CAPÍTULO 28. UNA PAZ MUY BREVE.
Hermione entró como una exhalación en el dormitorio de los chicos seguida de Harry y de Andrea, que se abalanzó sobre el cuerpo de Ízar en cuanto le vio tumbado en la cama.
-¡Ízar, cariño, no te mueras! Por favor, por favor, por favor, no me dejes- Las muestras de cariño de Andrea dejaron a todos sus amigos tan descolocados que por un segundo se olvidaron de por qué estaban allí- Tienes que curarlo, Alan, por favor, no puedes dejar que le pase nada.
-¿Crees que no lo he intentado?- le ladró él, demasiado preocupado.
Hermione quitó a Andrea y a Alan que rodeaban el cuerpo de Ízar. Estaba lívido y cada vez sangraba más por las dos heridas. Hermione le rajó la camisa y dejó al descubierto el costado donde una mancha morada se extendía desde los bordes de las heridas.
-¿Qué habéis hecho?- gritó Hermione cuando vio lo ocurrido. Los chicos habían dejado el arco del jefe centauro junto a la cama, a pesar de todo Ízar no se había desprendido de él y cuando Hermione lo vio, y comprobó las consecuencias estuvo a punto de que le diera un ictus.- No me puedo creer que estuvierais en el bosque prohibido en medio de la noche ¿Es que os habéis vuelto locos? ¿Cómo se os ocurre ir al asentamiento centauro?
-Hermione, ¿te importaría gritarnos luego?-intervino Harry- Necesitamos que nos digas cómo quitarle las flechas a Ízar.
-No podéis sacarlas así como así, se necesita un cataplasma para contrarrestar el veneno que llevan.
-¿Y no vale mi magia?- preguntó ansioso Alan que no paraba de dar vueltas por la habitación.
-No para contrarrestar el veneno, pero podrías mantenerlo con vida mientras preparo la cataplasma. Métele energía como para que pare la hemorragia. ¡Madre mía, menudo lío! Tenéis que avisar a la profesora Byrne.
-No vamos a avisar a nadie- Ron cogió a su mejor amiga de los hombros y bajó la cara hasta ponerla a su altura- Tú concéntrate en ayudar a Ízar ¿qué necesitas? Nosotros iremos a por los ingredientes.
Alan hizo lo que Hermione le había ordenado, puso sus manos sobre el cuerpo de Ízar y dejó que su energía curativa le inundase. Andrea se había sentado al lado de Ízar y le acariciaba la cara, quitándole los mechones rebeldes que se empeñaban en taparle los ojos. Harry, Matt y Ron salieron a buscar los ingredientes que Hermione les había encargado y que podrían encontrar en la mazmorra de Snape y en la enfermería. Lo difícil iba a ser hacerlo sin que les pillaran. Por suerte, Harry todavía conservaba el mapa del merodeador. Hermione volvió a su cuarto a por el libro donde sabía que podría encontrar la fórmula para elaborar la cataplasma que necesitaba.
-Dime que esto no ha sido culpa tuya, por favor.- le suplicó Andrea- Dime que no has dejado que le hagan esto.
-¿De verdad crees que sería capaz de dejar que le hicieran algo así?- le preguntó dolido.
-No lo sé, Alan. ¡Tengo tanto miedo!
-Me salvó. Las flechas venían hacia mí y él se puso en medio- acabó contándole de mala gana.- es un idiota, a mí no me habrían afectado igual.
-¿Alan?- Ízar recuperó la conciencia aunque no sabía muy bien lo que había pasado. La energía de Alan había parado la hemorragia y le había devuelto el color a la cara- ¿Qué ha pasado?
-¡Oh, Ízar, menos mal que estás bien!- Andrea se abrazó a su cuello y empezó a llorar- No te muevas, ten cuidado.
-¿Andy?-su voz sonó aún más extrañada, hasta donde él recordaba ninguno de los tres podía estar en la misma habitación. - ¿Me he muerto?
-¡No digas tonterías!- le saltó Alan- Espero que no le queden secuelas porque de ésta mi madre me mata.
-Me duele aquí- Ízar se tocó las heridas y descubrió que tenía dos enormes flechas pegadas a su cuerpo. Levantó la cabeza asustado y se palpó- ¡Por Merlín, que narices es eso!
Hermione entró en ese momento con los brazos cargados. Llevaba un libro enorme y varios útiles de pociones, se había recogido el pelo y se había quitado el pijama. Sonrió a Ízar cuando vio que se había despertado y éste dejó caer la cabeza en la almohada aún más confundido, todo aquello no tenía sentido. Tenía dos flechas clavadas, Alan y Andrea estaban a su lado y Hermione le sonreía, si aquello no era un mundo paralelo no entendía qué podía ser.
Harry, Matt y Ron llegaron quince minutos más tarde acompañados de Ginny, Yael y Ethel, que les habían ayudado a conseguir todos los ingredientes. Ízar se había dejado llevar otra vez por un estado semionírico en el que la energía de Alan alimentaba todas las células de su cuerpo y que le dejaba una dulce sensación de calidez. Andrea se retiró de la cama de Ízar y dejó a los chicos que pudieran comprobar cómo estaba, mientras que ella, arropada ahora de sus amigas, presionaba en silencio a Hermione que estaba muy concentrada en hacerlo bien.
Eran casi las cinco de la mañana cuando Hermione terminó la cataplasma, revisó varias veces el libro y cruzó los dedos para que aquello funcionara. Cuando se lo puso a Ízar éste volvió de su mundo de ensoñación con un grito de dolor. Yael insonorizó la habitación con su varita y se abrazó a Harry que estaba tan nervioso que no era capaz ni de hablar. Todos contuvieron el aliento mientras esperaba a que aquello hiciera efecto.
Después del primero golpe, Ízar cayó inconsciente y la cataplasma empezó a humear, aunque Hermione dijo que aquello era lo que debía ocurrir. Alan se sentó a esperar los resultados en el alféizar de la ventana apartado de todos y Andrea fue tras él, se metió en el hueco de sus piernas y se abrazó a él sin importarle que él pudiera rechazarle como había hecho con todos sus gestos de acercamiento, sin embargo Alan no la rechazó, la estrechó entre sus brazos y le besó el pelo.
-Siento mucho lo que te he dicho antes- susurró Andrea.
-No te preocupes. En el fondo ha sido culpa mía, soy una mierda de arcángel protector.
-No digas eso- Andrea levantó la cabeza y le acarició la cara- Tú les sacaste de allí y has mantenido con vida a Ízar. Tu hermana tiene suerte de tenerte a ti para que la protejas.
-¡Alan te necesitamos aquí!- le llamó Matt que se había autonombrado ayudante de Hermione.
-Ahora hay que quitarle las flechas- explicó Hermione- pero cuando se las quite las heridas volverán a sangrar. Una vez que haya quitado las flechas podrás curarle. Espero que salga bien.- acabó suspirando.
Matt y Hermione retiraron la cataplasma y dejaron a la vista la piel de Ízar que volvía a presentar un color normal, aunque las flechas seguían ahí y la sangre volvía a salir. Hermione cogió la varita e hizo varios movimientos susurrando unas palabras que había leído para hacer el hechizo que las podía sacar sin causar más daños y cuando al final consiguió sacarlas del cuerpo de Ízar, Alan colocó sus manos sobre las heridas y en cuestión de minutos todo había desaparecido.
-¿Estás bien?- preguntó Harry preocupado, apoyado en el dosel de la cama.
-Sí, pero me siento un poco raro.- A Ízar no le dio tiempo a terminar de inspeccionarse, en cuanto se incorporó Matt se le tiró encima y se le abrazó al cuello-Yo también me alegro de verte, enano.
-Tío, menos mal, que susto nos has dado.
Ízar se levantó sin dificultad, era como si no le hubiese ocurrido nada, aunque sentía todavía la energía cálida de Alan corriendo por su cuerpo, como cuando se abrazaba a Christine ahora que estaba embarazada. Sus amigos le abrazaron uno por uno, incluso Hermione se abrazó a su cuello ahora que al fin podía relajarse por haberlo conseguido, todos salvo Alan que salió de la habitación en una columna de energía. Andrea fue la última en comprobar que estaba bien, y no tuvo valor de abrazarle ahora que estaba consciente y fuera de peligro. Le tocó el brazo con la punta de los dedos y sintió cómo sus nervios se encendían cuando comprobó que su torso desnudo estaba demasiado cerca.
-Me alegro de que te hayas recuperado.
-Gracias- le respondió. Alargó el brazo para abrazarla pero se arrepintió antes de tocarla, cuando quiso volver a intentarlo Andrea se había alejado y Harry y Matt le avasallaban a preguntas sobre lo que podía recordar.
Ninguno fue capaz de dormir aquella noche. Harry y Matt contaron cómo habían conseguido el arco con pelos y señales mientras el resto de sus amigos se repartían por las camas. Hermione iba resoplando a cada instante debatiéndose entre quitarles mil puntos y salir corriendo a contárselo todo al director o ser una buena amiga y callarse.
-No contarás nada ¿verdad?- le susurró Ron sentado a su lado en la cama del chico. Ella dudó- Vamos, Hermione, después de todo lo que has hecho para salvar a Ízar no lo estropees.- Ron le dio unas palmaditas en la mano y la dejó ahí unos segundos, ellos se miraron el uno al otro y la retiraron enseguida.
-No diré nada, no te preocupes.- le dijo sin mirarle.
Alan llegó cuando empezaba a amanecer y al materializarse en medio de su habitación se sorprendió de encontrarse a todos sus amigos repartidos por las camas cuando él esperaba que cada uno estuviera en su cama pero durmiendo. Ethel y Ginny se levantaron de la cama de Alan en cuanto le vieron aparecer y fueron a sentarse en con Yael y Harry y con Hermione y Ron, aunque por la cara que puso Ginny se veía claramente que se hubiera quedado en aquella cama con su propietario el resto de su vida.
Andrea hizo el amago de levantarse, a pesar de que siempre que estaba en aquella habitación se había sentado allí con su mejor amigo, desde que habían entrado el primer curso. Alan se sentó y le cogió la mano para detenerla, le hizo un gesto con la cabeza y se acomodó en la almohada sin soltar la mano de su amiga.
A Ízar no se le escapó el gesto y se le tensaron todos los músculos del cuerpo al sentir los celos y la furia que le consumía.
-Un mal día ¿eh?- le susurró Matt que estaba sentado a su lado y que le dio un golpecito cariñoso hombro con hombro.
-Ni te lo imaginas.
Aquella mañana fue la primera que se sentaron todos juntos a desayunar después de mucho tiempo, aunque en honor a la verdad Ízar se sentó en una punta y Alan en la otra y no se miraron en todo el tiempo. Aquel día había partido de quidditch entre Slytherin y Hufflepuff, pero en la mesa de Slytherin no había mucho espíritu deportivo pues cuatro de los miembros del equipo no habían aparecido.
Snape pasaba nervioso entre los miembros de su casa preguntando por los chicos que faltaban pero nadie era capaz de dar razón de ellos. El grupo de Gryffindor intentó disimular que ellos sí que sabían dónde estaban, pero cuando desde la mesa de los profesores los merodeadores se percataron de su actitud sospechosa todos acabaron su desayuno y se fueron a pasar el día en los terrenos del colegio, aprovechando que el partido de Hufflepuff y Slytherin se había suspendido, dando como ganadores al equipo de los tejones.
Las chicas se fueron al cabo de una hora porque el sueño estaba pudiendo con ellas y Ron sucumbió a las insistencias de Hermione para que terminara un trabajo que tenían que entregar el lunes para cuidado de las criaturas mágicas, así que Harry, Matt, Alan e Ízar se quedaron tumbados cerca del lago tomando el sol y sin hablar.
Cuando el sol estaba en lo más alto el nerviosismo cundió entre los alumnos que como ellos se estaban relajando en los terrenos. Diez centauros aparecieron por la linde del bosque con los cuatro alumnos de slytherin, atados de pies y manos.
-La hemos cagado.- se lamentó Harry- como estos se chiven nos van a expulsar, Dumbledore no nos pasa ya ni una.
-Pues a ver cómo lo hacemos.- exclamó Ízar.
Los centauros llegaron hasta la escalinata principal donde Dumbledore ya había llegado acompañado de Snape, dejaron caer a sus prisioneros a los pies de los dos profesores y sacaron sus arcos de forma agresiva. Dumbledore abrió los brazos con su sonrisa más cordial.
-¡Amigo, Magorian, bienvenido a nuestra escuela!
-Menos palabras, mago. Tus cachorros entraron ayer en nuestro campamento para robarnos y atacarnos.
Alrededor de la puerta empezó a congregarse un gran número de curiosos que no podían apartar los ojos del imponente conjunto que formaban los centauros.
-Alan tienes que hacer algo.- le susurró Matt. Al igual que el resto del colegio se habían acercado lo máximo posible al grupo de recién llegados y ahora podían ver a los chicos de Slytherin tirados en el suelo luchando para quitarse sus ataduras.
Alan se concentró para hipnotizar a los cuatro chicos de Slytherin, al menos para que no fueran capaces de hablar cuando Dumbledore les preguntara después de solucionar aquel lío.
A escasos metros, Dumbledore seguía hablando con el jefe de los centauros, ahora custodiado por el resto de profesores que habían bajado en cuanto se habían percatado de la presencia de los centauros, incluso Christine estaba allí y su presencia, a pesar de su avanzado estado de gestación, hizo dudar a los visitantes.
-Será mejor que nos vayamos.- comentó Ízar, que no quitaba ojo a los centauros- algunos de esos son los que nos atacaron ayer. Si nos reconocen, estamos perdidos.
A Dumbledore le costó dos horas de arduas conversaciones diplomáticas saldar aquel asunto de forma pacífica. Se comprometió personalmente a castigar a los responsables y a procurar que en el futuro aquello no volviera a repetirse. Las referencias a un lobo, un tigre, un león y una pantera descolocaron enormemente al director del colegio que no supo cómo responder, pero igualmente se comprometió a investigarlo.
Malfoy y sus amigos estuvieron hasta bien entrada la tarde en el despacho del director, dando cuenta de lo ocurrido a éste y al jefe de su casa. Los chicos les esperaron en el pasillo de la gárgola que custodiaba el despacho cerca de la entrada de un pasadizo secreto, para llevar a cabo su idea para salir inmunes de todo aquello. Ízar había reducido el arco de Magorian que había descansado durante todo el día en su baúl a salvo de miradas curiosas y ahora iban a cobrarse su deuda que tantos problemas les había traído.
Cuando salieron todavía tenían la mirada perdida y el cuerpo magullado. Snape no bajó con ellos y al llegar a la altura donde los chicos les esperaban, Alan rompió la hipnosis, lo que les provocó aún más desorientación de la que ya manifestaban.
-Tenemos un asunto pendiente.- Harry cogió a Malfoy de la túnica y lo metió en el pasillo secreto mientras que los demás hicieron lo mismo con el resto.- Enséñaselo, estrellita.
Ízar sacó el arco del jefe centauro y lo restableció a su tamaño natural. Los Slytherin todavía desconcertados por el efecto de la hipnosis, tardaron unos segundos en darse cuenta de lo que significaba aquello.
-Tendréis que hacer todo lo que os ordenemos.- siguió Ízar.
-Cada cosa, cada humillación- puntualizó Matt.
-A no ser…- las palabras de Alan les dieron cierta esperanza.
-A no ser ¿qué?- presionó Nott.
-Si mantenéis la boca cerrada y os coméis vosotros solos el castigo sin decir nada de nosotros os dejaremos en paz de aquí a final de curso.- propuso Harry.
-Paz absoluta. Nosotros os ignoramos y vosotros a nosotros.- añadió Ízar.
-Si no… - Alan intentó poner cara de niño bueno pero aquello asustó aún más- deseareis tiraros por la torre de astronomía cada día del resto de vuestra vida en Hogwarts.
Los slytherins se miraron entre ellos y asintieron en silencio. Ofrecieron la mano tímidamente y los chicos la estrecharon, cada uno con aquel al que más odiaba.
-No olvides que tú y yo tenemos un trato.- dijo Ízar a Zabini, recordándole su amenaza si volvía a insultar a Andrea y por su voz, al más puro estilo de mafia italiana, nadie dudó que en aquel trato Blaise no podía salir bien parado.
Aquella noche Sirius les había propuesto a todos salir a cenar y divertirse un rato aprovechando que Ízar se había "ofrecido" a cuidar de Alya. Como siempre los primeros en arreglarse habían sido Remus y Christine, que se sentaron cómodamente a esperar a los demás. Alya estaba sentada en el sofá viendo la tele, restregándose los ojos por el sueño. Cuando Chris se sentó junto a ella no perdió la oportunidad de coger su nueva postura favorita, abrazada cuan ancha era a la abultada barriga de su tía, que le proporcionaba un cosquilleo muy agradable.
Lily bajó poniéndose los pendientes con James tras ella buscando por todas partes su bote de colonia y maldiciendo a sus hijos entre dientes a los que culpaba de habérselo quitado. Cuando los Potter se sentaron a esperar, Alya ya había quedado rendida y dormía con la boca entreabierta sobre Christine.
-¿Es que no sabes lo que es un pantalón?
-Shhhhhh- Christine le hizo gestos a Sirius para que se callara pero éste venía refunfuñando detrás de Patricia que había vuelto a elegir una falda demasiado corta para el gusto de Sirius.
-Mira Chris, lleva pantalones.
-Está embarazadísima, idiota. Bastante tiene con cargar con la niña como para ir incómoda con una minifalda.- se defendió Patricia.
-Y si es tan incómoda ¿por qué la llevas?
-¡Porque me da la gana! ¿me quieres dejar ya en paz?
-Me vas a dar la noche- se quejó de nuevo- Mira Lily que guapa va con un vestido por la rodilla.
-A mí no me metas, Sirius. – le advirtió Lily que sabía que en aquellos líos era mejor mantenerse al margen.
-Tengo una idea- exclamó Patricia guardando una barra de labios en su pequeño bolso- Si esta noche me miran a mí más hombres que a ti mujeres, no volveré a ponerme falda, pero si es al revés saldrás siempre en chándal y sin peinar.
-¿Sin peinar?- Sirius se tocó el pelo preocupado. Miró a Patricia que le devolvía la mirada con un gesto de superioridad apremiándole para que contestara- Está bien- cedió.- Lleva lo que quieras.
-Acabada la guerra ¿podemos irnos?- preguntó James.
-Tiene que venir Ízar a cuidar de Alya.
Antes de que Remus acabara la frase la puerta de la torre se abrió. Los seis adultos se sorprendieron al ver que Ízar no venía solo, sino que por primera vez en mucho tiempo los cuatro volvían a estar juntos, sin embargo, tampoco pasó desapercibida la fría hostilidad que seguía latente entre Alan e Ízar.
Ízar cogió a su hermana con cuidado de donde estaba y por un momento se pensó ocupar el sitio que había dejado libre la pequeña, pues aquella energía que se había apoderado de su madrina ahora podía sentirse incluso sin tocarla. Alan no fue tan sutil y en cuanto Ízar tuvo en brazos a la niña, él se tiró sobre el sofá y empezó a hablarle a su pequeña hermana, como hacía últimamente.
-Alan tengo que irme.- le dijo Chris mientras se ponía de pie.
-No te metas en sitios con mucho ruido. No le gusta, se estresa y luego me duele la cabeza.
-¿De verdad que puede notar esas cosas?-le preguntó James sorprendido a su mujer, que estaba tan impresionada como todos los demás y sólo acertó a encogerse de hombros.
Encargarse aquella noche de Alya fue una bendición. La niña no se despertó en toda la noche y los cuatro chicos pudieron pasarla sentados en los sofás viendo la tele y comiendo palomitas y gominolas. Matt estuvo atento a los movimientos de sus amigos, sentados cada uno en un sillón y en apariencia ignorándose, pero el pequeño de los Potter pudo darse cuenta de que cuando Alan veía la película, Ízar le miraba y parecía sopesar algo y viceversa.
Cuando se acabaron las palomitas, Matt se levantó con el cuenco vacío y fue a la cocina a por más.
-Voy a ver qué tal Alya.- los demás no se inmutaron así que Matt tuvo que pellizcar disimuladamente en el hombro a su hermano para que se percatara de sus intenciones.
-Voy contigo- dijo Harry rascándose donde Matt le había pellizcado.
La incomodidad se hizo presente en cuanto los Potter dejaron el salón. El silencio entre Ízar y Alan era pesado y se miraban y esquivaban alternativamente.
-Gracias… por lo de esta mañana… - dijo Ízar al final, tragándose su orgullo.- por curarme y todo eso.
-Ya, bueno, estamos en paz.- a Alan por primera vez le estaba costando decir algo. Hizo un gesto con la mano para restarle importancia y paró la película- Además la que se lo ha currado de verdad ha sido Hermione y bueno… tú te pusiste en medio para salvarme.
-¡Menuda tontería!¿no?- lejos de mejorar la tensión, Ízar cada vez se sentía más incómodo. Era como hablar con un desconocido.- Como si un par de flechas pudieran hacerle algo a un arcángel.
-Ya… sí, es verdad, - se rió Alan- pero tú querías salvarme que es lo que cuenta.
Los dos volvieron a guardar silencio, aunque saltaba a la vista que tenían muchas cosas que decirse. Después de unos segundos así, Alan volvió a poner la película, pero Ízar no podía callarse.
-A lo mejor… Tú y yo…
-Qué va tío, - le interrumpió Alan muy serio- te agradezco lo de anoche, de verdad, pero no se me ha olvidado lo que pasó con Andrea.
-Pero… ni siquiera seguimos juntos.- Ízar empezaba a recuperar su enfado. Se había tragado su orgullo para arreglar las cosas con Alan ahora que Andrea le había dejado pero estaba siendo demasiado cabezota para aceptarlo.
-Pues peor me lo pones – contestó Alan también enfadado, subiendo el tono de voz. Harry y Matt habían bajado y se habían quedado junto a la escalera al ver que habían empezado de nuevo a discutir- ¿no decías que era tan importante para ti? Pues te ha durado menos que el castigo que nos pusieron por pelearnos.
-Tío, no tienes ni idea- Intervino Harry que ya estaba harto de aquella situación. Tanto él como su hermano habían albergado la esperanza de que la heroicidad de Ízar y su posterior curación en parte gracias a Alan pudiera arreglar las cosas entre ellos, pero al contrario, volvían a sacar sus rencores a relucir.
-¡No te metas, Harry!- le cortó Ízar que se había dado cuenta de que su amigo seguía pensando que había sido él quien había dejado a Andrea- que piense lo que quiera. Yo paso de esto.
-Mejor me voy.
-Sí, mejor será.-le replicó Ízar.
Los adultos de la familia habían ido a cenar a un nuevo restaurante de Hogsmeade y a esas horas se relajaban en las Tres Escobas que tenía un pequeño grupo tocando música en directo. James, Sirius y Remus estaban en un rincón jugando a los dardos, mientras que las chicas charlaban en una mesa la zona más apartada del grupo de música, pues tal y como les había advertido Alan, la pequeña Lupin empezó a retorcerse dentro de su madre cuando la música estaba demasiado alta.
-Patricia si te rechinan más los dientes los del grupo van a empezar a quejarse.- le dijo Lily a su amiga que no dejaba de mirar hacia donde estaban los hombres de la familia jugando a los dardos.
-¿Pero es que no las habéis visto? ¿Se puede ser más descaradas?- se quejó ella. Al lado de ellos había un grupito de tres mujeres jóvenes y guapas que tal y como decía Patricia estaban descaradamente coqueteando con ellos, lanzándoles miraditas y gestos cómplices.
-Déjalas que disfruten.-intentó calmarla Christine- Al final de la noche se vendrán a casa con nosotras y eso es lo que importa.
-A ti las hormonas te están dando un rollito "paz y amor" que no te pega nada- le saltó Patricia enfadada. Estaba tamborileando con los dedos en la mesa sin quitar los ojos de una pelirroja que se había propuesto aquella noche salir del bar con Sirius.- Pero mírale, si es que se está dejando querer. ¡Lo voy a matar!- gruñó-¡Y después la mataré a ella!
Christine y Lily intercambiaron una sonrisa cómplice. Desde que les conocían se habían pasado la vida criticándose mutuamente por ser unos celosos compulsivos y aunque ellas no estaban especialmente contentas con la atención que aquellas mujeres, bastante más jóvenes que ellas, profesaban a sus maridos, su nivel de celos no llega al que tenía Patricia en ese momento.
-¡Vamos a dar una vuelta nosotras!- propuso Patricia- Seguro que cuando liguemos con algún tío guapo dejan de hacer el idiota.
-Conmigo no cuentes- le contestó Christine- Tengo una panza de seis meses, no voy a ligar ni un resfriado, además estoy muy cansada.
-A mí no me mires- se defendió Lily- James se está portando bastante bien, el que les está dando más coba es Sirius, así que apáñatelas con él.
Patricia se levantó enfadada, se atusó la melena y cogió su copa. Llevaba unos tacones altísimos y no le hizo falta andar más de diez pasos para llamar la atención de un grupo de magos que tomaban una copa cerca de la diana donde estaba Sirius y los demás. Patricia se apoyó el una mesa alta y sonrió a sus nuevos admiradores. Al otro lado las chicas se habían decidido a hablar con James y Sirius, mientras que Remus, con una sonrisa cortés había decidido evitar problemas y había vuelto a sentarse con su mujer y con Lily.
Patricia sonrió con ganas cuando vio que Lily había decidido sumarse a su plan de actuación. Después de que James se dejara mimar cinco minutos por una morena que tenía unos enorme ojazos, no pudo resistirse a acompañar a Patricia y a lo que fuera que se le hubiera ocurrido. Los admiradores de Patricia se alegraron de que Lily se les uniera y poco después dos de ellos se acercaron a la mesa donde ellas charlaban perfectamente conscientes de que eran el centro de atención de aquellos hombres.
James fue el primero en darse cuenta de la jugada de su mujer. La sonrisa boba que le había salido al darse cuenta de que una mujer guapa y joven quería ligar con él se le cayó de golpe cuando se percató de que otro hombre quería ligar con su mujer. Sirius, sin embargo, seguía muy entretenido con lo que la pelirroja le estaba contando.
-Padfoot, creo que la hemos liado.- Sirius le miró extrañado y James le hizo un gesto en dirección a donde las chicas charlaban con dos hombres altos y atractivos.
Sirius se olvidó de su joven pelirroja en cuanto escuchó la risa de Patricia y vio quién la había causado. Con una sonrisa forzada, James y Sirius dejaron a sus acompañantes y se acercaron a la mesa donde estaban sus mujeres. Al llegar, plantaron sus copas en la mesa sin ningún miramiento y sonrieron con asco a los hombres que intentaban ligar con Lily y Patricia. Un silencio tenso cayó sobre todos ellos, hasta que los dos hombres se dieron cuenta de que allí no tenían posibilidades y se marcharon.
-¿Pasa algo?- preguntó Patricia con chulería mirando a Sirius. Éste se pensó un minuto la respuesta, hubiese querido gritarle y partirle la cara al guaperas, pero algo en el fondo de su conciencia le dijo que había sido él el que la había fastidiado.
-No, ningún problema- acabó diciendo de mala gana.
-¿Y tú, algún problema?- preguntó Lily a James, aunque en su tono no había tanto desdén y le asomaba una sonrisa por la comisura de los labios.
-Ninguno- le respondió James dándole un beso en los labios- ¿Te he dicho que eres la mujer más guapa del bar?- ella negó con la cabeza y volvió a besarle.
-¡Aprende!
Patricia se levantó y volvió a la mesa donde estaban Christine y Remus, pero Sirius antes de que llegara la agarró de la cintura por la espalda y le besó el cuello sacándole una carcajada. Las dos parejas llegaron a la mesa entre sonrisas y se sentaron con Remus y Christine que no habían perdido detalle de lo ocurrido.
-Chris, tienes mala cara ¿quieres que nos vayamos a casa?- le preguntó Lily.
-No hace falta- contestó Christine con la voz un poco tomada- Es sólo que estoy un poco cansada. Voy a ir al baño a refrescarme un poco.
Christine se levantó, pero antes de poder retirar la silla sintió un fuerte mareo y se le aflojaron las piernas, con la suerte de que Remus estuvo rápido para sujetarla.
-¿Estás bien? – preguntó su marido con aprensión.
-No te preocupes, Remus, es que de repente estoy muy baja de energía.
La columna de energía blanca y brillante que se materializó en medio del local llamó la atención de todo el mundo, incluso hizo que se parara la música. Alan se saludó con descaro al darse cuenta de que todo el mundo se había fijado en él y sonrió a sus padres como si no hubiese hecho nada.
-¡Que siga la fiesta!- le gritó al grupo- ¡Vamos, vamos, que aquí no hay nada que ver!
-¡Vaya cara, mater! Se acabó el salir de fiesta hasta que la enana nazca.- le riñó a su madre que no salía de su asombro. Cogió una silla, se sentó en ella al revés y puso sus manos sobre la barriga de Christine.- ¿mejor?
-Mucho mejor.- dijo Christine aliviada.
-¿Qué haces aquí?- preguntó James.
-La alarma de la pitufa que se ha puesto a sonar como la sirena de un parque de bomberos.- Todos salvo Christine se miraron confusos. No tenían ni la más remota idea de lo que sentía un arcángel cuando su protegido le necesitaba y las explicaciones de Alan tampoco es que fueran una maravilla.
-¿Le pasa algo a tu hermana?- lo único que le había quedado claro a Remus era que si Alan estaba allí era porque su futura hija le necesitaba y fuese lo que fuese le preocupaba.
-Tranqui, pater, es solo que necesitaba más energía de la que mater le da.
Christine se había relajado en la silla ahora que la energía de su hijo le estaba devolviendo las fuerzas y tenía la sensación de que lo que estaba pasando a su alrededor era como un sueño.
-Pero una cosa te digo, enana- riñó Alan señalando a la barriga de su madre- Nada de volver a fastidiarme un sábado por la noche. Tú y yo tenemos que dejar muy claro el horario en el que se puede activar la campana ¿me oyes?
N/A: Hola a todos! Una vez más sigo cumpliendo mi palabra y hay un capítulo nuevo. Reconozco que estos capítulos son más cortos que los que escribíamos antes, pero antes éramos tres cabezas y ahora sólo estoy yo. He hablado con Evix y Pekenyita y las tres estamos encantadas de que a pesar de tantos años como el fic ha estado parado ahora seguís otra vez, dejáis reviews y leéis la historia. Mil gracias de parte de las tres. Y nada más. Muchos besos y hasta la siguiente.
Voy a contestar por aquí los reviews que habéis dejado en los últimos capítulos:
Kaito Hatake Uchiha: Me alegro que sigas teniendo hambre de leer esta historia. Gracias.
Vindicia Black: Hola! Gracias por volver, yo también tuve que releérmelo para poder continuarlo. Muchas gracias. Pd: La pelea de Alan e Izar en la cocina es genial jajaja.
Yedra Phoenix: Para mí tb es una sorpresa ver que sigues ahí. Muchas gracias por no rendirte. A Alan e Ízar todavía les queda un poco, son dos gallos en un mismo corral, jejejeje. A mí tb me gusta mucho la escena en la que le da energía a Chris. Besos.
Lorephelps: Hola guapa!Dos días para leerlo? No has debido dormir ni comer. Muchas gracias. Me hace mucha ilusión que sigas ahí después de tanto tiempo. Un besazo.
Hoshii446: Hola! Lo prometido es deuda, voy a actualizar con frecuencia y esta historia va a llegar al final seguro seguro. Me alegro que te guste tanto esta como las nuestras particulares. Evix sigue con la suya, con calma pero sigue y Peke no le quedó más remedio que dejarla. Un beso y feliz cumpleaños.
Maaarxd: Muchas gracias por esperar y deseo que haya merecido la penal. Un beso.
Celtapotter: Gracias a ti por leerlo. Besos.
