CAPÍTULO 028

Sentía dolor. Movía su cuerpo hacia un lado y hacia otro. Se aferraba a su cuerpo. Él inmóvil, ofrecía su calor. El sol despuntaba. Raro. Demasiado cejador. Y desaparecía. Oscurecía. Kate sintió esas ráfagas varias veces hasta que comenzó a abrir los ojos. Entonces, una pequeña ráfaga de dolor, rasgo sus ovarios y saltó corriendo de la cama hasta el baño. Richard se movió, adormilado y notando el frío que la ausencia del cuerpo de Kate, había provocado. Abrió sus ojos y vio cómo su inspectora se movía por la habitación en braguitas y vistiéndose con un pijama.

- Ey... - Richard alargando su mano cuando pasó cerca de él.

- Ey... - se sentó a su lado.

- ¿Tienes frío?

- Frío, un poquito de dolor en mis ovarios... necesito comer algo para tomarme alguna pastilla.

- Ah... - se incorporó - Yo hago el desayuno... tú quédate en la cama. - saltó al suelo y se vistió corriendo con un pantalón de chándal y una camiseta.

- Rick... - se puso en medio - No hace falta, puedo bajar yo. Estás muy dormido. - acarició su cara.

- Kate... sé los dolores que te provoca la regla... llevamos ya un tiempo juntos y quiero cuidarte, como tú cuidaste de mí anoche. - la abrazó - ¿me dejas?

- Me desgarra por dentro Rick... este mes viene más dolorosa. Estoy agotada. No me acordaba de ella... y verás como el humor venga igual que el dolor... - se aferró a él con voz de niña. Richard rompió a reír. Y ella le dio un toque cariñoso en el hombro

- No te rías...

- Me río porque me parece que en estos días voy a tener no solo una niña, sino dos. - besó su frente - Pero me gusta.

- Me está viniendo tristona. - acomodó mejor su cabeza en su pecho.

- Pasará rápido, cariño. Además, para esto estamos calabaza y yo. Veras como te cuidaremos perfectamente. Y ahora... - la acercó hasta la cama - ...te metes en la cama, y esperas a que suba el desayuno y esa pastilla milagrosa que calma el dolor. Y después, tenemos que mirar tu cicatriz. Recuerda que tenemos que pedir cita a algún médico si vemos algo extraño. - besó su cabeza.

Cuanto estaba a punto de salir de la habitación, una pregunta se le pasó por la cabeza - Kate... ¿Dónde aprendiste a hablar español? En el avión me dijiste que más o menos entendías ciertas cosas pero te manejas muy bien... - explicó con algo de confusión.

- Esa es una historia que te contaré cuando tú acabes de contarme la tuya. - le sonrió.

- Eso es un trato. - salió de la habitación.


A la media hora Richard subió a la habitación con una bandeja cargada. Al entrar, su rostro se llenó de una sonrisa, Alexis estaba en la cama, abrazada a Kate. Las dos parecían tranquilas aunque podía ver como Kate tenía su mano aferrándose a su dolor.

- Ey... ya estoy aquí. - dijo bajito, sentándose al lado de Kate.

- Ey... - se incorporó un poco mientras Alexis se desperezaba - Huele muy bien.

- Me alegro. - colocó la bandeja en la cama - Con cuatro bocados, te tomas la pastilla para que te haga efecto cuanto antes.

- Mami está malita. - susurró Alexis - Le duele la tripita.

- Si calabaza. Tenemos que cuidarla.

- Si, papi. - asintió convencida.

- Veo que tengo unos estupendos enfermeros. No me puedo quejar. - Sonrió ante las atenciones de padre e hija - Aun así, después de desayunar, sería bueno que dieseis un paseo. Yo puedo descansar. No es justo que paséis todo el día aquí porque yo esté con mi dolor.

- Kate...

- En serio, a Alexis le sentará bien. Es bueno que vaya reconociendo el lugar. - le agarró la mano.

- ¿Quieres calabaza? ¿Damos un pequeño paseo después de desayunar?

- Vale, pero luego cuidamos a mami.

- Sí, cariño, luego me cuidáis. - besó su cabecita.

Una vez terminaron de desayunar, Kate se quedó echada en la cama, tapada con una manta. Encogida. La pastilla tenía que hacer su efecto. Y el dolor no mitigaba. Richard le dijo que podían quedarse con ella pero Kate insistió en que saliesen un rato a la calle. Así lo hicieron.


Dos horas después, Richard y Alexis, junto a Max llegaron a casa. La pequeña y el bulldog entraron corriendo a saludar a Kate y después fueron a la salita, a ver un rato la televisión. Orden de Richard, que le había pedido a la niña que dejase a su madre descansar.

- ¿Estás durmiendo? - coló su cabeza por la puerta, mirando a Kate que tenía los ojos cerrados.

- Habéis tardado.

- Sí, hemos paseado un rato y luego, ya sabes cómo es esto de los pueblos, nos hemos tropezado con Ramón y me ha estado presentando a cada uno de los paisanos.

- Ya... - dijo seria.

- Kate... - entró en la habitación.

- No pasa nada. Espero que os hayáis divertido. - intentó mostrar una sonrisa forzada.

- Ese amago de sonrisa no me ha convencido mucho. - sonrió.

- Es mi mejor sonrisa.

- No lo creo. - se descalzó y se echó a su lado - Tendríamos que haber vuelto antes.

- No, no. Lo entiendo.

- Está bien. - se dio la vuelta para levantarse de la cama.

- Es la primera vez que estoy en este pueblo y desaparecéis dos horas. ¿Si hubiese necesitado algo? - se quejó.

Richard la miró y sonrió.

- ¡No te rías!

- Oh, venga Kate... - saltó de la cama y se sentó en el lateral, donde Kate se mantenía encogida - ¿Te has sentido sola?

- No.

- ¿Segura?

- Sí.

- Hmmm.

- ¿Hmmm?

- ¿Estás bien?

- Perfectamente.

- Vamos a estar en la salita para que puedas descansar.

- Todo un detalle. - soltó en todo áspero. Richard coló sus brazos debajo de su cuerpo, la alzó y la aferró contra él para que la manta no se cayese - ¡Rick!

- Eres la más cabezona de las personas que he conocido nunca... y reconocer que nos echas de menos, no es tan malo, cariño. - besó su cabeza.

- Bájame... estoy bien aquí.

- No, cariño, te vienes con nosotros para que te cuidemos como te mereces. - la miró poniendo cara de niño bueno - ¿No crees que me merezco un besito?

- No sé... - apartó su cara y se escondió en el cuello de él.

- Venga... por favor... un besito...

Kate besó su cuello. - Bueno, no es exactamente lo que me esperaba pero puede servir.

- Lo siento Rick... mis hormonas me alteran, sobre todo el primer día.

- Kate, yo soy un auténtico quejica... imagíname a mí, todos los meses, con ese dolor... te ganarías el cielo, cariño. - la abrazó más fuerte y salieron hacia la salita.

Cuando entraron en la salita, Richard ayudó a Kate a colocarse en el sofá, aunque esperó a que él se sentase a su lado para apoyar su cabeza en sus hombros y recostarse. Alexis estaba sentada en el suelo, junto a Max. Dumbo cobraba vida en la televisión. Kate sonrió, mirando a Richard. - Quizá, hoy, consigamos que la vea entera, por primera vez. - susurró cerca de sus labios.

- Puede que sí, escritor. - besó su nariz.

- ¿Todavía no me he ganado mi besito? - puso morritos.

- Mmm... - negó con una sonrisa traviesa.

- ¿Cómo me lo puedo ganar?

- Las rosas azules...

- ¡Ah! Con que esas tenemos... chantaje... vaya, vaya... ¿saltándose la ley? - entrelazó una de sus manos con Kate.

- Es un trato justo...

- Y no podemos cambiarlo por un vale de 'Esta noche te cuento otra parte de mi vida'...

- ¿Cómo llegaste a casa de Ramón y Carmen?

- Creo que puedo centrarme en esos recuerdos.

- Entonces, puede que sí. Te ganarás un beso. Pero, no me olvido de las rosas azules. Ahí hay una historia, lo sé, y la descubriré.

- Una historia que no me pertenece a mí, aunque de alguna forma, creo que podrá hacerlo. - acercó sus labios a la punta de su nariz y dejó una caricia - ¿Y un pequeño adelanto del besito?

Kate, alzó su rostro y rozó tímidamente sus labios. - Ahí lo tienes.

- ¿En serio? - fue dejando besos por su rostro, hasta llegar a su lóbulo y besarlo - No es justo inspectora. En el fondo sabe que me merezco ese beso... desde anoche no me has dado ningún beso de verdad.

- ¡Papi! - se levantó y se subió encima. Le plantó un sonoro beso en la mejilla - Ya te doy yo el besito. Y ya no pides más. No me dejas escuchar bien, papi.

La carcajada de Kate retumbó toda la casa. - Eso, mi vida - acarició la cara de Richard - Deja que escuchemos la película que ya queda poco para el final, ¿verdad cariño?

- Sí, mami. - se sentó encima de las piernas de Richard, mirando la televisión, acomodándose, mientras recibía un beso tanto de su padre como de su madre.

- Esto no es justo, siempre se pone de tu lado. - susurró a Kate.


Como era habitual, Alexis, antes del final, se volvió a dormir. En los brazos de su padre. Kate, también visitó a Morfeo cuando su dolor se calmó un poco. Y Richard, volvió a ver Dumbo por milésima vez. En cuanto terminó, como pudo, se zafó de sus dos mujeres y bajó a preparar la comida. Una vez tuvo todo organizado, subió a por ellas y antes de despertarlas, abrazadas y con cara de ángel, cogió su móvil y sacó una foto.


El resto del día pasó sin muchos altibajos. Kate siguió con sus molestias y desapareció durante varias horas, descansando en la habitación. Alexis, aprovechó y acompañó a su madre para echar su siesta habitual y Richard y Max se quedaron al cuidado de la casa. Aprovechando esa oportunidad que le estaban dando, salió al jardín, cortó doce rosas y se perdió en el garaje, dudando si sería capaz de recordar la fórmula que Ramón le había explicado, en su momento, concienzudamente.


Vio su cuerpo. La sangre brotaba. El corte de un cuchillo. Una bocacalle perdida. Oscura. Sin vida. Sirenas. Ella gritando. Nombrando su nombre. Estirando su brazo. Sin alcanzarla. Llorando amargamente. La cinta amarilla. Un policía. Una cara fúnebre. Saltó de la cama. Lloraba. De nuevo la pesadilla había vuelto. Miró de frente. El paisaje era impresionante. Aquellas montañas eran idílicas pero no podía sentirse peor. Huir de su casa había desbaratado su autocontrol. Su culpabilidad había vuelto a salir a la luz. Sentía que estaba fallando a su padre, a su padre... Alexis se movió, buscando el cuerpo de Kate. La inspectora se acercó hasta ella y la abrazó. La paz volvió durante esos segundos. Aquella pequeña era un auténtico milagro para ella. Era consciente que si mantenía la cordura y no salía a enfrentarse al mismísimo diablo era por la pequeña pelirroja. Nunca podría fallarle. Igual que tampoco podría perdonarse, perder a Richard.

Respiró. Una vez. Dos. Tres. Cuatro. Poco a poco. Recuperando su autocontrol. Y el dolor volvió a activarse tímidamente. No solo el físico, también el psicológico. Nunca podría descansar sin encarcelar a los responsables de la muerte de su madre. Se aferró a su hija. Capturó su aroma y se perdió en él. Mientras un par de lágrimas brotaron y cayeron por sus mejillas. Se sentía entre la cárcel y la libertad. La cárcel era su pasado. La libertad, el amor.

Kate se levantó de la cama. Tapó bien a Alexis. Se vistió de forma cómoda. Recó para no encontrarse a Richard, esperando que estuviese encerrado en su despacho, escribiendo. Salió a la calle. Aquel pueblo no tenía muchas calles, solo un par de ellas más una central. Pero había cientos de caminos alternativos que te llevaban a disfrutar de la naturaleza en estado puro. Decidió que para comenzar lo mejor sería caminar por la carretera para no perderse. Y caminó. Durante una hora. Cuando se fijó en el reloj, comprendió porque el sol iba escondiéndose. Se había centrado tanto en caminar, andar, para olvidar que no había sido consciente del tiempo. Una hora de vuelta aun. Y las nubes se cernieron sobre ella.


Richard entró en la habitación con su cara de niño pillo. Vio que su hija estaba dormida. Se echó a su lado. Y comenzó a acariciar su cara para despertarla.

- Papi... - susurró Alexis.

- Hola calabaza...

- Hola... - sonrió.

- Mira hacia la ventana cariño... - le indicó con intriga.

- ¡Nieve! ¡Papi! ¡Nieve! - comenzó a saltar en la cama - ¡Nieve! ¡Nieve!

- ¿Y mami? - preguntó saliendo de la cama y entrando en el baño - ¿Dónde está tu mami? - volvió hacia donde su hija preocupado.

- Mami se vistió y salió.

- ¿Cómo?

- Ella me tapó. Se puso ropa y se fue.

- Mierda... - cogió a Alexis en brazos, la llevó a la habitación. Cogió la ropa más abrigada para vestirla lo más rápido posible y bajaron al garaje para coger el todoterreno. Cuando salían de casa, Ramón, con su coche, se cruzó en el camino. Carmen bajó y se acercó a ellos.

- Hijo, ¿a dónde vais con este temporal?

- Kate...

- ¿Kate?

- No sé dónde está...

- ¿Cómo que no sabes dónde está?

- Estaba durmiendo, no se encontraba bien... y cuando he subido ahora, no estaba, se había ido. - preocupado.

- ¡Oh, Dios mío! Si salió a pasear y le ha pillado la tormenta... - miró hacia Ramón - Vete con Ramón a buscarla, yo me quedo con la pequeña. Con ella no puedes ir por ahí. Los caminos están complicados hijo.

- Está bien... - se volvió hacia Alexis - Ahora te vas a quedar con Carmen, ¿vale? Tengo que ir a buscar a mamá.

- ¿Está bien? - preguntó a punto de llorar.

- Sí, calabaza. Ha salido a pasear y con la tormenta necesita que la vayamos a recoger. Enseguida venimos, ¿sí?

- Hmmm... - respondió poco convencida y saliendo del coche a los brazos de Carmen.

Richard estaba nervioso. Histérico. Era incapaz de controlar sus movimientos. Las piernas llevaban un traqueteo infernal.

- Hijo, vas a hacer un agujero al coche... por zapatear no vas a conseguir ver más rápido a Kate.

- Joder... ¿qué demonios se le ha pasado por la cabeza para salir de casa sin avisarme?

- Hijo... tú mismo me has dicho que estabas en el garaje... a lo mejor intentó avisarte... no hagas conjeturas sin saber.

- Ella sabía que estaba en casa... nunca hubiera dejado a Alexis sola. Es lo único que tengo claro. Y mira... ahora tenemos ante nosotros cinco caminos diferentes... ¿en cuál de ellos está? ¡Joder! ¡Mira como echa! Es una tormenta en toda regla... No está bien... tiene una herida... aún no está cicatrizada...

- Tranquilo Richard. Tienes que calmarte. Necesito que tengas los cinco sentidos puestos en ver la carretera.

- ¿La carretera? ¿Y si no ha ido por ahí?

- Te digo que ha ido por ahí. No conoce la zona. Es el camino más seguro para no perderse.

- Está bien, está bien... - respiró.

Los siguientes minutos fueron los más largos en la vida de Richard. Agotadores. Sus ojos no se despegaron del horizonte. Buscando cualquier sombra, espacio, señal... Necesitaba ver a Kate. Necesitaba encontrarla.


Kate caminaba lo más rápido que podía. La tormenta de nieve la estaba empapando. La ropa que llevaba se estaba calando y la cicatriz y sus ovarios comenzaron a molestarle de forma contundente. Deseó no haber tomado la mala decisión de salir a despegarse sin hablar con Richard. Ahora, él, estaría volviéndose loco. Preocupado. Y se enfadaría con ella. Con razón. Pero había sentido tanta necesidad de huir de sus pensamientos que no había utilizado la razón.

De pronto, a lo lejos, vio el destello de un par de luces. Era un coche. Se paró en seco. Deseando que fuese él. Que fuese a rescatarla de aquella estupidez. Se miró de arriba a abajo. Desde las zapatillas hasta su cabeza... completamente empapada. Temblorosa por la humedad. El todoterreno frenó a varios metros de ella. Una de las puertas se abrió. Richard. Era él. Salió corriendo hacia ella. Y, cuando llegó a su altura, la abrazó. La apretó contra él con tanta fuerza que Kate creyó que iba a partirle en dos.

- ¡Kate! - tocó todo su cuerpo - ¡Mírate! ¡Estás empapada! ¿Qué has hecho? ¿A dónde ibas? - cruzaron sus miradas - ¡Joder Kate! ¡Estaba desesperado!

- Hijo... ¡Vamos! ¡Está empapada! - gritó Ramón por la ventanilla.

Richard le hizo caso y los dos se metieron en la parte trasera del coche. El escritor no soltó a Kate en ningún momento. Preocupado. Mirando si tenía algún rasguño. Si en su rostro había algún símbolo de dolor. Y lo encontró. Se enfadó. Mucho, mucho más de lo que estaba. Sin comprender el motivo por el cual Kate le había dado semejante susto. Había estado aterrorizado. Temiendo lo peor.

Entonces, Rick, se alejó. Se apartó de Kate. Ella lo miró. Comprendió que se había asustado tanto que ahora el enfado sobresalía. Intentó aferrar una de sus manos pero él la esquivó. El escritor perdió su mirada por la ventanilla. Necesitaba espacio. Entenderla.


El trayecto hasta casa fue una procesión de silencio. Cuando llegaron, Richard salió del coche, precedido de Kate. Carmen estaba en la cocina, junto a Alexis que salió a abrazar a su madre.

- ¡Mami! - corrió hacia ella, pero Richard se puso en medio y la alzó.

- No, calabaza. Te puedes mojar. Mami tiene que subir a casa a cambiarse. Mejor vamos con Carmen y ahora, cuando baje, la abrazas.

- ¡Vale! - sonrió Alexis sin protestar cuando su padre entró con ella en la cocina, dejando a una Kate perpleja.

- Hijo, sube a hablar con ella - Carmen sentada en la cocina, intentando librar a Richard de su cabezonería.

- Me ha dado un susto de muerte.

- ¿Y crees que ella no se ha asustado?

- No lo sé. No me ha dicho nada.

- ¿Le has dejado?

- No.

- Entonces, ¿qué esperas?

- Joder...

- Esa boca...

- Lo... lo siento... Y si le hubiese pasado algo... yo... yo...

- Esa muchacha, por lo que tú me acabas de contar, ha venido a España huyendo de un enfermo que debería estar en la cárcel. ¿No crees que tiene derecho a cometer un pequeño error? Está en un pueblo que no conoce de nada... Dale un margen, por favor.

- Yo...

- Richard, no le ha pasado nada... ¿de verdad quieres estar enfadado con ella en lugar de subir y abrazarla? ¿Vas a perder el tiempo así?

Richard apoyó su cabeza en la mesa. Carmen lo acarició. - He dejado una estupenda cena preparada. Alexis ya ha cenado. Solo tiene que ver a su madre, abrazarla e irse a dormir. Y después, hijo, no pierdas el tiempo. No merece la pena. ¿No te sirvió de nada nuestra historia? ¿Quieres cometer los mismos errores tontos que Ramón y yo?

- Gracias... - susurró.

Carmen besó su cabeza y salió en busca de Ramón para dejar a aquella familia resolver su primer contratiempo en España.


Kate estaba sentaba en la cama, mirando por la ventana. Incapaz de bajar. No sabía cómo mirar a Richard. No sabía cómo rectificar. Como pedir perdón. Como contarle lo que sentía. Porque lo que más deseaba era sentir comprensión. Necesitaba que él entendiese el remolino de sentimientos que la inundaba.

- ¡Mami! - Alexis entró como un torbellino y subió a la cama a trompicones para abrazarla.

- Hola cariño.

- ¿Estás bien?

- Sí. Estoy bien. - besó su cabecita.

- Vengo a darte el beso de buenas noches. Papi ya me la leído el cuento.

- Qué descanses cariño.

- Tú también mami. - la abrazó fuerte y se fue corriendo a dormir.


Al cabo de un par de minutos Richard entró a la habitación. Cerró la puerta. Se acercó hasta el lateral de Kate y se sentó a su lado. - Me preocupé Kate. Lo siento. Siento haberte hecho el vacío. Al no verte en casa, con esa tormenta de nieve... Me entró miedo.

- No, Rick, perdóname tú. Fui una estúpida. Tuve una pesadilla y necesitaba respirar aire fresco. Tendría que haber hablado contigo...

- Entiendo que necesites tu espacio... Pero, por favor, la próxima vez, dime algo... - alzó su mirada para encontrar la de ella.

- Rick... - alargó su brazo para acariciarle el rostro.

- Es por tu madre... - susurró - ...tendríamos que habernos quedado allí... vinimos por mí, por mis miedos...

- No, no, no... Venir aquí es lo único que ha salvado mi vida. - se acercó más a él, se sentó a horcajadas y lo abrazó por su cuello - He pasado tanto miedo en la carretera... - escondió su rostro en su cuello.

- Kate... - la abrazó - Si te pasa algo, me muero. Y no es una metáfora. El corazón me iba a mil por hora. No lo vuelvas a hacer, por favor.

- Lo siento. Lo siento mucho Rick. - besó su cuello.

- Estás temblando... - susurró Rick.

- Tengo un poco de frío... - reconoció Kate.

- ¿Te has duchado?

- Hmmm...

- No, no lo has hecho. - besó su cabeza.

- Me duele la cicatriz... - dijo bajito - ...y mi regla...

- Kate... - besó su hombro - ...mírame... Por favor... - le dijo en su oído.

La inspectora hizo lo que su escritor le pidió y lo miró. - Voy a bajar, a subir un pequeño tentempié de la estupenda cena que nos ha preparado Carmen y lo vamos a comer, antes de ducharnos... juntos. ¿Vale?

- Hmmm... - sonrió sin poder evitar agradecer al destino que hubiese cruzado su vida con la de él.

A los cinco minutos, Richard subió y comieron algo para que Kate pudiese tomar su medicación antes de darse una ducha para entrar en calor. Cuando entraron al baño, Richard se encargó, como la anterior noche, de desnudar a Kate y a sí mismo.

- Rick... - agarró sus manos cuando iba a retirar sus braguitas - ...estoy...

- Shhh... - besó su frente - ...todo está bien. - Kate asintió y dejó que continuase hasta el final. Se metieron en la ducha y se dedicaron el uno al otro hasta que Kate recuperó la temperatura adecuada. Una vez salieron del agua, el escritor curó la cicatriz con esmero y miles de caricias que tocaron el corazón de la inspectora.


Cuando Kate terminó de arreglarse, entró a la habitación y encontró la cena, junto a Richard. Cenaron tranquilamente, mientras la inspectora le contó su pesadilla y su necesidad de salir corriendo para mitigar sus pensamientos. Richard la comprendió. Y lo único que le pidió es que, la próxima vez, intentase acudir a él.


Kate estaba a punto de bajar a buscar a Richard cuando éste entró a la habitación. - ¿Iba a algún sitio, inspectora? - al tropezarse en la puerta con ella.

- A buscarle, escritor. - se abrazó a él.

- Me gusta que me abraces. Me gusta mucho.

- Lo sé. Lo noto. Tienes escalofríos cada vez que lo hago.

- Me queda claro que no tengo secretos para ti.

- Bueno, ¿qué llevas en esa mano que no me toca y que no me dejas tocar? - preguntó curiosa.

- Si llegamos hacia la cama... a lo mejor te lo digo...

- ¡Vale! - sonrió contenta y salió disparada para la cama, tardando variso segundos en estar tapada y esperando por él.

- La curiosidad te puede, ¿eh?

Richard evitó que Kate descubriese lo que ocultaba hasta que llegó al lateral de la cama para echarse a su lado. - Si te pones mirando hacia la puerta, te prometo, que te abrazo, y te paso un pequeño regalo.

- Bueno... - Kate esperó impaciente. Richard se colocó detrás de ella, la abrazó con su brazo mientras el otro pasó por encima de su cabeza y dejó en la almohada, cerca de sus ojos, una rosa azul. - Rick... - se volvió hacia él con su rosa en la mano, mostrándosela como si él no la hubiese visto. - ¿Cómo...? ¿Dónde...?

- Te dije que sí existían Kate. Una rosa azul. Para ti. - sonrió ante la perpleja mirada de Kate. Ésta se abalanzó sobre él, abrazándolo fuerte.

- ¡Me encanta Rick! ¡Es perfecta!

- Hmmm... - besó su cabeza - Como tú lo eres para mí.

Kate besó su torso, por encima de su camiseta. Fue subiendo lento, por su cuello, su barbilla, hasta encontrar sus labios y se perdió en ellos. Suaves. Atentos. Tiernos. - Llevo todo el día deseando besarte - pronunció Kate varios segundos antes de continuar el beso.

- Kate... - Richard recuperando su respiración - Si necesitas que volvamos a casa, cuando sea, solo tienes que decírmelo. Lo entenderé.

- Lo sé... - lo besó - Pero, por ahora, necesitamos quedarnos aquí. Porque tú me tienes que contar tú historia. Yo tengo que contarte la mía. Y juntos, debemos volver a casa más unidos que nunca. Porque cuando lleguemos allí, nada será fácil. Ocurra lo que ocurra, vendrán tiempos difíciles y lo único que nos podrá ayudar será tenernos el uno al otro.

- Kate... Encontraremos a quien lo hizo y pagará por ello. Y lucharemos juntos. No te dejaré. Nunca. - la besó.

- ¿Antes de irnos me contarás la historia de las rosas azules?

- Antes de irnos, tendrás toda mi historia en tus manos. - besó su nariz.

- Y tú la mía, Rick. - se giró, dando su espalda a Richard. Agarró su mano y entrelazada con la suya, la puso sobre la parte baja de su vientre. - Aún me molesta un poco... - Richard besó su hombro y al poner su mano sobre su piel, rozó sus yemas, antes de comenzar a darle calor y apaciguar un poco sus molestias. - Mañana estaré mejor...

- Entonces iremos de excursión... quiero que descubras la magia de este lugar. - se apretó más a ella.

- Rick...

- Dime.

- ¿Me contarás una nueva parte de tu historia antes de dormirme?

- ¿No estás cansada?

- Quiero escuchar tu voz.

- Te quiero Kate... - dijo suave, rozando su lóbulo.

- Te quiero Rick. - besó la rosa azul que le había regalado su escritor minutos atrás.

- ¿Preparada?

- Soy toda tuya.