Soltó un suspiro frustrado cuando vio que solo una cerveza sobraba de su paquete de 12. Agh, ni siquiera se sentía un poco mareado, quería olvidar todo, no quería recordar al hombre que lo había dejado porque su relación le parecía "repulsiva", un "pecado". Soltó una risa irónica, eran casi las mismas palabras que sus padres le habían dicho al descubrir que era gay.
De un solo trago se acabó la última lata y la aplasto con sus manos para después lanzarla a cualquier rincón del apartamento, en ese momento le daba lo mismo el orden, nada le importaba. Dio un último vistazo al caso que le habían encargado y cerró la carpeta, en ese estado no podía trabajar. Necesitaba más cerveza.
Tomo las llaves del mesón y se dirigió a la puerta con la visión un tanto nublada, tal vez las doce cervezas que se tomó si le habían hecho un poco de efecto, y eso pensó cuando, al abrirla, se encontró con la persona culpable de todo su sufrimiento.
-Gilbert…- escucho esa voz y entonces supo que no era una ilusión. ¿Qué hacia allí? Le quedó muy claro que ya no quería verlo y que le parecía repulsivo, ¿acaso venía a burlarse? ¿a culparlo por su "cambio repentino de sexualidad"?
-Si vienes acá para…- comenzó con los puños apretados, no sentía ganas de escuchar nuevamente esa charla de lo "correcto" e "incorrecto", pero justo cuando iba a continuar con su reclamo, sintió unos brazos alrededor de su cuerpo, y se quedó en shock.
-Lo siento- fue lo primero que salió de los labios de la persona que ahora se aferraba a su chaqueta con los ojos húmedos. Lágrimas empezaron a brotar, y en ese momento se paralizo. -Lo siento tanto- sollozo mojando su camiseta, podía notar que su típico rulito ahora estaba caído, sus manos rasgadas y cuando tomo su rostro para mirarlo a los ojos pudo notar las ojeras que se escondían tras los empañados lentes.
-Eres un desastre- acaricio su cabello intentando calmarlo, verlo llorar oprimía su corazón, por mucho que su cabeza le dijera que se lo merecía por hacerle sufrir, su corazón no lo aguantaba.
-No quiero perderte- hablo con la voz quebrada, aferrándose más a la espalda del alemán. En ese momento Gilbert dejo atrás su enojo, desecho las memorias del día anterior y envolvió ese menudo cuerpo entre sus brazos. -Yo... no quiero que Dios me odie, no quiero decepcionar a mi madre ni que mi familia me rechace- explotó al fin, sollozando aún más fuerte, aferrándose a su chaqueta - pero te amo... no puedo renunciar al amor… aún si eso implica pedir perdón de rodillas todos los días a Dios, aún si...- Tomo el rostro del austriaco entre sus manos y limpio las lágrimas con sus pulgares, sintiendo el notorio temblor del cuerpo contrario.
-Hey, está bien- susurro abrazándolo contra su pecho-Dios no te odia... Dios no odia a nadie, nunca podría hacerlo, porque en su naturaleza no está el odiar- empezó con una voz suave, sus palabras eran como calmantes para el austriaco-son las personas las que nos meten esa idea en la cabeza, pero siempre debemos luchar por lo que creemos correcto- entrelazo sus manos con las frías de la persona que más amaba en el mundo y ambos se separaron ligeramente, para verse a los ojos. -Ich liebe dich…- murmuro mirándolo con adoración, besando sus labios en un contacto suave que enseguida fue correspondido -Ich liebe dich- volvió a decirlo con más énfasis en sus palabras, iniciando un beso más apasionado que el anterior, quitándoles el aliento. Roderich envolvió sus brazos en su cuello y se dejó cargar por el albino, quien inicio nuevamente un beso cargado de sentimientos conocidos para ellos, y uno que nunca habían convocado, la lujuria.
-I lieb di a- jadeo entre besos, sintiendo que su cuerpo empezaba a arder y sus piernas se enredaron en la cadera del más alto, recibiendo pequeñas mordidas y besos en su cuello que lo hacían suspirar. Era una sensación desconocida. Ambos se miraron a los ojos, con un mensaje en claro. Esa noche llegarían hasta el final.
•••
Esa noche su insomnio no llegó. Pestañeó para acostumbrarse a la luz del día, se sentía totalmente descansado.
Miro a su lado, descubriendo el cuerpo acurrucado a su lado, rodeándolo con sus brazos, y los recuerdos de la noche anterior lo hicieron sonreír. Había sido un momento que atesoraría con todo su corazón, igual que a la persona que dormía junto a él. Enterró su cabeza entre los cabellos castaños, depositando pequeños besos hasta que sintió que el otro también despertaba, parpadeando confundido.
- ¿Qué…? -fue lo primero que murmuro, aun adormilado, retirando sus manos del cuerpo del más alto para fregarse los ojos, y un dolor punzante en su espalda baja le hizo recordar la noche anterior, sonrojándose inmediatamente. Oh, Gott…
-Morgen, mein klein Edelstein- rio al notar lo avergonzado que estaba, besando su coronilla para después bajar sus manos hasta apretar su trasero.
- ¡Hey! - reclamo dando un saltito, alejándolo enseguida con sus brazos.
-Kesesese, no pude evitarlo, tu cuerpo es hermoso señorito- rio atrayéndolo nuevamente en un abrazo. Roderich rodó los ojos, escondiendo su rostro en el hombro del albino. No quería levantarse, quería continuar durmiendo y no hacer nada todo el día, darse ese lujo que se lo habían quitado desde los 3 años. Gilbert sonrió divertido al notar su cansancio, negando con la cabeza, solo por esa vez lo dejaría. -Voy a preparar el desayuno, vuelvo en un rato- besó su frente antes de salir a la cocina, para regresar 10 minutos después con una bandeja donde había dos tazas de café, pan, mantequilla, mermelada y sus infaltables Würste. Algo simple, rápido, y delicioso. Roderich al verlo entrar intento sentarse en la cama, con dificultad, su cuerpo aún seguía doliendo. Gilbert le mando una mirada apologética y dejo las tazas en su mesa de noche para después pasarle la bandeja de comida y sentarse a su lado, en un ambiente tranquilo.
-Es tut mir leid, Schatz- lo beso en manera de disculpa, entregándole la taza de café humeante sin azúcar, tal como le gustaba. Roderich no pudo evitar dibujar una sonrisa en su rostro, tomándola entre sus manos para darle un pequeño sorbo, deteniéndose al escuchar la pregunta de Gilbert- ¿Porque comenzaste el ballet? – fue algo que siempre había querido preguntarle, pero hasta ese momento no había podido hacerlo. El castaño subió a verlo con un tanto de sorpresa para después parpadear seguidamente y bajar su mirada a la taza de café.
-Fue decisión de mi madre…-admitió en un suspiro. El alemán lo miraba atento, con interés de saber un poquito más de él -Empecé a los 3 años, y a esa edad… no es verdaderamente tu opción, pero mis padres sacrificaron todo por mí, por mi carrera, porque fuera el mejor- recordó cerrando los ojos por unos breves segundos, sintiendo el calor del café tan nostálgico. Gilbert lo noto, pero no lo interrumpo. -Toda mi vida, lo único que conocí fue el ballet, es una parte de mí, es para lo que mis padres me criaron- termino encogiéndose de hombros, sintiendo la tristeza comenzar a crecer en su pecho, pero todos sus pensamientos negativos se desvanecieron cuando sintió una mano sobre la suya y esos ojos sobre el secreto que, hasta esa noche en la que le entrego todo de si al albino, nunca nadie había conocido.
- Así que… ¿tu manera de revelarte fueron los tatuajes? –se burló mirando a la muñeca del austriaco donde estaba gravada una cruz en tinta negra, recordando también los que tenía grabados a cada lado de su cadera y mantenía tan bien escondidos que nadie nunca los había notado. Estaba orgulloso de ser el primero. El del lado izquierdo era una perla y el de la izquierda era un fénix en llamas, dos símbolos que le llamaron mucho la atención, pero en ese momento no le pareció adecuado el preguntarle. -Kesesese, así que no eras tan santo como creía- le codeo de forma juguetona, notando como enseguida el austriaco se ponía más rojo que un tomate.
-Halt die Klappe- golpeo su hombro, avergonzado.
-Sabes que con todo y tatuajes te amo- beso sus labios, divertido. Quien diría que ese hombre era mucho más interesante de lo que había imaginado cuando lo vio por primera vez.
•••
Al regresar a casa esa noche, noto las luces encendidas. Alguien estaba adentro, y tenía un mal presentimiento. Intentando mantenerse calmado, entró, poniendo atención al ruido a su alrededor. Provenía de la cocina. A paso lento se acercó, notando desde lejos a la persona que estaba allí. Era su madre.
-Hijo, te estaba esperando- lo llamo la mujer cuando noto su presencia, señalándole la pequeña mesita donde había servido una taza de té y galletas, que suponía, no eran para él, porque ella siempre le había prohibido comer dulces. Sin escapatoria, se acercó al lugar que su madre señalaba.
-Danke…-murmuro tomando la pequeña taza y bebiendo un poco de su contenido para calmar su pulso, pero poco pudo hacer cuando la pregunta que tanto había temido salió de sus labios.
- ¿Ya cortaste los lazos con ese hombre? -agacho la mirada al líquido humeante entre sus manos, no podía verla a los ojos, y más que todo, no podía contestar esa pregunta. -Conseguí una cita con un psicólogo a 10 minutos de Londres, dijo que podría curarte en poco tiempo- se sentó frente suyo, mirándolo con una pequeña sonrisa, sus palabras con un tinte de cariño maternal que en ese momento le enfermaban, y el toque suave lo quemaba.
-Mutter…- alejo su mano, mirándola con el ceño ligeramente fruncido. ¿Psicólogo? ¿Curarle? La mujer suspiro y se levantó nuevamente cuando escucho el pitido de la tostadora.
-También conseguí ayuda de la comunidad, mañana vamos a ir a la iglesia para que puedas arrepentirte ante Dios y…
- ¡Hör auf! -la corto alzando la voz más de lo esperado, algo que nunca se había atrevido a hacer, pero estaba harto. -Ya no quiero escuchar más- pidió en un susurro al ver el shock en el rostro de su madre.
-Roderich Edelstein- volteo a verlo con el ceño fruncido, apretó los puños ante su atrevimiento. Se acercó a él, para regañarlo, pero nuevamente sus palabras la detuvieron.
-Lo siento, Mutter… no voy a renunciar a quien amo, ni siquiera por Dios- se dio valor a sí mismo para decirlo, para no retroceder en sus palabras, y, en un abrir y cerrar de ojos, sintió un fuerte golpe en su mejilla. Se lo esperaba… y sentía que se lo merecía.
- ¿Cómo te atreves a hablar así? –le gritó, con la respiración agitada. No reconocía a la persona que estaba frente a ella, no podía creer que le haya faltado el respeto a su propio Dios, era imperdonable.
-Lo que estoy haciendo… no es un pecado- hablo intentando convencerse más a si mismo que a su madre, pero el recordar los ojos de Gilbert eran suficiente motivo para acallar sus dudas y miedos.
-No sabes lo que estás diciendo. La biblia condena este tipo de conductas, Dios castiga a los impuros- mascullo con dureza en sus palabras, intentando hacerlo entrar en razón y borrar todas esas estupideces que le habían metido en la cabeza, pero él lo negó, retrocediendo inconscientemente.
-Me niego a creer en un Dios que odia… ese no es mi Dios- su voz salía quebrada de su garganta, y nuevamente un nudo empezaba a sofocarlo, aun mas al ver el rechazo en los ojos de la mujer que lo había criado.
-Tú no eres mi hijo… - retrocedió, sin poder creer sus palabras, su actitud. Ya no podía reconocerlo, no era ese pequeño niño que siempre sonreía radiante, que trabajaba duro para impresionarla, que era obediente y devoto a su religión. -No eres mi hijo- grito fuera de sí, tomando su bolso para irse lo más rápido posible, dando un portazo al salir.
Roderich al escuchar el golpe, cayó sobre la silla donde minutos antes había estado, sus piernas ya no le respondían. El rechazo dolía, y mucho más si era de una persona que toda su vida había amado, quien le había sostenido en sus brazos al nacer. Las lágrimas comenzaron a caer de sus ojos, seguidas de pequeños sollozos, pero se repetía en su cabeza que, lo que había hecho, era lo correcto. Debía ser lo correcto. Amar no estaba mal...
El timbre de su casa lo saco de su trance. A esa hora, no sabía quién podía ser, y no se sentía bien, comenzaba a marearse. Secando sus lágrimas con el dorso de su mano, se levantó cuando escucho el timbre sonar por segunda vez, intentando retomar su compostura en el camino. Abrió, aun titubeante, pero no avanzo a ver a la persona que estaba allí cuando sintió unos brazos a su alrededor.
- ¿Quién…? –tartamudeo alarmado, pero enseguida pudo reconocerlo. Su tacto, su aroma inolvidable, su cabello… la persona que más había extrañado en su vida.
-Vater…- susurro correspondiendo el abrazo, sintiendo como esas manos acariciaban su cabello como antaño.
-Tu madre me contó todo…- habló en un suspiro, apretando aún más a su hijo entre sus brazos al sentirlo temblar ligeramente, lo sabía, temía el rechazo- no tomes a pecho sus palabras, esa mujer no sabe de qué habla- casi mascullo, con enojo. Nunca se lo podría perdonar, negar a su propio hijo por algo como eso…
-Vatti, yo…- alzo a verlo con temor de encontrar en él asco y rechazo tras descubrir su secreto, pero, al contrario, esos ojos violetas como los suyos brillaban de manera tranquila y tenía una sonrisa comprensiva en su rostro.
-Pase lo que pase, siempre serás mi hijo- el hombre de ya 45 años lo volvió a atraer en un abrazo, y Roderich se aferró a su abrigo, sin poder evitar que un sollozo salga de su garganta. Acababa de perder a su madre, pero el mismo día había recuperado a su padre después de más de 11 años, y sentía que ahora lo necesitaba más que nunca.
•••
A partir de ese día, su comunicación con su madre se cortó por completo, pero no le dio mucho peso, después de todo, podía estar con Gilbert, y eso era lo que lo hacía feliz, pese a que nunca lo admitiría. Su espontaneidad, su forma de ser, todo sobre él era único, sentía que nunca se cansaría, y definitivamente fue así en los próximos meses que pasaron juntos.
-Liebling, bienvenido- fue recibido con un beso en los labios al llegar, como todos los viernes, a la casa de su novio para practicar el piano, pero esta vez era diferente, no era una simple clase, era su aniversario de ya 8 meses juntos. En el comedor del apartamento la mesa lucia decorada de manera romántica, una botella de vino y pudo reconocer la comida servida en los platos, Schnitzel -ven, toma asiento- le indico una de las sillas, moviéndola como todo un caballero. Roderich sintió su corazón comenzar a latir rápidamente, y eran esos detalles los que cada vez le hacían enamorarse aún más. Era tan impredecible, nunca sabía que esperar de él, que sea un completo idiota o un romántico sin remedio.
-Danke- regreso a verlo con una pequeña sonrisa, empezando a comer ante la mirada carmesí impaciente por su opinión. Tras el primer bocado sus ojos brillaron con nostalgia, sabía exactamente al que su abuela hacia cuando vivía en Austria -está delicioso- admitió con una sonrisa.
-Kesesese, por supuesto, está hecho mit liebe- no pudo evitar soltar una carcajada al escucharlo y negar con la cabeza. Había adivinado la comida que le gustaba solo por una corazonada.
Cuando terminaron de comer el alemán retiró los platos y lo hizo quedarse en la mesa, esperando a una "sorpresa especial". Roderich abrió los ojos sorprendido cuando lo vio llegar con dos pedazos de pastel, lo reconocía, era aquel que siempre había querido probar. Selva negra.
Gilbert lo ubicó frente suyo y le sirvió otra copa de vino, Kosher, por supuesto. Podía notar como el austriaco miraba el pastel con deseo, pero al mismo tiempo como si fuera un enemigo, y, como después de unos segundos, suspiraba derrotado.
-Lo siento, no puedo comer más, subiré de peso- se encogió de hombros desviando la mirada, y era verdad, no podía excederse en la comida, mucho menos comer dulces.
-Una o dos libras más no te vendrías mal- señalo entre bromista y preocupado.
- ¿Qué quieres decir con eso? - lo miro ofendido.
- ¡Que estas demasiado delgado! De seguro de pequeño fuiste anoréxico- señalo sus suposiciones con algo de enojo de tan solo imaginárselo, y cuando el austriaco desvió la mirada avergonzado abrió la boca en incredulidad - ¿¡en serio!? - casi grito, golpeando la mesa con sus manos.
-Está bien, está bien, voy a comer- suspiro, tomando la cuchara y probando el pastel. Estaba delicioso, era la gloria. Podía morir comiendo eso. Gilbert al notarlo soltó una carcajada y empezó a comer también, viendo como después de poco tiempo el plato del austriaco lucia casi reluciente y tenía una expresión de culpa en su rostro.
-Después podemos hacer algo de ejercicio para que no te sientas mal- rio acariciando las piernas del menor por debajo de la mesa, dejando en claro a qué tipo de "ejercicio" se refería.
-I-indecente- se sonrojo hasta las orejas, golpeando la mano del alemán para que dejara de tocarlo, por suerte lo hizo cuando su celular empezó a sonar. Extrañado, enseguida contestó, era de su hermano.
- ¿Hallo? - saludo a través de la línea y sus facciones tranquilas pasaron a preocupadas en cuestión de segundos - ¿Was? Voy para allá- casi grito levantándose de golpe de la mesa. Roderich también se levantó, extrañado.
- ¿Quién era? - pregunto sin comprender porque estaba recogiendo sus cosas, apurado para salir.
-Ludwig… ya va a nacer mi sobrino- Roderich abrió los ojos con realización, preocupándose también enseguida por sus dos amigos.
-Gott…- murmuro pasando una mano por su cabello nerviosamente - ¿te acompaño? - lo miro sin saber si en esa situación el alemán querría su compañía. Gilbert alzo a verlo como si estuviese loco.
-Doch- rodó los ojos, como si fuera algo obvio, y el austriaco se sonrojo ligeramente -Vamos- lo tomo de la mano para salir, jalándolo al auto deportivo en el parqueadero, conduciendo enseguida hacia el hospital. Cuando llegaron las enfermeras los dirigieron al lugar indicado y el albino pudo ver a su hermano sentado en la sala de espera, con preocupación notable en su rostro, pero no estaba solo.
-Bruder- lo llamo, provocando que las tres personas voltearan a verlo, pero solo dirigió su mirada a una. El rubio enseguida se levantó de su asiento para ir donde su hermano y abrazarlo, sentía que en ese momento lo necesitaba.
-Gilbert…- susurro aliviado, y el albino no pudo hacer más que sonreírle a su hermanito, pero esa sonrisa se desvaneció cuando tuvo que saludar a las otras dos personas.
-Mutter, Vater- los nombro con un asentimiento de cabeza como saludo. Roderich, quien permanecía viendo la escena sintiéndose fuera de lugar, alzo a verlos sorprendido. Gilbert nunca había hablado mucho de sus padres y definitivamente no esperaba encontrarlos ahí.
La tensión del momento fue cortada cuando el doctor salió de la habitación a la sala de espera, y Ludwig sintió que los nervios lo invadían, temiendo lo peor.
- ¿Cómo está mi esposa? - pregunto enseguida con angustia, pero la mano de su hermano sobre la suya lo calmo un poco.
-Muy bien, acaba de dar a luz a un hermoso varón- sonrió el doctor de manera jovial, y un suspiro colectivo se pudo escuchar -pase por favor- le indico la puerta y el alemán sin dudarlo entro, dejando a las cuatro personas atrás en un silencio incomodo que fue roto por la mujer de cabellos rubios cenizos por la edad y ojos azules desgastados.
-Roderich, cariño, es un gusto verte después de tanto tiempo– se acerco apoyando una mano en su hombro la mujer.
Igualmente, señora y señor Beilschdmit- saludo educadamente con un asentimiento de cabeza, recibiendo una sonrisa de parte de ambos ancianos.
- ¿Por qué venían tu y mi hijo juntos? -pregunto con curiosidad y sospecha, sin embargo, ambos hombres pudieron detectar el desprecio en su voz al preguntar.
-No les importa- corto en un tono crudo, como un ladrido, alejando al austriaco de su madre y atrayéndolo hacia él.
- ¡Gilbert! –lo reprendió golpeándolo en el hombro, con el ceño fruncido por su falta de respeto y brusquedad.
-Eres nuestro hijo, claro que nos importa- contraataco el hombre sosteniendo la mano de su mujer, herida por el desprecio de su primogénito.
-Pfff, creo que no opinaban lo mismo cuando me echaron de casa- apretó los puños con un aura oscura que Roderich nunca había visto y no le gustaba para nada. Para su suerte, la posible pelea fue detenida por una de las enfermeras.
-Disculpen... ya pueden pasar- indico con una sonrisa nerviosa al notar la tensión.
-Danke, vamos- agradeció a la mujer y tomo su mano para llevarlo dentro de la habitación sin volver a mirar a sus padres, jalándolo sin consideración alguna, pero no se quejó, sabía que en ese momento el albino estaba fuera de sí.
-Gil, Rode- fueron recibidos por la voz cálida pero cansada de la pelirroja que permanencia en la camilla con un pequeño bultito en manos. -Buenos días señor y señora Beilschdmit- sonrió igualmente al ver a la pareja entrar minutos después de los dos chicos.
-El asombroso yo no podía faltar al nacimiento de mi sobrino- empezó a reír para ocultar su reciente enojo, acercándose a la chica para ver al recién nacido. El bebé tenía pequeños cabellos rubios apenas visibles y unos gigantescos ojos celestes como los de su hermanito- es hermoso…
-Es idéntico a ti cuando eras bebe, hijo- se acercó por el otro lado la señora Beilschdmit, mirando al bebe con nostalgia para luego regresar su vista a su hijo menor. Gilbert rodo los ojos, intentando ignorar la presencia de los dos, sintiendo la mano del castaño sobre la suya en señal de apoyo.
- ¿Cómo se va a llamar? -preguntó con una sonrisa, sin dejar que la presencia de sus padres arruine el tan hermoso nacimiento de su pequeño sobrinito.
-Wolfram… Wolfram Beilschdmit- respondió Ludwig, acariciando la mejilla de su bebe con devoción. Gilbert sonrió, soltando un pequeño suspiro que apenas Roderich avanzo a escuchar. Definitivamente amaba los niños, pero no se sentía a gusto estando ahí en ese momento. Ludwig lo noto y le dio un pequeño asentimiento de cabeza, comprendiéndolo.
-Ya es tarde, debemos irnos, Rode debe llegar a la academia a tiempo para un ensayo- se excusó ante todos, fue lo único que se le ocurrió en ese momento. Roderich rodó los ojos ante la escusa infantil de su novio y escucho como Olivia igual soltaba una risilla comprendiéndolo.
-Oh… está bien, mándales saludos de mi parte a las chicas, tal vez en un mes pueda volver a mi puesto- sonrió moviendo una de las manos del bebe en señal de despedida.
-Auf Wiedersehen Bruder, Oli- se despidió con una sonrisa para después fruncir su ceño al dirigir su mirada a la pareja mayor -ah, y ustedes, señores Beilschdmit- se despidió con una mueca de disgusto que no fue pasada por alto por nadie, después de todo, todos sabían la historia, a excepción de una persona. Nuevamente el alemán tomo su muñeca para irse de allí lo más rápido posible, y ya una vez dentro del carro Roderich lo llamo.
-Hey, ¿que fue eso? - pregunto con el ceño ligeramente fruncido. No comprendía nada, y se habia sentido muy fuera del lugar cuando estuvieron en el hospital. Gilbert lo sabía, y se sentía mal por ello, pero en ese momento el enojo y resentimiento lo bloqueo egoístamente.
-Es tut mir leid…- acaricio su mejilla, prometiendo, entre pequeños besos, esa noche, revelarle una parte de su pasado que a pocas personas había contado, pero que le podía confiar todo a Roderich, sabía que, en sus manos, todos sus secretos estarían a salvo.
•••
-Hallo Baby- sonrío cargando al pequeño bebe de ya un mes, recibiendo una risita de su parte -oh, du bist schön- toco sus mejillas de manera juguetona, empezando a hacerle cosquillitas en la barriga, sacando más risitas del infante.
-En serío parece que te gustan los niños- hablo Olivia desde la puerta del cuarto con una pequeña sonrisa en su rostro.
-Los amo, pero soy muy awesome como para admitirlo- se encogió de hombros para después comenzar a hacerle caras chistosas al pequeño para hacerlo reír más. La pelirroja lo miro con cariño.
-Lud dijo que tú lo habías criado cuando era bebé- admitió comprendiendo ahora las palabras de su esposo, Gilbert alzo a mirarla algo extrañado -solo por eso me convenció de dejarte solo con Wolfy- no pudo soltar una carcajada.
-Me ofendes Oli- hablo colocando una mano sobre su pecho, sacando otra risa de la pelirroja.
-Tengo que ir a la academia, debo reponer los 2 meses que falte- se acercó para despedirse, dándole un beso en la frente a su hijo y uno en la mejilla a su cuñado.
-Si que no tienen descanso- suspiro mirando al techo con cansancio, meciendo al bebe entre sus brazos.
-Díselo a Rode, él es el más cargado de trabajo en toda la academia- se encogió de hombros y Gilbert soltó otro suspiro, esta vez más profundo que el anterior. Era verdad, últimamente Roderich apenas llegaba a la casa entre semana. - ¿No tienes trabajo en este momento? -cambio de tema al ver lo nostálgico que empezaba a ponerse.
-Hoy es mi día libre, y mañana solo tengo turno nocturno, así que podré cuidar a esta hermosura todo el día- sonrió mirando nuevamente al bebe que poco a poco caía dormido en sus brazos.
-Grazie- palmeo su hombro, agradecida -de seguro serías un buen padre- admitió con sinceridad. Tan solo el ver como el albino cuidaba de Wolfy podía saberlo. Gilbert la miro sorprendido. Jamás lo había pensado, y en sus planes no estaba el tener hijos, no hasta ese momento. Miro al pequeño entre sus brazos y pudo imaginarse como sería un hijo de Roderich y suyo… simplemente hermoso, perfecto. Y entonces, nació el anhelo.
-Eso espero…
•••
Fuertes aplausos y felicitaron se escucharon en la casa ítalo-germana cuando la primera vela de cumpleaños del pequeño Wolfram fue apagada, conmemorando ese día pasa siempre con miles de fotos y regalos que los padres del bebe agradecieron infinitamente. El infante era el centro de la fiesta esa noche y justo en ese momento estaba con su tío favorito, moviendo sus piernitas emocionado mientras el alemán jugaba con él.
-Du bist so schön Wolfy- habló en tono infantil, disfrutando de tener a esa preciosura en sus brazos. Era tan parecido a su hermanito de bebé que le daba nostalgia.
-Es lindo- admitió Roderich al ver al pequeño estirar sus brazos para tocar el rostro de su novio. No le atraían mucho los niños, pero definitivamente ver a Gilbert tan feliz con uno hacía que su corazón diera un vuelco.
-Es mi awesome sobrino después de todo- rio besando la cabecita de Wolfy. Roderich sonrió inconsciente, y Gilbert lo noto, estaba mirando a Wolfram. - ¿Te gustaría algún día tener hijos? - preguntó con sus ojos fijos en los del pequeño. Nunca se había atrevido a hacer esa pregunta y esperar la respuesta lo ponía con los nervios de punta.
- ¿W-was? -tartamudeó sin esperárselo. Mirando al albino con sorpresa y luego al bebé… Definitivamente nunca había pensado en tenerlos, pero la idea no le desagradaba… no si era con la persona que amaba -Si… me gustaría- admitió en voz baja, pero Gilbert lo escucho, sonriendo emocionado. Enseguida una idea llegó a su cabeza. Su mente le gritaba la persona indicada para ayudarlo.
-Liebling, sostenlo un momento, debo hacer algo…- dejo al pequeño en brazos del austriaco antes de salir casi corriendo en busca de quien necesitaba en ese momento, llegando a la cocina en breves segundos. Por suerte, ella estaba allí.
-Olivia, necesito tu ayuda- entro con la respiración agitada, apoyando sus manos sobre el mesón.
- ¿Hmm? ¿Para qué? –giro la chica, quitando su atención de la comida que estaba preparando para los invitados.
-Propuesta de matrimonio- admitió con un suspiro nervioso, notando como enseguida la mujer sonreía a punto de gritar emocionada, pero por suerte cubrió su boca antes de que pudiera hacerlo -Shhh- miro alrededor, indicándole a la pelirroja que era un secreto confidencial.
-Es tan lindooooo- dio saltitos emocionada cuando el alemán la soltó. Gilbert rio igualmente.
-Tengo algo en mente, pero necesito tu ayuda para que salga perfecto- la miro directamente a los ojos, tomándola de los hombros. Olivia no pudo hacer más que sonreír emocionada.
-Me tienes a tu completa disposición…
•••
-Gil, estoy en…casa- entro al departamento que hace ya dos meses compartía con el alemán, encontrándolo una vez más vacío. No había señales de él, ni su chaqueta o zapatos. Suspiro profundamente y dejo su bolso en la entrada, sintiendo que el cansancio lo ofuscaba más que nunca por no tenerlo cerca. ¿Dónde estaba?
¿Me está engañando? Esa era la pregunta que había rondado sus pensamientos esos dos meses en los que apenas podía ver al albino en las noches que llegaba cansado tan solo a dormir, rodeándolo con sus brazos como siempre, hundiendo su rostro en su cuello… Nein, no quería creer eso, no podía. Sabía que Gilbert no era esa clase de hombre, lo creía incapaz de hacerle eso. Soltó un gruñido frustrado y opto por prepararse una taza de café para calmar sus pensamientos, recordando las excusas del albino durante esos dos meses. O estaba cuidando a Wolfram en casa de Olivia o tenía doble turno en el trabajo o si no remplazaba a alguno de sus compañeros. Quería creerlo, pero entonces… ¿Por qué cuando había ido a casa de Olivia para acompañarlo la niñera le había dicho que él no estaba?
La vibración de su celular en su bolsillo lo saco de sus pensamientos, y abrió los ojos con sorpresa al ver de quien se trataba y el mensaje que estaba allí escrito.
"Te espero en la pista de patinaje en 20 minutos, no faltes. Att: Gilbert"
Dio un pequeño gruñido y dejo el celular a un lado. ¿Por qué lo llamaba a ese lugar? ¿Por qué no estaba en casa? Muchas preguntas rondaban su cabeza, pero sabía que esa era la única oportunidad que tenía para que fueran contestadas. Enseguida se alisto y tomo un taxi al lugar citado que quedaba a 10 minutos de su casa, justo en el centro de Londres. Fue al lugar sin pensarlo mucho, pero estaba totalmente vacío. No había absolutamente nadie. Extrañado, pudo notar un camino de velas que dirigían a la pista de patinaje. Con algo de recelo empezó a seguirlas en la penumbra del lugar y cuando estuvo cerca vio unos patines listos para él. Eran su talla. Se los puso y continúo su camino, teniendo ya una leve pista de que se trataba todo eso, y un nombre retumbando en su cabeza.
-Gott…- murmuro cubriendo su boca con asombro cuando las luces de la pista se encendieron, enfocándose en la persona que lo había citado allí, vestido elegantemente para esa noche. Había pétalos de rosas adornando su camino, y luces de colores que hacían el lugar simplemente hermoso. Su enojo quedó en el olvido en ese momento - ¿Q-qué es esto? -pregunto aun sin creerlo. Gilbert patinó hacia él, con una sonrisa en su rostro.
-La sorpresa que estuve preparando- susurro para luego extenderle su mano y guiarlo al centro de la pista de patinaje mientras la canción que había preparado para esa noche empezaba a sonar.
I found a love for me
Darling, just dive right in
follow my lead
Well I found a girl
beautiful and sweet
I never knew that
you were the someone waiting for me
Encontré un amor para mi
Cariño, sólo sumérgete en el
Sigue mi ejemplo
Bueno, encontré a una chica
Hermosa y dulce
Nunca pensé que
Tú eras ese alguien esperando por mí
Lo tomo de la cintura cuando la melodía comenzó, dando un pequeño giro antes de ubicarse en el centro y tomarlo entre sus brazos, arrodillándose juntos en el hielo, sintiendo el aroma del otro.
-Déjame guiarte- susurro a su oído, recibiendo un pequeño asentimiento como respuesta. Roderich destenso su cuerpo y se dejó guiar por el albino, confiando en él y siguiendo cada uno de sus movimientos.
'Cause we were just kids when we fell in love
not knowing what it was
I will not give you up this time
Darling, just kiss me slow
your heart is all I own
and in your eyes, you're holding mine
Porque sólo éramos niños cuando nos enamoramos
Sin saber lo que era el amor
No renunciaré a ti esta vez
Cariño, sólo bésame lentamente
Tu corazón es todo lo que poseo
Y en tus ojos tu sostienes el mio
Confió en el cuándo lo levanto del hielo, cuando lo tomo de la cintura y lo alzo centímetros del suelo, haciéndolo girar con su cuerpo, sosteniéndolo con sus brazos de manera firme, sin perder ni un solo segundo el equilibrio, como todo un experto.
Los movimientos venían naturales para él, seguía todo lo que Gilbert le indicaba con una sonrisa, y se perdía en esos ojos carmesí que tanto le encantaban. El albino sintió que los nervios lo invadían cuando supo que los saltos y giros venían, combinados con un toe loop al final, una rutina que sin duda se había demorado en aprender con Olivia, pero poco a poco había ido mejorando.
Roderich tomo su mano por breves segundos al notarlo, dándole nuevamente la confianza para continuar con la rutina, siguiendo cada uno de sus movimientos con perfecta sincronización y una sonrisa en su rostro.
Baby, I'm dancing in the dark
with you between my arms
barefoot on the grass
listening to our favourite song
When you said you looked a mess
I whispered underneath my breath
But you heard it:
Darling, you look perfect tonight
Amor, estoy bailando en la oscuridad
Contigo entre mis brazos
Descalzos en el césped
Escuchando nuestra canción favorita
Cuando dijiste que parecías un desastre
Susurre debajo de mi aliento
Pero tu escuchaste:
Cariño, te ves perfecta esta noche
En ese momento lo comprendió todo. Las noches en las que Gilbert llegaba totalmente cansado, las tardes cuando decía que pasaba ocupado, las mañanas en las que salía con la excusa de que debía hacer más ejercicio porque estaba volviéndose viejo. Lo comprendió todo, completamente. Esos movimientos no eran para nada fáciles de lograr en semanas, mucho menos con el grado de perfección que Gilbert había demostrado. Todo eso, todo su esfuerzo había sido por él, por impresionarlo. Cerro los ojos por unos breves segundos, escuchando la canción… definitivamente se convertiría en su favorita.
Well I found a woman
stronger than anyone I know
She shares my dreams
I hope that someday
I'll share her home
I found the love
to carry more than just my secrets
to carry love, to carry children of our own
Bueno, encontré una mujer
Más fuerte que nadie que conozca
Ella comparte mis sueños
Espero algún día
Compartir su hogar
Encontré una amante
Para llevar más que solo mis secretos
Para llevar el amor, para llevar a nuestros hijos
Sus ojos no se despegaban de los del otro, estaban tan ensimismados que pudieron sentir el tiempo a su alrededor detenerse. Estaban tan coordinados pese a nunca haber repasado esa coreografía juntos que Roderich sintió que de verdad no podía existir hombre más perfecto en ese momento. No pudo evitar sonreír cuando Gilbert lo tomo como si estuviesen bailando un vals perfectamente coordinado. Y una risita salió de sus labios cuando el albino realizo algunos movimientos un tanto infantiles que le agregaron su toque único a la coreografía. Sintió que su corazón latía acelerado cuando escucho esa parte de la canción, y sintió una calidez en su vientre. Verdaderamente Gilbert parecía ansiar una familia con todo su ser… y él se la daría… definitivamente quería hacerlo feliz.
We are still kids but we're so in love
fighting against all odds
I know we'll be alright this time
Darling, just hold my hand
be my girl, I'll be your man
I see my future in your eyes
Aún somos niños, pero estamos tan enamorados
Luchando contra todos los pronósticos
Sé que estaremos bien esta vez
Cariño, sólo toma mi mano
Sé mi chica, yo seré tu hombre
Veo mi futuro en tus ojos
Los breves minutos en los que sus ojos se encontraron pudo sentir en verdad que tan profunda era esa estrofa de la canción, lo bien que los describía, casi a la perfección. En especial la última frase… definitivamente veían el futuro en sus ojos… un futuro en el que no podían estar separados, en el que luchaban contra todas las adversidades juntos, en el que pese a todo lo que sucediera, se amarían.
Baby, I'm dancing in the dark
with you between my arms
barefoot on the grass
listening to our favourite song
When I saw you in that dress
looking so beautiful
I don't deserve this
Darling, you look perfect tonight
Amor, estoy bailando en la oscuridad
Contigo entre mis brazos
Descalzos en el césped
Escuchando nuestra canción favorita
Cuando te vi en ese vestido
Luciendo tan hermosa
Yo no me merezco esto
Cariño, te ves perfecta esta noche
En ese momento lo supo, comprendió en cuestión de segundos lo que Gilbert quería que hiciera. Era el mismo salto que Olivia había estado practicando con él en ballet, y pese a que nunca lo había hecho antes y solo lo había observado, confiaba en el albino, sabía que él podría hacerlo. Y no estuvo equivocado cuando se sintió alzado en el aire, girando junto al cuerpo del alemán. Podía sentir la libertad, ese sentimiento que siempre tenía cuando sus pies ya no tocaban el suelo. Se sentía seguro, se sentía tan bien entre los brazos del albino que su corazón se volvía errático. Y cuando sus patines tocaron el hielo nuevamente el movimiento fue tan perfecto que sentía en ese momento que todo era posible.
Baby, I'm dancing in the dark
with you between my arms
barefoot on the grass
listening to our favourite song
I have faith in what I see
now I know I have met an angel in person
and she looks perfect tonight
I don't deserve this
You look perfect tonight.
Amor, estoy bailando en la oscuridad
Contigo entre mis brazos
Descalzos en el césped
Escuchando nuestra canción favorita
Tengo fe en lo que veo
Ahora sé que he conocido a un ángel en persona
Y ella se ve perfecta
Yo no merezco esto
Te ves perfecta esta noche
Cuando esas firmes manos se aferraron a su cintura y lo hicieron girar una sensación completamente única lo invadió, le quito el aliento. Y cuando dio una pirouette perfecta en el hielo y sintió las manos del albino tomar su rostro con una mirada de devoción nuevamente pudo sentirse desfallecer. Unos brazos se envolvieron alrededor de su cuerpo y los suyos rodearon el cuello del albino cuando la canción llego a su fin, dejándoles con la respiración agitada y sus corazones latiendo a mil por hora.
Gilbert lentamente se separó del abrazo y revolvió sus cabellos con una sonrisa para luego soltar un suspiro, recuperando el aliento para seguir con lo que había planeado para esa noche. Tomo las manos del austriaco entre las suyas y lo miro a los ojos con intensidad.
-Con esta canción, hace exactamente dos años me arrodille ante ti para pedirte que fueras mi novio- comenzó aun sin calmar bien su respiración, y Roderich abrió los ojos con sorpresa, cayendo en cuenta que sí, era el día de su aniversario de dos años como novios.
-G-Gilbert…- tartamudeo sorprendido cuando vio que el albino se arrodillaba en el hielo, aun sin soltar sus manos.
-Hoy… me arrodillo ante ti para pedirte que seas mi esposo- sonrió con un fulgor resplandeciente en sus ojos, soltando sus manos para sacar una pequeña caja de su bolsillo y abrirla ante sus ojos, revelando un par de anillos plateados con gemas amatistas y rubís. -Eres la persona que más amo, la única que me ha hecho sentir cosas que nunca nadie había podido causar en mí. Eres mi luz… mi vida. Es por eso, Roderich Edelstein…. ¿quisieras casarte con este awesome idiota? –pregunto con las mejillas ligeramente sonrojadas, sintiéndose aun nervioso ante el posible rechazo, pero lo que no se espero fue que el austriaco se arrodillara también y lo envolviera entre sus brazos.
-Ja… ¡Ja! – contestó con verdadera emoción -i libe di- beso su rostro con cariño y el albino sonrió aún más, tomando su rostro entre sus manos para besar sus labios.
-Ich liebe dich auch- murmuro bajo su aliento, sintiendo que definitivamente ese sería uno de los mejores días de su vida.
•••
Corrió hacia el baño de su habitación por tercera vez esa mañana, vaciando todo el contenido de su estómago de la semana. Se sentía terrible, cansado y esas malditas nauseas no se iban por mucho que intentara con remedios caseros o medicinas. Ya era más o menos una semana desde que empezó con su malestar y no sabía el motivo. Tenía un leve presentimiento, pero no se quería precipitar. Se desplomo en la cama matrimonial de su habitación y una leve sonrisa se esbozó en su rostro al ver el anillo dorado en su dedo anular, esa joya que simbolizaba la unión con su esposo. Se habían casado 9 meses después de comprometerse y se mudaron a una casa más grande pero igualmente acogedora, con dos habitaciones, una de ellas para el futuro integrante de su familia que ambos anhelaban. Pero, pese a que nunca habían utilizado métodos anticonceptivos desde su primera vez juntos, hasta ahora no habia mostrado signos de estar embarazado.
Ya iban más de un año casados y nada… a parte de algunos abortos espontáneos de los que solo Roderich sabia, no habia absolutamente nada. Sabía que, pese a que Gilbert no lo demostrara, igualmente estaba empezando a decaer ante la idea de que tal vez, fuese infértil y nunca pudieran tener hijos. Soltó un suspiro frustrado tocando su vientre inconscientemente, esperando que esta vez no fuese tan solo una ilusión.
•••
Acaricio su vientre con cuidado frente al espejo a cuerpo completo de su baño, sintiendo que allí, un pequeño bultito empezaba a formarse. Ya habían pasado 3 semanas… 3 semanas sin ningún aborto espontaneo, podía estar casi seguro de que esta vez estaba embarazado. Quito la mano de su abdomen y se puso nuevamente la bata de baño cuando escucho dos pequeños golpes en la puerta, era su esposo.
Rode, ¿estás bien allí adentro? -escucho su tono preocupado contra la puerta del baño. Ya iba media hora dentro, era normal que se preocupase. Enseguida intento llegar a la puerta y salir, pero nuevamente las náuseas lo inundaron.
-N-no me estoy sintiendo bien, lo siento- se excusó con voz frágil antes de correr nuevamente al escusado para vomitar su no existente desayuno. Gilbert al escucharlo soltó un largo suspiro, intentando no derrumbar la puerta para ver que le pasaba a su esposo y estar a su lado, sabía que el austriaco disfrutaba de su privacidad y él no iba a quitársela.
-Está bien, quédate en casa y descansa, yo voy a justificar tu falta en la academia- suspiro rendido, alistando sus cosas para ir al trabajo. El austriaco salió del baño con una expresión cansada que enseguida noto-intentaré llegar lo más rápido posible- beso su frente y revolvió sus cabellos antes de salir de casa.
-Danke…- murmuro sin ser escuchado por el albino, sentándose en la cama con cansancio. Cuando estuvo seguro de que se habia ido, se levantó y se vistió para ir a la farmacia, quería comprobar su sospecha. Y luego de unas horas no podía estar más feliz cuando después de hacer el test de embarazo 3 veces, todas las pruebas salieron positivas. Era casi un 80% seguro de que esta vez podría tener un bebe.
Al escuchar el ruido de la puerta principal abriéndose supo que su esposo habia regresado, mucho mas temprano de lo normal. Suspiro intentando calmar sus emociones y abrió la puerta, encontrándose a su esposo justo por entrar a la habitación.
- Gil...- lo llamó desde el umbral con los ojos aun llorosos. El alemán al verlo se preocupó, pero la expresión el austriaco no era para nada dolida. Podía ver un atisbo de felicidad e ilusión en ellos -estoy embarazado- esa noticia salió de sus labios con la voz entrecortada. El alemán abrió los ojos como platos y sintió su corazón acelerarse. En un impulso se acercó al de ojos amatista, envolviéndolo en sus brazos con incredulidad y emoción nublando sus pensamientos.
- ¿En serio? -balbuceo aun sin creérselo, después de tanto tiempo, al fin su sueño de ser padre se estaba cumpliendo, Roderich asintió, correspondiendo el abrazo enseguida. -Voy a ser papá- rio con felicidad y anhelo, sintiendo que sus ojos también empezaban a humedecerse. Definitivamente ese día fue uno de los mejores en sus vidas.
Y, los peores, vinieron tan solo 4 meses después. Cuando entre las risas y buenas charlas entre las dos familias Beilschdmit, ocurrió el accidente que marcaria la vida de muchas personas, tanto en el Royal Ballet como fuera de él. Olivia Sorbella, a la edad de 26 años habia fallecido en un accidente de trafico a pocas horas de llegar a Londres desde Manchester donde fue la última función de ballet de su vida. la noticia impacto a todo Londres, en especial a su esposo que dejaba viudo y a su hijo que ahora era huérfano de madre a pocos meses de cumplir los 4 años.
El primer mes fue terrible para todo, pero en especial para Gilbert que vio a su hermanito caer en una depresión total, perder ese brillo en sus ojos que lo caracterizaba y verlo desmoronándose frente a él, y a su pequeño sobrino que no entendía nada de lo que pasaba y el porque ahora pasaba casi toda la semana en casa de su tío y veía a su papa muy pocos día, y su mama… ya no la veía, y lloraba cada vez que los extrañaba en brazos de su tío.
Debido a la muerte de Olivia la presión en el Royal Ballet subió drásticamente. Los ojos de todo el país estaban posados sobre ellos, esperando su recuperación de un golpe tan bajo como haberse quedado sin bailarina principal, una mujer que tenía un talento inigualable e indispensable. Pero aún tenían a su bailarín principal, y de repente, toda la carga recayó en él. Roderich empezó a trabajar más de lo normal, descuidando su embarazo. A los 4 meses dejó de subir de peso, y Gilbert se empezó a preocupar, exigiéndole que deje el ballet hasta el término de su embarazo, pero Roderich no le hizo caso y empezaron a discutir. Cuatro semanas después de la muerte de Olivia Roderich empezó a sentir dolores más constantes y las pequeñas, casi inexistentes patadas del bebé empezaban a ser dolorosas, pero suponía que era normal, a veces Oliva también se quejaba de eso. Siempre trataba de cuidarse con vitaminas o comiendo sano. Pero nada parecía ser suficiente, su esfuerzo, su fuerza, su determinación, su cuidado, nada.
Dos semanas… tenía dos semanas y aun no terminaba toda su rutina para la obra donde nuevamente sería el bailarín principal, donde tendría una coreografía con pasos avanzados y compleja que nunca habían presentado en el Royal Ballet, era completamente nueva, y por eso se debía esforzar más que nunca, pero… no podía. Los pasos no le salían, su coordinación era pésima y sentía que el cansancio nublaba su mente.
Suspiro profundamente, intentando concentrarse, convenciéndose a sí mismo que nada estaba mal, después de todo recordaba que Olivia continuó siendo principal hasta lo meses y bajo de puesto hasta los 8, retirándose solo dos meses del ballet, y su embarazo había resultado bien. Así que intentaba no preocuparse cuando sentía de vez en cuando dolor en su vientre o calambres en sus músculos. Debía ser algo normal… tenía que serlo.
Reinicio la pista de la canción y comenzó todo nuevamente, una serie de movimientos que tendría que ejecutar para la obra que tenían en tan solo dos semanas. Comenzó la rutina con normalidad, ejecutando cada uno de los pasos con la perfección que un bailarín principal poseía, hasta que al hacer el 540 battement en rond no pudo aterrizar bien en un solo pie y cayó. El golpe resonó por todo el estudio y supo que también fuera cuando escuchó como la puerta se abría de manera brusca y alguien entraba corriendo.
- ¡Roderich! – al escuchar esa voz enseguida alzo a ver como esos ojos rojizos lo veían con preocupación.
Gil… estoy bien- hablo entre dientes, intentando levantarse del suelo con dificultad. Sentía que sus piernas temblaban y por breves segundos sintió un dolor punzante en el vientre que le hizo apretar los dientes.
No, evidentemente no lo estas- se acercó a paso rápido, ayudándolo a ponerse de pie, abrazándolo contra su pecho con desesperación. - ¿Qué haces a estas horas de la noche aquí? ¿Por qué no regresas a casa? - empezó a preguntar con evidente enojo en su voz. El austriaco intento separarse del abrazo, pero no pudo hacer nada cuando el alemán lo tomo de la muñeca y lo empezó a llevar al carro para regresar a casa.
-Debo terminar este ensayo. –intento detenerlo, zafarse de su agarre, pero sabía que era inútil. Sentía que se habia lastimado seriamente su tobillo en ese mal aterrizaje y caminar le dolía, su vientre también empezaba a reclamar el golpe.
-Nein Rode, debes descansar, Dummkopf- lo reprendió intentando contener su enojo, abriendo enseguida el carro cuando llegaron al estacionamiento.
-Estoy bien- insistió sin querer entrar al auto, pero su cuerpo decía lo contrario, y el albino claramente lo noto.
-No, no lo estas. Setz dich, verdammt- ordenó sin lugar a reproches. El austriaco suspiro profundamente y subió al auto en silencio, sin dirigirle mirada alguna al alemán cuando comenzó a conducir a casa. La tensión se hizo presente hasta que sintió un dolor punzante en su vientre, mayor que cualquier otro. Un quejido salió de su garganta y enseguida dirigió sus manos al lugar donde reposaba su bebe para calmarlo. Gilbert al escucharlo volteo a verlo aprovechando que estaban en luz roja, poniendo una de sus manos sobre el vientre también. Estaba ardiendo.
-E-esto es normal- intento no preocuparlo, aguantar el dolor, pero parecía insoportable con cada segundo que pasaba.
-No, no es normal Roderich- hablo desesperado al ver su expresión y sentir las fuertes pataditas del bebe. El austriaco intento suprimir los quejidos de dolor, pero no pudo más cuando sintió que su cuerpo comenzaba a arder y algo húmedo bajaba entre sus piernas. Con miedo se tocó, era sangre. Miro a Gilbert alarmado.
-E-estoy sangrando…- tartamudeo en shock. El alemán al escucharlo se desesperó completamente. No podía… eso no podía estar pasando.
-Debemos ir al hospital- sentencio cambiando la ruta enseguida sin importarle los autos cercanos o la velocidad en la que iba. En ese momento activo la sirena del auto para poder ir más rápido -Esta bien, está bien, solo respira- intento mantener la calma al escuchar los quejidos de dolor de su esposo, intento mantenerlo en calma, a él y a sí mismo. Al llegar al hospital no le importo parquear mal el auto, solo quería llegar lo más rápido posible donde un doctor - ¡Ayuda! - grito al entrar a la sala de emergencias, cargando al austriaco en sus brazos. Enseguida los paramédicos se acercaron, dos de ellos llevando una camilla.
- ¿Qué es lo que paso? -se acercó uno de los doctores al reconocerlo y notar el dolor en el que estaba el de cabellos castaños quien jadeaba sosteniendo su vientre con los dientes apretados. Sentía que se desgarraba por dentro y sabía que eso no podía ser nada bueno, no si recién iba por el quinto mes de embarazo, no si sangre se deslizaba por sus piernas.
- Se cayo en el estudio y luego comenzó a tener esos dolores en el vientre y a sangrar- intento explicar lo mejor que pudo en ese estado de desesperación al ver como lo llevaban a un cuarto apartado para atenderlo, pero al llegar a la puerta no lo dejaron pasar.
-Primero lo revisaremos, te avisare cuando puedas entrar- hablo el doctor que siempre los atendía, apoyando una mano en su hombro antes de cerrar la puerta. Gilbert intento calmarse y se sentó en espera, rogando porque no le pase nada a su esposo y a su bebe, culpándose a sí mismo por no haber cuidado de Rode lo suficiente.
Minutos después de que la puerta se cerró, una enfermera lo llamo a entrar al cuarto y al ver las lágrimas en el rostro del austriaco y la expresión del doctor, supo que algo no andaba bien.
-Fue un aborto por accidente… el golpe provoco un desgarramiento uterino y el cuerpo está rechazando al feto- Gilbert sintió que un nudo empezaba a formarse en su garganta. No… podía ser todo menos eso. Roderich desde la camilla apretaba las sabanas con dolor, tanto físico como emocional. -Si no procedemos a remover al feto, ninguno sobrevivirá- sentencio con seriedad, sin embargo, sus ojos demostraban pena por la pareja, podía notar el dolor en los ojos de ambos. - Sólo necesitamos su permiso para hacerlo…
-No, Gilbert- pudo ver un brillo de agonía en sus ojos, como nunca lo habia visto -No lo hagas- suplico aferrándose a la muñeca de su esposo, apretándola al sentir que cada vez el dolor en su vientre era más intenso. El alemán lo abrazo contra su pecho, acariciando sus cabellos para calmarlo e intentar calmarse a sí mismo, por mucho que quisiera, en ese momento no se podía derrumbar, no cuando Roderich necesitaba más que nunca un pilar donde apoyarse. Por su mente pasaron los recuerdos de esos 5 meses donde cada día a medida que el vientre del austriaco crecía, la felicidad y esperanza también lo hacía. Ahora esa esperanza parecía muy lejana.
-No puedo perderte- salió una súplica de sus labios con la voz quebrada buscando los ojos rojizos por las lágrimas de Roderich, pero él no le miraba. Sintió que su corazón se rompía aún más cuando escucho que los suaves sollozos de austriaco se volvían llanto, un llanto lleno de desesperación y tristeza que hizo que el nudo en su garganta se apretara aún más.
-Lo siento... es mi culpa- cubrió su rostro con sus manos, olvidando el dolor constante en su vientre. Su corazón dolía aún más, el arrepentimiento, la culpabilidad lo carcomían por dentro. Gilbert tomo sus manos, mirando el rostro cubierto de lágrimas de esa persona que tanto amaba, esa persona por la que daría todo.
-No es culpa de nadie- intento tranquilizarlo en un abrazo, dando una última caricia a la vida que habia crecido en el vientre de su esposo y que dentro de poco ya no existiría nunca más. -Rode, ich liebe dich- beso los labios temblorosos del otro y limpio sus lágrimas, transmitiéndole fuerza antes de separarse de él, con una punzada dolorosa en su corazón- Háganlo… - dio finalmente su autorización, cerrando sus ojos y deseando por unos breves segundos ser ciego y sordo para no poder ver ni oír el sufrimiento de la persona que más amaba. Tras esas palabras su mente se quedó en blanco y su cuerpo se sintió como un peso muerto. No sintió como los doctores lo sacaban de la habitación, ni escucho los llamados del austriaco de que no se fuera de su lado, no sintió cuando se sentó en una de las bancas de la sala de esperas ni como tras unos minutos allí su hermano llegaba tras ser informado de la noticia por uno de los doctores que habia sido uno de sus amigos años atrás.
-Bruder…- se acercó el rubio, poniendo una mano en su hombro en señal de apoyo, pero el albino se veía completamente destruido, nunca en toda su vida lo habia visto de esa manera y en esos momentos podía comprender su dolor y es por eso que tan solo se sentó a su lado y guardo silencio, apoyando una de sus manos sobre la de su hermano con cariño, intentando darle fuerza en ese momento de angustia.
Ambos esperaron en silencio, y cuando la puerta de la habitación se abrió, Gilbert fue el primero en levantarse antes de que siquiera el doctor diera un paso afuera. El hombre de cabellos dorados y bata blanca tenía un semblante lúgubre, y en ese momento el albino se esperó lo peor.
-Gil… tu esposo pudo sobrevivir la operación, sin embargo… su estado es delicado, tuvimos que sedarlo para poder calmarlo… y el bebé… - hubo una larga pausa en ese momento en la que el mayor de los alemanes sintió su corazón detenerse en anticipación- nació con vida, pero su estado es crítico, no sabemos cuánto tiempo podrá sobrevivir- en ese momento una risa irónica salió de su garganta, ¿Por qué el destino era tan cruel? ¿Por qué le daban esperanzas para después arrebatárselas? Pero, por mucho que doliera en el futuro, quería verlo… quería poder tener a su hijo en brazos por lo menos por unos segundos.
- ¿Dónde está?... mi bebe… ¿Dónde está el? -esa pregunta tomo un poco por sorpresa al doctor y enseguida se apresuró a responder y a guiarlo hacia el lugar al que habían trasladado al recién nacido, dejándolo con una palmadita en la espalda frente a la habitación de cuidados intensivos en neonatología. Con las manos temblorosas, entro al lugar, notando que estaba casi vacío a excepción de dos enfermeras y tres cunas térmicas, una que suponía, era de su hijo. El instinto fue el que lo guio a la cunita más alejada de todas donde definitivamente pudo ver en la pulsera del bebe su apellido, ese pequeño era su hijo… su primogénito.
- ¿Quiere sostenerlo? -pregunto una de las enfermeras acercándosele compadecida, sabiendo que después de todo a ese bebe le quedaban tan solo minutos de vida, no habia mucho más que pudieran hacer por él.
-Ja- su voz sonaba ronca y podía sentir sus ojos estaban irritados. Con delicadeza alzo al bebe que tenía sondas por todo su pequeño cuerpo en un intento de mantenerlo vivo el mayor tiempo posible, con la esperanza de que luche por su vida.
-Hallo Klein Baby...- susurro acariciando una de las rosadas mejillas con su pulgar, notando lo frio que estaba. Su respiración era lenta, irregular, y al verlo su labio inferior comenzó a temblar. Era tan delicado, tan pequeño que cabía en una sola de sus manos. La enfermera se retiró de allí, dándoles privacidad entre padre e hijo. El albino apego más al pequeño cuerpecito contra su pecho, sintiendo como esas manitos delgadas se movían en pequeños tics entre sueños. Un sueño del que temía que nunca despierte. Y fue en ese momento que empezó a cantar la canción de cuna que habia compuesto para su pequeño campeón, para su pequeña luz.
Leg dich schlafen, komm zur Ruh
Mach deine müden Augen zu
Ich wünsch' dir eine gute Reise.
Ve a dormir, ven a descansar
Cierra tus ojos cansados
Te deseo un buen viaje
Camino con el pequeño hasta uno de los ventanales, notando como una de las estrellas brillaba más que las otras, ese lugar donde pronto el estaría, donde no deseaba que fuera, no tan pronto. Bajo su mirada nuevamente al pequeño y beso su frente con cariño, con devoción.
Der kleine Stern da, das bist du,
Bevor du träumst, winkst du ihm zu
Die große Welt wird jetzt ganz leise.
Esa pequeña estrella allí, eres tú
Antes de soñar, despídete de ella
El grande mundo se calla ahora
Ich bleib' so lange, bis du schläfst
Und während du auf Wolken gehst
Zieht unten alles seine Kreise
Me quedaré contigo hasta que estés dormido
Y mientras caminas sobre las nubes
Todo lo de abajo gira en su circuito
Empezó a mecerlo entre sus brazos, acariciando con su pulgar la rojiza piel de su bebe, esa pequeña cosita que amaría toda su vida y que le quitaba el aliento. Le hacía promesas que quería cumplir con toda su alma, pero en ese momento le parecían tan lejanas, tan imposibles. Esa pequeña personita que tanto habia amado sin tan siquiera conocer ni un día completo, moría cada segundo en sus brazos.
Ich bin bei dir
Und wenn du morgen wieder aufstehst
Wartet das Leben vor der Tür
Und du mit neuer Kraft hinausziehst
Gehört die Welt dir
Ohohh..
Estoy contigo
Y cuando te levantas por la mañana
La vida espera afuera de tu puerta
Y cuando salgas con tu fuerza renovada
El mundo te pertenece
Ohohh ...
Quería creerlo, al ver ese pequeño cuerpecito entre sus brazos quería creer que aun habia esperanza, que aún tenía una oportunidad de recuperar su fuerza, de hacer que viva. Podía verlo en el futuro, un niño lleno de energía, curioso, alegre y siempre preparado para nuevos retos podía imaginarse como seria su bebe, su hijo, y no quería que todo eso quede simplemente en un sueño, quería poder hacer más por el…
Die Welt gehört dir
Du bist ihr schönster Gedanke
Alles ist möglich von hier
Die Welt gehört dir
Ohohh...
El mundo te pertenece
Tú eres el pensamiento más hermoso
Desde aquí, todo es posible
El mundo te pertenece
Ohohh...
Die Welt gehört dir
Du bist der Anfang von morgen
Und deine Zeit beginnt hier
Die Welt gehört dir
El mundo te pertenece
Tu eres el comienzo del mañana
Y tu tiempo comienza aquí
El mundo te pertenece
En ese momento deseo tanto dar su vida por la de su pequeño. Se acerco a la ventana y alzo a ver al cielo, suplicándole piedad a su dios, que no se llevara a su bebe. Haría todo por poder pasar tan solo un día más con él, por poder enseñarle todas las cosas que tenía por vivir, por jugar juntos, vivir juntos, por mimarlo y ser ese padre que siempre deseo ser. Él era el comienzo del mañana, tenía tanto por vivir que era doloroso, verlo así era agonizante. Su vida tan débil, caminando en una cuerda floja.
Willst nach draußen, willst was seh'n
Alles erleben und versteh'n
Auf deiner Abenteuerreise
Schläfst du ein, ganz aus Verseh'n
Liegst da, so rein und wunderschön
Auf deine eig'ne Art und Weise
Quieres salir, quieres ver cosas
Experimentar y entender todo
En tu viaje de aventura
Te quedas dormido sin siquiera querer
Acuéstate allí, tan puro y encantador
A tu manera
Sonrió ligeramente al ver como el pequeño se removía un poco en sus brazos y emitía soniditos bajos con su boca que para el sonaban absolutamente hermosos. Pese a ser algo tan pequeño, eso le seguía dando una mínima esperanza. Aun podía recordar esas noches en las que hablaba con el cuándo Rode se quedaba dormido, cuando podía sentir sus pequeños movimientos dentro de su esposo.
Du hast dieses eine Leben
Und jetzt ist deine Zeit
Greif immer nach den Sternen
Der Weg ist gar nicht weit
Mach das, was du liebst,
Weil das am Ende bleibt
Die Welt steht jetzt bereit
Tienes esta vida
Y ahora es tu momento
Siempre busca las estrellas
El camino no está lejos en absoluto
Haz lo que amas
Porque al final eso es lo que queda
El mundo está listo para ti
Tras esa última frase que salió como un susurro ahogado vio como los ojitos de su bebe se abrían tan solo unos segundos dejando ver un hermoso color violeta, tenía los ojos de Rode. Una de las manitos agarro su dedo con escuálida fuerza, pero lo hizo, despertando en él la esperanza, una esperanza que fue apagada cuando esa manito dejo de apretarlo y el ritmo cardiaco en el monitor iba cayendo hasta llegar a una línea y un pitido ensordecedor.
En ese momento el pánico de verdad lo ataco y las lágrimas empezaron a caer de su rostro sin saber qué hacer, su hijo, su primogénito, estaba muerto en sus brazos. Su corazón ya no latía más. Lo abrazo contra su pecho y cayo de rodillas al suelo, con ese menudo cuerpecito de esa personita que en sus pocos minutos de vida habia amado con todo su corazón, y lloro, lloro como nunca antes lo habia hecho, tanto que no se percató de cuando la enfermera entro nuevamente ni de como intentaban separarlo del cuerpo inerte del infante, o de cómo hasta su hermano habia entrado a intentar consolarlo o cuando por última alternativa tuvieron que inyectarle calmantes que poco a poco lo hicieron quedar dormido.
•••
"Noticias de última hora, el bailarín principal del Royal Ballet, Roderich Edelstein ha puesto esta mañana su renuncia definitiva del mundo del ballet. "
"A tan solo sus 28 años el pródigo del ballet se retira de las luces del escenario a tan solo un mes del famoso cascanueces…"
"El bailarín más joven en tomar el puesto de principal en el Royal Ballet, pródigo y medallista a nivel nacional e internacional acaba de anunciar su retiro del mundo del ballet. ¿Cuáles será sus motivos? ¿Porque deja su carrera atrás de un día para el otro? …"
Apago la televisión, con todas las noticias retumbando en su cabeza, lanzando el periódico donde los rumores acerca de su retiro circulaban. Estaba en todas partes, en la prensa, en la televisión, en el internet… todos buscaban respuestas, y de un momento a otro se había vuelto controversial.
Si, sentía arrepentimiento de su decisión, pero al mismo tiempo se sentía libre, como si las cadenas que lo ataban hubiesen desaparecido con la firma que dejó en ese papel horas atrás en la mañana. Y el vacío lo invadió. Toco su vientre donde 4 meses atrás una vida había crecido, y ahora estaba vacío… toco su anillo que era símbolo del amor de su esposo, que sentía cada día desvanecerse más. El ballet había sido su vida, para lo que lo criaron, y ahora, ya no estaba. Su vida…sentía que todo se derrumbaba poco a poco.
El sonido del timbre lo saco de sus pensamientos, y en ese momento temió que fuera el albino, pero dos pequeños toques en la puerta le indicaron lo contrario. Gilbert nunca hacia eso…
Se levantó del sillón de la sala y fue a abrir la puerta, encontrándose allí con su única amiga. Enseguida sintió unos brazos alrededor suyo, envolviéndolo en un contacto cálido.
-Eli…- susurró sorprendido, correspondiendo sin dudas. Sentía que había necesitado ese contacto por tanto tiempo.
-Comprendo lo que paso…- comenzó la húngara acariciando su cabello de manera tranquilizadora -Lo lamento tanto- y entonces comprendió a que se refería realmente. Y recordar dolía.
-Yo… no sé qué hacer- admitió con un ligero temblor en su cuerpo. Y era verdad… no sabía qué hacer para reparar su relación, su carrera profesional, su vida… todo estaba perdido. Entonces recordó a Gilbert, su expresión de dolor cuando llegaron a casa después de pasar una semana en el hospital, cuando lo miro a los ojos y desvió la mirada, cuando noto que el albino no soportaba mirarlo a los ojos, y no lo culpaba… Un sollozo salió de su garganta sin darse cuenta y se alejó tan solo unos centímetros de los brazos de la mujer -No puedo ni siquiera soportar mirarlo a la cara, o estar cerca de él… porque es mi culpa lo que paso, no me cuide lo suficiente, mi cuerpo no fue lo suficientemente fuerte- empezó a llorar, desahogándose una vez más, sorprendido de que aún le sobraran lágrimas que derramar.
-No es tu culpa… no fue culpa de nadie- intento reconfortarlo, porque pese a que los años habían pasado, ese hombre seguía siendo el único al que ella habia amado y seguía amando. Vio como el de ojos violeta la alejaba ligeramente e intentaba borrar todo rastro de lágrimas de sus ojos con el dorso de su mano.
-Él tiene todo derecho a odiarme por lo que paso- hablo entre sollozos, intentando recobrar la compostura, pero le era casi imposible en ese momento, no cuando podía recordar los días en los que el albino le rogaba que no se esforzara demasiado, que permaneciera en cama unas horas más, pero nunca le hizo caso… nunca hasta que ya fue muy tarde.
-No hables de esa manera- lo regaño sin poder soportar velo en ese estado -Él debe comprenderlo, y quizás puedan intentarlo nuevamente- pero tan solo esa idea a Roderich lo atemorizaba… su cuerpo le daba repulsión, estar cerca del albino le daba temor, y sentir su toque sobre su piel, en tan sólo una caricia, le causaba escalofríos.
-No… el doctor dijo que quizás nunca más pueda tener hijos- y recordar esas palabras dolía más de lo que se pudo imaginar porque conocía que el mayor anhelo de Gilbert era ser padre, y ahora habia arruinado esa posibilidad.
-No es tu culpa- volvió a abrazarlo, intentando calmar sus lágrimas, pero el austriaco se derrumbó aún más en sus brazos, escondiendo su rostro entre sus manos, sintiéndose un total desastre -Hey, mírame- tomo sus manos y lo miro a los ojos con amor, diciéndole con la mirada que todo estaría bien, que ella estaba ahí para él, sin importar nada -está bien, todo está bien- susurró sin poder evitar unir sus labios con los del hombre que aún amaba. Roderich sorprendido, no pudo rechazarla ni alejarla, simplemente de dejó hacer, se permitió caer una vez más.
Pero… ninguno de los dos notó que la puerta del apartamento se había abierto tan sólo segundos antes, y unos ojos rojizos los observaba desde el umbral.
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A partir de ese día, se dedicó al piano, se volvería un pianista… uno de los mejores del mundo, tal como Gilbert le habia dicho cuando empezó a darle clases, cuando cambio su vida, cuando eran una pareja casi perfecta, cuando el amor seguía presente. Ahora todo eso parecía lejano.
Cuando Gilbert llegaba a casa y trataba de acercarse, lo alejaba, poniendo de excusa su nuevo trabajo como compositor que Elizabetha le habia ayudado a conseguir tras retirarse del ballet, fingiendo estar enfermo, o excusándose para irse de allí lo más rápido posible. No podía verlo a los ojos… no después de lo que paso. Y así fue como comenzaron las peleas… cada día más frecuentes, más intensas, más hirientes.
Peleaban por todo, porque algo faltaba en casa, porque estaba todo desordenado, porque ya no se podían ver a la cara sin recordar todo lo que habia pasado, Roderich porque aún no se perdonaba a sí mismo y Gilbert por una razón completamente diferente.
Y entonces un día, el alemán empezó a llegar borracho a casa. Y el patrón empezó a repetirse hasta que ninguno de los dos podía recordar algún vestigio de su relación en el pasado. Todo empezaba a desmoronarse. Iban en círculos, y esa cadena no se rompía, parecía apretarse cada vez más. Y esa noche, el vaso derramo su última gota cuando Gilbert llego a casa más temprano de lo normal y lo encontró con Elizabetha en la sala. La húngara al verlo y sentir la tensión en el ambiente se despidió enseguida y salió. Pero la tormenta ya se habia desatado para ese entonces, Roderich lo noto al ver los ojos carmesí llenos de ira, como nunca los habia visto, venia tomando, eso lo podía ver claramente y en una de sus manos aun sostenía una de las botellas de cerveza.
-Así que después de todo… esa fue la razón…- comenzó con voz quebrada, el austriaco lo miro sin saber que responder, sin saber a qué se refería, pero tenía una ligera idea de ello.
- ¿Qué? ¿De qué hablas, Gilbert? -se levanto del taburete del piano sin comprender a lo que se refería, pero tenia una ligera idea de que se trataba, lo presentía.
-No te hagas el inocente- escupió con ira en su voz- cuatro meses, han pasado 4 malditos meses desde que descubrí que me estabas engañando con… esa, y aun así eres tan sínico como para fingir no saber de que estoy hablando- se acerco peligrosamente, aun con la botella en su mano, Roderich retrocedió por inercia, pero al escucharlo se quedo en shock.
-Eso no es verdad… Gilbert, yo no…- intento explicar, pero el alemán lo hizo callar estampando la botella de vidrio contra su piano, rompiéndola por el golpe y provocándose cortes profundos que en ese momento no le importaron, pero el austriaco dio un respingo al verlo, temiendo lo peor, estaba fuera de sí.
- ¿Creíste que no me iba a dar cuenta que pasas toda la tarde con ella y se va minutos antes de que regrese, que no sentiría su olor en ti, que no notaria como poco a poco te vas recuperando mientras yo me voy hundiendo más? Te dije que nada de esto habia sido tu culpa, pero ¿sabes qué? Tal vez si lo era, Roderich Edelstein…- habló sin pensar en el daño que sus palabras podían hacer en ese momento, que estaba tocando una herida que aun estaba fresca para ambos, que en ese momento habia dado su golpe mas bajo, y pudo ver enseguida como los ojos del austriaco empezaban a humedecerse contra su voluntad- ¿Quieres el divorcio? Pues está bien, lo haremos, te firmare tu puto divorcio- escupió con ira, sacando de su chaqueta un documento ya arrugado y maltrecho, que el austriaco pudo reconocer al instante, y no sabía a qué momento el alemán lo habia sacado de su habitación, en qué momento se habia enterado de que estaba planificando pedir el divorcio. Vio como el albino se volteaba para salir de la casa, dando un portazo, y fue entonces cuando, con manos temblorosas, se acercó y tomo el documento entre sus manos, yendo directamente a la última página, notando que, Gilbert ya lo habia firmado. Y entonces tomo una de las decisiones más dolorosas de su vida, pero tal vez, en ese momento, era lo mejor para ellos.
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Cuando todos los recuerdos del pasado pasaron por su memoria, sintió como si nuevamente todas sus heridas comenzaran a abrirse en carne viva. Un sollozo salió de su garganta y las lagrimas comenzaron a brotar, llenas de arrepentimiento, de culpabilidad, de memorias. Todo ese tiempo habia intentado mantenerse fuerte, pero todo ser humano tenía un límite, y el suyo ya habia llegado.
-Gil…- hablo con la voz quebrada al ver a ese hombre antes inquebrantable ahora frente suyo destrozado, los sollozos no cesaban y las lágrimas no dejaban de caer. Con cuidado tomo ese frio rostro entre sus manos. Verlo llorar lo rompía aún más, lo desesperaba. No quería ver esos ojos carmesí que tanto amaba empapados de lágrimas.
-Todo este tiempo… te hice daño- fueron las palabras ahogadas que salieron de la garganta del otro- dejé que los celos me cegaran, hasta que te perdí… me distancié cuando más debía haber estado a tu lado, te lastime… te dije cosas que no debía haberte dicho- apretaba los puños con fuerza, intentando detener las lágrimas, suprimir sus sentimientos en ese momento, pero parecía imposible. -Te ame… te ame tanto que tenía miedo de volver a lastimarte… voy a volver a lastimarte…- se levanto intentando alejarse de allí, mas la mano del austriaco lo detuvo. No quería regresar a verlo, no quería volver a anhelarlo nuevamente, no quería volver a lastimarlo.
-Yo… yo también, te lastimé- salió como un susurro de su boca, pero el albino pudo notar su voz quebrada -ambos cometimos errores- murmuro con la cabeza gacha, porque después de haber pasado años separados, se habia dado cuenta de en que habia fallado cada uno, de que ambos habían sido unos idiotas. El albino intento alejarse nuevamente, dejarlo volver a su vida tranquila junto a una mujer con la que no seria discriminado, despreciado y una mujer que sabría cuidar de él, tenía una vida perfecta y no quería ser la razón para arruinarla, no nuevamente.
-Gil, bitte- rogo, reforzando su agarre en la muñeca del alemán, no quería dejarlo ir, ni alejarse nuevamente. El albino tomo aire y volteo a verlo, quedando frente a frente una vez más, violeta chocando con carmesí. Una de sus manos subió temblorosa a tocar esas frías mejillas aun húmedas del hombre que habia amado, y seguía amando. Y entonces, se dio a si mismo el valor de tomar la iniciativa esa vez, chocando sus labios con los del alemán en un contacto suave que poco a poco fue tornándose más apasionado y nostálgico. Gilbert enseguida correspondió el beso, poniendo una de sus manos tras la nuca del austriaco para atraerlo más a su cuerpo.
-Ich liebe dich- esta vez fue el alemán quien inicio el contacto, lleno de nostalgia y pasión como 6 años atrás lo habia hecho. Y en ese momento ambos sintieron que la llama empezaba a surgir nuevamente, y dejaron todos los recuerdos dolorosos atrás. Si no podían tener hijos, no les importaba, lo único importante en ese momento era estar en los brazos del otro.
-I lieb di a- jadeo entre besos que cada vez se tornaban más apasionados, llenos de lujuria, nostalgia y amor. Un amor infinito que ambos podían sentir en ese momento regresar. -Gil…- gimió al sentir los besos bajar a su cuello, tocando sus puntos débiles que el otro habia memorizado con el tiempo.
-Du machst mich so geil- susurro a su oreja de manera que sus piernas flaqueaban, y no pudo hacer más que asentir y rodear el cuello del albino, enredando instintivamente sus piernas cuando se levantó para llevarlo a su cuarto, y dejarlo en la cama sin mucho cuidado, saltando a quitarle la ropa con desesperación, y él no se quedaba atrás. Intentaba por todos los medios posibles deshacerse de toda prenda en el cuerpo del alemán. Ambos se robaban besos desordenados, cargados de deseo y anhelo. Finalmente, cuando ambos lograron desnudarse mutuamente, Gilbert comenzó a repartir besos por su cuello, dejando un rastro de saliva hasta llegar a los pezones y comenzar a lamerlos y mordisquearlos, haciéndolo temblar de placer. Esa era una de sus zonas erógenas y él lo sabía.
-Mehr- gimió apretando las sabanas y arqueando su espalda por el placer, y al sentir las manos fuertes del otro recorrer su cintura de manera posesiva, sintió que se derretiría, aun mas cuando el albino lo alzo para sentarlo encima suyo, tan cerca que sus erecciones podían rozarse entre ellas.
-Adoro tu piel- empezó a recorrer todo su cuerpo con sus manos, empezando por su rostro, sintiendo esa piel tan suave que el austriaco pese a los años seguía conservando -y tu abdomen- Era tan delgado que sus manos podían tomar por completo su cadera, y esos tatuajes que tanto amaba ver, que lo identificaban. -y tus piernas- susurro mordiendo el lóbulo de su oreja mientras con sus manos recorría las largas y delgada, pero tonificadas piernas que sin duda eran la envidia de toda mujer. Pese al paso de los años, y que había dejado el ballet, su cuerpo seguía siendo perfecto.
-Deja de decir cosas tan vergonzosas- lo golpeo en el hombro para después esconder su rostro en su cuello, respirando ese aroma único que había extrañado tanto. Gilbert soltó una risita y lo separo de los hombros para besarlo una vez más, comenzando una guerra con sus lenguas que ambos buscaban dominar. Cuando se separaron el albino llevo sus dedos a su boca, y sin vergüenza, comenzó a lubricarlos, ansioso por lo que veía, por ser uno con la persona que todos esos años había anhelado. -G-Gil…- gimió al sentir el primer dedo entrar, moviéndose en su interior para acostumbrarlo. 2 años… 2 años habían pasado desde su divorcio, desde que dejaron de tocarse mutuamente, de besarse, pero ambos sabían que el amor, nunca se fue, no realmente.
- ¡Mgh! – no pudo evitar aferrarse a la espalda ancha cuando dos dedos empezaros a hacer tijeras en su interior, abriéndolo más para lo que esperaba, para tenerlos una vez más en su interior -Ah! – respiró agitado y mordió su labio inferior intentando reprimir el dolor cuando sintió un tercero entrar. El albino al notarlo acarició su rostro con suavidad, uniendo sus labios en un beso húmedo y cargado de lujuria, pasión y amor, logrando distraerlo del dolor. Y cuando saco sus dedos del interior del castaño, sintió cómo volvía a tensarse. Estaba nervioso, lo sabía, y él también lo estaba, pero debía ser su apoyo en ese momento, demostrarle que siempre estaría ahí para él.
-Shh… relájate- sus miradas chocando con intensidad y transmitiendo seguridad y deseo. Ambos lo podían sentir, y estaban desesperados por revivir el pasado, por revivir su primera vez.
-I will di jetzt- pidió en un susurro, rozando con su aliento la oreja del albino, causando que su erección doliera aún más por estar dentro del austriaco. Y entonces ya no pudo esperar más. Tomo al oji-violeta de la cintura y lo puso de espaldas a la cama, ubicándose enseguida entre sus piernas abiertas, solo para él. Su miembro se frotaba contra la entrada del menor y sintió esas piernas delgadas enredarse en su cintura con una súplica oculta en sus ojos violáceos.
-Ich liebe dich…- lo beso con intensidad al mismo tiempo que comenzaba a entrar en su cuerpo, poco a poco para no lastimarlo.
- ¡Gilbert! Fuck- clavó sus uñas con desesperación en esa pálida piel al sentirlo entrar hasta el fondo, aferrándose aún más al hombre que amaba. Sus ojos eran como anestesia… No podía resistirse a él.
La intromisión dolía, dolía como si lo estuviesen partiendo en dos, pero con tan solo ver sus ojos, podía sentir que empezaba a desaparecer. Movió su cadera, señalándole al albino que podía continuar, que, pese a que el dolor seguía allí, no quería que se detuviera.
-Tan… estrecho- jadeo comenzando un lento vaivén, escuchando como el austriaco soltaba pequeños quejidos a cada movimiento, aferrándose a su espalda con su rostro escondido en su hombro. Sabía que le dolía y era por eso que intentaba encontrar ese punto en su interior que lo haría delirar de placer.
- ¡A-Ahí! - abrió sus ojos delirando cuando lo sintió tocar su próstata, gimiendo sin reprimir su voz. Gilbert sonrió aún más, comenzando a embestir cada vez más fuerte ese punto de placer, sintiendo que llegaba cada vez más al orgasmo al escuchar al austriaco gemir en su oreja sin vergüenza alguna, mover sus caderas al unísono de sus cuerpos.
-Eres… perfecto, me encantas- gimió mientras lo embestía aun controlando su fuerza y su rapidez, no quería ser brusco, pero sabía que era lo que más encendía a su pareja.
-Fick mi härter- y eso fue toda la confirmación que necesito para abrir aún más las piernas del austriaco y comenzar con un vaivén casi salvaje, embistiéndolo con toda su fuerza, haciendo rechinar la cama. Roderich apretaba las sábanas y gemía sin pudor alguno. Ambos sentían cada vez más cerca su final, y no fueron necesarias las palabras para que terminaran al mismo tiempo, Gilbert en su interior y Roderich entre ellos, sintiendo que todo su cuerpo se volvía débil después del orgasmo. Pero algo había quedado claro esa noche… el amor seguía existiendo, y ninguno de los dos quería volver a alejarse, ya nunca más.
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Notas:
Aquí les dejo el link de la coreografia de Gilbert y Rode en hielo, la parte de la propuesta de matrimonio. Es muy importante ver el video para comprender mejor los sentimiento de la escena. Si el link no funciona, el video se llama Perfect- Ed Sheeran (Ice Dance): / / . b e / s Y e -
*La cancion que Gilbert le canta a su hijo se llama Die Welt Gehört dir de Andreas Bourani, la cancion no la encontre en Youtube y de hecho partes la tuve que traducir yo mismo, pero pueden encontrarla en Spotify, si no tienen cuenta, no importa jaja creen una gratuita. Spotify es genial.
Lo siento mucho por la demora, pero en realidad este ha sido el capitulo mas dificil de escribir de toda mi vida, y justo estos ultimos meses se me presentaron algunos problemas personales y no pude continuar escribiendo, pero ahora si, estoy completamente libre para continuar con todos mis fics, incluyendo el extra prometido de Tears of Love, jajaja, asi que, esperenlo con ansias, que ya mismo sera publicado :D
