Descargo de responsabilidad: Monster Musume no es de mi propiedad y este escrito solo está hecho para fines de entretenimiento y sin fines lucrativos
Lentamente la luz del sol de la mañana se filtró entre nubes y cortinas acariciando el rostro de la wyvern que, aun en el sofá y junto a Charnela, se despertaba lentamente. Reacomodándose en el asiento y, removiéndose con pesadez, la joven acabo finalmente abriendo los ojos al tiempo que se tapaba un poco más con la manta gris y desgastada que tenía encima, cubriéndolas a las dos. Necesito varios segundos para despertarse completamente y darse cuenta de que no sé había tapado con ninguna manta antes de dormir, ni había recogido todo lo que había puesto ni se había dejado una taza de sangre especiada en la mesita de enfrente. Sonrió con una mezcla de satisfacción y pena mientras se quitaba la manta y Charnela saltaba del sofá al suelo, donde un cuenco de su comida la esperaba. Geber se estaba esforzando por seguir tratándola como una reina y hacerle recuperar su confianza.
Sonrió un poco más al darse cuenta de que Geber hacia esa clase de cosas antes incluso de buscar redimirse a sus ojos, cuando simplemente vivían el día a día.
Supuso que su casero estaría abajo trabajando, o arriba en el ordenador haciendo estudios de dominio público o jugando con sus amigos como solía hacer muchas tardes. Se sorprendió cuando se dio cuenta de que no tenía muchas ganas de ir a verle. En días pasados, sobretodo en el desierto, apenas podía sentirse bien si no lo tenía al lado y era la primera persona que quería ver al despertar. Aun sentía algo de aquello, pero ver los mismos ojos que le mintieron en el pasado le quitaban un poco las ganas.
De forma que se dijo que no había prisa. Si estaba jugando no se metería, ni tenía ganas de sumarse ahora mismo y no podía hacer mucho con él en sus estudios, pese a que estos meses le dejasen clara una formación muy básica de geología, química y biología aunque fuera por lo apasionado de Geber al hablar sobre esos temas. Sabía que lo vería a lo largo del día, encerrados en la casa tampoco había mucha más opción, incluso tenía la certeza de que si le volvía a demostrar que valía la pena confiar en él, no habría escusa que le valiera para no ir a demostrarle todo el cariño del que era capaz y recuperar las ganas de verle que le flaqueaban ahora.
Tras varios segundos dándole vueltas al tema, cogió la taza de sangre al tiempo que Charnela, saciada, se volvía a subir junto a ella emitiendo una serie de pequeños aullidos a modo de buenos días. Con desgana encendió la tele y se quedó viendo un documental sobre el desastre que provoco la dragona nidhögg en el puerto. -Nada como empezar el día con esa araña bocona en la televisión-, suspiro, tomando el primer sorbo.
-Mientras tanto en el sótano-
-Un aumento-. Las palabras, pronunciadas de boca de Geber resonaron por todo el laboratorio del sótano, perdurando finalmente más en las mentes de los presentes que en el aire.
El joven estaba sentado frente a la gran mesa, con su portátil de trabajo abierto entre las rocas y los frascos de ácido. En la pantalla se podía apreciar la figura de una liminal muy infrecuente en tierras tan cerca del ecuador. Sobre un fondo que podía recordar a un despacho cualquiera, se encontraba una glacie, una liminal con una cubierta de hielo compacto que le protegía el cuerpo. Similar a una humana de relativamente baja estatura, con la piel pálida y ligeramente translucida por el hielo, grandes ojos azules y el pelo corto blanco y recogido en un pequeño moño. Con calma miraba hacia la cámara, dejando que su nítida imagen se viera a cientos de kilómetros de distancia.
-Geber-, pronuncio con una voz casi tan fría como el hielo que recubría su cuerpo, ligeramente aguda y dulce. -¿Tan costosa se ha vuelto tu vida últimamente? El pago acordado por tus servicios es más que suficiente para mantenerte aun si decidieras tener una familia, y se dé buena tinta que aun tienes tiempo para el trabajo en la universidad y trabajos de socio con esa compañía…BrutalCorp junto con Daiging-.
-El problema no son los gastos normales-, inquirió la recién nombrada acercándose a la cámara. -El punto aquí es Berlini. Geber y yo corremos con los gastos de prácticamente todo. Mantener un flujo constante de suministros para continuar las investigaciones y pedidos, pagar a informantes y soplones y contratar mercenarios no es algo barato-. Gruño ciertamente molesta, tenía por seguro que la elemental sabía a que se debía aquella conversación al final de su reunión electrónica.
-Cuando terminemos con esto no necesitaría tanto, como si quisieras bajarme luego el dinero del contrato hasta recuperarte los gastos-, aseguro Geber, convincente y seguro en su voz. -Ni siquiera los peores meses con facturas de hospital, comida, juegos y demás supusieron un problema antes de tener que pagar todo esto-.
Aurora suspiro al otro lado de la pantalla, entrelazando sus dedos. El traje que portaba, que más parecía un vestido de gala con tirantes, pero que era una norma de etiqueta en su reino para esa clase de reuniones, dejaba ver los pequeños destellos de blanco puro dentro del hielo que formaba la mayor parte del cuerpo, recordatorios de la parte orgánica que yacía dentro del frio caparazón. -Sí, recuerdo que Rowana me informo hace tiempo de la existencia y la posibilidad de revueltas por sus creencias, pero hasta donde tenía informado no eran un problema grave-.
-Los tiempos cambian pequeña-. Suspiro cansada la ghoul, antes de seguir hablando con un aire de severidad en la voz. -Esto ya no es una revuelta por sus creencias esto es una guerra, un conflicto abierto y están respaldados por uno de los mayores imperios criminales de Asia-.
-Veamos…- Con una calma y ausencia de emociones que solo podían provenir de un empresario experimentado o de un ser nacido en hielo, se agacho fuera de cámara unos segundos y se escuchó el sonido de cajones y papeles revolverse. -En estos últimos años me has reportado excelentes beneficios con los protocolos de creación de Aqua, incentivados especialmente por la crisis energética y económica que mi país ha sufrido recientemente. Tienes un historial impoluto en fechas de entrega y proyectos segundarios y a medida que me ratifico como una potencia aquí tus técnicas e investigaciones para con el Aqua valen más. Sobre todo si tenemos en cuenta la terca tendencia de las religiones de mi gente por considerar esa clase de investigaciones sobre "El Corazón del Mar" inmorales-. Una leve muesca de asco asomo por sus labios, era evidente que no le agradaban esos pensamientos. -Ciertamente en condiciones normales con tu urgencia por efectivo sería más que clara la decisión…-
-Pero…- Intervino Daiging cortando de plano y echando a un lado a Geber a un lado, haciéndole rodar levemente con la silla.
-Pero no es tan sencillo. El pago que te realizo esta apenas unas monedas por debajo de la base que no tengo que declarar según la normativa vigente. Si aumento el dinero que te pago por tus investigaciones debería declararlo y sabes que en mi país la civilización humana no es bien vista-. Esa pequeña verdad, nombrada ocasionalmente por la elemental en el pasado, hizo que la ghoul se apartase del monitor, dejando a Geber recuperar su posición. Los problemas con la capa de ozono ocasionados por la humanidad en las últimas décadas había afectado de lleno a los glacies, cuyos principales asentamientos dominaban el corazón del antártico. Tras el descubrimiento de la causa humana el sentimiento generalizado contra esa raza que diezmaba sus costas de peces y hería su cielo fue de odio. Un efecto que no se había diluido con el tiempo, hasta el punto que existían severos castigos para la mayoría que se relacionasen con humanos y solo se permitía el paso a unos pocos en su terreno. Como era de esperar el acta era inexistente en esas tierras. -Tal y como están las cosas no puedo permitir que me relacionen contigo de ninguna forma. Si pasara eso no solo no podría ayudarte sino que la Alta Consorje Eletril tendría papeletas de sobra para derrumbarme. Si esto sucediera no solo no podría ayudarte, sino que yo misma perdería todo. En un futuro cuando haya ganado suficiente influencia gracias al Aqua, sobre el que pronto estableceré mi monopolio, y la ola de fanatismo decayera podría darte el dinero si aún lo necesitas, pero ahora mismo me es imposible-.
-Entiendo-. Geber sonreía con tristeza y decepción, apenas oculta por el gesto que ejercía de mascara. -Bueno, pues si así están las cosas no se puede hacer mucho-. Daiging, a pesar del fiero aspecto que le daban las garras rojizas, la larga melena blanca y el rostro fiero, se acercó al geólogo y le poso la mano en el hombro en un intento de animarle un poco. -Aparte de lo que te dije sobre el estudio no hay mucho más que contar, era solo por eso. En fin, Adiós Aurora-.
-Espera-. Interrumpió la joven antes de que Geber pulsase el botón de cerrar la llamada, desviando la mirada y agachándose levemente sobre el escritorio, quitándose la cinta que contenía su pelo corto en un moño, dejando que le callera alrededor de la cabeza en un estilo de peinado corto junto a un leve gruñido que dejaba entrever que no le gustaba el peinado que portaba hace unos momentos. -No puedo darte el aumento sin destruirme a mí misma y a ti por efecto indirecto, pero eso no significa que no quiera ayudarte-. Levanto la mirada, clavando sus ojos azules brillantes en el monitor. -Eres de los pocos a los que considero amigos, a pesar de no vernos mucho y tener esta relación de jefa-empleado, y sé que no me pedirías dinero si no fuera un asunto serio de verdad-. Desvió la mirada, apoyando su rostro en su mano diestra y escudriñando la habitación. -Aunque tengamos malas relaciones con los humanos no es así con los liminales, y cerca de Japón está el Reino Sirena del Pacifico y estoy a punto de cerrar un acuerdo comercial con ellos. Seguro que se me ocurre algo para justificar el invertir en seguridad privada en la zona o explotación de algún vacío legal, pero necesitare tiempo-.
-Se agradece la intención Aurora, pero tiempo es precisamente lo que nos falta-. El joven levanto la mirada y le dedico una leve sonrisa a su amiga. -Cada día Berlini se hace más fuerte, cada central de comercio ilegal que no destruimos hoy nos creara mañana dos. No te diré que no lo intentes, pero no sé hasta qué punto puede ayudar una promesa a un futuro tan lejano e incierto-.
-Aun así se agradece la intención, y si tarda lo suficiente nos vendría muy bien tu ayuda-. Añadió Daiging.
-Siento no poder ofrecer más, las cosas por aquí andan complicadas. La crisis de recursos, el poder creciente de Eletril, la desastrosa política exterior o los desastres causa de la rotura de la capa de ozono-. Se dejó caer un poco más sobre la mesa, evidenciando que a pesar de mantener las apariencias antes realmente estaba agotada. -No he dormido en toda la noche preparando el encuentro con la familia Du Neptune y ahora no podré dormir en todo el día porque me sentiré culpable de estar atada por formalismos y tonterías…Lo siento-.
-No te preocupes, si no estuvieras ahí para empezar no podríamos haber hecho ni la mitad-. La voz de la no muerta sonaba reconfortante y tranquila. -Ve a dormir, estas ayudando más que nadie-.
Con una leve sonrisa cansada, la elemental acabo despidiéndose y colgando poco después. Tras un segundo de calma, Geber se retumbo en la silla, llevándose las manos al rostro y rascándose los ojos. -No la puedo culpar, pero eso ha ido peor de lo que pensaba… ¿Tan mal vamos?-.
-En pocas palabras, sí. En muchas, no tenemos presupuesto para muchas palabras-. Aquel pequeño chiste les saco una ligera risa a ambos, que no tardo en borrarse cuando Daiging golpeo levemente una pila de papeles que esperaba al lado de la mesa, siendo en su mayoría contratos para BrutalCorp. -Es lo que pasa por intentar destruir un imperio con tan poco apoyo. Los mercenarios por mucho que te hagan descuento por ayudarles en sus temas geológicos y de ciencia de materiales no trabajan gratis, y la policía a veces es tan inepta que me hacen temer que estén a sueldo de quien no debería. Que ellos puedan financiarse por cualquier método y tu tengas autoprohibidos algunos de los más lucrativos no ayuda, aunque entiendo que pienses así. En resumen no podemos ganar a desgaste ni siendo muy optimista, y aun suponiendo que esa "Viuda" sea al final lo bastante legal como para que podamos hacer algo a cada día que pasa me parece que solo podemos tener esperanzas si terminamos con esto ya-.
-Que equivocado estaba cuando pensé que esto podía durar meses o años-. Geber se levantó pesadamente del asiento, para apartar el portátil y dejarlo en un lado donde molestase menos. -Aunque al principio si tenía pinta de que podía ir lento, pero al final solo era que ellos mismos se estaban preparando para buscar las demás partes de la gema-.
-Sí, hicimos algunas asunciones malas de inicio, y el invierno que te fuiste no fue muy fácil. Tenemos que centrarnos ahora en encontrar la forma de acabar con Berlini antes de final de mes, dado que sin más ayuda de la ya disponible no podemos hacer mucho más. Es solo cuestión de tiempo que las runas que rodean la casa por cortesía de Aurora no le detengan… ¿Sabes? Rowana me mandó un mensaje ayer noche, esta de camino a la ciudad de nuevo, debería de aparecer en una semana a lo sumo. Ella también es una experta en los temas que necesitamos, podríamos planear un asalto a la mansión de Berlini, o a donde pudiera estar localizable…-La voz desconfiada y la mirada inculpatoria hicieron caer fácilmente al geólogo en que se estaba refiriendo.
-Ya, no como la última vez-.
-Fuiste solo, a correprisa, haciendo que nuestro amigo herrero se gastase más materiales de la cuenta de esbirros para casi salir muerto…No, definitivamente no como la última vez-.
-Lo se lo sé, fue una imprudencia, pero la perspectiva de acabar con todo tan rápido me pudo. Tengo algo de té rojo del que te gusta arriba, si quieres te hago un poco y discutimos a ver qué podemos hacer para cuando vuelva nuestra hellhound favorita-.
-Un poco más tarde-
Y abrió los ojos de golpe, al tiempo que su respiración se aceleraba. Su primera reacción fue intentar ver, escrutar sus alrededores, pero todo estaba dominado por una negrura tan profunda que ni sus ojos cazadores podían penetrar esa capa de sombras. Trato de moverse, pero sintió como si sus alas, su cola y su piernas estuvieran atenazadas por frio metal que sentía resonar en sus oídos a cada intento de moverse de la posición en la que estaba, con las piernas juntas por delante del cuerpo y las alas atadas al suelo. Al intentar girarse percibió la existencia de una argolla sosteniéndole el cuello, impidiéndole apenas si girar el rostro.
Con el corazón acelerado, empezó a luchar. Retorció sus extremidades, exprimió cada pedacito de fuerza de sus músculos, y las cadenas y cuerdas empezaron a chirriar, las oía quejarse y deformarse bajo su fuerza y su insistencia. Se doblaban y se quejaban, pero no cedían.
Lucho y peleo por lo que se le hizo una eternidad, mientras con los ojos abiertos y los sentidos en alerta buscaba en el mar de tinieblas que tenía enfrente, solo para encontrar el vacío más absoluto y desgarrador. Finalmente, se cansó de luchar, sus músculos debilitados por los continuos esfuerzos por lo que a ella le parecieron incontables horas acabaron gritando por un descanso. Y cuando ceso su movimiento, y el sonido de las cadenas se convirtió en recuerdo, el silencio se extendió ante ella, inmutable, antinatural, eterno.
El corazón lentamente se fue calmando, al ver que no pasaba nada, que no había olor que reconocer ni sonido que escuchar. Erin empezó a preguntarse qué había pasado, rememoraba estar en su casa y ahora, estaba atrapada, estaba encadenada…Estaba sola. Lentamente la ira y las ganas de escapar dejaron paso a otras emociones. Pizcas de miedo y ansiedad que había ocultado y se había negado a sentir desde hace mucho empezaron a surgir. La wyvern los noto y aquellas emociones le evocaron recuerdos de un pasado lejano.
-*Mírate, eres patética*-, en su mente, la wyvern se veía a si misma insultar su reflejo en las aguas del gran rio que abastecía a su pueblo. -*No deberías seguir con miedo, ¡no deberías ni siquiera sentirlo! ¡Que más nos dan los humanos, traidores, asesinos!*-. Grito con furia al tiempo que golpeaba el líquido, respiro pesadamente antes de calmarse. -*No vamos a volver a sufrir por su culpa, el miedo, la tristeza…No tienen cabida en el corazón de una cazadora, de una dragona*-. Aquel día había dado su límite, la muerte de su padre, la traición del que creía su amigo, las miradas hostiles y temerosas de todos los humanos que subsistían en aquel lugar. En el aniversario de la muerte de su progenitor, no pudo más. -*Te prometo Erin, que nunca más dejare que nos hagan daño, que nos engañen. Nunca más tristeza, nunca más miedo, nunca más me traicionaran…*- La wyvern se levantó de golpe, secándose las lágrimas y recogiendo la última de las que sobrevivía con la punta de su aguijón. La miro con fuerte respiración y rostro decidido. -*La ultima*-. Y de un fuerte coletazo, aquella lágrima se perdió en las tranquilas y serenas aguas del rio.
Había prometido dejar atrás todo eso, centrarse en la orgullosa wyvern que era y en todos sus dones, pero alejarse de algo tan primario, era imposible. En esos momentos, mientras se sentía encadenada en los recuerdos y temores más profundos de su mente, sentía miedo, verdadero terror. Pero no por ella, no, sentía tristeza y miedo sobre el destino de su madre y su abuela, de Draco y de Aiur, de sus amigas del desierto y de Charnela, y especialmente de Geber. El desconocimiento, el saber lo peligroso que era su vida en esos momentos hicieron que tras el recuerdo su imaginación diera a luz a mil monstruos, la lucha por apartarlos de su mente fue casi tan intensa como lucha de liberarse.
Pero ella sentía otra cosa, algo que no quería sentir, que era peor que la tristeza o el miedo. Una emoción que había experimentado por primera vez la noche que la madre salvaje de Garane se llevó a su abuelo, cuando este no paso a arroparla antes de dormir. Soledad.
No temía a la muerte, la abrazaría como a una vieja amiga. El dolor físico era algo a lo que se había acostumbrado y si alguien intentaba abusar de ella sabía que podía romperle antes de que le quitase el regalo que había decidido en el pasado darle a Geber. Pero la soledad era algo diferente, algo que la atenazaba, algo que había sentido vívidamente en los peores momentos de su vida, la última vez cuando, de forma similar a esa ocasión, la habían raptado y encerrado por semanas. Igual que aquella vez sus pensamientos se desplazaban del miedo al destino de sus seres queridos al odio y terror que le impulsaba la soledad.
Sus pulmones empezaron a tomar aire con más fuerza con cada bocanada, sus músculos los sentía a punto de explotar y su mente era cada vez más una prisión, un tormento del que no podía escapar con facilidad. Y entonces le vio, apareciendo de pronto, frente a ella. Geber.
-¡Geber!- Exclamo con alegría, dejando a un lado los sentimientos negativos que trataban de salir. -¿Qué ha pasado? ¿Dónde estamos?-
-No te perdono-. Fue su única respuesta, mientras la miraba desde arriba con una mueca de odio y seriedad que pocas veces antes había visto en el joven.
-¿Eh?- Dijo cansada, en un débil susurro de impresión.
-Que no te perdono, ¿estas sorda?- El joven se acercó un paso, para mirarla más de cerca. -Desde el mismo inicio te he estado soportando, tratando como una reina, solo para que tú me respondieras partiéndome los huesos y rasgando mi carne. Te he intentado dar lo mejor y ayudarte como nadie más habría querido, solo para recibir odio y degradación día tras día, ya no puedo más.
No te perdono Erin, jamás lo haré. Ya no me importa si me perdonas tu o no, ¡que más me da! Te he confiado incontables veces mi corazón, mi pasado, mis secretos y todo lo que has hecho ha sido apuñalarme una y otra vez-. Su voz se quebró en ese punto, amenazando con soltar lágrimas. -Pero ya es suficiente. Te quitare todo recuerdo de la gema y te devolveré con tu madre, que se ocupe ella de ti, porque yo ya estoy HARTO-.
Aquello era peor que la simple soledad. La culpa la había carcomido por dentro desde que empezó a ver a Geber como a algo más que un esclavo, como a un igual, como a un amigo, como al amor de su vida. En su ser más profundo, había veces donde dudaba si era digna de todo el perdón y el cariño que su huésped le daba.
Con el paso de las palabras su corazón empezó a pesar cada vez más, al tiempo que su voluntad por escapar se mermaba hasta casi desaparecer. Porque incluso tras todo lo que había pasado, le había demostrado incontables veces que no solo la merecía, sino que podía confiar en él y que la necesitaba como el aire. Le había demostrado a la wyvern que la amaba, y ella también a él. Solo el último atisbo de desconfianza, fruto de las mentiras del geólogo, la hacía dar un paso atrás en esas emociones, que ya simplemente aceptaba.
Junto con Geber apareció Charnela, mirándola a los ojos, y empezó a ladrar. Aquello era extraño, Geber no reaccionaba a su pequeña, a los ladridos y a como se acercaba a la wyvern y lamia su cara y alas. La ignoraba por completo.
Pero ella seguía ladrando, seguía empujando a la wyvern con el hocico o las patas y lamiéndolo el rostro como si estuviera hecho de golosinas. Al final, Charnela consiguió lo que buscaba, y saco a su ama de aquel trance.
Cuando Erin abrió los ojos, empezó a toser con fuerza. Al mirar esta vez alrededor vio su casa, iluminada y tranquila. Uno de los grandes ventanales de la sala estaba abierto, con marcas de dientes de su compañera mientras su cabeza se alzaba del suelo gracias a la perreta que cargaba con ella. Cuando pudo reaccionar se levantó en el acto y corrió a cubrirse con un pedazo de su camiseta que arranco del lateral y empapo en el agua que ayer se había dejado sobre la mesa.
Toda la casa, en especial los centímetros que había sobre el suelo del que Charnela le había levantado estaban poblados por un extraño humo, una nube traslucida de esporas rojizas que salían en parte por la ventana abierta.
-Charnela…Gracias-. Erin acaricio profusamente a la perreta, pero no hubo mucho tiempo. Afuera de su casa podía escuchar, ahora que sus sentidos volvían a plena capacidad, sonidos de golpes fuertes y centellas que crujían y rompían el aire como exhalación. Recordó en ese momento lo que hace poco le explico Geber de la barrera que Aurora había instalado, como producía sonidos estruendosos al intentar romperse, y no tardo en sumar dos y dos.
-Quédate aquí Charnela, voy a mirar-. Con un par de palmadas en el lomo de la perreta, atándose bien el paño húmedo a su rostro para evitar cualquier problema mayor con las esporas, salió volando como una exhalación, despegando desde el jardín.
Al sobrevolar la zona pudo ver con claridad las diferentes calles que daban a la suya cortadas por coches y cintas de aspecto policial. La wyvern dudaba seriamente de que fueran reales pero estaba segura de que eso supondría que pasase lo que pasase nadie molestaría, también porque se podían ver nubes similares de esporas o gases saliendo por las ventanas de las casas cercanas. Alguien se había tomado muchas molestias para que nada ni nadie se acercasen.
Y cuando sobrevoló la entrada de su casa vio a los culpables. Había cinco personas, cuatro de ellas aparentemente humanas, portando diversas armas de fuego y vestidas de diferentes formas, desde uno que llevaba traje hasta otro que iba en tirantes. En el centro Shaxa, la matango que había sumado sus fuerzas a Berlini en el concilio, golpeaba con suavidad y de forma repetida con un bastón de metro y medio, tan alto como ella, las runas camufladas en los ladrillos o bajo la tierra, provocando aquellos estruendosos sonidos.
No necesito pensar, no había dilemas morales en aquellas decisiones. Por la ley de su tribu aquellos que atentasen contra su familia y su hogar merecían la muerte, y era una sentencia que no dudo en cumplir, más cuando eran claras las consecuencias que habría si no golpeaba.
Como un rayo descendiendo de los cielos directamente sobre el grupo de individuos, de tal forma que barrio a tres de ellos, dejando en pie al humano más a la izquierda y a la matango cuya posición imposibilitaba el golpearla junto a los demás.
Dos de ellos murieron con el golpe de sus garras y el impacto de la wyvern, cayendo sus cuerpos al suelo. Al instante del golpe, Shaxa se retiró de los sellos, avanzando hasta quedar en medio de la calle. El único sano que quedaba se apresuró a desenfundar su pistola mientras Erin hundía sus garras en el pecho de la tercera víctima. Logro descargar un par de balas, que no lograron dañar a la wyvern entre el ángulo de impacto y la dureza de sus escapas, antes de que Charnela, incapaz de quedarse quieta cuando sentía a sus amos en peligro, saliera de la casa y de un certero mordisco le desgarrase las venas al clavarle los colmillos en la muñeca en un intento, muy efectivo de defender a Erin.
-¿Un perro?- Musito molesta la matango. Sus esporas eran extremadamente eficientes gracias a que podían dirigir sus efectos a razas en específico. Cuando inundo la residencia para atraparlos en sus pesadillas y poder romper las barreras sin problemas, uso esporas para no muertos, para dragones y humanos…No sabía nada de ningún perro. Elevando la vara y apuntando a la mascota que tenía el hocico manchado de sangre, una pequeña cúpula granate translucida se materializo alrededor de la joven, atrapándola y ahogando sus amenazadores ladridos.
Se giró al tiempo de ver a Erin lanzándole uno de los cadáveres a modo de proyectil.
Con una velocidad de reacción superior a la humana, más incluso que lo normal de su especie, se hecho a un lado evadiendo el golpe y alzándose poco después, mientras la vara que sostenía entre las manos empezaba a manar una espesa niebla purpurea.
Claro que la wyvern no le dio ni un segundo de descanso. ¿Para qué dárselo? Le había sumido en un ciclo de pesadillas y si perdía es matango no dudaría en matarla a ella y a Charnela y llevarse a Geber…Era algo que no pensaba permitir, y lo dejaba claro. Shaxa se vio obligada a retroceder ante la marea de golpes que la wyvern propinaba, más pareciendo una monologo de placajes, puñetazos con las alas blindadas y barridos de cola que una pelea de verdad. La matango evitaba los que podía y desviaba los que no con su bastón, aunque al principio parecía hacer esfuerzos por contraatacar, al final simplemente cedió a retroceder y parar los golpes.
Sus esporas no parecían tener el menor efecto en la wyvern, gracias al entorno amplio y ventilado y la tela húmeda que cubría su rostro, aunque acabo por quitársela para poder respirar mejor, ya que el organismo estaba en demanda de oxígeno.
Sin embargo a pesar de eso, no fueron las armas químicas, diluidas, esparcidas por el viento y en tan menor cantidad las que le dieron una oportunidad a la matango, sino sus artes sobrenaturales.
Con cada golpe que bloqueaba, la neblina absorbía un poco más de la fuera y la energía de la wyvern, cansándola, agotándola a un ritmo mucho mayor de lo normal. Si su subespecie no fuera la mejor adaptada al esfuerzo prolongado probablemente habría acabado al final tirada en el suelo luchando por respirar. En lugar de eso su mayor cansancio genero una posibilidad, que permitió a la matango conectar una serie de golpes en el cuerpo, cuello y rostro de la wyvern hasta derribarla.
Al verla en el suelo aprovechó la oportunidad, canalizando las inestables energías que la recorrían a través de su bastón, de forma que la sombría figura de un filo apareció recorriendo toda su superficie, vibrando y estremeciéndose con cada brizna de viento. Al ver esos colores apagados y fuertes, Erin supo que sería mala idea intentar bloquear ese filo, de forma que ni lo intento. Agarrando uno de los cuerpos de los subordinados que la matango había traído, lo uso a modo de maza, esgrimiéndolo de tal forma que logro mantener su posición, al menos hasta que el cuerpo quedo hecho pesados por el filo sombrío, momento en que empezó a perder terreno, centrándose en evitar el arma.
El combate habría acabado hace tiempo de no ser porque, al igual que ella, Shaxa era una luchadora avezada y sus conocimientos sobrenaturales le daban cierta ventaja. Tal fue así que en cierto punto logro derribar a la wyvern y posteriormente encerrarla en una cúpula similar a la que tenía retenía a Charnela. Esa pequeña prisión parecía dejar pasar el aire y el sonido de afuera adentro, de tal forma que cuando la matango se acercó, bajando el filo, a la wyvern apresada, esta no tuvo problemas en escuchar sus palabras.
-Esto acabaría mucho más rápido y con mucho menos dolor para vosotros si me dieras permiso para entrar-. Sentencio con una voz fría y cansada, mientras se palpaba las heridas y moratones que le había causado la reptiliana. La cual, a pesar de solo tener un dedo por ala, se las apaño de alguna forma para dejarle muy clara su opinión al respecto de dejarla pasar. -Muy bien, como quieras-. No tenía intención de mantener a la wyvern con vida tras eso, era un peligro después de todo, de forma que se acercó, empuño su basto y lo alzo con la determinación de cortar a la reptiliana en dos.
Claro que eso fue imposible debido a que la reptiliana la ensarto con el aguijón primero. Nada más ser encerrada, empezó a removerse, a buscar una forma de salir y se percató de que no era una cárcel tan resistente como podría parecer. Puede que fuera por el cansancio y heridas de su enemiga fúngica, que la hacían ser más lenta y ejercer peor sus habilidades, o la enorme diferencia de fuerza con la otra encarcelada, tenía más fuerza en un solo miembro que la husky en todo su cuerpo, pero vio que podía agrietar y romper la prisión con facilidad, solo necesitaba un momento para golpear.
Y la joven le dio el momento perfecto. En menos de un parpadeo, el aguijón de la joven, conjunto con un golpe seco con las alas, partió a trocitos la prisión liberándose al tiempo que atravesaba el abdomen de la matango; junto con un fuerte movimiento de la cola para tirarla al suelo y evitar cualquier intento de contraataque.
Ya libre de la prisión no dudo. Se acercó a la matango y de un solo y fuerte pisotón le aplasto la cabeza, dejando que su "sangre" y demás fluidos corporales empaparan la calle. Con el último suspiro de Shaxa llego el silencio más absoluto, nadie pasaba por allí gracias a las medidas cautelares que los cultistas tomaron, ni nadie en las casas cercanas parecía estar lo bastante despierto, consciente o cuerdo para intervenir. La única que rompió el sonido fue Charnela que, relamiéndose la sangre que tenía en su hocico, corrió hacia Erin, ladrando y buscando comprobar que estaba sana y salva.
-Sí, si pequeña estoy bien-. La wyvern se agacho para acariciar con el ala derecha, la izquierda le dolía lo bastante para no quiere moverla. Una vez terminado el impulso de la adrenalina las magulladuras y heridas que se había hecho empezaban a hacerse notar.
Cuando la mascota se calmó lo suficiente, se levantó dolorida y observo la escena. Más de un cuerpo se encontraba a sus pies, muerto y manchando la acera de sangre. Carne de humanos desconocidos que ya no volverían a levantarse. Sintió ganas de vomitar, una puntada, un espasmo cuando los miro con los ojos abiertos hacia el cielo, lo que le extraño mientras contenía aquel impulso. Era la primera vez que sentía algo similar, todas las veces en el pasado que necesitó derramar sangre, fuera de bestias o humanos, no sentía nada más que indiferencia.
Se pasó varios segundos mirando aquellas cadáveres, preguntándose porque se sentía mal al verlos allí. La ley de las wyverns era clara, estaba en pleno derecho de defender su casa, posesiones y seres queridos aunque supusiera cobrarse sus vidas, y el acto de matar no era desconocido para una cazadora como ella; realmente el único punto que en inicio podía haberla contenido de hacerlo era el acta...Pero no hubo tiempo para pensar en ella. Y sin embargo, a pesar de ello, no se sentía cómoda allí. Se pregunto si eso que sentía era un deje de culpa, ¿quizás al ver a un humano como algo más que un monstruo, por extensión los demás ya no le parecían tan aberrantes? Hacía semanas, meses quizá que no se sentía cómoda al dañar a Geber, quizás ahora simplemente no se sentía cómoda con dañar a nadie. Quizás su facultad de dañar sin resentimientos era una faceta de la máscara, del caparazón que tenía desde hacia tiempo y que ya no estaba, gracias al geólogo.
Sacudió la cabeza, quitándose de encima esas dudas. Al pensar en su anfitrión había caído en la cuenta, tenía que asegurarse de que a el no le había pasado nada.-Vamos dentro Charnela-, le dijo con tono de urgencia al levantarse y empezar a correr hacia la casa. -Espero que Geber esté bien-.
Juntas las jóvenes, entraron con rapidez y abrieron todas las ventanas y puertas que se encontraron cerca para airear el ambiente y quitar de en medio los últimos restos de esporas. Suponiendo que el joven se encontraría en el sótano, fue el primer lugar al que acudieron a mirar.
-Todo…Todo estará bien, no te preocupes-. Una voz tranquila y femenina llamo su atención mientras bajaban las escaleras. Retumbada sobre la montaña de cajas que se almacenaban ahí abajo esta Daiging, abrazada sobre sí misma en posición fetal y dándole la espalda a las escaleras. Erin al verla se sobresalto, y solo la rápida intervención de Charnela, que ya conocía a la no muerta de antemano, logro evitar que se lanzara a por ella.
Al ver a su mascota no solo acercarse, sino también acariciar con el morro a la mujer, Erin se sintió más segura de bajar un poco la guardia, y se acercó. Vista de cerca, no tardó en percatarse de que era una no muerta. Las cicatrices en su cuerpo, el olor a sangre y conservantes, la falta de calor que desprendía...Claro que sus facciones más "monstruosas" como las garras rojizas o los enormes colmillos que poco tenían que envidiar a los suyos. Se sorprendió a si misma mirando con curiosidad a la ghoul que se mecía levemente entre las cajas. Apenas había visto liminales del tipo "no muerto" en su vida y aquella le despertaba cierto nivel de curiosidad. Claro que la curiosidad no duro mucho para con la desconocida, dado que tenía urgencias más importantes que atender.
-Tranquila, no te pasara nada, mama esta aquí-. Erin miro rápidamente en el laboratorio mientras la no muerta continuaba hablando para ella misma. No logro encontrar rastro alguno de su anfitrión en aquel laboratorio, solamente papeles y rocas que no se extrañaba nada por ver ahí.
Al asegurarse de que no estaba oculto tras el sofá o bajo la mesa, cargo con Daiging y junto a Charnela subieron arriba. Cargar con la ghoul no supuso problema, pues parecía tan sumida en las alucinaciones causadas por las esporas que no causaba problemas, Erin confiaba en que dejándola en el sofá, arriba y acompañada de Charnela no tardase en librarse de las esporas, gracias a la amplia ventilación de los pisos superiores.
Al poco de subir la escalera, un ahogado sollozo llamo su atención. No tardo en seguir el sonido hasta el cuarto de Geber, donde este se encontraba.
El geólogo estaba abrazado a sus rodillas, bajo la mesa de su escritorio, temblando y meciéndose nerviosamente mientras pronunciaba palabras incoherentes intercaladas con lloros ahogados y miradas nerviosas. Tenía el rostro rojizo y empapado en restos de lo que debían de ser lágrimas.
Al ver a Erin, que se acercó preocupada a su anfitrión tras acercarse a la cama y echar por la ventana lo que parecía una granada de gas que había entrado rompiendo el cristal, y que aun emitía un pequeño humo, se acercó al joven. Solo él supo que vio en los más recónditos y tétricos rincones de su mente atormentada, pero la reacción al ver a la wyvern acercarse fue de todo, menos feliz.
-¡No, por favor no más!- Grito a pleno pulmón cuando se percató de que la escamosa se acercaba, agitando sus brazos con fuerza frente a él y cubriéndose el rostro. Todo ello mientras intentaba patalear para alejarse más profundo bajo la mesa, sin poder hacerlo más por la pared que le cortaba el paso. -¡Ya dije que lo sentía, que no era mi intención! No quería matarlos, no quería fallarte, nunca quise hacerte daño. Erin, Rosa…Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento…-
No paro de intentar retroceder al tiempo que pedía perdón una y otra vez sin detenerse. Erin, que se había parado poco antes de llegar a la mesa, impactada por el pánico de la voz y los ojos de su anfitrión, empezó a sentir una marea de emociones. Pena, lastima, necesidad de consolarle, tristeza…Finalmente se decidió a acercarse. Acababa de vivir no solo uno de los combates a muerte más ajustados de su vida sino también una vivencia nítida de sus pesadillas. Era tan diferente recordar al Geber rencoroso, que había perdido toda la fe en ella que había visto antes y ahora ver ese mismo rostro plagado de pánico y lágrimas mientras escribía disculpas sin cesar hacia su hermana y hacia ella que decidió dejar de lado por unos segundos el hecho de que Geber aun tuviera que terminar de demostrarle que merecía la pena confiar en él, ya que ambos necesitaban para alejarse de las pesadillas que acababan de vivir, un gesto simple.
Erin se agacho y de golpe abrazo a Geber. Aun temía por mentiras, aun necesitaba un poco más de tiempo, pero él seguía pasando cada prueba con matricula y aquel día ambos necesitaban un poco de cariño.
Geber no se resistió. Cuando ella se acercó dejo de moverse y la miro como si fuera un condenado esperando la horca. Tras unos segundos, aun con los efectos de las esporas en su mente, llego a corresponder aquel abrazo, calmándose.
-Un poco más tarde-
-La verdad es que esto no me lo esperaba, me deja bastante inquieta la verdad-. Declaro Daiging rascándose la nuca. Tras pasar el efecto de las esporas, y ocultar los cadáveres, se habían reunido los cuatro en la sala de estar junto a una taza de té rojo.
-Al menos está muerta-, respondió la wyvern, sin quitarle el ojo de encima a la no muerta. -¿Sabéis si hay muchos más que puedan intentar romper la barrera esa?-
-Sí, si seguramente que tienen a más, eso es precisamente lo que me extraña. Una tarea como esta se hace mejor y más rápido en grupo, te arriesgas menos y todo eso…Que decidieran intentarlo solo con una persona con esas habilidades me hace pensar que o ha sido un intento aislado y desesperado de un grupo de fanáticos en solitario, o se están reservando y ocupando a los demás para otros asuntos, lo cual me escama-.
-¿Cabe la posibilidad de que no fueran ellos, sino algún otro grupo que pudiera buscar la gema?-. Geber aún estaba intranquilo, sus manos se veían temblar de forma evidente y pensar en si existía otro grupo que también buscase la gema no ayudaba.
-No, ya me encontré con algunos de los cadáveres antes, trabajan para él. Nadie fuera del culto sabe que tienes esa gema, y después de tanto tiempo nadie más que esos fanáticos la buscan con tanta obsesión. No, esto huele raro. Investigare por mi cuenta cuando termine de entregar los contratos en la sede-.
-Vale, perdona que lo diga y cambie de tema, ¿Pero tengo que suponer que es normal que estés removiendo él te con un dedo humano?- Puntualizo la wyvern, que estaba extrañada por un comportamiento que despertaba tan nulo interés en Geber y Charnela.
-No soy una zombie, soy una ghoul. Mi especie tiene que comer carne y no me basta solo con animales. Normalmente me basta con el mercado negro o las paginas esas de internet donde algunos locos venden pedazos de sí mismos…Pero no voy a hacerle asco a algo así. Mejor parecerte algo asquerosa que no acabar perdiendo el control otra vez y quedarme reducida a un montón de instintos depredadores sin conciencia-. De un solo trago, tras decir eso, se acabó él te y engullo el dedo. Levantándose con energía se empezó dirigir a la puerta. -Bueno, tengo trabajo que hacer. Vosotros quedáis aquí dentro a salvo y ya hablaremos-. Antes de salir se cargó a la espalda con la última bolsa de basura que le faltaba de meter en su coche.
Ambos se quedaron en silencio, mirando en direcciones opuestas unos minutos tras despedirse de la no muerta, tomando sorbos de té ocasionales, hasta que el geólogo rompió el silencio. -Me volviste a salvar la vida Erin. Y no sé cómo agradecértelo-.
-Agradéceselo a Charnela, ella es la heroína aquí. Sin ella aun seguiría atrapada en mi pesadilla-. La aludida se levantó y acerco a Erin al oír su nombre, recibiendo varias caricias entre las orejas.
-Lo sé, luego pensare en algún premio por ser tan buena guardiana. Pero también tengo que agradecerte a ti que a pesar de cómo están las cosas últimamente me ayudaras, y no solo salvándome la vida, sino también con el abrazo. Me sacaste de mi pesadilla-.
-Ambos lo necesitábamos, no le des muchas vueltas-. Respondió secamente, dejando aparecer un largo e incómodo silencio.
Al final, ambos volvieron a sus quehaceres. Erin decidió pasar buena parte del día entrenando en el pequeño gimnasio que tenían en la planta de abajo mientras Geber intentaba tenerlo todo preparado para cuando Rowana le trajera aquel ingrediente que, según había podido deducir en el estudio del diario del abuelo de Lyra era la clave para curarse, así como seguir con las pruebas y estudios.
Al igual que en los días que vendrían mientras esperaban la llegada de Rowana, no hablaron demasiado. Geber siguió tratándola como a una reina, mientras le daba todas las razones que podía darle para recobrar la confianza resquebrajada. Al final del día sin embargo, aún quedaban muchas cosas por hacer.
Bueno, capítulo corto algo de intermedio y preparación para lo que viene. Este arco es especialmente corto por lo que no me extrañaría que pronto empiece con el trio final de capis, pero teniendo en cuenta las épocas que son puede que tarde más de lo que me gustaría. Mientras tanto espero que disfruten de este capítulo, ¡pasad un buen día y hastapronto!
