Me peleo con mi familiar cretino…

-Ho… Esto se pone bueno… (Exclamaron Connor y Travis excitados)

-Se acabó… (Suspiro Zeus) ¿Quién sigue?

-Yo... Yo… (Pidió Apolo saltando ligeramente en su trono con la mano hacia arriba)

Artemis se golpeó la frente con la mano y suspiro. –Idiota. (Murmuro)

-Claro toma… (Hablo el rey del rayo pasándole el libro)

Apolo se aclaró la garganta y comenzó. –Me peleo con mi familiar cretino…

Una lancha guardacostas nos recogió, pero estaban demasiado ocupados para retenernos mucho tiempo o preguntarse cómo tres chicos vestidos con ropas de calle habían aparecido en medio de la bahía. Había que ocuparse de aquel desastre. Las radios estaban colapsadas con llamadas de socorro.

-Ese desastre fue terrible… Según habían dicho en ese entonces… el peor en los últimos 50 años… (Informo Piper)

-Piper… (Llamo Hades)

-¿Si? (Inquirió la semidiosa hija de Afrodita)

-¿Estas tratando de que me calcinen? (Pregunto con tono serio/divertido, mientras miraba disimuladamente a las diosas, quienes lo miraban con reproche)

Piper negó. –Nop… (Contesto despreocupada, haciendo estallar la "p")

El dios de los bajos fondos puso los ojos y sonrió ante las payasadas de la semidiosa.

Nos dejaron en el embarcadero de Santa Mónica con unas toallas en los hombros y botellas de agua en las que se leía:

«¡Soy aprendiz de guardacostas!»

Luego se marcharon a toda prisa para salvar a más gente.

Teníamos la ropa empapada. Cuando la lancha guardacostas había aparecido, recé en silencio para que no me sacaran del agua con la ropa perfectamente seca, lo que habría provocado incredulidad y preguntas.

Poseidón, Teseo y Orión golpearon sus frentes con la palma de sus manos y bufaron.

-Si. Lo sé. Yo puedo controlarlo… (Se quejó Persi (J) al mismo tiempo que Persi (M) rodaba sus ojos ante el dramatismo de su padre y hermanos)

Así que me esforcé en empaparme, y vaya si mi resistencia mágica al agua me abandonó. También iba descalza, pues le había dado mis zapatos a Grover.

-Awa… (Chillaron burlonamente los semidioses) Ella le cedió las zapatillas que robo del parque… (Exclamaron divertidos)

-Por lo menos lo hice… (Argumento la más joven mirando a Annabeth) no como otras que alegaron tener pies sensibles… (Ironizo)

Annabeth se sonrojo. –Los tengo sesos de algas y lo sabes… (Le espeto)

-Lo que sea… (Murmuro en voz baja)

Mejor que los guardacostas se preguntaran por qué uno de nosotros iba descalza a por qué tenía pezuñas.

Los presentes rieron ante las ocurrencias de Persi, aunque admitían que tenía un punto.

Nos desplomamos sobre la arena y observamos la ciudad en llamas, recortada contra el precioso amanecer. Me sentía como si acabara de volver de entre los muertos; cosa que había hecho literalmente.

-Ni siquiera vamos a comentar sobre eso… (Murmuro Artemis sin gracia)

La mochila me pesaba por el rayo maestro, pero el corazón aún me pesaba más después de haber visto a mi madre.

-No puedo creerlo (Comentó Annabeth) Hemos venido hasta aquí para…

-Fue una trampa (Dije con desgana)

Yo lo sabía, pero aun así los guie hasta allí. Me sentía culpable, pudimos morir allá abajo.

¿Y todo para qué?

Nada. No había podido hacer nada.

-Una estrategia digna de Atenea. (Musite en concentración)

-¿Perdón? (Pidió Atenea indignada)

Las azabaches levantaron las manos en señal de rendición.

-Eh (Me advirtió)

-Pero ¿es que no entiendes?

Bajó la mirada y se sosegó.

-Sí. Lo entiendo. (Murmuro)

-¡Bueno, pues yo no! (Se quejó Grover) ¿Va a explicarme alguien…?

-Persi (Dijo Annabeth) Siento lo de tu madre. No te puedes imaginar cuánto…

Fingí no oírla. Si me ponía a hablar de mi madre, me echaría a llorar como una niña.

-Fuiste muy grosera. (Se quejó la rubia de ojos grises)

-Lo siento bebe… (Se disculpó la ojiverde mayor)

-La profecía tenía razón (Añadí) «Irás al oeste, donde te enfrentarás al dios que se ha rebelado.» Pero no era Hades. Hades no deseaba una guerra entre los Tres Grandes. Alguien más ha planeado el robo. Alguien ha robado el rayo maestro de Zeus y el yelmo de Hades, y me ha inculpado a mí por ser hija de Poseidón. (Suspire y me frote la cara) Le echarán la culpa a Poseidón por ambas partes. (Reí sin humor) Al atardecer de hoy, habrá una guerra en tres frentes. Y la habré provocado yo.

Grover meneó la cabeza, alucinado. Luego preguntó:

-¿Quién podría ser tan malvado? ¿Quién desearía una guerra tan letal?

No dije nada. ¿Qué podía decir? "Ho Grover ya sabes el rey de los titanes, el señor del tiempo. Él quiere traer la edad de oro a nuestro tiempo. Hacernos sus esclavos por la eternidad"

Los dioses se estremecieron. Los semidioses no estaban mejor.

Negué con la cabeza y mire a la calle.

Y ahí estaba, esperándonos.

-¿Cronos estaba allí? (Pregunto Hera con temor)

-No, no mamá… no era él. (Le aseguro Persi (M))

Enfundado en el guardapolvo de cuero negro y las gafas de sol, un bate de béisbol de aluminio apoyado en el hombro. La moto rugía a su lado, y el faro volvía rojiza la arena.

-Ares… (Gruñeron varios en la sala)

-Eh, princesa (Me llamó Ares, al parecer complacido de verme) Deberías estar muerta.

Gruñí ante el apodo. -Me has engañado (Le dije con desprecio) Has robado el yelmo y el rayo maestro.

Ares sonrió.

-Bueno, a ver, yo no los he robado personalmente. (Informo despreocupado) ¿Los dioses toqueteando los símbolos de otros dioses? (Negó con la cabeza) De eso nada. (Sonrió) Pero tú no eres la única heroína en el mundo que se dedica a los recaditos. (Se burló)

Los semidioses lo miraron con dagas en sus ojos. No les parecía agradable ser llamados sus niños del mandado, cuando más de una vez les salvaron el culo.

-¿A quién utilizaste? ¿A Claris? Estaba allí en el solsticio de invierno. (Pedí con un poco de demasiada curiosidad)

La idea pareció divertirle.

-No importa. (Negó) Mira, princesa, el asunto es que estás impidiendo los esfuerzos en pos de la guerra. (Me dijo en tono de regaño) Verás, tenías que haber muerto en el inframundo. (Informo) Entonces el viejo Alga se hubiese cabreado con Hades por matarte. Aliento de Muerto hubiera tenido el rayo maestro y Zeus estaría furioso con él. Pero Hades aún seguiría buscando esto… (Se sacó del bolsillo un pasamontañas, del tipo que usan los atracadores de bancos, y lo colocó en medio del manillar de su moto, donde se transformó en un elaborado casco guerrero de bronce)

-Ese no es tú plan… (Aseguro Atenea con convicción) eres demasiado idiota para algo tan elaborado… seguro y fue obra del retorcido del abuelo… (Acuso la diosa de la sabiduría)

Ares se encogió de hombros. –No me importa tú opinión. (Aseguro despreocupado)

-El yelmo de oscuridad (Dijo Grover, ahogando una exclamación)

-Exacto (Repuso Ares) A ver, ¿por dónde iba? Ah, sí, Hades se pondrá hecho un basilisco tanto con Zeus como con Poseidón, ya que no sabe cuál le robó el yelmo. Muy pronto habremos organizado un bonito y pequeño festival de lucha. (Celebro)

-¡Pero si son tu familia! (Protestó Annabeth)

-Si como si eso le importara… (Espeto Afrodita con frialdad)

Ares se encogió de hombros.

-Los enfrentamientos dentro de una misma familia son los mejores, los más sangrientos. No hay como ver reñir a tu familia, es lo que digo siempre. (Hablo en tono de conferencia)

-Me diste la mochila en Denver (Dije en busca de más información) El rayo maestro ha estado aquí todo el tiempo. (Espete)

-Sí y no (Contestó Ares) Quizá es demasiado complicado para tu pequeño cerebro mortal, pero debes saber que la mochila es la vaina del rayo maestro, sólo que un poco metamorfoseada. (Informo encogiéndose de hombros) El rayo está conectado a ella, de manera parecida a esa espada tuya, princesa. Siempre regresa a tu bolsillo, ¿no? (Inquirió)

-Ni siquiera te acerques a contracorriente… (Amenazo Zoe N, hablando en voz alta por primera vez desde que llego)

Ares solo rodo los ojos.

No estaba seguro de cómo Ares sabía aquello, pero supongo que un dios de la guerra suele estar informado sobre las armas.

Él dios asintió satisfecho con la observación.

-En cualquier caso (Prosiguió Ares) hice unos pequeños ajustes mágicos a la vaina para que el rayo sólo volviera a ella cuando llegaras al inframundo.

-¿Hice? (Murmuro Luke con sarcasmo en voz baja, nadie lo oyó, por suerte para él)

-De ese modo, si hubieses muerto por el camino no se habría perdido nada y yo seguiría en posesión del arma. (Dijo con arrogancia)

-Pero ¿por qué simplemente no conservaste el rayo maestro? (Pregunté curiosa) ¿Para qué enviarlo a Hades?

De repente Ares se quedó absorto y pareció estar escuchando una voz interior.

-Cronos… (Murmuraron los dioses)

-¿Por qué no…? Claro… con ese poder de destrucción… (Seguía absorto. Intercambié una mirada con Annabeth, pero de pronto Ares salió de su extraño trance) Porque no quería problemas. Mejor que te atraparan a ti con las manos en la masa, llevando el trasto.

-No es un trasto… (Murmuro Zeus con un tono helado)

-Mientes (Dije, dándome cuenta a quien pertenecía esa "voz interior") Enviar el rayo maestro al inframundo no fue idea tuya. (Asegure)

-Lo que dije… (Se regodeo Atenea)

-¡Claro que sí! (De sus gafas de sol salieron hilillos de humo, como si estuvieran a punto de incendiarse)

-Lo cabreaste… (Se burló Hermes) Ahora va a ir en modo tren de vapor… (Rió)

-Tú no ordenaste el robo (Insistí, probando su paciencia) Alguien más envió a un héroe a robar los dos objetos. (Asegure) Entonces, cuando Zeus te envió en su búsqueda, diste con el ladrón. (Proseguí) Pero no se lo entregaste a Zeus. (Negué) Algo te convenció de que lo dejaras ir. ¿No? (Acuse) Te dijo que te quedes los objetos hasta que alguien llegara y completara la entrega. (Reí con sarcasmo ante la mirada de asombro y nerviosismo de Ares, miraba el suelo, como si temiera que alguien salga a matarlo) La cosa del foso te está mangoneando. (Me burlé)

-¡Soy el dios de la guerra! ¡Nadie me da órdenes! ¡No tengo sueños! (Se defendió)

-Idiota… (Se burló Artemis) Nadie hablo nada de sueños… (Dijo con diversión)

Vacilé. Entonces me di cuenta de su desliz y mi confianza regreso.

-¿Quién ha hablado de sueños? (Inquirí con arrogancia)

Ares parecía agitado, pero intentó disimularlo con una sonrisa.

-Volvamos a lo nuestro, princesa. (Mis puños se cerraron por la rabia, odiaba cada vez más ser llamada princesa) Estás viva y no permitiré que lleves ese rayo al Olimpo. (Aseguro) Ya sabes, no puedo arriesgarme a que esos imbéciles testarudos te hagan caso. Así que tendré que matarte. Nada personal, claro. (Informo satisfecho de sí mismo)

-Ponle un dedo encima y Cronos será el menor de tus problemas. (Amenazo Poseidón)

Los demás dioses asintieron en acuerdo con el dios de los mares.

Chasqueó los dedos.

La arena estalló a sus pies y de ella surgió un jabalí, aún más grande y amenazador que el que colgaba encima de la cabaña 5 del Campamento Mestizo. El bicho pateó la arena y me miró con ojos encendidos mientras esperaba la orden de matarme.

De inmediato me metí en el agua.

-Pelea tú mismo conmigo, Ares (Lo desafié)

Los dioses estaban al borde de sus asientos, expectantes. Los semidioses solo esperaban a que comience el show de la humillación de Ares. Y Ares, digamos que el dios tenía una sonrisa satisfecha que hacía muy poco para ocultar.

Claro, eso es por ahora…

Se rió con cierta incomodidad.

-Sólo tienes un talento, princesa: salir corriendo. (Se burló) Huiste de Quimera. Huiste del inframundo. No tienes lo que hace falta. (Quiso humillarme)

-¿Asustado? (Inquirí inocentemente, haciendo oídos sordos a su comentario)

Frunció el ceño. -Qué tonterías dices. (Dijo queriendo parecer relajado, pero las gafas habían comenzado a fundírsele por el calor que despedían sus ojos) No me implico directamente. Lo siento, princesa, no estás a mi nivel. (Hablo arrogante)

-¿Le tienes miedo a una tonta semidiosa? (Inquirió Hércules incrédulo en voz alta)

Ares solo le dedico una mirada despectiva y volvió a prestar atención a la lectura, por primera vez quedarse tranquilo.

-¡Persi, corre! (Exclamó Annabeth con pánico)

El jabalí gigante cargó con sus afilados colmillos. Pero yo ya estaba harta de correr delante de monstruos. O de Hades, o de Ares, o de quien fuera. Así que destapé el boli y me aparté a un lado un segundo antes de que la bestia me atropellase, al tiempo que le lanzaba un mandoble. El colmillo derecho del jabalí cayó a mis pies, mientras el desorientado animal chapoteaba en el agua.

-Y así comienza… (Exclamo Leo entusiasmado, rebotando en su asiento)

-¡Ola! (Grité)

Una ola repentina surgió de ninguna parte y envolvió al jabalí, que soltó un mugido y se revolvió en vano. Al instante desapareció engullido por el mar.

Nadie hablaba, todos demasiado envueltos en la lectura.

Me volví hacia Ares.

-¿Vas a pelear conmigo ahora? (Le espeté con burla) ¿O vas a esconderte detrás de otro de tus cerditos?

Los dioses rieron. Los semidioses los hicieron callar con una mirada, no querían interrupciones.

Ares estaba morado de rabia.

-Ojo, princesa. Podría convertirte en… (Comenzó a amenazarme, pero yo estaba cansada de eso)

-…¿una cucaracha o una lombriz? Sí, estoy segura. Eso evitaría que pateara tu divino trasero, ¿verdad? (Interrumpí hablando condescendientemente)

Los semidioses sonrieron y se miraron divertidos, pero ninguno hizo ni un sonido. Los dioses inmaduros estaban tapando sus bocas para impedir que salga su risa, no querían enojar a los mestizos.

Las llamas danzaban por encima de sus gafas.

-No te pases, niña. Estás acabando con mi paciencia y te convertiré en una mancha de grasa. (Gruño)

-Si ganas, conviérteme en lo que quieras y te llevas el rayo (Propuse, Annabeth parecía querer arrancar mi cabeza) Si pierdes, el yelmo y el rayo serán míos y tú te apartas de mi camino. (Finalice tratando de sonar confiada)

Ares resopló con desdén y esgrimió su bate de béisbol.

Poseidón, Teseo y Orión cerraron los ojos suspirando.

-Vamos abuelo, tíos téngale un poco de fe a mamá… (Hablo Sophia en voz alta)

El rey de los mares y sus hijos asintieron.

-¿Cómo lo prefieres? ¿Combate clásico o moderno? (Inquirió curioso)

Le mostré mi espada.

-Para estar muerta tienes mucha gracia (Contestó, levante una ceja y bostece en señal de que su charla me aburría, un gruñido bajo escapo de lo profundo de su garganta) Probemos con el clásico. (Acepto con rabia)

Entonces el bate se convirtió en una enorme espada cuya empuñadura era un cráneo de plata con un rubí en la boca.

-Presumido… (Mascullo Afrodita con molestia)

-Persi, no lo hagas… (Me rogó Annabeth) Es un dios. (Recordó)

-Es un cobarde (Repuse con voz segura)

Ella tragó saliva y dijo:

-Por lo menos lleva esto, para que te dé suerte. (Se quitó el collar de cuentas y el anillo de su padre y me lo puso al cuello)

Luke miro a Annabeth incrédulo.

-Ho por los dioses Luke… Es obvio que Persi fue desde el principio más importante para Annabeth que tú… Supéralo… (Gimió frustrada Thalía)

El hijo de Hermes se cruzó de brazos y murmuro. –Lo que sea…

-Reconciliación (Añadió con una sonrisa y un beso en la mejilla) Atenea y Poseidón juntos.

Me ruboricé un poco, pero conseguí sonreír.

-Gracias. (Dije con sinceridad, frotando el anillo con cariño, mientras miraba a Annabeth intensamente, casi podía jurar que estábamos inclinándonos hacia la otra)

Piper estaba al borde de su asiento, expectante a las próximas palabras.

-Y toma este amuleto de la suerte (Terció Grover, haciéndonos saltar de distancia y me tendió una lata aplastada que llevaba en el bolsillo) Los sátiros estamos contigo.

-GROVER… (Grito un frustrada Piper) eres un…. Eres… Ugh… (No pudo terminar, demasiado irritada para hilar un pensamiento)

El sátiro se encogió en su asiento y escondió la cabeza detrás de Enebro… -Lo siento. (Grito en pánico aun detrás de su novia)

-Grover… no sé qué decir. (Hable un poco confundida, pero agradecida)

Piper bufó, aun molesta.

Me dio una palmada en el hombro, mientras me metí la lata en el bolsillo trasero.

-¿Ya has terminado de despedirte? (Ares avanzó hacia mí. El guardapolvo negro ondeaba tras él, su espada refulgía como el fuego al amanecer) Llevo toda la eternidad luchando, mi fuerza es ilimitada y no puedo morir. ¿Tú que tienes?

«Menos ego», pensé, pero no dije nada.

-Gracias a los dioses… (Exclamo exageradamente Nico) Por fin tienes un poco de conciencia…

Las azabaches se encogieron de hombros.

Mantuve los pies en el agua y me adentré un poco hasta que me llegó a los tobillos.

Volví a pensar en lo que Annabeth me había dicho hacía ya tanto tiempo: «Ares tiene fuerza, pero nada más. Y a veces la fuerza debe doblegarse ante la inteligencia.»

-Ese es uno de los secretos de mi éxito en tú contra… (Atenea se jacto, al ver un brillo de oportunidad en Ares, se apresuró a aclarar) Dije uno… aún tengo varios…

-Sabe lo todo insoportable… (Mascullo con molestia)

Atenea lo despidió como si no le importara su comentario.

Un mandoble dirigido a mi cabeza silbó en el aire, pero yo ya no estaba allí. Mi cuerpo pensaba por mí. El agua me hizo botar y me catapultó hacia mi adversario, y cuando bajaba descargué mi espada. Pero Ares era igual de rápido: se retorció y desvió con su empuñadura el golpe que debería haberle dado directamente en la cabeza.

Sonrió socarrón.

-No está mal, no está mal. (Dijo con aprobación)

Los semidioses estaban entusiasmados, rebotando en sus asientos. Los dioses estaban demasiado tensos para darse cuenta de nada, aparte de la lectura.

Volvió a atacar y me vi obligada a volver a la orilla. Intenté regresar al agua, pero Ares me cortó el paso y me atacó con tal fiereza que tuve que concentrarme al máximo para no acabar hecha trizas. Seguí retrocediendo, alejándome del agua, mi único territorio seguro. No encontraba ningún resquicio para atacar, pues su espada era más larga que Anaklusmos.

«Acércate (Me había dicho Luke una vez en nuestras clases de esgrima) Cuando tu espada sea más corta, acércate.»

Luke sonrió con aprobación.

Me metí en su campo de acción con una estocada, pero Ares estaba esperándolo. Me arrancó la espada de las manos con un brutal mandoble y me dio un golpe en el pecho. Salí despedida hacia atrás, ocho o diez metros. Me habría roto la espalda de no haber caído sobre la blanda arena de una duna.

Todos con excepción de Ares y Heracles hicieron una mueca de apatía. Los dioses mencionados anteriormente sonrieron con suficiencia.

-¡Persi! (Chilló Annabeth) ¡La policía!

Veía doble y sentía el pecho como si acabaran de atizarme con un ariete, pero conseguí ponerme en pie.

No dejé de mirar a Ares por miedo a que me partiera en dos, pero con el rabillo del ojo vi luces rojas parpadear en el paseo marítimo. Se oyeron frenazos y portezuelas de coche.

-¡Están allí! (Gritó alguien) ¿Lo ve?

Una voz malhumorada de policía:

-Parece esa niña de la tele… ¿Qué mierda…?

-Uff… seguro y solo van a empeorarlo todo… (Se quejó Will)

Los semidioses asintieron en acuerdo.

-Va armada (Dijo otro policía) Pide refuerzos.

-Lo que dije… (Murmuro el semidios de Apolo)

-Nadie estuvo en desacuerdo contigo Will. (Se burló Connor)

Will se volvió un profundo tono de rojo.

Rodé a un lado mientras la espada de Ares levantaba arena.

Corrí hacia mi espada, la recogí y volví a lanzar una estocada al rostro de Ares, quien volvió a desviarla. Parecía adivinar mis movimientos justo antes de que los ejecutara.

Corrí hacia el agua, obligándolo a seguirme.

-Admítelo, princesa (Gruñó Ares) no tienes ninguna posibilidad. Sólo estoy jugueteando contigo.

Mis sentidos estaban haciendo horas extra. Entendí entonces lo que Annabeth me había dicho sobre que el THDA te mantenía viva en la batalla.

Estaba totalmente despierta, reparaba en el más mínimo detalle. Veía cómo se tensaba Ares e intuía de qué modo atacaría. Asimismo, en todo momento era consciente de que Annabeth y Grover se hallaban a diez metros a mi izquierda. Un segundo coche de policía se acercaba con la sirena aullando. Los espectadores, gente que deambulaba por las calles a causa del terremoto, habían empezado a arremolinarse. Entre la multitud me pareció ver algunos que caminaban con los movimientos raros y trotones de los sátiros disfrazados.

-Eso es estar demasiado alerta… (Dijo Hera frunciendo el ceño)

-Guerrera natural. (Confirmo Artemis)

También distinguía las formas resplandecientes de los espíritus, como si los muertos hubieran salido del Hades para presenciar el combate. Oí un aleteo coriáceo por encima de mi cabeza.

Más sirenas.

-Tus sentidos van a abrumarte… (Advirtió Atenea)

-No. (Negó Annabeth) ha Persi eso solo la hace concentrarse más. Estar más alerta… (Informo con orgullo)

Me metí más en el agua, pero Ares era rápido. La punta de su espada me rasgó la manga y me arañó el antebrazo.

Teseo y Orión fruncieron el ceño, sus manos se agarraron a los apoya brazos de sus asientos.

Una voz ordenó por un megáfono:

-¡Tirad las escopetas! ¡Tiradlas al suelo! ¡Ahora!

¿Escopetas?

Miré el arma de Ares, que parecía parpadear: a veces parecía una escopeta, a veces una espada. No sabía qué veían los humanos en mis manos, pero estaba segura de que, fuera lo que fuese, no iba a ganarme muchas simpatías.

-¿Cuándo las tuviste? (Se burló Thalía con malicia)

Persi (M) le saco la lengua.

-Muy madura… (Murmuro la ojiazul)

La azabache mayor se encogió de hombros.

Ares se volvió para lanzar una mirada de odio a nuestro público, lo que me dio un respiro. Había ya cinco coches de policía y una fila de agentes agachados detrás de ellos, apuntándonos con sus armas.

-¡Esto es un asunto privado! (Aulló Ares) ¡Lárguense!

Hizo un gesto con la mano y varias lenguas de fuego hicieron presa en los coches patrulla. Los agentes apenas tuvieron tiempo de cubrirse antes de que sus vehículos explotaran. La multitud de mirones se desperdigó al instante.

-Eso fue totalmente innecesario Ares. (Exclamo escandalizada Hestia)

Ares asintió con renuencia y bajo la cabeza.

Ares estalló en carcajadas.

-Y ahora, heroína de pacotilla, vamos a añadirte a la barbacoa. (Amenazo)

-Si claro… como si pudieras… (Mascullo Leo con burla)

Atacó. Desvié su espada. Me acerqué lo suficiente para alcanzarlo e intenté engañarlo con una finta, pero paró el golpe. Las olas me golpeaban en la espalda. Ares estaba ya sumergido hasta las rodillas.

Sentí el vaivén del mar, las olas crecer a medida que subía la marea, y de repente tuve una idea.

Thalía y Nico gimieron y se estremecieron.

-No soy tan mala. (Se quejaron las azabaches al unísono)

«¡Retrocede y aguanta!», pensé, y el agua detrás de mí así lo hizo.

Estaba conteniendo la marea con mi fuerza de voluntad, pero la presión aumentaba como la de una botella de champán agitada.

Ares se adelantó, sonriendo y muy ufano de sí mismo.

Bajé la espada fingiendo agotamiento.

«Espera, ya casi está», le dije al mar.

-Ahora habla con el mar… (Se burló Jasón divertido)

-Tú estás celoso de que mi poder es más fresco. (Dijo Persi (M) con suficiencia)

-No… (Negó) mi poder es más fresco. (Se jacto el rubio)

-¿Thals verdad que mi poder es más fresco? (Pidió la azabache a su prima con una sonrisa de hoyuelos)

-No, Thalía dile… (Dijo mirando a su hermana)

La teniente de Artemisa le envió una mirada de disculpa a su hermano, que suspiro con resignación al imaginar la respuesta.

-El poder de Persi es más fresco Jessi… (Hablo Thalía con seriedad)

Persi celebro exageradamente he hizo un baile de la victoria frente a Jasón que en un principio frunció el ceño, pero rápidamente sonrió divertido ante las payasadas de su prima.

La presión ya parecía incontenible. Ares levantó su espada y en ese momento dejé ir la marea. Montado en una ola, salí despedida bruscamente por encima del dios.

Un muro de dos metros de agua le dio de lleno y lo dejó maldiciendo y escupiendo algas. Aterricé detrás de él y amagué un golpe a su cabeza, como había hecho antes. Se dio la vuelta a tiempo de levantar la espada, pero esta vez estaba desorientado y no se anticipó a mi truco. Cambié de dirección, salté a un lado y hendí Anaklusmos por debajo del agua. Le clavé la punta en el talón.

Los dioses y semidioses rieron.

-Ouch… (Gimieron Apolo y Hermes con burla)

-Cállense… (Espetó con rabia)

El alarido que siguió convirtió el terremoto de Hades en un hecho sin relevancia. Hasta el mismo mar se apartó de Ares, dejando un círculo de arena mojada de quince metros de diámetro. Icor, la sangre dorada de los dioses, brotó como un manantial de la bota del dios de la guerra. Su expresión iba más allá del odio. Era dolor, desconcierto, imposibilidad de creer que lo habían herido.

-Vamos no es tan difícil de creer… es mi hija… (Se jacto Poseidón)

-Guarda que tú cabeza no se haga más grande Poseidón… (Advirtió Atenea con malicia)

El dios de los mares la despidió con la mano despectivamente como si su comentario nunca hubiese salido de los labios de la diosa.

Cojeó hacia mí, murmurando antiguas maldiciones griegas, pero algo lo detuvo. Fue como si una nube ocultase el sol, pero peor. La luz se desvaneció, el sonido y el color se amortiguaron, y entonces una presencia fría y pesada cruzó la playa, ralentizando el tiempo y bajando la temperatura abruptamente.

"Cronos" pensé como un escalofrío me recorrió y sentí que en la vida no había esperanza, que luchar era inútil.

Los dioses hicieron una mueca y se estremecieron, como si también lo hubiesen sentido.

La oscuridad se disipó.

Ares parecía aturdido.

Los coches de policía ardían detrás de nosotros. La multitud de curiosos había huido. Annabeth y Grover estaban en la playa, conmocionados, mientras el agua rodeaba de nuevo los pies de Ares y el icor dorado se disolvía en la marea.

Ares bajó la espada.

-Tienes un enemigo, diosecilla (Me dijo) Acabas de sellar tu destino. Cada vez que alces tu espada en la batalla, cada vez que confíes en salir victoriosa, sentirás mi maldición. Cuidado, Persephone Jackson. Mucho cuidado. (Advirtió)

-Maldito desgraciado… (Bramo Poseidón, enviando una ola del ártico al dios de la guerra) te conviene no hacerlo de nuevo en el futuro Ares… esa maldición es una sentencia de muerte para una semidiosa.

-Lo prometo tío. (Aseguro Ares temblando un poco por el frío)

Su cuerpo empezó a brillar.

-¡Persi, no mires! (Gritó Annabeth, cerrando sus propios ojos)

Aparté la cara mientras el dios Ares revelaba su auténtica forma inmortal.

De algún modo supe que si miraba acabaría desintegrado en ceniza.

Los dioses asintieron en acuerdo.

El resplandor se extinguió.

Volví a mirar. Ares había desaparecido. La marea se apartó para revelar el yelmo de oscuridad de Hades. Lo recogí y me dirigí hacia mis amigos, pero antes de llegar oí un aleteo. Tres ancianas con caras furibundas, sombreros de encaje y látigos fieros bajaron del cielo planeando y se posaron frente a mí.

La furia del medio, la que había sido la señora Dodds, dio un paso adelante. Enseñaba los dientes, pero por una vez no parecía amenazadora.

Más bien parecía decepcionada, como si hubiera previsto comerme aquella noche y luego hubiese decidido que podía resultar indigesto.

-Seguro era decepcionada de no poder tenerte en sus garras… (Pensó Nico en voz alta)

-Lo hemos visto todo (Susurró) Así pues, ¿de verdad no has sido tú?

Le lancé el casco, que agarró al vuelo, sorprendida.

-Devuélvele eso al señor Hades (Dije con voz segura) Cuéntale la verdad. Dile que desconvoque la guerra. (Ordene)

Vaciló y la vi humedecerse los labios verdes y apergaminados con una lengua bífida, mientras me miraba de arriba a abajo, deteniéndose en mis regiones privadas demasiado tiempo. Me estremecí, un poco disgustada.

-¿Seriamente? ¿Incluso una furia? (Pidió Artemis con rabia, chispas de plata destellando de sus dedos, cosa extraña)

-Créeme no podía creerlo tampoco y yo estaba allí. (Dijo Annabeth de mala gana)

-Vive bien, Persi Jackson. Conviértete en una auténtica heroína. Porque si no lo haces, si vuelves a caer en mis garras… (Volvió a recorrer mi cuerpo con una mirada hambrienta)

Estalló en carcajadas, saboreando la idea. Después las tres hermanas levantaron el vuelo hacia un cielo lleno de humo y desaparecieron.

Artemis y Annabeth tenían los ojos cerrados, su respiración entrecortada. Las azabaches se movieron un poco más lejos de sus amantes, por miedo a represarías.

Grover y Annabeth me miraban aturdidos.

-Persi… (Dijo Grover) Eso ha sido alucinante…

-Ha sido terrorífico (Terció Annabeth temblando)

-¡Ha sido genial! (Se obstinó Grover)

Yo no me sentía aterrorizada, pero tampoco me sentía genial. Estaba agotada y me dolía todo.

-Usaste una gran cantidad de poder para retener el agua, bebe una botella de agua y estarás mejor. (Aconsejo Teseo)

Las azabaches así como sus hijos asintieron.

-¿También sintieron eso…? (Pregunté con curiosidad)

Los dos asintieron, inquietos.

-Deben de haber sido las Furias (Dijo Grover)

Pero yo estaba segura de que no. Cronos había evitado que Ares me matara.

Observé a Annabeth, y cruzamos una mirada de comprensión. Supe entonces qué ella se había dado cuenta, tendría que hablar con ella más tarde.

Le pedí la mochila a Grover y miré dentro. El rayo maestro seguía allí.

Vaya aparatijo que casi provoca la Tercera Guerra Mundial.

-No es un aparatijo… (Se quejó Zeus abrazando se rayó)

-Claro… (Murmuro Hera con burla)

-Tenemos que volver a Nueva York (Dije) Esta noche.

-Eso es imposible (Contestó Annabeth) a menos que vayamos…

-… volando (Completé)

Se me quedó mirando. -¿Volando?… ¿Estás loca? ¿Te refieres a ir en un avión, sabiendo que así te conviertes en un blanco fácil para Zeus si éste decide reventarte, y además transportando un arma más destructiva que una bomba nuclear? (Inquirió con incredulidad)

-Sí (Conteste simplemente y comencé a caminar hacia la carretera) Más o menos eso. Vamos. (Alenté)

-Esto es una mala idea… (Se quejó Annabeth pero me siguió de todos modos)

-Eso es todo… (Finalizo Apolo) Tengo hambre… (Exclamo poniéndose de pie)

-Siéntate… (Ordeno Hera) solo quedan dos capítulos para terminar el primer libro… (Informo) luego almorzamos…

-Uff… bien... ¿Quién sigue? (Pidió con impaciencia)

-Yo quiero… (Pidió Will a su padre, quien rápidamente le mando el libro) Mmm bien… el título es… Saldando cuentas pendientes…