Notas de la autora:

OMG, hasta aquí… ¡El último capítulo! Cuando planeé por primera vez esta historia en mi cuaderno, iba a tener ocho capítulos… XD Extrañaré escribir esto. Pero, quién sabe, tal vez haré un one-shot en este universo. [9/23 De hecho, acabo de subir un one-shot que se llama "El incidente con Myrtle la Llorona"]

Gracias de nuevo por todos los favoritos, reviews y todo eso. Incluso si no les contesté personalmente, aún así fueron muy apreciados.


28 de Agosto, 2002

Draco le estaba mostrando a su madre las fotografías de cuando él y Harry habían estado en Seaglass. Claro, las fotos que eran apropiadas para mostrarse. Había otras, más especiales, que estaban guardadas en el cajón de la ropa interior de Harry, las cuales documentaban cómo habían pasado la noche de su primer aniversario. Narcissa tomó una foto de Draco, estirándose sin camiseta sobre una silla, usando unos lentes de sol en forma de grandes corazones rojos y bebiendo de un coco.

-Quiero una copia de ésta. Oh, y de ésa en la que tú y Harry están en frente de la puesta de sol.

Dentro de todo, había sido un buen año. Un año genial. Ambos se habían reincorporado a la comunidad mágica, juntos. Harry había aprendido que, después de que se acostumbraron a verle la cara en el callejón Diagon con regularidad, la gente dejó de acosarlo y pedirle autógrafos. Al parecer, su estrategia anterior para lidiar con la fama, ocultándose, solo había empeorado lo que trataba de evitar. Draco había aprendido que la gente podía ser increíblemente indulgente.

Había habido cosas difíciles. En ocasiones, Draco aún tenía episodios malos, aunque habían pasado meses desde que Harry había usado un Incárcero en él para algo más que propósitos recreacionales. Lo peor había sido cuando Draco había dejado que su madre lo convenciera de visitar la mansión Malfoy: había gritado y había tenido pesadillas por una semana después de eso.

Draco continuaba hablando con la gente a la que, él sentía, había hecho mal. Aún insistía en hacerlo solo, aunque Harry sí presenció una de sus disculpas. Había sido en una cena que Ron y Hermione habían organizado en su apartamento. Se habían servido copiosas cantidades de vino tinto. De la nada, un muy achispado Draco había estallado en lágrimas y había comenzado a decirle a Hermione lo mal que se sentía por no haber tratado de detener a su tía cuando ésta la había torturado. Hermione, que también estaba bebida, se había unido a su llanto, asegurándole que no se habría esperado que un adolescente se enfrentara a una poderosa bruja como Bellatrix, y que, como había notado que él estaba demasiado asustado y enfermo, jamás lo había culpado de nada. Todo terminó en un húmedo abrazo y con la declaración de Ron de que jamás se volvería a servir vino tinto en su casa.

Extrañamente para Harry, hoy le parecía más su aniversario, que el real. El saber que su vida de pareja iba a dar un giro de 180 grados, en los próximos quince minutos, hacía que Harry pensara una y otra vez en su matrimonio, de una forma que no lo había hecho el 17 de junio. Sonrió cuando se imaginó, viajando en el tiempo (tal vez el Doctor podría llevarlo a dar una vuelta en el TARDIS), y diciéndole a su yo de catorce años que iba a estar casado e iba a ser feliz con Draco Malfoy, después de siete años. Muy feliz.

Harry y Draco tenían sus peleas, como cualquier otra pareja. Habían tenido una verdadera disputa unos meses antes, cuando Harry se había torcido el tobillo al tropezarse con un par de botas que Draco había dejado en las escaleras. Harry le había dicho a Draco que era un imbécil malcriado e inconsciente, Draco había comenzado a lanzar cosas, Posey había huido del desastre con horror, y todo había terminado con sexo rudo y ruidoso en las escaleras. Harry amaba los finales felices.

Sus cavilaciones fueron interrumpidas por un golpeteo en la puerta principal. Harry y Draco se levantaron para atender, pero Narcissa los quitó de su camino. La remodelación del 12 de Grimmauld Place había incluido deshacerse del pasillo y hacer la mayor parte del piso de abajo un área abierta, con ventanas en las paredes de en frente y atrás. Desde su ventajosa perspectiva en el sillón, Harry pudo ver a la matrona entregándole a su suegra una canasta con un listón. Narcissa llevó la canasta hasta la mesita de centro y la bajó, arrullando a su ocupante. Harry y Draco miraron dentro de la canasta cuando Narcissa comenzó a desvestir a la criatura, como si estuviera abriendo un frágil regalo.

Lucius, que había estado pasando las páginas de un libro muggle que trataba de la historia de las películas de ciencia ficción, y se veía bastante confundido, se acercó para revisar su inversión. Frunció el ceño y señaló al bulto con el dedo.

-¡Algo falta!

Narcissa levantó a la bebé desnuda, que comenzaba a dormitar.

-Tonterías. Es una preciosa muñequita.

-Se suponía que ella iba a ser un él.

-Bueno, Lucius, sabes que ese tipo de poción no es conocida por ser cien por cierto efectiva.

-Veinticinco mil galeones desperdiciados,- dijo Lucius, entre dientes. Cuando tres pares de ojos lo miraron, con ganas de querer asesinarlo, el hombre dio un paso hacia atrás.

-Siempre quise tener una niña,- alardeó Narcissa. -Ahora tengo una princesita.

Lucius dijo algo en voz baja, entre dientes. Harry no estaba seguro, pero se oyó como algo que se parecía a "ya tienes una".

Narcissa puso a la bebé sobre un cojín en el sillón y comenzó a besar su pancita.

-¿Tu mamá va a comerse a la bebé?- le preguntó Harry a Draco.

-Estos días es vegetariana.

Narcissa vistió a la bebé de nuevo, y luego le preguntó a Draco:

-¿Quieres cargar a tu hija, corazón?- Se habían asegurado de volverlo a prueba de bebés: todos sus piercings de arriba del cuello habían sido removidos, y su cabello había sido recogido, por seguridad. Draco se sentó en el sillón, y su madre le enseñó cómo sostener la cabeza de la bebé correctamente. Con la figura regordeta y rosada en sus brazos, se veía anonadado. Harry se sentó junto a él para admirar las mejillas regordetas y el mechón de cabello rubio platinado.

-Se parece a ti cuando eras un bebé,- dijo Narcissa. Levantó la cámara y comenzó a sacar fotos.

-La llamaremos como a mi madre,- declaró Lucius.

-¿Rigoberta? No lo creo,- dijo Draco.

-Parte del trato era que yo escogería el nombre del infante.

-Pero, Padre, el trato decía que nombrarías al heredero, el que continuara el apellido Malfoy. Lo que implica un bebé varón.

Harry escondió su sonrisa con su mano. Amaba cuando Draco le hacía frente a su padre.

Lucius suspiró con pesadez.

-Debiste haberlo hecho con todas las de la ley, como quería que lo hicieras. Y, ¿qué tal si la llamamos Druella, como tu abuela materna?

Harry tuvo que esforzarse para no hacer un chiste de Cruela De Vil. De todas formas, el Malfoy mayor no lo habría entendido.

Draco negó con la cabeza.

-No. No quiero ponerle el nombre de una persona muerta.- Repetía lo que le había dicho a Harry la noche anterior. No quería colgarse del pasado de la forma en la que los sangre pura, como sus padres, lo hacían. Quería que su hijo tuviera un nombre libre del estorbo de la historia familiar. -Creo que su nombre debería ser Dawn. ¿Tú que crees, Harry? (1)

-Me gusta.- Harry besó a Draco y a la bebé, mientras Narcissa capturaba el momento con la cámara.

-¿Qué tipo de nombre muggle es ése?- exclamó Lucius.

-Un hermoso nombre para una hermosa niña,- canturreó Narcissa.

Lucius, sabiendo que había sido derrotado, sacó objetos infantiles, hechos de plata, de su túnica. La sonaja fue acomodada en la canasta. Acomodó un conjunto de cubiertos en la mesita de centro. Era un pequeño plato con un borde alto, una cuchara larga para que el padre pudiera alimentar al bebé, una cuchara pequeña, con mango de plástico, para que el niño la usara; y una taza con mango de plástico, con tapa. Todo estaba grabado con una ornamentada M. Solo los Malfoys le darían reliquias invaluables a un infante.

-Y yo pensé que "servir en bandeja de plata" era solo un dicho,- le dijo Harry a Draco. Draco le enseñó la lengua.

Se oyeron voces desde la cocina. Era hora de que los amigos y familia admiraran la nueva adquisición. Ginny y Pansy fueron las primeras en llegar, trayendo consigo algunas bolsas de las tiendas infantiles más populares del callejón Diagon.

-Entonces, ¿de verdad eres papá?- le preguntó Ginny a Harry, con emoción. Llevaba pantalones de mezclilla, zapatos deportivos y una camiseta de las Harpies.

-Así es. Firmé los papeles de adopción esta mañana,- dijo Harry, con una inmensa sonrisa. Por fin estaba asimilando su realidad: ahora era un padre.

Las chicas miraban a la bebé y chillaban por la encantadora imagen de Draco, que le estaba dando un biberón que Posey había preparado.

-¡Oh, hiciste una hermosa bebé!- dijo Pansy. -¿Sabes? Vinny no puede embarazarme por lo que le pasó. Sus pelotas se cocinaron cual huevos. Tal vez tú podrías ser mi donador de esperma. Preferiría hacerlo a la antigua, claro, pero si prefieres pajearte y terminar en un vaso, está bien.

Parecía como si Lucius se estuviera asfixiando. Podría haber sido por la conversación tan atrevida, o por la idea de mezclar su preciosa línea de sangre con una Parkinson.

Molly llegó con mucha ropa tejida. Hermione llegó con Ron, y Fleur traía a Victoire. Luna y Neville le dieron a la pequeña un artefacto en forma de espiral, que se suponía tenía que colgar por encima de su cuna, para evitar infecciones del oído por los torposoplos. Teddy era escoltado por su abuela. Y ese solo fue el comienzo de las llegadas. Pronto, la espaciosa sala de estar estaba repleta, en especial cuando Hagrid se apareció. Incluso algunos conocidos de Draco, del mundo de la moda, habían ido; había más brujas y magos en la industria de lo que uno se imaginaría. Kreacher, que se veía más joven desde su matrimonio, circulaba el lugar con una bandeja de canapés, mientras su pequeña esposa ofrecía cócteles.

Una hora después, Victoire y Teddy estaban teniendo una intensa discusión, en inglés y francés, acerca de la viabilidad de escalar los estantes que sostenían la nueva colección de DVDs de Harry. Crabbe y Goyle regresaron de su visita al jardín trasero con los ojos rojos y sonriendo como idiotas. Per estaba haciendo una especie de antiguo encantamiento escandinavo, para mantener a Dawn a salvo de los espíritus malignos que él llamaba Meinvættir (2). Ginny, Pansy y Hermione reían juntas, mientras acababan con una torre de sándwiches de langosta endiablada. Ron y Dudley hablaban de Quidditch. Hagrid se quejaba con uno de los diseñadores amigos de Draco acerca de la dificultad de encontrar ropa de su talla. Años atrás, cuando había sido un pequeño y solitario niño, encerrado en la alacena debajo de las escaleras, jamás habría pensado que llegaría a tener un día como el de hoy.

Harry apretó a su hija dormida contra su pecho. Miró de reojo a Lucius, que estaba parado en frente de la ventana, mientras la luz del sol tardío hacía sombras en su rostro, y luego miró a su esposo. Draco estaba reclinado sobre el sillón, riendo a carcajadas por un chiste verde que Blaise estaba contando, mientras se defendía de un ataque de cosquillas de Millie con sus pies desnudos. Y pensar que Lucius había intentado convertir a Draco en una copia de sí mismo.

Ginny se quitó los zapatos y encendió la radio. Era hora de bailar.

-Vamos, Harry.

Aunque al día siguiente casi todos tenían que ir a trabajar, la fiesta continuó hasta las primeras horas de la mañana.

Cuando se estaban desvistiendo para ir a la cama, Harry notó que las enredaderas verdes del brazo izquierdo de Draco formaban la palabra "Dawn". El nombre estaba rodeado de pequeños corazones y flores.

-¿Cómo haces eso?

-Te lo diré si te tatúas mi nombre en tu trasero.- Draco se metió a la cama con sus calzoncillos de estampado de cebra.

-Agujas en mi trasero. No lo creo.- Harry encendió el monitor de la bebé, y luego se recostó junto a su esposo.

-Hay una cosa que nunca me has dicho.

-¿Ajá?

-Bueno, todos en Hogwarts supieron que te gustaban los chicos después de un tipo de incidente con Myrtle La Llorona, ¿verdad?

-Ajá.

-¿Qué pasó, exactamente?

Draco comenzó a roncar suavemente.


(1) "Dawn" significa amanecer, alba.

(2) Meinvættir, literalmente, significaría "espíritu que hace daño", o algo así (Uy sí, mi excelsa sabiduría del islandés… XD)


Notas finales:

¡Merlín! Sí, señoras y señores… Stray Cat, Pierced ha terminado…

Pero no se sientan mal, porque aún nos quedan unos capítulos especiales. No les adelantaré nada, solo les diré que están bastante divertidos…

También me gustaría agradecerle a todas y todos los que leyeron, pusieron en alertas, dejaron reviews y demás; créanme que me encantó leer todo lo que escribieron…

Espero de corazón que les haya gustado esta historia.

Sale, creo que no tengo algo más que decir…

Hasta la próxima,

Adigium21