Zumbido

Personaje: Octavia

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Mi violonchelo se rompió en la mudanza y me lastimé los cascos delanteros por tratar de rescatarlo. No alcancé a molestarme con los pegasos de la mudanza. Ya no tenía sentido.

La estadía en mi nueva casa ha comenzado de maravilla. Y no es lo único que ha comenzado.

Pasé el día acomodando unas pocas cosas, no muchas. Al ser una poni terrestre, no cuento más que con mi boca para trasladar objetos… cómo desearía tener un cuerno en estos momentos. Todo lo que fuera muebles, todo aquello demasiado grande, pesado o incómodo para llevar por un medio simple, quedó donde los empleados de la mudanza lo descargaron. Genial, tengo mucho trabajo y nadie que me ayude.

Por suerte el sillón es lo más accesible para descansar en este momento. Mi cama está repleta de cuadernos, fotografías… técnicamente el contenido de los muebles que no puedo acomodar en mi cuarto. Me sentía muy cansada, y malhumorada, como para pedir ayuda a nadie. Para el atardecer, sólo quería estar sola y relajarme un poco de todo el traqueteo del viaje.

Me preparé un sándwich en la cocina; estaba verdaderamente delicioso. El agua del grifo no tenía tan mal sabor, aunque ya me habían recomendado de que procurara no beber de ahí. Seguramente será por algún riesgo de infección por virus. Supongo que por mi situación, ya sería una desgracia más por apuntar que acabara en el hospital. Por ahora me hallaba bien, así que buscaría unas mantas y una almohada y me acostaría a dormir en el sillón.

La ciudad se fue callando a medida que se acercaba la noche. Yo me quedé leyendo un libro sobre historia universal de la música, mientras sonaba en el gramófono mi disco favorito. Eso me relajaba mucho. Estaba echada sobre el sillón y usando el brazo como base para el libro; un tomo bastante pesado encuadernado en una especie de cuero vegetal color caoba.

Pronto me dio sueño. Entonces, cerrando el libro y dejándolo donde estaba, me tapé con la manta y me dormí.

Habían pasado tan sólo algunas horas, cuando desperté. Y desperté en condiciones un poco confusas, por un zumbido extraño que me inundaba los oídos. Mi casa estaba a oscuras y todo permanecía tranquilo. Todo menos el zumbido, que no cesaba nunca y mantenía el mismo tono como si viniera directamente de mi cabeza. Me levanté con cuidado y fui hasta el interruptor de la luz, tanteando el espacio en penumbras para no chocarme con nada. La luz al encenderse me encegueció de repente, pero me permitió apreciar mejor el panorama.

El zumbido no cambió. Pensé que debía tratarse de algún insecto que hubiera entrado por la ventana, que sin querer había dejado abierta. Fui hasta ella y me quedé mirando hacia el exterior, reprochándome por la imprudencia cometida. Afuera todo respiraba silencio, no volaba una mosca. Pero el zumbido seguía aquí, constante, chillando. Creo que no tengo las palabras adecuadas para describir cómo es, y hasta pareciera que no pertenece a bicho o criatura alguna. Es extraño, me dije, cerrando los postigos.

Y no hallé ningún insecto revoloteando en mi sala o en alguno de los otros ambientes de mi casa. No quise darle importancia, probablemente mañana ya no lo oiría, y me habría puesto de miedosa por nada. Empezaba a dolerme la cabeza.

Volví a acostarme, luego de beber un vaso de agua y tomar un té. Me gusta tomar una taza de té en la trasnoche, me ayuda a dormir mejor. Busqué en una enciclopedia alguna referencia sobre sonidos agudos provenientes de la nada, pero no encontré respuesta.

Bendito zumbido. Ya pasó una hora y media desde que desperté oyéndolo, y ni siquiera ha mermado su intensidad. Sigue igual. La cabeza no me duele tanto, pero ahora es lo que menos me importa. Sólo quiero que el zumbido se vaya y me deje dormir en paz. ¿Es tanto pedir un poco de paz después de una jornada cansadora?

De lado, boca arriba, de espaldas. No hay forma. Por mucho que cambie de posición, no consigo cerrar los ojos y dejarme perder en el sueño. Me desconcentra. Me mantiene en vela porque no sé qué es ni por qué lo percibo. En cualquier momento siento que voy a enloquecer, pero me obligo a mantener la calma. ¿Qué sentido tiene pelear contra algo invisible e intangible aunque no inaudible?

Di varios bostezos. Y sin embargo, no podía pegar un ojo. Basta ya, quiero descansar. Ya déjame. ¿Qué es lo que quieres de mí, volverme loca? Si no es que lo estoy ya… estoy pretendiendo hablar con un zumbido.

Me levanté y me puse a dar vueltas por la casa. A lo mejor no estaba suficientemente cansada. Me puse a leer otro rato, tratando de tranquilizarme. Y descubrí que no podía concentrarme en la lectura, culpa de ese zumbido. Cielos. Regresé al sillón y a la batalla por dormir. Pasó otra hora y nada, mi cuerpo estaba exhausto pero mi mente no se detenía. Vaya idea la de mudarme, al parecer estaba mejor con Vynil.

Intenté otra media docena de soluciones, hasta que al mirar el gramófono, se me ocurrió le mejor idea que tuve en todo el día. Si algo podía relajarme, eso era la música. Coloqué el disco y regulé el volumen para no molestar a los vecinos. Confiaba rotundamente en el poder de mi música favorita para aplacar ese horrendo zumbido. Y para mi suerte, funcionó. Demoró su tiempo, sí, pero fue efectivo.

Vaya noche tuve.

A la mañana siguiente, acudí a varios profesionales especializados en sonidos y todo eso. Ninguno pudo darme una respuesta satisfactoria, es como si ese zumbido fuera el primero de su clase en toda la historia. Hasta que fui a consultar a uno que me habían recomendado, que vivía en el pueblo vecino. Me tomé el tren de la tarde y fui. Resultó ser de casualidad un conocido de Vynil. Me preguntó por ella, y yo le dije que bien, pero que yo había decidido mudarme por mi cuenta.

-Bueno, supongo que tengo la respuesta a tu problema.

-¿En serio? ¿Así de rápido?

-Sí. El hecho es que te has acostumbrado tanto a Vynil y a sus bajos, que de cierta forma no toleras estar en un ambiente demasiado silencioso.

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¿Han sentido alguna vez zumbidos en los oídos? Se llaman acufenos, se producen en el oído interno, y en casos como el mío, son casi constantes luego de haber tenido varias infecciones por otitis. Después te acostumbras.