Que tal vamos? espero que no se despeguen porque ya casii terminamoos jejeje
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 28
Hacia media mañana, Alice ya estaba levantada e inquieta, desbordante de una nerviosa energía. Al cabo de unas pocas horas tendría lugar el estreno. Simplemente no le resultaba posible permanecer alejada del teatro.
-Creía que no tendrías que estar allí hasta primera hora de la tarde -comentó Jasper mientras se dirigía con Alice hacia el teatro, en su coche.
-No hay ensayo, pero hoy es el gran día.
-Yo pensaba que era esta noche.
-Sí, pero es necesario estar allí varias horas antes y comprobarlo todo. Las luces, el escenario, el vestuario...
Jasper fue siguiendo las indicaciones que ella le daba, y tuvo la suerte de encontrar aparcamiento frente al teatro.
-Jasper, me alegro muchísimo de que estés aquí. ¿Te lo había dicho ya?
-Unas cuantas veces -la tomó delicadamente de la nuca para atraerla hacia sí-. Me temo que debí haberme esforzado más por convencerte de que te quedaras en la cama. Descansando añadió cuando ella lo miró arqueando una ceja-. Te veo algo nerviosa.
-Es lo normal en un día de estreno. Lo preocupante sería que estuviera relajada. Además, creo que deberías ver más de cerca aquello por lo que estás pagando. Tú no eres el tipo de hombre que se interese solamente por el producto final. Vamos -salió del coche-. Tienes que ver lo que se esconde detrás de los bastidores.
Entraron juntos. Alice saludó al vigilante de la entrada y avanzó guiándose por el ruido que se escuchaba al fondo. Voces de todo tipo, unas más altas que otras, ordenando, quejándose. Todo el mundo estaba vestido con ropa de trabajo. Un hombre probaba los micrófonos desde el escenario, mientras los técnicos de iluminación ajustaban los focos y un grupo de obreros preparaba el telón.
-Ya conoces al director de iluminación, ¿no?
-Sí, ya me lo presentaron.
-El se está encargando de los focos de abajo, y su ayudante de los de arriba.
-¿Cuántos focos hay?
-Docenas.
-La obra comienza a las ocho. ¿No deberían estar arreglados ya todos estos detalles?
-En el ensayo de ayer hicimos algunos cambios. No te preocupes -lo tomó del brazo-. Tanto si da tiempo a hacerlos como si no, la obra comenzará a las ocho.
Jasper lanzó otra mirada a su alrededor. Vio grandes cajones con ruedas, algunos abiertos, otros cerrados. Rollos de cable dispersos por el suelo, escaleras por doquier.
-Señorita Cullen -la saludó uno de los técnicos de luces-. Tiene usted un aspecto estupendo.
-Tú asegúrate de iluminarme bien esta noche, para que lo siga teniendo -bromeó Alice.
Todo aquello le recordaba a Jasper la cubierta de un antiguo barco... después de haber soportado un temporal. Había cuerdas y sogas por todas partes, algunas tan gruesas corno la muñeca de Alice. Colgaban del techo y serpenteaban por el suelo. Distinguió una pequeña mesa en una esquina, cubierta de papeles, con un cenicero atiborrado de colillas encima. Todo olía a polvo, a tabaco y a sudor.
Alice le iba explicando para qué servía cada cosa, cada instrumento. Conocía hasta el mecanismo del telón.
-¿Cómo es que sabes tanto de todo esto?
-Me he pasado toda la vida en el teatro. Ven a ver los decorados. Son increíbles.
Subieron hasta una estrecha pasarela de hierro, elevada, desde la que podían ver trabajar a los artistas que estaban construyendo y pintando los decorados. Jasper observaba a Alice con atención. Advirtió que pasaba la mano una y otra vez por la barandilla, inquieta.
-Si no te conociera mejor, yo diría que estás bastante inquieta.
-No, no estoy inquieta. Estoy aterrada.
-¿Por qué? -le puso una mano sobre la suya-. Ya sabes lo que eres capaz de hacer.
-No. Sé lo que ya he hecho -lo corrigió-. Y todavía no he hecho esta obra. Esta noche, cuando por fin caiga el telón, será la primera vez. Allí está tu padre, hablando con el encargado del teatro. Creo que deberías estar allí, con ellos.
-No, debería estar aquí, contigo -estaba empezando a tomar conciencia de la certeza de aquella afirmación. No había emprendido de madrugada un viaje de Nueva York a Filadelfia porque desconfiara de ella. No la había acompañado aquella mañana al teatro a falta de una cosa mejor que hacer. Lo había hecho porque, de alguna forma, tenía que estar allí donde estaba ella. Lo cual era, además de evidente, aterrador.
-Bajemos -le propuso de pronto. Quería verse rodeado de gente, de desconocidos, de ruido, cualquier cosa que lo distrajera de lo que estaba surgiendo y removiéndose en su interior.
-De acuerdo. Oh, mira, allá abajo está mi familia -los nervios desaparecieron como por ensalmo, y experimentó un placer tan intenso que deslizó una mano por la cintura de Jasper sin llegar a percibir su tensión-. Ese es papá, ese hombrecillo delgado que está charlando con los carpinteros. Entiende de todo, y sería capaz de desempeñar cualquier oficio del teatro. Y también de dirigir o coreografiar una obra, pero eso nunca ha querido hacerlo. A él le gusta estar en primera línea. El escenario es lo suyo.
-¿Y tú?
-De mí dicen que soy la que más se le parece. La que ha querido seguir sus pasos. ¿Ves a esa mujer tan guapa, con un niño pequeño? Es mi madre con su nieto menor, Chris. Ayer Chris decidió que quería ser técnico de luces porque así podía subirse a una escalera. Y esa es mi hermana Bella. ¿No es preciosa?
Jasper distinguió a una mujer esbelta, de melena cafe, ondulada. Parecía emanar un aura de serena felicidad, aunque se encontraba en medio de un auténtico caos. Vio que le ponía una mano en el hombro a otro niño, mientras le señalaba algo.
-Supongo que le estará señalando a Ben el lugar donde se sentarán esta noche. Era verdad es que está más entusiasmado con el viaje que mañana harán a Nueva York que con cualquier otra cosa. Edward tiene una entrevista con su editor.
Jasper vio que Edward se acercaba a ellos y cargaba al pequeño Chris sobre sus hombros. El pequeño se puso a gritar de alegría, encantado.
-Son unos niños maravillosos -consciente del tono de emoción de su voz, sacudió la cabeza-. Bajemos a saludarlos.
Una vez de vuelta en el escenario, tuvieron que rodear una fila de focos de colores instalados en el suelo. Al cabo de unas horas, esos focos se encenderían para ella. Al oír un grito, tomó a Jasper de la mano y se lo llevó a un lado mientras caía una cortina de cuentas y lentejuelas.
-Precioso, ¿verdad?
-Desde luego que sí -respondió, contemplando aquel luminoso telón.
-Lo usaremos durante la escena de mi sueño, cuando me imagino que soy una bailarina de ballet en lugar de una bailarina de striptease y, haciendo una pirueta, caigo en los brazos de Jonathan. Lo bonito del teatro, y de los sueños, es que puedes hacer realidad lo que tú quieras que suceda.
Mientras seguían adelante, Alice oyó exclamar a su padre:
-¡Withlock! Que el diablo me lleve -y abrazó al hombre alto y corpulento que se había acercado a él-. Mi chica me contó que habías patrocinado esta obra -lo miró, sonriente-. ¿Cuántos años han pasado?
-Demasiados -Edwin le estrechó la mano con entusiasmo-. Hey, parece que no has envejecido.
-Eso es porque tus ojos sí que lo han hecho -replicó Carlisle, riendo.
-Y Esme -se volvió hacia ella, y la besó en las mejillas-. Tan bonita como siempre.
-A tus ojos no les pasa nada, Edwin -le aseguró Esme-. No le hagas mucho caso.
-Nunca me olvidé de vosotros. Y nunca dejé de envidiarte por tener una esposa como la que tienes, Carlisle.
-En ese caso, no consentiré que la vuelvas a besar. A quien puede que te cueste más reconocer sea a Bella.
-Una de las trillizas -tomó la mano de Bella entre las suyas-. Increíble. Recuerdo que le cambié a una el pañal. No sé si fue a ti.
Riendo, Bella se volvió hacia Edward.
-Este es mi marido, Edward Massen. EL señor Withlock es un viejo amigo de la familia.
-Massen. He leído algunas de sus obras. ¿No trabajó con mi hijo en uno de sus libros?
-Sí. Usted estaba fuera de la ciudad por aquel entonces, de modo que no tuvimos oportunidad de conocemos. Es un verdadero placer.
-Y los nietos -Edwin miró a Carlisle y Esme antes de agacharse ante los niños-. Qué par de dos. ¿Cómo estáis? He aquí otro motivo de envidia, Carlisle.
-Tengo una debilidad especial por estos diablillos -admitió Carlisle, haciéndoles un guiño-. Y Bella nos va a dar otro este invierno.
-Felicidades -sí, sentía envidia. No podía evitarlo. Pero también un inmenso placer-. Si no tenéis ningún plan, me encantaría que cenáramos juntos antes de la obra.
-Somos los Cullen -le recordó Carlisle-. Nunca tenemos ningún plan que no podamos cambiar. ¿Qué tal está tu chico, Edwin?
-Muy bien. De hecho, él... bueno, se encuentra ahora mismo aquí. Con tu hija.
Cuando Carlisle se volvió, fue como si una luz se le encendiera en la cabeza. Vio a Alice de la mano de un hombre alto y delgado, de rasgos marcados. Y vio la mirada de su hija, tierna, radiante y un tanto dubitativa. Alice estaba enamorada. Sintió una fuerte punzada en el pecho, mitad de dolor, mitad de placer. Pero ambas sensaciones se aplacaron cuando Esme lo tomó de la mano.
Tuvo lugar otra ronda de presentaciones, durante la cual Carlisle no dejó de observar a Jasper. Si ese era el hombre que su hija había escogido, él se aseguraría de comprobar que se trataba de una buena elección.
-Así que estás al frente de Discos Withlock -empezó, sin ninguna ceremonia previa. No creía en las pruebas sutiles-. ¿Y qué tal se te está dando?
-Quiero pensar que bien -Jasper pensó que el hombre que tenía delante era pequeño pero con carácter. A pesar de que tenía los ojos de un límpido azul claro, casi transparente, y de que no era mucha la semejanza de sus rasgos, viéndolo a él creía estar viendo a Alice. Era un parecido profundo, como si procediera de su interior, de su misma alma.
-Es mucha responsabilidad dirigir una discográfica -añadió Carlisle-. No estás casado, ¿verdad, chico?
-No, no lo estoy.
-¿Nunca lo has estado?
-Papá, aún no te he hablado de los cambios que vamos a hacer en la última escena -tomándolo de la mano, Alice lo llevó a un lado, donde nadie pudiera oírlos-. ¿Qué diablos crees que estás haciendo?
-¿A qué te refieres? -sonrió-. Dios mío, estás tan guapa como siempre...
-Déjate de zalamerías. No vas a seguir sometiendo a Jasper a ese interrogatorio. Resulta demasiado evidente que quieres amedrentarlo.
-Lo que es evidente es que eres mi pequeña y que tengo el derecho y el deber de velar por ti... al menos mientras esté cerca.
Alice cruzó los brazos y ladeó la cabeza.
-Papá, ¿tú crees que me educaste bien?
-Por supuesto.
-¿Dirías que soy una mujer adulta sensata y responsable?
-Claro que sí. Y le pegaría un puñetazo al primer hombre que dijera lo contrario.
-Bien -le dio un sonoro beso-. Pues entonces déjame en paz, Cullen -y se volvió de nuevo hacia el escenario, con los demás-. Sé que todo el mundo tiene cosas que hacer esta tarde. Así que yo me voy a la sala de ensayos a calentar un poco.
Holaaaa bellezas que les parecio? espero que bien jeje
espero sus reviews
byee
