Advertencias
Los personajes, salvo excepciones, no me pertenecen
La historia contiene escenas explicitas de sexo, violencia y lenguaje soez.
NO soy escritora, esto es por diversión, estoy abierta a cualquier duda o crítica fundamentada y respetuosa.
No todos sale de mi imaginación, con lo que es posible hallar diálogos, escenas, etc inspiradas o tomadas de los juegos u otros lugares. Igualmente, el hilo argumental de la historia coincide en puntos con los de los primeros juegos, pero sólo será en parte, otras cosas serán inventadas y no coincidirán.
Capítulo 28
-¿Ocurre algo? –Preguntó finalmente Ezio, rompiendo el silencio tras la partida de Yusuf del hogar de Nuray.
-Bueno, hemos descubierto algo. Hay más artefacto: La esfera no es el único.
-¿Cómo?
-Sí, los escritos que traducía mi madre lo dicen, mira. –Agregó acercándose al libro, señalándole el párrafo.
-Esto es tan bueno como malo. César no podrá usar el que tiene, al menos supongo que no con todo su poder. Pero la putada es que debemos encontrar el resto, y no sabemos nada.
-Hay mucho que aún ella no pudo traducir. Puede que den más pistas. Mañana buscaré otro traductor de confianza.
-Bien. –Agregó el hombre algo serio, para después comenzar a alejarse despacio y desganado, cuando Nuray hizo que se detuviera al llamarlo.
-Ezio, espera.
El hombre se giró para mirarla, recibiendo entonces por sorpresa un lento y cálido beso de la mujer, quien sujetó su rostro con ambas manos mientras lo besaba con cariño. Él pronto se dejó llevar, abrazándola con delicadeza.
-Lo siento. Me alegra mucho que estés aquí.
Ezio entendió perfectamente que su disculpa iba referida al humor de la mujer y su comportamiento distante respecto a él, con lo que simplemente se limitó a sonreír mientras apartaba parte del pelo azabache de Nuray de su rostro, para después devolverle el beso con la misma dulzura y sentimiento.
Ezio despertó sintiendo que alguien acariciaba su pecho, encontrándose con Nuray a escasos centímetros, sonriéndole, tumbada a su lado en la cama de la joven.
-Hola, extranjero. –Le saludó la morena mientras continuaba paseando sus dedos por el torso del hombre. El italiano sonrió y cogió su mano.
-Ojalá todas las mañanas fuera como esta. ¿Cómo estás?
-Mejor que ayer. ¿Y tú?
-Desde luego, también.
Ambos sonrieron para después besarse fugazmente, pero Ezio intensificó el beso, pretendiendo continuar.
El italiano se incorporó levemente mientras posicionaba a la joven sobre él sin despegar sus labios, haciendo descender sus manos por la espalda de la mujer mientras bajaba los tirantes de su camisón, llegando al final de su espalda.
Nuray, pocos segundos después sonrió mientras lo besaba, agarrando sus muñecas, para acto seguido, en un movimiento rápido y brusco, volver a tumbar al hombre.
Ezio sonrió pícaramente a la vez que luchaba contra la fuerza de la morena y llegar a besarla, pero ella negó con la cabeza, respondiendo de igual forma a su gesto.
-Hay trabajo que hacer, extranjero. Esto tendrá que esperar.
-¿No crees que lo hemos retrasado ya lo suficiente? –Agregó mientras acariciaba su rostro.
-Lo primero es el trabajo, recuérdalo. –Susurró la mujer cerca de su boca, para después besarlo de nuevo a la vez que sentía la excitación del italiano.
Antes de que él volviera a abrazarla para acercarla más a sí mismo, Nuray se levantó de la cama mientras volvía a colocarse la ropa.
-¡No puedes dejarme así, amor!
Ante la queja del asesino, quien se sentó en la cama, la chica rió dirigiéndose a la puerta donde se volvió para mirarlo con una sonrisa malévola.
-Te traeré un cubo de agua fría, extranjero.
Ezio contempló como la morena abandonaba el cuarto sin más dilación, haciendo que mientras este maldecía interiormente, dibujara una sonrisa.
Nuray por fin pudo regresar a casa después de andar por la ciudad de un lugar a otro, encontrándose en la sala principal de la vivienda a Yusuf y Ezio hablando sentados en la mesa que usaban para comer, observando un mapa.
-¿Qué hay chicos? ¿Alguna novedad? –Preguntó la joven caminando hacia ellos, sentándose junto a Yusuf, quien habló en primer lugar.
-Has llegado en el momento oportuno, pero primero tú. ¿Qué hay del libro?
-He logrado encontrar a un hombre que puede traducir lo que falta. No ha sido nada fácil.
-¿Y es de fiar? –Agregó Ezio.
-Sí, era un buen amigo de mi madre. Tardará unas dos semanas. Ahora vosotros.
El turco hizo un gesto con la mano para concederle el honor al italiano, quien comenzó a narrar los nuevos acontecimientos.
-Volvemos a tener pistas sobre el Fruto del Edén. Varios de los hombres hallaron que lo esconden a las afueras de la ciudad; Lo que no sabemos es por cuánto tiempo lo custodiaran, ni si piensan llevárselo a César, o él vendrá a recogerlo.
-¿Y por qué a las afueras?, ¿dónde?
-Bueno, visto lo difícil que nos resultó colarnos en el palacio del sultán, habrán optado por no molestarse nuevamente. –Agregó en tono burlón Yusuf, sonriendo.
-Parece que lo esconden en unas ruinas antiguas. Hay guardias custodiándolo permanentemente, pero no saben que lo sabemos.
-Bien. ¿Cuándo vamos a recuperarlo?
-Al ocaso, con el cambio de guardia. Nosotros nos ocuparemos de conseguir el Fruto mientras otro grupo intercepta el cambio. Nos darán unos minutos hasta que haya demasiada gente allí.
-Bien, pues hasta ese entonces estaré en la habitación. Voy a descansar.
Nuray se levantó alejándose de ambos, girándose al escuchar a Ezio hablarle con tono seductor, mientras el turco se burlaba con una risa por lo bajo.
-Recuerda que tenemos un asunto pendiente, amor.
-Deberías reservar tu bravura para esta noche, extranjero. Pero si crees estar a la altura en ambas circunstancias, te estaré esperando.
Acto seguido la chica continuó con su camino, desapareciendo de la estancia a la par que Ezio sonreía ante sus provocaciones, que cada día le gustaban más.
No podía imaginar encajar con alguien mejor que con aquella mujer, tan parecida y a la vez tan diferente a él.
-Es un alivio ver que poco a poco vuelve a ser la de antes –dijo Yusuf. –Aunque se nota que no es lo mismo. Es más seria, menos alegre.
-Sí, a veces me doy cuenta. Pretende fingir que todo sigue igual aunque Adara haya muerto. Temo que esa actitud pueda hacerle daño, no debería tragarse su pena.
-Desde luego eso no lleva a nada bueno. Pero logrará superarlo, y seguro que rápidamente gracias a ti.
El hombre palmeó el hombro de Ezio, quien sonrió afable ante el comentario vislumbrando después que el turco se levantaba, añadiendo que debía resolver unos asuntos antes de la misión. Una vez el asesino estuvo solo en la sala, se levantó tras meditar en las palabras de su amigo, dirigiéndose después al cuarto de la morena.
Nuray estaba tumbada en la cama de espaldas a la puerta cuando el hombre entró cerrando tras de sí, acercándose lentamente hasta sentarse a su lado a la vez que contemplaba la espalda desnuda de la morena, quien solía de vez en cuando dormir semidesnuda.
-Has tardado más de lo que esperaba, extranjero. –Susurró con calma, para después girarse y poder mirarlo, quedando tendida de cubito supino. Ezio le regaló una sonrisa torcida.
-No ha sido por falta de ganas.
Ante el silencio de él, Nuray arqueó una ceja sin apartar su sus ojos de la cara del italiano, no sabiendo descifrar su pensamientos mientras acariciaba su rostro.
-¿Pasa algo, Ezio?
-No. Sólo que prefiero continuar así, observándote y a tu lado.
La morena esbozó una sonrisilla con un deje de burla.
-Extranjero, ¿te has dado un golpe en la cabeza viniendo hacia aquí? ¿Dónde te has dejado al italiano libertino y entregado a los placeres que eres?
-Creo que para bien o para mal, estás acabando con él. Espero no convertirme en un aburrido. –Agregó bromeando, haciendo sonreír a la mujer, que se incorporó para llegar a besarlo con ternura mientras acariciaba una de sus mejillas.
-Eso jamás podría ocurrirte a ti, Ezio Auditore.
El asesino, complacido ante la respuesta se limitó a dibujar una nueva sonrisa, inclinándose él esta vez para besar los labios de la turca.
