¡A leer!
28: Ruego Por Un Beso
La noche se turnó helada para estar en pleno verano, pero claro, para Damon en esos momentos todo parecía frío, solamente llevaba puesto una chaqueta y unos pantalones finos de chándal, no iba que digamos muy abrigado para ser más de las una de la madrugada. Edimburgo no se caracterizaba por ser una zona muy calurosa en verano casi se podría decir que es todo lo contrario, por eso la gente, tendía a ir más abrigada a ciertas horas.
Damon iba a coger un buen constipado, pero no le importaba porque sus ojos estaban fijos en la figura delgada y madura de la multitud, ¿por qué había tanta gente en la calle ahí parada? porque Damon había optado por dirigir toda su frustración contra un auto mal aparcado, en cuanto la alarma saltó la multitud del restaurante se asomó, todo el mundo le miraba, pero esos ojos castaños eran los únicos que le importaba.
Era Miranda Gilbert.
Pero eso era exactamente lo de menos, Damon sabía que en la vida nunca había tenido suerte y cruzarse con esa mujer en mitad de la nada era el claro ejemplo que demostraba su teoría, no es que maldijera a los cuatro vientos por coincidir con ella, ella no le conocía para nada, seguramente tendría sus ojos puestos en él por lo mismo que las demás personas allí presentes pero aún así, una parte de él, temió que esa mujer no estuviera viendo a un loco sino a un familiar de Robert.
Una tontería.
Robert y él no compartían la misma sangre. Sin pensarlo sonrió con elegancia a la mujer y desapareció calle abajo, casi se sintió amenazado por lo que aceleró a mitad de su camino temiendo que alguien pudiera seguirlo.
Alcanzó la calle donde se encontraba su apartamento recordando entonces que ahí es donde se encontraba Elena, no quería enfrentarse a ella todavía pero tampoco le quedaba otra que hacerlo.
Subió las escaleras hasta su cuarto, no queriendo mirar en dirección al de la chica; repasó los informes que estaba preparando contra Mason, si, podría estar en eso un par de horas más y dormir en la mañana, sería una opción ya que Mason ni se molestaba en enviar misiones patéticas para entretenerlos.
La oscuridad de su cuarto le tranquilizó y le aterrorizó a partes iguales, estaba solo, por primera vez en la vida sentía la soledad de su habitación ni siquiera cuando perdió a Caroline se sintió así.
Obvió encender la luz, no estaba para eso, se deshace de la chaqueta lanzándola a un punto muerto de la habitación y lo mismo hizo con los zapatos, evitando el ruido esta vez no quería tener a Ric comiéndole el tarro ni al idiota de Enzo dando por culo por todos lados, justo cuando iba a lanzarse a la cama y dormir pudo divisar una figura en el umbral de la puerta.
No necesitó saber quien era.
Ni tampoco que quería.
Solo se acercó con todo su autocontrol e intentó impedirle entrar, exactamente lo mismo que hizo ella antes.
- Damon -le suplicó sujetando la puerta, el chico no estaba ejerciendo mucha fuerza pero en verdad quería echarla de allí por lo menos necesitaba unas horas más para calmarse, pero ver en los ojos de su ángel un poco de esperanza le hizo reafimarse en sus decisiones.
Él no se dejaba manejar por niñas.
Cerró con fuerza, le importó una mierda si la chica se hacía daño o no, él ya tenía el corazón roto como para permitir que Elena hurgara más en la herida aún abierta.
- ¡Damon, por favor! Lo siento…-golpeó la puerta con los nudillos evitando hacer el menor ruido posible, desde que había hablado con Ric no había dejado de pensar lo mal que había actuado con Damon ni siquiera le había hecho ninguna pregunta clara, simplemente había desconfiado de él y basta, ¿por qué debía creer a Enzo sin una explicación previa? ¡Podría haber sido fruto de los celos!
Se sentía como una estúpida por lo que golpeó la puerta con más fuerza aún, sabía que el chico había trabado la puerta, le había escuchado poner algo pesado por lo que se ahorró el intento estúpido de apartar lo que hubiera.
- Damon por favor...lo lamento mucho, fui una idiota… -sollozó dejándose caer contra la puerta- Confíe en Enzo antes que en ti...lo siento.
"¿Enzo?" Damon se removió, se había quedado sentado pegado a la puerta para evitar que la chica intentara entrar y ahora se estaba arrepintiendo, ¿acababa de nombrar a Enzo? ¿¡por qué!?
- Ni siquiera te conozco Damon y aún así he dejado que te metas en mi corazón, créeme me siento mal por desconfiar pero Ric, el me hizo darme cuenta, lo siento, ábreme, hablemos y después me echas pero…
Las palabras le quemaban la garganta, se le atoraron de tal forma que no era capaz de decir nada conciso o con sentido, sollozó con fuerza, suplicando a la nada que el chico le diera una oportunidad no podía creerse que en menos de unas horas ella estuviera ocupando la misma posición que Damon; se sentía como una mierda en esos momentos, no quería que el vecindario o sus propios amigos la escucharan pero ya no le importaba, solo le bastaba con oír a Damon una última vez.
La puerta se abrió un poco lo suficiente para darle un poco de luz a esa oscuridad que se reflejaba en el corazón de ambos.
- Damon…-sorbió.
El chico le ofreció una mano para que se levantara, verla destrozada ya era suficiente dolor como para añadirle que estaba tirada a sus pies, eso le hacía sentir la peor persona del mundo; Elena tomó su mano, el mero contacto con su piel les hizo revivir a ambos todas esas noches donde se dormían en los brazos del otro, echaban de menos eso.
Los dos entraron en la habitación y se sentaron juntos en la cama, ninguno dijo nada los primeros minutos esperando que fuera el otro el que empezara con sus reproches.
- Escuche a Enzo antes que a ti, es mi error -se mordió la lengua con fuerza y miró sus manos unos segundos- Lo siento en verdad, pero necesito.
- ¿Qué te hizo cambiar de opinión? -la chica le miró a los ojos, Damon tenía la mirada perdida, otra vez hundida en una oscuridad que ni ella tenía acceso- Digo fuera lo que fuera, ¿qué te hizo retractarte?
- Alaric, nos escuchó y vino…
- Oh, si, Alaric al rescate -ironizó.
- ¿No quieres saber que me dijo? -el chico se encogió de hombros, conocía a su amigo sabía que le habría defendido- ¿Ni tampoco lo de Enzo?
Quería saberlo, quería ir y tener un motivo para partirle la cara pero deshecho la idea tan rápido como vino, no quería seguir discutiendo estar con Elena le bastaba para olvidar las últimas horas, ambos necesitaban hablar si, pero no en ese momento, ahuecó su rostro entre sus manos.
- Eres mía, solo mía -susurró acercándose a sus labios, la chica tragó saliva ante su cercanía iba a dejarse pero entonces recordó las palabras de Alaric, Damon había sufrido y ella ya estaba cansada de no saber nada.
- Espera.
El chico retrocedió pero mantuvo el contacto físico enredando sus manos con las de la chica, temía que Elena volviera a romper ese lazo pero mantuvo la esperanza.
- Damon, tenemos que hablar un poco...no podemos simplemente besarnos y dad por hecho que todo está bien, he desconfiado de ti porque no sé nada, Damon -se soltó de su agarre para abrazarlo pero el chico se lo impidió, no es que no quisiera abrazarla es que estaba tocando un tema que él no quería ver, ya no buscaba sus sentimientos, buscaba algo de su pasado y eso simbolizaba un terreno que él no quería tocar.
- Elena, será mejor que te vayas, no sé que te habrá hecho desconfiar de mi pero acéptalo, es verdad.
Elena dejó caer la mandíbula de la sorpresa, ¿hablaba en serio? ¿después de todo rehuía buscar la verdad? Tal vez Enzo si tuviera razón después de todo; apartó esas ideas de la cabeza a un segundo plano, más tarde se preocuparía de eso, si era verdad les plantaría cara a todos, no importaba cómo ni cuando pero lo haría.
- No voy a irme a ninguna parte -se cruzó de brazos, acomodándose en la cama- Duermo aquí.
- No, duermes en tu cuarto -quería sonar apacible pero sonó rudo, la chica ni se inmuta- Elena, no me obligues a tomar medidas.
- Pues vas a tener que tomarlas porque de aquí, hasta que no hablemos, no me muevo, tengo todo el tiempo del mundo, ¿y tú?
Bufó, claramente molesto por la situación, no es que prefiera que Elena le esté apartando de por vida ni tampoco que esté ahí, buscando respuestas pero, ¿qué quería entonces? ¿que le odiara o que estuviera a su lado?
- Damon llevo tragándome mi orgullo desde que llegamos a Edimburgo, estás raro, y mi duda es, si es por mi...o por algo más. ¿Vas a…?
- Mi familia vive aquí -susurró molesto, mirando en cualquier dirección menos a los ojos de Elena, la chica procesó la información antes siquiera de poder decir o hacer nada- La familia de mi madre quiero decir.
- Pero, eso es fantástico, ¿no? -dudó al ver la mueca de disgusto del chico- Lo siento, pensé que…
- Elena nos abandonaron como perros -se mordió las uñas de los dedos como una forma de concentrarse en cualquier cosa menos en lo que estaba diciendo, le estaba hablando, a alguien ajeno a su mierda, de la verdad, eso le estaba costando horrores- Cuando mi madre se casó con mi papá, su familia la desheredo, decían que el trabajo de mi padre acabaría matándola -rió cínico- Que equivocados estaban...murió él.
- Oh, Damon -musitó no estuvo segura de si él la había escuchado o no porque continuó hablando sin mirarla sumido en sus pensamientos.
- Cuando mi padre murió mi madre lo pasó muy mal, los primeros años fueron horribles hasta que conoció a...Él -no iba a decirle el nombre ya era bastante trauma todo esto como para añadirle un nombre que seguro la chica recordaría más tarde- Parecía un buen tipo, tenía ocho años y su hijo, Silas, dieciocho, al principio me dieron mala espina, normal, era el hombre de la casa y ahora llegaban "esos".
Damon relató por encima lo que fueron los primeros meses de tener a esos dos hombres rondando su territorio, el principio no fue malo, todo lo contrario trajeron luz y paz a esa casa repleta de oscuridad incluso una sonrisa permanente se instaló en el rostro apacible de Elsa, pero lo peor vino al año, cuando de la noche a la mañana, decidieron consolidar su noviazgo.
Se casaron.
Elena quiso decir que era perfecto pero el rostro de Damon le mostraba algo muy diferente, sin pensarlo mucho se acercó a él, tumbándose en su regazo, el chico de forma automática comenzó a acariciar el cabello de la castaña mientras continuaba hablando.
- La primera vez...fue terrible.
Damon había pasado ese fin de semana en la casa de Jeremy jugando a la consola y viendo películas de lucha libre junto a un Matt un tanto nervioso-debido a que tenía vacuna a los dos días-en si el fin de semana había sido de lujo pero por casualidades de la vida Jeremy se había puesto muy malito la noche del domingo, y Martín había tenido que llevar a los dos niños a sus respectivas casa.
Martín era el primo de Jeremy, tenía veinte años por ese entonces, se llevaba muy bien con los pequeños y no tuvo ningún inconveniente en llevarlos a sus casas para no preocupar a los padres, fue Matt al primero que dejaron en el bar de su madre ya que les pillaba más a mano, Damon estaba receloso por volver a casa, ya que se encontraría solo con Silas, pues sus padres iban a pasar el finde en Ibiza o algo así pero no mostró en ningún momento sus problemas no quería preocupar más a Martín, tenía nueve años no era idiota.
- Gracias por traerme -al ver sus intenciones de subir la pequeña colina para llegar a la mansión negó con la cabeza- Es mi terreno, sé manejarme.
Era cierto. Conocía cada trozo como la palma de su mano y aunque todo estuviera oscuro las luces de las farolas iluminaban el camino, se vio tentado de esconderse en la casa del árbol pero viendo lo tarde que era y que Isobel pudo haber llamado a su casa decidió correr hasta el interior, tenía llave por lo que no tendría que molestar al ama de llaves.
Oh, no había más ama de llaves, ni sirvientes ni nada ya que Robert no quería a nadie ajeno a la casa, una tontería pensó Damon en su momento pero ahora le fastidió bastante, si hubiera alguien como Liz no tendría que molestar.
Se propuso recuperar a esa mujer pasase lo que pasase.
Entró a hurtadillas, procurando no hacer más ruido de lo normal, no se oía nada, tampoco era tan tarde e incluso pensó en la posibilidad de que Silas estuviera estudiando con unos amigos lejos de allí.
Subiendo las escaleras sintió un ruido, miró por todos lados, localizando el despacho, que una vez fue de su padre y ahora era de Robert, una luz se encendió ahí y otro ruido mucho más fuerte resonó en la casa, asustado a la par de curioso bajó unos escalones para poder escuchar mejor y así atreverse a entrar.
" Eres un hijo de puta…" -era la voz de su madre, si, tenía que ser su madre, ilusionado y al mismo tiempo asustado bajó hasta el piso para poder correr a abrazarla y contarle el lavado estomacal que iban a hacerle a su amigo pero se quedó rígido cuando oyó el grito agudo de su madre.
Ni se dio cuenta de que estaba llorando hasta que notó las manos de Elena rodeando su rostro y consolándolo, ¿cuándo se había vuelto tan sensible? Tal vez siempre lo fue y hasta ahora no se había dado cuenta.
- Lo lamento mucho Damon -acarició cada sílaba como si se tratara de algo muy frágil, buscó sus ojos, encontrándose con una tormenta en ellos- Damon, cariño.
- El pasado es pasado…-quiso quitarle importancia, no quería destrozar a Elena con esto, no después de todo lo que le había hecho.
- Damon no -le cortó, rodeándole el cuello con sus brazos- No hagas eso, no te encierres en tu burbuja personal, déjame entrar.
- No podrás salir nunca -bromeó, pero la sonrisa no llegó a sus ojos- Lena en serio, no hagas eso.
- ¿Hacer qué? -le preguntó- ¿Cuidarte? ¿Protegerte?
- No, llegar a mi. No hagas eso, no intentes llegar a mi.
- ¿Por qué no, Damon? ¿A qué tienes miedo?
- ¡A perderte Elena! ¡A que me enamore y que te pierda, porque te voy a perder, es cuestión de tiempo! -gimoteó, apartándose de los brazos de la castaña, al estar anonadada por la confesión pudo zafarse de su agarre.
- ¡No vas a perderme Damon! Ese va a ser tu puto problema -le amenazó.- Vas a tenerme a tu lado, siempre.
- No existen los…
- No, existo yo. -cruzó la habitación para lanzarse a sus brazos, unió sus labios unos segundos con los de Damon, el chico no se movió ni correspondió el beso pero se mantuvo ahí, sintiendo ese torrente de emociones que le provocaba estar cerca de su ángel.- Y es más que suficiente.
Damon no lo dudó, se acercó a su boca, capturando sus labios en un beso salvaje, sus manos viajaron hasta su espalda, introduciéndose debajo de la camiseta, la chica jadeó al sentirle, pero no le importó, ahora ya no, llevaba deseando eso desde hacía mucho tiempo, le empujó levemente, pegándole a la puerta del cuarto y capturó sus labios, clavando sus uñas en su cabello negro.
- Eres mía.
Damon acarició su cuerpo con ternura, deleitándose unos segundos más hasta arrancarle de un tirón la camiseta del pijama, sus pechos, totalmente jugosos y perfectos quedaron al descubierto, Damon se lamió los labios con prevención, empujando a la chica hasta su cama.
- Totalmente mía -susurró capturando un pezón con sus dientes, la chica se retorció de placer y dolor a partes iguales, sin saber muy bien cómo comportarse clavó sus manos en su espalda, mientras Damon jugaba con las sensaciones que le provocaba su tacto, tras hartarse de un pezón, capturó el otro no sin dejar cubierto toda la zona de besos húmedos y pequeños mordisquitos.
- Damon…- jadeó, buscando su boca le besó con fuerza y verdadero deseo, quedó encima de él, bajó las manos con cuidado, introduciéndose dentro de los pantalones del chico, el cual jadeó al sentir las pequeñas manos de Elena sobre su pene, más que erecto por la situación.- Yo…
- Shh…-le puso un dedo en los labios, y sacó la mano de la chica de sus pantalones para ser él el que se desprendiera de la prenda, no quería asustar a la chica, vale que había pasado más de un mes de lo sucedido en ese bar y que ella confiaba plenamente en él pero no iba a hacer nada que ella no quisiera- No tenemos porque…
- ¡Calla! -le ordenó deshaciéndose de la ropa que le quedaba para estar solamente en braguitas- Te quiero a ti y ahora.
Damon se quedó un poco pasmado por la revelación pero no le dio muchas vueltas cuando sintió que la chica de la cual estaba enamorado se estaba entregando completamente a él, como esa noche en las duchas, pero ahora mucho mejor, porque tenía muy claro que la amaba con locura.
Sin pensarlo la abrazó con fuerza, provocando que la chica enredara sus piernas en su cintura, la besó con pasión, sus lenguas jugaron a esa batalla que solo ellas podían ganar, mientras Elena enredaba sus dedos en el cabello para tirar con más fuerza de Damon.
" Te amo ", pensaron al unísono sin atreverse a decirlo con palabras, se separaron unos segundos, capturando el momento en sus memorias, para Elena, ver a Damon así tan débil y al mismo tiempo tan excitado era algo que provocaba un cosquilleo intenso en su sexo, y en el caso de Damon, la figura desnuda de Elena, con los ojos vidriosos y con esos hermosos labios era lo que él podía denominar como una diosa, la tumbó levemente en la cama y comenzó un recorrido de besos húmedos por todo su cuerpo, recibiendo como respuesta jadeos y gemidos de sus labios, le encantaba saborearla, su piel era hermosa en muchos sentidos pero su sabor, ese sabor que rompía todos sus esquemas era mortal.
Alcanzó su estómago y lo besó con delicadeza, extendiendo sus manos hasta alcanzar sus senos.
- Damon…-jadeó excitada, tiró de su cabello con la fuerza suficiente para capturar su atención, el chico con una sonrisa perversa corrió hasta sus labios besándolos con pasión- Oh, Damon…
- Soy tuyo, pero, si no quieres…-susurró contra su piel, lamiendo y mordisqueando por todos lados, la chica se retorcía de placer debajo de sus manos- Solo tienes que decirlo.
- Damon…
El aludido bajó la cabeza, repartiendo infinidad de besos, rozando con la nariz el bajo vientre de la chica, solo una señal y el pararía no pensaba continuar con esta locura si ella no estaba de acuerdo.
- Si quiero… -musitó- Te quiero a ti.
Damon no dudó, tras darle un beso pasional rozó con sus dedos la vulva de la chica, comprobando lo húmeda y lo lista que estaba para él, se separó de su boca para introducir su lengua en su sexo, la chica gritó de placer, a ninguno de los dos le importó que alguien pudiera oírles llevaba deseando esto desde hacía mucho tiempo. La castaña clavó las uñas en las sábanas, tiró con fuerza de ellas mientras el chico saboreaba el clítoris de Elena haciéndola rabiar y ver luces de colores por todos lados.
- D...Damon…
Pasó la lengua por encima de su sexo, para después introducir dos dedos, estaba preparada, las paredes se contraen con la intensidad de las embestidas, estaba lista pero no lo suficiente para Damon, el cual se extendió para capturar un pezón con su boca, para Elena esto no era el paraíso era lo siguiente, estaba a punto de correrse con fuerza cuando notó el miembro de Damon en su entrada, se tensó.
- Tranquila, shh, calma cariño...nunca te haría daño -esas últimas palabras resonaron en su cabeza con fuerza mientras se introducía en su interior.
- Ah…-gritó, fue un grito desgarrador que provocó que la chica clavara con fuerzas las uñas en la espalda de Damon, ambos mantuvieron un ritmo constante mientras Elena se acostumbraba al miembro de Damon.- Uff...Damon…
El chico apretó con fuerza el agarre de las sábanas para no correrse antes que Elena bastante duro estaría siendo para la chica como para que él aumentara el ritmo hasta alcanzar el clímax y la chica se llevara la peor experiencia de su vida, no estaba dispuesto. Murmuró algo inaudible y con toda la fuerza de voluntad introdujo un dedo a la par para rozar y masturbar el clítoris de la chica; lo que Damon no sabía es que Elena estaba en el éxtasis ahora mismo, el dolor inicial había dado paso a un placer inexplicable
- ¡Damon! -clavó sus uñas con más fuerza, casi podía notar la sangre corriendo por su espalda, el aludido aumentó el ritmo de las embestidas, hundió el rostro en el cuello de Elena repartiendo como pudo diversos besos húmedos, ambos se corrieron con la misma intensidad, alcanzando el clímax con el nombre del otro entre sus labios.
El chico cayó rendido pudo sentir como las manos de Elena se enredaban en su cuerpo, como si estuviera protegiéndolo de algo o de alguien, fue tierno porque en realidad si que le estaba protegiendo, de todos los fantasmas de su pasado.
"Te quiero"
Eso era lo único que se escuchaba en sus mentes pero ambos apartaron esos pensamientos lejos, en un hueco profundo de sus subconscientes.
- ¿Damon?
- ¿Hmm?
- Me aplastas -susurró.
- Oh, perdona -rió bajito saliendo de su interior y apoyándose en las almohadas, ambos estaban sudados y sentían como el calor del verano hacía mella en ellos con fuerza.
- No te he dicho que te alejares, ¿eh? -le golpeó acurrucándose en su pecho desnudo- Me gustaba tener ahí -susurró.
- Sé sincera te gustaba tener mi polla ahí dentro.
- ¡Bestia! -rió.
- Es verdad -se volvió para besar con ternura sus labios- He sentido como te corrías…-susurró provocando que el sonrojo se extendiera con más fuerza por todo su rostro- ¿Sabes? El color de tus mejillas refleja el color de tu coño…
- ¡Damon! -se apartó de él unos centímetros para poder cubrirse con la fina sábana, pero el chico no se lo permitió ya que la tomó de la cintura para tenerla aún más cerca- Tonto.
- La boba eres tú, no sabes lo hermosa que eres cuando estás así.
- ¿Desnuda?
- No, natural...te quiero así todos los días de mi vida -besó su hombro desnudo sin darse cuenta de la intensidad de sus palabras.
La castaña se acurrucó en su pecho, abrazando su torso desnudo, le daba igual que estuvieran pegajosos o sudados ella quería descansar, y a él parecía no importarle porque ambos estaban exactamente donde querían estar.
Los rayos de sol entraron con fuerza reflejando el cuerpo semidesnudo que dormía aún en la cama, el moreno se removió incómodo al notar la calidez de la mañana, intentó cubrirse con la almohada pero la intensidad de la luz le había desvelado por completo, si se incorporaba para cerrar las ventanas no podría volver a dormir.
- ¡Quiero dormir…! -bufó exasperado, tapándose lo máximo posible con las manos estaba a punto de rendirse cuando notó que las cortinas se echaban solas- Gracias… -susurró agradecido pero justo cuando iba a intentar dormir de nuevo sintió como alguien se sentaba a su lado y acariciaba su cabello, sonrió pensando en Elena, en la noche tan magnífica que habían vivido juntos, no se arrepentía- Hmmm...te amo…
- Yo también -le apartó los brazos para dejar ver la figura esbelta de su ángel, llevaba el pelo recogido en una coleta alta, con maquillaje ligero y un vestido veraniego de color caramelo, era hermosa no hacía falta ser un genio para saberlo, olvidando que tenía sueño se volvió para abrazarla justo cuando notó el vientre abultado- Nuestro bebé también te quiere -acarició su vientre donde ambos notaron una especie de patadita, miles de sensaciones pasaron por la cabeza de Damon, desconcierto, miedo, horror, alegría, ilusión y se quedó esta última, ilusión la sonrisa del chico fue la más sincera que hubiera visto nunca, abrazó a Elena con fuerza depositando miles de besos por todos lados.
- Te amo -repitió mientras besaba su cuello y se deshacía de ese vestido tan molesto, quería ver a su bebé y a su mejor, las quería a ambas, cuando bajó se encontró con un vientre plano perfecto, frunció el ceño, y elevó la cabeza para encontrarse con la sonrisa de Elena, parecía mucho más vieja y tenía el pelo corto un poco rizado.
- ¿Damon? -preguntó extrañada acariciando su mejilla derecha- ¿Sucede algo, amor?
- ¡Papá, mamá! -un remolino de cabellos negros entró en la habitación, Damon se quedó estupefacto al verlo, era un niño de unos cinco años de pelo negro y ojos azules- Mamá...papá…¿puedo ir a casa de Jer, hoy?
- Si a papá no le importa… -miró a Elena un momento, su luz estaba ahí abrazando a su yo más pequeño cuando Damon asintió levemente, no tenía muy claro que estaba pasando, cerró los ojos unos segundos cuando sintió que una migraña se instalaba en su cabeza, cuando los abrió se encontró en una sala, una especie de despacho, ¿era el de Mason?
- Lo siento…¿vale? No quería -la voz de su ángel le rompió el alma en mil pedazos, se giró encontrándose a Elena totalmente destrozada en una esquina del despacho, llevaba puesto un traje de gala azul celeste con el pelo recogido en un moño elaborado, era hermosa si pero lo que le mató fue ver el golpe en su ojo derecho y como de su perfecto labio caía un hilo de sangre.- Damon...por favor…
¿Damon?
Miró por todos lados cruzándose con un espejo, tenía una de las manos doloridas, sus nudillos estaban rojizos, ¿había golpeado a Elena? No, no, retrocedió y cuando sus ojos se cruzaron con los de su ángel vioodio, ira y decepción.
- Tu me has hecho esto, Damon, tú...eres el monstruo -el chico retrocedió pegándose un buen golpe con la pared, se giró bruscamente descubriendo que no se trataba de la pared sino del cuerpo de su hermanastro Silas junto a Amara, la risa sarcástica de Robert le hizo girar la cabeza hasta Elena, Robert la abrazaba.
- ¡Aléjate de ella! -gritó intentando lanzarse sobre él pero los brazos de Amara y Tom se lo impidieron- Apártate, ¡Elena!
- Tu me la has entregado, ¿no es cierto? -acarició sugestivamente su cintura- Ahora es mía...pero tranquilo Damon el único asesino aquí, eres tú.
- ¡NO! -gritó desgarrándose la garganta con mucha más fuerza, después de gritar sintió como le hervía el cuerpo entero, se giró bruscamente pero Elena no estaba en ninguna parte- No, no, no…¡Elena! ¡Elena! -gritó con lágrimas en los ojos, salió de la cama con torpeza casi no se preocupó por su desnudez, salió de su habitación justo cuando Alaric acompañado de una Elena desesperada subían por las escaleras.
- ¡Damon! -gritó Ric al ver a su amigo apoyado en el marco de la puerta llorando como un cachorrito, la castaña sin saber muy bien que hacer se adelantó para abrazarlo pero Damon no entraba a razones no sabía qué hacer ni que decir- Tío, es solo una pesadilla, él no está aquí, no ha pasado nada.
- Hey, estoy aquí contigo -buscó su mirada pero lo único que encontró fue una oscuridad inmensa- Damon cariño…
- Elena déjale -intentó tirar de ella pero la chica se zafó de su agarre buscando una forma de llegar a él- Cuando se pone así es casi imposible Elena, escúchame -se agachó a su lado.- Ha sido una mala pesadilla.
- Lo sé, lo que no puede ser es que ese cerdo aún tenga acceso a Damon de esta forma -gimoteó al sentir como el chico temblaba entre sus brazos- Joder, es Damon no debe ser así, el es fuerte...no… -cerró los ojos y enterró su rostro en los cabello azabache de su héroe.
Damon tardó una media hora en confiar en la gente que estaba a su alrededor porque su cabeza no dejaba de mostrale trozos de su pesadilla como si realmente fuera real, justo cuando se separó divisó que su ángel seguía a su lado, incluso se había quedado dormido pero Alaric no, el estaba ahí sentado en el suelo enfrente de la pareja.
- Hey -saludó a su amigo suavemente- ¿Me ayudas?
- Gilipollas.
- Lo lamento.
- La has asustado.
- Lo sé.
- ¿Te has acostado con ella?
- Ric.
- ¿Has cambiado de opinión? ¿Vas a decirle la verdad? ¿Te vas a quedar con ella y mandar todo esto a la mierda? -Damon no respondió- Ah, vas a seguir con tu venganza, ¿y ahora qué?
- No me presiones.
Tomó a la chica en brazos y la depositó en la cama, su teléfono vibró, lo sacó comprobando que se trataba de Katherine.
- ¿Novedades? -susurró.
- No, solo venía a avisarte de que tenéis a Miranda Gilbert dando vueltas por la zona residencial, que Elena no salga si queremos seguir con la misión para parar a Mason sino dejad que se vaya.-
- Gracias.
No pensaba darle más explicaciones colgó y se dirigió al vestidor, Alaric lo siguió de cerca viendo como su amigo se vestía y cogía las llaves de la moto.
- ¿A dónde vas con eso?
- A dar una vuelta.
- Damon.
Pero no entró en razones salió con la moto sin ninguna dirección ni tampoco con nada claro aún, solo quería despejarse y era posible averiguar porque esa mujer le rompió el corazón a Robert, no es que le echara las culpas de nada pero tenía la necesidad de hablar, estacionó en una esquina al darse cuenta de la tontería que estaba pensando, ¿cómo iba a hablar con ella? Ni siquiera sabía quien era como para que le escuchara.
- Tu.
Se giró bruscamente encontrándose con la figura de Miranda Gilbert, llevaba el pelo recogido con unos ganchillos, un maquillaje ligero y ropa de calle nada parecido a la ropa que llevó la noche anterior.
- ¿Nos conocemos? -bromeó Damon para quitarle hierro al asunto.
- Tenemos a mi hija en común.
Damon dudó unos segundos sabía que no estaba rodeado había asegurado el perímetro mientras venía, tampoco estaba tan cerca de la casa, estaba seguro pero aún así dudó en contestar.
- ¿A cuál de ellas? ¿Al angelito o a la zorra? -bromeó pero por el rostro de Miranda se arrepintió nada más decirlo- Es usted la que no sabe quien soy. Soy ese pobre niño que vivió un infierno a manos de...Robert…
No hizo falta decir un apellido ni nada más para que Miranda supiera de quien estaba hablando, nunca pensó que volvería a oír ese nombre nunca más, pero ahí estaba, ese chiquillo con el alma destrozada nombrándole a ese hijo de puta.
La vida era cruel.
Hasta aquí un nuevo episodio, he tardado más en actualizar porque he estado ocupada (muchos exámenes y demás) también porque he estado, junto a BlueShadowAR y lunaibeliveinmagic escribiendo una historia que encontraréis en nuestros perfiles, como sea, he estado bastante desconectada pero en una semana o así empiezo a compensar y a escribir más tanto en Calle Bourbon como en SCOM, os lo prometo.
¿Qué os ha parecido el episodio? Casi no he tenido tiempo de leer vuestros comentarios por lo que no sé si alguien acertó con los spoilers, pido disculpas si alguien lo hizo y no le envié avance. De verdad con todo estoy a full, casi no respiro, es lo que tiene estar en el último curso antes de empezar la universidad.
A ver si sobrevivo.
Hoy no me voy a parar a dejar spoilers porque tendría que revisar el siguiente episodio y aún no lo he hecho, lo único que puedo decir es que esta semana tendréis actualización de Calle Bourbon y espero que también de SCOM.
Espero vuestros reviews.
