Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus autoras Mizuki e Igarashi. Esta historia es de mi autoría como todas las que he escrito y lo hago sin fines de lucro, solo por entretención.
CAPITULO XXVIII
En las manos del enemigo
Pasaron algunos días desde Candy y Erick llegaron a Francia. Su relación era muy distante, Candy apenas le dirigía la palabra a su actual esposo, ya que no quería tener ningún tipo de relación con él. Ella se la pasaba en su cuarto, leyendo o escribiendo algunas cartas para sus seres queridos, especialmente para saber cómo estaba su querido hijo al que extrañaba mucho. Por otro lado pensaba en la forma en como descubrir que Erick tuvo que ver en la desaparición de su príncipe de la colina. Sabía que no sería fácil descubrirlo, Erick era un hombre muy inteligente y hermético con sus cosas, así que sería todo un reto hacerlo confesar.
Esa mañana le llegó una invitación de la baronesa para ir a su mansión a tomar el té. Candy al principio se negó, pero después pensó que sería bueno hablar con la baronesa y quizás encontrar a una aliada para desenmascarar a Erick.
Llegaron cerca de la cinco de la tarde a la mansión de la baronesa de Moreau. Candy lucía un hermoso vestido color lavanda y Erick un elegante traje color gris.
—Bienvenidos –los saludó la anciana con simpatía.
—Gracias baronesa por su invitación –le dijo Erick dándole un beso en la mano.
—Apenas me enteré que estaban aquí, los quise invitar a tomar él te conmigo. Candy me alegra tanto verte.
—A mí también baronesa.
—Quiero que me cuenten todo sobre su boda.
Candy se sintió incomoda, pero trato de disimularlo.
—Le contaremos todo baronesa –dijo Erick con una leve sonrisa.
—Entonces pasemos al salón de té.
Llegaron hasta el salón de té donde Erick comenzó a comentarle como había sido su boda con Candy, claro todo muy diferente a como todo había ocurrido. Candy sentía una profunda ira, al ver que ese hombre mentía de esa manera, le dieron ganas de gritarle en ese momento delante de la baronesa todo lo que pensaba de él, pero se contuvo. Ya encontraría el momento de hablar con la baronesa a solas y poder contarle toda la verdad.
—¿Candy y cuéntame cómo esta Peter? –le preguntó la baronesa.
—Bien, su salud está más estable.
—Me alegra saberlo, tú sabes que le tengo mucho cariño.
—Lo sé muy bien, él también la quiere mucho.
—¿Candy quieres más te?
—Si, por favor –contestó la rubia pensando en una idea para poder hablar a solas con la baronesa.
La baronesa le sirvió el té, pero Candy al propio paso a botar la taza provocando que se le derramara todo él te en el vestido.
—¡Oh que torpe soy! –exclamó parándose de la mesa.
—No te preocupes Candy, ven conmigo a mi cuarto para que limpies el vestido. Erick nos espera.
—Si, vayan baronesa…
Llegaron a la recamara de la baronesa, donde Candy se sacó el vestido y la baronesa con un paño húmedo comenzó a limpiarlo.
—Es un vestido muy bello para que se manche –comentó la anciana sentándose en un sofá junto a la rubia.
—Sí, pero le va salir la mancha.
—Candy siento mucho lo que le ocurrió a tu primer esposo, pero me siento muy contenta que te hayas casado con Erick, es un buen hombre que te va ser muy feliz.
—Baronesa…las cosas no son como piensa.
—¿No te comprendo Candy?
—Baronesa tengo algo que contarle sobre Erick, él no es la persona que usted cree, nuestro matrimonio es…
—¿Que sucede con tu matrimonio?
En eso Erick toco la puerta del cuarto, era un hombre muy astuto que de inmediato se dio cuenta que Candy quería pedirle ayuda a la baronesa para librarse de él.
—¿Candy estas lista? –le preguntó.
—Casi lista, bajamos enseguida Erick –le respondió la baronesa.
—No te tarde, tenemos que llegar temprano a la casa.
—Si voy enseguida –contestó Candy sintiendo que ese hombre la había descubierto.
…
En América Sally y Terry viajaron a Chicago para saber cómo estaban las cosas con Candy. Se llevaron la sorpresa de su vida, cuando el señor Edward les conto que Candy se había casado con Erick McDonald.
—Abuelo no puedo creer que Candy se haya casado con ese hombre –comentó Sally sorprendida.
—Ni yo, por más que intenté convencerla que no lo hiciera, no pude hacerlo.
—Candy es muy obstinada y muy valiente a la vez –dijo Terry sintiendo una gran admiración por la rubia –Usted dice que lo hiso para saber si ese hombre es el causante de la muerte de Albert.
—Así es Terry, aunque ella está segura que el sigue vivo.
—Mi prima es una chica admirable, espero que ese hombre no le haga daño.
—Rezo por ella todas las noches para que no le pase nada y regrese pronto con nosotros –dijo el señor Edwards dando un suspiro de preocupación –Y tu mí querida nieta. ¿Cómo te has sentido?
—Mejor abuelo, Terry me ha cuidado muy bien.
—Gracias Terry por preocuparte tanto de mi nieta.
—No tiene nada que agradecerme, lo hago con gusto señor Edwards –dijo dándole un beso en la mano de su novia -Sally es una chica maravillosa. Quiero estar con ella toda mi vida.
—¿Eso significa que pronto habrá matrimonio?
Sally y Terry se miraron.
—Si abuelo, Terry me pidió que fuera su esposa y acepte.
—¡Felicidades a los dos! ¡Vamos hacer una gran boda!
—¿Abuelo has sabido algo de mamá?–le preguntó Sally que desde que hablo con ella en el hospital no la había vuelto a ver.
—No Sally, después que estuvo en Nueva York cuando estuviste muy mal por culpa de Niel Legan, ella se fue de aquí de la mansión. Te prometo que no la eche, fue decisión de ella marcharse de nuestras vidas para siempre.
—Pobre de mamá, me duele que se haya ido, pero ha hecho tanto daño, que es mejor que este lejos de todos nosotros.
—Ojala que algún dia se arrepienta de todo lo que hiso –dijo el señor Edwards con tristeza.
—Señor Edwards. ¿Cómo va el juicio de Niel Legan? -le preguntó Terry -Él tiene que pagar lo que le hiso a Sally.
—Y lo está pagando Terry, le dieron una sentencia bien larga, así que tranquilos que ese muchacho no volverá hacerles daño.
—Abuelo porque no nos llevas a la mansión Andrew, nos gustaría mucho conocer al hijo de mi prima –le pidió Sally.
—Los llevaré, Anthony es un niño encantador, lo van a querer mucho.
…
De regreso a la residencia McDonald, Candy de inmediato se fue a su habitación, pero esta vez Erick la siguió. Estaba cansado de la actitud de su esposa, el la amaba a su manera y le dolía que ella lo rechazara como si tuviera la peste.
—Quiero estar sola señor McDonald –le pidió Candy para que se marchara.
—¡Déjame de llamarme así! Se te olvida que soy tu esposo –le reclamó el con rabia.
—¡Usted nunca va ser mi esposo! El único esposo que siempre voy a tener se llama William Albert Andrew.
Erick lleno de celos la tomó de los brazos y la comenzó a samarrear.
—¡Entiende que él está muerto! Yo soy tu esposo a ahora, solamente yo.
Candy quiso gritarle que gracias a el Albert estaba muerto o mejor dicho desaparecido, pero si lo hacía descubriría que ella sabía la verdad y era mejor que creyera que ella no sospechaba de él.
—Haga el favor de soltarme, me está lastimando –le pidió.
—Lo siento, es que me dan unos celos que nombres a William Andrew, tienes que olvidarlo y amarme a mí.
—En el corazón no se puede mandar señor McDonald, menos en la manera que usted está haciendo las cosas. Recuerde que me case con usted para que no siga destruyendo a mi familia.
—¡Era la única manera que te casaras conmigo! No te das cuenta que te amo, que lo único que quiero es hacerte feliz.
—¡Pero yo nunca lo voy amar a usted!
—¡Si me vas amar quieras o no! –le gritó Erick tomándola para besarla a la fuerza.
Candy logro zafarse de él y le dio una cachetada.
—¡No se atreva a volver hacer algo así!
—Eres mi esposa y tengo todo el derecho de besarte cuando quiera. Así que es mejor que te vayas a acostumbrado a mis caricias y en castigo te vas a quedar aquí encerrada hasta cuando yo lo diga.
—¡Usted no puede encerrarme como si fuera una prisionera!
—Tú te lo buscaste, crees que no me di cuenta que estuviste a punto de contarle todo a la baronesa. No creas que te vas a librar de mí tan fácilmente, a y no te atrevas a sacar tu arma porque mande a Henry para que la hiciera desaparecer cuando estamos en mansión de la baronesa –le dijo marchándose del cuarto y colocándole llave a la puerta.
Candy se echó a llorar desesperada, sintiéndose perdida en manos de ese malvado.
…
En ese instante cuando Candy más necesitaba de Albert. El en la cabaña comenzó abrir sus ojos sintiendo una extraña sensación, como si la mujer que amaba estuviera en peligro.
—¡Mi pequeña! ¡Mi pequeña! –comenzó a murmurar.
La anciana al escucharlo se acercó a él.
—¡Gracias a Dios reaccionó! –exclamó con alegría.
—¿Quién es usted señora? –le preguntó Albert mirándola desorientado –¿Dónde está mi pequeña y mi hijo?
—Señor mi nombre es Ana. Mi nieto lo encontró mal herido cerca del lago Michigan.
—No recuerdo muy bien lo que me pasó.
—Tranquilo, lo importante que ya reaccionó. Dígame dónde puedo encontrar a su familia, para que lo vengan a buscar.
Albert le dio la dirección a la anciana y ella mandó a su nieto a Chicago para que le avisara a los Andrew que Albert estaba vivo.
Al dia siguiente George en compañía de Stear y Archie llegaron a la casa de la anciana para buscar a Albert. Se sentían realmente felices que el rubio estuviera vivo, confirmando que Candy siempre tuvo la razón.
—William es un milagro que estés vivo –le dijo George abrazándolo a punto de llorar –Nos sabes cómo sufrimos pensando que habías muerto.
—¿Tio quien fue el culpable de lo que te ocurrió? –le preguntó Stear.
—Fue Erick McDonald, él me mandó a secuestrar y asesinar –respondió Albert recordando poco a poco esos acontecimientos.
—Pero no le resulto porque estas vivo –dijo Archie –La gatita tenía razón ella nunca creyó que estabas muerto.
—¿Mi pequeña dónde está? Quiero verla y a mi hijo.
George y los hermanos se miraron serios, notando Albert que algo había ocurrido con su familia.
—¿Qué les pasa? ¿dónde está Candy? Ella está bien ¿verdad?
—William tienes que saber que Candy se casó con Erick McDonald y ahora se encuentra en Francia con el pasando su luna de miel –le contó George, viendo el rostro de asombro del millonario.
—¿Que estás diciendo George? –preguntó Albert que no comprendía lo que estaba pasando.
—William tu esposa se casó con Erick porque ese hombre a toda costa quería destruir a los Andrew. Ella lo hiso para salvar a la familia de la quiebra.
Albert se quedó helado, no podía creer que Candy, su esposa se hubiera casado con ese hombre, era como una pesadilla de la cual solo quería despertar.
—¡Candy no debió hacer algo así! ¡Ese hombre la va a lastimar a ella también! –protestó Albert con una ira e impotencia que no podía controlar.
—También lo hiso porque ella estaba segura que tuvo que ver en tu desaparición –añadió Stear –Nosotros por todos los medios tratamos de convencerla que no lo hiciera, pero no lo logramos, ya sabes lo obstinada que es.
—Mi pequeña, tengo que ir a buscarla, tengo que rescatarla de las manos de ese hombre –dijo Albert con desesperación –Erick McDonald se va a arrepentir de haberse metido con mi familia, les prometo que le hare pagar todo el daño que ha hecho.
Continuará…
Hola mis lindas chicas.
Espero que se encuentren muy bien. Les agradesco a cada una de ustedes sus lindos mensajes. Aqui les dejo otro capitulo, espero que me guste.
Elbroche, Silvia, Guest, Elo Andrew, Kata78, pivoine3, Stormaw, Kecs, Serenity usagi, Mary silenciosa, Luz, Isasi, Luz, Patty Martinez, ALY, Dulce candy, Rubi, tutypineapple, ABA, Ster star, Loreley Ardlay.
Besitos y muchas bendiciones para cada una de ustedes.
