Hola creo ke ste capitulo les va a encantar hehehe ...
recuerden de ke nada me pertnece
Capítulo 27
Edward esperó el momento oportuno. Habló con los demás invitados, bailó con las señoras, tomó un vaso de cerveza con Cari, escuchó con aparente interés los comentarios de algunos de sus convecinos y se fijó en el alcohol que tomaban todos los conductores.
Observó a Bella que pasaba bandejas, charlaba con los invitados y rellenaba las copas que se calentaban a la altura del esternón. Le pareció estar asistiendo a un renacimiento. Se dispuso a preguntarle si quería que le echara una mano, pero comprendió que sería ridículo. No sólo no tenía ni idea de lo que había que hacer, sino que estaba claro que Bella no necesitaba ninguna ayuda.
Cuando la gente empezó a marcharse, llevó a unos cuantos invitados, para no correr riesgos. Era casi medianoche cuando decidió que ya había cumplido con sus obligaciones y que podía seguir a Bella a la cocina.
Las bandejas vacías se apilaban sobre la encimera de mármol blanco. Los cuencos de servir estaban encajados unos en los otros. El fregadero tenía agua con jabón que dejaba escapar unos hilillos de vapor y Bella iba llenando ordenadamente el lavaplatos.
—¿Cuándo fue la última vez que descansaste?
—Ni me acuerdo —metió un plato en la ranura—, pero el hecho de estar cansada me hace muy feliz.
—Toma —levantó una copa de champán—. He pensado que te la merecías.
—Me la merezco —dio un sorbo rápido y la dejó a un lado—. Han sido semanas de planificación y por fin ha terminado. Además, tengo cinco, cinco compromisos más. ¿Sabías que la hija de Mary Harrison se casa la primavera que viene?
—Lo había oído. Con John Bigelow. Un primo mío.
—Me ha pedido que organice el banquete.
—Voto por que pongas esas albóndigas en el menú. Estaban riquísimas.
—Tomaré nota —era maravilloso poder hacer planes para el futuro. No sólo a un día o una semana vista, sino con meses de antelación—. ¿Has visto cómo bailaban Cari y Gladys juntos? —se irguió y se llevó las manos a la dolorida espalda—. Treinta años y bailaban en el patio mirándose a los ojos como si fuera la primera vez. Para mí, ha sido el mejor momento de la noche. ¿Sabes por qué?
—¿Por qué?
Ella se volvió y lo miró.
—Porque todo esto se trataba de que ellos bailaran juntos mirándose a los ojos. Nada de adornitos ni cócteles de marisco. Se trataba de dos personas que habían conectado y creían en ello. El uno en el otro. ¿Qué habría pasado si hace treinta años uno de los dos se hubiera rajado? Se habrían perdido el baile en el patio y todo lo que hubo en medio.
—No he bailado contigo —le pasó los dedos por la mejilla—. Bella...
—¡Aquí estás! —Gladys irrumpió con los ojos brillantes y húmedos—. Temía que hubieras desaparecido.
—No, claro que no. Tengo que terminar en la cocina y comprobar que todo ha quedado en orden en la casa.
—Ni hablar. Ya has hecho bastante, más de lo que yo esperaba. Jamás en mi vida había tenido una fiesta así. La gente hablará de ella durante años —agarró a Bella por los hombros y le dio un beso en cada mejilla—. He sido una pesadilla y lo sé —abrazó a Bella con toda su alma—. Era un banquete muy importante para mí y no voy a esperar otros treinta años para repetirlo. Quiero que ahora te vayas a casa y descanses.
Le metió un billete de cien dólares en la mano.
—Es para ti.
—Señora Macey, no tiene por qué darme una propina. Peg y...
—Ya me he ocupado de ellas. Me ofenderás si no lo aceptas; vas a comprarte algo bonito a mi salud. Quiero que te largues. Cualquier cosa que haya que hacer, puede esperar hasta mañana. Sheriff, ayude a Bella a llevar las bandejas al coche.
—Lo haré.
—Ha sido mejor que la boda —dijo Gladys mientras se dirigía hacia la puerta. Se volvió un instante con expresión burlona—. Veremos si Cari puede mejorar hoy la noche de bodas.
—Me parece que está dispuesto a darte una sorpresa —Edward levantó un montón de bandejas—. Será mejor que nos vayamos y dejemos a la joven pareja en su intimidad.
—Te sigo.
Tuvieron que hacer tres viajes. Cari no dejó de meterles prisa y al final le dio una copa de champán a Bella.
—Toma tu sombrero, ¿por qué tienes tanta prisa? —Edward se rió y metió las últimas bandejas en el maletero del coche de Bella.
—¿Dónde tienes el coche?
—Mmm. Lo ha cogido Alice para llevar a la última pareja de invitados medio perjudicados. Casi todos vinieron andando, lo que ha facilitado las cosas.
Bella se detuvo a mirarlo. Llevaba traje, pero se había quitado la corbata, notaba el bulto que la corbata formaba en el bolsillo. Se había desabotonado la camisa, dejando al descubierto la línea nítida y bronceada del cuello.
Edward sonrió levemente al ver que las luces de la casa se apagaban todas a la vez. Su perfil no era perfecto. Estaba despeinado y su postura, con los pulgares en los bolsillos del pantalón, era completamente relajada, sin nada de pose. Cuando sintió un escalofrío de deseo, Bella no hizo nada por reprimirlo. Dio el primer paso.
—Sólo he tomado una copa de champán, no estoy nada afectada, pienso con claridad y mis reflejos son perfectos.
Él se volvió para mirarla.
—Como sheriff, me alegro de saberlo.
Ella, sin dejar de mirarlo, sacó las llaves del bolsillo y las sostuvo en el aire.
—Acompáñame a casa. Tú conduces.
El brillo de los ojos de Edward se hizo tan penetrante como una cuchilla de afeitar.
—No voy a preguntarte si estás segura —tomó las llaves—. Te diré solamente que entres en el coche.
Bella notó que le flaqueaban las rodillas, pero fue a la puerta y se montó en el coche mientras él se colocaba detrás del volante. Cuando la atrajo hacia sí y la besó en la boca impetuosamente, ella se olvidó del temblor de las piernas e hizo todo lo posible por subirse a su regazo.
—Espera, espera. Por Dios.
Giró la llave y el motor se puso en marcha entre quejidos. Edward condujo hasta un cambio de sentido, sin que el coche dejara de hacer extraños ruidos. Bella se rió nerviosamente.
—Si este cacharro se para antes de que lleguemos, tendremos que ir corriendo. Edward... —ella se quitó el cinturón de seguridad y se estiró para morderle la oreja—. Me siento como si fuera a explotar.
—¿Te había dicho alguna vez que siento una debilidad especial por las mujeres con chalecos negros?
—No. ¿Lo dices en serio?
—Me he dado cuenta hoy.
Él alargó el brazo, la agarró del chaleco y volvió a atraerla hacia sí. Distraído, como era de esperar, tomó la curva demasiado cerrada y chocó las ruedas contra el bordillo.
—Un minuto —jadeó Edward—. Sólo un minuto más.
Se paró delante de la casa de Bella entre el chirrido de los frenos. Consiguió apagar el motor a duras penas y volvió a abrazarla. La tumbó sobre su regazo, la besó y dejó que sus manos hicieran lo que quisieran con ella.
Bella se sintió invadida por el deseo, ardiente y bien recibido. Se dejó llevar por él, le tiró de la chaqueta y se estremeció al sentir el roce áspero de sus manos sobre la piel.
—Vamos —Edwad se sentía tan excitado e impaciente como un adolescente, y tan torpe que no podía abrir la puerta del coche—. Tenemos que entrar en casa.
La arrastró fuera con la respiración entrecortada, mientras seguían luchando cada uno con la ropa del otro. Se tropezaron y él perdió los botones de la camisa. No le importó: él sólo escuchaba la risa feliz de ella mientras intentaba que los dos llegaran a la casa.
—¡Me encantan tus manos! Quiero sentirlas por todo mi cuerpo.
—Ya me ocuparé de eso. Maldita sea, ¿qué le pasa a la puerta? —se abrió de golpe cuando él descargó toda su impotencia sobre ella en un empujón.
Los dos acabaron en el suelo con medio cuerpo dentro de la casa y medio fuera.
—Aquí mismo. Aquí mismo —repitió Bella como una letanía mientras intentaba desabrocharle el cinturón.
—Espera. Déjame... cerrar... —consiguió darse la vuelta en el suelo y cerrar la puerta de una patada.
La habitación era un juego de sombras y luz de luna. El suelo era duro como una piedra. Ninguno de los dos lo notó mientras se arrancaban la ropa, se abrazaban y rodaban. Edward vislumbró imágenes bellas y eróticas de una piel pálida, unas formas suaves, unas líneas delicadas.
Él quería mirar. Quería revolcarse. Tenía que tomarla.
Cuando la camisa de ella se frenó en los puños cerrados, él desistió, sucumbió y bajó la boca hasta los pechos. Vibraba debajo de él como un volcán al borde de la erupción; sentía destellos de un calor abrasador y un anhelo punzante. Ella se arqueó, más como exigencia que como ofrenda, y le clavó las uñas en la espalda. El mundo giraba más deprisa cada vez, como si fuera montada en un tiovivo sin control y lo único que la atara al suelo fuera el fabuloso peso de él sobre ella.
—Ahora —Bella le rodeó las caderas con las piernas—. ¡Ahora!
El entró, se dejó llevar y se olvidó de todo. Sólo existía una pasión desbordada. Ella se aferraba a su cuerpo con un abrazo ardiente y húmedo y él notaba que se tensaba como un arco justo antes de dejar escapar un grito triunfal.
El clímax de ella lo desbordó como un éxtasis.
El placer la inundó como un torrente, le ahogó los sentidos y le anegó la razón. Bella, sin freno de ningún tipo, lo rodeó con todo su cuerpo y se ciñó a él para arrastrarlo consigo.
Y ese júbilo en estado puro lo llevó al límite.
Ke lokura no? jeje buenooo por fin Bella decidio abrirse paso al amor jeje
espero sus reviews
bye
