Hoooooola! ^^ Que poquito queeeeeda. Dia 28, este era sobre hacer algo ridiculo y... bueno, se me ocurrio esto :P. Es bastante raro y tal para tratarse de un tema asi, pero bueno. Al menos lo he intentado jajaja. Espero que os guste! ^^


Día 28: Fotos

A Castle se le vienen a lo largo todo tipo de ideas lo suficiente estúpidas como para que acaben ganándose el calificativo de peligrosas. Ya no es solo sobre cómo se desenvuelve un caso, si no qué hay que hacer en el caso. Y si Beckett se hubiera fiado de él alguna vez sobre su metodología personal acerca de cómo abordar una redada, atraco o cualquier otra cosa relacionada con un asunto demasiado turbio, da por hecho que llevarían mucho tiempo descansando bajo la tierra.

Pero la de hoy ha sobrepasado los límites.

-No, Castle. Hay cosas pocos probables. Otras imposibles. Después las que suelen quedarse simplemente en el remoto inconsciente de cada uno, reflejadas en los sueños más extraños y perturbadoras que uno puede tener. Y en el último lugar van tus ideas.
Castle la mira, fingiendo resentimiento, esforzándose por poner la mejor de sus expresiones de aflicción. Sabe que siempre que tiene un gesto así, tarde o temprano, la voluntad de la detective se acaba doblegando ante él- Venga, Beckett. Solo será un ratito.
Suspira, mirando su reloj- Llegamos tarde.
-Diez minutos. Como mucho. Si Gates te echa la bronca, ya me encargaré yo de asumir toda responsabilidad. Le diremos que había atasco, yo qué sé. Pero –hace un puchero, Beckett no puede evitar soltar su carcajada mientras mira esa cara de perro abandonado-, por favor.

Respira con pesadez, observando a Castle con suspicacia, y a la vez con una mezcla entre inseguridad y culpabilidad. Ese es el primer paso. Castle ya se lo conoce. Después pondrá otra excusa, menos verídica que la anterior, y tras pensárselo un poco, no más de medio minuto, acabará cediendo ante sus caprichos. Por eso, sigue sin apartar esa expresión de su rostro, fijando su mirada en ella, en sus ojos. Sabe que es la forma más rápida de zanjar todo eso.

-Castle, ni siquiera sé si llevo dinero –ahí empiezan las excusas pobres y sin fundamente. El escritor sonríe para sus adentros.
-Pago yo. Soy más o menos rico, seguro que encuentro algún billete por ahí –asegura, casi con sorna e ironía. Beckett resopla, cansada.
-¿Y si luego no nos gusta?
-Nos va a gustar. En todo caso, no te gustarán a ti. Pero yo estaré encantado de guardarlas –sigue con sus pucheros, sonriendo levemente. Beckett le mira con ternura y casi puede percibir las palabras mágicas-. Venga, Beckett. Por favor.
Exasperada, se encoge de hombros, inspirando profundamente- Vale, vale. Pero no te entretengas. Y pagas tú, ¿eh?

Castle da un leve brinco, feliz, y la detective se ríe ante el gesto. Dirigiéndose hacia su objetivo rozando la carrera, se saca de forma torpe unos billetes de su bolsillo. Solo necesita siete dólares. Cuando los tienes en su mano, con una alegría incontenible, los intenta meter por la ranura. Le cuesta acertar por su desaforada emoción, pero acaba apañándoselas para pagar todo íntegramente. Después, agarra de la mano a Beckett y se meten juntos, sin mirar mucho, dentro del pequeño espacio. Casi se caen al suelo, pero acaban recomponiéndose.

-En serio, ¿cómo pretendes que salgamos vivos de aquí?
-Venga. Es un fotomatón. Está hecho para que entren, por lo menos, cuatro personas –Beckett le mira, escéptica, él se muerde los labios-. Yo he llegado a estar aquí con seis.
-Me alegra saber qué tienes contactos hasta en el mundo del contorsionismo, Castle. Pero yo soy poli. Lo mío son las esposas, no los espectáculos circenses.
-Anda, no te quejes tanto y ven aquí –se sienta sobre el taburete, atrayendo el cuerpo de la detective y sentándola sobre sus piernas-. Además, no tenemos casi ninguna foto juntos –Castle acaricia la nuca de su novia con la punta de su nariz, dejando algún que otro beso casual en su piel, percibe cómo se estremece sobre su cuerpo. Si hay algo de lo que puede sentirse orgulloso es de su innato y portentoso poder de convicción-. Y sonríe. De por sí, eres preciosa. Pero cuando sonríes, aún más.
Puede ver a su musa ruborizándose, deja escapar una carcajada- Eh, te he dicho que no te entretengas, ¿verdad? Haz ya las fotos.

Castle se maneja con habilidad por la pantalla. Su brazo izquierdo envuelve la cintura de la policía, mientras que con su mano derecha va seleccionando las opciones. Una tirada de quince fotos, Beckett suelta un sonido de asombro y le mira con desaprobación, cruzándose de brazos.

-¿A eso le llamas ser breve?
-Venga, ni que nos vayamos a tirar media hora por foto –la policía sigue observándole con un trasfondo receloso en sus ojos-. Confía en mí. Sé lo que hago.

Cuando termina, le hace una señal a Beckett estrechándola más entre sus brazos. Y justo un poco antes de que la máquina les avisase de que va a tirar la primera foto, Castle se las arregla para hacer cosquillas a Beckett. En su cintura, por debajo de su ombligo. Sabe dónde se esconden sus puntos débiles y se aprovecha de eso. Ella se retuerce sobre él, riéndose, y el escritor supone que la policía ya se ha dado cuenta de qué va todo eso. La segunda no tarda en salir y ahora es ella la que hace uso de sus conocimientos sobre cada una de las zonas erógenas del cuerpo de su compañero.

A la décima foto Beckett se ha desinhibido completamente, imitando las poses de su novio. Torpes, ridículas y, sobre todo, excesivamente adorables. Castle se pregunta qué clase de fotos saldrán, por las caras y movimientos que están haciendo. Pensará la gente que tendrán algún tipo de problema, de deficiencia mental, pero eso le da igual. Le encanta cuando Beckett saca ese lado más infantil. Esa cara oculta que se esfuerza por esconder, pero qué él es capaz de sacar a relucir. Y está muy mona cuando se deja llevar por sus emociones. Lo que más le apasiona de todo eso es saber que ella está cómoda haciendo ese tipo de tonterías porque él está ahí. Es gracias a él, y eso le hace sentirse como un rey.

Quedan tres, y Castle toma del cuello, con dulzura, a la detective. No le dice nada, pero ella capta perfectamente el mensaje y se ladea levemente, inclinándose hacia él. Oye el sonido que emula los disparos de la cámara. Tres tomas de un progresivo, lento, y sensual acercamiento hasta que sus labios consiguen rozarse y, finalmente, unirse. Escuchan el aviso de la máquina, pidiéndoles que recojan las fotos, pero ellos se toman su tiempo para profundizar un poco más ese beso, disfrutarlo y separarse con la misma velocidad.

-Hay veces que me asombra tu capacidad para enredarme, Castle.
-Qué quieres que te diga. Tengo mis encantos.
Beckett deja otro beso, corto, fugaz sobre sus labios- Calla, tonto. Y que sepas que me voy a quedar con las más bonitas.

Él simplemente se encoge de brazos, envolviéndola y disfrutando más de su calor.

Y asegura que, desde ese día, el fotomatón será uno de sus lugares de máxima inspiración para escribir todo tipo de locuras y tonterías.


Gracias por leeeer! ^^ Mañana el penultimo dia! :D