Nota de autor:
Muy buenas de nuevo y felices fiestas a todos. Espero que me perdonen por la falta de actualización, me ha costado un poco escribir éste capítulo.
Bueno, entre las fiestas y demás, no he tenido mucho tiempo para hacer este, por lo tanto no sé cuándo actualizaré la próxima vez.
Sin más dilación, el capítulo, espero que les guste. Un saludo.
CAPITULO 27
En un movimiento de Harry, los aurores se dispusieron a soltar al chico Weasley.
Señalándolo con su báculo, Harry dijo en alto y claro las palabras condenatorias que pondrían fin a la vida de Percival Weasley.
- ¡Avada Kedavra!- Salió disparado un rayo verde a toda velocidad, impactando sobre el pecho del joven y dándole muerte instantánea y sin dolor.
Ahora la magia de Harry estaba mucho más tranquila al saber que la venganza de sangre estaba medio cumplida, pues mientras que un Weasley viviera, habría odio y animosidad entre ambas partes.
Cuando el joven Weasley cayó al suelo, los padres fueron corriendo directamente a él con gritos de angustia y dolor por perder a uno de los suyos. Realmente Harry lo sentía un poco, pues ningún padre debería sobrevivir a su hijo, pero él, Percival Weasley se lo buscó al utilizar un hechizo tan antiguo y sin el conocimiento.
Harry se dio media vuelta y se dispuso a llegar a su asiento, cuando una voz a sus espaldas lo detuvo.
- Asesino, eres un asesino…- Murmuró una voz cascada por el dolor de la pérdida.
Dándose media vuelta, vio quien le había hablado. Molly Weasley estaba de pie delante de un sollozante Arthur.
La mujer tenía los ojos rojos por el llanto, pero eso no le quitaba que tenía la varita sacada y apuntando amenazadoramente a Harry.
Por un momento estuvo tentado de acabar con la mujer también, pero quería escuchar lo que tenía que decir.
- Asesino, no. Ejecutor de la justicia, señora Weasley. Debe comprender que lo que su hijo hizo a tenido sus consecuencias mágicamente y de por sí, ya tienen ustedes una venganza de sangre en su nombre, ¿Es consciente de ello?- Preguntó Harry suavemente, dando escalofríos a los que le conocían y pensamientos profundos a donde llegaría la mujer Weasley ahora.
- ¡Justicia! Si hubiera justicia tu estarías muerto, ¡Monstruo!- Insultó la matriarca Weasley, haciendo que los ojos de Harry brillaran con el poder de la antigua religión.
- ¡Cuidado con tu lengua, mujer! Podría cortártela y hacer un favor al mundo entero.- Amenazó en voz baja y con un susurro mortal.
Arthur Weasley se dio cuenta de la confrontación que estaba teniendo su esposa y decidió intervenir, aturdiéndola. Lo último que quería era que Señor Potter matara a su mujer también. Con una mirada que lo decía todo, mandó a sus hijos que recogieran el cadáver de su otro hijo y se marcharan para hacer los ritos funerarios.
A Harry le dio una mirada de muerte, que si las miradas mataran, Harry estaría muerto, antes de que pudiera decir Albion.
- Esto no ha terminado aquí, Señor Potter. Nos volveremos a ver.- Se despidió Arthur pensando que tenía la última palabra.
- Sus amenazas no me dan miedo Weasley. Ve y corre a esconderte con tu maestro Dumbledore. Mándale saludos de mi parte.- Se burló Harry riendo oscuramente, una risa sin humor, pero llena de malicia.
Arthur fue a contestar pero las puertas del Wizengamot se cerraron de golpe en su rostro, no permitiéndole decir nada.
Una vez que los restantes miembros de la familia Weasley se fueron, Harry volvió a su asiento para hacer frente una vez más al Wizengamot.
Al parecer el último comentario no gustó mucho a algunos miembros, por lo que decidió disculparse, sin sentirlo realmente, pero ellos no tenían por qué saberlo.
- Pido disculpas a aquellos miembros de éste magnífico cuerpo, que se hayan sentido insultados u ofendidos por mi último comentario a Arthur Weasley.- Dijo Harry sentándose en su asiento y mirando los asentimientos de cabeza que algunos le daban, aceptando la disculpa.
Poco más tarde, todos los miembros del Wizengamot acordaron reunirse en otras sesiones de poca importancia para finalizar los retoques al torneo de los tres magos. Reuniones a las que Harry no pensaba asistir, pero lo que sí que haría, sería mandar a un proxy para que votara o dijera en su nombre.
No pensaba asistir a dichas reuniones, porque ya no veía de importancia estar en el Wizengamot, sentado escuchando a viejos quejumbrosos parlotear de cosas mundanas y sin importancia.
Dadas sus propuestas ya estaban en orden y marcha y las donaciones de toda la alianza Albion fueron hechas y administradas por la nueva ministra, poco tenía que preocuparse, sin contar con los TIMOS y EXTASIS en verano.
Ahora podía disfrutar de lo que quedaba de año con Sarah y sus amigos en Hogwarts. En Samhain haría uno de los rituales que necesitaría hacer en Stonehenge, dado que ese día le venía perfecto, por ser el día en que el velo estaba más débil.
Cuando todos los miembros salieron de las cámaras del Wizengamot, Harry llevaba una enorme sonrisa en su rostro. No una sonrisa de pena y tristeza o una de sarcasmo. No, tampoco llevaba una de ira, pensando en lo que hacer a sus enemigos, sino que llevaba una de alegría contenida, pues el día de hoy había resultado todo un éxito para él y el futuro Albion. Algo que ya no era una simple idea, sino más bien, algo tangible que se acercaba a pasos agigantados a todo el mundo mágico de Bretaña, pronto a ser Albion.
Los aliados de Harry, todos y cada uno de ellos fueron invitados a la mansión Potter para celebrar el día de hoy, algo que cada uno estuvo de acuerdo, no pudiendo rechazar la oportunidad de un día de fiesta y alegría.
- Te ves muy contento Harry, eso está bien.- Dijo Salazar sonriente.
- Para no estarlo, ahora Emrys ha hecho lo impensable para nosotros. No solo nos ha dado la oportunidad de igualdad entre magos, sino que Albion está cada vez más cerca.- Informó Titus sonriendo también.
- Impresionante. Nunca imaginé que esto pudiera ser el resultado.- Aporto Señor McKinon.
- Sí, pero Albion ¿Qué nos dará?- Preguntó un incierto Señor Blue, a lo que muchos otros también susurraban en concordancia con su compañero Señor, mientras estaban todos haciendo un corrillo alrededor de Harry.
Harry se volvió con su siempre sonrisa dibujada en su rostro a dicho Señor.
- Os dará a todos la oportunidad que siempre se os ha sido negada por gente como Dumbledore, Fudge e incluso Umbridge. Se os dará libertad de expresión, poder y aprendizaje de la magia. Hogwarts ya está impartiendo clases de magia que fueron prohibidas por antiguos directores, el conocimiento de la magia, el conocimiento que nuestros antepasados y ancestros, tanto se esmeraron por guardar, es nuevamente disponible para todos nosotros. Aparte del hecho de que Albion traerá la paz y prosperidad al mundo mágico entero, para conseguirlo, tendremos que restaurar nuestro poder en nuestras tierras.- Dijo Harry apasionadamente, con sus ojos brillando con el poder.
- ¿Qué quiere decir, Señor Potter?- Preguntó una temerosa Amelia.
- Muggles, ese es el problema. Dumbledore y Voldemort, también lo son. Esos tres bandos no dejaran que Albion renazca como el ave fénix.- Contestó simplemente a su pregunta.
- Entendemos lo de Dumbledore y hasta cierto punto el Lord Oscuro, pero ¿Qué tienen que ver los muggles en esto?- Preguntó Señor Nott, haciendo la pregunta que todos se hacían, pues el estatuto del secreto los protegían de ellos.
- Cuando estemos todos reunidos en la mansión, os explicaré el problema de los muggles, mientras tanto, disfrutemos del momento.- Dijo sonriendo ligeramente, pues recordando a esas sucias bestias, llamadas muggles se le quitaban los ánimos de celebrar, pero no podía dejar que una simple palabra le molestara.
Acercándose a la nueva ministra, le sonrío y le dio la mano, felicitándola por el nuevo cargo.
- Gracias por tu apoyo Emrys.- Dijo mientras el subministro y el subsecretario se acercaban a recibir las felicitaciones de la alianza.
- De nada, ministra Crane.
- Por favor, llámame Anice.- Pidió la ministra sonriendo.
- Está bien, Anice. Espero que puedas apañártelas en el mandato y que soluciones los problemas que dejó atrás Fudge.- Dijo Harry a sabiendas que había un montón de problemas que el anterior ministro dejó, tanto como las arcas del ministerio casi en su totalidad, vacías.
- Eso no será un problema. Lo primero que tenemos que hacer, desgraciadamente es ir al ministro muggle a presentarnos. Después, haremos una limpieza en el ministerio, multando a todos aquellos que han obviado pagar el impuesto. Espero que no estés entre ellos Emrys.- Dijo medio en broma, medio en serio.
- No, por supuesto que no. ¿Qué haréis con el oro robado por Fudge?- Preguntó interesado.
- Recuperarlo. La mansión que tenía será vendida. Todo dentro de ella, catalogado, pesado y vendido. Iremos a Gringotts a hablar con los gobblins acerca de su cuenta, congelarla y obviamente recuperar el oro de las arcas para poder gestionarlo y trabajar desde ahí. Después iremos a hacer la limpieza de los departamentos que no sirven para nada, como el de Arthur Weasley.- Dijo Anice entre otras cosas, como reevaluar el salario de los empleados, las jubilaciones, las ayudas a las familias más desfavorecidas e incluso más pobres y contratar nueva mano de obra en el ministerio.
- Te recomendaría que contrataras a los hijos de Squibs.- Dijo Harry asintiendo y despidiéndose de la nueva ministra y los demás. – Por cierto Anice, estáis invitados a la fiesta que voy a dar en la mansión para celebrar el día de hoy. Espero veros allí.
- No sé Emrys, me encantaría asistir, pero hay demasiado trabajo que hacer, tal vez otro día o incluso el subsecretario puede ir por mí.- Intentó excusarse Anice.
- Está bien, haz lo que puedas.- Dijo Harry sin perder el ánimo que sentía en esos momentos.
Habiéndose despedido de la ministra, el subministro y el subsecretario de magia, fue a despedirse de los miembros de la alianza Albion que estaban presentes todavía. Les pidió que corrieran la voz de la fiesta, para que los demás miembros que no estaban sentados en el Wizengamot, asistieran. Incluido Señor Selwyn y su esposa, tal era el estado de ánimo de Harry que no pudo evitar invitarlos.
Una vez acordado todo en el ministerio, cada Señor y Señora fueron a sus respectivos hogares para prepararse para la fiesta improvisada, pues sus estados de ánimo fueron contagiados por el de Harry, dado que lo vieron sonreír por primera vez en mucho tiempo, algunos, incluso fue la primera vez que lo vieron sonreír de esa manera.
Augusta fue a su casa a dar la noticia a los sanadores de la mente que Harry les había llevado a su hijo e hija en ley.
Cuando el sanador y Sumo Sacerdote Powell se enteró de que habría una fiesta para celebrar el nombramiento de Anice y los demás, su rostro era ilegible por momentos, hasta que uno de los otros sanadores gritó en pleno pulmón que Emrys lo había conseguido y que Albion, su sueño e incluso algunas veces pesadilla por no saber si vivirían para verlo logrado, estaba mucho más cerca de ser real.
Para los Brujos, Hags, Hechiceros, Druidas y casi los gobblins, Albion era mucho más que una mera idea ahora, era algo tan tangible que no podían evitar algunos llorar de felicidad.
- Iremos Augusta, incluso tu hijo y su esposa podrían beneficiarse de ello.
- ¿Crees que están para resistir una fiesta? ¿Y las multitudes, podrán con ello?
- No te preocupes, algo así es beneficioso para su salud y ver a alguien conocido a su lado también será beneficioso.
- ¿Alguien conocido? ¿Cómo quién? Aparte de Amelia y otros Señores y Señoras, por supuesto, pero por lo demás son desconocidos para Frank y Alice.
- Te olvidas de Sirius Black, creo que también vendrá si lo que su hermano Regulus se trata.
- ¿Qué…?
- Si Emrys prepara una fiesta para celebrar esta pequeña victoria de Albion, estoy seguro que Regulus llevará a su hermano con él. También estarán los gobblins presentes.
- Entiendo, puede que sí que sea bueno para ellos. Mi hijo ha estado preguntando últimamente por Sirius y por su hijo…
- En cuestión al joven Neville, hasta que no venga por Yule, no podrán sus padres verlo.
- ¿Por qué? No sería bueno para ellos…
- Sí, sería bueno, pero el shock que les producirá ver a su hijo siendo un adolescente es bastante fuerte. Ya de por sí van a sufrir un pequeño shock al ver a Emrys, pues es el ahijado de Alice, según tengo entendido por ella.
- Sí, así es.
- Entonces queda claro. Los Longbottom también irán a la fiesta, después de todo, una pequeña victoria no se consigue todos los días.- Dijo Emeric feliz y contento de poder asistir con sus pacientes y así también el resto de sanadores de la mente de los Longbottom que estarían monitorizándolos en todo momento.
Regulus fue a su casa en Grimuald Place número doce, para dar la nueva a su tía Cassiopeia y decirle al elfo doméstico, Kreacher que fuera a la mansión Potter a ayudar a los demás elfos de las cocinas a preparar la fiesta.
En lo referente al salón de los retratos, les informó de que estaba libre de las ataduras de ser un mortífago, gracias a Harry, el cual le había quitado la marca oscura sin mucha dificultad.
Todos los retratos se alegraron por el joven Regulus y su padre le preguntó por sí iría con su hermano a la fiesta de Harry.
- No lo sé padre, no sé cómo se tomara mi presencia Sirius.
- Es tu hermano hijo, y él te quería mucho. Debéis de hacer las paces en esa cuestión. Dile, dile que tanto yo como su madre sentimos que le echáramos de casa a los dieciséis años, que no teníamos la información correcta en cuanto al lado de la guerra. Cuéntale sobre Harry. Eso ayudará en vuestra relación.- Dijo Orion a su hijo con una sonrisa triste. Por el contrario Walburga no estaba muy contenta de que su marido dijera algo así, pues ella no se arrepentía de haber echado de su casa al traidor a la sangre de Sirius.
Regulus acordó con su esposa de que iría él a Gringotts acompañado de la tía Cassiopeia, para confrontar a Sirius y llevarle a la mansión Potter a celebrar.
Sirius siempre fue uno para las fiestas y celebraciones, si iban con el pretexto de que su ahijado estaba en un día de fiesta y celebración por haber ganado una pequeña batalla política, tal vez su hermano no fuera tan… rencoroso con él, o eso esperaba.
Por eso cuando Cassiopeia y Regulus Black aparecieron en Gringotts y respetuosamente pidieron ver a su hermano, Sirius Black, el gobblin con una enorme sonrisa les dijo que le acompañaran, que lo estaban preparando para decirle que por unas horas estaba bien para salir.
- ¿Cómo es eso, Maestro Gobblin?- Preguntó Regulus, realmente interesado y un poco sorprendido por sus palabras.
- Fácil, Señor Black. El elfo doméstico Dobby ha venido con nuevas de Señor Potter y ha invitado a la nación gobblin o a los que pueden asistir al menos, a la fiesta de celebración de vuestra nueva ministra. Tengo que decir, que es mucho más educada que el anterior. Creo que buenos tiempos para todos se acercan.
- ¿Harry ha mandado invitaciones a vosotros también?- Preguntó un poco incrédulo, de que la voz se corriera tan deprisa.
- Por supuesto, después de todo es un amigo y aliado de la nación.- Dijo al llegar a las puertas de la enfermería. – El rey Ragnok, Griphook, y los sanadores del señor Black irán a la fiesta. Los sanadores para monitorizar su salud y que no se lleve mucha impresión y no se estrese demasiado.- Terminó de explicar el gobblin alegremente, algo que daba un poco de miedo a los dos Black, pues no estaban acostumbrados de ver a un gobblin feliz.
- Sr Black, le traigo visitantes.- Anunció el gobblin que llevaba a los otros Black con él.
Sirius se volvió con una sonrisa un poco más feliz a los visitantes y se congeló repentinamente al ver a su hermano, al que creía muerto por mucho tiempo.
Al ver a la persona que lo acompañaba, también se sorprendió, no esperaba encontrarse con su tía Cassie aquí, pues ella no salía mucho de la mansión que tenían en Francia.
- Tía Cassie, ¿Eres tú?- Preguntó con la voz un poco ronca de la emoción.
- Sí, pequeño Sirius, soy yo. Ven a saludar correctamente a tu tía y hermano.
- ¿Hermano? Regulus murió, es imposible…
- No morí, Sirius… me fui a Francia a recuperarme de una enfermedad. Ahí encontré a mi esposa y volví a Inglaterra a coger el asiento como Proxy de la casa Black.- Dijo Regulus con una mueca al principio, pero luego con una sonrisa feliz de hablar de su esposa.
- ¿Qué? No, es imposible Dumbledore dijo… dijo que Voldemort te mató…
- El viejo metomentodo no sabe nada, Sirius. Es un bastardo con sangre.- Comentó un poco enfadado por lo que le hizo a Harry, el cual consideraba como un miembro más de la familia, tanto él como su esposa y sus hijos. Algo que los Gaunt también hacían.
Sirius se quedó pensativo ante las palabras abrumadoras de su hermano, el cual lo miraba con una mezcla de compasión y esperanza.
Compasión por la forma en la que estaba actualmente Sirius. Entre su tiempo en Azkaban y los hechizos de compulsión en su mente, el pobre hombre estaba destrozado.
- Reg… Regulus, cuéntame más de la historia. ¿Es cierto que el viejo se metió con mi mente? ¿Es cierto que me dejó pudrirme en Azkaban?- Preguntó esperanzado de que le dijera lo contrario, aun quitándole las compulsiones, no podía creer que un hombre que se dedicaba al bien, hiciera esas cosas.
- Sí, es cierto. Señor Potter y otros Señores y Señoras, fueron los que te sacaron de Azkaban.- Contó Regulus, levantando una mano para apaciguar a su hermano. – Además el viejo Dumbledore, no es lo que decía ser. Él se metió con tu mente, no solo para controlarte, sino que también para controlar a Harry.
- ¿Harry? ¿El hijo de James? ¿Le has conocido?- Cuestionó con una sonrisa esperanzadora. - ¿Qué tal está? ¿Está bien? ¿Ha empezado Hogwarts?
- Sí, Sirius, él está bien. Sí le conocí en el Callejón Knockturn hace un año, de hecho él es un joven hechicero impresionante. Y sí empezó Hogwarts el año pasado y lo terminará este año.- Dijo sonriendo y riendo ligeramente ante el aturdimiento de su hermano.
- ¿Hechicero?...
- Antes que digas nada más, Señor Potter da una fiesta en su mansión, creo que recordarás donde está, ¿Verdad?
- Por supuesto, pero…
- Entonces vendrás con nosotros a la fiesta y allí podrás conocer a tu ahijado. Eso sí, no le hables de Dumbledore, porque tiene sus razones para odiarlo mucho más que ha Voldemort.
- ¿Has dicho su nombre?
- Por supuesto, es estúpido temer el nombre falso de un mago.- Dijo con una mueca de disgusto evidente en su rostro. – Prepárate Sirius, te hemos traído una túnica de gala, después de todo, la casa Black no puede ir a una fiesta, si no va hecho un pincel.- Dijo entregándole un traje azul oscuro con bandas doradas, si uno fuera quisquilloso, diría que por el color era parecido a los colores de la casa Ravenclaw.
Una vez Harry salido de la chimenea de su mansión, se dirigió rápidamente a buscar a Sarah en donde estuviera. En su camino se encontró con Dobby, el cual sin esperarlo fue recibido por su Maestro y amigo con un fuerte abrazo y levantándolo del suelo.
- ¡Por fin, Dobby! ¡Estamos a un paso más cerca de Albion!- Gritó felizmente Harry a un Dobby incrédulo por lo que veía.
- ¡Maestro! ¡Maestro está feliz! ¡Dobby es muy feliz de que Maestro sea feliz, pero Dobby quiere estar en el suelo!- Chilló nerviosamente el elfo, pensando que la alegría de su maestro era un poco inapropiada para ser celebrada con un elfo doméstico.
- Perdón Dobby, no pude evitarlo.- Dijo sonriente y bajando al pobre elfo al suelo. – Di a todos los elfos que esperamos invitados para una fiesta, di que preparen un buen banquete. También ve a Gringotts a invitar a nuestros amigos gobblins y dime, ¿Dónde está Sarah?- Pidió Harry rápidamente y saltando sobre sus pies.
El elfo lo miró con los ojos desorbitados por un momento y luego se puso a saltar sobre sus pies también, en la antelación de la fiesta que pidió su maestro.
- Maestra Sarah se encuentra en el comedor de los retratos, leyendo. Dobby va a hacer los mandados.- Dijo el elfo desapareciendo con un chasquido de los dedos, rápidamente por si acaso su maestro le volvía a coger en volandas.
Harry fue corriendo hacia el comedor de los retratos y cuando entró por la puerta, no pudo evitar gritar a pleno pulmón que lo habían logrado.
- ¡Sarah! ¡Lo hemos logrado, estamos a un paso de Albion! ¡Maestra Crane es la nueva ministra!- Gritó Harry, haciendo que su joven y hermosa maestra saltara del susto que la dio, y haciendo que algunos retratos dieran un respingo, para diversión de James y otros Potter.
- ¡Harry! ¡Por Myrddin y Morgana, no hagas eso! Casi se me sale el corazón del susto.- Dijo una Sarah un poco alterada.
- Oh, lo siento hermosa.- Dijo dirigiéndose hacia Sarah y levantándola del sofá para darla un beso apasionado en los labios, un beso que fue correspondido nuevamente y un poco acalorado.
Algunos de los retratos vitoreaban al beso y silbaban con alegría en sus rostros y no era para menos, su descendiente estaba inusualmente contento por alguna razón.
- Dime Harry, cariño…- Empezó Sarah un poco melosamente y aturdida por el beso y el humor de su aprendiz-novio-amante. - ¿Qué te tiene tan contento?
- Oh sí, es sobre Albion.- Hizo una pausa para el efecto dramático, lo que Sarah le pidió que continuara. – Estamos a un paso más cerca de conseguirlo. Ya tenemos nueva ministra. Maestra Crane, con los Maestros Prichard, como subministro y Kendrick como subsecretario de la magia. Cornelius Fudge ha sido destituido, los Weasley castigados y el torneo de los tres magos aprobado, desgraciadamente, pero en fin la noticia importante es que estamos a un paso más cerca de conseguir la integración de Albion.
- ¡Eso es genial!- Chilló alegremente, cogiendo a Harry en un abrazo aplastante de oso y levantándolo del suelo, como momentos antes, él mismo hizo con Dobby. – Es digno de una gran fiesta… hay que decirle a los elfos y las invitaciones a los aliados de Albion…- Comentó a toda prisa, soltando a Harry cayendo éste al suelo y riendo ligeramente.
- Descuida Sarah, ya lo he hecho. He pedido que se corra la voz, para que todo el mundo celebre. Estoy seguro que en el restaurante de Max, habrá una gran fiesta.- Dijo riendo alegremente, sin poder evitarlo y sin poder parar. – Hay que prepararse para los invitados, habrá que cambiarse de ropas, también tengo que ducharme… ¿Quieres venir conmigo y lo celebramos?- Dijo Harry sugestivamente y moviendo las cejas de arriba abajo.
Sarah evitó poner los ojos y sonrío ligeramente a su intento de tener sexo con ella. Si bien no le importaba hacer el amor con Harry, tendrían que tener cuidado, pues no sabían a qué hora llegarían los invitados.
Pero pensándolo bien… una ducha rápida juntos y un poco de amor en ella, no pasaría nada malo.
- Está bien, pero rápido. Pues no sabemos cuándo vendrán…- No pudo terminar la frase Sarah, pues Harry le cogió la mano y se la llevó corriendo hacia el baño de su habitación.
Los retratos de la mansión se quedaron mirando por un momento el lugar donde estaban los dos hechiceros y lo único que vieron fue el indicio de un camino de prendas y escucharon lo que sería sin duda, el indicio de una ducha relajante y calurosa.
- Sabes James, este hijo tuyo es muy parecido a tu padre.- Dijo Dorea Potter a un James divertido.
- Sí, también es parecido a cuando éramos jóvenes mis hermanos y yo.- Asintió Ignotus Peverell con una mirada distante y melancólica.
James solamente podía sonreír ante los halagos de sus antepasados a su hijo y asentir con la cabeza en señal de aprobación.
- Oh sí, él es todo un Potter en ello. Me alegro por él y estoy muy orgulloso también de mi pequeño merodeador…- Dijo limpiándose una lágrima imaginaria y riendo a carcajadas.
Lily por el contrario estaba feliz de que su hijo hubiera encontrado el día de hoy la dicha y estuviera contento y sonriente. Después de todo no se le veía tan alegre en días, o incluso en el año en el que estuvieron en la mansión Potter, sin contar claro, el día que lo vio cuando tuvo su primera experiencia sexual con Sarah. La cara de bobo que no se le quitaba, hasta que su novia-amante-maestra se la quitó amenazándolo con no tener más noches como esa por un tiempo. Era divertido ver a su hijo interactuar con el sexo opuesto a veces, como su futura hija en ley ponía a Harry en el camino correcto, con sus opiniones y consejos. Después de todo, detrás de cada gran hechicero, hay una gran hechicera.
Después de una ducha relajante y apasionada, entre besos, caricias y sexo. Ambos hechiceros salieron de ella y se vistieron con túnicas para la ocasión de la fiesta.
Después del día de hoy, Harry se tomaría otro día más para volver a Hogwarts y cuando volviera, podría relajarse de los problemas y políticas del Wizengamot por el resto del año escolar. Debía prepararse sus estudios y tal vez disfrutar de un partido de Quidditch apoyando a su casa.
Cuando los invitados empezaron a llegar, la carpa en los jardines de la mansión, estaba construida para que de calor y había grandes mesas con abundante comida y bebida.
La fiesta sería cada cual de pie, para poder socializar con quienes quisieran. Los elfos domésticos desempolvaron instrumentos de música para encantarlos a que tocaran canciones tradicionales de Bretaña, Gales, Escocia e Irlanda.
Los primeros invitados resultaron ser brujos, hechiceros y druidas del Concilio que se pasaban por la casa de Harry para felicitarlo por el día de hoy, a saber porque fueron de los primeros en ser llamados para trabajar en el ministerio de magia, a saber por querer ser de los primeros en felicitar a Harry por el éxito en la implantación de la nueva ministra, o simplemente porque era lo correcto a hacer y pasarse para conocer al joven Emrys.
Cuando los aliados de la alianza Albion comenzaron a llegar, de los primeros fueron Augusta con su hijo y su esposa. Emeric, junto al resto de sanadores que se dedicaban a cuidar de los Longbottom, que estuvieron ausentes de sus mentes, durante demasiado tiempo.
Augusta se dirigió a Harry que estaba esperando, junto con Sarah la cual estaba a su derecha y un paso atrás de él.
- Señor Potter, quisiera presentarle a mi hijo y a su madrina. Aunque ya los conocía de antes, creo que es correcto para que ellos te conozcan.- Comenzó Augusta, haciendo un gesto con la mano, para que su hijo y esposa se acercaran a Harry.
Mientras que éstos últimos estaban mirando a su alrededor, dado el hecho de que pocas personas fueron los que pisaron la misteriosa mansión Potter en la historia, no podían sentirse cautivados por las decoraciones de la sala Flú.
Cuando se acercaron lo suficiente para ver al hijo de James y Lily; Alice dio una aspiración en la incredulidad.
- Tus ojos… tus ojos son distintos a los del pequeño Harry… ¿Qué te ha pasado?- Informó y preguntó al mismo tiempo que daba un pequeño abrazo al joven que tenía delante de ella.
Harry la miró con una ceja arqueada y luego dio un suspiro pesado, recordando porque sus ojos se oscurecieron y porque tuvieron las vetas doradas.
- Señora Longbottom…
- Alice o tía Alice, no Señora Longbottom, Harry.
- Alice, mis ojos están así por motivos que si te contara, te entristecería y enfadaría a niveles que no serían aconsejables para tu salud.- Evitó el tema, devolviéndole el abrazo y pensando que Neville se podrá muy contento, cuando descubra que sus padres están sanos otra vez.
Frank se acercó a recoger a su esposa del abrazo aplastante que estaba dando a su ahijado y sonrío a Harry ampliamente.
- Soy Frank Longbottom, es un placer conocerte Harry. Tus padres y nosotros éramos amigos en la escuela.
- Lo sé Señor…
- No, llámame Frank o tío Frank, Harry. Después de todo somos medio familia y si lo que dice mi madre es cierto, somos aliados y amigos también.- Dijo Frank sin dejar de sonreír.
Harry con una sonrisa, aceptó los términos del padre de Neville.
- Está bien Frank.- Dijo, estrechándole la mano. – Como decía, sé que erais amigos, pues los retratos de mis padres y mis abuelos, me han contado muchas cosas de cuando estabais en Hogwarts.
- Tienes los retratos de James y Lily…- Dijo una Alice llorosa, la cual fue cogida de la mano por Frank y le dio un ligero apretón, reconfortante.
- Me alegro oír eso, Harry. Espero que tú también seas amigo de nuestro Neville.
- Por supuesto, Neville y yo somos amigos, pues frecuentamos los mismos amigos.- Dijo dando una sonrisa y explicándole quienes eran los amigos de ambos.
No hace falta decir que se llevaron una sorpresa al enterarse de las tantas familias que creían extintas, pero que realmente supieron ver a través de las mentiras y manipulaciones de Dumbledore y decidieron esconderse, hasta que el viejo cayera en desgracia.
La suerte de Harry, fue que los encontró y pactó alianzas con ellos, dándoles la oportunidad de salir a la luz pública nuevamente y reclamar sus herencias, en el Wizengamot y Hogwarts. Todos ellos eran bienvenidos a la nueva nación de Albion, cuando ésta estuviera restaurada.
También se sorprendieron ambos Longbottom, del poder que tenía Harry en la cuestión de magia y política. No podían creer al principio que el Concilio le hubiera dado el título de Emrys y mucho menos que estuviera a punto de examinarse de los TIMOS, cuando estaba claro que tenía doce años y no quince, aunque para ellos fue la sorpresa que decidieron no comentar nada, ante la madurez del joven Potter.
Hablando un rato más, junto con Augusta, Emeric y el resto de sanadores que agradecieron a Harry y felicitaron por el breve éxito en el Wizengamot, el día de hoy, se fueron a saludar al resto de invitados.
Sarah siempre se quedó al lado de Harry, protegiendo su flanco y dándole ánimos desde atrás, con una sonrisa en su rostro.
- ¿Estás bien?- Preguntó antes de que se encendiera nuevamente las llamas de la chimenea para dar la bienvenida a otros invitados.
- Sí, gracias por estar a mi lado, Sarah.- Dijo, mirando alrededor para que no les viera ningún hechicero o druida el intercambio de palabras cariñosas.
Antes de que vinieran los Black, los Gaunt y Theodore Nott, otras familias como los Blue aparecieron por la mansión Potter para venir a la fiesta y agradecer a Harry por la oportunidad que les daban.
Los Gobblins vinieron después un poco más tarde, pues los negocios en el banco nunca se acababan.
- Bienvenidos Ragnok, Griphook, Ripclaw. Que vuestro oro fluya eternamente y que vuestros enemigos caigan ante vuestras hojas.
- Gracias Señor Potter, y que tu oro se llene de las arcas de tus enemigos caídos.- Dijeron los tres Gobblins con sonrisas idénticas dentadas. Algo que a Harry le fascinaba, pero a otros invitados todavía incomodaba.
Hablando un poco más con los gobblins de Gringotts sobre la amistad que tenían, Harry les dijo que pronto, cuando encontrara a los clanes de licántropos y vampiros, lucharía junto con toda la alianza para que se les diera los mismos derechos que tenían todos los mágicos o al menos lucharía para que así fuera.
Ragnok le sonrío y les recordó a sus compañeros de fiesta por qué decidió hacerle amigo y aliado de la nación Gobblin.
Después de los tres gobblins que se mezclaron sin problemas con la gente invitada en la carpa, comiendo todos juntos y bebiendo, las llamas se encendieron nuevamente para dar la bienvenida a los McKinon, los Abbott, Amelia Bones, pues no tenía esposo, los Cornner, los Greengrass, Xenophilius Lovegood; un mago un tanto extraño, hablando de criaturas que solo existían en las leyendas de Camelot y Avalon, junto algunas de las criaturas de Atlantis, no podía imaginar Harry como se enteraría de ellas. También llegaron los Moon, McMillan, una pareja de magos muy peculiar y muy amigable también. Los Turner, los Zabini, la familia de Flitwick, salvo por el pequeño profesor de encantamientos, que actualmente se encontraba en Hogwarts enseñando.
Poco después llegaron los Gaunt, disculpándose Salazar por su esposa que aparentemente no se podía decidir que ponerse.
Amanda dio un ligero golpe en la cabeza a Salazar y se disculpó con Harry por las payasadas de su marido.
- No te preocupes Amanda, estoy acostumbrado. Además, creo que ya sé de dónde ha salido Celeste…- Dijo con una risa y dando un abrazo a Amanda Gaunt.
- Sí, sí, reíros de nosotros…- Murmuró y farfulló Salazar unos momentos, hasta volverse de repente un poco más serio. – Por cierto Harry, tenemos buenas noticias que darte.- Dijo repentinamente Salazar con una sonrisa que amenazaba con dividirle la cara.
Sarah miró especulativamente a Amanda y se dio cuenta de que el vientre lo tenía ligeramente abultado, eso significaba que estaba embarazada y que pronto habría otro Gaunt corriendo por allí.
- ¿Y eso sería, Salazar?- Preguntó Harry un poco confuso.
- Estoy embarazada nuevamente. Voy a tener otro niño.- Dijo Amanda tocándose la tripa con una sonrisa maternal.
- ¡Pero eso es fabuloso e increíble! ¡Felicidades!- Dijo Harry igual de contento por el matrimonio Gaunt.
Sarah también los felicitó sonriendo ampliamente y dejando el lado protector de Harry para hablar de éstas cosas con Amanda, mientras Salazar se quedaba para pedir a Harry un favor.
- Harry, necesito que me hagas un favor muy grande.- Dijo Salazar un poco nervioso ante la perspectiva de que éste se negara.
- ¡Claro! Dime que puedo hacer por el futuro padre de nuevo.- Contestó sonriente Harry.
Salazar dio un suspiro y cuadró los hombros regiamente, para pedirle el gran favor.
- Harry, a mí y mi esposa nos gustaría que fueras el padrino de nuestro hijo o hija…- Dijo Salazar esperando la reacción de Harry.
Por parte de Harry se quedó muy impresionado ante tal petición, jamás en su vida esperaría que alguien le nombrara padrino de un niño.
Tardó unos momentos en contestar, pero no por pensar las palabras adecuadas, sino porque estaba en blanco, por primera vez en mucho tiempo.
- Claro, quiero decir, será todo un honor Salazar.
- Entiendo que si no quieres…- Contestó rápidamente sin haber escuchado a Harry aceptar.
- ¡No! ¡Quiero decir, que sí! Que acepto ser el padrino de tu hijo, será un honor para mí.- Contestó abrazando a Salazar, el cual sonreía ampliamente.
- Gracias, Harry. No pensamos en un mejor padrino que tú. Has hecho mucho por nuestra familia, reconociéndonos en tu árbol genealógico como parientes de sangre y todo el resto que has hecho por nosotros… serás un buen padrino.- Dijo Salazar contento con el chico que tenía entre sus brazos, abrazándolo de felicidad contenida.
Para Harry esto era lo más, ahora tenía una verdadera familia con todos los que estaban en su casa celebrando y más a partir de ahora que Salazar y Amanda iban a ser padres de nuevo.
Harry le dijo a Salazar que la fiesta de hoy, se podría utilizar en muchos sentidos, como para celebrar la recuperación exitosa de su madrina, Alice. El embarazo de Amanda, el honor de ser padrino de Harry y el honor de ser madrina de Sarah, la cual aceptó con un "Sí" que se escuchó por toda la casa.
Un poco de más conversaciones y los Gaunt dijeron que iban a dar la noticia a los demás miembros, mientras que Harry y Sarah se quedaban a recibir a los últimos invitados, los cuales fueron Max y su hijo; ambos druidas en éxtasis por haber sido invitados en la casa de Emrys y para la celebración del alcance de Albion, como muchos lo empezaron a llamar, puesto que ya no era una idea de Emrys, sino que estaba al alcance de la mano de todo el mundo. Solo faltaría que Emrys encontrara las ciudades perdidas de la antigua religión, tales como Camelot, Avalon y Atlantis.
Poco después de Max y su hijo Dylan, llegaran, la familia Black llegó. Primero salió Regulus de la chimenea, seguido de su esposa, Miranda, la cual saludó a Harry y Sarah efusivamente. Después llegó la tía Cassiopeia, la cual tenía una extraña sonrisa en su rostro, Harry no sabía bien si era por el poder que estaba recibiendo Regulus en el Wizengamot y el mundo mágico por su asociación con él o por si era por otra cosa, pero el caso es que se la veía muy contenta.
Puede ser que su alegría fuera por los siguientes visitantes que recibió, ya que salieron poco después de la chimenea.
Se encontró cara a cara con Andrómeda Tonks, su esposo Ted Tonks y su hija Nymphadora Tonks.
- Vaya, esto sí que es una sorpresa, Sanadora Tonks.- Dijo Harry saludándola con un beso en los nudillos, a su hija también, pues era de caballeros hacer eso. Sin embargo Ted, se llevó un asentimiento de cabeza y una mirada interrogadora, no podía ser más cauteloso alrededor de éste hombre, pues se decía que era de los fieles de Dumbledore.
- Pues espera a ver, tenemos otra sorpresa para ti.- Dijo Regulus con una sonrisa feliz.
Harry ladeó la cabeza en señal curiosa, hasta que las llamas se volvieron verdes de nuevo y un hombre en su treintena salió de la chimenea.
El hombre llevaba el pelo largo y una perilla recién recortada, los ojos grises tormenta, como los de Regulus. Un porte regio que indicaba que era un sangre pura, pero con una chispa de broma en sus ojos, un toque rebelde se podría decir.
- Harry, permíteme que te presente a tu padrino, Sirius Black y mi hermano, claro.- Presentó Regulus a ambos, esperando ver la reacción de cada cual.
- Bienvenido a la Mansión Potter, señor Black o ¿Es Señor Black ahora?- Cuestionó Harry con una ceja levantada, pero sin parecer grosero.
Era curioso en cuanto a su ahijado le hablaba, no parecía un muchacho normal de doce años, sino más bien una versión adulta, pero miniaturizada, Sirius se sorprendió un poco al principio, pero con un carraspeo de su hermano, volvió al mundo real.
- Sirius, estará bien Harry.- Dijo con una sonrisa tentativa al chico.
Harry pensó unos momentos en que contestarle, al parecer no le había respondido como a él le hubiera gustado, tenía la duda de si este Sirius, cambiaría algo siendo el jefe de la casa Black o sus lealtades, no le apetecía tener que re-convencer al nuevo Señor Black de la alianza Albion.
- Verás Sirius, lo que yo me refería es, si vas a tomar el Señorío de la casa Black o se lo vas a dejar a tu hermano.
- No, ya he hecho los arreglos con los gobblins y se lo dejo a mi hermano, Harry, por eso no tienes que preocuparte.- Dijo un abatido Sirius, de que eso fuera lo que le preocupara a su ahijado.
- No me malinterpretes, Sirius, pero tu hermano ha hecho una labro esplendida en cuanto a la gestión de la casa Black. No es que quiera parecer… preocupado únicamente en estos negocios, pero realmente tenía que preguntar.
- ¿Por qué?
- Porque tu hermano pertenece a la alianza Albion ahora. Y no me gustaría que se fuera, ya que hace un trabajo magnifico en el Wizengamot y en Hogwarts como gobernador de la escuela.
- Entiendo.- Dijo un poco serio su padrino, el cual estaba mirando a los lados un poco inquieto. – Sabes, hace mucho tiempo que no venía por esta casa, me gusta como la has cambiado, salvo por los retratos que ya no están aquí.
- Ciertamente, les coloqué a todos en una misma habitación, eran demasiados para estar aquí.- Dijo Harry sonriendo a su padrino. – Creo que tenemos mucho que ponernos al día, Canuto.- Dijo con una sonrisa tentativa, la cual Sirius respondió alegremente y estrechándolo en un abrazo de oso, el cual al principio Harry se tensó un poco, pero después se relajó y se lo devolvió.
Después de unas cuantas horas de charla, comida, baile y música; la tarde-noche cayó sobre los asistentes en la fiesta por la nueva ministra y por el pronto retorno y regreso de Albion. Harry estaba sentado en una de las butacas de la mansión, junto con Emeric, Regulus, Salazar, Theodore, Sirius y Sarah, hablando de los planes que tenía para con Albion y de cómo iba a redescubrir las ciudades perdidas de la antigua religión.
Sirius estaba impresionado de lo que su ahijado había conseguido hasta ahora, más impresionado se quedó al descubrir que Harry no era mago, sino un hechicero y que había abrazado su herencia en el Concilio Hechicero-Druida.
Para cuando Harry les iba a contar sobre la preparación del ritual en Stonehenge, la chimenea del salón se encendió y por ella salió un desaliñado subsecretario de la magia, con el sub ministro.
Todos se los quedaron mirando por unos momentos, viendo que tenían leves heridas y rasguños, lo cual preocupó a Harry, pues no se había enterado que hubiera habido un ataque en el ministerio. Estaba seguro que Titus o cualquier otro asistente que se quedó para tamizar los últimos reparos y negocios de la nueva ministra de magia, le hubieran avisado.
- Subministro, Subsecretario, siéntense y recobren el aliento, por favor.- Dijo Harry apuntando con su báculo a dos espacios vacíos y convocando sendos sillones de cuero negro, para sus invitados inesperados. - ¿Qué os ha pasado? Pareciera como si os hubieran atacado.- Concluyó Harry una vez que ambos estaban sentados y dos vasos de Whisky de fuego aparecieron ante ellos.
- Emrys, traemos malas nuevas del ministerio.- Dijo el Subministro Arian Prichard.
- ¿Qué es Arian?- Preguntó Emeric con el rostro serio de la preocupación.
- Dumbledore.- Dijo Arian sin reparos y sin endulzar nada.
La sala se quedó un rato en silencio, hasta que Sirius no pudo aguantar más y dijo a todos que Dumbledore no atacaría a la ministra de magia.
Harry por el contrario se lo quedó mirando como si le hubiera crecido una cabeza de más.
- Sirius, Dumbledore intentó matarme. Pero estoy seguro que no hubiera sido tan estúpido como para intentar un ataque a Anice. ¿Verdad?
- Es cierto Emrys, lo que mi colega no te está diciendo que es un plan elaborado de Dumbledore, lo que nos ha hecho esto.- Dijo el subsecretario Lloyd Kendrick con una mueca en su rostro.
- Cuéntanos entonces, empezad desde el principio, por favor.- Pidió Harry en su papel de Emrys, temiéndose lo peor. – Por cierto Sirius, te voy a pedir que no intervengas. Más tarde Regulus te contará por qué estamos en una especie de guerra contra el viejo.- Terminó mirando a Sirius, dándole una mirada que decía claramente que no abriera la boca. Atrás quedó el chico afable que estaba conociendo a su padrino, recién liberado de Azkaban y el cuidado amoroso de los gobblins.
Arian y Lloyd empezaron a contarles que como la tradición de la nueva ministra requería, presentarse al primer ministro muggle de Bretaña, algo que Anice intentó por todos los medios no tener que hacer, pues no veía como a un muggle le podría interesar quien gobernara en el mundo mágico, dado que cuando se fundó la ICW y la ley del secreto, ningún muggle por muy jefe de estado muggle que fuera, tenía el derecho a conocer el mundo mágico. Desgraciadamente, mirando en las leyes de Bretaña mágica, era obligatorio para el ministro o en este caso la ministra darse a conocer al primer ministro muggle.
Por eso, Anice envió a Arian por delante, junto con el subsecretario Lloyd, los cuales pasaron por la chimenea de la oficina de la ministra, para anunciar que iban a ir.
Antes de pasar por la chimenea, uno de los retratos de un viejo mago, les dijo que él les anunciaría por ellos, para que los muggles se fueran preparando para la visita.
Después de un rato de que ninguno en la oficina tuviera noticias del viejo mago, pensaron que tal vez el ministro muggle se lo hubiera tomado como una broma y decidieron ir en persona y no esperar más por el mago del retrato.
Cuando pasaron a través de la chimenea, tuvieron que erigir rápidamente escudos de piedra para evitar las balas que les cayó encima.
Claro, era una sorpresa que los muggles les atacaran de esa forma, pues nunca en la historia de los ministros, dándose a conocer pasó esto.
Queriendo saber quién y porque los atacaban, hicieron de sus escudos de piedra, invisibles desde su parte, para ver mejor. La sorpresa los sobrecogió cuando encontraron a Dumbledore y Moody en el despacho del ministro de Bretaña.
Queriendo saber qué hacía un hombre buscado por intento de asesinato ahí, lo preguntaron.
- ¡Fuera de mi despacho, monstruos sin valor!- Fue el grito xenófobo del primer ministro, pero no podían entender ambos druidas, lo que hacían los dos magos allí.
- ¡Alto el fuego!- Gritó Moody a los muggles, que rápidamente pararon de disparar. – Albus, es tu turno para enviar el mensaje.
- Por supuesto Alastor.- Dijo moviendo la varita de sauco en un movimiento rápido y deshaciendo los escudos de ambos druidas. – Ahora, tenemos un mensaje para vuestra… ministra y al que llamáis Emrys.- Dijo Dumbledore con una cara de disgusto al nombrar la palabra ministra.
- ¿Qué mensaje Dumbledore?- Gritó Lloyd con el rostro desencajado de furia, pues ese hombre era un cazador de hechiceros y druidas.
- Ahora, ahora, creo que debemos tomar esto con calma, no es así ministro Dursley.- Habló a un hombre gordo y con el rostro desencajado de la ira, pero con los ojos un poco vidriosos, parecía ser que ese hombre, aunque estuviera bajo la maldición Imperius, estaba furioso de tener seres mágicos en su despacho.
- ¡Sí! ¡Cuanto antes acabes, antes se irán todos de aquí!- Dijo chillando de la indignación.
- Cierto, primero el mensaje a la ministra. La ley del secreto ha sido violada, por vuestra culpa. No hemos tenido otra opción. Si no dimite enseguida de su puesto, nos veremos en la obligación de atacar con los buenos de nuestros amigos muggles.- Concluyó la primera parte del mensaje. – En cuanto al mensaje para aquel que llamáis Emrys, decidle que la guerra está cerca y que le mataré personalmente, como la abominación que es.- Terminó Dumbledore, moviendo nuevamente su varita y atacando a ambos Druidas, que estaban perplejos por los mensajes.
Moviéndose de su aturdimiento rápidamente, lograron esquivar los ataques de Dumbledore, intentando en vano desaparecerse, no quedándoles más remedio que escapar por la ventana si querían llegar con vida a dar el mensaje, puesto la chimenea estaba destruida, saltaron ambos de ellos, aterrizando suavemente o al menos tan suave como pudieran tomar en el suelo, rociándose de cristales y escombros. Una vez fuera de las salas anti aparición, lograron huir del edificio en el que estaba el primer ministro muggle, con unos cuantos muggles con cámaras de video como testigos. Más tarde se enterarían que eran periodistas y grabaron el asunto de su huida, para difundirlo a la población de Gran Bretaña.
- Es ahí donde concluye la historia. Fuimos primero a contarle a Anice para que no fuera al ministerio muggle, después venimos a contártelo.- Terminó Arian, el cual se tragó de un trago su bebida.
El silencio que hubo después, podrían haber jurado oír caer un alfiler, pues todos en la sala estaban en un silencio tenso y temeroso. Los muggles sabían de su mundo, lo que era más destructivo, es que Dumbledore les contó, rompiendo la ley del secreto.
Ahora mismo podría empezar una guerra, que no sabían si podrían ganar, pues todavía quedaban muchas cosas por hacer en el Wizengamot, tendrían que darse prisa si iban a hacer algo.
Harry estaba meditando la historia y por primera vez, estaba un poco temeroso ante lo que escuchó. Las acciones del viejo, han sido precipitadas, dado que si no se equivocaba mucho, el ministro que había elegido, era Vernon Dursley, el marido de Petunia, la antigua hermana de su madre, Lily Potter, antes Evans.
- Disculpa Arian, pero habéis dicho que el ministro se llamaba Dursley, podrías describírmelo.- Pidió Harry, esperando equivocarse y que fuera otro Dursley el que era ministro.
- Sí Emrys, según Dumbledore, que pareció que le llamó a propósito, pues no hacía falta que hablara con él, para darnos el mensaje. Era un hombre gordo, parecido a una morsa, podríamos decir. Con un bigote que le hacía ese efecto. Su rostro estaba medio morado de retener la furia, parecía que iba a estallarle la cabeza.- A medida que Arian iba describiendo al hombre, Harry iba palideciendo más y más, pues sabía de esa reacción y conocía a ese hombre, al final resultó ser cierto, era Vernon Dursley.
- Estamos jodidos.- Dijo Harry yendo directamente al grano. – Hay que reunir al Wizengamot y comenzar a planificar una medida de defensa contra los muggles, también tendremos que sacar de las calles a los nacidos de muggles, imaginaos lo que les harían a los pobres niños si los llegaran a atrapar.
- Creo que Hogwarts, debería convertirse en un refugio temporal, hablaré con mi hermano al respecto.-Dijo Emeric, levantándose y despidiéndose del resto de los habitantes en la sala y los jardines, informando a los Druidas y Hechiceros del asunto. Lamentablemente el resto de la alianza lo oyó y tuvieron que reunirse en una reunión de emergencia.
Por un lado estaban de suerte, pues estaban todos juntos, por el otro las voces de discusión y temor estaban por todas partes. Harry no sabía que hacer al respecto, sin embargo se le ocurrió lo primero.
- Majestad Ragnok, podría contratar los servicios de la nación, para construir, primeramente un orfanato para niños, nacidos de muggles, mestizos y sangre pura de los magos, tanto es así para hechiceros, druidas, brujos, etc. también me gustaría que se hiciera un refugio para el verano, pues la guerra que se nos avecina va a ser dura, me temo.
- Eso es posible, pero costará caro.
- Eso no es preocupación. Todos aquí contribuiremos en lo que podamos. También debe construirse salas y defensas. Pero la pregunta es ¿Dónde?- Pidió Amelia un poco más tranquila y menos preocupada, por el respaldo y la rapidez de acción de Emrys.
- Eso es cierto, el orfanato se podría construir en Hogsmeade o en alguno de los valles de los fundadores.- Propuso Augusta. – Lo que hay que hacer es evitar que cunda el pánico en la población.
- Para ello reuniremos el Wizengamot y habrá una propuesta para comenzar la ofensiva antes que los muggles.- Dijo Harry, haciendo que todos se volvieran a él.
- ¿Y cuál sería esa propuesta, Harry?- Pidió Sirius temiendo lo peor.
- La caza de muggles, como excusa para que la población actué y no solo los aurores. También iremos a los campamentos de brujos, hechiceros y druidas, les pediremos ayuda, lo cual el Concilio interno ha de reunirse, Sarah eso te lo dejamos a ti.- Mandó Harry, poniéndose en la posición de líder. – Para las construcciones, tengo entendido que el Valle de Slytherin no está muy lleno, podríamos poner ahí el orfanato, con un contingente de gobblins armados.- Propuso Harry a Salazar y Ragnok, los cuales asintieron y Salazar comentó que no hacía falta casi construir desde cero un edificio, pues había un castillo que perteneció al Salazar Slytherin original.
Con el tema del orfanato y el refugio resuelto, para todos aquellos hijos de muggles o Squibs que estuvieran en el mundo muggle, se decidió a proceder para el Wizengamot, decidiendo que Regulus y Aurelius, sacarían el tema de la caza de muggles. Por otra parte muchos miembros de la alianza querían quitar las inversiones que tenían en el mundo muggle, lo cual fue aprobado por Griphook como gerente de cuentas Potter y decidió en ponerse en contacto con los gerentes de cuentas apropiados.
Después de unas horas más de planificación a largo alcance, pues Harry debía volver a Hogwarts para aprender y poder examinarse de los TIMOS y EXTASIS conjuntamente, se decidió no contar a los niños nada al respecto, a no ser que saliera en la prensa mágica antes.
Cuando todos los miembros de la alianza Albion se marcharon a sus respectivos hogares o incluso a hacer planes de contingencia en el ministerio, en el caso del subministro y el subsecretario, Harry se quedó a solas con Sarah, ambos preocupados por lo que depararía el futuro del mundo mágico.
Con un par de copas, ambos hechiceros estaban discutiendo las posibilidades que tenían de luchar contra los muggles en su territorio.
Harry era defensor de que podrían ganarlos con un poco de investigación y espionaje hacia ellos, pues solamente con dejar grandes cantidades de magia en sus tecnologías, eran capaces de destruirlas, ya que la magia y la tecnología no se llevaban bien.
La discusión fue enfrente de los retratos, que algunos de ellos discutían entre sí los hechos que ocurrieron.
- Harry.- Llamó uno de los retratos más antiguos de la mansión. – Debes pedir ayuda a los aliados del reino eterno.- Aconsejó sabiamente, lo cual para Harry no era mucho, porque no sabía quiénes eran estos aliados.
- ¿Reino eterno? Eso son leyendas, con el debido respeto, señor Peverell.
- Para nada, querida, los asgardianos son muy reales y tienen un tratado con nosotros los magos, hechiceros y druidas del mundo mágico, en el cual si necesitamos su ayuda, pueden venir a ayudarnos, pero para ello se necesita que uno se ponga en contacto primero.
- ¿Y cómo nos ponemos en contacto, antepasado?- Pidió Harry curioso.
- No lo sé, solo sé que lo descubrirás pronto.- Dijo con una sonrisa enigmática.
- Bueno, eso no es mucho, para empezar…- Dijo Sarah burlándose del retrato que se ofendió.
Harry estaba mirando más a Ignotus, el cual sabía lo que iba a venir a continuación.
- Vas a por la piedra.- Dijo más que preguntó.
- Sí, ¿alguna idea de donde está?
- No, pero hay un hechizo de rastreo, lo bueno es que ya está ligada a ti y solamente tendrás que recogerla, para que te jure su lealtad, más o menos como la varita de sauco.- Explicó Ignotus Peverell con una sonrisa cansada.
Mañana iré a por la piedra, la varita será más difícil, pues la tiene Dumbledore. ¿Sabes qué pasará si se unen las tres reliquias?
- No, no lo sé, pero debes llevar la capa para cuando vayas a por la piedra y cuando las tengas ambas, las debes llevar en todo momento, pues presiento que nunca han estado juntas al mismo tiempo.- Aconsejó Ignotus a su heredero y descendiente, el primero de todos los Peverell para poseer las reliquias de la muerte.
Nota de autor 2:
En correlación a lo que se avecina, en los próximos capítulos lo explicaré mejor e incluso creo que el próximo va a ser únicamente para la preparación y antelación de la ofensiva mágica de Albion en contra de los muggles.
También decir que ya iba siendo hora de un poco de acción. Espero poder escribir bien el comienzo del crossover. En la mente lo tengo bien, pero la dificultad viene a pasarlo a papel o en este caso a Word.
Un cordial saludo y hasta la próxima.
