¡Hola a todos otra vez! Sé que no actualizo desde Semana Santa, y lo siento muchísimo, pero los exámenes y trabajos han sido una auténtica locura este mes y medio. ¡Ahora por fin estoy a punto de empezar las vacaciones y voy a poder olvidarme de todo eso hasta septiembre!
Quería daros las gracias a todos los que habéis leído mi historia, y a todos los que habéis votado y comentado porque me encanta leerme cada uno de los comentarios y nunca fallan en sacarme una sonrisa. ¡Así que muchas gracias!
Ahora, por fin, tenéis aquí el siguiente capítulo y espero que os guste. Sinceramente, creo que me ha quedado mejor que el anterior, pero para gustos los colores. A lo mejor estoy loca. En fin, ¡disfrutadlo mucho! ¡Y disfrutad las vacaciones que están a punto de empezar!
Todo el texto en negrita y los personajes pertenecen a J. K. Rowling
Leyendo la vida del chico de la cicatriz del rayo
El bosque prohibido
- Se ha terminado el capítulo - anunció ella aliviada. ¿Por qué había pensado que si el capítulo anterior había sido tranquilo este lo iba a ser también? Obviamente Neville había tenido mucha suerte. Ella no pensaba volver a someter sus nervios a esta tortura que era estar leyendo.
Todos intercambiaron miradas nerviosas. Todos querían saber qué iba a pasar, pero nadie quería leer el castigo que seguro que les iba a caer encima.
- Bueno, a mí me apetece leer si nadie quiere - dijo Luna de la nada, sorprendiendo a todos.
Ginny le pasó el libro rápidamente, no fuese a ser que cambiase de opinión.
- Señores, creo que deberíamos cenar cuando terminemos de leer este capítulo. Se está empezando a hacer tarde - habló Dumbledore antes de que Luna pudiese empezar.
- Sí, por favor, que empieza a haber hambre - dijo Ron sin pensar.
- ¡Ronald, habla con más respeto a tu director! - le regañó su madre.
- Pero si he dicho por favor - protestó él -. Y además es cierto. Comimos hace horas y hemos estado jugando al quidditch en medio.
Hubo murmullos de acuerdo a su alrededor, demostrando que el pelirrojo no era el único al que le empezaba a gruñir el estómago. La señora Weasley suspiró y lo dejó pasar.
- ¡Estupendo! - celebró Dumbledore -. Podremos terminar el libro después de cenar creo yo. ¿Cuántos capítulos quedan después de este que vamos a leer ahora, señorita Lovegood?
- Dos, profesor - respondió ella sin tener que mirarlo siquiera. Harry se preguntó brevemente cómo podía haberlo sabido y luego decidió que no le hacía falta descubrirlo. Era Luna y, con solo un día de conocerla, ya estaba acostumbrado a que la chica supiese cosas que nadie más sabía.
- Creo que nos dará tiempo, entonces - asintió el director -. Si no le importa empezar, señorita Lovegood, cuando usted quiera.
- Muchas gracias, profesor - respondió ella amablemente.
El bosque prohibido
Todos se quedaron helados en sus asientos, girándose de golpe hacia el trío de oro.
- ¡¿Qué estabais haciendo vosotros tres en el bosque prohibido?! - chilló la señora Weasley, rompiendo el silencio abruptamente -. ¡¿Cómo se os ocurre?! ¡Con lo peligroso que es y vosotros os adentráis en él! ¿Es que no había parecido suficiente con el dragón? ¿Teníais que ir en busca de otra situación peligrosa ahora que esta había pasado?
- Para ser justos, mamá, yo ni siquiera entré en el bosque prohibido - se defendió Ron, deseando dejar de ser objetivo de la furia de su madre.
- Cobarde - acusó Hermione por lo bajo, lamentando en el fondo no poder hacer lo mismo.
- A mí me ha echado la bronca muchas más veces que a vosotros dos juntos - respondió Ron, teniendo encima la cara dura de sonreír.
- ¿Qué era eso de que íbamos a estar los tres juntos frente a todo? - siseó Harry en un murmullo.
- ¿Frente a Quien-tú-sabes, mortífagos o monstruos? Claro, no hay problema. Cuando quieras y donde quieras. ¿Frente a mi madre? Lo siento, colega, pero no me voy a plantar delante de ella cuando está así de enfadada - dijo Ron, mirándola cautelosamente.
- ¿Me vais a dar una explicación, jovencitos? Tú también, Ronald. No te vas a escapar. Sé que por lo menos sabías que iban a entrar, aunque todavía no sepa por qué no fuiste con ellos - interrumpió Molly su conversación en susurros.
- Tampoco sabe por qué entramos nosotros, señora Weasley - señaló Harry tímidamente. Era mucho más fácil defenderse de Fudge que de esa pelirroja que les estaba enviando una mirada severa.
- Pues explicádmelo. Ya - exigió ella cruzándose de brazos. El resto se mantenía en silencio, observando cómo se desarrollaba el espectáculo y sin atreverse a intervenir.
- ¿No sería mejor esperar a que se vaya explicando en la historia? - sugirió Hermione tentativamente -. Lo van a explicar de todas formas...
Molly no apartó la mirada de ellos durante unos segundos, mientras ellos tres apenas se atrevían a respirar.
- De acuerdo - aceptó finalmente. El trío respiró aliviado en el sofá -. Pero espero que haya una buena explicación para esto o vais a estar castigados todo el verano desgnomizando el jardín.
- Una muy buena explicación - asintió Ron rápidamente, Harry y Hermione imitándole a su lado.
Las cosas no podían haber salido peor.
Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso, donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra. Hermione temblaba.
- Oh, Hermione, no pasa nada - le quitó importancia Fred -. Minnie os quitará unos cuantos puntos y os pondrá a limpiar trofeos o algo así con Filch una tarde y ya está.
- A nosotros nos ha pillado fuera de la torre decenas de veces. Esto solo significa que estás en el buen camino de hacernos sentir orgullosos - dijo George intentando animarla.
No funcionó. Hermione trató de enviarles una sonrisa, pero salió más bien como una mueca.
- Creo que no se dan cuenta de que esta es la noche de los ciento cincuenta puntos perdidos - murmuró Harry lo suficientemente bajo para que solo Ron y Hermione le oyesen.
- Ya, yo tampoco - musitó Hermione.
- Yo solo espero que no empiecen otra vez con lo mismo por lo que os hicieron pasar el año pasado - dijo Ron, sintiendo un brote de protección hacia sus dos amigos -. Ya fue suficiente entonces y no voy a dejar que lo repitan.
Hermione le envió una sonrisa, diminuta pero sincera, y le cogió la mano con fuerza.
Excusas, disculpas y locas historias cruzaban la mente de Harry, cada una más débil que la otra. No podía imaginar cómo se iban a librar del problema aquella vez. Estaban atrapados.
- Por desgracia - dijo Remus con una mueca -. McGonagall va a estar furiosa con ellos dos.
- Con nosotros también ha estado enfadada miles de veces, Lunático - dijo Sirius, negándose a ver la situación tan mal como todos estaban haciendo.
- Pero nunca nos ha defendido de lo que decía otro alumno cuando este juraba y perjuraba que íbamos a estar esa noche por los pasillos. Ella les defendió frente a Malfoy cuando este les acusó y a ella no le va a gustar que la hayan decepcionado de esa forma - replicó Remus.
- ...Cierto - aceptó el animago con una mueca.
- Va a estar decepcionada con que rompiesen su confianza y con que ahora se va a tener que tragar sus palabras - suspiró el otro merodeador pasándose la mano por el pelo. Esto era un lío enorme y no veía forma de que Harry y Hermione saliesen impunes.
- Vale, vale, lo he pillado, Remus. No hace falta que sigas - le cortó Sirius, su ánimo ahora definitivamente al mismo nivel que el de los demás. Por los suelos.
¿Cómo podían haber sido tan estúpidos para olvidar la capa?
Ojoloco soltó un gruñido molesto. ¿Ahora se acordaban de ella? La mejor herramienta que tenían para que no les pillasen y se la olvidaban. Claro error de novatos.
Estuvo a punto de empezar a gritarles un rato por la falta de sentido común, pero, solo con ver cómo agachaban la cabeza para no mirar a nadie, supo que ya habían aprendido esa lección. Las consecuencias habían garantizado que no se les fuese a olvidar en el futuro cercano.
No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre más alta de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases. Si añadía a todo eso Norberto y la capa invisible, ya podían empezar a hacer las maletas.
Hubo una mueca colectiva.
- No saben lo de Norberto, en realidad - dijo Tonks tratando de buscar algo positivo. Merlín sabía que estaba difícil con todas las cosas en su contra.
- Ni han descubierto la capa invisible - añadió Bill.
- Pero basta con que alguno suba a la torre para ver si hay alguien más... ¡Ay! ¡Hey! - empezó Charlie, callándose de golpe gracias a un codazo bien dado en las costillas, cortesía de Tonks.
- Pero eso no tiene por qué ocurrir - replicó la metamorfomaga, ignorando cómo se frotaba el costado -. Así que es como si simplemente les hubiesen pillado andando por los pasillos de noche. Han descubierto a un montón de estudiantes en esa torre.
- Tonks tiene razón. No es para tanto - dijo Bill, decidiendo que era mejor pensar en la mejor posibilidad.
¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Estaba equivocado. Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.
- ¡¿Estás de broma?! - exclamó Tonks, con su pelo volviéndose de un lila muy pálido -. ¡Acabamos de decir que eso era todo!
- Creo que tendríais que dejar de pensar que las cosas no se pueden poner peor - intervino Ron.
- ¿Pero tú qué hacías fuera de la torre de Gryffindor, Neville? - preguntó Remus curioso. Este era el chico que había estado aterrorizado mientras esperaba delante del retrato cuando se le había olvidado la contraseña.
- Solo... tenía que hacer algo importante - respondió Neville sonrojándose.
- Ahora lo explica el libro - dijo Luna de la nada -. Es una muy buena razón, Neville - añadió enviándole una sonrisa de apoyo.
—¡Harry! —estalló Neville en cuanto los vio—. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...
- Oh, Neville - suspiró Remus comprendiéndolo todo al instante.
- Pero te tenías que haber callado, Neville. Mira que mencionar al dragón delante de McGonagall... - bufó Seamus poniendo los ojos en blanco.
- ¡Hey!, tú déjale en paz - espetó Ron frunciendo el ceño -. ¿O es que tú te habrías atrevido a venir a avisarnos?
Seamus fue a replicar, herido en su orgullo, cuando Dean le calló de un codazo. Mejor que dejara de meter la pata más todavía.
- Nunca te dimos las gracias por venir a avisarnos, Neville - sonrió Hermione.
- Sí, te arriesgaste por nosotros y encima acabaste compartiendo el castigo - suspiró Harry lleno de remordimientos.
Si tan solo no se hubiesen olvidado la capa, no le habrían podido evitar a Neville un castigo, pero por lo menos probablemente no habría sido en el bosque prohibido. Lo más seguro era que hubiese tenido que estar unas horas limpiando trofeos. Le habrían podido ahorrar toda esa experiencia al pobre Neville.
- Creo que solo conseguí que las cosas se pusiesen peor - suspiró Neville resignado. Siempre tenía la sensación de que las cosas que intentaba salían mal hiciese lo que hiciese.
El trío se miró sin saber qué responder. Era cierto que las cosas solo se habían puesto peor con la aparición de Neville, pero jamás le dirían eso cuando parecía tan alicaído como si esperase su ejecución.
- Las cosas no siempre salen bien, Neville - dijo Harry finalmente, recordando todas las veces que se había prometido a sí mismo que no ocurriría nada "raro" y había ocurrido de todas formas. O el par de ocasiones en las que había querido ayudar a otro chico con el que se estaban metiendo Dudley y sus amigos y solo había conseguido que se metiesen con los dos y que ambos acabasen con tantos moretones que dolía ponerse en pie.
- A veces incluso con las mejores intenciones las cosas no ocurren como queremos - siguió diciendo -. Pero por lo menos sabes que lo has intentado y lo que querías era ayudar, y eso es mejor que quedarse de brazos cruzados solo por si no sale bien.
Un silencio profundo siguió esas palabras. Harry era un niño de doce años, pero de vez en cuando decía ese tipo de cosas que dejaban congelados en el sitio a todos los que le escuchaban. Eran esos momentos los que les recordaban que Harry apenas contaba como niño, que había pasado por demasiadas cosas para ello. Podía actuar como sus compañeros, por supuesto, pero difícilmente se podía decir que tenía un pasado como el de los demás, que le hubiese dejado crecer sin preocupaciones.
- Gracias, Harry - murmuró Neville, algo más tranquilo con lo que había pasado. Si Harry no le culpaba, a lo mejor no tenía por qué seguir arrepintiéndose de esa decisión, ¿no?
Entonces Luna decidió que ya llevaban demasiado tiempo en silencio y los torposoplos iban a empezar a invadirlos si no se ponían en marcha, así que volvió a leer, atrayendo como un imán la atención de todos.
Harry negó violentamente con la cabeza, para que Neville no hablara más, pero la profesora McGonagall lo vio. Lo miró como si echara fuego igual que Norberto y se irguió, amenazadora, sobre los tres.
- Ay, Merlín, Minnie está furiosa - musitó Sirius mirándola como si de verdad fuera un dragón al que habían molestado.
- ¿Te extraña? - respondió Remus.
- No, pero era horrible cuando nos miraba igual. Ya sabíamos que íbamos a estar un mes limpiando trofeos o frotando los suelos de los baños o haciendo líneas o lo que fuera. Y me da a mí que va a estar mucho más enfadada con ellos tres.
—Nunca lo habría creído de ninguno de vosotros. El señor Filch dice que estabais en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una explicación.
- Ahora me alegro de que no me la diesen - murmuró McGonagall quitándose las gafas para frotarse los ojos. Solo recordar aquella noche le daba dolor de cabeza.
- ¿Qué habrías hecho si te hubiesen confesado la verdad? - preguntó Flitwick divertido, aunque intentase disimularlo.
- No lo sé. Probablemente habría tenido ganas de sacudir a esos dos y después ir a la enfermería a hacer lo mismo con el señor Weasley por no haber tenido el sentido común de pedir ayuda a un profesor. Y luego habría ido a la cabaña de Hagrid para estrangularle por haberles metido en ese lío.
- Te compadezco, Minerva, de verdad que sí - dijo Sprout, dándole unas palmaditas en el brazo a pesar de estar tan entretenida como el profesor de Encantamientos -, pero jamás ocuparía tu lugar. Esos Gryffindors tuyos son los que dan más quebraderos de cabeza.
- Cada año hay más Gryffindors que salen a vagabundear por los pasillos de noche que Ravenclaws y Hufflepuffs juntos - rio Flitwick -. A veces también Slytherins. Esos tienen demasiado instinto de supervivencia como para querer arriesgarse demasiado a menudo a sufrir la ira de Severus si les pillan.
- ¿Y qué pasa con el instinto de supervivencia de mis leones? - protestó la profesora de Transformaciones.
- La mayoría lo pierde ante un desafío. Por algo son Gryffindors, querida - rio Sprout mientras McGonagall gruñía por lo bajo. Adoraba a sus leones, ¿pero de verdad tenían que causarle tantos dolores de cabeza?
Ésa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de un profesor. Miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.
—Creo que tengo idea de lo que sucedió —dijo la profesora McGonagall—.
- No sé por qué, pero creo yo que no tienes una idea correcta de lo que sucedió, Minnie - se mofó Sirius tomándoselo de buen humor.
- Cierra el pico, Sirius - replicó ella por lo bajo.
- ¿Qué has dicho? - preguntó el animago, dividido entre el impulso de echarse a reír y el de quedarse mirándola perplejo. No podía creerse que la seria Minerva McGonagall hubiese dicho eso.
- Que no es como si tú hubieses adivinado lo que ocurrió si no lo hubieses leído - respondió ella.
- Sí, ya, seguro que has dicho eso - dijo él con la voz cargada de sarcasmo -. Y claro que no lo habría adivinado. Mi ahijado tiene las aventuras más extrañas que me haya podido imaginar.
- Pues yo de esta habría pasado si hubiese podido - refunfuñó Harry por lo bajo para que no le oyesen. Esta no había sido divertida en ningún momento.
No hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos. Te he atrapado. Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no?
- Venga, ya, Minnie, no creerás de verdad que mi ahijado haría algo así, ¿verdad? - preguntó Sirius, soltando un bufido molesto.
- Ya hemos visto que es más el estilo de Malfoy lo de engañarles para sacarles de la cama y meterles en problemas - dijo Bill, recordando el duelo a medianoche.
- Ninguno de esos tres haría algo así - declaró Tonks totalmente convencida.
- No creo que metiesen a Neville en esto - dijo Luna, frunciendo ligeramente el ceño ante el enorme malentendido. Lo peor era que no iban a aclararlo porque decir la verdad suponía meter a Hagrid en un lío enorme con el ministerio.
- ¡Por supuesto que no! - exclamó Harry horrorizado. Ahora por fin, después de más de un año, podía asegurarle a Neville que no había nada más lejos de la realidad y no perdió ni un segundo en hacerlo -. Nosotros no haríamos eso, Neville. Ni siquiera sabíamos que habías oído a Malfoy, ¡mucho menos que habíamos venido a buscarnos!
- Lo sé, Harry - sonrió Neville divertido. Siendo sincero, estaba casi conmovido. No había muchos que se preocupasen de si herían sus sentimientos, siendo solo "el pobre Neville" -. Todos hemos oído la historia y, de todas formas, ha sido hace más de un año. Ya no importa.
Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido. Pobre mete-patas Neville, Harry sabía lo que debía de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos.
- Lo sentimos mucho, Neville. No era nuestra intención que pasases por eso - dijo Hermione llena de remordimiento.
- ¡Que no importa, Hermione! - exclamó Neville riendo -. Además, me has ayudado un montón en Transformaciones así que estamos en paz.
—Estoy disgustada —dijo la profesora McGonagall—. Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así!
- ¿Cómo que no, Minnie? ¿Y qué pasa con nosotros? - protestó Sirius indignado.
- Sirius... - suspiró ella, viendo venir un enorme dolor de cabeza. Tampoco ayudaba que Filius y Pomona se estuviesen riendo a su lado.
No pudo continuar antes de que la interrumpiese de nuevo el animago.
- ¡Nos ha olvidado, Lunático! No tiene vergüenza. Te esfuerzas durante siete cursos enteros para que no te olviden y aun así ya no queda ni un recuerdo unos años después.
- Canuto, si no quieres que McGonagall alargue nuestro castigo por enseñarle a Peeves esos trucos hasta las vacaciones de Pascua en vez de dejarlo hasta Navidad, yo me callaría ahora mismo - dijo Remus, mirando divertido de su amigo, que seguía lamentándose, a la profesora, que parecía a punto de echar fuego por la nariz si Sirius no paraba pronto.
- ¡Pero, Lunático...!
- ¡Sirius! - gritó McGonagall perdiendo la paciencia. Por fin, el animago se calló para prestar atención -. El señor Potter acababa de romper las normas. Lo último que necesitaba era que le dijesen que su padre y sus amigos hacían lo mismo en el colegio.
Sirius suspiró resignado. Seguía pensando que era indignante que Minnie dijese eso cuando había sido ella quien más veces les había pillado.
Tú, Hermione Granger, pensé que tenías más sentido común.
- No lo diga como si en realidad no lo tuviese, profesora - resopló Tonks, poniendo los ojos en blanco.
- No conozco a nadie con más sentido común que esa chica - dijo Bill, pensando en todo lo que habían leído sobre ella.
- No lo parecía aquella noche desde mi punto de vista - se defendió McGonagall, sonrojándose ligeramente.
Y tú, Harry Potter... Creía que Gryffindor significaba más para ti.
- ¿En serio ha dicho eso? ¿Sobre Harry? - preguntó Fred incrédulo.
- ¿El mismo que siguió jugando el partido de quidditch este año a pesar de lo que pasó? - añadió George, indignándose en favor de Harry.
Ese año lo habían pasado peor en un partido de quidditch que en toda su vida, incluyendo el de primero en el que alguien intentó tirar a Harry de la escoba. No habían podido proteger a Harry, no eran capaces de alejar la bludger de su hermano, y cuando Oliver les había ordenado que le dejasen enfrentarse a ella él solo... Bueno, digamos que habían estado aterrados.
- Harry se preocupa demasiado por Gryffindor, diría yo - decidió Fred finalmente.
- Hay que enseñarle que hay cosas que valen mucho más que unos puntos o una copa - dijo George, asintiendo de acuerdo.
Los tres sufriréis castigos... Sí, tú también, Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche, en especial en estos días:
- No más disculpas - dijo Neville antes de que Harry, Ron y Hermione pudiesen abrir la boca.
- ¿A qué se refiere con "en especial en estos días"? - preguntó Dean, frunciendo el ceño confundido.
- ¿A que hay un artefacto mágico extremadamente valioso y peligroso escondido en el colegio? ¿La Piedra Filosofal? ¿Te da oro infinito y vida eterna? ¿Te suena? - le pinchó Katie, sonriendo para que el chico no se ofendiese.
- Qué graciosa - replicó Dean sarcástico, a punto de sacarle la lengua cuando la chica se echó a reír -. No, me refiero a que decir eso son ganas de que les entre curiosidad por saber qué tienen de especial esos días, si no supiesen la verdad.
Muchos le miraron sorprendidos antes de girarse perplejos hacia la profesora de Transformaciones. La verdad era que ellos se habrían estado muriendo de curiosidad si el libro no les hubiese revelado ya el secreto. ¿Cómo había podido cometer McGonagall semejante error?
- Tenía los nervios a flor de piel aquella noche - explicó ella, esforzándose por no sonrojarse de nuevo. Aun así, no podía creerse que hubiese sido tan descuidada como para decir eso. Ese era un error más propio de Hagrid que de ella misma -. Claramente no estaba prestando atención a lo que decía. Solo pensaba en lo que podría haber pasado si quien fuese que quería la Piedra hubiese decidido robarla aquella noche y se hubiese encontrado con cualquiera de mis cuatro alumnos que habían decidido salir de sus camas.
Todos la miraban estupefactos al oír su explicación. Más de uno estaba sorprendido al ver que la profesora incluía a Malfoy entre esos alumnos por los que se preocupaba porque ella jamás había dado indicaciones de que tuviese un especial aprecio por el Slytherin. Sin embargo, no veían que ninguno de los profesores hacía distinciones de casas a la hora de proteger a sus alumnos. Eran "sus niños", por así decirlo, mientras estaban en Hogwarts y que sintiesen favoritismos hacia algunos de ellos no quería decir que no fuesen a defender fieramente a cualquiera de los que ponían un pie entre sus paredes.
es muy peligroso y se os descontarán cincuenta puntos de Gryffindor.
- ¿Solo cincuenta? Eso no está tan mal. Creía que iban a ser más, tenido en cuenta que a Malfoy le ha quitado veinte y él era uno solo. Les tendrían que haber quitado sesenta para que fuese justo, pero, oye, no me voy a quejar - dijo Sirius gratamente sorprendido. Se relajó en el sillón cómodamente, con una sonrisa satisfecha. Ahora solo quedaba ver qué castigo elegía Minnie para los tres.
—¿Cincuenta? —resopló Harry. Iban a perder el primer puesto, lo que había ganado en el último partido de quidditch.
La sonrisa de Sirius desapareció inmediatamente y el hombre soltó un gruñido.
- Harry, ¿por qué has dicho nada? - se lamentó -. Ahora os va a quitar más puntos.
- Ya decía yo que era demasiado bonito para durar - suspiró Charlie resignado. En el fondo no podía molestarse. Casi todos cometían la primera vez el mismo error de tratar de conseguir que la estricta profesora no les quitase tantos puntos, y siempre acababa peor para ellos. Sobra decir que ninguno se lo volvía a discutir.
- Mucho peor no puede ser, ¿no? Cincuenta puntos no eran pocos ya en un principio - dijo Tonks dubitativa.
—Cincuenta puntos cada uno —dijo la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.
- Y mejor me callo. Claro que puede ser mucho peor - bufó Tonks. Su pelo de había vuelto azul oscuro con el disgusto que se había llevado.
- ¡¿Qué?! - exclamó Sirius, poniéndose más derecho y mirando horrorizado a la profesora -. ¡¿Ciento cincuenta puntos perdidos por pillarles vagando por los pasillos?! ¡Minnie, ¿cómo has podido?!
- Se ganaron perder esos puntos por saltarse las normas y no explicarme qué estaban haciendo fuera de la torre - replicó McGonagall sin inmutarse.
- ¡Pero estaban ayudando a un amigo!
- Y yo eso no lo sabía. Desde mi punto de vista parecía que habían gastado una broma para sacar de la cama a un alumno con el que tenían una rivalidad y un compañero de su casa se había creído la broma y se había metido en problemas por ello. Ellos sabían que era muy peligroso estar andando por los pasillos de noche aquellos días - insistió ella, ignorando la culpa que estaba empezando a sentir.
- ¡Pero tú no sabías que ellos lo sabían! - rebatió él frunciendo el ceño -. Les estás restando ciento cincuenta puntos por salir de noche y gastar una broma que ni siquiera cuenta como broma.
McGonagall frunció el ceño. Eso era cierto, si su teoría hubiese sido correcta, les habría restado una cantidad de puntos totalmente desproporcionada a la travesura que habían hecho. Y ahora que sabía la verdad, tenía más ganas de sacudir a Hagrid que de castigar a esos tres.
Bueno, ahora ya era demasiado tarde. Habían sido solo unos puntos y una noche de castigo con Hagrid, nada del otro mundo ni demasiado exagerado.
—Profesora... por favor...
—Usted, usted no...
- ¡No discutáis más! Duplicará los puntos que os ha quitado - exclamó Charlie.
- Las cosas ya están bastante mal para Gryffindor como para que os quiten más puntos todavía - dijo Bill frunciendo el ceño.
—No me digas lo que puedo o no puedo hacer, Harry Potter. Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.
- Oh, venga ya, Minnie. Nosotros hicimos cosas mucho peores - protestó Sirius indignado.
- Creo que ya han entendido que rompieron las normas, profesora - dijo Remus sin ánimo de bromear. Estaba viendo lo callados y retraídos que estaban los tres mientras los demás se quejaban o protestaban a su alrededor. Todos pensaban que la jefa de la casa de Gryffindor ya se estaba pasando con el sermón.
McGonagall se negó a avergonzarse. Ella debía regañar a todos los alumnos que rompían las normas en ese colegio y no iba a permitir que le dijesen cómo hacerlo.
Ciento cincuenta puntos perdidos. Eso situaba a Gryffindor en el último lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que Gryffindor ganara la copa de la casa. Harry sentía como si le retorcieran el estómago. ¿Cómo podrían arreglarlo?
- Es imposible - dijo Bill -. No se pueden recuperar tantos puntos a tiempo con el curso tan avanzado.
- Creo que Gryffindor va a quedar último este año - suspiró Charlie resignado.
- Eso significa que es muy probable que Slytherin gane la copa de la casa por séptimo año consecutivo, a no ser que Ravenclaw o Hufflepuff consigan más puntos - dijo Tonks apenada. Ella apoyaba a Hufflepuff, obviamente, pero le habría gustado que Slytherin no ganase otra vez la copa.
Todos los que sabían lo que había pasado intercambiaron miradas discretas, haciendo todo lo posible para no sonreír. Menuda sorpresa se iban a llevar...
Harry no durmió aquella noche. Podía oír el llanto de Neville, que duró horas. No se le ocurría nada que decir para consolarlo. Sabía que Neville, como él mismo, tenía miedo de que amaneciera. ¿Qué sucedería cuando el resto de los de Gryffindor descubrieran lo que ellos habían hecho?
- Espera, espera, espera - interrumpió George horrorizado.
- ¿No será esta esa noche? - preguntó Fred, temiendo la respuesta.
- ¿Qué noche? - preguntó Harry, prefiriendo hacer como que no sabía a qué se referían. Le hubiese gustado que lo dejaran estar y no comentaran sobre ello.
- Esa noche - repitió Fred, aunque, por la respuesta de Harry, ya sabía la verdad.
- La noche que perdisteis ciento cincuenta puntos de una vez - dijo George.
- No es como si hubiese pasado más de una vez - respondió Ron frunciendo el ceño.
Los gemelos dejaron caer la cabeza entre las manos con un gruñido que fue repetido por muchos. Todos recordaban los comentarios despectivos que habían hecho, lo mal que habían tratado a Neville, a Hermione y, sobre todo, a Harry. Y ahora se arrepentían profundamente al saber la historia completa.
Todos habrían ayudado a Hagrid de haber estado en el lugar de esos chicos y ellos lo único que habían recibido a cambio habían sido críticas y malas miradas.
- ¿Por qué no nos dijisteis nada? - preguntó Seamus, horrorizado con su propia actitud.
- ¿E involucrar a Hagrid? ¿Y la capa de Harry? Nunca - dijo Hermione firmemente, sin un atisbo de duda en su voz.
- Lo nuestro no era nada con lo que habría pasado Hagrid si se hubiese sabido la verdad - dijo Harry muy serio. Él prefería soportar las burlas todos los años que le quedaban en Hogwarts antes de permitir que cualquiera de sus amigos tuviese que ir a Azkaban, que era lo que le habría pasado a Hagrid por tener un dragón en un colegio.
- Pero, Harry, fue horrible cómo os tratamos - dijo Angelina con los ojos como platos mientras recordaba que había pasado semanas sin mirar siquiera al chico, incluso durante los entrenamientos.
- Sobre todo a ti, Harry. Nosotros te conocemos y aun así... - dijo Alicia sin terminar la frase.
- Ya no importa - cortó Harry decidido. No iba a mentir y decir que nunca había importado, pero, en fin, él no era especialmente rencoroso y lo había perdonado hacía mucho tiempo.
Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena, que informaba de la puntuación de la casa, pensaron que había un error. ¿Cómo iban a tener, súbitamente, ciento cincuenta puntos menos que el día anterior? Y luego, se propagó la historia. Harry Potter; el famoso Harry Potter, el héroe de dos partidos de quidditch, les había hecho perder todos esos puntos, él y otros dos estúpidos de primer año.
Harry bajó la cabeza. Podía repetirse a sí mismo y a otros que no importaba las veces que quisiese, pero se estaba mintiendo a sí mismo. Sí que importaba y lo peor era que entendía por qué habían actuado así los demás alumnos. Después de todo, ellos no sabían la historia completa y todos habían trabajado duro para que Slytherin no ganase otra vez la copa de la casa, todo para que luego tres mocosos de primer año lo fastidiasen en una noche sin posibilidades de arreglarlo.
Lo que no vio Harry porque tenía la cabeza agachada fue la culpa que abordó a todos. ¿Dónde estaba esa lealtad de los Hufflepuff? ¿Y la inteligencia de los Ravenclaw para resolver puzzles como el que circulaba por el colegio sobre lo que podían haber estado haciendo aquella noche los tres chicos de primero? ¿No se suponía que los Gryffindor eran lo suficientemente valientes y nobles y todo eso para apoyarse siempre?
¿Por qué parecía que siempre hacían las cosas mal cuando involucraba a Harry Potter? ¿Iban a poder aprender en algún momento o iban a seguir cometiendo los mismos errores una y otra vez durante los siete años?
Los únicos que habían actuado según los tratos que supuestamente tenía su casa eran los Slytherin, que habían aprovechado la situación con astucia e ingenio para mantenerse en el primer puesto. Eran los únicos que no habían hecho nada mal y nadie podía discutírselo.
De ser una de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry súbitamente era el más detestado.
- Siempre es así - suspiró Harry resignado. ¿Era tanto pedir que simplemente le dejasen en paz?
Ron y Hermione apretaron los dientes, deseando poder ayudarle o consolarle de alguna forma o algo. Sin embargo, sabían que era cierto y, por mucho que quisiesen estrangular al resto y meterles sentido común en la cabeza, a golpes si hacía falta, eso no iba a arreglar nada.
Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff le giraban la cara, porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la copa. Por dondequiera que Harry pasara, lo señalaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlo. Los de Slytherin, por su parte, lo aplaudían y lo vitoreaban, diciendo: «¡Gracias, Potter; te debemos una!».
- Oh, venga ya. ¿Lo dices en serio? - preguntó Tonks sorprendida.
- Esto empieza a ser ridículo - bufó Bill perplejo. Comprendía que los de Gryffindor no estuviesen contentos, ¿pero también tenían que ponerse en su contra Ravenclaw y Hufflepuff? Y obviamente Slytherin no iba a apoyar a Harry, ¿así que quién demonios lo hacía?
- ¿Todo el colegio contra ti? - preguntó Charlie con los ojos como platos, siguiendo la misma línea de pensamiento que su hermano mayor.
- No todo - negó Harry, sacando un suspiro de alivio de muchos. Por lo menos, hasta que añadió: -. Hermione y Neville estaban pasando por lo mismo, y Ron nos apoyó, obviamente.
El alivio desapareció tan rápido como había venido, aplastado de nuevo por la culpa. Estaban ellos cuatro y ya está, mientras todos los demás estudiantes los insultaban sin molestarse siquiera a hacerlo a sus espaldas.
Sólo Ron lo apoyaba.
- ¿Veis? - dijo Harry, sonriendo y compartiendo una mirada cómplice con su mejor amigo.
—Se olvidarán en unas semanas. Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que están aquí y la gente los sigue apreciando.
- Ronnie, nosotros nunca... - empezó George dubitativo.
- Hemos perdido tantos puntos de una vez - terminó Fred alicaído.
- Oh, muchas gracias por la ayuda - replicó Ron sarcástico, lanzándoles una mala mirada.
—Pero nunca perdieron ciento cincuenta puntos de una vez, ¿verdad? —dijo Harry tristemente.
- ¿Ves? Hasta Harry sabía eso - dijo George, haciendo un ademán resignado con la cabeza hacia el chico.
- ¡Aun así eso no ayuda! - exclamó Ron incrédulo. ¿Es que querían bajarle la moral todavía más a Harry? Porque parecía que sí.
- Hay otras formas de animar a alguien que no sea diciendo cosas que no son ciertas, Ronnie - dijo Fred.
- ¡No me vengas tú con esas después de lo que hicisteis! - espetó Ron. Le había costado mucho tiempo perdonarles por tratar tan mal a Harry y no tenían derecho a venir a decirle cómo animar a su mejor amigo.
- Ron, déjalo - pidió Harry, estirándose por delante de Hermione para ponerle la mano en el brazo al pelirrojo -. Me da igual lo que digan otros.
—Bueno... no —admitió Ron.
Era un poco tarde para reparar los daños, pero Harry se juró que, de ahí en adelante, no se metería en cosas que no eran asunto suyo.
A pesar de que el ambiente se estaba deteriorando de nuevo, muchos no pudieron evitar soltar un bufido de incredulidad.
- ¿Por qué será que no me lo creo? - preguntó Bill sin esperar una respuesta.
- ¿Cuánto te apuestas a que no es capaz de no olvidarse de esa promesa antes de final de curso? - preguntó Charlie girándose hacia Tonks.
Tonks resopló divertida.
- No soy tan idiota como para aceptar esa apuesta - respondió con una sonrisa.
- Qué poca fe tienen en mí - bufó Harry por lo bajo, indignado.
- Tienen razón, Harry - replicó Hermione poniendo los ojos en blanco.
Harry bufó de nuevo, sabiendo que era cierto, pero sin querer reconocerlo.
Todo había sido por andar averiguando y espiando.
- Eso no es cierto. Por una vez no fue por eso - rebatió Alicia apretando los puños.
- Esa vez fue por ayudar a un amigo, Harry - asintió Angelina de acuerdo.
- ¿Decidirías no ayudar a un amigo para no meterte en líos? - preguntó Charlie, levantando una ceja al mirar al chico.
- ¿Qué? ¡No! - exclamó Harry escandalizado.
- Ninguno de nosotros lo haríamos - sonrió Alicia.
- Entonces te vas a seguir metiendo en muchos líos como este, que fue por ayudar a Hagrid - Katie le envió una sonrisa.
- Si no hubiésemos ido curioseando, no nos habríamos metido en ese problema - les contradijo Harry, algo alicaído.
- Y si no hubieseis ido curioseando, Hagrid se habría quedado con el dragón en su cabaña de madera, habría habido un accidente al final y habría acabado en Azkaban cuando le descubriesen - replicó Remus.
- Harry, sentimos mucho que os tratásemos así, pero ahora sabemos que, y creo que hablo en nombre de todos, habríamos hecho lo mismo de haber estado en vuestro lugar - dijo Parvati, ofreciéndoles una sonrisa como disculpa.
Harry suspiró internamente y asintió ligeramente con la cabeza, aliviado al saber que el rencor por el que se había estado preocupando por si aún existía por ese incidente, hubiese desaparecido seguro por fin sin ninguna duda.
Se sentía tan avergonzado que fue a ver a Wood y le ofreció su renuncia.
- ¡¿Qué?! - gritaron muchos a la vez, sobresaltando a Harry de sus pensamientos.
- ¡¿Cómo que le ofreciste tu renuncia?! - exclamó Sirius horrorizado.
- Me sentía culpable, Sirius - explicó Harry sonrojándose. Viéndolo ahora que ya había pasado el problema, parecía una estupidez hacer eso -. Si había hecho tanto daño a Gryffindor, no me merecía estar en el equipo de quidditch.
- ¿Que no te merecías...? - farfulló su padrino perplejo. ¡Su ahijado se merecía mucho más que jugar en el equipo de Gryffindor!
Los demás leones estaban en shock. No sabían lo cerca que habían estado de perder a su buscador estrella, lo poco que les había faltado para que le perdiesen como jugador por culpa de cómo habían actuado.
- ¿Por qué nosotros no nos enteramos de esto? - exigió saber Angelina, girándose de golpe hacia Wood mientras echaba chispas por los ojos. Las otras dos cazadoras y los gemelos miraron también a su capitán en busca de una respuesta.
- Eso quiero saber yo también - dijo George, entrecerrando los ojos y apretando los puños.
- Espero que tengas una buena excusa para no habérnoslo contado, Wood - advirtió Fred muy serio.
- Mirad, yo no quería que Harry se fuese del equipo... - empezó Oliver nervioso.
- Más te vale - le interrumpió Fred.
- O vamos a tener un problema - añadió George.
- Y tal y como le tratamos todos en el equipo en esa época, no sabía si ibais a estar de acuerdo conmigo o no - terminó Oliver rápidamente, ignorando la advertencia.
Los miembros del equipo se quedaron congelados un segundo.
- ¡¿Cómo no íbamos a estar de acuerdo contigo?! - exclamó Katie indignada.
- Bueno, sí que tratamos mal a Harry... - empezó Alicia, entendiendo lo que quería decir Wood. Habían estado tan molestos con Harry que no le extrañaba que el chico hubiese creído que podían hacer una locura y echarle, cometiendo un error garrafal.
- ¡Teníamos que haberlo sabido! - protestó George enfadado con Oliver, con el mundo, con el resto del equipo, con todo Hogwarts y, sobre todo, consigo mismo. Era culpa de todos que hubiesen llegado a ese punto, después de todo.
- ¡Esta podría haber sido la patada en el culo que necesitábamos, Oliver, en vez de haber necesitado que ocurriese lo que le ocurrió a Harry a final de curso para darnos cuenta de que fuimos unos idiotas! - gritó Fred, igual de furioso que su hermano.
- ¡Fred! - exclamó su madre, escandalizada al oírle hablar así.
Fred le hizo caso omiso. Estaba apretando los puños tan fuerte que se dejó las marcas de las uñas en las palmas de las manos. Si tan solo lo hubiesen sabido, a lo mejor habría cambiado algo... A lo mejor Harry, Ron y Hermione no habrían ido por su cuenta a hacer lo que sea que hiciesen (todavía no estaban seguros de qué había pasado) y Harry no habría acabado tres días inconsciente en la enfermería.
—¿Renunciar? —exclamó Wood—. ¿Qué ganaríamos con eso? ¿Cómo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al quidditch?
- Ni ganando la copa de quidditch recuperaríais suficientes puntos para ganar la copa de la casa - dijo Charlie.
- Cierra el pico, Charlie - dijo Tonks dándole un codazo en las costillas -. ¿O es que prefieres que hubiese aceptado la renuncia de Harry?
- Ya sabía yo que te había sentado mal perder contra Harry - dijo Bill, forzando una sonrisa para intentar aligerar el ambiente. Era el trabajo de los gemelos normalmente, pero en ese momento estaban demasiado ocupados recriminándose a sí mismos -, pero no sabía que habías llegado al punto de que hubieses preferido que no hubiese entrenado en un año entero. Eso no es un muy buen espíritu deportivo.
- Cállate, Bill. A ti también te habría ganado.
- ¿Jugando como buscador? Sin duda. ¿Pero si fuese una competición a ver quién de los dos es mejor cazador? Esa creo que la ganaría yo - dijo con una sonrisa orgullosa, casi arrogante.
Charlie puso los ojos en blanco y le ignoró, girándose para seguir escuchando a Luna leer.
Pero hasta el quidditch había perdido su atractivo. El resto del equipo no le hablaba durante el entrenamiento, y si tenían que hablar de él lo llamaban «el buscador».
- ¿Qué? - se sorprendieron los demás Weasley. Estaban mirando a los gemelos entre sorprendidos y decepcionados.
- ¿Vosotros también? - preguntó Arthur. No alzó la voz ni sonaba enfadado, pero la decepción que podían sentir saliendo de él sacó una mueca de los gemelos.
- No fue nuestro mejor momento - dijo George, bajando la cabeza, avergonzado.
- Nos molestó que básicamente le hubiesen regalado la copa a Slytherin cuando la teníamos tan cerca - murmuró Fred, evitando mirar a su familia, incluyendo a Harry.
- ¿Y dejasteis de lado a Harry? - preguntó Bill incrédulo. No era capaz de creérselo.
Los gemelos no supieron qué responder. Era una de las pocas cosas de las que se arrepentían más que nada.
- Da igual - intervino Harry, yendo a su rescate. Le había dolido que hiciesen eso los mismos chicos con los que unos meses antes había estado jugando una pelea de bolas de nieve y había pasado las vacaciones de Navidad, pero le dolía más verles actuar de esa forma que era tan... no Fred y George -. Se disculparon a final de año y este curso lo han compensado con creces así que ya no importa.
- ¿Estuvieron así hasta final de curso? - repitió Charlie, fulminando a los gemelos con la mirada.
- Los Weasley no hacemos ese tipo de cosas - dijo Bill, frunciendo el ceño.
- Bill, Charlie, os lo agradezco - dijo Harry sonrojándose -, pero de verdad que no hace falta. Ya estamos en paz.
Los dos hermanos Weasley dudaron un segundo.
- De acuerdo, Harry - suspiró Bill.
- Pero como vuelvan a hacer una cosa así... - amenazó Charlie, dejándolo en el aire. No hacía falta que lo terminara antes de que los gemelos estuviesen asintiendo como locos.
- Nunca volveríamos a cometer ese error - negó Fred con la cabeza.
- Hemos aprendido nuestra lección - aseguró George.
- Y lo mismo va para el resto del equipo de quidditch - advirtió Charlie girándose hacia los demás jugadores de Gryffindor.
- Nunca más, Charlie - prometió Oliver, pero miraba a Harry. Sabía, igual que los otros, que el año anterior habían cometido un error garrafal, pero se habían prometido no volver a hacerlo. En un buen equipo los jugadores confían ciegamente los unos en los otros y lo que habían hecho el año anterior había demostrado que no habían cumplido eso. No iban a dejar que eso volviese a pasar con ninguno de los jugadores.
Hermione y Neville también sufrían. No pasaban tantos malos ratos como Harry porque no eran tan conocidos, pero nadie les hablaba. Hermione había dejado de llamar la atención en clase, y se quedaba con la cabeza baja, trabajando en silencio.
- ¿Y eso cómo va a ayudar a que Gryffindor gane puntos? - preguntó Tonks, alzando una ceja escéptica.
- No ayuda - reconoció Hermione -. Pero ayudaba a reducir el número de insultos que yo recibía.
Eso calló rápidamente a la metamorfomaga.
- Y el número de personas de las que teníamos que defenderla Harry y yo - añadió Ron, fulminando con la mirada a todos a su alrededor y acercándose a Hermione como para protegerla.
- Y el número de hechizos que teníamos que aprender a contrarrestar cuando nos conseguíamos esquivarlos - bufó Harry. Con eso habían acumulado varias horas más de biblioteca.
- ¡¿Os atacaron?! - exclamaron los demás en shock, que pronto se convirtió en furia.
- Solo un par de veces los primeros días - dijo Hermione rápidamente, quitándole importancia.
- ¿Por qué no dijisteis nada? - preguntó Dean perplejo y algo culpable.
- ¿A quién? Nadie estaba contento exactamente con nosotros - razonó Harry.
- ¿Y por qué no vinisteis ni una vez a la enfermería si os habían hechizado? ¡Podríais haberlo empeorado todo! - exclamó la señora Pomfrey, imaginándose todo lo que podía haber ido mal.
- ¿Con Hermione buscando con nosotros? Imposible - Ron descartó la idea de que Hermione pudiese equivocarse al buscar algo en la biblioteca.
- Pero... - empezó la señora Weasley frunciendo el ceño.
- No pasó nada, mamá - dijo Ron exasperado, resistiendo apenas el impulso de poner los ojos en blanco. Eso no iba a ayudarle en ese momento.
- Nos apañamos bien entre los tres, señora Weasley. Siempre lo hacemos - dijo Harry tranquilamente, como si no viese todas las cosas que estaban mal cuando tres niños dejaban de buscar ayuda y creían estar ellos solos contra el mundo.
Harry casi estaba contento de que se aproximaran los exámenes. Las lecciones que tenía que repasar alejaban sus desgracias de su mente. Él, Ron y Hermione se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche, tratando de recordar los ingredientes de complicadas pociones, aprendiendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los gnomos.
Y entonces, una semana antes de que empezaran los exámenes, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le concerniera sufrieron una prueba inesperada.
- No va a aguantar - dijo Fred, tratando de volver a su humor de siempre.
- Le va a poder la curiosidad - sonrió George, siguiendo el ejemplo de su hermano.
- Qué poca fe tenéis en mí - resopló Harry casi indignado.
Una tarde que salía solo de la biblioteca oyó que alguien gemía en un aula que estaba delante de él. Mientras se acercaba, oyó la voz de Quirrell.
—No... no... otra vez no, por favor...
- ¿Qué? - dijeron muchos confundidos.
- ¿Qué está pasando? - preguntó Ginny llena de aprehensión.
- Parece como si le estuvieran obligando a hacer algo - dijo Bill con el ceño fruncido.
- Esto me da muy mala espina - musitó Tonks, con el pelo azul eléctrico.
- No eres la única. ¿Quién demonios le está amenazando en Hogwarts? - preguntó Charlie.
- Harry tendría que entrar en el aula para que lo supiésemos - dijo Remus, mirando intencionadamente al chico. Por mucho que quisiese saberlo, no a coste del riesgo de que pillasen a Harry.
- Casi que prefiero quedarme con las dudas entonces - dijo Charlie rápidamente.
- ¿Por qué hemos dicho que no iba a poder evitar investigar un poco? - dijo Fred, casi molesto consigo mismo.
- Obviamente Harry va a ignorarlo y pasar de largo - dijo George, más para convencerse a sí mismo que a otros.
Parecía que alguien lo estaba amenazando. Harry se acercó.
- Harry - gruñeron todos.
- ¿Qué? ¡Vosotros también os habríais acercado! - se defendió él.
- No con once años - le contradijo Remus frustrado. ¿Es que tenía el instinto de supervivencia atrofiado? -. A esa edad habríamos ido a buscar ayuda o lo habríamos ignorado.
- Bueno, ¿y qué pasa si necesitaba ayuda? ¡No podía irme sin más! - protestó él como si fuese lo más normal del mundo.
- Harry - repitieron todos, pero era más un suspiro lleno de resignación y cariño que un gruñido para regañarle.
—Muy bien... muy bien. —Oyó que Quirrell sollozaba.
Al segundo siguiente, Quirrell salió apresuradamente del aula, enderezándose el turbante. Estaba pálido y parecía a punto de llorar.
- Pobre Quirrell - dijo Seamus con una mueca. Sintió la culpa por haberse burlado de él aumentar otro poco. Merlín, ¿es que no había hecho nada bien el curso anterior?
Desapareció de su vista y Harry pensó que ni siquiera lo había visto. Esperó hasta que dejaron de oírse los pasos de Quirrell y entonces inspeccionó el aula.
- ¡Harry! - exclamaron una vez más, exasperados con el chico.
- ¿Qué? Solo quería ver si había algo con lo que pudiese averiguar con quién estaba y ayudarle - se defendió Harry de nuevo. Estaba cansándose de tener que explicar todas sus acciones.
- ¿Y si esa persona seguía allí? - preguntó Neville con los ojos como platos.
- Entonces habría sabido exactamente quién estaba amenazando a Quirrell - respondió Harry simplemente.
- ¿Y si la hubiese tomado contra ti? - preguntó Lavander, mordiéndose el labio por los nervios.
- ¿Es que hubiese sido mejor que no intentase ayudar a Quirrell? - exclamó Harry perdiendo la paciencia. Conociendo la historia completa, él sabía que sí, hubiese sido mejor que no intentase ayudarle, pero la mayoría no eso sabía todavía.
- No era tu problema, Harry - dijo Sirius, tratando de hacerle entrar en razón. Él solo quería que su ahijado no se metiese en ese tipo de situaciones que le ponían en peligro -. Podías haberlo ignorado.
Harry le miró traicionado antes de enfadarse con su padrino.
- ¿Eso es lo que hubieses hecho si hubieses visto a alguien amenazarme a mí? - espetó apretando los puños.
- ¡¿Qué?! - exclamó Sirius atónito. ¿Cómo podía pensar eso Harry? -. ¡Yo jamás haría eso! ¡Eres mi ahijado!
- ¿Y si no fuese tu ahijado? - espetó Harry -. ¿Y si me acabases de conocer y fuese solo Harry?
Sirius abrió la boca antes de cerrarla de golpe. Sabía que una de las principales razones por las que se preocupaba tanto por Harry era porque el chico era lo único que le quedaba de James y Lily. Ahora le quería por ser Harry, por supuesto, pero si no le hubiese conocido, las cosas hubiesen sido distintas y no podía negarlo. Le habría acabado queriendo tanto como le quería, sin ninguna duda, pero no habría sido instantáneo. No habría estado dispuesto a ponerse en peligro por él desde el minuto uno sin pensárselo.
- Harry, es distinto... - empezó Sirius tentativamente.
- ¡¿Por qué?! - espetó Harry -. ¡A mí me hubiese gustado que alguien me ayudase cuando estaba con los Dursley, pero todos miraban hacia otro lado! ¡No pienso hacer eso jamás con otra persona!
Todos le miraban aturdidos. No muchos harían eso, por mucho que dijesen que sí. Nunca es fácil ponerse a uno mismo en un apuro, pero ese niño estaba dispuesto a hacerlo por alguien al que no le tenía ningún cariño.
- Si cualquiera tuviese un problema que no pudiese contar por cualquier motivo y alguien lo descubriese por casualidad, no hay nadie que no quisiese que le ayudasen. Eso os lo puedo asegurar. Y la peor sensación que puedes tener en ese momento es la que tienes cuando alguien se da la vuelta y hace como que no lo ha visto. No pienso hacerle eso jamás a nadie, aunque el riesgo si algo hubiese salido mal no hubiese sido un simple castigo - repitió Harry muy serio.
Le seguían mirando en completo silencio.
- ¿Ya ha quedado claro por qué entré en esa aula? - preguntó Harry impacientemente. Algunos asintieron levemente con la cabeza -. Estupendo. ¿Puedes seguir, Luna?
- Por supuesto, Harry - aceptó ella alegremente, como si el resto no siguiese sin palabras.
Parecía vacía, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta. Harry estaba a mitad de camino, cuando recordó que se había prometido no meterse en lo que no le correspondía.
- No me puedo creer que sí que lo recordase - dijo Fred algo sorprendido.
- Bien hecho, pequeño Harry - felicitó George con una enorme sonrisa.
Al mismo tiempo, habría apostado doce Piedras Filosofales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Harry había escuchado, Snape debería estar de mejor humor... Quirrell parecía haberse rendido finalmente.
- Eso no es bueno - dijo Remus, pasándose la mano por el pelo en un gesto cansado.
- No lo es - estuvo de acuerdo Tonks -. Pero, sinceramente, me sorprende que aguantase tanto tiempo. Han pasado semanas desde que Harry les espió en el bosque.
- Pues ya podía haber aguantado un poco más - bufó Sirius.
- O haber ido a decírselo a Dumbledore. Él seguro que le habría ayudado - dijo Percy con el ceño fruncido.
Harry regresó a la biblioteca, en donde Hermione estaba repasándole Astronomía a Ron.
- ¿Repasándole Astronomía a Ron? - repitió Ginny con una ceja alzada.
- Ya se ha mencionado antes que Hermione no nos deja copiarles los deberes - explicó Ron encogiéndose de hombros.
- Pero siempre nos los revisa si se lo pedimos - dijo Harry enviándole una sonrisa a Hermione -. Nos ha salvado de unas cuantas así.
- Y si atendieseis un poco más en clase, no haría falta que os los revisase tantas veces - replicó ella poniendo los ojos en blanco, pero perdía el efecto con la pequeña sonrisa que tenía en el rostro.
Harry les contó lo que había oído.
- Por supuesto - resopló Dean divertido.
- ¿No pensaríais que iba a ocultárselo? - preguntó Harry incrédulo.
- No, claro que no - se apresuró a asegurar su compañero -. Solo me hace gracia que no tengáis secretos entre vosotros.
- No empieces, Dean - gruñó Ron, fulminándole con la mirada.
- ¿Qué? ¿Ahora qué he hecho? - preguntó él confundido.
- ¿Tú sabes lo que nos ha costado que Harry entienda que debe contarnos esas cosas siempre? - demandó Hermione. Harry supo que si hubiese estado de pie habría estado con las manos en las caderas.
- No llegues tú ahora y lo fastidies todo - advirtió Ron, señalándole con el dedo. Se inclinó hacia delante para mirar a Harry muy serio -. Y tú acuérdate de que estamos los tres en esto. Que no se te metan ideas en la cabeza.
- No se me ocurriría - respondió Harry divertido.
- Más te vale.
—¡Entonces Snape lo hizo! —dijo Ron—. Si Quirrell le dijo cómo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras...
- Ese encantamiento no habría sido capaz de detener ni a un mosquito - bufó Ron por lo bajo, disgustado por haber defendido a ese... esa escoria que había tratado de matar a su mejor amigo.
- En realidad, el trol que puso no estaba nada mal como protección. Me alegro de que no tuviésemos que enfrentarnos a él - dijo Hermione pensativa.
- ¿Tú de qué lado estás? - exigió saber Ron indignado.
- Shh - les chistó Harry. Estaban empezando a alzar la voz y les iban a oír.
- ¿Cómo que "Shh"? No me digas que estás de su lado - exclamó el pelirrojo frunciendo el ceño -. Quirrell era un inútil y solo consiguió hacer lo que hizo gracias a Quien-tú-sabes.
- No es eso, Ron... - empezó apresuradamente Harry.
Demasiado tarde.
- ¿Qué estáis cuchicheando vosotros tres por ahí? - preguntó Charlie, mirándoles con una ceja alzada.
- Nada - dijeron los tres a la vez.
Vale. Nada sospechoso. Todos les creían seguro.
- ¿Sabéis qué? Casi prefiero no saberlo - decidió Charlie finalmente.
—Pero todavía queda Fluffy —dijo Hermione.
—Tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin preguntarle a Hagrid —dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban—. Seguro que por aquí hay un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas. ¿Qué vamos a hacer, Harry?
- Así que Harry no es el único con más curiosidad de la que debe - dijo Bill mirando con una sonrisa burlona a su hermano pequeño.
- ¿Qué? Yo no... - empezó Ron con las orejas rojas.
- ¿Cómo que no? ¿Y esa pregunta que hiciste? - dijo Charlie, disfrutando al ver a su hermano así de nervioso.
- No es lo que parece - insistió él ruborizado.
La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron,
- ¿Ah, no? - dijo Bill alzando una ceja y haciendo todo lo posible para no echarse a reír.
- Ronald Weasley, más te vale no proponer lo que creo que vas a proponer - le regañó su madre muy seria -. Ya os habéis metido en suficientes líos este año.
- Sí, mamá - aceptó Ron bajando la cabeza. Cuando se enterase que lo peor estaba por llegar...
pero Hermione respondió antes de que Harry lo hiciera.
—Ir a ver a Dumbledore. Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con seguridad vamos a perder.
- Por fin vais a ir a avisar a un adulto - suspiró Percy aliviado -. Todo esto se habría podido evitar si hubieseis ido desde el principio.
- No seas así, Perce - dijo George frunciendo el ceño.
- Si vas a avisar a un adulto cada vez que tienes un problema, no aprendes nunca a sacarte las castañas del fuego - asintió Fred totalmente de acuerdo con su gemelo.
- ¡Esto es algo mucho más importante! ¡No pueden pretender ocuparse de ello ellos solos! - protestó Percy testarudo.
- ¡Ya vale! - interrumpió la señora Weasley antes de que pudiesen seguir discutiendo -. Me parece estupendo que esos tres sean independientes y capaces de solucionar sus propios problemas, pero es cierto que esto empieza a ser demasiado grande para ellos. Ahora, ¿podemos seguir?
Sus tres hijos asintieron a regañadientes. Por su parte, el trío de oro había permanecido sabiamente en silencio. No tenía sentido meterse en problemas antes de tiempo.
—¡Pero no tenemos pruebas! —exclamó Harry—. Quirrell está demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape sólo tiene que decir que no sabía cómo entró el trol en Halloween y que él no estaba cerca del tercer piso en ese momento. ¿A quién pensáis que van a creer, a él o a nosotros? No es exactamente un secreto que lo detestamos. Dumbledore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen. Filch no nos ayudaría aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape y, mientras más alumnos pueda echar, mejor para él. Y no olvidéis que se supone que no sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy. Serían muchas explicaciones.
Todos miraron algo aturdidos a Harry.
- ¿Qué? - dijo él, removiéndose en el asiento incómodo.
- Casi da miedo cuando hace eso - dijo Seamus con los ojos como platos.
- Todos convencidos de una idea y ¡plaf! - dijo Katie golpeándose la palma de la mano con el puño -. Llega este y la echa por tierra.
- Es como si canalizase a Hermione - asintió Alicia.
- ¿No harás tú también eso, verdad, Ronnie? - preguntó George mirándole cauteloso.
- ¿Qué? No - negó Ron con la cabeza -. Son solo estos dos los que tienen inspiraciones espontáneas.
Hermione pareció convencida, pero Ron no.
—Si investigamos sólo un poco...
—No —dijo Harry en tono terminante—: ya hemos investigado demasiado.
- Eso... sí que ha sido inesperado - dijo Fred, mirando extrañado a Harry.
- No creía que fuese a cumplirlo - dijo George. Estaba haciendo todo lo posible para ignorar la extraña sensación que estaba teniendo en su estómago.
En realidad, todos estaban sintiendo eso. Eso no era normal en Harry.
Harry tenía que tener una curiosidad infinita y ganas de saber todo sobre cualquier secreto.
Tenía que ignorar los riesgos como si no fuesen más que guijarros en el camino mientras los demás trataban de pararle e iban sufriendo ataques de pánico por sus locuras mientras tanto.
Tenía que estar dispuesto a todo y un poco más.
No tenía que ignorar un misterio.
No tenía que mirar hacia otro lado al encontrarse un problema y decidir que iba a dejar que siguiese su curso y que fuese lo que Merlín quisiera.
Lo que siempre deseaban todos los que conocían a Harry era que pensase un poco más en sí mismo de vez en cuando y no se lanzase tan de cabeza a la aventura sin preguntarse lo que iba a pasar.
Ahora tenían lo que querían. Deberían estar satisfechos y aliviados. Y, sin embargo, no se sentían así. Sentían un peso incómodo en el estómago, como si hubiesen roto algo que no se habían dado cuenta hasta ese momento que tenían.
Ese no era Harry. Solo era una copia barata. ¿Habían hecho ellos eso? ¿Era culpa suya que hubiese pasado eso? ¿Habían conseguido extinguir la chispa que hacía que Harry fuese Harry con sus estúpidos comentarios y lo mal que le habían tratado?
¿Habían pensado que se sentían culpables al principio del capítulo? No era nada comparado con lo que sentían en ese instante. Tenían ganas de disculparse y al mismo tiempo sacudir al chico hasta que volviese a ser él.
Por desgracia, las cosas nunca son tan fáciles. Solo podían esperar y cruzar los dedos para que eso se le pasase y volviese a ser Harry.
Acercó un mapa de Júpiter a su mesa y comenzó a aprender los nombres de sus lunas.
A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry, Hermione y Neville, en la mesa del desayuno. Eran todas iguales.
Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche.
El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.
Prof M. McGonagall
- ¿Tan tarde? - murmuró el señor Weasley sin atreverse a subir mucho la voz. Él también había tenido que tragarse el nudo en la garganta hacía unos segundos y todavía se notaba la tensión en el ambiente.
- Si les habían castigado por salir de la torre por la noche, ¿no es un poco estúpido que su castigo sea por la noche fuera de la torre? - preguntó Tonks dubitativa. Ella no era profesora, pero había recibido suficientes castigos para saber que ese no era normal.
- ¿A lo mejor es algún tipo de psicología retorcida? En plan, que lo van a pasar tan mal esa noche estando fuera que no van a querer volver a salir - sugirió Charlie.
Todos se lo quedaron mirando incrédulos.
- Sí, vale, yo tampoco me creo que sea eso - admitió Charlie ruborizándose.
- Eso espero. ¿No creerás de verdad que eso funcionaría con ellos, no? - preguntó Bill con una ceja alzada.
- Solo era una idea - musitó Charlie, removiéndose incómodo.
- Menuda idea - masculló Bill, poniendo los ojos en blanco.
En medio del furor que sentía por los puntos perdidos, Harry había olvidado que todavía les quedaban los castigos. De alguna manera esperaba que Hermione se quejara por tener que perder una noche de estudio, pero la muchacha no dijo una palabra. Como Harry, sentía que se merecían lo que les tocara.
La profesora McGonagall sintió una punzada de culpa. Había estado tan furiosa aquella noche que no había pensado en lo que iba a provocar el que perdiesen tantos puntos de golpe, la mitad de todos ellos injustamente. No se había dado cuenta de lo que iban a hacer el resto de los alumnos.
Para cuando se había calmado, ya era la mañana siguiente y todo el mundo sabía lo ocurrido. No podía retractarse de lo que había hecho sin que la acusasen de favoritismos. Era demasiado tarde para arreglarlo y solo había podido observar desde lejos cómo sus tres alumnos se encerraban en sí mismos para soportar las burlas.
Ahí había empezado el sentimiento de culpa que había sido capaz de ignorar durante un tiempo. Y también era ese sentimiento el que la había hecho aceptar la petición de Hagrid y ponerle a él a cargo del castigo de los cuatro alumnos. Ahora que se paraba a pensarlo, nunca le había preguntado qué habían hecho exactamente. Había planeado preguntarle a la mañana siguiente, pero se había sentido tan aliviada y tan contenta al ver que Harry y Hermione parecían volver a ser ellos mismos que se le había olvidado. Por lo menos ahora lo sabría gracias a los libros.
A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville. Filch ya estaba allí y también Malfoy.
- ¿Encima tienen el castigo con Malfoy? - exclamó Sirius horrorizado -. Minnie, eso empieza a ser tortura.
- No vi nada de malo en que compartiesen el castigo, Sirius - dijo ella con firmeza -. Así no podrían hablar de favoritismos. Todos hicieron lo mismo.
- Pero aun así, Minnie...
- Compartieron el castigo y no hay más que hablar, Sirius. De todas formas, ya no se puede cambiar - le cortó ella, decidida a que no le hiciesen dudar todavía más de las decisiones que había tomado aquellos días.
Harry también había olvidado que a Malfoy lo habían condenado a un castigo.
—Seguidme —dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera—.
- ¿Hacia fuera? - repitió Remus confundido -. ¿Qué van a hacer fuera?
- Yo creía que iban a tener que limpiar unos trofeos o algo - dijo Sirius igual de confundido. Miró interrogante a McGonagall.
- Yo no organicé ese castigo, solo quién lo supervisaba. No sé exactamente en qué consistió - respondió ella, pero también estaba frunciendo el ceño. Tenía la horrible sensación de que había sido un error garrafal no haberlo supervisado ella misma.
- ¿Pero por qué van a fuera? - preguntó Ginny.
- Bueno, es obvio, ¿no? - dijo Luna suavemente -. El título del capítulo es El bosque prohibido por algo.
Todos se congelaron en el sitio.
- No digas tonterías, Luna - dijo Parvati nerviosamente -. ¿Quién pondría un castigo a unos de primero en el bosque prohibido?
- No lo sé - respondió ella como si la chica hubiese esperado de verdad una respuesta -. Pero el bosque está en el título por alguna razón, y ahora están todos dirigiéndose hacia fuera sin que sepamos por qué.
Todos intercambiaron miradas nerviosas mientras la rubia volvía a empezar a leer. Solo era una de las locuras de Luna, ¿no? No podía ser cierto. Nadie mandaría a ningún alumno al bosque prohibido de noche, ¿verdad?
¿Verdad?
Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad? —dijo, mirándolos con aire burlón—. Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión... es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo, unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan...
- ¿Creéis que de verdad las tiene? - preguntó Alicia dubitativa.
- Sí que las tiene - dijeron los gemelos y los dos merodeadores a la vez.
- No sé cuántas veces nos ha dicho que iba a colgarnos del techo de los pulgares - dijo Sirius divertido. Para él era de los mejores momentos de los sermones de Filch, cuando refunfuñaba por lo bajo cuál sería el castigo que él pondría. Según pasaba el tiempo en el que le dejaban murmurar para sí mismo, esos castigos se iban volviendo más y más estrafalarios hasta que estabas más ocupado conteniendo la risa que pensando en qué pasaría si conseguía la autorización para ponerlos en práctica.
- Le encanta amenazar a los que más veces acaban en su oficina con ellas - dijo Remus con una mueca de disgusto. No entendía por qué trabajaba con niños si los odiaba tanto.
- Las saca del armario de vez en cuando y las limpia - dijo Fred.
- Las abrillanta mientras les murmura como a la señora Norris - George sacudió la cabeza. La vez en la que le habían visto haciendo eso casi les habían pillado por quedarse parados, boquiabiertos por la sorpresa.
- Pero el señor Filch nunca va a obtener permiso para utilizarlas. Mientras yo siga en este castillo, no se colgará a ningún alumno del techo - aseguró Dumbledore casi como una promesa.
Bien, allá vamos, y no penséis en escapar, porque será peor para vosotros si lo hacéis.
Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenzó a respirar con dificultad. Harry se preguntó cuál sería el castigo que les esperaba. Debía de ser algo verdaderamente horrible, o Filch no estaría tan contento.
El nerviosismo y la tensión iban aumentando por momentos. Si estaban cruzando la explanada de césped, solo podían estar yendo hacia el campo de quidditch (y obviamente no iban a ir allí para un castigo), al lago o al bosque prohibido.
Cada vez parecía más probable la suposición de Luna y eso no les gustaba ni un pelo.
La profesora McGonagall empezó a fulminar con la mirada a Hagrid. No había consistido en eso el castigo, ¿verdad?
La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándolos en la oscuridad. Delante, Harry pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano.
—¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.
- ¿Hagrid está supervisando el castigo? - preguntó Remus sorprendido.
- Gracias a Merlín - suspiró Sirius aliviado -. Entonces no puede ser tan malo. El único que de verdad va a odiar el castigo va a ser Malfoy.
- Pero ahora solo tiene más sentido la idea de que vayan a entrar en el bosque prohibido de noche - dijo Remus, borrando de inmediato la sonrisa de Sirius.
El corazón de Harry se animó: si iban a estar con Hagrid, no podía ser tan malo. Su alivio debió aparecer en su cara, porque Filch dijo:
—Supongo que crees que vas a divertirte con ese papanatas, ¿no? Bueno, piénsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde iréis y mucho me habré equivocado si volvéis todos enteros.
Exclamaciones indignadas se alzaron por toda la sala.
- ¿Cómo se atreve a decir eso? ¡Son solo niños! - chilló la señora Weasley, deseando tener al conserje delante para mostrarle lo que ocurría cuando amenazabas a los niños de Molly Weasley.
- Hace mucho que no le gastamos una broma a nuestro querido Filch, ¿no crees, Feorge? - dijo Fred con un brillo travieso en los ojos.
- Mucho tiempo, Gred. Y creo que ha pasado todavía más desde que Filch visitó el bosque - dijo George empezando a sonreír.
- No podemos permitir que pase más tiempo sin ir, ¿verdad?
- ¡Por supuesto que no! Él también tiene que disfrutar de las maravillas que esconde el bosque de noche.
- Chicos - dijo Arthur suavemente, pero le delataba la sonrisa que era incapaz de esconder.
- De todas formas, los comentarios del señor Filch son lo de menos - dijo la profesora McGonagall. Tenía los labios apretados en una fina línea y fulminaba a Hagrid con la mirada -. Te puse a cargo del castigo, Hagrid.
- Sí... - dijo Hagrid, retorciendo las manos, nervioso. Miraba cauteloso a la profesora y se alejaba discretamente de ella todo lo posible sin levantarse de su asiento. Bueno, todo lo discretamente que era capaz de actuar Hagrid.
- ¡¿Cómo se te ocurre llevarles al bosque?! - explotó McGonagall, echando chispas por los ojos.
- Yo... Yo no... - balbuceó el semigigante palideciendo.
- ¡El bosque está prohibido para los alumnos y tú te llevas a cuatro de ellos que no han terminado su primer año de formación mágica! ¡Podía haberles pasado cualquier cosa!
Los cuatro alumnos que habían tenido el castigo se sonrojaron ligeramente. No se esperaban que la misma profesora que les había castigado fuese la que les estaba defendiendo con tanto ahínco en esos instantes. Aunque probablemente solo está preocupada por Potter y los otros dos Gryffindors, pensó Malfoy para sí mismo, ignorando la incómoda sensación que se parecía peligrosamente a envidia con una pizca de tristeza.
- Minerva, estoy seguro de que los chicos no corrieron ningún peligro con Hagrid ahí. Hay pocos que conozcan el bosque tan bien como él - intervino Dumbledore tranquilamente, a pesar de que le estaba mandando una mirada de advertencia a Hagrid. Esperaba que fuese cierto lo que acababa de decir.
- ¿Qué van a hacer en el bosque de todas formas? ¿Darse un paseo? - se atrevió a preguntar Bill después de unos segundos de incómodo silencio.
- No lo sé, pero espero que Dumbledore tenga razón y no haya pasado nada - musitó Tonks nerviosa.
Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.
—¿El bosque? —repitió, y no parecía tan indiferente como de costumbre—. Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.
Sirius y Remus intercambiaron una mirada fugaz, pero tuvieron que apartar la vista rápidamente por miedo a estallar en carcajadas. Ahora ya no había hombres lobo, pero si hubiesen buscado hacía unos años… Buen, entonces hubiese sido otra historia.
Neville se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado.
—Eso es problema vuestro, ¿no? —dijo Filch, con voz radiante—. Tendríais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos.
- ¿Cómo se atreve a asustarles así? ¡No hay hombres lobo en ese bosque! - exclamó Tonks, con su pelo cambiando a un naranja oscuro por la indignación.
- ¿Y tú cómo lo sabes? - preguntó Charlie alzando una ceja.
- Los hombres lobo solo son hombres lobo en luna llena, Charlie. Creía que lo sabías - replicó ella sarcástica -. Y no creo que nadie quiera vivir en ese bosque todos los días, y no han dicho que sea luna llena, así que no hay peligro de que se encuentren con un hombre lobo transformado. ¡Y el resto del tiempo son tan peligrosos como tú o como yo!
Todos se quedaron mirándola estupefactos. ¿A qué venía esa defensa tan entusiasta de los hombres lobos? El único que no la miraba así era Sirius, que trataba de esconder una sonrisa orgullosa al mirar de su sobrina a su amigo.
Remus era incapaz de apartar la vista de la metamorfomaga. ¿De verdad pensaba eso de los hombres lobo? ¿No les tenía miedo ni asco? Era… maravillosa. Esa chica era maravillosa. Ese era el único pensamiento que daba vueltas en la cabeza de Remus mientras la miraba con una suave sonrisa.
Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.
—Menos mal —dijo—. Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien, Harry, Hermione?
—Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid —dijo con frialdad Filch—. Después de todo, están aquí por un castigo.
- Sí, por mi culpa - dijo Hagrid bajando la cabeza, avergonzado.
- ¡Oh, Hagrid, no digas eso! - exclamó Hermione -. ¡No fue culpa tuya!
- Nosotros te insistimos para que nos contases qué era lo que escondías - dijo Ron.
- E quisimos ayudarte a cuidar de Norberto - añadió Hermione sonriendo.
- Y fue mía la idea de pedirle ayuda a Charlie - sonrió Harry -. Y fue a nosotros a quienes se nos olvidó la capa de invisibilidad en la torre.
Hagrid les sonreía agradecido. Esos tres eran algo especial.
- ¿Ves, Hagrid? - dijo Hermione, devolviéndole la sonrisa -. Fuimos nosotros quienes nos metimos en eso. Y sé que hablo por los tres cuando digo que no dudaríamos en volver a hacerlo todo de nuevo si hiciese falta. Aun sabiendo que íbamos a acabar castigados otra vez.
- Y eso es mucho, viniendo de Hermione - bromeó Ron, ganándose un codazo en las costillas de parte de la chica a su lado.
—Por eso llegáis tarde, ¿no? —dijo Hagrid, mirando con rostro ceñudo a Filch—. ¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer. A partir de ahora, me hago cargo yo.
- ¡Eso, Hagrid! - gritó George, elevando el puño al aire en un gesto de victoria.
- ¡Demuéstrale quién manda! - exclamó Fred poniéndose en pie con los brazos en alto.
- ¿Nos queréis dejar leer? - dijo Ginny exasperada -. Ya sabemos que Hagrid es genial.
- Pero no lo decimos suficientes veces, hermanita - contestaron los dos a la vez, incluso mientras se estaban volviendo a colocar en sus asientos.
—Volveré al amanecer —dijo Filch— para recoger lo que quede de ellos —añadió con malignidad. Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo, agitando el farol en la oscuridad.
- ¿Para recoger lo que quede de ellos? ¿De verdad ha dicho eso? - preguntó Seamus con el ceño fruncido -. ¿Adónde van exactamente? Filch tiene que saber lo que van a hacer, y no puede ser bueno, si está tan contento.
- No fue bueno - musitó Neville estremeciéndose al recordarlo. Había sido una de las peores noches de su vida.
- Filch siempre es un poco exagerado - dijo Angelina poco convencida -. Puede que no sea para tanto.
- Pero también es cierto que Filch no sabe disimular. Si está tan contento como dice el libro, tiene que ser algo malo - dijo Dean nervioso.
Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid.
—No iré a ese bosque —dijo, y Harry tuvo el gusto de notar miedo en su voz.
Harry sintió una punzada de culpa. Vale, había sentado estupendamente que Malfoy también pagase por cómo les había estado molestando durante la semana y media que Norberto había estado en Hogwarts. Pero, aun así, le dejaba un sabor amargo en la boca estar regocijándose en el miedo de otra persona, por muy mal que le cayese.
—Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts —dijo Hagrid con severidad—. Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar.
—Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...
—Te dirá que es así como se hace en Hogwarts —gruñó Hagrid—. ¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Haréis algo que sea útil, o si no os iréis. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!
Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada.
- ¡Bien hecho, Hagrid! - felicitaron muchos.
- Puede que no fuese exactamente cierto todo lo que has dicho porque ese tipo de castigos no son precisamente normales en Hogwarts - dijo el señor Weasley con una pequeña sonrisa -, pero me alegro de que por fin te hayas hecho respetar delante de Malfoy, Hagrid.
Hagrid se sonrojó hasta las orejas al oír los cumplidos de todos, pero se las apañó para sonreírles agradecido.
—Bien, entonces —dijo Hagrid—. Escuchad con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se arriesgue. Seguidme por aquí, un momento.
Todos se giraron de golpe hacia Hagrid, pero esta vez no para felicitarle, sino para lanzarle miradas suspicaces.
- ¿Peligroso? ¡¿Has dicho que es peligroso?! - preguntó McGonagall, alzando cada vez más la voz.
- Minerva, querida, seguro que no es para tanto - intentó calmarla Dumbledore, pero tuvo poco efecto. Probablemente porque él mismo tampoco era capaz de sonreír.
- ¿Que no es para tanto? ¡Es Hagrid de quien estamos hablando! ¡A él un dragón le parece un peluche! ¡Para que algo le parezca peligroso, tiene que ser muy peligroso! ¡Y definitivamente no para unos niños de primer año! - chilló ella, tratando de mantener la compostura. Sin embargo, era algo difícil al imaginarse la situación en la que estaban a punto de meterse cuatro de sus alumnos más pequeños.
- Minerva, cálmate - dijo firmemente la profesora Sprout, cogiéndole del brazo con tanta fuerza que no sería una sorpresa si le dejaba moretones. Por lo menos funcionó, y McGonagall dejó de apretar los reposabrazos hasta el punto que parecía que los iba a arrancar de cuajo.
- Hagrid, no vas a volver a estar a cargo de ningún castigo, nunca más - declaró después de respirar hondo un par de veces.
- Minerva, ni siquiera sabes seguro cuál fue el castigo, aparte de que fue en el bosque - dijo Flitwick, mirándola entre divertido y preocupado.
- Me da igual. Nunca más - decidió ella sin pinta de ir a cambiar de opinión en ningún momento.
- Exagerada - bufó Snape por lo bajo, poniendo los ojos en blanco. Ignoró convenientemente el agarre que tenía él mismo sobre su varita. No era por los nervios. No, él no estaba nada nervioso por ninguno de los cuatro alumnos, excepto a lo mejor un poco por su ahijado, Draco.
Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.
—Mirad allí —dijo Hagrid—. ¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio.
Todos jadearon sorprendidos.
- ¿Sangre de unicornio? - repitió Lavander, cubriéndose la boca con una mano.
- ¿Cómo se ha podido hacer daño un unicornio? - preguntó Ginny con los ojos como platos.
Nadie respondió. Todos estaban pensando lo mismo, aunque ninguno quisiese decirlo en voz alta: el unicornio no se había hecho daño él solo precisamente.
Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien.
Bajaron la cabeza, algo desesperanzados. Ya lo habían supuesto, claro, pero era mucho más duro oírlo confirmado. ¿Y lo peor de todo? Había dicho alguien, no algo, lo que significaba que había algún mago o bruja en Hogwarts capaz de hacer daño a un unicornio.
Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles.
Volvieron a jadear sorprendidos.
- ¿Muerto? - repitió Alicia con lágrimas en los ojos.
- ¿Alguien mató a un unicornio el año pasado? - preguntó Oliver pasmado -. ¿En el bosque de ahí al lado?
- Dos como mínimo. Probablemente más que Hagrid no ha decubierto - corrigió Angelina suavemente -. Han dicho que han herido a otro, y no sabemos cómo de grave está.
El humor del Gran Comedor había caído en picado y parecía que una nube de pesimismo se cernía sobre todos. Era difícil reírse y hacer bromas cuando unicornios, las criaturas más puras que te puedas encontrar, estaban siendo atacados a diestro y siniestro. Había que ser una persona muy ruin para hacer una cosa así porque pocas criaturas intentaban atacarlos y había menos todavía que los podían alcanzar.
Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.
Hubo algunos sollozos ahogados ante esto.
- ¿Van a tener que matar ellos al unicornio? - preguntó Molly, palideciendo de golpe.
- Eso no es seguro. Y de todas formas lo haría Hagrid antes que cualquiera de los niños - se apresuró a decir el señor Weasley, pasándole un brazo por los hombros para reconfortarla.
- ¿De verdad te llevaste a cuatro niños de primer curso para completar esta tarea, Hagrid? - preguntó McGonagall, demasiado horrorizada para enfadarse como es debido con el semigigante.
- Bueno, me pareció que debía ocuparme yo del castigo, ya que había sido a mí a quien habían estado intentando ayudar - respondió Hagrid como si fuese obvio -. Y no se me ocurría otra cosa que poder ponerles como castigo que tener que venir al bosque conmigo.
- Minerva, creo que estoy de acuerdo contigo. Hagrid no va a volver a estar a cargo de un castigo nunca más - dijo Flitwick pálido.
Todos estaban algo pálidos y miraban a Hagrid o al vacío con horror. Incluso Snape, después de haber llamado exagerada a McGonagall, no podía estar más de acuerdo con su decisión.
—¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? —dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.
Todos contuvieron la respiración, esperando la respuesta de Hagrid. Algunos, inocentemente, esperaban que Malfoy le hubiese abierto los ojos a Hagrid y este les dejase quedarse en su cabaña o algo así. Mejor todavía, que les mandase de vuelta al castillo y los enviase con Filch.
Merlín, ¿a dónde estaban llegando cuando preferían pasar tiempo con Filch que con Hagrid? Esa situación estaba mal la mirases como la mirases. ¡Hogwarts no tenía que funcionar así!
—No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang —dijo Hagrid—.
- Hagrid, sé que te conoces el bosque perfectamente y sabes defenderte de las criaturas que hay en él - dijo Charlie frunciendo el ceño -, pero no creo que eso sea exactamente cierto.
- No sé si podrías defenderte de algo o alguien capaz de matar unicornios, Hagrid - dijo Tonks mordiéndose el labio. Su pelo se había vuelto azul por los nervios.
- Tonterías. Nunca me ha pasado nada cuando estaba en el bosque - Hagrid le quitó importancia con un gesto despreocupado.
La metamorfomaga solo siguió mordiéndose el labio. Obviamente, no le habían convencido las palabras del semigigante.
Y seguid el sendero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.
- ¿Dividiros? - repitió McGonagall palideciendo todavía más -. ¿Vas a mandar a dos de esos niños solos por el bosque? ¿Y encima cuando hay algo matando unicornios ahí dentro?
- Teníamos que cubrir más terreno si queríamos encontrar antes al unicornio. El pobre había perdido mucha sangre ya y necesitábamos encontrarle cuanto antes si queríamos tener una oportunidad de salvarlo - explicó Hagrid sin fijarse en la reacción de la profesora.
- ¿Tanta sangre había? - musitó Katie con los ojos como platos.
- Sí - respondió Harry con una mueca -. Estaba todo el claro lleno y había marcas más adelante en el sendero y por los árboles.
- ¿Y aun así os dividisteis? - exclamó Angelina con un leve deje de histeria en la voz -. ¿Es que no sabéis que eso no se hace nunca? ¿No habéis visto nunca una película de terror?
- Los Dursley no me dejaban ver la televisión - respondió Harry encogiéndose de hombros.
- Nunca me han gustado las películas de terror - fue la explicación de Hermione.
- ¿Qué es una película de terror? - preguntaron Neville y Hagrid a la vez. Malfoy se negó a decir nada, pero su cara de confusión mostraba que estaba en la misma posición que ellos dos.
- Oh, Merlín - gimió Angelina dejando caer la cabeza entre las manos durante un instante -. Primero, una película es una historia que te cuentan con imágenes en movimiento, como una de nuestras fotos, pero mucho más larga. Y segundo, en las películas de terror, los buenos siempre se separan en el peor momento y siempre es entonces cuando aparece el malo de la historia y los va matando uno a uno.
Todos palidecieron al final de su explicación.
- Buena forma de ponernos los pelos de punta a todos, Angie - dijo George, forzándose a sonreír.
- ¿Yo os pongo los pelos de punta? ¿Y no será el bosque tétrico y oscuro en el que están a punto de entrar separados? - replicó ella fulminándole con la mirada.
- Puede. Pero mejor deja esas películas de terror tuyas para otro momento en el que no estemos en esta situación - pidió Fred mucho más serio que de costumbre. Por mucho que le gustase, no era momento para bromas.
—Yo quiero ir con Fang —dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos del perro.
- Es un cobarde - dijeron Sirius y Remus a la vez.
- No os ayudará en nada si os encontráis con algo - suspiró Sirius cansado. Puede que no le cayese bien Malfoy, pero tampoco quería que le pasase nada. Era solo un crío que repetía lo que decía su padre en casa.
- Lo máximo que hará será avisar de que se acerca algo. Y solo lo sabréis porque saldrá corriendo en dirección contraria - explicó Remus, que parecía haber envejecido unos cuantos años en lo que llevaban de lectura.
- Menudos ánimos que dais - dijo Bill algo molesto.
- Mejor que sepan lo que tienen a su disposición en vez de pensar que Fang les va a defender y luego encontrarse solos frente a lo que sea que vean - replicó Sirius sin inmutarse.
—Muy bien, pero te informo de que es un cobarde —dijo Hagrid—. Entonces yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y Fang, por el otro.
- ¿Esos van a ser los equipos? - dijo la profesora Sprout incrédula.
- Eso no va a salir bien - dijo Flitwick con la voz algo chillona por los nervios. Esos eran los peores equipos que podían haber hecho.
- ¿Malfoy y Longbottom juntos? Es una receta para el desastre - dijo Snape fulminando con la mirada a Hagrid. Si le pasaba algo a su ahijado por culpa de ese zopenco…
Todos miraban a los dos chicos con los ojos muy abiertos, como si fuese a ser la última vez que les veían. Malfoy hacía todo lo posible para soportarlo estoicamente, como si no le importase en absoluto, pero Neville no era capaz de hacer eso. El pobre estaba hecho un manojo de nervios que retorcía nervioso las manos y trataba de encogerse en el sofá.
- Neville - llamó Harry suavemente cuando Luna comenzó a leer de nuevo y la atención se desvió de los dos chicos. Neville le miró con los ojos llenos de miedo. Había sido horrible aquella noche y había tenido pesadillas durante semanas sobre ello -. Ven aquí - musitó, haciendo un gesto con la mano para que se acercara. Empujó un poco a Hermione para que ella y Ron hiciesen hueco y tiró de Neville hasta que acabó apretujado entre Harry y el brazo del sofá.
- Gracias, Harry - musitó el chico agradecido, relajándose ligeramente cuando le apretó un segundo el brazo como respuesta.
No sabía por qué, y no tenía sentido porque técnicamente él era un día mayor que Harry, pero el otro chico le daba una sensación de seguridad que no le daba nadie más, ni su abuela, ni nadie más de su familia, ni uno de los profesores, ni siquiera Dumbledore, por muy poderoso que fuese. Ahora entendía cómo era posible que Ron y Hermione se hubiesen calmado cuando habían entrado en pánico por la broma de los gemelos, la de las bolas de nieve que perseguían a Quirrell (y eso que todavía no entendía por qué habían entrado en pánico). Y entendía que no hubiesen entrado en pánico al enfrentarse al trol o que se hubiesen calmado al leer lo del desastre del primer partido de quidditch.
Era Harry.
Harry les hacía sentirse seguros en cualquier situación siempre que estuviese a su lado, incluso aunque él mismo no supiese cómo salir de ello. Harry desprendía seguridad por todos lados, como si supieses que iba a hacer cualquier cosa en su poder para protegerte y tú le creyeses con los ojos cerrados. Sabías lógicamente que un niño de doce años no puede derrotar a todo lo que se le ponga por delante, que no sabía mucha magia de momento y que le quedaba mucho por aprender del mundo mágico, pero eso no quitaba que te sintieses a salvo con él.
Fue entonces cuando Neville supo que seguiría a Harry hasta el fin del mundo si él se lo pedía. Sabía que era mucho más cercano a Ron y Hermione y no iba a tratar a inmiscuirse en la relación que tenían esos tres, pero quiso ser una persona con la que pudiese contar Harry cuando tuviese un problema. No iba a dejar que volviesen a ser Harry, Ron y Hermione contra el mundo, sino que les iba a ayudar siempre que pudiese. Eran sus amigos y los amigos se ayudan entre ellos, ¿no? Ellos tres, sobre todo Harry, le habían ayudado muchas veces antes y tocaba devolver el favor.
Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo? Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tened cuidado... en marcha.
- Oh, Merlín, qué mala pinta tiene esto - se lamentó Parvati, tapándose los ojos con la mano, como si así fuese a evitar que ocurriese.
El bosque estaba oscuro y silencioso. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba. Harry, Hermione y Hagrid fueron hacia la izquierda y Malfoy, Neville y Fang se dirigieron a la derecha.
Anduvieron en silencio, con la vista clavada en el suelo. De vez en cuando, un rayo de luna a través de las ramas iluminaba una mancha de sangre azul plateada entre las hojas caídas.
- ¡Pero si es que es totalmente una escena de una película de terror! - exclamó Angelina señalando al libro con el dedo. Todos dieron un respingo sorprendidos por el grito que había cortado el silencio tenso que se había instalado en la sala.
- ¡Angelina, cálmate! - replicó Alicia con los nervios a flor de piel -. ¡Al final vas a ser tú la que nos dé un infarto, en vez de estos estúpidos libros!
- Lo siento - se sonrojó Angelina, devolviendo la mano que tenía levantada a su regazo.
Harry vio que Hagrid parecía muy preocupado.
—¿Podría ser un hombre lobo el que mata los unicornios? —preguntó Harry.
—No son bastante rápidos —dijo Hagrid—. No es tan fácil cazar un unicornio, son criaturas poderosamente mágicas. Nunca había oído que hubieran hecho daño a ninguno.
Tragaron saliva nerviosamente al oír esto. La situación era suficientemente tensa sin que Hagrid fuese confirmando todas y cada una de sus sospechas. Los más pequeños se habían aferrado unos a otros o a alguno de los alumnos más mayores y algunos pocos se habían tapado los oídos para dejar de escuchar, pero no funcionaba. Por algún motivo, todos seguían oyendo la voz de Luna mientras ella seguía leyendo tranquilamente. Casi daba más miedo que la inocente niña de primer curso, la que tenía una mirada soñadora y una voz suave, pudiese estar leyendo tan calmadamente estas escenas.
En serio, casi habrían preferido que hubiese leído otra persona que mostrase que le estaba dando tanto miedo como al resto.
Pasaron por un tocón con musgo. Harry podía oír el agua que corría: debía de haber un arroyo cerca. Todavía había manchas de sangre de unicornio en el serpenteante sendero.
—¿Estás bien, Hermione? —susurró Hagrid—.
Se giraron hacia la chica entre interrogantes y preocupados.
- Solo estaba un poco asustada - confesó Hermione sonrojándose un poco. En ese instante, a pesar de no estar en el bosque, seguía aferrada con fuerza a Ron y Harry. Los dos chicos no dijeron nada. Les estaba apretando las manos hasta dejarles los dedos amoratados, pero por Hermione lo soportarían sin un solo comentario.
- Tú y todos, Hermione - dijo Ginny suavemente. Tenía unas ganas enormes de abrazarse a alguien, pero la única a la que tenía al lado era Luna, que no solo estaba leyendo, sino que tampoco tenía tanta confianza con ella.
Por suerte para ella, los gemelos se dieron cuenta de todas formas. Se levantaron de inmediato y se sentaron a ambos lados de su hermanita, gracias a que Luna se movió un poco para dejar espacio a George.
Sin embargo, el chico tampoco dejó que Luna se alejase demasiado, pasándole un brazo por los hombros para reconfortarla por si lo necesitaba mientras leía. Todos necesitaban un poco de apoyo en estas situaciones. Él había creído que le había tocado un capítulo malo con el trol, pero a la pobre Luna le había tocado el peor hasta el momento y estaba haciendo un trabajo increíble al conseguir leer tan calmadamente como lo estaba haciendo.
No te preocupes, no puede estar muy lejos si está tan malherido, y entonces podremos... ¡PONEOS DETRÁS DE ESE ÁRBOL!
Se tensaron de inmediato.
- Oh, Merlín - gimió la señora Weasley apretando con fuerza el brazo de su marido.
- ¿Qué ha pasado? - preguntó Sirius muy serio. Cerraba los puños con fuerza, deseando tener una varita, aunque no le fuese a servir de nada en ese momento.
Nadie supo qué responder y los únicos tres que conocían la respuesta porque habían estado ahí permanecieron en silencio.
Hagrid cogió a Harry y Hermione y los arrastró fuera del sendero, detrás de un grueso roble. Sacó una flecha, la puso en su ballesta y la levantó, lista para disparar. Los tres escucharon. Alguien se deslizaba sobre las hojas secas. Parecía como una capa que se arrastrara por el suelo. Hagrid miraba hacia el sendero oscuro pero, después de unos pocos segundos, el sonido se alejó.
- ¿Qué ha sido eso? - preguntó Tonks con los ojos como platos.
- No tengo ni idea y no quiero descubrirlo - dijo Bill con los dientes apretados. Sabía que la única forma de descubrirlo sería si Harry se encontraba con ello y eso era lo último que quería que ocurriese.
—Lo sabía —murmuró—. Aquí hay alguien que no debería estar.
- Sácalos ya de ese bosque, Hagrid - siseó McGonagall entre dientes. ¿Por qué había dejado que Hagrid controlase el castigo? ¿Por qué? Era el peor error que había cometido en mucho tiempo y no pensaba dejar que volviese a suceder.
- No pensará seguir buscando al unicornio con los niños, ¿verdad? - preguntó Sprout de los nervios.
- Me temo que sí - dijo McGonagall mirando la expresión culpable de Hagrid. El semigigante la miraba con algo de miedo, sabiendo que había hecho algo que la bruja no aprobaba de ningún modo.
- Merlín - dijo Pomona por lo bajo.
Dumbledore suspiró cansado. Parecía que iba a tener que tener otra de esas frustrantes y largas conversaciones con Hagrid en las que trataba de explicarle por qué no todos podían hacer las mismas cosas que él hacía, sobre todo los alumnos. Iba a tener que conseguir un montón de caramelos de limón para compensar por el dolor de cabeza que sabía que se iba a ganar.
—¿Un hombre lobo? —sugirió Harry.
- ¿Otra vez con los hombres lobo, Harry? - preguntó Sirius sin saber si sonreír por la ironía o preocuparse por cómo reaccionaría Harry al enterarse de que Remus era uno de ellos.
- Hey, que los hombres lobo eran lo único que había oído que había en el bosque - se defendió Harry algo sonrojado -. Y no sabía nada de ellos. Lo único que ahora sé es lo que ha dicho Tonks antes, y tampoco es mucho.
- ¿Ni siquiera por algunas películas? Los muggles han acertado en varias cosas, sorprendentemente - dijo Remus algo esperanzado. Le iba a destrozar si Harry de pronto no quería estar de él porque era un hombre lobo, aunque no le culparía en absoluto.
- Bueno, ya he dicho que los Dursley no me dejaban ver películas - respondió Harry encogiéndose de hombros -. Solo sabía que si te muerde uno, te conviertes en uno y poco más. Ahora sé que se transforman en luna llena, única y exclusivamente y nunca más. Así que gracias, Tonks.
- Un placer, Harry - respondió ella, guiñándole un ojo con una sonrisa.
—Eso no era un hombre lobo, ni tampoco un unicornio —dijo Hagrid con gesto sombrío—. Bien, seguidme, pero tened cuidado.
Anduvieron más lentamente, atentos a cualquier ruido. De pronto, en un claro un poco más adelante, algo se movió visiblemente.
Todos se volvieron a tensar una vez más.
- Merlín, esto nos va a sentar fatal - murmuró Charlie, aferrando su varita dentro del bolsillo con fuerza -. Cada vez que piensas que lo peor ya ha pasado, vuelve a ocurrir algo.
- Shh, calla - ordenó Tonks, dándole un codazo en las costillas para que la dejase escuchar.
—¿Quién está ahí? —gritó Hagrid—. ¡Déjese ver... estoy armado!
Y apareció en el claro... ¿era un hombre o un caballo? De la cintura para arriba, un hombre, con pelo y barba rojizos, pero por debajo, el cuerpo de pelaje zaino de un caballo, con una cola larga y rojiza. Harry y Hermione se quedaron boquiabiertos.
Suspiraron aliviados.
- Solo es un centauro - dijo Oliver, relajándose un poco.
- Y Hagrid se lleva bien con ellos, normalmente, así que no creo que pase nada - dijo Charlie, masajeándose la zona donde Tonks le había golpeado. Esa chica tenía unos codos de hierro o algo.
- A lo mejor hasta les puede ayudar a encontrar el unicornio - dijo Dean esperanzado -. Así podrán salir antes de ahí.
- Puede, pero los centauros no suelen ser de mucha ayuda - dijo Bill frunciendo el ceño -. Saben muchas cosas, pero no te dicen mucho. Son casi peor que los acertijos de las esfinges.
—Oh, eres tú, Ronan —dijo aliviado Hagrid—. ¿Cómo estás?
Se acercó y estrechó la mano del centauro.
—Que tengas buenas noches, Hagrid —dijo Ronan. Tenía una voz profunda y acongojada—. ¿Ibas a dispararme?
—Nunca se es demasiado cuidadoso —dijo Hagrid, tocando su ballesta—. Hay alguien muy malvado, perdido en este bosque. Ah, éste es Harry Potter y ella es Hermione Granger. Ambos son alumnos del colegio. Y él es Ronan. Es un centauro.
- Gracias por aclararlo, Hagrid - dijo George algo más mordaz de lo que pretendía, pero le estaban controlando los nervios y la tensión estaba pudiendo con él.
- Seguro que no se habían dado cuenta - dijo Fred sarcástico.
- No le habléis así a Hagrid - dijo Ginny, dándoles un manotazo a ambos.
—Nos hemos dado cuenta —dijo débilmente Hermione.
—Buenas noches —los saludó Ronan—. ¿Estudiantes, no? ¿Y aprendéis mucho en el colegio?
—Eh...
—Un poquito —dijo con timidez Hermione.
- Hermione, si tú solo aprendes un poquito, los demás no aprendemos nada en absoluto - dijo Ron, consiguiendo que la chica se sonrojase.
- Hay muchas cosas que nos quedan por aprender, Ron - replicó ella, tratando de quitarle importancia.
- Eso no significa que no aprendas mucho cada año, Hermione - dijo Harry con una sonrisa -. Eres la bruja más inteligente de nuestro curso con diferencia.
- Probablemente ya te has estudiado hechizos de cuarto o quinto curso, como mínimo, aunque no los hayas practicado - dijo Ron medio en broma, pero abrió los ojos como platos cuando la chica solo se sonrojó todavía más -. ¡Te los has estudiado! - exclamó, soltando una carcajada.
- Cierra el pico, Ron - dijo ella ruborizada.
- Hey, no me quejo - se defendió él, levantando la mano que tenía libre porque la otra seguía unida con la de Hermione -. Eso nos ha ayudado un montón de veces.
—Un poquito. Bueno, eso es algo. —Ronan suspiró. Torció la cabeza y miró hacia el cielo—. Esta noche, Marte está brillante.
- ¿Qué? - exclamaron muchos sorprendidos.
- ¿A qué ha venido eso? - dijo Seamus pillado por sorpresa -. ¡Estaban hablando de lo que aprendemos en el colegio hace un instante!
- ¿Ves por qué digo que los centauros son a veces peores que los acertijos de las esfinges? - bufó Bill poniendo los ojos en blanco. Le ponía de los nervios cada vez que se encontraban con una esfinge en una de las pirámides, pero se alegraba de no encontrarse nunca con centauros. Le sacaban de quicio.
—Ajá —dijo Hagrid, lanzándole una mirada—. Escucha, me alegro de haberte encontrado, Ronan, porque hay un unicornio herido. ¿Has visto algo?
Ronan no respondió de inmediato. Se quedó con la mirada clavada en el cielo, sin pestañear, y suspiró otra vez.
—Siempre los inocentes son las primeras víctimas —dijo—. Ha sido así durante los siglos pasados y lo es ahora.
- ¿Los inocentes? ¿Se refiere a los unicornios? - preguntó Alicia con el ceño fruncido.
- Eso parece - respondió Angelina, encogiéndose de hombros -. Espero que no se refiera a Harry ni a ninguno de los otros.
- ¡No digas eso! - exclamó Alicia, dándole un golpe en el brazo.
- ¡Ay! Vale, yo solo decía que esperaba que no fuesen ellos los inocentes de los que habla - replicó ella, alejándose ligeramente mientras se frotaba el brazo.
- ¡Que no lo digas! ¡Con la suerte de Harry, se va a cumplir! - repitió Alicia fulminándola con la mirada -. Me estás poniendo de los nervios entre tus películas de terror de antes y tus suposiciones de ahora.
- Lo siento - se disculpó Angelina con una media sonrisa que desapareció rápidamente -. Solo es que no quiero que les pase nada.
- Ya, yo tampoco - susurró Alicia, intercambiando una mirada preocupada con su amiga.
—Sí —dijo Hagrid—. Pero ¿has visto algo, Ronan? ¿Algo desacostumbrado?
—Marte brilla mucho esta noche —repitió Ronan, mientras Hagrid lo miraba con impaciencia—. Está inusualmente brillante.
- ¿Otra vez con Marte? - dijo Dean frunciendo el ceño -. ¿Pero qué problema tienen esos dos con Marte?
- Son centauros - resopló Bill cruzándose de brazos.
- Ojalá ayudasen más de vez en cuando - suspiró Tonks resignada a que no iba a ser así. La mente de un centauro era algo que nadie había logrado entender nunca.
—Sí, claro, pero yo me refería a algo inusual que esté un poco más cerca de nosotros —dijo Hagrid—.
Algunos resoplaron divertidos.
- Algo un poco más cerca de nosotros - repitió Fred sacudiendo la cabeza con una sonrisa.
- Genial, Hagrid - dijo George sonriendo.
Entonces ¿no has visto nada extraño?
Otra vez, Ronan se tomó su tiempo para contestar. Hasta que, finalmente, dijo:
—El bosque esconde muchos secretos.
- No me digas - dijo Sirius con la voz cargada de sarcasmo -. Ese centauro no está siendo ningún tipo de ayuda.
- Creo que sería mejor que siguiesen su camino y ya está. Solo están perdiendo el tiempo - suspiró Remus.
Un movimiento en los árboles detrás de Ronan hizo que Hagrid levantara de nuevo su ballesta, pero era sólo un segundo centauro, de cabello y cuerpo negro y con aspecto más salvaje que Ronan.
—Hola, Bane —saludó Hagrid—. ¿Qué tal?
- A lo mejor este centauro ayuda un poco más - dijo Dean esperanzado.
- ¿Por qué iba a ayudar este más que el otro? - preguntó Seamus mirando a su mejor amigo con una ceja alzada.
- No sé, pero a lo mejor les responde con algo que no sea sobre Marte - respondió Dean sin inmutarse.
—Buenas noches, Hagrid, espero que estés bien.
—Sí, gracias. Mira, le estaba preguntando a Ronan si había visto algo extraño últimamente. Han herido a un unicornio. ¿Sabes algo sobre eso?
Bane se acercó a Ronan. Miró hacia el cielo.
—Esta noche Marte brilla mucho —dijo simplemente.
- O no - suspiró Dean desilusionado.
- En serio, ¿qué manía tienen los centauros con Marte? ¡No tiene nada que ver con lo que les han preguntado! - exclamó Seamus, levantando los brazos mientras se dejaba caer contra el respaldo del sofá, derrotado.
- En realidad sí que tiene que ver - dijo Luna, levantando la vista del libro por primera vez en mucho rato. Estaba frunciendo el ceño ligeramente y no tenía la mirada soñadora de normalmente -. Les está avisando.
- ¿Avisando? ¿De qué nos estaba avisando? - preguntó Harry, ignorando las miradas escépticas que intercambiaba la mayoría.
Él había averiguado, en el poco tiempo que la había conocido, que Luna era un genio, veía cosas que los demás no podían ni imaginarse.
Era la única que había averiguado lo que significaba la inscripción del espejo de Oesed. La primera que había averiguado que iban a ir al bosque por el castigo. La única que había adivinado que era la Piedra Filosofal lo que guardaba Fluffy y la única que se había dado cuenta de que lo decía el título del libro. Y todos habían pensado que estaba loca cuando lo había dicho al principio. Bueno, Harry no.
Si Luna decía que lo que habían dicho los centauros aquella noche tenía sentido, él quería saber cuál era.
- De lo que se avecina, Harry - dijo ella, mirándole directamente a los ojos como para intentar que comprendiese -. También lo ha avisado la carta que recibiste ayer.
- ¿Qué? La carta de Harry no mencionaba a Marte en ningún sitio - dijo Ron confundido.
- Marte es el dios romano de la guerra. Cada vez que se avecina una guerra enorme, Marte brilla con más intensidad que normalmente. Y la carta ya nos ha dicho que va a empezar una guerra cuando regrese Quien-tú-sabes - explicó Luna, dejando a todos en un silencio sepulcral.
- Ya nos avisaron los centauros el año pasado de que Voldemort iba a volver - dijo Harry con los ojos como platos -. Pero ni siquiera nos dimos cuenta.
- ¿Pero cuándo va a ocurrir eso? - preguntó Hermione, apretando todavía más el agarre que tenía sobre las manos de los dos chicos.
- No lo sé. Dentro de poco, supongo, o los centauros no nos habrían avisado - respondió Luna encogiéndose de hombros.
- Luna, eres genial. Absolutamente genial - dijo Harry enviándole una sonrisa a pesar de que los pensamientos estaban dando vueltas en su cabeza a mil por hora. ¿Quería eso decir que iba a ocurrir ese verano? ¿O el curso siguiente?
- Gracias, Harry - respondió ella devolviéndole la sonrisa -. Pero no deberías preocuparte por eso ahora. Los libros nos van a avisar de cuándo ocurrirá.
Harry se calmó, sus pensamientos frenando en seco. Era cierto. Lo iban a leer en los libros y se iban a poder preparar para ello. Luna tenía razón.
Ya veía venir que iba a ser como con Hermione: ellas dos siempre tienen la razón. Ahora, ¿qué hacer cuándo creían cosas opuestas, como en lo de las Reliquias de la Muerte de las que les había hablado Luna en el descanso de por la mañana? Eh… Mejor afrontar eso cuando llegase el momento. Veía que iba a ser como ver dos bombas chocar entre sí. No si sabía si quería intentar pararlas o salir corriendo en dirección contraria para no estar ahí cuando las dos explotasen.
—Eso dicen —dijo Hagrid de malhumor—. Bueno, si alguno ve algo, me avisáis, ¿de acuerdo? Bueno, nosotros nos vamos.
Harry y Hermione lo siguieron, saliendo del claro y mirando por encima del hombro a Ronan y Bane, hasta que los árboles los taparon.
—Nunca —dijo irritado Hagrid— tratéis de obtener una respuesta directa de un centauro. Son unos malditos astrólogos. No se interesan por nada más cercano que la luna.
- Bueno, creo que Luna nos acaba de demostrar que eso no es exactamente cierto - dijo Tonks, enviándole una sonrisa a la chica -. Eso ha sido increíble, Luna.
- Pues a mí siguen sin gustarme los centauros - dijo Bill con el ceño fruncido.
- No tienen que gustarte, Bill - replicó Tonks, poniendo los ojos en blanco -. Pero por lo menos ahora nos acaba de demostrar que lo que dicen tiene sentido, aunque haya que ser Luna para encontrarlo.
—¿Y hay muchos de ellos aquí? —preguntó Hermione.
—Oh, unos pocos más... Se mantienen apartados la mayor parte del tiempo, pero siempre aparecen si quiero hablar con ellos. Los centauros tienen una mente profunda... saben cosas... pero no dicen mucho.
—¿Crees que era un centauro el que oímos antes? —dijo Harry.
- ¿Cómo va a ser un centauro si decía que sonaba como una capa arrastrándose sobre las hojas? - dijo Charlie alzando una ceja -. Estabas un poco lento esa noche, ¿no, Harry?
Harry se ruborizó, pero respondió:
- Bueno, prefería mucho más la posibilidad de que fuese un centauro a que fuese lo que estaba matando los unicornios.
- En eso no te puedo culpar - dijo Tonks con un escalofrío.
- Aun así, no puedes ignorar el peligro, Potter - intervino Moody con un gruñido -. Si prefieres pretender que vives en un mundo donde todo es fácil y te confías, lo mejor que te va a pasar es que te vas a llevar una decepción. Lo peor va a ser si de pronto un día te encuentras un puñal clavado en tu espalda, o en la de algún amigo que trató de protegerte.
Harry palideció de golpe. Esa era una de sus peores pesadillas: que alguno de sus amigos acabase herido, o peor, por su culpa.
- ¡Alastor! - exclamaron muchos de los adultos, escandalizados.
- Ya es hora de que Potter vea lo que está en juego a su alrededor - espetó el auror, clavando ambos ojos en el chico mientras juzgaba su reacción -. Si ignora el peligro, la gente va a salir herida o no va a salir de ello y será porque él no hizo caso de todas las señales que le avisaron. Tiene que estar preparado porque, nos guste o no, le apetezca o no, Potter va a estar en medio de esta guerra.
- ¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Es solo un niño! - exclamó la señora Weasley, fulminándole con la mirada.
- Eso no le importó a Quien-tú-sabes hace casi doce años cuando fue a buscarles a sus padres y a él, ¿no? - replicó Moody sin mirarla porque ambos ojos seguían fijos en Harry.
Harry seguía pálido como la cera y tenía la vista fija en el infinito. Moody tenía razón. Tenía que dejar de pensar que todo iba a ser fácil y que todo iba a salir bien al final pasara lo que pasara porque eso solo ocurre en los libros y películas y eso no era ninguna de esas cosas. Si bajaba la guardia iba a perder a gente que era importante para él y no podía permitir eso. No iba a permitir eso.
- Harry, tú no le hagas ni caso - estaba diciendo Hermione mientras Ron fulminaba con la mirada al auror.
- Pero tiene razón, Hermione - respondió él -. Estáis en peligro solo por ser mis amigos.
- Oh, no empieces otra vez con esto, colega - se lamentó Ron, odiando a Moody en ese momento por volver a sacar todos los miedos de Harry a la luz.
- Ya hemos discutido esto y no vamos a dejarte. No te atreves a discutírnoslo, Harry Potter - le advirtió Hermione señalándole con el dedo -. La carta ya te lo dijo. Estamos los tres metidos en esto.
- Lo sé, no voy a tratar de convenceros de lo contrario - dijo Harry, mirándoles con un brillo de determinación en los ojos -. Pero eso no significa que no vaya a tratar de prepararme lo máximo posible para cuando me toque volver a enfrentarme a Voldemort, porque todos sabemos que eso es inevitable que vuelva a ocurrir. Eso también nos lo ha dicho básicamente la carta. Y no voy a perderos solo por no haber sabido actuar cuando podía.
- Oh, Harry - dijo Hermione abrazándole.
- No voy a perderos, Hermione - repitió Harry con fiereza, como si fuese una promesa que hacía contra todo el que se atreviese a insinuar lo contrario. Le devolvió el abrazo con fuerza a la chica.
- No nos vamos a ir a ningún lado, Harry - aseguró Ron, mirándole a los ojos por encima del hombro de Hermione.
Harry se separó de la chica y se giró hacia Neville, que había estado observando todo en silencio.
- A ti tampoco te voy a perder, Neville - aseguró Harry, y durante un segundo Neville no tuvo ninguna duda de que eso era cierto -. Eres mi amigo, un muy buen amigo.
- Tú también eres mi amigo, Harry - respondió Neville, sonrojándose un poco. Él no tenía muchos amigos precisamente, y mucho menos que estuviesen tan dispuestos como Harry a defenderle ante Quien-tú-sabes o los mortífagos.
Alastor observaba todo esto con una mezcla de orgullo y amargura. Le llenaba el pecho de orgullo ver a Potter con esa determinación en los ojos que ahogaba el miedo que sentía y le llevaba a hacer cosas increíbles, y supo en ese momento, con total seguridad, que los tres que estaban en el sofá con Harry iban a sobrevivir la guerra sin ninguna duda. El chico Potter lo había prometido y todavía no había visto una promesa que no pudiese cumplir. Era algo especial esa pasión que sentía por sus seres queridos y era lo que le iba a permitir cumplir la promesa de no perderles.
Sin embargo, le dejaba un sabor amargo en la boca haberle tenido que decir esas cosas al chico. Era solo un niño de doce años que se merecía estar preocupado únicamente por las bromas y el quidditch, no por cómo proteger a sus amigos de un maníaco asesino que estaba empeñado en perseguirle y matarle, acabando con todo el que estuviese cerca por el camino. Aunque no lo pareciese, a él también le gustaría poder esconder a Potter y permitirle disfrutar de ser un adolescente, pero no había funcionado antes y sabía que no iba a funcionar ahora.
—¿Te pareció que era ruido de cascos? No, en mi opinión, eso era lo que está matando a los unicornios... Nunca he oído algo así.
Pasaron a través de los árboles oscuros y tupidos. Harry seguía mirando por encima de su hombro, con nerviosismo. Tenía la desagradable sensación de que los vigilaban. Estaba muy contento de que Hagrid y su ballesta fueran con ellos. Acababan de pasar una curva en el sendero cuando Hermione se aferró al brazo de Hagrid.
—¡Hagrid! ¡Mira! ¡Chispas rojas, los otros tienen problemas!
- Oh, Merlín - dijo la señora Weasley, llevándose la mano al pecho.
- ¿Ves? ¡Sabía que no tenían que separarse! - exclamó Angelina algo histérica -. ¡Todas las películas de terror dicen que es una mala idea!
- ¡Angelina! - exclamó Alicia fulminándola con la mirada -, como vuelvas a mencionar tus películas de terror, te juro que les cuento a Fred y a George lo que ocurrió en nuestro dormitorio el año pasado.
- ¡Alicia! - exclamó Angelina horrorizada -. ¡Prometiste que no volveríamos a hablar de eso!
- Pues deja de ponernos los pelos de punta con esas películas - replicó Alicia firmemente.
- ¿Qué pasó? - preguntó Fred curioso, con una sonrisa traviesa.
- Nada - respondió Angelina rápidamente.
- Oh, vamos. Obviamente ocurrió algo. ¡No podéis dejarnos así ahora! - protestó George.
- No es asunto vuestro - replicó ella, fulminando con la mirada a Alicia, que tenía una sonrisa orgullosa.
—¡Vosotros esperad aquí! —gritó Hagrid—. ¡Quedaos en el sendero, volveré a buscaros!
Lo oyeron alejarse y se miraron uno al otro, muy asustados, hasta que ya no oyeron más que las hojas que se movían alrededor.
- ¿Les dejaste solos? - exclamó el señor Weasley con los ojos como platos.
- ¿Qué pasa si les encuentra lo que estaba matando los unicornios? - preguntó Dean, tragando nervioso.
- ¡No seas gafe! - exclamó Tonks -. ¡Cada vez que yo digo algo así, se cumple!
- Bueno, esperemos que Hagrid vuelva pronto - dijo Charlie, poniéndole la mano en el brazo para calmarla.
- Y con un poco de suerte no era nada lo de Neville y Malfoy - dijo Bill, tratando de ser optimista.
Se le quedaron mirando como si estuviese loco.
- ¿Cómo no va a ser nada si han mandado las chispas rojas? ¡Saben que esto no es un juego y no las mandarían por diversión! ¡Ni siquiera Malfoy es tan idiota! - exclamó Tonks, con su pelo volviéndose de un rojo intenso.
Malfoy frunció el ceño ofendido. Él definitivamente no era un idiota. Y todavía peor era que estaban insinuando que el inútil de Longbottom era menos idiota que él. Como si eso fuese posible.
Bill decidió sabiamente no responder, no fuese a ser que la metamorfomaga estallase y le maldijese. Puede que fuese torpe caminando, pero era muy buena con la varita. Por algo estaba a punto de convertirse en una auror.
—¿Crees que les habrá pasado algo? —susurró Hermione.
—No me importará si le ha pasado algo a Malfoy, pero si le sucede algo a Neville... está aquí por nuestra culpa.
- No fue culpa vuestra - le contradijo Neville frunciendo el ceño. No sabía que Harry se había sentido así al respecto -. Yo quise ir a buscaros. Nadie me obligó a salir de la torre.
- Aun así. Saliste para avisarnos - replicó Harry todavía algo culpable -. Igual que castigaron a Malfoy porque quería que nos pillaran. Así que, en el fondo, eso también es un poco culpa nuestra que él esté ahí.
- Ua, a mí no me metas en eso, caracortada - intervino Malfoy rápidamente, levantando las manos a la defensiva y abriendo los ojos como platos -. Lo que yo hice fue cosa mía. No me metas en tu fiesta de autoculpa.
Se quedaron mirando a Malfoy perplejos.
- Eh... ¿gracias? Creo - respondió Harry confundido.
- Olvídame, Potter - replicó Malfoy, poniendo los ojos en blanco. Él tampoco sabía de dónde había venido eso.
- No me puedo creer que vaya a decir esto, pero... - Ron respiró hondo antes de añadir con una mueca, como si le doliese admitirlo -. Malfoy tiene razón.
- ¿Qué has dicho, comadreja? - dijo el rubio con los ojos entrecerrados. ¿Esto era una broma?
- No voy a repetirlo, Malfoy - espetó el pelirrojo, fulminándolo con la mirada antes de girarse de nuevo hacia Harry, que les miraba divertido -. No fue culpa tuya ni nuestra que Malfoy acabase en el bosque con vosotros. Eso le pasa por meterse en lo que no le incumbe.
- Es la segunda vez que estás de acuerdo con Malfoy, Ron. Y todavía no hemos terminado el primer libro - le picó Harry con una sonrisa -. ¿Estás seguro que no va a ocupar mi puesto como tu mejor amigo para cuando terminemos los libros?
- Cierra el pico, Harry - dijo Ron con las orejas rojas -. Esto es culpa tuya.
- ¿Qué? ¿Ya estamos otra vez con esto? ¿Cómo va a ser culpa mía esta vez? - rio Harry.
- Igual que la primera vez en el capítulo del tren - replicó Ron -. No sé cómo. Pero sé que es culpa tuya.
Harry solo volvió a reírse.
- ¿Soy la única que está pensando en que casi parecía que Malfoy estaba consolando a Harry? - preguntó Hermione algo perturbada.
- Mejor no pensar en ello - respondieron Harry y Ron al mismo tiempo.
- ¡¿Qué?! ¡Yo no estaba consolando a Potter! - exclamó Malfoy horrorizado.
Le ignoraron completamente, volviendo a la lectura. La situación ya era demasiado rara y había sido un día muy largo como para pararse a pensar en ese momento en si Malfoy estaba cambiando y convirtiéndose en una persona decente o no. Era pronto para eso.
Los minutos pasaban lentamente. Les parecía que sus oídos eran más agudos que nunca. Harry detectaba cada ráfaga de viento, cada ramita que se rompía.
- Te presento a la maravilla y la tortura de la adrenalina - dijo Tonks, haciendo un gesto como un presentador de televisión -. Estupenda cuando ya sabes qué es a lo que te tienes que enfrentar. Tu peor enemiga cuando estás en el momento de tensión en el que toca esperar.
- Oh, no te preocupes. Nos conocemos muy bien la adrenalina y yo - musitó Harry por lo bajo.
¿Qué estaba sucediendo? ¿Dónde estaban los otros?
Por fin, un ruido de pisadas crujientes les anunció el regreso de Hagrid. Malfoy, Neville y Fang estaban con él.
- Están todos bien - suspiró la señora Weasley aliviada.
- Entonces, ¿qué demonios ha pasado? - preguntó Parvati, frunciendo el ceño -. ¿Por qué han mandado chispas rojas?
Hagrid estaba furioso. Malfoy se había escondido detrás de Neville y, en broma, lo había cogido. Neville se aterró y envió las chispas.
- No me puedo creer que Malfoy sí que fuese lo suficientemente estúpido como para tomárselo como un juego - dijo Tonks con los ojos como platos. Tenía ganas de sacudir al rubio para ver si sonaba algo en su cabeza y comprobar así si tenía un cerebro, porque hasta el momento, todas las evidencias le hacían dudar de ello.
- Idiota - escupió George, fulminando al rubio con la mirada.
- No es momento para bromas - espetó Fred, demostrando lo serios que estaban sobre el asunto.
- Ya sabía yo que esos grupos no podían salir bien - dijo Remus sacudiendo la cabeza -. No es nada contra ti, Neville, pero era obvio que Malfoy iba a intentar asustarte.
- Lo consiguió - dijo Neville sonrojado.
- No te preocupes, Neville. Todos estaríamos con los nervios a flor de piel en tu lugar - dijo Alicia antes de fruncir el ceño -. Mejor dicho, todos estamos con los nervios a flor de piel de todas formas y ni siquiera estamos ahí. Yo habría chillado tan alto que probablemente me habrían oído desde el castillo si a alguien le hubiese dado por darme un susto esa noche.
- Lo que pasa es que Malfoy es idiota - dijo Katie, repitiendo lo que había dicho George.
- Por lo menos, al final no ha sido nada, por una vez - dijo Bill con una sonrisa. Le encantaba tener razón.
—Vamos a necesitar mucha suerte para encontrar algo, después del alboroto que habéis hecho.
- Entones mejor que hayan montado ese alboroto y que no encuentren nada - dijo Sirius firmemente -. No quiero a mi ahijado cerca de lo que sea que está matando unicornios.
Harry bajó la cabeza discretamente para esconder su sonrojo. Parecía que el deseo de Sirius no se iba a poder cumplir después de todo...
- Lo que me preocupa es que, con el alboroto, puede que no encuentren nada, pero puede que algo les encuentre a ellos - dijo Remus, mordiéndose el labio por los nervios.
Sirius se giró de golpe hacia él, palideciendo rápidamente y abriendo los ojos como platos.
- ¿Qué?
- Bueno, solo digo que si lo que está matando los unicornios quisiese hacerles daño… - se explicó Remus, encogiéndose de hombros -. Ahora ya sabe perfectamente dónde encontrarles.
- Ahora sí que voy a matar a Malfoy - gruñó Sirius, fulminando con la mirada al rubio, que hacía todo lo posible para parecer impasible ante todo.
- Sirius… - suspiró Remus cansinamente. No podía ir amenazando a niños de doce años.
- Si algo le pasa a Harry por culpa del lío que ha montado… - Sirius dejó la amenaza en el aire, mirando fijamente a Malfoy hasta que estuvo seguro de que había captado la idea.
Bueno, ahora voy a cambiar los grupos... Neville, tú te quedas conmigo y Hermione. Harry, tú vas con Fang y este idiota. Lo siento —añadió en un susurro dirigiéndose a Harry— pero a él le va a costar mucho asustarte y tenemos que terminar con esto.
- Tenían que haber sido esos grupos desde el principio - suspiró Remus, pasándose la mano por el pelo -. Harry es el único al que Malfoy no se atrevería a intentar asustar, sobre todo porque sabe porque no iba a conseguirlo aunque lo intentara. No es que seáis unos cobardes ni nada de eso, Hermione, Neville…
- Pero Harry era el único de nosotros cuatro que estaba manteniendo la calma - dijo Neville con una sonrisa.
- Hey, yo también estuve aterrado aquella noche - dijo Harry ruborizándose.
- Pero Neville tiene razón. Mantuviste la calma. Ya hemos leído que Malfoy se negó a entrar y después se dedicó a meterse con Neville para pensar en otra cosa. Neville entró en pánico y mandó las chispas. Y creo que no lo han mencionado, pero yo te apreté tan fuerte la mano durante todo el camino que me sorprendió que no tuviese moretones cuando volvimos - replicó Hermione sonriéndole suavemente. Su mejor amigo era increíble, la verdad.
Harry se sonrojó ligeramente. La verdad era que sí que había tenido moretones al volver, pero había perfeccionado el arte de ocultar sus heridas gracias a (o por culpa de) los Dursley. Y siempre se curaba rápido así que ya no quedaba rastro a la mañana siguiente. Era una de las cosas que más sacaba de quicio a sus tíos, que ni siquiera se le curasen las heridas a la misma velocidad que a una persona normal. Ahora que sabía que era un mago, sabía que eso era gracias a su magia, que le había estado ayudando durante toda su vida.
- ¿Podemos olvidarnos un segundo de si son los equipos correctos o no, por favor? - pidió Sirius con la voz ahogada -. ¿Vas a mandar a Harry con Malfoy y Fang? ¿Los tres solos por el bosque mientras hay algo suelto matando unicornios? - terminó horrorizado.
- No va a pasar nada, Sirius - le tranquilizó Arthur, aunque sonaba como si se estuviese convenciendo más a sí mismo que al animago -. Neville, Malfoy y Fang fueron los tres solos antes y no les pasó nada.
- ¡Exacto! - exclamó Sirius, haciendo que todos diesen un respingo -. ¡Neville, Malfoy y Fang! ¡Ninguno de ellos tiene la horrible suerte de Harry!
Todos se giraron hacia el chico con el horror pintado en el rostro. Ya era malo pensar que dos niños y un perro iban a estar paseando por el bosque prohibido, ¿pero teniendo en cuenta la suerte de Harry?
- ¡Se van a encontrar con el unicornio herido! - exclamó Parvati, tapándose la boca con las manos.
- Ese ahora mismo es el menor de mis problemas. Un unicornio jamás les haría daño - le quitó importancia Sirius -. Me preocupa mucho más qué otras cosas se pueden encontrar ahí. Ya han oído a lo que está matando los unicornios pasar a unos metros de distancia y estaba con Hagrid. ¿Ahora que no va a estar él? ¡Seguro que se lo encuentran de frente!
- Merlín - dijo la señora Weasley, mirando a Harry como si fuese la última vez que le fuese a ver.
- No tiene por qué pasar nada de eso - dijo Oliver, pero incluso a sus oídos no sonaba convencido.
- No tiene por qué - asintió Angelina, mirando al miembro más joven del equipo con el miedo brillando en los ojos -, pero es Harry de quién estamos hablando.
- Va a pasar - se lamentó Fred, ya totalmente convencido, como si ya lo hubiesen leído. Casi podía imaginárselo -. ¡Harry ni siquiera lo está negando!
Harry se encogió de hombros cuando se giraron para mirarle, casi como disculpa. No había sido culpa suya que se encontraran con la figura encapuchada, no era como si hubiesen ido a buscarla.
- Harry, creo que no te he dicho lo suficiente lo mucho que odio tu suerte - dijo George mientras los demás soltaban un gruñido colectivo, preparados para lo peor.
Así que Harry se internó en el corazón del bosque, con Malfoy y Fang. Anduvieron cerca de media hora, internándose cada vez más profundamente, hasta que el sendero se volvió casi imposible de seguir, porque los árboles eran muy gruesos. Harry pensó que la sangre también parecía más espesa.
- Estupendo - dijo Seamus sarcástico.
- Por supuesto que era más espesa - musitó Dean por lo bajo. A veces no sabía si pensar que Harry estaba siempre en el sitio adecuado en el momento adecuado, o si era en el peor momento posible. Era casi ridículo la mitad de las veces cómo sucedían las cosas imprevisiblemente para que Harry terminase en el centro de los problemas.
Había manchas en las raíces de los árboles, como si la pobre criatura se hubiera arrastrado en su dolor. Harry pudo ver un claro, más adelante, a través de las enmarañadas ramas de un viejo roble.
—Mira... —murmuró, levantando un brazo para detener a Malfoy.
Algo de un blanco brillante relucía en la tierra. Se acercaron más.
- Lo han encontrado - murmuró Tonks, retorciendo las manos nerviosamente.
Sí, era el unicornio y estaba muerto. Harry nunca había visto nada tan hermoso y tan triste. Sus largas patas delgadas estaban dobladas en ángulos extraños por su caída y su melena color blanco perla se desparramaba sobre las hojas oscuras.
Algunas chicas soltaron un sollozo.
- Estaba muerto, ¿verdad? - preguntó Charlie apenado, aunque ya sabía la respuesta.
Harry asintió sin decir una sola palabra. Era una imagen que no se le iba a olvidar nunca, la de ese unicornio muerto en el suelo. La recordaba tan claramente como si hubiese ocurrido la noche anterior.
- Deberíais iros de ahí y avisar a Hagrid - dijo Luna de repente, interrumpiendo el silencio que se había creado en respeto hacia la muerte de una criatura tan pura.
- ¿Qué? ¿Por qué? ¡No pueden dejar al unicornio ahí tirado, él solo! - exclamó Lavander, mirándola como si eso fuese la prueba definitiva de que estaba loca de verdad.
- Porque el último unicornio que Hagrid encontró estaba muerto. Este estaba herido y lo que lo atacó estaba por el bosque, obviamente buscándolo - explicó ella con el ceño fruncido -. No va a acabar bien si siguen ahí cuando lo encuentre.
Un escalofrío recorrió la espalda de todos.
- Harry, sal de ahí - dijo Sirius inmediatamente, pálido y muy serio.
- Ahora ya no puedo hacer nada, Sirius - le recordó Harry suavemente.
- ¿Eso quiere decir que no os fuisteis? - preguntó el animago resignado.
- No nos habría dado tiempo de todas formas - respondió el chico sacudiendo la cabeza.
Otro escalofrío atravesó a todos mientras devolvían la atención rápidamente a la lectura. Necesitaban saber qué era lo que iba a pasar.
Harry había dado un paso hacia el unicornio, cuando un sonido de algo que se deslizaba lo hizo congelarse en donde estaba. Un arbusto que estaba en el borde del claro se agitó... Entonces, de entre las sombras, una figura encapuchada se acercó gateando, como una bestia al acecho.
Todos contuvieron el aliento aterrorizados, congelados en el sitio como si la figura estuviese en el comedor con ellos y les fuese a ver si se atrevían a mover un solo músculo.
- Salid de ahí - musitó la señora Weasley desesperada. Abrazaba a su marido con fuerza y tenía lágrimas en los ojos.
Harry, Malfoy y Fang permanecieron paralizados. La figura encapuchada llegó hasta el unicornio, bajó la cabeza sobre la herida del animal y comenzó a beber su sangre.
- ¡¿Qué?! - exclamaron casi todos.
- ¡¿Bebió su sangre?! - gritó Remus pálido como el papel.
- Creo que voy a vomitar - dijo Lavander, poniéndose algo verde -. ¿Cómo puede hacerle eso a un unicornio?
- ¡Tenéis que salir de ahí! - dijo Bill, apretando los puños con fuerza para evitar que le temblasen las manos. Él sabía lo que se conseguía bebiendo sangre de unicornio y sabía que solo las peores criaturas que rondan la tierra se atreverían a hacer una cosa así.
—¡AAAAAAAAAAAAAH!
Malfoy dejó escapar un terrible grito y huyó... lo mismo que Fang.
- ¡Serás cobarde! - gritó Sirius, yendo a abalanzarse sobre él.
- ¡Sirius! - exclamó Remus, atrapándole y devolviéndole a su asiento de un tirón.
- ¡Ha abandonado a mi ahijado con esa cosa! ¡Y después de llamar su atención hacia donde ellos estaban! - gritó Sirius fulminándole con la mirada.
- Está asustado, Sirius. No le puedes culpar por ello - dijo Remus suavemente -. Cualquier persona habría hecho lo mismo.
- Harry no ha hecho eso - resopló el animago molesto, pero por lo menos se había calmado y ya no parecía tener intenciones de asesinar a Malfoy.
- Sí, bueno, ya sabemos que Harry es un chico muy especial - dijo Remus con una sonrisa fugaz, antes de ponerse serio de nuevo -. Ahora, ¿podemos seguir leyendo para ver qué le pasó a Harry? Porque no mencionan que saliese corriendo.
- Eso es cierto - dijo Sirius, girándose hacia su ahijado y señalándole con el dedo -. Tenemos que mejorar ese instinto de auto supervivencia tuyo.
Harry se sonrojó, negándose a responderle de ninguna forma.
La figura encapuchada levantó la cabeza y miró directamente a Harry. La sangre del unicornio le chorreaba por el pecho. Se puso de pie y se acercó rápidamente hacia él... Harry estaba paralizado de miedo.
- Merlín, voy a tener pesadillas esta noche - dijo Hermione, apretando todavía más el agarre que tenía sobre las manos de los dos chicos.
- No nos lo contaste con tanto detalle, colega - dijo Ron débilmente, pálido y con los ojos como platos.
- ¿Y no os alegráis de ello? - preguntó Harry.
- Mucho - asintió Hermione rápidamente -. Gracias por ahorrarnos las pesadillas justo antes de los exám… Oh, por eso tus pesadillas eran tan horribles - dijo mirándole con compasión.
Harry asintió, encogiéndose de hombros.
- Oh, Merlín, sal corriendo, Harry - pidió la señora Weasley entre lágrimas.
- Ojalá lo hubiese hecho, señora Weasley - sonrió tristemente Harry -. Me habría ahorrado un dolor de cabeza.
Los demás le miraron confundidos. ¿Dolor de cabeza? ¿Eso era lo que le preocupaba, más que el que las intenciones de la figura encapuchada fuesen, con total seguridad, las de matarle?
Nadie sabía que esa noche le había dolido la cicatriz más que nunca hasta entonces y no sabían lo que estaba a punto de pasar. El único que lo sabía era Harry y trató de prepararse, pero tampoco sirvió de mucho.
Entonces, un dolor le perforó la cabeza, algo que nunca había sentido, como si la cicatriz estuviera incendiándose.
Harry jadeó. Era mucho peor de lo que recordaba y tuvo que recurrir a todo su autocontrol para no soltar un grito de dolor. Se llevó las manos a la frente inconscientemente, tratando de apagar la horrible quemazón que estaba sintiendo. Era como si le hubiesen puesto un hierro al rojo vivo contra la cicatriz y era pura agonía.
Los demás se giraron alarmados hacia él. ¡Se habían olvidado del maldito hechizo!
- ¡Harry! - gritaron muchos. Entraron en pánico al verle doblarse por la mitad, agarrándose la frente con ambas manos con un gemido. Hasta entonces el hechizo había sido malo, no se podía negar, pero esto… Esto era una tortura y estaban todos paralizados observando, como quien es testigo de cómo ocurre un accidente y es incapaz de apartar la vista o reaccionar.
Instintivamente, Hermione y Neville agarraron a Harry por los hombros para impedir que se cayese hacia delante. Ron saltó de su asiento de inmediato y se arrodilló delante de Harry tan rápido que para muchos fue como si hubiese aparecido de la nada.
- ¿Harry? Harry, colega, mírame - suplicó Ron, intentando que levantase la cabeza. Estaba tratando de controlar el pánico, pero era difícil no atragantarse con el nudo que se le había formado en la garganta.
- Harry, venga, levanta la cabeza - pidió Hermione. Le temblaba la voz, pero estaba tan presa del miedo que no se dio ni cuenta de eso ni de que las manos le temblaban tanto que era casi un milagro que pudiese estar agarrando a Harry -. Harry…
Harry respiró hondo, intentando controlar el dolor. Quería encogerse en una esquina y esperar a que todo pasara, pero estaba oyendo a Ron y a Hermione y no podía dejarles así. Levantar la cabeza de entre sus manos requirió mucho más esfuerzo del que tenía derecho a costar esa simple acción y lanzó otra punzada de dolor a través de su cabeza que casi consigue que se volviese a doblar por la mitad, pero, por suerte, Ron, Hermione y Neville le sujetaron por los hombros.
Los tres se quedaron paralizados al ver a Harry. El chico era pálido por naturaleza, pero nada comparado a como estaba ahora, tan blanco como el papel. Lo único que destacaba era la cicatriz, que estaba amoratada e hinchada hasta el punto de que casi parecía estar latiendo por sí misma, y sus ojos, que estaban más verdes que nunca y rebosando dolor.
- Harry… - dijo Ron, apretando inconscientemente el agarre que tenía en el cuello de su amigo con una mano y en su pecho para impedir que se inclinara hacia delante con la otra. Le aterrorizaba verle así.
- ¿P-Podemos… Podemos seguir leyendo? - pidió Harry entre dientes. Tuvo que cerrar los ojos y morderse la lengua cuando otra punzada de dolor le atravesó al hablar.
- ¡Luna! - gritó Hermione rápidamente, girándose hacia la rubia, pero no hacía falta. La chica ya estaba devolviendo la vista al libro y comenzando a leer de nuevo.
Casi sin poder ver, retrocedió. Oyó cascos galopando a sus espaldas, y algo saltó limpiamente y atacó a la figura.
El dolor de cabeza era tan fuerte que Harry cayó de rodillas.
Harry soltó otro gemido involuntario, tratando de colocar la cabeza entre las rodillas, pero los tres que le sujetaban se mantuvieron firmes.
- Ya falta poco, Harry. Ya falta poco - repetía Ron una y otra vez, deseando que fuese cierto. ¡¿Por qué demonios no llegaban ya a la parte en que se le pasaba?!
- Shh, no te preocupes, Harry. Te tenemos. No te preocupes, vas a estar bien - susurraba Hermione intentando mantener la calma. No era nada fácil cuando estabas notando a tu mejor amigo temblar de dolor a tu lado.
Neville no era capaz de decir una sola palabra, demasiado en shock para hacer otra cosa que no fuese observar con los ojos como platos y sostener a Harry derecho.
El resto tampoco estaba mucho mejor. Observaban en un silencio aterrado a los tres niños que estaban tratando de sostener a Harry y consolarle mientras él apretaba los dientes. Tenían el impulso de ayudar de alguna forma, pero lo único que podían hacer era no interrumpir para que Luna terminase lo antes posible. Merlín, ¿quién había dicho que leer estos libros era una buena idea?
Pasaron unos minutos antes de que se calmara. Cuando levantó la vista, la figura se había ido.
Todos suspiraron aliviados, aunque nadie más que Ron, Hermione y Neville al notar a Harry relajarse por fin.
- ¿Harry? Harry, ¿estás bien? - preguntó Ron frenético.
- ¿Mmm? Sí, estoy bien - respondió Harry medio atontado. Se dejó caer contra el respaldo del sofá con un suspiro, aunque los otros tres parecían reticentes a soltarle -. Eso ha sido mucho peor de lo que recordaba - dijo sin pensar.
- ¡¿Por qué no nos contaste que te dolió así la cicatriz?! - chilló Hermione, sobresaltándole. Tenía lágrimas en los ojos y no había superado el susto. Había sido horrible ver a Harry así de vulnerable y no quería que volviese a ocurrir, a pesar de saber, racionalmente, que era inevitable si seguían leyendo los libros. Y sabiendo lo cabezota que era, iban a seguir leyéndolos.
- Se me olvidó en su momento con lo que aprendimos aquella noche - explicó Harry dubitativo. No le extrañaría si Hermione le maldecía en ese instante por el susto que les había dado -. Y hoy… bueno, lo recordé hace un rato, pero no íbamos a poder nada para evitarlo.
- ¿Qué tal avisarnos para no darnos un infarto la próxima vez? - sugirió Ron, dándole una palmada en la rodilla, ya que seguía delante de él.
Harry le envió una pequeña sonrisa, asintiendo ligeramente. Era lo mínimo que podía hacer, aunque en ese instante lo único que quería era que terminasen de leer por ese día y relajarse un rato. El hechizo era mucho peor de lo que se había imaginado y ya no era solo un golpe que duele un segundo, o una sensación maravillosa como la de volar o la de la magia, o el quedarse dormido sin poder evitarlo. Ahora habían vislumbrado un ejemplo fugaz de lo que iba a pasar más adelante y no le gustaba a nadie ni un poco.
- ¿Próxima vez? - repitió Sirius con un deje de histeria -. No va a haber una próxima vez. Fue un error seguir leyendo estos libros una vez que nos avisaron de lo del hechizo. No vamos a seguir leyendo - terminó firmemente.
- Sirius… - suspiró Harry. No le apetecía nada ponerse a discutir con su padrino.
- ¡No empieces con "Sirius"! - gritó el animago antes de suavizar el tono de voz -. ¿Tienes idea… Tienes idea de lo horrible que ha sido verte así, Harry?
- Lo siento mucho, Sirius - dijo Harry suavemente, sintiéndolo de verdad. Puede que fuese a él a quien le estuviese afectando el hechizo, pero sabía que la peor parte se la estaban llevando los demás. No hay nada peor que observar impotente cómo alguien a quien quieres sufre y no poder hacer absolutamente nada para ayudarle.
- No lo sientas. No ha sido culpa tuya, sino de quien sea que creó estos libros - negó Sirius apretando los dientes. Como descubriese quién era ese "trío de oro" que los había mandado con ese maldito hechizo… -. Pero aun así no vamos a seguir leyendo.
- Tenemos que seguir, Sirius - insistió Harry, y añadió rápidamente al ver que su padrino iba a protestar -. Estos libros no me hacen daño.
Todos le miraron escépticos. ¿Es que creía que estaban todos ciegos o que eran estúpidos o algo? Si no le hacían daño, ¿qué demonios había sido lo que había ocurrido hacía unos minutos? No se podían sacar la imagen de la cabeza y solo con mirarle todavía se podía ver que no había recuperado el color del todo y la cicatriz seguía amoratada.
- No me refiero a eso. Claro que duele de vez en cuando - se corrigió Harry, poniendo los ojos en blanco al darse cuenta de lo que significaban todas las miradas -. Me refiero a que no hay nada permanente. Solo dura hasta que me recupero en el libro o hasta que terminamos el capítulo.
- ¿Y crees que eso lo mejora, Harry? - preguntó Fred muy serio -. Si hubiese algo permanente, no habríamos leído ni un capítulo más cuando recibiste la segunda carta.
- Pero esto no está bien, Harry. Es… horrible - dijo George atormentado. Sabía que no iba a ser el único que iba a tener pesadillas sobre Harry sufriendo y los demás impotentes, incapaces de alcanzarle.
- Pero la otra opción es mucho peor - replicó Harry suavemente. No tenía energía en ese momento para discutir como de costumbre. ¿Por qué no podían dejar de ser tan cabezotas por una vez? Y sí, sabía que eso era ser un hipócrita siendo él como era, pero en ese instante no le importaba. Solo quería dejar de discutir con ellos y terminar el maldito libro -. ¿O es que no os acordáis de lo que está en juego?
Todos se quedaron callados. Claro que se acordaban, claro que sabían que muchos no iban a sobrevivir dentro de cinco años si no cambiaban algunas cosas. Pero el precio por tener la oportunidad de cambiarlas era el sufrimiento de un niño de doce años y parecía demasiado alto.
- Esta situación es… enferma - escupió Bill apretando los dientes. Siempre había creído que era suficientemente fuerte para proteger a su familia, pero Harry era parte de la familia, el más pequeño después de Ginny, y no había podido protegerle.
- Lo es - asintió Harry de acuerdo.
- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo después de lo que te acaba de pasar? - exigió Tonks. Ella todavía estaba tratando de no entrar en pánico y ella solo había estado observando.
- ¿Sinceramente? Creo que estoy demasiado cansado ahora mismo para otra cosa - respondió Harry con una media sonrisa -. Además, por la oportunidad de salvar aunque sea a uno de los que está aquí, me leería una biblioteca entera de estos malditos libros.
Hermione soltó un sollozo y le echó los brazos al cuello, abrazándole con fuerza.
- Hermione… Necesito respirar - dijo Harry medio ahogado.
La chica aflojó su agarre, pero no le soltó. Ron solo le cogía la rodilla con fuerza, como anclándole en el sitio por si desaparecía en cualquier momento. Y el pobre Neville solo seguía mirándole con los ojos como platos, casi sin parpadear.
- No nos vuelvas a hacer una cosa así, Harry - pidió Ron por lo bajo, mirándole a los ojos en una súplica silenciosa. Nunca había estado tan aterrorizado. Bueno, desde el día anterior, cuando esperaba en el túnel que llevaba a la Cámara de los Secretos mientras apartaba rocas y rezaba para que tanto Harry como Ginny estuviesen bien. Pero antes de eso… No, espera, la vez anterior había sido el año anterior cuando Harry había estado inconsciente en la enfermería durante tres días. La verdad era que Harry les estaba dando muchos sustos de esos desde que le habían conocido.
- Lo siento, Ron - respondió Harry en el mismo tono. Sabía que no podía prometerle una cosa así.
Ron solo le envió una media sonrisa, entendiendo lo que quería decir, y le dio un último apretón en la rodilla antes de volver a su sitio al otro lado de Hermione. La chica ya había soltado el cuello de Harry, pero seguía cogiéndole la mano con fuerza y no dejaba de mirarle de reojo.
- ¿Puedes seguir, Luna? - pidió Harry, mandándole una sonrisa a la chica. Ella solo se la devolvió débilmente y asintió.
Un centauro estaba ante él. No era ni Ronan ni Bane: éste parecía más joven, tenía cabello rubio muy claro, cuerpo pardo y cola blanca.
—¿Estás bien? —dijo el centauro, ayudándolo a ponerse de pie.
—Sí... gracias... ¿qué ha sido eso?
El centauro no contestó. Tenía ojos asombrosamente azules, como pálidos zafiros. Observó a Harry con cuidado, fijando la mirada en la cicatriz que se veía amoratada en la frente de Harry.
Las miradas se dirigieron inconscientemente a la frente de Harry, donde, efectivamente, destacaba la cicatriz más que de costumbre. El chico se aplastó el pelo contra la frente, incómodo. Si ya le gustaba poco que la gente se quedase mirando su cicatriz cuando estaba normal…
—Tú eres el chico Potter —dijo—.
- Hasta te conocen los centauros - dijo Fred tratando de mejorar el ambiente.
- Parece que no solo eres famoso entre las serpientes, pequeño Harry - dijo George con una sonrisa algo forzada, recordando el descanso de por la mañana.
- Por desgracia - replicó Harry, mandándoles una sonrisa agradecida.
Es mejor que regreses con Hagrid. El bosque no es seguro en esta época en especial para ti.
- ¿Por qué en especial para ti? - preguntó Remus confundido, frunciendo el ceño -. No digo que te quiera en ese bosque, porque me gustaría que no hubieses entrado en primer lugar, pero no veo por qué para ti es más peligroso que para los demás alumnos.
- No lo sé. No me lo explicó - contestó Harry encogiéndose de hombros.
- A lo mejor por la figura esa - sugirió Alicia -. A los demás no nos afectaría así porque no tenemos… bueno, no tenemos tu cicatriz - terminó algo incómoda.
- Mejor. No queréis tenerla - aseguró Harry sacudiendo la cabeza. Se llevó la mano a la frente y se frotó la cicatriz, tratando de deshacerse del dolor residual que quedaba.
- No. Para nada - asintió Alicia de acuerdo, mirándole con compasión.
- Bueno, espero que no te vuelvas a encontrar con esa figura - dijo Oliver muy serio. Hacía un rato, al verle doblado de dolor, habría prometido no volver a jugar al quidditch si eso ayudaba a Harry de alguna forma, de lo preocupado que había estado por su buscador.
¿Puedes cabalgar? Así será más rápido... Mi nombre es Firenze —añadió, mientras bajaba sus patas delanteras, para que Harry pudiera montar en su lomo.
Se quedaron boquiabiertos.
- ¿Te dejó montar en su lomo? - preguntó Dean perplejo.
- Sí… - asintió Harry dubitativo. Sabía que no era normal por lo que habían dicho Ronan y Bane cuando se los encontraron más tarde, ¿pero de verdad sorprendía tanto también a los demás? -. Solo quería ayudarme a salir del bosque o encontrar a Hagrid. Lo que ocurriese antes.
- Wow - dijo Seamus con los ojos como platos.
Tonks soltó un silbido impresionado.
- Teníamos que haber incluido eso en la lista de imposibles - dijo con una media sonrisa.
- ¿Por qué? Lo habría completado y la idea cuando creamos esa lista era que no fuese capaz de completarla - dijo Charlie, mirándola confundido.
- Pero es montar en el lomo de un centauro, Charlie. Para ellos tener a un humano sobre el lomo es una de las mayores vergüenzas que podrían pasar. Pocos de los que lo han intentado antes han vivido para contarlo, y esos han tenido que pasar una temporada en San Mungo de todas formas - replicó ella, mirando a Harry entre sorprendida y admirada -. Y aquí está Harry, a quien se lo ofrecen sin que él lo intente siquiera.
Miraron con curiosidad al chico, que se había sonrojado hasta las orejas. ¿Qué tenía exactamente de especial? ¿Qué tenía que hacía que consiguiese tantas cosas increíbles?
- Bueno, todavía le queda montar en dragón y eso sí que no ha habido nadie que lo haya intentado que haya sobrevivido - dijo Charlie como si nada, antes de que Luna volviese a leer.
Del otro lado del claro llegó un súbito ruido de cascos al galope. Ronan y Bane aparecieron velozmente entre los árboles, resoplando y con los flancos sudados.
—¡Firenze! —rugió Bane—. ¿Qué estás haciendo? ¡Tienes un humano sobre el lomo! ¿No te da vergüenza? ¿Es que eres una mula ordinaria?
- Oh, no - gruñó Sirius, pasándose la mano por el pelo -. Lo único que falta ahora es que empiecen un conflicto entre centauros con Harry sentado en el lomo de uno de ellos.
- No creo que llegue a eso, Canuto - le tranquilizó Remus -. Firenze parece querer proteger a Harry de verdad y no se meterá en una pelea con él ahí.
- Eso espero - suspiró el animago cansado.
—¿Te das cuenta de quién es? —dijo Firenze—. Es el chico Potter. Mientras más rápido se vaya del bosque, mejor.
- Por favor - asintió la señora Weasley totalmente de acuerdo con él.
Tenía todavía lágrimas en los ojos y no apartaba la vista de Harry. Se moría de ganas de acercarse y abrazarle con todas sus fuerzas. Quería llevárselo y esconderle del mundo para que no pudiesen hacerle más daño. Pero sabía que eso no era lo que Harry necesitaba. Sabía que a Harry no le gustaba que le mimasen ni nada de eso, que solo conseguía ponerle incómodo. Solo podía observar y estar atenta por si necesitaba algo.
- Él va a estar bien, Molly - musitó Arthur abrazándola. Sabía perfectamente lo que estaba pensando su esposa.
—¿Qué le has estado diciendo? —gruñó Bane—. Recuerda, Firenze, juramos no oponernos a los cielos. ¿No has leído en el movimiento de los planetas lo que sucederá?
- ¿De qué está hablando? - preguntó Parvati confusa -. ¿Qué es lo que dicen los planetas aparte de lo de Marte?
- Espero que no esté insinuando que Firenze no debería haber salvado a mi ahijado - gruñó Sirius cerrando los puños con rabia.
- Creo que sí - dijo Remus con el ceño fruncido -. Ya sabemos que los centauros se dedican a observar lo que va a ocurrir, pero no intervienen en los acontecimientos. Ya ocurrió así en la última guerra.
- ¿Es que pretendía que Harry se enfrentase él solo a la figura encapuchada? - preguntó Katie horrorizada -. ¡Ni siquiera sabemos qué o quién es!
- Pero los centauros sí, y obviamente piensan que debía de haber sido la lucha de Harry - dijo Luna levantando la cabeza. No le caían demasiado bien esos centauros.
- Harry no se va a enfrentar él solo a esa figura ni a ninguna otra cosa - gruñó Sirius casi como un desafío a que se atreviesen a contradecirle.
El trío de oro intercambió una mirada aprehensiva. Eso no era cierto. Por mucho que intentasen con todas sus fuerzas que no fuese así, Harry al final casi siempre acababa solo contra lo que fuese que era el peligro.
Ronan dio una patada en el suelo con nerviosismo.
—Estoy seguro de que Firenze pensó que estaba obrando lo mejor posible —dijo, con voz sombría.
También Bane dio una patada, enfadado.
—¡Lo mejor posible! ¿Qué tiene eso que ver con nosotros? ¡Los centauros debemos ocuparnos de lo que está vaticinado! ¡No es asunto nuestro el andar como burros buscando humanos extraviados en nuestro bosque!
- ¡Harry ni siquiera quería estar ahí! - protestó Angelina, frustrada con la cabezonería de esos centauros.
- No me puedo creer que esos dos se habrían quedado mirando cómo la figura mataba a Harry mientras ellos estaban a unos metros de distancia - dijo Ginny algo pálida. Estaba apoyada contra Fred, que le rodeaba los hombros con un brazo, y tenía la mano de George cogida con fuerza entre las suyas.
- Por suerte Firenze es un tipo decente - suspiró Bill aliviado. Prefería no pensar en lo que hubiese pasado si no hubiese sido así, o si Firenze no hubiese llegado a tiempo.
- Creo que tengo que ir a encontrar a ese centauro y darle las gracias - dijo Sirius por lo bajo. Nunca iba a poder pagarle lo suficiente por haber salvado a su ahijado.
De pronto, Firenze levantó las patas con furia y Harry tuvo que aferrarse para no caer.
—¿No has visto ese unicornio? —preguntó Firenze a Bane—. ¿No comprendes por qué lo mataron? ¿O los planetas no te han dejado saber ese secreto? Yo me lanzaré contra el que está al acecho en este bosque, con humanos sobre mi lomo si tengo que hacerlo.
Todos se quedaron en silencio un instante antes de estallar en vítores.
- ¡Bien dicho, Firenze!
- ¡Así se hace!
- ¡Demuéstrales quién manda a ese par de idiotas!
- No me puedo creer que un centauro haya dicho eso - dijo Charlie con una enorme sonrisa y una mirada de estupefacción.
- Firenze siempre ha sido un poco especial dentro de la manada de centauros del bosque - dijo Hagrid orgulloso. Ese era el único centauro que daba una respuesta algo más directa, aunque fuese solo una vez cada mucho tiempo.
- Y por supuesto que iba a ser ese el que iba a encontrar a Harry - dijo Tonks, poniendo los ojos en blanco, pero sonreía contenta. La suerte de Harry era una locura.
- Pero me sorprende que se esté enfrentando a su manada de esa forma por Harry - dijo Bill pensativo.
- A mí no - negó la metamorfomaga con la cabeza, añadiendo por lo bajo mientras miraba al chico con cariño -. Yo ya he visto suficientes pruebas en lo que llevamos de libro para darme cuenta de que por Harry la gente hace cosas que normalmente no se atrevería a hacer. Es como si ese niño tuviese tanto valor dentro que rebosa y contagia a todos a su alrededor. Solo por eso, sé que Harry vale la pena.
Bill, Charlie y Tonks se le quedaron mirando mientras seguían escuchando la lectura. Un chico tan pequeño… Y estaba cambiando cosas muy grandes.
Y Firenze partió rápidamente, con Harry sujetándose lo mejor que podía, y dejó atrás a Ronan y Bane, que se internaron entre los árboles.
Harry no entendía lo sucedido.
- Sinceramente, yo tampoco - dijo Seamus, aliviado por no ser el único.
- Con un poco de suerte, Firenze le explicará algunas cosas - dijo Remus esperanzado. Puede que hubiese entendido más cosas que lo que había entendido Harry aquel día, pero todavía quedaban muchas preguntas sin respuesta.
¿Qué era esa figura encapuchada? ¿Por qué le había dolido la cicatriz a Harry? ¿Qué era lo que decían las estrellas exactamente?
—¿Por qué Bane está tan enfadado? —preguntó—. Y a propósito, ¿qué era esa cosa de la que me salvaste?
Firenze redujo el paso y previno a Harry que tuviera la cabeza agachada, a causa de las ramas, pero no contestó. Siguieron andando entre los árboles y en silencio, durante tanto tiempo que Harry creyó que Firenze no volvería a hablarle. Sin embargo, cuando llegaron a un lugar particularmente tupido, Firenze se detuvo.
—Harry Potter, ¿sabes para qué se utiliza la sangre de unicornio?
- No - negaron muchos con la cabeza, llenos de curiosidad. No era como si quisiesen usarla, porque la simple idea de hacerlo les revolvía el estómago por algún motivo que no conocían y había algo dentro de ellos que gritaba que no se atreviesen a tocarla. Pero justo por eso, querían saber qué era lo que hacía la sangre de unicornio para causar ese instinto en ellos.
—No —dijo Harry, asombrado por la extraña pregunta—. En la clase de Pociones solamente utilizamos los cuernos y el pelo de la cola de unicornio.
Una sonrisa sarcástica se dibujó en el rostro de Snape. Por lo menos el chico Potter no era totalmente inútil y había aprendido algo en su clase. De ninguna manera permitiría él que utilizasen otra parte de un unicornio en sus clases, mucho menos sangre de unicornio. Él ya iba a ir al infierno por todo lo que había hecho como para añadir una atrocidad como esa a su lista. Ni hablar.
—Eso es porque matar un unicornio es algo monstruoso —dijo Firenze—. Sólo alguien que no tenga nada que perder y todo para ganar puede cometer semejante crimen. La sangre de unicornio te mantiene con vida, incluso si estás al borde de la muerte, pero a un precio terrible. Si uno mata algo puro e indefenso para salvarse a sí mismo, conseguirá media vida, una vida maldita, desde el momento en que la sangre toque sus labios.
La curiosidad que habían estado sintiendo casi todos se transformó en náuseas.
- Oh, Merlín, no quiero volver a ver siquiera sangre de unicornio - dijo Dean con los ojos como platos.
Seamus le miró con una expresión que habría sido de diversión si no hubiese estado él igual de perturbado que su mejor amigo.
- Tú nunca has visto sangre de unicornio, Dean - le dijo como si se hubiese vuelto loco.
- Y tampoco quiero - replicó él firmemente -. Hay que estar enfermo para hacer una cosa así.
- No entiendo quién sería capaz - dijo Ginny tristemente, apoyando la cabeza en el hombro de su hermano.
- No te preocupes, Ginny - dijo Fred suavemente.
- No se va a acercar a ti - prometió George mirándola con cariño.
Harry clavó la mirada en la nuca de Firenze, que parecía de plata a la luz de la luna.
—Pero ¿quién estaría tan desesperado? —se preguntó en voz alta—. Si te van a maldecir para siempre, la muerte es mejor, ¿no?
- Bien dicho, Harry - murmuró Sirius mirando a su ahijado lleno de orgullo. ¿Era posible sentir tanto orgullo y cariño por otra persona que acabe hinchándose y salir volando hasta el techo? Si era así, Sirius tenía la sensación de que estaba a punto de alcanzar ese límite.
- James y Lily estaría orgullosos de él, ¿no crees, Canuto? - preguntó Remus en voz baja, a pesar de tener los ojos fijos en Harry.
- Más que nada en el mundo - asintió de acuerdo, sonriendo suavemente -. Se ha convertido en un niño extraordinario, Lunático, a pesar de los animales que lo criaron.
—Es así —dijo Firenze— a menos que lo único que necesites sea mantenerte vivo el tiempo suficiente para beber algo más, algo que te devuelva toda tu fuerza y poder, algo que haga que nunca mueras. ¿Harry Potter, sabes qué está escondido en el colegio en este preciso momento?
- Oh, Merlín, no se referirá a la... - dijo Angelina palideciendo. Tenía que ser otra cosa. Hogwarts estaba lleno de secretos. No tenía por qué ser lo que creía que era, ¿verdad?
¿Verdad?
—¡La Piedra Filosofal! ¡Por supuesto... el Elixir de Vida! Pero no entiendo quién...
Pero por supuesto que lo era.
- ¿Alguien va a por la Piedra Filosofal? - preguntó Alicia con los ojos como platos.
- Bueno, ya sabíamos que alguien quería robarla - señaló Fred.
- Ya lo habían intentado antes - le recordó George.
- ¡Pero no sabíamos que era alguien capaz de matar un unicornio! - exclamó la cazadora -. Si se atreve a eso, no se va a parar ante nada hasta tener la Piedra. Y todos sabemos que esos tres no van a cruzarse de brazos y apartarse de su camino - terminó señalando al trío de oro.
- Y además es alguien que ha sido capaz de entrar y salir de Gringotts sin que le pillaran - dijo Tonks abriendo mucho los ojos al darse cuenta de todo. El ladrón y el asesino de unicornios. Los dos eran la misma persona. Eso solo hacía que todo fuese mucho peor -. Pero, ¿quién es?
- Ni idea. No sé quién podría ser - dijo Remus con el ceño fruncido. Estaba tratando de pensar en todas las personas que estaban vivas el año anterior que podrían haberlo hecho, pero no se le ocurría nadie.
- Seguid leyendo y dejad de decir tonterías - bramó Moody, perdiendo la paciencia -. Potter ya nos dijo hace varios capítulos que ellos tres averiguaron quién fue el que entró en Gringotts. ¿Queréis saberlo? ¡Seguid leyendo!
Miraron sorprendidos al trío de oro en el sofá. Era cierto que habían dicho que ellos lo sabían. ¿A qué estaban esperando para seguir leyendo?
—¿No puedes pensar en nadie que haya esperado muchos años para regresar al poder, que esté aferrado a la vida, esperando su oportunidad?
A Remus se le quedó la boca seca. No... No podía ser cierto. Solo estaba sacando conclusiones precipitadas.
Fue como si un puño de hierro cayera súbitamente sobre la cabeza de Harry. Por encima del ruido del follaje, le pareció oír una vez más lo que Hagrid le había dicho la noche en que se conocieron: «Algunos dicen que murió. En mi opinión, son tonterías. No creo que le quede lo suficiente de humano como para morir».
Todos jadearon. Remus no había sido el único en verlo venir, pero ninguno había querido creerlo.
- Estás de broma, ¿no? - demandó Bill apretando los puños.
- No estarás diciendo que es figura era Quien-tú-sabes, ¿verdad? - dijo Charlie pálido.
Harry solo pudo encogerse de hombros muy serio. No podía decir que no lo fuese.
Bill y Charlie maldijeron y era una señal de lo seria que era la situación cuando su madre no se molestó en regañarles siquiera.
- ¿Te encontraste con Quien-tú-sabes en el bosque? - dijo Ginny con un hilo de voz. Ella creía que la única vez que eso había pasado, aparte de la noche en que mató a sus padres y le dio esa cicatriz, había sido el día anterior en la Cámara de los Secretos cuando fue a rescatarla. Parecía que no. Era como si estuviesen destinados a encontrarse una y otra vez.
- Y gracias a Merlín que sobreviviste - suspiró Remus, sintiendo un alivio enorme -. Pocos pueden decir que le hayan visto dos veces, mejor dicho, que ese monstruo haya tenido intención de matarles dos veces y hayan vivido para contarlo.
- ¿Pocos? A mí solo se me ocurre Dumbledore, aparte de Harry - dijo Tonks.
- Creo que voy a tener que construirle una estatua o algo a ese Firenze para darle las gracias - dijo Sirius, dejando caer la cabeza entre las manos.
- Estoy bien - dijo Harry. Parecía que eso se les había olvidado a todos -. Fue más el susto que otra cosa.
- ¿Susto? Harry, un susto es lo que le das a tu amigo con una broma de Halloween - dijo George con una risa ahogada.
- Esto no ha sido un susto. Ha sido terrorífico. Voy a tener pesadillas con ello y no he estado presente - dijo Fred, pasándose la mano por el pelo.
—¿Quieres decir —dijo con voz ronca Harry— que era Vol...?
—¡Harry! Harry, ¿estás bien?
Hermione corría hacia ellos por el sendero, con Hagrid resoplando detrás.
- No tienes idea del miedo que pasamos al ver aparecer a Malfoy y a Fang sin ti - musitó Hermione, apoyándose contra el brazo de Harry.
- Malfoy llegó gritando algo sobre una figura que bebía sangre y un unicornio muerto - dijo Neville reprimiendo un escalofrío. Le había invadido una oleada de culpa en aquel momento al oírle decir esas cosas. Lo único en lo que había podido pensar era en que, si Malfoy no le hubiese asustado antes, Harry no habría tenido que ir con él y no le habría pasado lo que fuese que le había pasado que el Slytherin había estado tratando de explicar sin éxito.
- Y tenías que haberle visto. Totalmente en pánico - dijo Hermione -. Pensamos...
No terminó la frase, prefiriendo enterrar la cara en el brazo de Harry, pero no hacía falta. Los cuatro del sofá sabían que habían esperado encontrarle... bueno, muerto, dicho en pocas palabras.
- Estoy bien, Hermione - murmuró Harry, preocupado por su hermana.
- Podías no haberlo estado, Harry - replicó ella, levantando la cabeza.
- Y no sé qué habríamos hecho nosotros entonces - dijo Ron por lo bajo, mirando fijamente a Harry. Merlín, había tenido demasiados roces con la muerte en esos dos años. ¿Y si la próxima vez era cuando se acababa su suerte?
Harry le devolvió la mirada, tragando para tratar de deshacerse del nudo de la garganta. Sabía exactamente a lo que se refería, porque él tampoco sabía lo que haría si perdía a cualquiera de los dos. Neville también era su amigo, claro, pero Ron y Hermione... eran especiales. No tenía la misma relación con nadie más y no los sustituiría por nada ni nadie en el mundo.
—Estoy bien —dijo Harry, casi sin saber lo que contestaba—. El unicornio está muerto, Hagrid, está en ese claro de atrás.
—Aquí es donde te dejo —murmuró Firenze, mientras Hagrid corría a examinar al unicornio—. Ya estás a salvo.
Harry se deslizó de su lomo.
- Todavía no me puedo creer que le dejase montar sobre su lomo - musitó Tonks estupefacta.
- De todo lo que ha pasado y todo lo que hemos descubierto, ¿eso es lo que más te sorprende? - preguntó Charlie alzando las cejas.
- ¿Qué? Mejor pensar en eso que en todo lo demás - se defendió la metamorfomaga.
- A veces no te entiendo - dijo el pelirrojo sacudiendo la cabeza. Ese era el motivo por el que no tenía novia.
—Buena suerte, Harry Potter —dijo Firenze—. Los planetas ya se han leído antes equivocadamente, hasta por centauros. Espero que ésta sea una de esas veces.
- ¿Qué? ¿Qué quiere decir con eso? - preguntó Sirius agarrando con fuerza los reposabrazos del asiento.
- Creo... Creo que hay algo en los planetas sobre Harry - dijo Remus tragando saliva.
- No parece que sea nada bueno - se atrevió a decir Parvati nerviosa. Parecía que era lo que todos estaban pensando.
- No creo que lo sea. Marte está brillando, ¿lo recordáis? - suspiró Luna, dejando caer un poco la cabeza. Leer este capítulo le estaba pasando factura a la pobre chica y empezaba a notarse.
- Luna, ¿quieres que termine de leer yo por ti? - se ofreció Harry de inmediato, alargando el brazo para coger el libro. Miraba a su nueva amiga con preocupación.
- No, tú eres el que menos se merece leer estos libros que te hacen daño, Harry - dijo Luna, sacudiendo la cabeza con determinación. No le estaba gustando nada este capítulo, pero no iba a hacer que leyese Harry -. Además, ya no queda mucho para que terminemos el capítulo.
- ¿Estás segura? - insistió Harry, mirándola con ojo crítico. Luna debería tener siempre esa apariencia soñadora y despistada, no esa mirada de cansancio ni esa postura con los hombros caídos que presentaba en ese momento.
La Ravenclaw asintió decidida.
- Solo espero que Firenze tenga razón y hayan leído mal los planetas sobre ti, Harry - murmuró mirándole a los ojos. ¿Por qué tenía que pasarle esto al primer amigo que había hecho?
- Yo también, Luna - suspiró él.
Todos intercambiaban miradas preocupadas. El destino de cualquiera no estaba escrito en las estrellas. Había que traer cambios muy grandes para que afectase a los planetas y los centauros hablasen de ello. ¿Que encima uno de los centauros le estuviese deseando suerte contra su propio destino? No, las cosas no pintaban nada bien para Harry.
Se volvió y se internó en lo más profundo del bosque, dejando a Harry temblando.
El propio Harry en el Gran Comedor estaba temblando como decía en el libro, incapaz de parar por mucho que se repitiese a sí mismo que estaba bien y a salvo y que no le pasaba nada y no tenía ningún motivo para estar así.
Hermione, dándose cuenta de inmediato, le abrazó con fuerza. Odiaba la situación en la que estaban, odiaba los libros, odiaba que no pudiese hacer nada para evitarlo y odiaba que fuese de nuevo Harry el que tuviese que pasar por ello. Daría cualquier cosa para librarle de ello.
Ron se había quedado dormido en la oscuridad de la sala común, esperando a que volvieran.
Remus sonrió para sí mismo. Él había estado en el lugar de Ron muchas veces, esperando a que volviesen James y Sirius de algún castigo.
- No sé por qué sonríes, si la mitad de las veces estabas castigado con nosotros - le picó Sirius, adivinando lo que pensaba. Tenía una sonrisa traviesa en el rostro, decidido a tomarse las cosas con humor mientras pudiese.
- No exageres. Tuvisteis más del doble de castigos que yo para cuando terminamos Hogwarts - replicó Remus devolviendo la sonrisa.
- Cornamenta más que yo. Se ganó muchos castigos intentando llamar la atención de la pelirroja o defendiéndola de algún idiota - rio el animago al recordarlo. Su mejor amigo había hecho auténticas locuras por Lily.
Cuando Harry lo sacudió para despertarlo, gritó algo sobre una falta en quidditch. Sin embargo, en unos segundos estaba con los ojos muy abiertos, mientras Harry les contaba, a él y a Hermione, lo que había sucedido en el bosque.
Harry no podía sentarse. Se paseaba de un lado al otro, ante la chimenea. Todavía temblaba.
—Snape quiere la piedra para Voldemort... y Voldemort está esperando en el bosque... ¡Y todo el tiempo pensábamos que Snape sólo quería ser rico!
Sirius perdió la sonrisa de inmediato y dirigió una mirada asesina en dirección al profesor de Pociones.
- Sirius - le llamó la atención Harry antes de que pudiese abrir la boca -, lo prometiste. Nada de acusar hasta terminar el libro.
- Vale - resopló Sirius cruzándose de brazos.
- Es como Lily - rio Remus -. Ella también te obligaba a comportarte con una sola mirada. Eras casi peor que James.
- Nadie es peor de lo que lo era James con Lily - negó Sirius con la cabeza -. Se las habría apañado para traerle la luna si ella se lo hubiese pedido.
Harry les miraba entusiasmado, escuchando con toda su atención. No podía esperar a que tuviesen un rato para que Sirius le contase cosas sobre sus padres. Y a Neville sobre los suyos, claro.
—¡Deja de decir el nombre! —dijo Ron, en un aterrorizado susurro, como si pensara que Voldemort pudiera oírlos.
- Ron... - suspiró Harry, girándose para mirarlo.
- No insistas, Harry. Yo he crecido temiendo ese nombre - negó Ron testarudamente.
- Algún día conseguiré que lo digas - aseguró Harry decidido.
- Algún día conseguiré que dejes de decirlo - rebatió el pelirrojo, decidido a no dar su brazo a torcer.
- Chicos, dejad que Luna diga leyendo - intervino Hermione con una pequeña sonrisa. Eran estas pequeñas cosas las que le permitían saber que iban a estar los tres bien al final, pasase lo que pasase.
Harry no lo escuchó.
- Nunca lo hace - resopló Ron, poniendo los ojos en blanco.
- Tú a mí tampoco - replicó Harry, incapaz de no sonreír.
- Chicos - repitió Hermione.
- Lo siento - dijeron los dos a la vez, devolviendo su atención a Luna.
—Firenze me salvó, pero no debía haberlo hecho... Bane estaba furioso... Hablaba de interferir en lo que los planetas dicen que sucederá... Deben decir que Voldemort ha vuelto... Bane piensa que Firenze debió dejar que Voldemort me matara. Supongo que eso también está escrito en las estrellas.
- ¡No digas eso! - gritaron muchos.
- Pero si es cierto. Vosotros mismos lo habéis dicho antes, que Bane pensaba eso - dijo Harry confundido.
- Pero es mucho peor oírtelo decir a ti cuando estás hablando de que es a ti a quien tenía que haber dejado que matara - replicó Angelina, mirándole con los ojos como platos.
- ¿Lo siento? - respondió Harry dubitativo. No sabía qué querían que dijera. ¿Por qué todos podían hablar sobre ello menos él? ¿No era peor que comentasen su muerte delante de él sin dejarle abrir la boca? Tampoco era como si supiesen cómo iba a ocurrir o qué decían exactamente las estrellas sobre eso...
- Harry... - suspiró Angelina, sacudiendo la cabeza. Ella tampoco le veía el sentido, pero sabía que le ponía los pelos de punta oírle hablar así sobre la posibilidad de que le matasen, sobre lo cerca que había estado de que ocurriese.
—¿Quieres dejar de repetir el nombre? —dijo Ron.
- ¿Eso es lo que más te molesta? - preguntó Seamus alzando una ceja.
- Me da escalofríos, ¿de acuerdo? - replicó Ron a la defensiva, mientras sus orejas se ponían rojas.
- ¿Más que el oír que tenían que haber dejado que mataran a Harry? - dijo Dean escéptico.
- No... No bromees sobre eso - advirtió el pelirrojo muy serio, señalándole con el dedo -. No toques ese tema.
- Ron... - suspiró Harry, mirándole tristemente.
- No, Harry. No es una posibilidad - interrumpió el pelirrojo, mirándole con una mezcla de seriedad y súplica por que no siguiese con eso -. Nunca te digo nada cada vez que haces un comentario sobre ello porque prefiero no pensar en que mi hermano es el objetivo número uno de un asesino que nos han confirmado que va a volver a por él en el futuro y de los locos de sus seguidores. No quiero pensar que hay una posibilidad de que las cosas acaben así.
Harry y Ron intercambiaron una mirada en la que se dijeron mil cosas, una mirada que les volvió a asegurar con la misma certeza con la que sabían que eran magos que eran hermanos en ese momento y para siempre.
No podían prometer que iba a salir todo bien, no podían prometer que fuesen a sobrevivir todos, mucho menos que iban a salir todos ilesos. Sería mentira porque, a pesar de tener doce años (trece, en el caso de Ron), sabían que no podían prometer eso con una guerra cerniéndose sobre ellos.
Lo que sí que podían prometer era que lo iban a intentar. Podían prometer no abandonarse en esta guerra, y estos libros solo les estaban ayudando a estar más decididos que nunca a cumplir esas promesas.
—Así que lo único que tengo que hacer es esperar que Snape robe la Piedra —continuó febrilmente Harry—. Entonces Voldemort podrá venir y terminar conmigo... Bueno, supongo que Bane estará contento.
- Bane estará contento - repitió Fred sin dar crédito a sus oídos.
- Eso es todo lo que tiene que decir al enterarse que Quien-tú-sabes quiere matarle - dijo George pasmado. Al final Ron iba a tener razón y era mejor simplemente no pensar en esa posibilidad.
- ¿Cómo puedes hablar así de eso? - preguntó la señora Weasley, tapándose la boca con un sollozo.
- Por lo que ha dicho Moody antes. Pretender que vivo en un mundo a salvo no va a ayudarme en nada. Negar el peligro que tenemos delante de nuestras narices solo va a conseguir que se pierdan más vidas, la mía y la de mis amigos - explicó Harry, lanzándole una mirada fugaz al auror -. No digo que quiera que se cumpla esa posibilidad, señora Weasley, pero no quiero ignorar que existe.
La señora Weasley soltó otro sollozo, odiando que tuviese razón. ¡Era solo un niño! ¡Todos ellos eran niños! ¡No tendrían que estar metidos en esto! Y, aun así, la otra opción era mucho peor.
Moody solo seguía mirando a Harry. Apenas había apartado la vista en todo el capítulo, y tenía que decir que estaba impresionado con el chico. Sí, era horrible que tuviese que renunciar a ser un niño, pero, siendo sinceros, Harry había dejado de ser un niño hacía años. Había crecido hacía tiempo y se había convertido en una persona admirable, alguien junto a quien no le importaría pelear en un par de años y a quién odiaría enfrentarse. Con los instintos que tenía ese chico y ese espíritu inquebrantable, tenía todo lo necesario para ser un auror excelente, de los mejores que había visto. Y, si le juntaba el inmenso valor que tenía y la cabeza fría que mantenía al solucionar los problemas y en los enfrentamientos, no le extrañaría que llegase a ser el mejor de todos. Sería un orgullo poder entrenarle.
Hermione parecía muy asustada, pero tuvo una palabra de consuelo.
Hermione apretó los labios. ¿Asustada? Más bien había estado petrificada al oír con qué poca importancia hablaba Harry de la posibilidad de que le matasen. Era de las cosas que más le aterraban, y más todavía que fuese algo que no podía evitar con total seguridad.
—Harry, todos dicen que Dumbledore es al único al que Quien-tú-sabes siempre ha temido. Con Dumbledore por aquí, Quien-tú-sabes no te tocará.
Todos se relajaron ligeramente. Eso era cierto, no se podía negar.
Era un secreto dicho a voces que Quien-tú-sabes temía a Dumbledore y por eso no se había atrevido a atacar Hogwarts durante la última guerra, ni siquiera cuando más poder tuvo y más miedo infundió en los corazones de todos. Dumbledore había permanecido como un pilar de seguridad que mantenía a Quien-tú-sabes a raya (Bueno, todo lo a raya que se le podía mantener), y era un alivio saber que seguía siéndolo.
De lo que pocos se estaban dando cuenta era de que se estaba formando otro pilar de seguridad, otro faro hacia el cual se estaban sintiendo atraídos aquellos que querían estar a salvo. Era un faro pequeño, parecía poca cosa a simple vista, con sus rodillas huesudas y sus gafas redondas, pero prometía brillar con más intensidad que muchos antes. En un par de años, este sería el faro al que se girarían todos, pero, por el momento, todavía le quedaba plantar un poco más profundo sus raíces y estar seguro de lo que quería y en quién se quería convertir.
De todos modos, ¿quién puede decir que los centauros tienen razón? A mí me parecen adivinos y la profesora McGonagall dice que ésa es una rama de la magia muy inexacta.
Todos rieron disimuladamente, mientras la profesora sonreía divertida. No era ningún secreto que no sentía aprecio alguno por esa rama de la magia y tenía poca paciencia con aquellos que decían practicarla.
- Puede que sea inexacta - dijo Luna atrayendo la atención de todos -, pero la adivinación de los centauros es muy distinta a la de los magos y brujas. Llevan siglos perfeccionando sus técnicas y no suelen equivocarse. No la utilizan para las tonterías de algunos magos, como qué tal les va a salir un examen o si va a llover al día siguiente.
Más de uno se ruborizó y bajó la cabeza, avergonzado. ¿Tanto se notaba que se habían apuntado a esa asignatura porque era fácil y para ver si por casualidad aprendían a ver de antemano las preguntas de los exámenes de las otras asignaturas?
- Los centauros utilizan la adivinación para ver los grandes acontecimientos que van a cambiar la historia. Han dicho que va a haber una guerra porque Marte está brillando, y eso lo sabemos por la carta - explicó la rubia con el ceño fruncido. Le parecía ofensivo hacia los centauros que comparasen el arte que ellos habían tardado tanto tiempo en crear con las tonterías que hacían algunos de los magos -. Y han dicho que Harry tiene un papel lo suficientemente central para que aparezca su destino escrito en las estrellas.
- Eso no es de mucho apoyo - le recriminó Ron mirándola mal.
- No, pero tiene razón - dijo Harry, compartiendo una media sonrisa con Luna.
El cielo ya estaba claro cuando terminaron de hablar. Se fueron a la cama agotados, con las gargantas secas. Pero las sorpresas de aquella noche no habían terminado.
- ¿Cómo que no? ¿Qué más puede pasar? - preguntó Katie dejándose caer contra el respaldo del asiento.
- No he sido yo quien se ha pasado la noche en vela discutiendo los planes de Quien-tú-sabes y estoy agotada - se quejó Alicia.
- No sé por qué pensé ayer por la noche que me gustaría saber por lo que habían pasado Harry, Ron y Hermione - suspiró Seamus.
- No sé por qué hubo momentos en los que tuve envidia que siempre fuesen ellos tres los héroes - le corrigió Dean pasándose la mano por el pelo -. Ahora estoy más que contento con cederles el puesto y ser simplemente una ayuda si la necesitan. ¿Me hace eso una mala persona? - preguntó algo culpable.
- No, Dean. Solo te hace una persona normal - suspiró Oliver -. Ninguno de nosotros querría estar ahora mismo en su lugar, ya no. Y en el que menos, en el lugar de Harry. No me gustaría tener esa responsabilidad sobre mis hombros. A mí que la de ser el capitán del equipo de quidditch y preparar todos los entrenamientos me parecía importante… Esto pone las cosas en perspectiva.
Cuando Harry abrió la cama encontró su capa invisible, cuidadosamente doblada. Tenía sujeta una nota:
Por las dudas.
- ¡Te han devuelto la capa! - exclamó Sirius con una enorme sonrisa.
- Así que quien sea que te la dio en Navidad es probablemente la misma persona que te la ha devuelto ahora. ¡Tiene que seguir en Hogwarts! - dijo Remus, decidido a centrarse en este misterio antes que en el del ladrón / asesino de unicornios.
- ¿"Por las dudas"? - repitió Tonks confundida -. ¿A qué se refiere con eso?
- Ni idea - sacudió la cabeza Bill -, pero me alegro de que la haya recuperado. Era importante para él.
- Ya hemos terminado el capítulo - anunció de pronto Luna. Cerró el libro, aliviada. Volver a leer un capítulo no estaba en su lista de cosas que hacer en un futuro próximo.
- ¿Qué hacemos? ¿Leemos el siguiente? - preguntó Harry pasándose la mano por el pelo.
- No - dijo Ron firmemente, antes de que alguien más pudiese contestar -. Necesitamos un descanso. Tú necesitas un descanso - terminó, señalándole con el dedo.
- Puede - admitió Harry dubitativo, pero el simple hecho de que admitiese eso les confirmó a todos que el pobre chico necesitaba un descanso desesperadamente.
- ¿No habíamos dicho que íbamos a cenar ya? Puede que sea un poco pronto, pero no es para tanto - propuso Molly, buscando rápidamente una excusa para detener la lectura un rato.
- Creo que todos necesitamos despejarnos la mente un rato, y es cierto que habíamos dicho que íbamos a cenar - dijo el director con una amable sonrisa. Se puso de pie con las manos en alto -. Si podéis poneros en pie, por favor.
Todos obedecieron al instante. Se habían olvidado del hambre que tenían hasta que la señora Weasley había mencionado la cena. ¡Parecía que la comida había sido hacía siglos!
Pronto, las cinco mesas habituales volvían a ocupar su sitio en el Gran Comedor y todos se apretujaban en los bancos y trataban de alcanzar sus platos favoritos. La cena no tenía el mismo ambiente que había tenido la comida. Estaban todos más tensos y cansados, más preocupados por lo que iba a ocurrir ahora que estaban a punto de terminar el libro.
Harry había vuelto a acabar sentado entre Ron y Hermione, que le miraban de reojo cuando creían que no se daba cuenta. Normalmente le habría molestado, pero estaba demasiado cansado, había sido un día demasiado largo (y no había terminado todavía) y habían ocurrido demasiadas cosas extrañas para que le importase tanto como de costumbre. Estaba llegando al punto de la noche anterior, en el que lo único que quería era dormir y, como le dejasen cinco minutos en silencio y con la cabeza apoyada en el respaldo del sofá o sobre una mesa, se iba a quedar dormido.
- Harry - le llamó Sirius tentativamente. No sabía si quería oír la respuesta a lo que le iba a preguntar, pero necesitaba saber si tenía que prepararse o no para lo que quedaba -, lo que queda de libro… ¿Es mejor o peor que lo que hemos leído hasta ahora?
Las conversaciones se detuvieron a su alrededor, todos esperando con aprehensión la respuesta mientras contenían la respiración.
Harry, Ron y Hermione se miraron llenos de incertidumbre. ¿Mentían y les dejaban disfrutar de la cena aunque luego fuese peor para ellos? ¿O mejor les decían la verdad y les dejaban prepararse mentalmente durante la cena para que no entrasen en pánico después? O mejor…
- ¿Podemos no hablar del libro ahora, por favor, Sirius? - pidió Harry suplicante, queriendo evitar la pregunta.
- Creo que esa es toda la respuesta que necesitaba - suspiró Sirius resignado. No podía imaginarse qué podía ser peor que encontrarse con Quien-tú-sabes bebiendo sangre de unicornio a media noche en algún sitio del bosque prohibido, pero, en fin, tampoco se había imaginado que eso era posible.
Estuvieron casi una hora cenando y para entonces las conversaciones se habían animado y habían conseguido olvidarse un poco del último drama que habían leído. Sin embargo, todo lo bueno tiene que acabar y esa cena no era ninguna excepción.
Al final, Dumbledore volvió a ponerse en pie y todos se callaron casi al instante.
- Señores y señoritas, creo que es hora de que leamos el siguiente capítulo - dijo casi a regañadientes. Sabía que no le apetecía mucho a ninguno, pero era mejor olvidarse de esa historia por hoy antes de dejar que estuviesen toda la noche pensando en lo que podía pasar y no descansasen nada.
Tomándose todo el tiempo posible sin parecer que estaban ignorando una orden de su director, los alumnos se pusieron de pie y se apartaron de los bancos para dejar que fuesen sustituidos de nuevo por los sillones y sofás de antes.
Esta vez, Harry estaba sentado entre Ron y Hermione, que estaban decididos a no perderle de vista porque sabían lo que venía. Neville estaba compartiendo un pequeño sofá con Luna y Ginny había ido a refugiarse con sus dos hermanos mayores en cuanto había empezado la cena, así que ahora estaba sentada entre ambos. Tonks se había movido para sentarse en un sofá al lado de Sirius (¿qué? Había echado de menos a su tío favorito esos últimos casi doce años, ¿vale?), que tenía a Remus a su otro lado.
Los gemelos se habían apretado en un sofá para caber con Angelina y Alicia, de forma que las dos chicas quedaron sentadas entre ambos. Y la tercera cazadora de Gryffindor estaba sentada en un sillón justo a la derecha de ese sofá, con el capitán del equipo a su derecha, y parecía estar muy contenta con eso. Dean y Seamus también estaban sentados en sillones adyacentes y Parvati y Lavander estaban sentadas una al lado de la otra en un sofá. Y, por último, los señores Weasley también habían elegido un pequeño sofá donde cabían ambos.
- Bien, ahora que por fin estamos todos sentados - dijo Dumbledore con una sonrisa. Había estado los últimos cinco minutos observando con un brillo de diversión en los ojos cómo sus alumnos corrían a organizar los sitios para estar al lado de sus amigos durante lo que quedaba de libro -, solo nos queda elegir quién va a leer.
Por primera vez en lo que llevaban de lectura, nadie se atrevió a ofrecerse voluntario. ¿Cómo iban a atreverse, después del último capítulo? Cada vez que se paraban a pensarlo, solo podían recordar a la pobre Luna que intentaba leer lo más rápido posible sin trabarse mientras Harry temblaba de dolor y se quedaba pálido como la cera. Ni siquiera aquellos a los que no les caía especialmente bien Potter (cof cof Malfoy cof cof Snape cof cof) querían hacerle sufrir de esa forma.
Vale, sí no sería culpa del que estuviese leyendo, pero a ver quién era capaz de convencerse a sí mismo de eso cuando tenías lo que le estaba haciendo daño de esa manera entre las manos. Era sádico y enfermo y les dejaba un sabor amargo en la boca solo de pensarlo.
Harry suspiró resignado y fue a ofrecerse voluntario, pero Ron le tapó la boca con la mano y Hermione le dio un codazo en las costillas antes de que pudiese hacer un sonido.
- ¿Estás loco? ¿Es que no te acuerdas de lo que viene ahora? ¡No puedes leer tú! - siseó Ron, echando chispas por los ojos. De verdad, un cero en instinto de auto supervivencia para su hermano.
- Bueno, alguien tiene que hacerlo y nadie tiene ganas - replicó Harry, apartándole la mano.
- ¡Pero tú no! - dijo por lo bajo Hermione, llamando su atención con un tirón de la manga -. Por una vez, deja que se ocupe otro de eso.
- Pero…
Antes de que pudiesen seguir discutiendo, una voz interrumpió su conversación en susurros.
- Creo que hay una forma de que ninguno tengamos que leer, Albus - habló el diminuto profesor Flitwick, que no llegaba al suelo con sus pies -. Es obvio que ninguno de nosotros quiere ser el que está leyendo este libro.
Los ojos del pequeño profesor se desviaron durante un instante hacia Harry, igual que estaban haciendo los pensamientos de todos. No había falta ser el jefe de la casa de Ravenclaw para adivinar eso ni la razón de ello.
- Adelante, Filius - dijo Dumbledore, entregándole el libro que había convocado con un hechizo desde las manos de Luna.
- Es un hechizo que he utilizado alguna vez en el pasado, muy útil para cuando quieres hacer otra cosa mientras lees un libro - explicó Flitwick antes de sacar su varita. La agitó durante unos segundos por encima del libro mientras murmuraba algo por lo bajo.
Durante un momento no ocurrió nada y algunos alumnos de poca fe pensaron que había fallado el hechizo. Como si el profesor de Encantamientos fuese a fallar un hechizo tan simple…
De pronto, se elevó el libro en el aire hasta quedar suspendido al frente del comedor, en medio del semicírculo que formaban los sillones de los profesores, el ministro y los dos aurores. Vieron cómo se abría por lo que suponían que era la página correcta y se quedaba ahí, como esperando una orden.
- Ahora el libro leerá por nosotros - dijo Flitwick alegremente -. Solo tenemos que escuchar y ninguno de nosotros tiene que pasar el mal trago de estar leyendo.
- ¿Y no podías haber hecho esto antes? - preguntó McGonagall con el ceño fruncido.
- No se me había ocurrido - admitió él -. Hace varios años que no lo utilizo.
- ¿Pero cómo sabes que vamos a oír todos? - preguntó la profesora Sprout.
- Es parte del hechizo. Todos los de la sala oiremos perfectamente - aseguró, quitándole importancia con un gesto.
- ¿Y todo lo que comentamos? Porque me da la sensación de que pasamos más tiempo comentando que leyendo - dijo Snape aburrido. Fulminó con la mirada a todos los alumnos. Con todos los estúpidos comentarios de esos mocosos no iban a terminar en la vida de leer los siete libros.
- El hechizo lo sabe. Igual que la persona que lee se para cuando alguien interrumpe para comentar, el hechizo se detiene de la misma manera.
- Estupendo - resopló por lo bajo el profesor de Pociones. Ahí se acababan sus esperanzas de que pudiesen leer más rápido y terminar antes con todo ese asunto.
- Bueno, esto nos soluciona el problema - dijo Dumbledore, dando una fuerte palmada y enviando una sonrisa a sus alumnos -. Si eres tan amable, Filius - añadió mientras se acomodaba en su sillón.
El profesor de Encantamientos sacudió la varita en dirección al libro y se prepararon todos para escuchar.
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