis la seguridad de todo el mundo con vuestra presencia, así que guardad silencio.

¿Por qué debería obedecer vuestras órdenes?

Soy el Consejero Personal del Rey y vos no tenéis voz en este Palacio.

¡Corregid! El Rey me aceptó en el Consejo. Por lo tanto, soy Consejera, y puedo expresar mi opinión sobre vuestra actitud.

No abuséis de vuestra suerte, Emperatriz. Eso será sólo temporal. Dudo mucho que el resto de miembros os admitan.

He sido Emperatriz durante más de 300 años. Conozco TODAS las leyes que han existido, he estado en lugares donde vos no seríais capaz de poner un pie, y os puedo asegurar, Yashar, que ningún Consejero está por encima del Rey. – Se encaró ella. – Así que mientras el Rey así lo dicte, tendréis que soportarme.

Sois una arpía.

Y vos una vergüenza. ¡Tened algo de honor y colaborad como hemos hecho todos! Vuestros soldados no necesitan ninguna camilla. ¡Muchos de nosotros estamos de pie con tal de que alguien que esté en peores condiciones se pueda recuperar!

¡Ya me he cansado de vuestras calumnias!

Yashar alzó el brazo para golpear a Kaileena, pero ella no se echó para atrás, ni siquiera apartó la mirada. Al contrario, esbozó una sonrisa en su rostro.

Adelante, golpead a la persona que salvó al Rey y fue injustamente encarcelada gracias a vos, y dadle un motivo a todos los presentes para que comiencen a sospechar lo que vos y yo sabemos. – Le dijo, amenazante. - ¿Me equivoco?

No sé de qué me habláis.

Haceos el tonto. Podéis mentir al Rey, pero a mí no me engañáis. Apuesto a que la sangre de vuestras manos es de alguno de los súbditos del Rey.

Shahraman, dándose cuenta de la discusión que estaba llevándose a cabo entre Yashar y Kaileena, decidió intervenir para evitar males mayores.

Alto, alto, alto … ¿Qué es lo que pasa aquí?

Nada, Majestad. Ya me marchaba. – Yashar miró a su hijo. - ¡Hadi! Nos vamos.

Esperad. – Interrumpió Kaileena. – Hadi está consternado por lo ocurrido. Necesita comer algo y descansar.

De eso ya me encargo yo. No pretendáis decirme como tratar a un niño. No sois la más adecuada.

Yashar abandonó la enfermería con Hadi. El pequeño se quedó mirando hacia donde estaba Kaileena hasta que salió de allí. Ella suspiró, decepcionada. No comprendía cómo un rufián como él había llegado a Consejero.

No tratéis de ganaros a Hadi estando él presente. – Le dijo el Rey. – Ejerce una gran influencia sobre su hijo.

También lo hace sobre vos … - Dijo ella, desconfiada.

¿Qué queréis decir?

Majestad … - Kaileena suspiró, tratando de encontrar las palabras adecuadas. – Sé que no me vais a creer, pero creo que Yashar es el traidor que hay en Palacio. Sé que es una locura pero …

Lo sé.

¿Perdonad?- Kaileena se quedó de piedra.- ¿Qué habéis dicho?

Sé que él es el traidor.

¡¿Y por qué no le habéis arrestado?

Ya, bueno … Sé que puede parecer una falta de respeto a vuestro sentido del honor …

¡Y a todo lo que he sufrido por su culpa! ¡Él me acusó de haberos agredido cuando fue él quien le dijo a Karsham donde encontraros!

Escuchad. – Le dijo, sujetándole la mano. – No puedo arrestarle porque eso desataría la furia de los sublevados. Ya habéis visto lo que han hecho esta noche. Y os puedo asegurar, que esto no es nada comparado con lo que podrían hacer estando todos.

¿Hay más?

Si. Todos adoraban a mi hermano.

Esto no tiene sentido …

Lo sé. Pero pensad por qué os he nombrado Consejera.

¿Quizá porque llevo a mis espaldas más de 300 años de sabiduría y conocimiento militar?

Eso es sólo uno de los motivos. ¡Mirad lo que acaba de pasar! Sois la única que sabe mandarle callar. Ningún otro Consejero se atrevería a poner en duda sus palabras. – Le explicó motivado. – Mi Consejo está lleno de farsantes. Espero que cuando Malik forme el suyo, vos le ayudéis a elegir bien.

¿Yo? Majestad, no creo que sea Consejera cuando Malik reine.

¿Por qué?

La amistad que había entre nosotros quedó destruida el día que me encarceló. Por ello, ahora estoy así …

Pero supisteis dejar a un lado vuestro rencor y salvarle la vida. – Kaileena le miró. Sabía que ante eso no podía poner ninguna excusa. Shahraman le sonrió y la llevó de nuevo hacia la cama de Giv. – Todo esto está sacando un lado dulce y caritativo de vos que creó que ni sabíais que lo teníais.

¿De qué habláis?

Este niño jamás se ha encariñado con alguien de fuera de nuestra Familia. Sin embargo, a vos os adora, y ahora que sus padres han muerto, necesitará alguien en quien apoyarse.

¿Qué? – Kaileena se sorprendió. - ¿Estáis insinuando que …? No, no …

No toméis una decisión aún … Esperad a que pase el tiempo.

Shahraman vio a Cyrus venir con un cuenco de sopa para Kaileena y decidió dejarlos a solas. Cyrus se sentó en una silla junto a Kaileena y la miró sonriendo.

Te veo agotada. – Le dijo, ofreciéndole la sopa.

Lo estoy … - Kaileena cogió el cuenco y comenzó a dar pequeños sorbos al tibio caldo. – Tu padre quiere que me haga cargo de Giv …

Lo veo bien.

¡¿Qué? ¡¿Estás en tus cabales?

Kaileena, está claro que cuando nació Darab despertó en ti cierto instinto maternal. Y con Giv está madurando.

¡No soy la persona más indicada para cuidar de un niño!

¡Bobadas! Los niños se te dan de maravilla. Te preocupas por ellos.

¡No lo hago!

¿En serio? ¿Y el niño que rescataste en aquel incendio? Déjame recordarte que casi pierdes la vida por ello.

Eso no … Es … Arg … ¡Está bien! Cuidaré de Giv …

¡Ja! Sabía que cederías. – Cyrus se reía. – Además, ¡te adora!

Ya …

Necesitas descansar. Ven. – Le dijo, cubriéndose con una manta. – Siéntate a mi lado y duerme un rato.

Kaileena se sentó junto a Cyrus, apoyados en una pared junto a la cama de Giv, y se cubrieron con la mata para mantener el calor. Estaba agotada, así que no tardó en cerrar los ojos. Cyrus, a pesar de querer mantenerse despierto, no podía evitar sentirse cansado. Llevaba varios días sin apenas dormir. Así que, poco a poco, el sueño le fue venciendo.

La escena no podía ser más tierna. Cyrus y Kaileena acurrucados y abrazados, cubiertos con una manta, durmiendo tranquilamente. Se les veía felices, a pesar de la situación tan grave por la que estaban pasando.

Kalim, muy a su pesar, tuvo que romper el encanto de aquella tierna escena. Con mucho cuidado, despertó a Cyrus sacudiéndole levemente.

Cyrus. – Le llamó. – Cyrus.

¿Kalim? ¿Qué ha pasado?

Te has quedado dormido.

Oh … ¡Maldición!

Tranquilo. – Kalim se rió. – Escucha, el soldado de aquella camilla se encuentra mejor y dice que le cede su camilla a Kaileena.

¿Qué? – Cyrus miró al hombre, que ya se estaba levantando.

No le vendría mal dormir en una cama.

Está bien.

Con mucho cuidado para no despertarla, Cyrus se levantó y cargó con ella hasta la camilla. La dejó sobre ella con mucha suavidad y la cubrió con varias mantas.

Túmbate a su lado.

¿Padre? – Cyrus se sorprendió.

Estás agotado, Cyrus. Deberías dormir un poco.

Estoy bien.

Vamos … Ambos sabemos que lo estás deseando. – Shahraman sonrió pícaramente. – Además, no creo que a ella le importe.

¿Qué? – Cyrus se giró y vio a Kaileena mirándole. Estaba esperando su respuesta. – Está bien … Hazme un hueco.

Kaileena se echó a un lado y Cyrus se tumbó junto a ella. Con cuidado, la abrazó para estar más cómodos. No tardó en volver a dormirse, esta vez, con una sonrisa en la cara.

Adorable … - Murmuró Shahraman.

¿Perdón? – Cyrus se extrañó.

Vamos, Cyrus, ¡mírala! ¿No te has dado cuenta?

¿Darme cuenta? ¿De qué?

Cuando está a tu lado, Kaileena sonríe como nunca lo hace. Es lo que verdaderamente le hace feliz, tenerte cerca. ¿Cuánto más piensas esperar?

Cyrus no respondió, sólo giró la cabeza, mirando al vacío. Shahraman no lo comprendía. Estaba claro que entre ambos había algo grande. Cyrus actuaba con Kaileena inconsciente como si estuvieran reconciliados, piropeándola y mostrándole su afecto. ¿Por qué era justo cuando se le recordaba que aún tenía que llevar a cabo su gran plan cuando se alejaba?

Las horas pasaron. El amanecer ya estaba cerca, y una vez salido el Sol, los sublevados no atacarían, no en pleno día.

Farah comenzó a despertar. Poco a poco, comenzó a moverse en su camilla, dolorida, pero recuperándose. Al abrir los ojos, vio a su hermano Arun y a su padre junto a ella.

¿Padre?

¡Oh, Farah! – El Marajá la abrazó aliviado. – Al fin despiertas.

Estábamos preocupados por ti. – Añadió Arun.

¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?

Tranquila, Cyrus te encontró antes de que aquel soldado te hiciera daño. Estas en la enfermería.

¿Dónde está Darab?- Farah intentó levantarse. - ¡Lo escondí en un baúl para que no le hicieran daño!

¡Está aquí conmigo! – Dijo Kalim, no muy lejos de allí. Tenía a Darab en brazos, profundamente dormido. – El muy glotón tenía hambre.

¿Hambre? ¿Le habéis dado de comer?

Sí, verás, el Anciano nos ha dicho que hasta que no pasen un par de días, es mejor que no le des el pecho a Darab. – Explicó Arun.

Aunque te han administrado el antídoto, los efectos del veneno aún no han desaparecido por completo. – Dijo su padre. – No creo que quieras arriesgar la vida de Darab.

No, claro … - Farah se quedó pensativa. - ¿Dónde está Malik?

¿Malik? Pues … - Arun no sabía qué contestar.

¿No le habrá pasado nada malo?

Verás … - Su padre buscó las palabras adecuadas. – Mientras te buscaba, sufrió un ataque al corazón y …

¡¿Qué?

¡Pero está bien! ¡Tranquila!

Sí. – Añadió Arun. – Kaileena lo mantuvo consciente y le ayudó a mantener la calma hasta que lo encontramos.

¡Sí! Le salvó la vida. Si se llega a ponerse más tenso … - Kalim hizo un gesto con la cara, imitando a un muerto.

¡No! – Farah se angustió.

¡Kalim! ¡Eso no ayuda! – Le riñó su padre.

Lo siento, lo siento …

¿Dónde está? ¡Quiero verle!

No puedes moverte de aquí hasta que el médico venga a verte, Farah. – Le dijo su padre, sujetándola. - ¡Así que estate quieta!

Farah se quedó refunfuñando en la cama, esperando impacientemente a que el médico la examinara y, con suerte, le diera permiso para levantarse.

No muy lejos de allí, Malik permanecía inconsciente, vigilado por su padre. Shahraman estaba preocupado. Él era el responsable de los problemas de salud de Malik, y estando la situación tan delicada, no sabía qué sería de él cuando fuera coronado Rey. Tenía miedo de lo que pudiera pasarle. Si moría, Darab crecería sin padre, y Farah tendría que ceder el Trono a Cyrus hasta que Darab tuviera edad para gobernar.

El menor de sus hijos no estaba adiestrado para ser Rey, siempre se le negó la posibilidad de serlo. Quizás Shahraman debería pensar en darle algunas lecciones antes de abandonar el mundo de los vivos.

Miró a la camilla que estaba junto a la de Malik. Jannat continuaba debatiéndose entre la vida y la muerte, luchando por respirar. Los médicos ya le habían dicho que sus posibilidades de salvarse eran mínimas, pero él mantenía la esperanza.

Malik comenzó a recuperar el conocimiento. Escuchaba ruidos y voces a su alrededor, el ir y venir de médicos, los lamentos de familiares de fallecidos, niños llorando. Abrió los ojos y miró a un lado y a otro. Nada, sólo veía manchas borrosas. Dolorido, se llevó la mano derecha a los ojos, frotándoselos. Aquel movimiento alertó a Shahraman, que vio al fin a Malik consciente.

¡Malik! – Le llamó con alegría. – Malik, ¿estás bien?

¿Padre? – Malik siguió la voz de su padre y, poco a poco, logró enfocar la vista.

¡Has recuperado el conocimiento! ¡Gracias a los Dioses!

¿Dónde estoy?

En la enfermería. – Respondió. – ¿Cómo te encuentras?

Siento una fuerte presión en el pecho y la cabeza me da vueltas … Aparte de eso, estoy bien.

Necesitas guardar reposo, has estado a punto de marcharte.

No es el primer ataque que sufro …

Pero sí el más fuerte. – Shahraman cogió un vaso y le alzó la cabeza a Malik. – Toma, el Anciano dijo que cuando despertases te bebieras esto.

¿Qué es?

Un brebaje. Tómatelo. Te sentirás mejor.

Malik bebió el contenido del vaso de mala gana. Estaba asqueroso y le entraban ganas de vomitar.

¿Dónde está Farah?

Está bien, si es lo quieres saber.

¿Qué le ha pasado? – Malik sabía que su padre trataba de ocultarle algo.

Ya te he dicho que está bien.

¡¿Y por qué no está aquí si está bien?

¡Escucha! Si quieres que te lo diga, tendrás que mantener la calma. ¡No podemos permitir que te de otro ataque!

¡Padre, decidme de una vez qué le ha pasado!

¡La envenenaron! Cyrus la salvó del hombre que la perseguía y la trajo aquí. Ahora se está recuperando, está a salvo.

¡¿Qué? – Malik se puso nervioso. - ¡¿Envenenada? Ay no …

Malik, ¡cálmate!

¡¿Cómo queréis que me calme? – Malik intentó levantarse, forcejeando con su padre. - ¡Farah!

¡Estate quieto!

¿Hola? – Escucharon ambos una voz femenina a los pies de la cama.

¿Farah? – Malik se sintió aliviado al verla de pie frente a él. - ¡Farah!

¡Malik! – Farah corrió a su lado y le abrazó. Él también la abrazó, sujetándola con todas sus fuerzas, aunque, en aquel momento, estaba débil. – Oh, Malik, lo siento mucho … ¡Siento haberme marchado de nuestros aposentos!

No, soy yo el que lo siente. – Le dijo, acariciándole la cara. - Me comporté como un estúpido. Tenías razón en todo lo que dijiste.

¡No! Tú no eres un bárbaro … Sólo eres un hombre al que toda esta presión le supera. Lo siento.

No te disculpes más … - Le dijo, sonriendo. - ¿Cómo estás?

Bien, aún me cuesta moverme, pero estoy bien. ¿Y tú? Mi padre me ha contado lo sucedido, ¿cómo te encuentras?

Estaré bien, no te preocupes.

¡Menos mal que Kaileena supo cómo actuar! – Exclamó ella, abrazándose a él de nuevo.

¿Kaileena?

Probablemente no lo recordarás, pero fue ella quien te salvó la vida. Se quedó a tu lado ayudándote a respirar y a mantener la calma hasta que Arun y Kalim os encontraron. – Explicó Shahraman.

¿Kaileena hizo eso? ¿Después de lo que …?

Sí. – Respondió Shahraman. – Dejó a un lado el rencor que guarda hacia ti por lo que le hiciste para tratar de salvarte la vida.

¿Y dónde está ella?

Dormida.

Los tres miraron a los pies de la cama y vieron a Cyrus, con los ojos enrojecidos por la falta de sueño, y una cara espantosa.

¿Te importaría gritar menos? – Cyrus, a pesar de lo ocurrido, continuaba despreciando a Malik. – Algunos intentamos descansar.

Lo siento … - Cyrus se dispuso a marcharse, pero Malik le retuvo. - ¡Cyrus!

¿Qué?

Gracias por salvar a Farah …

Al menos uno de nosotros se preocupa por Kaileena y ella.

Sin decir nada más, Cyrus se marchó. Malik suspiró decepcionado. Había pasado de ser el hermano más cercano a Cyrus a que él le odiase.

Sigue enfadado …

Cyrus es muy testarudo. – Le dijo Farah. – Y ahora está preocupado por Kaileena. Pero, tranquilo, estoy segura de que cuando todo esto acabe y Kaileena y tú habléis, volverá a ser el de siempre.

Kaileena dormía profundamente en su cama. No se había dado cuenta de que Cyrus no estaba. De pronto, algo la despertó. Alguien estaba manipulando su brazo con mucha delicadeza. Abrió los ojos, confusa, y vio al Anciano sentado junto a ella, examinándole el hombro.

¿Anciano?

Tranquila, Emperatriz. – Estaba muy concentrado. – No tardaré mucho. En cuanto acabe, podréis seguir durmiendo.

¿Qué estáis haciendo?

Sentaos un momento. – El Anciano ayudó a Kaileena a incorporarse y comenzó a quitarle la venda. – Tenéis el brazo inflamado por la venda. Os aprieta mucho.

¿Ocurre algo? – Le preguntó, preocupada. Temía que la lesión fuera más grave de lo que parecía.

Bueno, aparte de que es posible que seáis propensa a sufrir lesiones de este tipo en el futuro, quiero facilitar un poco vuestra recuperación. – Le explicó, terminando de quitarle la venda. – Ahora no mováis el brazo.

El Anciano comenzó a moverle el brazo a Kaileena lentamente, evitando hacerle daño. Ella observaba con atención. Cyrus llegó y se quedó mirando también. Tras un rato moviendo y masajeando el hombro de Kaileena, el Anciano volvió a colocarle un pañuelo a modo de cabestrillo para inmovilizarle el brazo.

¿Os encontráis mejor?

Sí, lo cierto es que … - Kaileena trató de mover los dedos de la mano izquierda. – Me duele menos.

¿Qué le habéis hecho?

Un masaje que me enseñó hace mucho un curandero chino.

Pues es efectivo. – Dijo ella.

Os he dado uno breve. Con una sesión completa al día, podríais estar recuperada antes de lo previsto.

¿Podría luchar si estalla una guerra?

¿Qué estás diciendo? ¡Tú no vas a luchar!

Eso ya no es decisión mía. Yo sólo pretendo aliviar vuestro dolor y acelerar la recuperación.

Quedaos en Palacio. Será más fácil que tener que venir desde las afueras. Además, es más seguro así. – Propuso Cyrus.

Eso dependerá de tu padre, Cyrus.

Ya me encargaré yo de ello.

Aquella conversación fue interrumpida por una avalancha de médicos hacia la camilla donde yacía Jannat. Al parecer, había dejado de respirar. La gente se empezó a concentrar alrededor mientras los médicos trataban de traer de vuelta a Jannat, pero fue inútil.

Shahraman, Malik y Farah viero cómo, junto a ellos, los médicos cubrían el cuerpo de Jannat con una sábana. La única hija del Rey había muerto tras una noche luchando por sobrevivir. Se uniría a su hermano menor, Rostam, y a sus respectivos familiares en la sala mortuoria del Templo.

Malik acercó a Farah a él, tratando de no alterarse. Ella se sentó en la cama apoyada en las almohadas, apoyando la cabeza de su marido en su pecho. Malik no solía mostrar sus emociones en público, y ahora buscaba consuelo y refugio en Farah.

Shahraman no fue capaz de soportarlo y se levantó de su asiento. Sin decir nada a nadie, se dirigió a la salida y salió al patio. Una vez fuera, a solas, rompió a llorar, pero no sólo por la pérdida de Jannat, sino de rabia, rabia por no haber sido capaz de defender a su Familia de lo que se les venía encima. Quizás Kaileena tenía razón y debía arrestar a Yashar, pero en aquella situación, era muy arriesgado.

Cyrus regresó con Kaileena, hundido por la muerte de su hermana. Se sentó a su lado. Kaileena le notaba tenso. Sabía que alguien había muerto, pero no quién.

¿Quién era, Cyrus? – Le preguntó.

Jannat. – Respondió él fríamente. – Rostam también ha muerto. Los sublevados le cortaron la cabeza.

Lo sé … - Kaileena se acercó a él y le abrazó. – Lo siento.

Cyrus abrazó con todas sus fuerzas a Kaileena, rompiendo a llorar. Ella le consolaba como podía. Sabía que era duro para él. Poco a poco, comenzaba a comprender lo frágil que era la vida. Ella renunció a una vida eterna, algo que muchos codiciaban. Ahora entendía todo. En cuestión de horas, minutos, o incluso segundos, una vida podía desmoronarse del mismo modo que un palacio cae ante un ejército invasor.

Hay infinitas formas de morir, algunas más trágicas que otras. A veces, la cosa más insignificante puede ser la desencadenante de la muerte más horrenda posible. Y otras, en cambio, vienen lentamente, en forma de pequeñas crisis que, con el tiempo, se van agravando.

Todo el mundo ha de morir algún día, pero, a veces, dejar a un lado todo lo demás y mantenerse junto a alguien al borde del abismo, animándole a seguir, puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.