Los personajes de Naruto no me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia tampoco me pertenece, es una adaptación.
Capítulo 27
Obito fue quien les dio la mala noticia. Sasuke y Naruto acababan de regresar a la casa cuando el comandante Uchiha atravesó corriendo el patio de armas para interceptarlos.
Una sola mirada a su torva expresión bastó para indicar a los dos lairds que el problema era serio.
—¿Qué pasa? —preguntó Naruto.
Obito le explicó, entre jadeos:
—Lady Uzumaki y Sakura Haruno han desaparecido. Las hemos buscado por todas partes, y no las hemos encontrado.
—¿A qué demonios te refieres con "han desaparecido"? —rugió Naruto.
—¿Cuánto hace que las echáis en falta? —preguntó Sasuke.
Obito sacudió la cabeza.
—No estoy seguro. Cuando regresé de casa de mi padre, Anthony ya había salido con una partida de soldados en su busca. Estaba a punto de reunirme con ellos.
—No pueden haber ido muy lejos —le dijo Sasuke a Naruto—. Ya casi anochece. Tendremos que darnos prisa si queremos encontrarlas antes de que oscurezca. ¿Qué camino tomó Anthony?
—Hacia el sur —respondió Obito—. Laird, asumo total responsabilidad por esto. Si hubiera estado aquí, en lugar de...
—Te necesitaban en tu casa —lo cortó Sasuke—. ¿Nadie las vio partir? —preguntó a continuación. Sacudió la cabeza con incredulidad—. ¿Cómo es posible que hayan podido irse sin que nadie las viera?
Obito no tenía ninguna respuesta que ofrecerle. Naruto montó sobre su caballo.
—Estamos perdiendo tiempo —murmuro—. Yo buscaré por el oeste. Obito, reúne algunos soldados y vé al este, y Sasuke, tú busca en el norte.
—No hay ninguna razón para buscar por el norte —dijo Sasuke—. Si salieron solas, no pudieron haberse internado en esa espesura. Sakura lo sabe bien.
Dos jóvenes y asustados soldados Otsutsuki aguardaban, montados en sus caballos, cerca del fondo del valle. Observaron a Obito conducir a un grupo de soldados colina abajo, y después dirigirse hacia el este.
—Díselo a laird Uzumaki —susurro Alan.
Ker negó con la cabeza.
—Díselo tú. No quiero que me vuelva a romper la nariz. Yo se lo diré a Sasuke.
Naruto y Chōji encabezaban el grupo, seguidos por Shikamaru, Shino y Kiba. Acababan de cruzar la planicie cubierta de hierba, cuando oyeron un grito. Shikamaru se volvió cuando vio a uno de los soldados Otsutsuki que iba tras ellos, pero los demás siguieron adelante.
El pecoso rostro de Alan estaba rojo, más por el miedo que por el esfuerzo, cuando barboteo las importantes novedades.
—Toneri... siguió a las damas, y fueron hacia el norte.
Shikamaru lanzó un silbido, y en cuestión de segundos Naruto y los demás rodearon al muchacho.
—¿Toneri siguió a mi esposa?
La penetrante mirada del laird aterró de tal manera al muchacho, que apenas pudo balbucear las palabras de respuesta.
—Vio que vuestra esposa y Sakura Haruno cabalgaban hacia el norte.
—¿Iban soldados con ellas? —pregunto Kiba.
—No, iban solas, y por eso las siguió Toneri. Dijo que las iba a traer de regreso... que no era seguro...
—¿entonces por qué demonios no las trajo de regreso? —preguntó Shino.
—No lo sé —tartamudeo Alan—. Algo debe haberlos retrasado. Ker y yo íbamos a buscarlos pero primero llego Obito, y detrás de él Sasuke y vosotros.
—Si no estás diciéndome la verdad, te juro que te desollaré vivo —lo amenazó Chōji
—Pongo a Dios de testigo que os digo la verdad. Lo juro sobre la tumba de mi madre. Mi amigo... Ker... fue a decirle a Sasuke que fuera hacia el norte.
— Traiganlo con nosotros —ordeno Naruto.
Espoleando a su caballo hasta obligarlo a galopar, corrió hacia el bosque. No dejo de repetirse que no debía dejarse dominar por el pánico, pero no le sirvió de nada.
¿En qué pensaba ella al salir a cabalgar internándose en la espesura sin protección?
¿Un muchacho para proteger a dos mujeres?
Efectivamente, algo debía haber pasado, o Toneri ya las habría traído de vuelta.
Por primera vez en su vida, Naruto se puso a rezar.
"Santo Dios, que ella se encuentre bien. La necesito."
0
Hinata había llegado al límite de sus fuerzas. Sencillamente, no podía seguir, y de todas maneras, era muy peligroso. La noche se acercaba rápidamente y la niebla se ponía cada vez más espesa. Se habían detenido al lado de un arroyo, y estaba a punto de decirle a Toneri que con su ayuda o sin ella iba a quitarse la flecha, cuando escuchó un fuerte retumbar en la distancia. En pocos segundos, la tierra comenzó a temblar.
Toneri desenvaino su espada, mientras Sakura buscaba frenéticamente su arco y sus flechas. Hinata sacó la daga de su cinturón, y se acercó a Sakura.
—¡Preparáos! —gritó Toneri, haciendo una mueca ante el temblor que oyó en su propia voz.
—Tal vez sean Ker y Alan —aventuro Sakura.
—Demasiados caballos —dijo Toneri, mientras colocaba el caballo delante de las mujeres.
Segundos más tarde, Naruto emergió de la niebla. Al verlos a los tres, tiró de las riendas y frenó. La sola visión de su esposa, aparentemente sana y salva, lo colmo de un alivio tal que al desmontar sintió que se le doblaban las rodillas. Sus soldados fueron tras él. Ellos también desmontaron y fueron directamente hacia Toneri. El muchacho temblaba con tal violencia que parecía estar saludándolos con la espada que mantenían agarrada. Pero no retrocedió ni se echó a correr.
Aterrado como estaba, se mantuvo firme, dispuesto a arriesgar su vida por las mujeres.
—Baja la espada, muchacho —le ordenó Shikamaru.
Naruto corrió hacia su esposa.
— Hinata, ¿estás bien?
Esperaba una inmediata afirmación, y entonces le iba a echar un buen sermón. ¿Acaso esa mujer no comprendía lo mucho que significaba para él? ¿Cómo se atrevía a exponerse a un riesgo semejante? Por Dios que le exigiría que suplicara su perdón por haberlo sometido a esa tortura. Y pasaría muchos días antes de que la perdonara.
Hinata se sentía tan llena de júbilo y de alivio porque Naruto la hubiera encontrado que no le importo que estuviera furioso.
—No, no estoy bien, Naruto, ¡pero estoy tan feliz de verte!
Toneri, con las manos aún temblando, al cabo de tres intentos logró por fin envainar la espada. Acababa de pasar la pierna sobre el lomo de su caballo, y se disponía a montar, cuando Naruto se acercó a su esposa.
El soldado se lanzó hacia el laird.
—¡No la toquéis! —grito.
Naruto reaccionó con increíble presteza. Los pies de Toneri no habían alcanzado a tocar el suelo, cuando fue arrojado hacia atrás con tanta fuerza que aterrizó de espaldas sobre la hierba.
—¿Qué diablos le pasa? —preguntó Naruto mientras se volvía hacia su esposa.
Shikamaru aferró al enloquecido soldado por el pescuezo y lo alzó en vilo. Luego empezó a sacudirlo.
—¿Le atreves a darle órdenes a mi laird? —bramo.
—¡Estsujeta a la silla! —gritó Toneri—. Una flecha...
En cuanto pronuncio estas palabras, Shikamaru lo solté. Naruto ya había notado la flecha y se había trasladado hasta el flanco derecho del caballo para verla mejor.
Hinata le apoyó la mano sobre la mejilla.
—¡Estoy tan feliz de verte! —le murmuró.
—Y yo estoy feliz de verte a ti —le dijo él—. Ahora déjame ver qué te has hecho —le ordenó con un gruñido.
Hinata se puso rígida.
—¡Yo no me he hecho nada! —gritó—. Salvo tratar de escapar. Si no hubiera sido por Toneri, Sakura y yo estaríamos muertas.
De pronto, los tres comenzaron a hablar al mismo tiempo, mientras cada uno trataba de explicar lo ocurrido.
—Eran Uchiha —anuncio Toneri.
—No trataban de matarme a mí. —Dijo Sakura—. Iban por Hinata.
—Te hubieran matado también a ti —afirmó Hinata.
—Toneri mató a uno de ellos —le dijo entonces Sakura a Naruto.
—Eran Durston y Faudron —les informo Toneri.
Al oír el nombre de uno de los comandantes que Sasuke más apreciaba, Naruto se quedó parado.
—¿ Faudron trató de matarte?
—Sí —respondió Sakura en lugar de Hinata—. Durston y él estaban esperándonos.
—Fue una emboscada —dijo Hinata.
—Yo maté a Durston —anuncio Toneri con orgullo.
—¿Y Faudron? ¿Logró escapar?
—No —respondió Toneri—. Vuestra esposa lo mató.
Los ojos de Naruto volaron hacia Hinata.
—Tuve que hacerlo —musito ella.
—Una sola flecha, laird, que le atraveso la frente. Su punterfa fue certera.
Naruto estaba intentando meter la mano por debajo del muslo de Hinata para poder aferrar debidamente la flecha, pero al verla dar un respingo, la retiró.
—Toneri trató de quitármela, pero no pudo —le dijo ella.
El soldado comenzó a alejarse del comandante, pero Shikamaru volvió a aferrarlo del cuello.
—¡Shikamaru, por favor, suéltalo! —exclamó Hinata, exasperada.
Naruto tomó la daga de Hinata, le levantó el tartán y le rasgó las enaguas de arriba abajo. Los soldados se agolparon alrededor de su laird para ver qué hacía, y Hinata, procurando mantener una mínima apariencia de modestia y decoro, se apresuró a cubrirse la pierna con el tartán.
—No es momento para la timidez —le dijo Naruto.
Ella sabía que estaba preocupado.
—No está tan mal como parece.
—No trates de engañarme —le replicó él.
—Tal vez ella preferiría estar dormida para pasar por esto, laird —sugirió Chōji.
—¿Vas a esperar hasta que se duerma? —preguntó Sakura. Se fue abriendo camino entre los hombres para poder darle la mano a Hinata.
Hinata era más astuta que su amiga. También estaba indignada por la sugerencia de Chōji.
—Nadie va a golpearme hasta dejarme sin sentido. ¿He sido clara?
—Pero, milady... —comenzó a decir Chōji.
Ella lo detuvo con frialdad.
—No puedo creer que sugieras algo así.
—Un leve golpecito sería suficiente —sostuvo Kiba—. No sentiríais nada.
—No nos gusta veros sufrir, milady —dijo Shino con voz áspera.
—Pues entonces cerrad los ojos —exclamó Hinata.
Naruto finalmente notó la presencia de Sakura, apretada contra él. Miraba a Hinata con ojos cuajados de lágrimas. Le indicó que retrocediera para que él pudiera hacer lo que era preciso hacer, pero Sakura no se movió, y Kiba tuvo que alzarla y quitarla de en medio.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Chōji a sus espaldas.
Por toda respuesta, Naruto desenvaino la espada.
— Shikamaru, sostén la flecha derecha. Shino, toma las riendas.
Shikamaru se acercó, agarró la flecha con ambas manos y apreto contra el muslo de Hinata para evitar que se moviera.
Kiba aparté a Sakura del paso, mientras Chōji iba hacia el otro lado del caballo y le indicaba a Hinata que se apoyara contra él.
—¿Todavía piensas pegarme, Chōji? —le preguntó ella con suspicacia.
—No, milady, jamás os pegaría sin vuestro permiso.
Decidió confiar en él, y le apoyó las manos sobre los hombros, mientras lentamente se recostaba contra su cuerpo.
— ¿Naruto?... No falles.
Y entonces cerró los ojos y aguardó. Oyó el silbido de la espada al descender por el aire, sintió apenas un ligero tirón cuando la hoja cortó la flecha y todo había terminado. Cuando volvió a abrir los ojos vio que la flecha había sido cortada limpiamente a milímetros por encima de las manos de Shikamaru.
Sabia lo que venia a continuación y cuanto la asustaba. Naruto deslizó las manos por debajo de sus rodillas.
—Apoya las manos sobre mis hombros —le ordenó.
—Aguarda.
—¿Qué pasa?
—No quiero volver a la casa de Shisune Drummond, ¿me oyes? No quiero volver allí nunca más.
El la aferro con más fuerza.
—Creí que te gustaba la casa de Shisune.
Sakura se retorcía las manos con desesperación. A duras penas podía mirar a su amiga padeciendo tal dolor.
—Te sentirás mejor si gritas —le dijo—. Yo lo haría.
Naruto miro a su esposa a los ojos y vio las lágrimas.
—No emitirá un solo sonido —afirmo.
Consiguió provocar la reacción que buscaba. Instantáneamente Hinata se puso furiosa.
—Se supone que yo soy quien debe decir eso —gritó—. Si me ordenas ser valiente, si lo soy pierde importancia. Yo...
No emitió un solo sonido, salvo su afanosa respiración cuando Naruto la levantó y la flecha se deslizó a través de su pierna. Le arrojó los brazos al cuello y lo abrazó con fuerza, y cuando se le cayeron las lágrimas, hundió la cara en el cuello de su esposo.
Naruto no pudo decidir cuál de los dos temblaba más. Sin decir una sola palabra, la alzó en sus brazos y la llevó al arroyo. Sakura trató de ir tras ellos, pensando que tal vez podría ayudar con la herida, pero Shikamaru se lo impidió y le indicó que esperara hasta que regresaran.
—Ya terminó todo —susurro Naruto, y su voz se oyó ronca por el alivio que sentía.
La sostuvo apretada contra él, al parecer sin ser capaz de soltarla. Iba a tardar en superar el miedo de perderla. La besó en la frente y le rogó que dejara de llorar.
Hinata se secó las lágrimas con el borde del tartán.
—Te mueres por gritarme, ¿verdad?
—Demonios, sí —reconoció él—. Pero soy un hombre considerado, de modo que esperaré hasta que te hayas recuperado.
Hinata no creyó ni una palabra.
—Es muy amable de tu parte
—Por el amor de Dios, ¿en qué estabas pensando, partiendo sin...? Por Dios, Hinata, podrían haberte matado.
Naruto iba recobrando poco a poco la compostura, y siguió regañandola mientras le echaba agua fría sobre la pierna para quitar todo rastro de sangre y suciedad. Paró sólo lo necesario para reconocer, entre gruñidos, que la herida no era ni remotamente tan peligrosa como había supuesto al principio, pero de inmediato volvió a chillarle, mientras rasgaba su falda en tiras con las que le vendo el muslo para que dejara de sangrar. Cuando terminó, a Hinata ya no le dolía tanto, pero lo que siguió doliéndole fue su orgullo herido.
Él no le permitió caminar, y ella no le permitió alzarla en sus brazos ni llevarla a ninguna parte hasta que le hubiera dicho todo lo que tenía en la cabeza. No pensaba permitir que siguiera regañándola delante de sus hombres.
Acunándola en sus brazos, Naruto siguió regañándola.
—Cuando lleguemos a casa, te juro que apostaré dos guardias delante de ti, y otros dos detrás de ti. No vas a tener otra oportunidad de volver a asustarme como lo has hecho esta vez.
Hinata le puso la mano sobre la mejilla, una simple caricia que tuvo la virtud de calmarlo como por encanto. Y entonces arruinó todo al tratar de explicar sus acciones, logrando volver a irritarlo sin proponérselo.
—Yo no pensé que iba a ser atacada cuando salí de la propiedad.
—Pero saliste de la finca, ¿verdad? Y sin un guardia que te protegiera. ¿Cómo pudiste salir de las tierras de Uchiha sin...?
—No sabía que iba a salir del territorio de Sasuke.
Naruto cerró los ojos, y se repitió por centésima vez que Hinata estaba bien. La sola idea de perderla lo asustaba como mil demonios, y al mismo tiempo lo enfurecía. ¿Cómo se había metido en esta situación que lo volvía tan vulnerable?
—Gritarme no va a solucionar nada.
—¡Seguro que sí! —exclamó él—. Me hace sentir condenadamente mejor.
Ella no se atrevió a sonreír, temiendo que él se ofendiera si lo hacía. Quería tranquilizarlo, no avivar su ira.
—¿Podrías mostrarte un poco más razonable, por favor?
—Me estoy mostrando razonable. ¿Todavía no te has dado cuenta? He tardado, pero por Dios que finalmente lo he logrado.
—¿Si me he dado cuenta de qué?
—Los problemas te siguen como una sombra, Hinata. Estás predispuesta a recibir heridas. Te juro que si un árbol decide caer en este instante, encontrará tu cabeza para aterrizar encima.
—Oh, por todos los cielos —murmuro ella—. Debo reconocer que he tenido una racha de mala suerte, pero...
Él no la dejé continuar.
—¿Una racha de mala suerte? Desde que te conozco, has recibido golpes, puñaladas y ahora, flechazos. Si esto sigue así, en un mes más estarás muerta, y si eso es así, me voy a enfadar como mil demonios.
—Me pegaron, sí, pero eso fue antes de conocerte —argumento ella, convencida de hablar con gran lógica—. Y Konohamaru no me apuñaló. Me cortó en el brazo, pero sólo porque estaba muy asustado. Fue sólo cuestión de mala suerte que no se curara bien. En cuanto a la flecha—siguió diciendo—, sólo me atravesó la piel. Viste la herida, no estaba tan mala.
—Podría haberte atravesado el corazón.
—Pero no fue así.
Le exigió que la bajara, y cuando así lo hizo, caminó hacia un árbol para que Naruto pudiera ver que estaba tan bien como siempre.
Después se apoyó contra el tronco para dejar descansar su peso sobre la pierna sana, ya que la otra le latía ardientemente. Sonrió forzadamente.
—¿Lo ves? Estoy muy bien —le dijo.
Naruto dio media vuelta, y se quedó con la mirada perdida en la noche, cavilando. Permaneció en silencio durante varios minutos.
—Hace mucho tiempo tomé la decisión de que ninguna mujer iba a volver a transtornarme. No dejaré que eso suceda.
—¿Qué me estás diciendo?
Naruto estalló.
—Cuando nos casamos, tú y yo sellamos un acuerdo, y tú vas a cumplir con la parte que te corresponde.
—¿Qué acuerdo? —preguntó Hinata en voz baja.
—Tú te casaste conmigo para conseguir protección.
—Yo me casé contigo porque te amo. Ahora dime, Naruto, ¿por qué te casaste conmigo? ¿Qué obtienes tú de este acuerdo?
Naruto no contestó, pero Hinata no pensaba darse por vencida.
—¿Te casaste conmigo porque me amabas? —insistió Hinata, conteniendo la respiración mientras aguardaba su respuesta.
—El amor debilita al hombre, y yo no soy débil.
Sus duras palabras le destrozaron el corazón. Bajó la cabeza para que él no pudiera ver cuánto la había lastimado.
—Tú dijiste que querías proteger mi reputación. Recuerdo esa conversación, pero incluso entonces sabía que esa no era la verdadera razón de que te casaras conmigo. Yo pensé... esperé, de todos modos... que yo te importaba. Sabía que estabas agradecido porque había ayudado a Konohamaru, ya que tú eres su tutor, pero seguramente no te casaste conmigo por gratitud. Un simple "gracias" habría sido suficiente.
—Tenía una responsabilidad hacia ti, Hinata, y eso es todo lo que hay que decir sobre mis razones.
—Yo te importo, Naruto. Sé que es así.
Él se apartó de ella. Se estaba comportando como un animal acorralado. Nunca antes había soslayado ni evitado ningún tema. No, se había conducido con franqueza y con honestidad, pero en ese instante estaba siendo deliberadamente evasivo. Eso logró preocupar infinitamente a Hinata. La atemorizaba aquello que Naruto estaba ocultándole.
¿Por qué le resultaba tan difícil admitir lo que albergaba su corazón?
—Vuelvo a preguntártelo: ¿por qué te casaste conmigo?
Él se negó a responder.
— Sasuke está aquí —dijo entonces—. Te llevaré de regreso, y entonces comenzarás por el principio, y nos contarás todo lo sucedido hoy.
—Puedo caminar —le aseguró ella—. Adelántate tú. Estaré allí en unos minutos.
—Ven conmigo ahora —le dijo él, y antes de que pudiera discutir, la alzó en sus brazos y la llevó de vuelta al claro.
Uno de los soldados había encendido un fuego en el medio del llano cubierto de hierba, y todos los soldados Uzumaki se hallaban sentados en círculo alrededor de las llamas. Toneri, Ker y Alan permanecían de pie, juntos, cerca de Sasuke y sus hombres, mientras Toneri le brindaba a su laird un informe de los hechos. Sakura estaba frente a su laird, y tras un rápido vistazo, Hinata supo que su amiga estaba soportando la ira de Sasuke.
Naruto acomodó a Hinata sobre el tartán que Shikamaru había desplegado sobre el suelo, pero ella no se quedó allí. En cuanto él se dio la vuelta y se alejó de ella, se puso de pie y fue hasta donde estaba Sakura.
— Sasuke, no culpes a Sakura por lo sucedido. No es responsable.
—¿Sakura fue obligada a dejar la finca?
Su voz era engañosamente suave, pero Hinata sabía que por dentro hervía de furia.
—No, desde luego que no fue obligada.
—Sólo yo soy la responsable de mis actos —afirmo Sakura.
—Si hay alguien responsable de lo que ha sucedido hoy, eres tú, Sasuke. Sí, lo eres —agregó Hinata cuando él la miró con incredulidad—. Si hubieras cumplido la promesa que me hiciste, este incidente podría haber sido evitado.
—¿Qué promesa? —pregunto él.
—Se ve que significaba tan poco para ti que ya la has olvidado.
Sasuke miró a Naruto, obviamente solicitando su ayuda.
—Tu esposa cree que el responsable soy yo.
—Está equivocada.
Cruzando los brazos en actitud desafiante, Hinata se volvió, combativa, hacia Naruto.
—Te advertí que le daría a Sasuke tiempo hasta el mediodía de hoy para hacer lo que me había prometido, y le ordenara a mi hermana que me recibiera, pero no lo hizo, de modo que tomé el asunto en mis manos. Sakura fue lo suficientemente amable como para ayudarme a lograrlo.
Sasuke bullía de ira.
—No he tenido tiempo de hablar con tu hermana, y tu impaciencia estuvo a punto de matarte.
Sakura trato de desviar algo de la furia de su laird.
—Todo fue para bien —afirmó, y cuando Sasuke y Naruto clavaron los ojos en ella como si hubiera perdido la chaveta, se apresuró a explicar—: Jamás os habríais enterado de que Faudron y Durston querían matar a Hinata, y tal vez ahora podáis saber por qué.
—Lamento que estés enfadado con nosotras —dijo entonces Hinata—. Y debo reconocer que asumirnos un riesgo innecesario, pero en nuestra defensa debo decir que ninguna de las dos sabía que salíamos de tu territorio.
—Laird, ¿puedo hablar libremente? —preguntó Sakura.
—¿Y qué diablos has estado haciendo hasta ahora? —pregunto él.
—Sois mi laird y os respeto —dijo ella sacudiendo la cabeza— , y por esa razón no voy a perder los estribos. Os agradecería que me tratarais con la misma consideración, ya que soy uno de los miembros más leales de vuestro clan.
— Sakura, voy a dar por sentado que el golpe en la cabeza te ha aturdido, y por eso te atreves a hablarme de esa manera.
—Por favor, no te enfades con ella —rogó Hinata— . Es todo culpa mía. Es tal corno dijiste, Sasuke, fui impaciente.
—Yo fui la que tuvo la idea de seguir a Hamura —dijo Sakura.
—No, no fuiste tú —replicó Hinata— . Me dijiste que te lo sugirió Anthony.
El bramido de Sasuke puso fin a la discusión.
—¿Y qué tiene que ver Anthony con todo esto?
Hinata se dio cuenta de que Sakura no le había contado todo a su laird.
—Anthony le dijo a Sakura que él seguiría a Hamura...
—¿Y? –la urgio el al ver que vacilaba.
_Me dijo que lo seguiría— dijo Sakura—. Me dio instrucciones precisas. y las memoricé para que no nos perdiéramos.
—Nos envió a una trampa.
Sasuke temblaba de furia.
—Voy a matar al hijo de perra con mis propias manos.
—No, no lo harás— afirmó Naruto—. Trató de matar a mi esposa. Yo lo voy a matar. Tengo derecho.
—Demonios que sí —murmuró Sasuke—. Por Dios, que va a sufrir antes de exhalar el último suspiro.
Continuará...
