Harry salió corriendo al año mientras Ron y Hermione montaban los sacos de dormir.

-Le duele la cicatriz –Susurró Hermione con voz temblorosa.

-No entiendo porque se empeña en ocultárnoslo. –Le contestó Ron mientras observaba atentamente la sala. Había poca luz, y aunque había una pequeña capa de polvo en los muebles no parecía que ningún animal se hubiese instalado allí. –Tendremos que dormir en el suelo a menos que prefieras que durmamos todos en una cama.

Hermione enrojeció ante la oferta. –No me fio de los colchones. Podríamos haber llenado un libro describiendo todos los bichos que sacamos. Lo único que parece limpio es esta sala.

-Pues duerme en el sofá.

-¿Qué? ¿Y vosotros donde dormís?

-En el suelo –Respondió Ron con las manos en los bolsillos de los pantalones. Hermione se quedó parada al ver la tranquilidad y serenidad que desprendía.

-No es justo. Dormiré en el suelo. Como vosotros. –Hermione frunció el ceño y puso los brazos en jarra, tratando de imponerse.

-Eres una chica. Duerme en el sofá. Además eres la que más trabajo ha hecho, de momento. –Pero Hermione soltó una carcajada. Ron la observó como si se acabase de volver loca de remate.

-A sí, que ahora, sí que soy una chica. –Respondió divertida.

-Siempre lo has sido. Solo que yo no me había fijado. –Hermione frunció el ceño y rodó los ojos. –Quiero decir, no porque no fueras guapa ni anda de eso, sino que como eras mi amiga pues no sé, se me hacía raro.

-Voy a ver cómo está Harry. –Respondió secamente Hermione.

-¡Espera! –Ron le cogió de la mano, reteniéndola unos segundos. –No quería decir eso. Perdona, pero yo no sé cómo hacer este tipo de cosas. Ya sabes, hablar de cómo me siento. Nunca digo lo que quiero decir.

-Ya lo sé idiota. –Hermione la lanzó una sonrisa ladeada. –Igualmente, voy a ver cómo está Harry. Tú ves preparando las camas. –dicho esto, la castaña subió las escaleras con una sonrisa indescifrable.

Ron se quedó en la sala durante unos segundos, antes de exclamar:

-¡Chicas!