Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.


Capítulo beteado por Esmeralda Cullen.

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Capítulo 28

No se dieron cuenta de en qué momento se marchó Andrew, pero continuaron besándose hasta que la falta de aire los obligó a separarse. Ella estaba sonrojada y miró hacia el suelo, era consciente de que había cometido un terrible error, no sabía cuál sería la reacción de Edward después de lo que acababa de hacer. Consideró algunas excusas, aunque la verdad era que ni siquiera lo pensó, actuó por impulso y eso podía costarle su amistad. Estaba dispuesta a aceptar cualquier recriminación de su parte, sin embargo, quería dejar claro que jamás pensó en jugar con sus sentimientos.

—Hora de desayunar —comentó Edward mientras caminaba hacia la cocina.

No pretendía hablar con Isabella respecto al beso y tampoco quería volver al silencio incómodo. Al ver la expresión de su amiga, supo que ella se había arrepentido de inmediato, pensó que seguramente lo hizo para deshacerse de Andrew, y no quería que se lo confirmara. Después de todo, él había disfrutado aquel beso y prefería permanecer con ese recuerdo sin añadir nada más.

En los minutos posteriores, Isabella se esforzó por actuar con naturalidad, aunque de su mente no podía alejar el beso, miró con detenimiento a Edward esperando encontrar algún gesto que le indicara que debía disculparse, pero él estaba tan tranquilo que decidió que era mejor olvidarlo. Pensar demasiado en eso o hablar de ello, podría despertar confusiones, y era algo que no estaba dispuesta a permitir.


Charlie se levantó temprano; durante la noche le costó conciliar el sueño, temía lo que pudiera ocurrir en el juicio, aunque aún conservaba un poco de esperanza. Empezó a pensar que quizá no habrían encontrado las pruebas suficientes, o que su sentencia se reduciría al devolverle todo a los Cullen.

—Pareces de muy buen humor como para ir a prisión en pocas horas —comentó Renée mientras desayunaba. Ella había pensado mucho en su proceder y lo único que se le ocurrió fue sacar las cosas de valor de la casa y venderlas.

—Pensé que te habías ido ya lejos de aquí —contestó mientras caminaba a la puerta, no quería continuar viéndola, le sorprendía que todavía siguiera en la casa, por lo que decidió preguntar—. ¿Piensas acudir al juicio?

—Por supuesto que no, tengo cosas importantes que hacer —replicó sonriente, lo cual llamó la atención de su esposo, así que se apresuró a cambiar de tema—. ¿A dónde vas tan temprano?

—A visitar a mi hija —contestó mirando con sospecha a Renée, quiso saber qué planeaba hacer, pero, al final, decidió que no le importaba y sin decir nada más, se marchó.

Tenía que contarle a Vanessa lo que estaba ocurriendo, después de todo, él había dicho que se ocuparía de su bienestar y si las cosas salían mal, al menos debía dejarle dinero con el cual pudiera vivir tranquilamente por un tiempo.


Vanessa no podía alejar de su mente la visita de Renée, sabía que debía estar prevenida, temía que hiciera algo para alejarla nuevamente de su padre. Al escuchar la puerta, abrió sin mucho ánimo, no sabía quién podía llegar tan temprano, aunque esperaba que no fuera su querida hermana. Pero, al ver a Charlie, se molestó más, ya que imaginaba que iría a reclamarle, sin embargo, él no mencionó nada de lo ocurrido con Isabella, le contó sobre el juicio y las posibles consecuencias. A pesar de haber dicho en muchas ocasiones que odiaba a Charlie, lo que menos quería era verlo en prisión y sentir que se quedaba nuevamente abandonada.

—Lo siento mucho, Vanessa, sé que sigo fallándote como padre —se disculpó—. He dejado dinero en una cuenta de ahorros a tu nombre, no sé si será suficiente, pero también le pediré a Isabella que cuide de ti.

La sola mención del nombre de su hermana la indignó.

—No la necesito —aseguró.

—Date la oportunidad de conocerla —pidió, necesitaba saber que, al menos, podrían contar la una con la otra—. Estoy convencido de que podrán llevarse bien.

—No quiero conocerla, lo que deseo es estar lo más lejos posible de ella.

—Pero alguien debe cuidar de ti —replicó.

—Lo harás tú, no tengo a nadie más, yo todavía te necesito, no puedes simplemente alejarme de tu vida de nuevo —contestó, tratando de ocultar el miedo que sentía al pensar que se quedaría sola.

—No lo haría por mi propia voluntad, solo que…

—No me importa lo que hayas hecho, debes quedar libre y ser mi padre, eso es todo —dijo interrumpiéndolo, y se marchó a su habitación.

Charlie no sabía qué hacer, no pretendía lastimarla ni que ella pensara que la abandonaría, así que se sentó a esperar, en algún momento iba a salir y podrían seguir hablando.


Alice, temprano, fue a casa de su hermano. Había dejado a Carmen cuidando de sus hijos, en un inicio pensó en dejarlos con Jasper, pero él le aseguró que estaría a su lado durante el juicio. Siempre le agradó el modo en que la trataba y cuidaba de ella, por eso se alegraba de ver que el antiguo Jasper regresaba, sin embargo, ya hacía tiempo que decidió no hacerse ilusiones con una posible reconciliación, ya que habían acordado que serían amigos únicamente por el bien de sus hijos. Cada vez que veía algún gesto cordial o de cariño hacia ella, pensaba que solo se esforzaba por tener una convivencia amigable y que tarde o temprano volvería a irse con la mujer con la que la engañó.

—¿Qué haces aquí, Alice? —le recriminó Andrew en cuando entró en su casa.

Después de ver a Isabella besar a Edward, lo que menos quería era hablar con alguien.

—Te acompañaré, no quiero que estés solo en estos momentos —respondió, se dio cuenta que algo le pasaba, parecía enojado y al mismo tiempo muy triste—. ¿Qué te sucede?

—Nada —gritó, no podía alejar de su mente la imagen de Isabella, porque, aunque intentó convencerse de lo contrario, bien sabía que ella había correspondido ese beso, y eso lo atormentaba.

Alice resopló molesta, entendía que él estuviera estresado, pero ella nada había hecho para ser tratada así. Empezó a pensar en lo que pudo molestarle, y la única respuesta que llegaba a su mente era Isabella. Sabía que la vería en el juicio, y tomó la decisión de que era hora de hablar con ella. También consideró otra opción: la empresa, no estaba yendo bien desde hacía algún tiempo, varios inversionistas, socios, clientes y empleados se habían marchado debido al escándalo en el que Andrew estaba involucrado.

—Debes cuidar de mis sobrinos —le recordó Andrew—. No sé qué vaya a suceder, pero te aseguro que estaré de regreso; técnicamente, quien robó a los Cullen fue Charlie Swan, quizá me pueden acusar de complicidad, pero no encontrarán pruebas suficientes.

—Sabes que no es de la única estafa de la que te acusan —dijo ella, ganándose una mirada recriminadora de su hermano—. Lo siento.

—No hay pruebas suficientes, y, de todos modos, no podrán meterme en prisión, tengo muchos amigos influyentes —aseguró sonriendo. Alice sólo pudo pensar en cuantas cosas malas habría hecho Andrew, y se estremeció—. Te aseguro que si algo sale mal, no te faltará dinero, ya hablé con Jasper y él se va a encargar de que nuestra empresa no desaparezca.

—No temo perder el dinero, sino a mi hermano. —A pesar de todo, él siempre se mantuvo a su lado, la cuidó desde que sus padres murieron y procuró su bienestar, jamás le exigió nada y aunque su comportamiento no fue el mejor, él simplemente la perdonaba por cualquier error que cometiera.

—Siempre estaré para ti —aseguró y se acercó a abrazarla.


Isabella regresó al departamento, no le sorprendió encontrar a sus amigas esperándola, pero, en esos momentos, no quería comentar nada, así que les pidió que antes de que iniciaran cualquier interrogatorio que tuvieran en mente, le permitieran ir a ducharse y cambiarse de ropa. Ellas estuvieron de acuerdo y se mantuvieron en su sitio. Ambas se habían fijado en el rostro desconcertado y triste de su amiga, lo cual llamó su atención.

Por alguna razón, Isabella no podía dejar de pensar en lo sucedido en las últimas veinticuatro horas, en especial en el beso de Edward. Definitivamente, necesitaba con urgencia hablar con sus amigas, creía que quizás ellas tendrían algún consejo o, al menos, sabrían qué decirle para animarla. Pero, en cuanto salió de su habitación, se encontró con la persona que menos esperaba, su padre.

Jessica y Rosalie los dejaron a solas y aunque al principio se opuso, se sentó a escucharlo. Charlie le habló de Vanessa y de lo mucho que iba a necesitarla si es que él no quedaba libre, ya que aún era menor de edad y no podía cuidarse sola. Le informó también de que cada una tenía una cuenta en el banco a su nombre, con una gran cantidad de dinero que les serviría en un futuro.

—Es lo único que puedo ofrecerles —dijo Charlie al entregarle las libretas del banco—. Con respecto a Vanessa, tú podrías acercarte a ella y tratar de conocerla.

—Eso sería más fácil si hubiese sabido de ella desde que nació —contestó enfadaba, no se sentía preparada para volver a hablar con él.

—No puedo cambiar el pasado —replicó, aunque entendía la actitud de Isabella no podía ocultar su molestia, él estaba atravesando por un momento crítico y ella, como buena hija, debía estar a su lado, apoyarlo y, de estar en sus manos, convencer a Edward de desistir en la demanda.

—Lo sé, y te aseguro que mi meta en la vida no es despreciar a Vanessa, pero tampoco puedo prometerte que seré la mejor hermana del mundo, porque para mí, por ahora, es una completa desconocida que, por cierto, alcancé a darme cuenta que me odia.

Charlie sabía que eso era cierto, en ningún momento Vanessa había ocultado la aversión que sentía por su hermana, sin embargo, él tenía la esperanza de que después de que se conocieran, llegaran a ser amigas.


La hora del juicio llegó y todos acudieron puntualmente a la audiencia. Isabella se sentó en la última fila, junto a Rosalie y Jessica, era consciente de la mirada de Charlie, Andrew y Edward, que parecían muy interesados en ver su reacción. Ni en sus peores pesadillas imaginó tener que presenciar eso: su padre y su exnovio acusados de estafa por su mejor amigo. Además, parecía que Alice y Vanessa tenían algo en su contra, ya que no dejaban de mirarla recriminatoriamente.

No pudo concentrarse en todo lo que sucedió o mencionaron en las siguientes horas, estaba demasiado inquieta como para prestar atención, a lo único que a veces respondía era a los comentarios de sus amigas.

—Si te sientes mal, podríamos salir un momento —ofreció Rosalie al verla tan nerviosa.

—No, estoy bien —susurró y nuevamente trató de atender a lo que el abogado decía.

Isabella sabía lo que Charlie le hizo a la familia Cullen, pero no esperaba que también fuera acusado de otras estafas y de evasión de impuestos, pensó que él negaría haber participado en todo eso, pero se sorprendió al escuchar que él aceptaba todos los cargos, además, pese a no tener pruebas, Edward había añadido la acusación por la muerte de Carlisle.

En ningún momento, Charlie negó haber estado presente cuando sucedió ese accidente, pero intentó justificarse y al darse cuenta de que no tenía salvación, decidió mostrar algunas pruebas que tenía en contra de Andrew, sobre los negocios que había realizado en los últimos años.

Casi al finalizar, Isabella decidió que no podía escuchar más, salió de la sala y esperó afuera en una silla que encontró. No le apetecía oír la sentencia que les darían a Charlie y a Andrew. Aunque tenía la certeza de que se enteraría pronto.

—Espero que estés feliz con lo que has hecho —dijo Vanessa sentándose a su lado. Isabella la miró sin comprender de qué la acusaba—. Si nuestro papá termina en la cárcel, lo cual seguramente sucederá, será por tu culpa.

Isabella decidió ignorarla, no quería discutir con ella y mucho menos en ese lugar.

—¿Me vas a negar que esto ha sido tu culpa? —cuestionó al darse cuenta de que su hermana no quería hablarle.

—¿Mi culpa? —preguntó incrédula.

—Papá me lo contó todo, sobre su trato con Andrew, es decir, tu novio; todo esto solo te beneficiaba a ti —contestó molesta—. Todo lo hicieron por ti, para consentir todos tus caprichos, y al final lo estropeaste todo y les das la espalda.

—Vanessa, ni siquiera sabes de lo que estás hablando —respondió tranquilamente; en su mente empezó a contar hasta diez para no gritarle—, tal vez conozcas algunas partes de la historia, pero eso no te da derecho a culparme de algo de lo que no estaba ni enterada. Creo que lo único que quieres es culparme de algo, pero de una vez te digo que yo jamás hice nada para que Charlie se alejara de ti.

—Por tu culpa él nunca me buscó —le gritó y se puso de pie—. Seguramente lo estuviste manipulando… No querías nadie con quien compartir su cariño ni dinero.

—Si eso es lo que quieres pensar, hazlo —dijo mirándola a los ojos—. En estos momentos, lo que menos quiero es escuchar el berrinche de una niña, así que si me disculpas, me retiro —añadió calmada, se puso de pie y empezó a caminar sin darle la oportunidad de responder nada.

El resultado de la audiencia era previsible y, sin embargo, hubo muchas personas que se sorprendieron por el veredicto. A Charlie lo sentenciaron a siete años de prisión, ordenaron la devolución del dinero y las propiedades de la familia Cullen; además, debía pagar una gran cantidad de dinero como multa por evasión de impuestos. Andrew fue condenado a tres años, él estaba seguro de que conseguiría una reducción gracias a unos amigos con los que había hablado anteriormente.


Cuando el juicio concluyó, Charlie y Andrew fueron detenidos. Después de despedirse de su hermano, Alice se separó de Jasper, quien hasta ese momento se mantuvo a su lado, y buscó a Isabella, estaba triste por el resultado, pero también sabía que Andrew debía asumir las consecuencias de sus malas acciones, no podía dejar de pensar que tal vez él hizo algo malo por darle lo mejor a ella, y se sintió cada vez más culpable por lo exigente que fue con él. Tenía claro que no había nada que pudiera hacer al respecto, dudaba que los amigos de Andrew fueran capaces de salvarlo de ir a prisión, así que recurrió a la única persona que podía ayudarlo.

Encontrar a Isabella no le llevó mucho tiempo y de inmediato se acercó a ella.

—¿Alguna vez estuviste enamorada de Andrew? —preguntó en cuanto la tuvo en frente.

Isabella no sabía el motivo por el que Alice se lo preguntaba y mucho menos por qué lucía tan esperanzada, pero era mejor hablar con ella de una vez, para evitar cualquier malentendido.

—Necesito saberlo —insistió Alice—. Sé que todavía debes estar muy molesta por el trato que hizo con tus padres, pero si de verdad lo amaste, estoy segura de que lo perdonarás. Después de todo, él jamás te presionó para que lo aceptaras como novio.

—Tienes razón, nunca me presionó —dijo sin mucho ánimo—. Aun así, él no tenía derecho a involucrarme en ningún negocio con mi padre.

—Cuando aceptaste casarte con él…

—Yo ya lo sabía todo —aceptó, mirando hacia otro lado, esos recuerdos aún la lastimaban.

—Entonces, tú lo aceptaste y planeaste todo para humillarlo —respondió molesta, aunque no podía culparla, porque de estar en su lugar tal vez hubiera hecho algo peor.

—Al inicio lo hice para saber la verdad, busqué pruebas para ayudar a los Cullen, pero quizá también esperaba no encontrar nada, quería que no existiera ninguna prueba… —admitió al recordar las veces que había pedido que todo fuera mentira.

—Todavía no me has respondido, ¿lo amas? —Volvió a preguntar muy impaciente, ella deseaba que así fuese para convencerla de perdonarlo. Sabía que Andrew la amaba y que tenerla a su lado lo ayudaría a sobrellevarlo todo de la mejor manera.

—No. —contestó fríamente—. No puedo negar que lo quise y que si en la noche del compromiso no hubiese escuchado la conversación con mi papá, seguramente me habría casado con él. Pero… ahora es todo distinto.

—Él te ama y si tú regresas con él, tal vez vuelvas a quererlo —dijo no muy segura de sus palabras, pero necesitaba decir algo para convencerla.

—Eso no sucederá, lo siento, Alice —se disculpó, no quería hacer ni decir nada que pudiera malinterpretarse.


Tres meses después…

Isabella trató de seguir con su vida normal. Su relación con Vanessa no mejoró, se habían visto un par de veces porque Isabella decidió regalarle el departamento, pero en lugar de agradecerle, Vanessa sólo volvió a culparla de alejarla de su padre. Al principio, no quiso aceptar el obsequio, pero no tuvo otra opción, ya que no tenía ningún otro lugar al cual acudir. No se opuso tampoco a recibir el dinero que Charlie le había dejado, sin embargo, le dejó claro a su hermana que no la necesitaba y que sería mejor que cada una siga su camino.

Isabella no hizo mucho esfuerzo por seguir en contacto, pues para ella seguía siendo una desconocida; además, no estaba dispuesta a soportar cualquier recriminación de su parte. Continuó viviendo con Rosalie, y Jessica terminó por unirse a ellas, le alegraba tener a sus amigas nuevamente cerca.

Con respecto a Edward, estaba feliz de tenerlo de nuevo a su lado y ver cómo poco a poco iba volviendo a ser la persona de siempre. Aún recordaba a su padre, pero ya no parecía tan triste como en un inicio. Ahora trabajaba con él, su primera opción fue emplearse en la empresa Hale, pero cuando Edward recuperó todo, le ofreció trabajar juntos y ella no dudó en aceptar. Nunca volvieron a mencionar nada de aquel beso, lo cual ella agradecía, ya que no estaba preparada para hablar de eso, aunque muchas veces lo recordaba.

Edward se comunicaba frecuentemente con su madre y la mantenía al tanto de todo lo que sucedía, se alegraba de escucharla cada vez más feliz; sin duda, el viaje con la señora Hale le estaba ayudando mucho. La mayor parte de su tiempo la dedicó al trabajo, deseaba que sus padres se sintieran orgullosos de él, lo que más le agradaba saber era que Isabella estaba cerca, quizá no del modo que quería, pero sí como su amiga, y eso era suficiente: sentirla a su lado y verla sonreír. Era consciente de que ella hacía un gran esfuerzo por aparentar normalidad; ver a su padre en la cárcel, evidentemente, la afligía.

Además, Renée también la había dejado, nunca supieron a qué lugar se fue. Por eso, cuando la encontraba llorando, él la abrazaba y le aseguraba que siempre estaría ahí para ella y, finalmente, la besaba en la frente. Jamás volvió a mencionar nada respecto a sus sentimientos, no quería que se incomodara en su presencia y, mucho menos, que se alejara. Quizá la mejor manera de amarla era guardando silencio, enterrando para siempre el amor que sentía y nunca volver a mencionarlo, para no hacerle daño.

Alice volvió a buscar a Isabella, en un inicio para insistir en hablarle de Andrew, pero después porque empezó a considerarla una amiga, sus hijos la querían, además, tuvo que admitir que no tenía muchas personas con quien conversar, y ella era un buena oyente. Su relación con Jasper, poco a poco, volvía a ser la misma. Por un momento pensó que todavía la quería, pero tras escuchar una conversación de él con Irina, lo descartó y desde aquel día procuró distanciarse un poco.

Rosalie, aparentemente, vivía feliz. Todo comenzó a volver a la normalidad y eso le alegraba, sin embargo, por algún capricho del destino, no podía olvidarse de Emmett. Se habían encontrado en algunos sitios por casualidad, él simplemente la ignoraba o la saludaba con frialdad, y eso la molestaba. Se había dado cuenta de que sentía algo por él y estaba haciendo todo lo posible por olvidarlo; por ningún motivo iba a permitir que alguien lo notara. Verlo del brazo con otra mujer la irritaba, pero sabía que eso era lo mejor, ya que eso significaba que Emmett no volvería a buscarla.

…..

Jessica caminó impaciente mientras miraba el reloj, se estaba haciendo tarde y Edward no llegaba, por lo que cuando atravesó la puerta, prácticamente se lanzó a sus brazos. Meses atrás, James la había contactado, pero siempre retrasaba la charla que tenía pendiente, sin embargo, hacía un par de días, le había asegurado que se reunirían. En cuanto Edward se enteró, quiso evitar ese encuentro, pero terminó aceptando la decisión de su amiga y quiso estar él, en un lugar cercano para ayudarla de ser necesario.

El lugar y la fecha no se lo había dicho a sus amigas, quería esperar hasta después para contárselo, ya que sabía que ellas se preocuparían innecesariamente, y quería evitar eso. Y para que no sospechasen, solo dijo que saldría con Edward.

Isabella miró la puerta por la cual sus amigos se fueron, apenas alcanzaron a despedirse, ya que tenían prisa. No es que antes no los hubiese visto platicar ni salir, pero desde que regresó a la vida de Edward, ella era su prioridad, sin embargo, desde hacía algunos días empezó a notar que Jessica pasaba mucho tiempo con Edward y al parecer guardaban un secreto.

—¿En qué piensas? —preguntó Rosalie, sentándose junto a ella.

—¿Te das cuenta de que Jessica y Edward nos ocultan algo? —le dijo sin apartar la vista de la puerta—. Han salido sin decir a dónde y cuándo; les pregunté si podía ir con ellos y se pusieron nerviosos.

—Seguramente necesitarán estar a solas para hablar —dijo Rose mientras cambiaba los canales de la televisión.

—¿Para hablar de qué? —cuestionó enojada y cruzó sus brazos.

—Ellos sabrán, si necesitan algo de nosotras nos lo dirán —respondió mirándola sospechosamente, sin entender su reacción—. ¿Te molesta que salgan juntos?

—No, supongo que no debe molestarme, solo son amigos, ¿cierto? —Pensar que ellos pudieran tener una relación, no le gustaba.

—Bueno, sí, aunque… creo que podrían formar una linda pareja —dijo sonriendo sin apartar la vista de Isabella para observar su reacción.

—No. —Se apresuró a responder con evidente molestia—. Ellos no, simplemente no los puedo ver de esa forma.