Lo sé, lo sé, sé que dije que actualizaría el martes… y deje una nota en fb avisando porque no podría u.u pero para los que no la leyeron, tuve servicio rural de 24horas ese día y servicio comunitario de 24horas el miércoles… así que el jueves me morí un ratico xD

Hubo otro motivo por el que no me apure en actualizar ayer, y es que me di cuenta que hoy el fics cumple un año *Retumban los cohetes* wow, parece mentira que ya hace un año que empecé a publicar este fics pensando "vamos a ver que tal le va al Sebalec en un mundo que ama el Malec"… pero ya ven, ya son doce meses corrompidas/os por el lado oscuro jajajaja.

Mil gracias a todos los que leen, siguen y dan fav a este fics; especialmente a hikari, kmarcheggiani, Lalala, Nina, MaferBL, mimi y SandraDom por sus reviews y PM; contesto.

Hikari: drama, drama… sin duda drama habrá. Espero te guste el cap.

Lalala: oh por supuesto que supe que eras tu de inmediato? Quien más me llamaría hija de Lilith? xD eso y esos reviews monstruosos xD oh me hiciste googlear que es un poroto ._. es un frijol xD quieres saber que pasará? Solo diré, cuidado con lo que deseas… oh bueno, si me atrasé u.u sorry por eso jajajajajajajaja amooooooooo cuando le pones el lado musical al review xD creo que será una de las cosas que más extrañare cuando se acabe el fics u.u y que va, ni por asomo se parece a la canción del rey león xD oh, si vas a sacrificar una gallina, que sea frita y con salsa agridulce por favor…. Y si tiene un poquito de papas fritas no me quejo xD se armó la loca… raziel no puedo de la risa xD oh, solo diré que no pierdas de vista a esas hadas. Un beso :3

Nina: oh dejarlos al borde? De nada :D para eso estoy xD Creo que Alec tampoco se termina de decidir xD

MaferBL: oh en serio? Te aguantaras hasta entonces? Vamos que se que te mueres de curiosidad por saber que pasa ;) jajaja ohh al parecer todas quieren que les compense por algo ._. jajajaa un beso :3

mimi: lo siento… fue la uni haciendo de las suyas de nuevo u.u

Ahora les dejo leer :D

Parte III: Redención

Quizás el sufrimiento y el amor tienen una capacidad de redención que los hombres han olvidado, o al menos descuidado.

Martin Luther King

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Capítulo 28: Jonathan

No soy una persona perfecta,

Hay muchas cosas que desearía no haber hecho.

Pero sigo aprendiendo.

Nunca quise hacerte eso,

Y tengo algo que decirte antes de irme.

Solo quiero que sepas...

Encontré una razón para mí,

Para cambiar quien solía ser,

Una razón para empezar de nuevo.

Y esa razón eres tú...

The Reason de HOOBASTANK (Traducción)

Atravesó el pecho de un demonio que al instante desapareció, no sin antes salpicarle con un poco de Icor. Jace se limpió la cara tomando de inmediato una daga y lanzándosela a otro demonio que pretendía atacar a Clary por la espalda. El bosque era una batalla campal. Sin embargo, la horda de demonios no era suficiente para superarles en número y eso suponía una buena ventaja.

Vio a un par de hombres lobos atacar juntos a un demonio. Y a Robert luchando codo a codo con Maryse, quien, pese a sus heridas, se mostraba tan determinada o más que de costumbre.

- Tenemos que intentar acercarnos...-Escuchó a Isabelle decirle a Simon. Jace pateó otro demonio que un nefilim de Alacante terminó de rematar, e intentó acercarse a su hermana.

- ¿Acercarnos dónde?

- Los demonios venían de allá - Señaló Isabelle como respuesta. Se veía determinada, cosa que teniendo en cuenta los últimos sucesos, él agradecía. El rubio asintió y entre los tres fueron abriéndose camino en medio de la batalla, acabando demonios y esquivando ataques de brujos cuando estos fallaban el objetivo.

A medida que los demonios mermaban; se volvía más fácil, y más aliados los seguían. Clary los alcanzó junto a su madre cuando llegaron hasta la cueva.

Había un hedor azufrado, demoniaco concentrado en la entrada. Isabelle y Jace se miraron un segundo antes de que la chica asintiera decidida y entraran.

Prácticamente la entrada a la cueva estuvo tranquila, pero con cada paso se escuchaba el sonido creciente de una batalla. Isabelle preparó su látigo alerta y Jace empuñó su cuchillo serafín, pudo ver con el rabillo del ojo que Luke y Maia se les habían unido, así como Lily, y cada vez más nefilims que lograban alcanzar la cueva.

Hasta que finalmente llegaron a una gran cámara en su interior y lo primero que vieron fue los destellos azules de la magia de Magnus, intentando repeler decenas de demonios y oscuros que lo atacaban. Pero Isabelle no se detuvo en él, quería a Magnus, pero había ido por Alec; había ido porque, si Magnus tenía razón, si Jace y su madre estaban en lo cierto, no iba a permitir que Sebastian lastimara a su hermano mayor como lastimó al menor; protegería a Alexander como no pudo hacerlo con Max; y si Raziel quería, los recuperaría a ambos.

Por eso, cuando localizó con la mirada a Alec, inmovilizado contra el suelo por Sebastian quien tenía la daga a solo escasos centímetros de su pecho, no lo pensó, corrió en su dirección mandando su látigo al rubio para envolver la mano del medio demonio y jalarlo lejos de Alec.

- ¡Isabelle! - Exclamó Simon corriendo tras ella, pero la chica no lo escuchaba. La mirada de Sebastian estaba furiosa mientras se incorporaba, e Izzy vio cómo de manera extraña, los ojos del rubio, en un inicio verde iban oscureciendo lentamente hasta volverse tan oscuros como siempre.

- ¡Pelea conmigo Sebastian! – Exclamó ella, porque si todo lo que Magnus decía era verdad, jamás lo perdonaría por la forma en que ella misma había tratado a Alec, jamás se perdonaría.

El rubio sonrió sádicamente; no había podido con Alec, por un momento había sentido que perdía el control de sí mismo, pero podía deshacerse de Isabelle y retirarse a Edom cuando aún mantenía la ventaja.

- Jonathan – Escuchó que Alec susurraba, toda la ira y el odio se habían aplacado, ahora veían al rubio, aun a medio incorporarse como si esperara que volviera a verlo, solo para confirmar que esos ojos verdes que había visto habían sido reales.

Sebastian volteó a verlo con expresión ruda y ojos negros durante solo un instante, y Alec sintió un vacío en su pecho: había sentido como si reconociera en Sebastian a un viejo amigo, pero ahora que volvía a verlo solo quedaba la desazón que da cuando tras acercarte, descubres que no era él sino un desconocido.

Sebastian por su parte no reparó más en Alec y atacó a Isabelle. El chico de ojos azules se incorporó lentamente, se sentía aturdido, apenas recordando el motivo por el cual se enfrentaba al rubio en primer lugar. ¿Era absurdo sentir y pensar a Jonathan y Sebastian como dos personas por separado? Porque era eso lo que hacía su cerebro justo entonces.

Volvió la mirada hacía su hermana sintiendo su razonamiento pesado, como si nadara en un mar de irrealidad; Isabelle esquivaba rápidamente un ataque de Sebastian. No tenía sentido, ¿Qué hacía ella ahí? Isabelle lo odiaba, lo creía perdidamente enamorado de Sebastian, apoyándolo, por lo que no tenía sentido que hubiese ido a Idris, ni ella ni Jace o Clary y Simon, ni mucho menos su padre ¿Qué hacían todos ahí? Alec podía ver la cueva llenarse de personas, podía ver a los oscuros y demonios dejar a Magnus para luchar contra el resto y…

- ¡Magnus! – Exclamó preocupado incorporándose de pronto, el brujo estaba herido, se mantenía incorporado, pero podía ver feas heridas en su hombro y abdomen. Intentó apresurarse a él dándose cuenta entonces de la batalla que se estaba suscitando a su alrededor. Clavó su cuchillo serafín en el pecho a un demonio, corriendo a prisa al brujo. Quizás era centrarse en una batalla lo que necesitaba para permitir que su cerebro procesara lo que había ocurrido, para que olvidara cualquier rasgo de esos ojos verdes y recordara el odio que lo había embargado, porque justo ahora, como estaban las cosas, no lograba volver a sentirlo. Su corazón se rompía en pedazos al imaginar a Max herido o algo peor, sentía el dolor, la ira, decepción e incluso el miedo; pero el odio que había ardido tan intensamente como una explosión, había desaparecido igual de rápido que una.

Vio a su padre apresurarse en ayudar a Isabelle. Tenía que ayudarlos también, sabía que Sebastian no se detendría en hacerles daño, pero primero necesitaba saber que Magnus estaba bien, ver que esas heridas eran menos de lo que aparentaban. El brujo se deshizo de otro oscuro mientras Alec esquivaba a un par de lobos que eran arrojados contra la pared por un oscuro y en cambio el ojos azules interceptó a otro demonio. Estuvo por atravesarle el cuello cuando sintió un movimiento rápido tras suyo. Alec se giró a tiempo para detener el ataque de un nefilim contra suyo, desviando la estocada.

- ¿Qué…? – Pero el nefilim volvió a arremeter. Alec solo atinó a esquivar y defenderse, totalmente perplejo; habría esperado ser atacado por los oscuros y los demonios; tal vez incluso por los lobos después del asunto con el Praetor Lupus, pero nunca por un Nefilim como él. El sonido del adamas chocar entre sí se escuchaba casi como un chirrido para sus oídos. - ¿Por qué…? – Intentó preguntar.

- Traicionaste Idris – Escupió el nefilim golpeándolo con el codo en el rostro. Alec cayó el suelo, impactado más por las palabras del hombre que por su golpe - ¿Tienes idea de cuantos nefilims murieron en Alacante durante el ataque por tu culpa? – Le apuntó directo al pecho con su cuchillo serafín.

- Yo… no sabía nada del ataque – Intentó explicarse – Nunca quise…

- ¿Nunca quisiste? – Preguntó con una burla casi demencial - Mi parabatai estaba en el grupo de traslado de Bullheart; ¡Traslado que tu ordenaste! – Alec palideció sin manera de darle replica a sus palabras.

Un fuerte golpe impactó al Nefilim apartándolo de Alec. El chico Lightwood se desconcertó al reconocer a la persona que había arremetido contra el hombre: Simon.

El vampiro se incorporó a prisa plantándose entre Alec y el Nefilim con los colmillos al descubierto, en posición ofensiva, intentando proteger a Alec.

- A un lado submundo – Exclamó el Nefilim, apuntaba directamente a Alec - Si lo defiendes a él, estás también contra la clave.

- El asunto es que, si dejo que lo mates, su hermana no querrá salir conmigo – Comentó Simon.

- Estoy dispuesto a hacerme cargo de ti también; un vampiro menos, uno más; no hay diferencia. – Aseguró el hombre poniéndose en posición ofensiva. Simon sonrió, sin embargo, el nefilim no llegó a atacar, en cambio calló inconsciente luego que Maryse apareciera por la espalda golpeándolo con la empuñadura de su espada.

- Un nefilim menos, uno más- Dijo seria, apresurándose hacía su hijo - ¿Alexander, estás bien?

Alec asintió. Sabía que su madre estaría bien pese a la herida que él mismo le había causado, pero el recuerdo de sí mismo lanzando ese cuchillo se sentía tan cercano que no hizo más que avergonzarlo; más no tuvo tiempo a responderle o disculparse. Alec se apresuró a empujar a Maryse sacándola del camino del ataque de un hombro lobo que intentó lanzarse sobre él. El chico lo esquivó ganándose un zarpazo en el tobillo.

Para cuando se incorporó ya su madre y Simon se encontraban en actitud defensiva. Alec los imitó: reconocía a ese lobo, lo había visto hacía unas semanas en el bosque de Brocelind cuando él y Sebastian mataron a un par de lobos de la manada de Fabre.

La realidad lo golpeó de pronto; el parabatai de ese nefilim, los lobos de esa manada… muchos de los ahí presentes querían detener a Sebastian, pero muchos otros solo querían venganza por sus seres queridos, venganza contra él.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Magnus maldijo mientras se sujetaba el brazo lesionado intentando caminar a través de la batalla. Había visto a Alec intentando ir hacía él, y había visto como Sheryl lo protegía de un nefilim que intentó atacarlo; se sentía tan impotente no pudiendo estar lo suficientemente cerca de Alec para ayudarlo.

Vio como Isabelle era arrojada por los aires; y se apresuró en crear una nube de magia que le permitieran caer suavemente, al mismo tiempo que apretaba los dientes por el dolor en su brazo herido mientras golpeaba en la nariz a una oscura de rasgos europeos.

Un lobo que reconoció como Luke le pasó por un lado a prisa, seguido por otro de pelaje oscuro. Magnus vio a Sebastian intentando acercarse a él esquivando un par de ataques, pero él mismo tenía cosas de que preocuparse; un lobo intentó atacar a Alec por la espalda y ahora se enfrentaba a Maryse, Simon y el nefilim estúpido, mientras que Luke saltaba sobre un vampiro que intentaba aprovechar esa pequeña pelea para intervenir lesionando a Alec.

Maldijo sonoramente al darse cuenta no había recibido apoyo, no realmente cuando al menos la mitad de los presentes estaban simplemente esperando una oportunidad de atacar a Alexander como si de un oscuro más se tratara. Era una batalla encarnecida en la que simplemente luchaban todos contra todos, y el no saber en quien podía confiar y en quien no, la hacía aún más agotadora.

No sabía cuánto tiempo tenía peleando, lo cierto era que no había parte del cuerpo que no le gritara adolorida; habían mermado ya a muchos demonios y unos cuantos oscuros, sin embargo, ya eran más de los que se podían contar con las manos los cuerpos de los nefilims y submundos caídos.

Vio como Sebastian atravesaba el costado de un joven brujo amigo de Tessa que había acudido a la batalla, pero no tuvo mucho tiempo a lamentarse; un par de demonios Oni se lanzaron contra él. Magnus esquivó uno, atándolo con un lazo mágico al suelo, salvándose del otro cuando Jace saltó desde atrás, cortándole lo que se suponía era la cabeza. El cuerpo del demonio se retorció por un instante antes de desaparecer.

- ¿Estás bien?

- Perfectamente – Aseguró intentando recobrar un poco el aliento y curar algunas de sus heridas más profundas – Tenemos que llegar a Alec para sacarlo de aquí.

- Olvídate de Alec, Maryse lo mantendrá a salvo – Dijo el rubio rápidamente defendiéndose de unos oscuros. Magnus iba a replicar, pero Jace se apresuró a girarse a él – Tienes que ayudarme a llegar a Sebastian, tenemos la manera de acabar con él

- ¿El fuego celestial?

Jace asintió desenvainando la naginata que le mostró al brujo. Magnus la observó por un segundo, y fue suficiente para sentir como el fuego de la esperanza lo llenaba de energía para seguir luchando, porque esta vez, tenían una posibilidad real.

- Acabemos con ese maldito.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Isabelle se incorporó luego de que Magnus evitara que se estrellara contra el suelo. Sebastian estaba luchando con todo, y ella no estaba siendo lo suficientemente diestra para representarle una batalla real. Le costó parte de su orgullo admitirlo incluso a sí misma, pero era Jace quien debía estar allí luchando contra el rubio si querían una oportunidad. Sin embargo, el rubio estaba en ese momento ayudando a Magnus.

Escuchó la exclamación de su padre cuando Sebastian le partió el brazo; se apresuró en atacarle con el látigo sujetándolo del cuello para apartarlo; el rubio lo cortó e Isabelle calló sentada, sin embargo, un hechizo de luz roja golpeó al rubio. La chica le dirigió un asentimiento de agradecimiento al joven brujo que se había unido a luchar contra el semi demonio, incorporándose dejando de lado el látigo para empuñar un cuchillo serafín. Su padre había partido el mango del guisarme para poder manipularlo con una sola mano manteniendo el brazo roto fijo contra su cuerpo.

- Que irónico que sean ustedes dos quienes luchen contra mí – Se burló Sebastian – Ninguno de ustedes creyó nunca en Alec.

- No te atrevas a hablar de mi relación con mi hijo.- Bramó Robert.

- Y él los quería destruir a ambos – Siseó con una sonrisa maliciosa. -Los odia.

- ¡Cállate! – Saltó Isabelle.

- Especialmente a ti, porque por tu culpa tuve que matar a Max la primera vez.

- ¡Cállate! ¡Cállate! – Gritó la chica ignorando el grito de advertencia de su padre. El brujo cerca suyo la sujetó de la cintura, atacar de esa manera no era en lo absoluto lo más sensato.

Sebastian aprovechó el momento para saltar hacía ellos; su daga se clavó en el costado del brujo retorciéndola sin piedad alguna; este palideció utilizando toda su energía para lanzar al rubio contra la pared antes de caer él mismo sin vida. Isabelle lo sujetó perpleja por un segundo.

- No bajes la guardia – Exclamó Jem llegando hasta ella. Tessa iba junto suyo, la cambiante le dirigió una mirada de dolor a su amigo brujo, antes de, junto a Jem, enfrentarse a Sebastian.

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Atravesar la cueva no era tarea fácil, mucho menos cuando se hallaba herido. Magnus se detuvo para retomar el aliento mientras intentaba presionar la herida sangrante de su brazo; no podía sanarse y evitar que los demonios asesinaran al imprudente de Jace, y de paso defenderse a sí mismo. Para ser una cueva, el lugar era lo suficientemente grande como para que, al ver a Sebastian todavía a unos diez metros, el brujo maldijera.

Jace saltó sobre un demonio Kuri y Magnus se apresuró en invocar un hechizo para evitar que la cola que finalizaba en aguijón del demonio no atravesara el pecho del descuidado chico mientras intentaba matarlo; pero una oscura que reconocieron perfectamente, Amatis, saltó sobre el rubio derribándolo. Jace la pateó sacándosela de encima, y Magnus intentó ayudarle, pero Bullheart le cortó el paso.

- Debiste quedarte fuera de los asuntos de mi señor Sebastian y su Alexander.

- ¿Su? – Preguntó sintiendo la sangre hervir. Era lo que más odiaba, de los oscuros, de Sebastian, incluso de los Nefilims que habían acudido a la lucha esa tarde, todos asumían que los sentimientos de Alec por Sebastian habían sido reales, o peor, que aún lo eran. Sus ojos refulgieron en fuego azul y con un movimiento de sus manos Bullheart se alzó como si una cuerda invisible lo halará del cuello; el oscuro boqueó colocándose en puntilla, y poco después despegando los pies del suelo, Intentó luchar, pero Magnus no le permitió ninguno tipo de resistencia – Alec no es suyo – Dijo serio justo antes de que el oscuro diera su último aliento.

Dejó caer el cuerpo y él mismo cayó de rodillas, agotado. Necesitaba hacerse con la energía de alguien o no podría continuar. Por un segundo recordó aquella batalla en el barco de Valentine, Alec se había ofrecido a darle su fuerza cuando ya no pudo más "toma toda la que necesites" en ese entonces apenas estaban empezando algo así como una relación, y sin embargo el chico no había tenido medida en ofrecer todo cuanto podía darle en el momento.

Jace cayó de golpe junto a él, tenía un hilillo de sangre en la boca.

- ¿Tomando un descanso? – Preguntó con cierta ironía, pero la respuesta de Jace no fue ni cerca el comentario sagaz que Magnus habría esperado.

- Perdí la naginata.

- ¿Qué? – Magnus intentó incorporarse, pero no pudo, estaba realmente débil.

- Se me calló y Amatis la pateó – Dijo.

- Tenías que ser rubio – Masculló. Sin la naginata no había manera de derrotar definitivamente a Sebastian, no había forma y hasta que el semi demonio no estuviera de vuelta a la dimensión demoniaca a la que pertenecía, ni Alec, ni él mismo podría estar tranquilo.

Magnus tomó a Jace de la mano antes de que el rubio pudiera incorporarse. Había un par de vampiros del clan de New York a los que conoció por Raphael cerca, luchando juntos contra los demonios que se acercaban a esa zona; esperaba que fuese suficiente porque necesitaba al menos un minuto para hacerse con la fuerza de Jace.

- ¿Qué haces…? ¿¡Magnus!? – El rubio intentó soltarse, sentía el cansancio crecer con cada segundo, pero Magnus le tenía la mano firmemente sujeta y le impidió retirarla sino hasta poco después.

- Necesitamos buscar el arma – Dijo incorporándose, no había absorbido toda la fuerza de Jace, no podía dejarlo exhausto en medio de una batalla, pero si la suficiente para que la herida en su brazo cerrara a la vez que estiraba la palma susurrando rápidamente en un idioma demoniaco.

Todo el suelo se cubrió de una especie de neblina azul y tan solo un par de metros más allá algo brilló en el suelo. Jace intentó incorporarse a prisa deteniéndose al sentir la cabeza darle vueltas.

- ¿Qué demonios me hiciste? – Gruñó el rubio.

- Mantente alejado de la batalla por un momento; yo me encargo – Ordenó el brujo corriendo a prisa para recuperar el arma.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Tessa se aferró el hombro al sentir el corte de la espada del medio demonio, necesitaba un descanso, hacía muchos años que no luchaba en una batalla; y enfrentarse a Sebastian era una lucha por demás exigente; Jem en cambio parecía tan diestro y ágil como siempre lo fue, o incluso más al no verse limitado por su enfermedad. El ex hermano silencioso atacaba a Sebastian sin descanso para permitirle a la cambiante recuperar el aliento.

Sebastian lo golpeó en el costado con el codo, causándole un feo corte con la espada en la pierna, pero un hechizo de Catarina tomó al rubio golpeándolo contra el techo. El chico Morgenstern lanzó su cuchillo serafín contra la bruja quien tuvo que liberarlo dejándolo caer para invocar un escudo en frente suyo que detuviera el cuchillo. Sebastian cayó de pie, arrebatándole el arma a uno de sus oscuros para arremeter nuevamente contra Jem, Tessa se incorporó nuevamente a la pelea, pero el rubio era demasiado ágil y diestro como para saber hacerse cargo de ambos.

Catarina invocó un nuevo hechizo para golpearlo, pero Sebastian se deslizó por debajo del ataque de Jem, golpeando al asiático por la espalda y empujándolo contra la bruja. Por un momento Tessa sintió como todo iba en cámara lenta, vio a Jem golpear contra el hechizo de Catarina y caer inconsciente, se escuchó a sí misma gritar, distrayéndose de la batalla el tiempo suficiente para que Sebastian la golpeara del costado arrebatándole uno de los cuchillos extras del cinto. Tessa cerró los ojos esperando sentir el filo del acero clavándose en su abdomen, y rezando a todo ser superior porque Jem estuviese bien. Pero nunca sintió el corte, abrió los ojos y notó como Sebastian había arrojado el cuchillo más allá, dándole de lleno en la cabeza a un hada que había intentado saltar sobre Alec.

Pero la sorpresa no pudo embargarla, Sebastian había vuelto la atención sobre ella golpeándola contra la pared; Tessa atacó con su cuchillo intentando defenderse, logrando atravesarle el pecho, casi por un segundo se permitió sentir el triunfo, un segundo que tardó Sebastian en hacerse con el cuchillo de ella y sacarlo de su pecho sin inmutarse en lo más mínimo.

- ¿Cuándo aprenderán? Necesitas más que eso para acabar conmigo.

- ¿Qué tal esto? – Sebastian apenas pudo esquivar la arremetida de Magnus que se había aproximado por detrás. Tessa se apresuró en alejarse, necesitaba conseguir un cuchillo serafín para no estar desarmada en medio de la batalla, e ir con Jem y asegurarse que estuviese bien. Sin embargo, se permitió volver la mirada por un instante para notar como, por primera vez, Sebastian perdía esa expresión de confiado al ver a Magnus empuñar la naginata que refulgía en el resplandor del fuego celestial.

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Jia cerró los ojos con aprehensión cuando el cuerpo de un nefilim partido en dos por un demonio cayó frente a ella. Cada segundo en la cueva era como revivir la batalla en Alacante de hacía un par de noches. Todos estaban cansados, habían tenido una batalla igual de fuerte muy reciente, sin embargo, ningún nefilim estaba dispuesto a bajar el cuchillo serafín, no cuando de ellos dependía que los demonios y el mismo Sebastian no volviera sobre la ciudad e hiriera a los jóvenes.

Vio con el rabillo del ojo a su hija Aline luchando codo a codo con Helem y un poco más allá como Patrick protegía a una jovencita. Sintió un alivio de saber que su familia se mantenía a salvo pese a la situación; y se apresuró en ayudar a su esposo, atacando por la espalda al oscuro que lo atacaba.

- ¿Están bien? – Preguntó.

- Perfectamente – Le sonrió Patrick; se veía cansado, pero no por eso su agarre al cuchillo serafín era flojo, o se detuvo en alzar la ballesta que tenía en la otra mano para disparar directo a un demonio Eidolom - ¿Y tú, Cossette?

Jia reconoció a la chica: era la nieta de la viejita que vio morir durante el anterior ataque, Cossette Montclair, se veía demasiado joven para estar en esa batalla, suspiró: no es como si su propia hija, Clary, Jace o Isabelle fuesen mayores. La muchacha asintió aferrada a su cuchillo serafín.

- No te apartes de nosotros – Ordenó Jia. Cossette asintió una vez más; sobresaltándose cuando un chispazo azul destelló en toda la cueva. Como el resto de los presentes, los tres voltearon en busca del origen, conteniendo una exclamación de sorpresa al ver a Magnus enfrentarse a Sebastian él solo.

Cossette también los miró, pero no se centró en ellos; podía ver algo más: Alexander, el chico responsable de la muerte de su abuela se había distraído también. Apretó la empuñadura de su cuchillo serafín escapando a prisa del cuidado de la cónsul y su esposo y se dirigió a por el chico, dispuesta vengar a su abuela.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Magnus tenía que admitir que debía agradecer que el mango de la naginata se partiera a la mitad durante la anterior batalla al instituto porque él no sabía manipular una que estuviese entera.

Sintió los bíceps gritarle de dolor ante la fuerza que mantenía naginata contra espada; Sebastian sonreía, realmente parecía complacido de tenerlo enfrente.

- Al fin podemos estar cara a cara Bane – Siseó, Magnus hizo un gesto semi estrangulado con el rostro que bien podía significar un "lo mismo digo"- Definiremos de una vez por todas quien es mejor para Alec, y cuando lo haga se acabará todo este jueguito de la guerra: me lo llevare a Edom.

- No es luchando contra ti que demostraré mi valía para Alec.

- La respuesta de quien ha asumido que ya perdió – Siseó con la punta de la espada perpendicular al cello de Magnus y enterrándola con fuerza, solo que el asiático invocó un escudo y ante el contacto con la espada un fuerte resplandor azul cubrió la cueva y apartó a Sebastian. Magnus se incorporó a prisa al igual que Sebastian; había borrado su sonrisa de los labios.

- ¿Crees que intentando acabar conmigo Alec olvidara como lo rechazaste, Bane?

- De alguna forma tengo que empezar – Dijo por encima del sonido del acero chocando entre sí; Sebastian se aseguró de que su piel se mantuviera totalmente alejada de la hoja resplandeciente de fuego celestial. – Pero antes de mandarte de regreso al infierno dime donde está Max.

- Ya se lo dije a Alec – Aseguró esquivando el fuego azul de Magnus – No viste como se puso…

- ¿Le dijiste…? – Magnus parecía sorprendido; mientras que la sonrisa de Sebastian volvió.

- ¿Qué pensabas? Oh, espera ¿También se enojaba así contigo cuando se ponía celoso? – Dijo con sorna, Magnus apretó el agarre del mango de la naginata al punto que los nudillos se le pusieron blancos -Aunque no me quejo, el sexo de reconciliación fue…

- ¡Cállate! -Rugió embistiendo contra él. Sebastian lo esquivó pateándolo fuertemente en el costado riendo con sorna.

- No puedo esperar a ver cómo será la reconciliación en Edom después de todo este desastre que me debe. – Siseó.

- Alec nunca volverá a tu lado – Aseguró – No voy a permitirlo.

- ¿Y crees que volverá al tuyo? ¡¿Acaso podrías amarlo sabiendo que toda su piel me perteneció?!

- Ya lo hice – Esta vez fue Sebastian quien embistió contra Magnus; el brujo interceptó la espada dándole un puñetazo en el rostro. Sebastian le tomó de la muñeca torciéndosela hacía atrás, pero Magnus no se dejó derribar soltando rápidamente la naginata para chasquear los dedos de la mano libre y hacer que una piedra golpeara al rubio. Apenas se vio liberado recuperó el arma, pero tuvo que echarse pecho tierra porque el rubio le había lanzado uno de sus pequeños cuchillos. Un par de palabras en Centhonian y Magnus le respondió con una lengua de fuego mágico que lo golpeó de lleno en el pecho.

- No me importa cuánto me lleve voy a deshacerme de ti brujo – Dijo apuntando a Magnus con su espada listo para volver a atacar - No podemos estar los dos en la vida de Alec.

- Al menos en eso estamos de acuerdo. – Replicó Magnus apuntándolo con la naginata, con la misma intención. Lo siguiente ocurrió demasiado rápido: La naginata de Magnus y la espada de Sebastian atravesaron el aire en dirección al otro en el segundo en que Maryse gritaba el nombre de Alec. Ambos voltearon a la vez y con horror vieron como una joven Nefilim atacaba por la espalda al chico, demasiado tarde para que este girara y reaccionara.

Y lo siguiente que se escuchó en la cueva fue el sonido del acero atravesando la carne.

Escuchó el sonido de los cuernos de la caza retumbar por todo el cielo. La reina Seelie sonrió observando cómo entre las nubes, los relámpagos y truenos alertaban del paso de la Caza Salvaje a todo galope sobre sus corceles, precedidos por sus sabuesos. La batalla en Idris había comenzado; y ganara quien ganara, esperaba que todos recibieran su merecido.

Sin embargo, no había mantenido por tantos años el título de reina si no supiera ser precavida. Había dado su palabra a su cortesana Kaelie de conservar a su nueva mascota, y para eso solo podía hacerlo si rápidamente se movilizaba.

Convocó a un par de sus caballeros ante ella; no tardaron en aproximarse, uno de ellos tenía algunas mariposas enlazadas en su cabello, señal de luto por el hada que habían perdido quemada en casa de Jaxx.

- ¿El brujo tiene el brazalete como ordené?

- Si mi señora, ha neutralizado su magia desde que fue traído al reino.

- Ya no será necesario, quítenselo.

- Pero señora – Contravino el hada con las mariposas. – Es peligroso, ya vio lo que le hizo a Kwing, como lo quemó.

- Y va a pagar por eso según nuestra ley – Aseguró Seelie – Pero no en Feéra; no nos conviene que nos cause problemas con la Clave – Los caballeros hada negaron con la cabeza, estando de acuerdo; Seelie sonrió- Es hora de que nuestros visitantes cumplan su destino fuera del reino.

- ¿Ambos? ¿También el niño?

- En especial él -Aseguró escuchando nuevamente el sonido del cuerno de Gwyn ap Nudd y sonrió, con todo el rasgo de la mitad demoniaca de su sangre reflejado en esa sonrisa. Ganará quién ganará esa noche, la cacería estaba teniendo un festín de sangre.

Por un instante fue como si el tiempo en la cueva se detuviera, las batallas, los oscuros, demonios, nefilims y submundos quedaron estáticos, pasmados cuando frente a la joven nefilim, Cossette, se prendió una hoguera de fuego.

Magnus se sintió palidecer libido de dolor ante el corte a un costado de su abdomen y vio al final de su mano extendida, la Naginata, su hoja ya no brillaba en fuego celestial y en cambio estaba totalmente cubierta en sangre, pero de Sebastian no había rastro. Recordó a Alec y volvió la mirada a prisa abriendo la boca totalmente sorprendido. Alexander veía el cuerpo prendido en llamas entre él y Cossette, tan sorprendido como todos.

Cossette había retrocedido incrédula, especialmente cuando del fuego celestial salió una luz oscura todos la observaron, había una presencia demoniaca tan solo en su esencia, se mantuvo por unos segundos sobre todos y de pronto sin más, estalló desapareciendo al instante y con ella, los oscuros que quedaban en la cueva empezaron a caer sin vida; sin embargo, todos apenas y lo notaron, las llamas habían disminuido dejando, a medida que la hoguera se apagaba, el cuerpo de Sebastian a la vista.

Alec lo observó sin habla cuando esos ojos esmeraldas lo miraron, dilatados de dolor. Sebastian intentó decir algo, pero de sus labios solo surgió borbotones de sangre antes de desplomarse al frente. El chico Lightwood no supo que lo empujó a hacerlo, pero se apresuró en sujetarlo para que no se diera de bruces contra el suelo, viendo, horrorizado, la espada de Cossette a medio enterrar en su espalda.

- Malcolm ayúdame a cerrar el portal – Se escuchó el grito de Catarina; debían aprovechar que la mayoría de los demonios habían vuelto a Edom huyendo del fuego celestial.

- ¿Magnus, estás bien? -Preguntó Tessa llegando hasta él, pero el brujo negó intentando caminar hacia Alec, la estocada de Sebastian no había llegado a hacerle un daño real puesto que el semi demonio había desaparecido de enfrente tan solo un segundo antes, pero no por eso lo había dejado ileso. Tessa lo sujetó antes de que cayera siendo ayudada por Simon que estaba cerca, sujetándolo entre los dos.

- Tengo que ir con Alec – Dijo el brujo. Los otros dos subterráneos asintieron ayudándolo a caminar, dejando caer la naginata ensangrentada; y, sin embargo, cuando llegó hasta él, solo sintió el dolor desaparecer y en cambio un vacío se instauraba en su estómago al ver al chico de los ojos azules, con Sebastian entre sus brazos, unidos en un beso lento.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Alec lo miró sin saber que hacer; no importaba cuanto tiempo pasara, sus ojos no volvían a ser negro, permanecían esmeraldas; y lo miraban como si estuviesen observando el mayor tesoro.

- Alexander…- Susurró, su voz suave, sin esa carga de odio que solía tener, más parecida al tono que usaba con él cuando estuvieron juntos.

- Jonathan…-Susurró y los labios del rubio se estiraron en una sonrisa mientras sus dedos trémulos se estiraban para acariciar la mejilla del ojos azules.

- Al fin…puedo tocarte…Alec -Dijo manteniendo su mano en su rostro - ¿Estás bien? – Alec asintió sin saber que más decir. Podía sentir la sangre del chico crecer en un charco en sus rodillas y ver a la gente que a su alrededor los observaba; vio a Jocelyn sujeta al brazo de Luke, observando con una mano en la boca, a Cossette en el suelo sin saber qué hacer, mirándose las manos, incrédula: ella había querido vengar a su abuela atacando a Alec, jamás habría pensado que lograría herir a Sebastian; vio también algunos nefilims queriendo acercarse para terminar de matar al rubio y a su familia discutiendo para evitar que lo consiguieran.

Y vio a Magnus, caminando herido en su dirección con ayuda de Simon y Tessa.

- Por favor…mírame -Susurró, Alec volvió la mirada a Jonathan – Sé que siempre lo has amado a él – Se refería a Magnus – Pero déjame irme viéndote a los ojos, siempre he amado su color, y lo sinceros que son.

- No vas a irte, un iratze tal vez… - Exclamó con pulso trémulo, sacando su estela para trazar la runa en Jonathan. Mientras marcaba su piel, su mente viaja al recuerdo de cada vez que vio esos ojos verdes mirarlo, un destello; cada momento en la casa de Idris… - ¡No… no está funcionando! – Se alarmó sintiendo como la sangre seguía manchando sus piernas; buscando ayuda con la mirada: Magnus ¿Sería muy egoísta de su parte? Quizás si le pedía…

- Está bien… No lo merezco Alec – Susurró Jonathan, su voz se iba apagando cada vez un poco más – Hice mucho daño... Pero…hay algo…Max… está vivo…

- ¿Qué? - Su corazón se aceleró y su cerebro se detuvo; no más recuerdos, no más Magnus, solo importaba Max - ¿Dónde…?

- Él…no pudo…lo llevó… - La sangre a borbotones lo interrumpió; Alec lo alzó un poco en un desesperado intento porque no se ahogará - No pudo hacerle daño…no podía lastimarte así – Aseguró – Te...te amábamos... No eran las pociones... él... yo...siempre te amamos Alexander – Alec sintió que perdía el aliento - Te amé... pe... pero él hizo... todo mal…o casi todo – Alzó la mano observando el anillo con la habilidad de transportarlo y sonrió casi con agradecimiento – Fue él… Sebastian quien te salvó…a pesar de todo…él me dejó atravesarme.

Una tos se apoderó del rubio y más sangre brotó de sus labios; su respiración se hacía cada vez más pesada y antes de poder notarlo las lágrimas estaban cubriendo el rostro de Alec; no hacía ni treinta minutos matarlo había sido la idea clara en su cerebro, y ahora que estaba muriendo en sus brazos lo único que había en su cabeza eran esos ojos verdes que había visto en más de una ocasión: en Praga mientras se besaban en aquella fuente, tras alguna caricia en la casa en Idris, la primera vez que estuvieron juntos; quizás, después de todo, lo que habían sentido, lo que habían vivido ambos, no había sido solo por esas pociones.

- Tampoco mintió… cuando dijo… te pertenezco Alec… - Sin embargo, sus manos fueron al anillo Lightwood en sus dedos, dispuesto a retirarlo para devolvérselo, pero Alec negó deteniéndolo y sin pensarlo mucho y se inclinó sobre Jonathan, sus manos entrelazadas mientras sus labios se unían a los suyos en un beso suave, un beso mezclado con lágrimas; un beso de despedida.

Al separarse la sonrisa de Jonathan era aún más amplia, y sin embargo estaba algo velada por la inminencia de la muerte.

- Nunca…me había sentido…tan ligero – Susurró con una última caricia antes de que sus ojos se apagaran y su mano cayera sin pulso en el suelo, dejando un sepulcral silencio a su alrededor.

Alec no se atrevió a moverse por casi un minuto entero; era mucho lo que digerir, mucho que procesar, Sebastian…Jonathan…Max…él mismo.

Cuando alzó la mirada finalmente fue el pálido rostro de Magnus el primero que encontró, más no se sintió capaz de mantenerle la mirada, no se atrevía a indagar qué pensaría el brujo con lo que había ocurrido.

- Jo…Jonathan – Susurró Jocelyn acercándose con paso trémulo sin poder creerlo; su rostro lleno de lágrimas incrédulas – Era Jonathan…

La batalla había terminado: Sin demonios, oscuros o Sebastian al cual hacerle frente; muchos veían a Alec como al único enemigo aun presente, y con cada segundo que pasaba eran más los que se daban cuenta de eso.

- Alec…-intentó Magnus tratando de que su voz sonara entera; después de todo lo que habían pasado, todo el daño, esa batalla, Alec derramaba lagrimas por ese monstruo, lo besaba frente a todos y sin embargo él solo pensaba en cuanto necesitaba que lo viera, que entendiera que tenían que sacarlo de allí cuanto antes por su seguridad. Sin embargo, fue demasiado tarde, Jia se adelantó antes de que alguien más lo hiciera y lo atacara, y con voz solemne exclamó

- Alexander Lightwood, en nombre de la clave, estás bajo arresto.

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¿Qué les pareció? Raziel, aun no me creo lo que mis deditos han escrito Y_Y Ahora Alec ¿Que va a hacer consigo? ¿Y que va a hacer la clave? X_X

El próximo y ultimo capitulo se llama "Juicio" y pues, nos vemos la próxima semana con él :P

Nos leemos pronto
besos :3