Nadie puede entendernos
- ¿Y…Si todo fue un engaño, al final?
- Quedarías como idiota.
- Me dijo muchas cosas…Sin decírmelas las reconocí, y sé que él estuvo de acuerdo en que las supiera,… Compartimos bastante, dudo mucho que haya sido una vil trampa…Nuestra vida…No fue una mentira, ¿o piensas que si lo fue?
- Oye, comienzas de nuevo con tus emociones- Youko se sentó a su lado y tomo el rostro por el que resbalaba una lagrima- Somos manipuladores, fríos y estrategas. No debemos perder eso, nos da entereza... Sabía que esto pasaría; ya no eres como el de antes.
- Me duele…No puedo pensar.
- Allí esta.
Kurama vio a Hiei entre la gente, acercándose a paso lento hasta su dirección
- Compórtate como acordamos.
Asintió con la cabeza, limpiándose bajo los ojos con la mano.
El Maestro del Jagan se sentó a su derecha, bajo un árbol viejo, en pleno mediodía. La gente deambulaba por la zona y los naturales sonidos del parque se alzaban armoniosamente, sin embargo, el silencio entre ambos era estridente.
- Quiero respuestas.
No se veían. Kurama estaba de espaldas e igualmente sentado a centímetros del demonio de fuego.
- Te he mentido durante siete años, supongo que tienes el derecho a pedir respuestas- le dijo este, sin el tono faltante de ironía.
- Soy un demonio zorro, un ser animal. ¿Por qué no pude reconocer tu aroma?
- Han descubierto una fórmula que puede esconder el aroma a demonio y su energía.
- ¿Te apareciste ante mí, la primera vez, con esa fórmula?
- Si, accidentalmente. Luego, pedí a Koenma que me la diera.
- ¿Por qué razón?- Kurama temió la respuesta- ¿Estabas escondiendo tu yoki de Youko, o de un humano que supuestamente no sabía nada?
- No. No lo hice por eso.
Giro su rostro y lo enfrento. Hiei se mostraba irritantemente tranquilo.
- ¿Sabías quién era yo…desde el principio?
- No.
Su respuesta no le convenció.
- ¿Por qué nos conocimos en la universidad?
- No fue por ti. Un demonio principiante estúpido estaba molestando, me obligaron a ser estudiante de esa tonta institución…
- Me provocaste con mi madre. Sabes que ella es sagrada para mí.
- No iba a hacer nada, igualmente- rugió, con el mismo coraje que Kurama por el recuerdo- Iban a descubrir que no tenía relación alguna con nada, tarde o temprano.
- La usaste para provocarme. Ella…
- Te lo diré ahora. No soy tan sádico ni tan cobarde como para buscar a tu madre y provocarte. Sé cómo hacerlo yo solo. No necesitaba a esa mujer.
Kurama volvió la vista al suelo. Era verdad. Cuando paso supo que se trataba de una cruel provocación, no de una amenaza verdadera. De lo contrario, Yusuke no le hubiera asegurado nada y su madre estaría en problemas.
- ¿Por qué estamos en un parque?- inquirió Hiei, con fastidio- En un minuto, podría acabar con todos.
- Sabía que serias capaz de eso.
- ¿Acaso me temes?- Su pregunta removió recuerdos dolorosos y desagradables- No deberías.
- No te tengo miedo- sonrió, devolviéndole la mirada otra vez- Estaba interesado en ti.
Hiei le sostuvo la mirada para que no creyera que estaba nervioso por cómo le miraba.
- Supongo que…Como mitad humano, tú también te escondías.
- Si, cuando Youko tenía…caprichos debía marcharme y entregarle mi cuerpo para que no me pusiera en evidencia. Ser parte de un demonio no es sencillo. Mi cuerpo es enteramente mortal, pero la influencia de Youko con los años me ha hecho un poco más sospechoso entre los míos.
- Eras tú realmente, cuando yo tenía presentimientos.
- Y eras tú…Cuando mis plantas reaccionaban a la energía maligna. Siempre fuiste tú, ¿verdad?
Había pensado mucho en eso. Hiei, su vida, su relación. Habían cosas que no encajaban con la teoría de espía.
- Yo no te mentí más que sobre Youko. No te utilice de ninguna forma, pero ¿Tu si?
- Mentí como tú.
- Esa no es una respuesta. Dime si todos estos años fueron una farsa.
- Farsa por mentiras, sí.
- Hiei, ¿Sabías quién era?
- No.
- ¿Y porque…estuviste conmigo tanto tiempo?
- Es una pregunta capciosa.
- Quiero oírlo.
- No importa- Su voz se alteró, no hacía falta conocerlo para darse cuenta- Ya no significa nada.
- ¿Por qué? Dímelo a mí. No es justo…
- No eres el mismo, por eso. Eres Youko, también. No me importa si ambos son iguales o han vivido juntos toda la vida. La razón no vale para ambos.
- Estas hablando conmigo, con Kurama. No con Youko.
- No. Siempre he hablado con los dos, la fatal diferencia ahora es que se quien más escucha. El demonio que ansió matar está en ti, el maldito que me humillo reside en ti, Kurama.
- ¡Eso no importa! Responde. ¿Por qué te quedaste?
Evoco las incontables veces en las que Hiei regresaba, tarde o en horas inoportunas, y cada vez desconfiaba que fuera por validar un engaño.
- Siempre regresabas a mí…Volvías del Makai, ¿cierto? De tu trabajo con Yusuke, de tu verdadera vida…Hiei- en un impulso necesitado, tomo su mano de su regazo, de improviso. El menor se sorprendió pero no se apartó- Yo también me sofocaba.
- ¿Por esa razón Youko volvió a robar, porque fuiste débil?
- No. Él y yo robamos a conciencia. Si las cosas hubieran sido distintas, te lo habría dicho de ser necesario pero…Tú tampoco eres la persona que creía conocer- Acordaron un rato de silencio para mirarse, en busca de respuestas- ¿Qué nos pasó?
- ¿Qué ganas robando?
- Es un secreto entre Youko y yo.
- Ahora lo asimilas- espeto, a voz despectiva- Somos enemigos.
- ¿Y el que hayamos estado casados siete años no cuenta?
- No. Para nada.
- Yo sé…lo que no puedes decirme. Y tú, sabes lo que quiero.
Una brisa acompaño el silencio. Hiei recordó la primera vez que le habían tomado la mano de esa forma. Todavía Kurama no le soltaba. Nuevamente estaban viendo otro sitio que no eran sus rostros, por temor a estropearlo y resentidos de lo sucedido.
- Kurama. Quiero hacer algo contigo por última vez.
El pelirrojo movió el rostro a su dirección con resentimiento.
- Bien, ¿Donde?- Hiei le devolvió la mirada, desconcertado. Bajo la voz, suspirando- ¿Dónde quieres que nos acostemos por última vez?
Hiei frunció el entrecejo, fastidiado.
- Idiota- farfullo el demonio, amargado- No era eso.
- ¿Entonces?
- Sígueme, zorro.
.
.
Jamás pensó que aquello pudiese suceder.
- Hiei, esto…
- Quédate en silencio un rato.
El demonio se sentó con calma a los límites de la terraza, dándole la espada. Segundo después, repuesto de la sorpresa, Kurama le acompaño. Como le hubo pedido, mantuvo el silencio hasta que la intriga lo venció. Anochecía, y Hiei se veía más complementado en ese ambiente y más atractivo.
- Esto significa…
- Calla.
- Hiei, lo supe al despertar…- susurro con delicadeza, mientras el aludido lo ignoraba. Deslizo rápido su mano hacia la de Hiei y la agarro con fuerza. Al instante, la mirada carmesí fue a la suya- Fuiste tú. Todavía lo siento en mí- Con su mano libre, se tocó el pecho.
- Lo hice porque no podías rendirte así.
No podía creer que hasta a esos extremos pusiera pretextos como esos. En vez de hacerle saber su enojo, lo miro con esperanza.
- Deja a Youko, olvídate de él y de tu odio. Todavía tenemos oportunidad. Me salvaste para volver a ti- le dijo, casi suplicante, con alegría contenida.
Luego de casi un mes el yoki de Hiei permanecía en su interior. Era suyo. En su pecho sentía la llama infernal que Hiei transmitía y con la que siempre se hubieron tocado.
- No, Kurama. Eso ya es imposible.
- Conozcámonos de nuevo, vayamos a cualquier sitio. Dejemos las mentiras y seamos nosotros. Eres peor de cómo te conocí y mejor de lo pensé. No tienes que cambiar para sentir distinto. Vuelve a mí de nuevo.
- No entiendes- Gruño el más joven esta vez, tomando su mano delicada y blanca, alzándola hasta quedar delante de sus rostros- No puedo permitirlo, primero moriría por eso.
- Hiei, no entiendo lo que dices.
- Esta es la última vez. Una "conversación civilizada"- Confundido, el kitsune lo vio besar con ternura el dorso de su mano derecha. Segundos después, Hiei separo sus labios y apretó con fuerza. Kurama gimió. Se sentía a quemadura- Porque la próxima vez que nos veamos…- Soltó la mano lastimada, a lo que Kurama le dirigió otra mirada decepcionada y atónita- Te matare.
Se separó con brusquedad.
- Hi…Hiei- Se vio la herida. Era una leve quemadura, sin gravedad, pero la sintió una puñada en su pecho. Lo había quemado a intención- No me dejes. ¡Sabes que compartimos!
- No me provoques hoy.
- ¡Hiei!
- La charla comprensiva se acabó.
Quiso pararse y detenerlo. La mirada intimidante del demonio de fuego lo inmovilizo. Lo había visto así siendo Youko, no Kurama. Murmuro su nombre con angustia antes de verlo desaparecer entre las sombras por el atardecer.
- ¡Hiei!
No le entendía. Lo besaba y era gentil. Lo quemaba y era cruel. ¿Era un juego, Hiei sabía lo que hacía? O quizás, como se temía, él no lo quería lo suficiente como para dejar el odio y esa sed de violencia. ¿No lo amaba? De ser así, ¿Por qué insistía tanto en que Kurama le odiase?
