Bueno…le contamos la verdad -pero no TODA la verdad- a los suegros. ¿Apostáis?

Gracias por leer y dejad RW!

Y sobre el reto de Tracy, dadme vuestra opinión. Chao!

GRINGOTTS, GRINGOTTS

Draco y Sylvain estaban apretadamente enroscados el uno en el otro, profundamente dormidos, cuando tocaron estruendosamente en la puerta de la habitación de Draco. Somnoliento, el rubio se desenredó cuidadosamente del abrazo de su aun adormilado prometido…Mhh, prometido…El pensamiento puso un mohín de jactanciosa suficiencia en los labios de Draco, que depositando un casto beso en la frente de un agotado Sylvain, se envolvió apresuradamente en lo que quedaba de una de las sábanas y salió del dormitorio para abrir la puerta de su saloncito personal. Su madre, que estaba rebotando insistentemente sobre las puntas de los pies como una niña pequeña, vestida en su mejor camisón y cubierta con una espléndida túnica de levantar, le abrazó y de inmediato le apartó, torciendo la nariz:

-¡Eh Draco! ¡Apestas!

Rodando los ojos y constatando lo obvio, el rubio murmuró:

-Buenos días madre. Acabo de levantarme. Me has despertado tú, de hecho.

Empujándole hacia el interior de la habitación e ignorando su semidesnudo estado, Narcissa exclamó jovialmente y dejando ir risita un tanto infantil mientras sus mejillas se coloreaban suavemente:

-¡Ah, esta juventud! Ya veo que has pasado una buena noche, mi pequeño Dragón…¿Sylvain puede mantener tu ritmo? ¿Necesita algún tipo de atención médica?

-¡Mamá!

Draco exclamó con indignación, mientras cruzaba los brazos ante el pecho, los hombros cubiertos de marcas de chupetones y mordiscos, dedicando una mirada asesina a una para nada discreta Narcissa. Con una nueva risilla cantarina, la mujer exclamó dándole un ligero azote en el trasero:

-¡Vamos! ¡Arréglate! Hace tanto que tu padre no sale de estos muros que quiero disfrutarlo al máximo.

Refunfuñando sobre madres inoportunas e impertinentes, el rubio se deshizo de Narcissa, mientras esta preguntaba desde el otro lado de la puerta que había pasado con sus sabanas favoritas. ¡Ja! ¡Como si no fuese obvio! Duchados, vestidos y nuevamente adecentados y presentables, se reunieron con Lucius en el saloncito de té, el lugar favorito de Narcissa para charlas familiares, a tomar un necesitado desayuno. Tras despedir a Sylvain, que dejó la mansión hacia el banco vía red flu, los tres Malfoy sujetaron entre todos el grueso pergamino de la carta encantada. Con un ¡woosh! fueron succionados y depositados en la entrada del banco, donde un par de Aurores malhumorados se aproximó a Lucius, apretando las mandíbulas. Dighorn, un duende de agudos dientes y gesto mal encarado, hizo una apenas insinuada inclinación de cabeza ante Lucius y murmuró:

-Por aquí, Lucius Malfoy.

Al llegar ante una de las puertas que daban acceso a los despachos y salones de reuniones y actos del banco, el duende gruñó, dando paso a Lucius y su familia:

-Solo los citados y familiares directos a partir de este punto.

Y les cerró la puerta en las narices a los dos aurores. Tras recorrer varios pasillos, el duende les condujo a un amplio despacho donde Sylvain aguardaba, charlando animadamente con un par de duendes. Dighorn sacó varios papeles y pinchó a Lucius con una mágica pluma verificadora en la yema de un dedo, y tras observarla relucir un momento, depositó el afilado instrumento de escritura en su mano.

-Firme aquí, Sr. Malfoy. La cámara 3542 de alta seguridad le ha sido donada por Henry Sylvain Fremont. Su contenido actual asciende a un galeón, un sickle y un knut. Además de varios fardos de pieles de dragón curtida y sin cortar. ¿Desea mantener la cámara a su nombre o reubicar su contenido?

Tras meditarlo un momento, Lucius murmuró:

-Iguales medidas de seguridad, y nueva cámara para el dinero. Ambas con titularidad conjunta a partes iguales para mi esposa Narcissa y mi hijo Draco, reservándome derechos de acceso, depósito y retirada en ambas. Depósito inicial de 5000 galeones en metálico y nuevas rentas procedentes de las inversiones de la dote de Narcissa.

El duende enseñó la dentadura en un gesto complacido y a un chasquido de sus dedos un nuevo triple set de papeles y plumas apareció en la mesa. Nuevos pinchazos y los nuevos propietarios firmaron los documentos de gestión de sus nuevas cámaras. Cada cambio de cámara suponía una dificultas mas para que el Ministerio pudiese trazar el origen del dinero. Guardando todos los papeles, el duende miró con curiosidad a Sylvain, a Draco, a Narcissa y finalmente a Lucius y murmuró, entrecruzando los largos y ganchudos dedos rematados en uñas como garras:

-Bien…resuelta la justificación legal precisa, pasemos al auténtico motivo de su visita, Sr. Malfoy. Ritter Von Sylvain Egmont Henry Fremont, nos ha informado de su reciente vinculación y compromiso con su hijo Lord Draco Lucien Malfoy Black, y de su deseo de hacerle conocedor de que es el actual proveedor de nuestras más especiales medidas de seguridad. Por supuesto, toda información concerniente al Sr. Fremont es absoluta y estrictamente confidencial. Nada de lo que se revele puede ser comunicado en modo alguno a nadie. Hemos tomado las precauciones necesarias para asegurar el anonimato de nuestro proveedor y cliente. También deseamos congratular a su familia y a su hijo en la singularmente venturosa y propicia ocasión, y deseamos que el oro fluya siempre en sus arcas. La familia Malfoy ha aceptado la más ventajosa de las nupcias, con un cónyuge de riquezas tan extensas como las suyas.

Y depositó un resumen del valor de las propiedades y activos de Sylvain en manos de un boquiabierto Lucius, antes de dejarles a solas. Sin palabras, y tras ojear la escandalosamente alta cifra del total, Lucius tragó saliva y murmuró:

- Ritter Von Sylvain…Sylvain, yo solo quería proteger a mi hijo…

El moreno inclinó la cabeza y murmuró:

-Y por eso puedo entenderle…y empezar de nuevo…Sylvain Fremont…

Y tendió la mano. Y Lucius la estrechó con una muy tenue sonrisa, murmurando calladamente:

-¡Hay que joderse! ¡Nunca lo hubiera imaginado!

Con una sincera risa, y mientras Narcissa le daba un manotazo a su esposo, Sylvain abrió una puerta y les condujo hasta los carritos, donde un duende les llevó en una cabalgada infernal hasta los más profundos niveles de las cámaras de alta seguridad del banco. Un gran túnel se abría ante ellos, y Sylvain caminó con confianza, seguido de los Malfoy, mientras el duende permanecía junto al carrito. El poco iluminado túnel se abría en una igualmente penumbrosa gran caverna, el piso rugoso y la parte inferior llena de varias hileras de puertas numeradas, accesibles por escaleras y pasillos metálicos, con una gran cornisa superior de piedra. Y en el centro, un dragón. Un dragón vivo y completamente libre.

El imponente animal, un joven macho de gales verde común de unas tres toneladas de peso, rugió amenazadoramente poniéndose en pie al verles, y un coro de nuevos rugidos respondió en las partes altas de la gruta. Desde la rocosa cornisa cercana al techo, surgieron una a una las cabezas de varios dragones más, todos ellos arrojando humo por las narinas, gruñendo y mirando atentamente a los intrusos, mientras su hermano de raza desplegaba parcialmente las alas. Lucius retrocedió un paso y tragó saliva, Narcissa se llevó la mano al pecho desprovista de todo color…y Draco contuvo la sonrisa que amenazaba con romper su cara, aunque la parte más posesiva y protectora de su naturaleza asomó en sus plateados ojos asaeteando al dragón con una fulminante mirada de advertencia. Sylvain se despojó de su túnica y su camisa, avanzó un par de pasos y desplegó sus alas, rugiendo suavemente. Y el dragón parpadeó y bajó dócilmente la cabeza en una grácil reverencia, su enorme morro olfateando con curiosidad mientras sus hermanos bufaban y se agitaban como inquietos cachorrillos en la cornisa. Palmeando las durísimas y brillantes escamas bajo la enorme barbilla, Sylvain se giró y extendiendo las manos murmuró mientras los dragones olfateaban ruidosamente:

-Bienvenidos a mis cámaras privadas.

Lucius cerró la boca secamente y miró de nuevo al dragón que frotaba su cabezota contra el costado de Sylvain como un…gigantesco y extraño perrito, las enormes alas desplegadas parcialmente y murmuró:

-¡Merlín bendito! Eres…un dragón!

Sylvain murmuró suavemente:

-Alberich dice que hace muchos, muchos siglos desde que su raza conoce de la existencia de otros que en gran medida son como yo. Tiempos de alianzas forjadas entre diversos individuos de diversas razas, y las de los dragones…sellada en descendencia híbrida…Los elfos llamaron a estas criaturas y sus descendientes Sönhe des Drachen, o simplemente Drachen, los Hijos del Dragón… Según sus registros, después de la caída de Merlín y la rotura de la Alianza con los Dragones, los escasos Drachen supervivientes en el mundo mágico desaparecieron…cambiaron de nombre, se trasladaron y ocultaron su naturaleza. Y sí, soy parte dragón.

Lucius miró a su hijo mientras con el rabillo del ojo mantenía parte de su atención en el moreno que acariciaba como si tal cosa al dragón y masculló:

-Draco…¿Estás seguro de esto?

El rubio asintió y avanzó, tendiendo la mano hacia el dragón con gran confianza. Sylvain nunca dejaría que le sucediese nada. No si podía evitarlo...Su mano rozó las relucientes y duras escamas y el animal ronroneó como un gran y extraño…gato, el casi inaudible siseo de Sylvain ahogado por el ronco sonido. Con una sonrisa, aun acariciando al galés, Draco murmuró:

-Por completo, padre.

Lucius sacudió la cabeza a un lado y otro y suspiró pesadamente.

-Es cuanto necesito saber.

Y se dio media vuelta, aun tratando de conciliar sus turbulentas emociones y racionalizar sus encontrados pensamientos.

HP&DM

Mientras Lucius y Narcissa se retiraban, Sylvain comenzó un breve tour en sus dominios. Draco contempló impresionado la cantidad de protecciones que defendían aquellas cámaras, sin contar el nido de dragones. Capas sobre capas y aun más capas de toda clase de defensas y barreras mágicas, rúnicas, de los duendes…e incluso si no se equivocaba, extrañas protecciones que debían proceder de los dragones…El rubio reprimió un escalofrío. Era como estar delante del equivalente a un transformador de alta tensión muggle. El zumbido de la enorme cantidad de magia le erizaba los cabellos. Incluso a él le impresionaba caminar por delante de aquellas puertas. Nadie que no debiera estar allí iba a poner un pie siquiera cerca de aquellas puertas…No sin ser achicharrado, asfixiado, castrado, eviscerado, desmembrado y despedazado simultáneamente; todo ello después de haberse vuelto loco de múltiples maneras, perdido por completo los sentidos y la memoria, y sus restos – si quedaba algo- finalmente enviados a las más negras profundidades del Averno.

Sylvain se situó frente a una pesada puerta de acero, y con una semisonrisa, situó su palma justo en el centro de la puerta, sobre una roseta, que tras darle un ligero pinchazo en la mano, se abrió con sonido de succión. Girando silenciosa sobre sus goznes, la pesada puerta les dio acceso a una sala que podría haber quedado bien en la caja fuerte de Tiffanys. Vitrinas y expositores de todas clases cubrían las paredes y formaban pasillos, mostrando las joyas que reposaban expuestas detrás de sus cristales. Bandejas de anillos y pulseras, estantes de collares y toisones, repisas llenas de colgantes, pendientes, pisacorbatas y gemelos, broches, y alfileres… Draco parpadeó asombrado. Cada joya tenía una pequeña etiqueta identificativa. Y Sylvain se deslizó entre las vitrinas, en busca de una pieza en concreto. Aun mirando apreciativamente a su alrededor, el rubio se detuvo cuando Sylvain se giró hacia él con un sello entre las manos.

-Me gustaría que aceptases y lucieses este anillo, Draco.

Los ojos plateados miraron al pequeño objeto, un antiguo y repujado sello masculino de platino con un ágata verde trabajada en forma de serpentino dragón rodeada de pequeños diamantes, una diminuta esmeralda incrustada a modo de ojo. El sello de los Herederos de la Casa Black. Tomando en sus manos la joya familiar, Draco murmuró alzando la vista hasta encontrar la mirada de Sylvain:

-¿Cómo es posible? El anillo…se había perdido…con él…

-Lo encontré…regresé a buscar a Régulus…o al menos, los restos de su cuerpo… le di sepultura discretamente en la tumba vacía de Sirius y cambié la inscripción…Incineré todo…a todos los demás…

Draco contempló la mirada de helado horror que flotó por un momento en los verdes ojos, y su estomago se contrajo al pensar en el olvidado ejercito de inferis, descomponiéndose poco a poco, sumergidos en el helado lago subterráneo. Recobrándose, el rubio murmuró suavemente:

-No puedo aceptarlo, Sylvain…este anillo debe ser para uno de nuestros hijos…cuando los tengamos.

Meneando la cabeza con amargura, y acariciando la mejilla de Draco, Sylvain murmuró:

-Y algún día lo será. Tendrás unos hijos preciosos, Draco. Pero yo no necesito ni quiero ese título y antes de que protestes, ya he firmado los papeles para cedértelo legalmente. Después de todo, a nadie va a extrañarle que tú lo ostentes. Pero ahora mismo, quisiera que lo lucieras, como mi anillo de compromiso, si quieres tomarlo así. Draco…solo hasta la boda…por favor…

El rubio veela susurró suavemente, deslizando el sello en el dedo corazón de su mano derecha y depositándola sobre la mejilla del moreno:

-Pero tú cabezota, vas a dejar de decir tonterías sobre ti mismo y nuestros hijos.

Sylvain fue a replicar pero la mano se deslizó sobre sus labios, sellando su boca y una mirada severa se instaló en los ojos de plata del semiveela. Ya había habido bastante de esa absurda autodepreciación:

-¡Tonterías! ¿O acaso no has escuchado las palabras de Alberich y de Janja? Los Drachen originales tuvieron descendencia entre sí, y también con magos, veelas, vampiros e incluso con los elfos. Hijos fuertes y sanos, que heredaron sus cualidades. ¿Por qué habrías de ser diferente?

Dispuesto a dejar claro de una vez por todas el asunto, el rubio dio un paso al frente, cogiéndole con ambas manos de la larga melena, y casi rozando la frente con él, Draco murmuró vehemente:

-Sin discusión. Ninguna. Janja, la matriarca de las veelas y su mejor sanadora dice que tu sangre y la mía son perfectamente compatibles. Como debe ser, por supuesto. Somos compañeros, no?. ¡Que tu recuento espermático sea casi nulo no significa que hay nada malo en ti! ¡Eso es por completo culpa del idiota de Albus, por la forma en que te cambió!.

Sylvain se estremeció y siseó entre dientes, como si le hubiese aplicado un hierro candente en la piel. Cualquier mención de su identidad pasada era indeseable y muy dolorosa para él. Pero Draco no se arredró ante los dolientes ojos, ni la intensa agonía que emanaba de él.

-¡Podemos usar diversas pociones y madres subrogadas, por Merlín bendito!

Sylvain se encogió ante las palabras, sus ojos reflejando un miedo impreciso pero no menos real. Casi sin aliento susurró muy débilmente, sus ojos reluciendo en la suave luz de la cámara:

-Ningún niño merece pasar por…no quiero que sufran… lo que yo…

"Ah…Así que ese era el quid de la cuestión…" Suspirando profundamente y depositando un beso en frente de Sylvain, Draco murmuró:

-Sylvain…nuestros hijos van a ser los niños más anhelados, queridos e idolatrados de la historia. Y crecerán sabiendo lo que son sus padres. Ambos. Sabrán que uno de ellos es parte veela, y que el otro es…un Drachen. O algo muy parecido a un Drachen. Les educaremos y enseñaremos a ser los mejores magos y a entender y vivir con los poderes, todos los poderes derivados de su herencia. Y serán felices. Te doy mi palabra.

Con un tono abatido y una expresión que se debatía entre la temblorosa esperanza y el arraigado miedo, Sylvain susurró:

-No puedes prometerme eso…nadie puede.

Draco suspiró y deposito un suave beso en sus labios y murmuró:

-Soy un Malfoy, y te aseguro que no pienso desdecirme de mi palabra.

Sylvain le abrazó y los brazos de Draco se enlazaron con calidez en torno a su cintura, mientras el moreno descansaba su cabeza en el hombro del joven veela y suspiraba casi inaudiblemente. No era la primera vez que el moreno había expresado su negativa a ser padre biológico por miedo a transmitir su condición a sus hijos. Pero era la primera en que voceaba su temor por la felicidad de los mismos. Con la convicción de que sus palabras eran ciertas Draco continuó acariciándole suavemente la espalda y añadió:

-Sylvain…siempre he sabido que tenía sangre veela, y eso no me ha hecho sentirme desdichado. Diferente en algunas cosas, si, pero no infeliz. La noche en que los Carroñeros te trajeron a Malfoy Manor…desde antes de entrar en la habitación ya sabía quién eras. No me hizo falta mirarte…tu olor era más que de sobra familiar. Pero la mera idea de delatarte…era como si un puñal se clavase en mi corazón. Deseé con todas mis fuerzas ser una verdadera veela esa noche, para poder convertir en cenizas a todo aquel que osase siquiera mirarte mal. Jamás me he sentido tan impotente ni tan asustado. Si había tenido alguna duda de que te amaba, cesaron ahí. Y luego más tarde…entre las llamas de la habitación del Requerimiento…no he visto nunca nada tan magnífico como tú, la cara cubierta de sudor y hollín, emergiendo en aquella vieja escoba entre el humo… retrocediendo para salvarme…a mí… Fue la primera vez que te tuve entre mis brazos…y aunque fuese cruzando aquel infierno de Fuego Maldito, nunca olvidare la sensación de pertenencia, paz y seguridad.

El moreno suspiró, giró su cabeza en busca del cuello de Draco y mordisqueó suavemente su piel. Sin resistencia, el rubio movió apenas la cabeza y flexionó el cuello, dando el mejor acceso posible y tras unos suaves lametones, Sylvain hundió los colmillos en su yugular en busca de una segura fuente de calma y consuelo. Tras sellar las diminutas heridas y lamerse cuidadosamente los labios, el moreno murmuró irguiéndose lentamente aún entre los brazos de Draco:

-Supongo que tendré que confiar en la palabra de un Malfoy…

Besándole con afecto, Draco susurró:

-Mas te vale, vas a casarte con uno.

Con una sonrisa y de mucho mejor humor, Sylvain, con Draco a la zaga, continuó buceando entre los tesoros de su "joyero" personal a la caza de los regalos perfectos para sus suegros. Armado con un magnifico y carísimo conjunto engastado en platino de perlas negras de Tahití para cada uno de ellos – gargantilla, collar, dos pares de pendientes, varios broches para vestido y sujeta capas, alfileres para el pelo o el sombrero, diadema, peinecillo para el cabello, pulsera y anillo para Narcissa; pisa corbatas, alfiler de corbata, gemelos, torque, guardapelo, varios sujeta capas, una botonadura de gala, un clip para recoger el pelo y un menat –collar placa que cubre el pecho- de duelo de acero bañado en platino para Lucius – y algunas "chucherías" mas que fue depositando en las manos de Draco –su propio aunque más reducido conjunto de la mejor plata con crisoberilo ojo de gato color gris, simplemente porque le recordaba el color de sus ojos y un discreto sello de electrum blanco (N. ón natural de oro y plata en proporciones variables con trazas de otros metales ) con una rara fluorita negra (N.A. Miren las propiedades de la fluorita!) el moreno dio por finalizada la excursión entre las hileras de vitrinas suavemente iluminadas.

Lucius y Narcissa recibieron con agrado los espléndidos obsequios, (N. perlas negras de Tahití son muy raras y por tanto, carísimas. ¡Yo me conformaría con una!) y la dama alborotó como una colegiala al ver los de Draco…y especialmente el anillo del Heredero Black. Durante el acelerado paseo en carrito de regreso a la zonas más habitables y confortables del banco, Narcissa lloró unas sinceras lagrimitas y Lucius se sintió impresionado. Entregar a su hijo el anillo de la Noble y Antigua Casa Black…eso puso definitivamente a Sylvain muy por encima de cualquier resquicio de duda o recelo sobre la relación que pudiera quedarle. Ya en un confortable saloncito, los duendes les agasajaron un delicioso almuerzo, una selección de delicatessen procedentes de los mejores restaurantes. Y con dulces, té, café o licores para endulzar el paladar, comenzaron a discutir de negocios.

SYLVAIN & DRACO DRACO & SYLVAIN

Siendo Sylvain quién era, y dada su naturaleza, le había sido imposible consentir por más tiempo la esclavitud de sus hermanos y hermanas en el banco, o su conversión en ingredientes de pociones. Así que tan pronto como el polvo de las batallas se asentó, el idolatrado Harry Potter – en ese tiempo, aun ostentaba esa personalidad – se enfrentó a los airados duendes. La nación de los duendes estaba enfadada, furiosa - y no sin cierta razón – con él, por la destrucción de bóvedas y el robo de la copa de Hufflepuff. Y querían presentar cargos contra él, pese a la insistencia del Ministerio en condonar sus actos. Pero tras una ardua y larga negociación – en la que liberales cantidades de veritaserum, el uso de un pensadero y otros medios garantizaron la credibilidad de todas las partes – los duendes aceptaron a regañadientes que realmente la copa había sido depositada ilegítimamente por Bellatrix en sus arcas.

En Gringotts no se podían guardar objetos perecederos, aunque no se consideraban tales los ingredientes de pociones envasados en recipientes imbuidos de hechizos preservadores, ni por supuesto seres vivos, fantasmas y espíritus, ni cualquier clase de objeto o artefacto que pusiese en peligro o permitiesen la vulneración de la seguridad del banco y ciertamente, un Horcrux entraba de lleno en varias de esas categorías. Pero eso no justificaba a sus ojos la destrucción de su propiedad…e insistieron en demandarle por ello. Pero Harry reveló su naturaleza, y les dijo en términos muy claros que adelante, y que el banco podía esperar sus propias denuncias por esclavizamiento ilegal de los miembros de su familia. Una por cada dragón que hubiese utilizado el banco, desde el principio. Y que todos sus hermanos de raza habían de ser de inmediato liberados. Los duendes, sabiamente, y tras nuevas deliberaciones, cejaron en su empeño y accedieron.

Bajo la instigación de la quimera, los representantes de Gringotts convocaron a su sede en Ginebra a los Ministros de Magia de los países más representativos. Y usando unos amuletos especialmente encantados por Sylvain y sus padres dragones, demostraron claramente ante estos que los dragones habían de ser catalogados como Seres, y la legislación inmediatamente cambiada. Cuando los consternados Ministros salieron de su estupor al escuchar las palabras brotando de los amuletos traductores, los duendes les anunciaron que desde ese momento, cualquier producto procedente de un dragón solo podía ser comercializado por ellos, ya que tenían concedida la exclusiva sobre el mercado por el representante y embajador de los dragones ante el mundo mágico.

La legislación fue cambiada, y los dragones en manos privadas, enviados a las antiguas reservas estatales – los que habían "trabajado" para el banco ya estaban en Islandia, instalados cómodamente en una caldera volcánica - que ahora eran parte del territorio fragmentado del Estado de los Dragones, para una readaptación a la vida en libertad. Solo los duendes tenían permiso para entrar en los territorios del Estado de los Dragones… y lo hacían para suministrar ganado vivo y otros animales, recoger pieles, escamas y cascarones, recolectar sangre y todo lo necesario. Era un acuerdo justo para todos. Los dragones vivían en paz, y los duendes cuidaban de su bienestar. Haciendo un magnifico negocio, claro está.

Convencer a los dragones de renovar la vieja y olvidada alianza con los magos y seres mágicos había sido arduo para Sylvain, pero realmente, exponerse como criaturas inteligentes había valido la pena. Podían cazar libremente y moverse donde quisieran. Podían defenderse -siendo razonables y evitando en lo posible ser letales con su fuerza - si les atacaban. Los gobiernos estaban obligados a defender activamente sus derechos, y ya que a los dragones les interesaban muy poco o nada la política, y se regían por simples pero inmemoriales leyes (Defender y alimentar a la pareja e hijos. Expulsar a los intrusos del territorio. Matar a los rivales por las hembras.) la verdad es que salían ganando. Todas las reservas de dragones del mundo eran ahora de su propiedad…y muchas más tierras que Sylvain había comprado: islas enteras en Indonesia, en las Shetland, o el Caribe. Amplias extensiones de tierra en Nueva Zelanda, China, Rusia, Canadá y Groenlandia. Todas para darle nuevos territorios para instalarse libremente a sus hermanos) Ahora los dragones podían moverse y cazar libremente, incluso alimentarse de las deliciosas ovejas que eran para muchos su comida favorita ya que los muggles habían diezmado las poblaciones de carneros salvajes. E instalarse en la propiedad de cualquier mago, siempre y cuando no causasen daños materiales a los edificios ni atacasen a los propietarios o sus invitados. No muchos magos poseían propiedades tan grandes o tranquilas como para atraer la atención de un dragón, pero podía darse el caso de que estuviese de paso. Si un dragón decidía instalarse permanentemente en un terreno propiedad de un mago, este podía acudir a Gringotts. En eso casos, se podía llegar a establecerse un acuerdo, y ya que naturalmente el dragón custodiaría la propiedad, esta se revalorizaba automáticamente. Además como compensación por las posibles molestias, y a cambio del derecho de alojamiento y garantizar un adecuado suministro de comida, el mago recibía un canon pagado por los duendes. Más que suficiente para comprar rebaños de ovejas y ganado.

Draco&Sylvain

Lucius estaba gratamente impresionado. Además de ser el desconocido y misterioso representante y embajador legal de los dragones a nivel mundial – los rumores de la calle decían que tal mago no existía y que los duendes simplemente no querían que se supiera que eran ellos- logró un muy ventajoso trato para su familia. Los duendes aceptaron que los Malfoy ahora eran familia de Sylvain y tras lentas y peliagudas negociaciones, accedieron a no cobrar las comisiones de mantenimiento de las cámaras de estos, aunque si las de gestión. Y a crear para ellos una cueva para sus bóvedas adjunta a la suya, con iguales y excepcionales protecciones. Y sin cargarles costes ni por cierre ni por el traslado. Realmente un buen trato para todos. Después de todo, era negocio para el banco… porque las comisiones de gestión de las nuevas cámaras eran notablemente más altas. Pero la excepcional seguridad valía la pena.

Incluso el secretismo que había manifestado el joven, al ocultar sus palabras durante una parte de la negociación, le agradaba. Que confiara en ellos, tanto como para revelarles que era un quimera artificial, pero conservara ciertos temas secretos…totalmente Slyteriano por su parte. Porque bajo un encantamiento mufliato para proteger sus palabras de los oídos de Lucius y Narcissa, Sylvain les ofreció a los duendes un nuevo y potencial mercado casi exclusivo a largo plazo: tenía en una isla remota una nidada de huevos de basilisco a punto de eclosionar… y hasta entonces… un basilisco entero despiezado y guardado en sus cámaras. Estaba dispuesto a vender ciertas cantidades de la piel, huesos, e incluso sangre, a través de Gringotts. Pero solo a clientes muy selectos y restringidos. Si el precio de los productos de dragón era caro…el de basilisco era astronómico.

En general, Lucius Malfoy pensó que había tenido un buen día. Su hijo estaba comprometido con el que era probablemente el mago más rico de Inglaterra. Que era además una criatura mágica realmente extraordinaria y poderosa. Los negocios marchaban bien…y prometían ir aun mejor. Además de discutir de negocios, los duendes organizaron para su entretenimiento una presentación de una selección de ropa masculina y femenina…que resultó un éxito a juzgar por los encargos realizados por todos. Narcisa quería dar una pequeña fiesta de compromiso, aunque fuese con tan poco preaviso y Lucius no veía porque denegarle ese gusto. Su mujer se merecería cuanto pudiera darle. Nunca la compensaría bastante por seguir con él después de todas las cosas a las que la había arrastrado, o por poner la vida de su hijo en peligro. La sonrisa del altivo hombre, caminando acompañado de su radiante esposa y su algo más sereno hijo se desdibujó en su impasible mascara al salir al vestíbulo del banco mientras pensaba una vez más: "Un muy buen día."

Y ver la cara de los exhaustos aurores, después de haber pasado casi todo el día de pie, visiblemente cansados, hambrientos y sedientos…y con urgente necesidad de visitar el baño más cercano, a juzgar por los pequeños rebotes de uno de ellos, aun redondeó más su día. Después de que los ceñudos aurores comprobaran brevemente que efectivamente, Lucius era Lucius, el hombre esbozó una sonrisa cuando Dighorn colocó en su mano la carta-traslador y murmuró con una mueca llena de dientes agudos:

-Que el oro fluya en sus cámaras y las de su familia, Sr. Lucius Malfoy.

-Y que lo haga en las suyas y las de su pueblo, Dighorn.

Y Lucius desapareció con una carcajada, dejando a los furiosos aurores con dos palmos de narices.