Los nombres de los personajes, así como todo lo relacionado, pertenecen a J.K. Rowling.
28.- Cuidaré de ti...
Le dolía la cabeza. Pero lo que más le dolía era el pecho.
–Hermione... –escuchó la voz de Harry llamarla desde algún lugar.
–¿Estás bien? –ahora fue la voz de Ginny la que se escuchó.
–Sí –susurró débilmente, sin abrir los ojos.
–Vamos... –le animó Ginny. Hermione abrió los ojos rápidamente. Al parecer la habían puesto sobre el sillón.
–Al hospital –farfulló Hermione tratando de sentarse.
–¿Pero estás bien? –insistió Harry hincado frente a ella. Hermione le miró fijamente. Y luego a Ginny.
–Sí. Estoy bien... –mintió la castaña.
No. No estaba bien, no podría estarlo sin saber que le había pasado a Ron.
–James, diles a Rose, Albus y Scorpius que bajen –ordenó Harry al niño.
Hermione, quien no se había dado cuenta de la presencia del pequeño, lo vio salir como un rayo y subir las escaleras.
–Hermione... –dijo Ginny un poco temerosa –, creo que primero debes hablar con Rose antes de ir al hospital.
Hermione la miró fijamente. ¡Rose! ¿Cómo le diría a la pequeña que su padre estaba en el hospital? ¡Dios! No podría soportarlo.
La castaña abrió la boca para hablar, pero la cerró al momento que las voces de los niños se escuchaban más cerca. Un instante después los cuatro niños entraban en la sala.
–¿Mami? ¿Estás bien? –preguntó Rose inmediatamente al ver el estado de su madre.
–Rose, ven aquí –le llamó Hermione, estirando los brazos hacia la pequeña. La pelirroja se acercó a su madre sin vacilar, dejando que la abrazara.
–Vamos, niños, dejen a Rosie hablar con su madre –Ginny palmeó la espalda de su hijo mayor.
–Harry... –Hermione lo miró y luego señaló a Albus con la cabeza. El ojiverde comprendió el gesto de la castaña y asintió.
–Albus, acompáñame –pidió el azabache mayor a su hijo. El niño asintió y siguió a su padre hacia el despacho de éste.
–Ustedes dos, vengan conmigo –le dijo Ginny a James y Scorpius –. Vamos a buscar abrigos para los tres. Tal vez te quede uno de Al, Scorpius...
El rubio asintió, pero su mirada estaba en Rose. La niña se percató de eso y también miró a Scorpius. Con una media sonrisa el niño salió.
–Mami... –Rose miró a su madre. Hermione sintió un nudo en la garganta.
–Rose, hay algo que quiero decirte –comenzó Hermione tratando de sonar valiente –. Es sobre tu papi.
–¿Sobre papá? –preguntó la pequeña mirando fijamente a su madre.
Hermione hubiera querido esquivar la mirada de su hija. Sus ojos azules como los de Ron.
–Verás, Rosie –continuó la castaña sin saber muy bien cómo seguir –, eh... ante todo, quiero que sepas que todo va a estar bien, ¿me prometes que vas a ser una niña valiente?
–Lo prometo –dijo la pelirroja alzando la mano abierta.
–Bien, Rose –asintió Hermione con un ligero temblor de la barbilla –. Hace un momento, el tío Percy ha llamado y nos ha dado una noticia... que tiene que ver con papá.
–¿Con papá? –repitió Rose. Hermione asintió.
–Papá... él... Rose... –tartamudeó Hermione sintiendo la preocupación crecer dentro de ella. Tenía que decírselo, ya. Se habían demorado bastante tiempo y lo único que quería era ver a Ron. Pero tampoco quería lastimar el corazón de su hija.
Respirando profundamente y armándose de un valor que no sentía, Hermione miró a su hija y se preparó para lo que iba a decir.
–Tu papi... esta... él... Rose, papá está en el hospital –lo dijo de la manera más suave posible.
Hermione espero la reacción de su hija. Pero Rose simplemente la miró fijamente.
–No... –murmuró la pequeña sacudiendo la cabeza –... papi no puede estar en el hospital.
–Rose, entiendo que...
–Debes estar mal, mami –interrumpió la niña sonriendo.
Aquello hizo que la preocupación de Hermione llegará al borde.
–¿Por dices eso, Rose? –preguntó Hermione, completamente desconcertada.
–Porque papá me lo prometió –respondió la niña como si fuera lógico –. Me prometió que se cuidaría.
Hermione sintió otro nudo formarse en su garganta de nuevo. Intentó hablar pero no podía. Así que lo único que hizo fue abrazar a su hija. La abrazó contra ella.
–Rose... hay cosas –dijo ella suavemente – que no están alcance de nosotros. Y aunque papá prometió que se cuidaría, no pudo cumplirlo.
–¡Pero él lo prometió! –protestó Rose. Hermione pudo ver como lágrimas comenzaban a salir de los ojos azules de su hija.
–Rose... escúchame –pidió Hermione separándose un poco de Rose para poder verla de frente. La niña miró a su madre y Hermione sintió como su corazón se partía poco a poco –. Tu papá va a estar bien, ¿me oyes? Va a estar bien.
–¡Quiero verlo! –lloró Rose pegándose a su madre. Hermione le acarició el cabello.
–Lo verás, cielo –prometió Hermione aguantando las lágrimas que se acumulaban en sus marrones ojos.
–Hermione –Harry acababa de entrar con Albus en sus brazos. El niño giró la cabeza hacia ellos y la castaña pudo notar rastros de lágrimas en su tierno rostro –, ¿están listas?
–Sí –afirmó la castaña poniéndose en pie con la pelirroja en sus brazos.
–Adelante –suspiró Harry...
El trayecto desde la casa de los Potter pareció interminable. Rose no dejaba de llorar, acurrucada en los brazos de su madre. Ginny también consolaba a un triste Albus.
James solo derramaba una que otra lágrima en silencio pero no decía nada y Scorpius entendía la situación y se limitaba a estar callado, con su mirada yendo de Rose a Albus.
Harry estacionó el auto frente al Hospital San Mungo y sin esperar más tiempo salieron del auto. Harry agarró la mano de James y Scorpius para evitar perderlos entre la gente que estaba fuera del edificio.
Inmediatamente se dirigieron a la sala de emergencias encontrando a unas cuantas personas sentadas en las sillas. Un poco más allá localizaron las pelirrojas cabelleras del resto de los Weasley. Hermione pudo ver a Lucy abrazada por su padre. El primero en verlos fue Charlie que enseguida caminó hasta ellos.
–¿Cómo está Ron? –preguntó Ginny rápidamente.
–Aún no sabemos –contestó Charlie mirando sobre su hombro –. Papá y mamá fueron a preguntar, estamos esperando a que nos den noticias.
–¿Qué sucedió? –esta vez fue Hermione la que habló. Charlie la miró y luego a Rose, que seguía sollozando.
–Ven conmigo, Rosie –la voz de Luna llegó detrás de Charlie. Ella y Fred se habían acercado.
Hermione la miró asombrada, pero no pudo preguntar nada porque Rose habló.
–No. Quiero ver a mi papá –declaró la pequeña aferrándose a su madre.
–Y lo veras –aseguró Fred tratando de dedicarle una sonrisa.
–Ve con la tía Luna –Hermione no quería separase de su hija, pero necesitaba saber que le había pasado a Ron.
–Ven, Rosie –Luna estiró los brazos hacia ella. La pequeña se dejó cargar a regañadientes. Fred tomó a Albus y junto con James y Scorpius se acercaron al resto de la familia, dejando a Harry, Ginny, Hermione y Charlie solos.
–¿Qué sucedió? –Ginny repitió la pregunta formulada antes por la castaña.
–El material nuevo fue colocado de una manera incorrecta –contó Charlie pasándose una mano por el cabello –. Varias de las pilas estaban mal equilibradas y se derrumbaron. Ron estaba ahí.
Hermione se llevó una mano al pecho. Harry abrazó a Ginny. ¿Qué le había pasado a Ron? ¿Cómo se encontraba en estos momentos?
Las preguntas no dejaban de repetirse en la mente de Hermione. Su angustia se hizo cada vez más fuerte y cuando creyó que ya no podía aguantar más sin saber de Ron, Molly y Arthur Weasley aparecieron por un corredor.
–¿Cómo está Ron? – se apresuraron a preguntar George, Bill y Charlie.
–Aún no nos dicen nada –contestó Arthur con voz neutral.
–Todavía están examinándolo –añadió Molly con los ojos un poco rojos.
–En unos momentos vendrán a decirnos como está –terminó de decir el padre de los pelirrojos.
Todos se sumieron en un silencio casi sepulcral. Arthur abrazó a Molly diciéndole palabras de aliento. Cada uno de los Weasley se sentó junto a sus hijos. Hermione miró a su pequeña, aún en brazos de Luna, con Fred a su lado. Sonrió para sus adentros. Al fin Luna y Fred estaban juntos.
–Mami... –Rose le llamó
Hermione no fue la única en mirar a Rose. La señora Weasley también había volteado hacia la niña y ahora su mirada la dirigía hacia la castaña. Y Hermione también la miró a ella.
–Mami... –volvió a llamar Rose. Nerviosamente, Hermione se acercó a su hija.
–¿Si, cielo? –preguntó la castaña dedicándole una sonrisa de aliento.
–¿Cuándo veré a papá? –preguntó la ojiazul, recargando la cabeza en el hombro de Luna.
–Pronto –contestó Hermione incapaz de poder decir otra cosa.
–No te preocupes Rosie. Tu papá va a estar bien. O si no el tío George y yo le haremos una pequeña bromita –bromeó Fred tratando de animar a la pequeña. George, que había escuchado lo dicho por su gemelo, sonrió y se acercó a ellos.
–¡Para que aprenda a cuidarse! –apoyó George. La pequeña dio una pequeña sonrisa.
–Ves Rosie, tus tíos se encargarán de eso –recalcó Luna, besando la cabeza de la pequeña. Fred y Hermione le sonrieron.
–¿Familiares de Ronald Weasley? –voceó una voz. Todos se giraron para ver a un médico de pelo canoso y lentes de montura negra, examinando una tabla.
–Yo soy su padre –respondió Arthur acercándose al médico.
–¿Cómo está? –apremió Molly impaciente.
–Bien, el señor Weasley... –el médico se interrumpió al observar la gran cantidad de pelirrojos esperando impaciente su respuesta.
–¿Cómo está? –repitió Ginny.
–Antes de decirle el estado del señor Weasley... solicito que todos los niños sean llevados a otro lugar –hubo un murmullo de protestas por parte de los Weasley más pequeños.
–¡Nosotros queremos saber cómo está el tío Ron! –exclamó Dominique, secundada por su prima Molly II y por Fred II
–Lo siento, pero los niños no pueden estar aquí –replicó el médico hablando por encima de los pequeños.
–¡Niños! –Gritó Arthur tranquilizadoramente –Su tío Ron estará bien, ¿Por qué no van a la cafetería a comer algo?
–Vamos, niños. Hagan caso a su abuelo –dijo Charlie. Durante dos minutos los pequeños siguieron protestando hasta que finalmente se resignaron, y acompañados por Fleur, Audrey y Angelina comenzaron a caminar rumbo a la cafetería del hospital.
–Ahora sí, ¿podría decirnos como está mi hijo? –reclamó Molly comenzando a enfadarse.
–Aún queda la pequeña –el médico señaló a Rose, que seguía en brazos de Luna.
–Es su hija –informó Fred.
–Lo siento, pero no...
–Tiene derecho a saber cómo está su padre –replicó Harry ajustándose las gafas.
–¡De acuerdo! ¡De acuerdo! –accedió el médico ante la mirada de los pelirrojos.
–Bien... ahora sí ¡díganos! –ordenó Percy impaciente.
–Bueno, el señor Weasley sufrió varios golpes. Uno de ellos en la cabeza –añadió el médico. Los Weasley jadearon, pero no tanto como Hermione –, afortunadamente solo causó una pequeña herida en la parte izquierda...
–Gracias a Dios –suspiró la señora Weasley soltando el aire retenido, al igual que los demás presentes.
–El señor Weasley perdió el conocimiento por el golpe, y estamos esperando a que despierte...
–¿Cómo que están esperando? –farfulló Arthur frunciendo el entrecejo.
–El golpe causó la herida, pero también la pérdida de conocimiento. No sabemos cuán fuerte fue el golpe, pero calculamos que en unas horas despierte –explicó el hombre rápidamente.
–¿Puedo ver a papá? –preguntó Rose adelantándose a los demás.
El médico la miró por unos segundos antes de esbozar una sonrisa.
–Claro que sí, pequeña. Pero solo unos minutos –condicionó. Rose asintió esbozando una sonrisa.
–Mamá entrará conmigo, ¿verdad? –Rose buscó a su madre con la mirada.
–Eh... –dudó Hermione. ¡Por supuesto que quería ver a Ron!, pero con la señora Weasley mirándola fijamente...
–Sí, Rose. Tu mamá entrará contigo –respondió Molly Weasley sorprendiendo a todos, menos al médico, que ignoraba la situación.
Hermione miró a la pelirroja mayor y al ver que esta le sonreía, devolvió la sonrisa tímidamente.
–Bien, ¿por qué no te vas a lavar esa carita? –sugirió el médico a Rose –Si tu papá despierta, no creo que quiera verte así.
–Yo la llevo –se ofreció Luna.
Todos se habían dado cuenta de que el médico quería decirles algo más, y que era preferible que la niña no estuviera.
–¿Qué pasa, doctor? –preguntó Bill enseguida de que Rose y Luna desaparecieran de la vista.
–Hay algo más que deben saber –declaró el médico con su expresión seria –. Aún no estamos seguros, necesitamos esperar a que el paciente despierte...
–¿Qué sucede con mi hijo? –apremió Molly. Cualquier rastro de alivio había desaparecido de su rostro; en los demás pasaba lo mismo.
–Hubo otra parte afectada por los golpes que provocaron el derrumbamiento de los materiales...
–¡Díganos de una vez lo que sucede! –interrumpió Ginny completamente desesperada.
–Está bien, solo cálmese –pidió el médico un poco asustado –. Bien, el señor Weasley...
Rose empujó la puerta de la habitación doscientos ochenta y cinco. Hermione entró tras ella. Ron estaba en la cama, cubierto con las sábanas blancas de la camilla hasta el abdomen. Vestido con una bata de hospital también blanca. Su cabeza estaba vendada y sus brazos a los costados de su cuerpo; Hermione pudo ver unos cuantos rasguños y moretones en el rostro.
–Hola, papi –susurró Rose, acercándose. La niña solo alcanzaba a sobrepasar la camilla por unos centímetros, lo que le dificultaba ver a su padre. Hermione la cargó y con sumo cuidado la sentó en el borde de la camilla.
Hermione pudo observar mejor a Ron. Su respiración era un poco más rápida de lo normal. Se veía estable. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no derrumbarse ahí mismo. No podía creer aun lo que había dicho el médico Peterson.
–Mamá dijo que ahora estás dormido –siguió hablando Rose, tomando una de las manos de su padre entre las suyas –. Pero yo quiero que despiertes... y Albus también.
Las lágrimas en el rostro de la pequeña hicieron acto de presencia. Hermione acarició los cabellos de su hija reconfortándola, y al mismo tiempo, reconfortándose ella misma.
–Y el tío Fred y el tío George dijeron que si no estabas bien te iban a hacer una broma –contó la pelirroja soltando una débil risa.
Se quedaron en silencio por unos minutos, observando a Ron. Hermione quería decir muchas cosas. Pero el nudo en la garganta le impedía hablar. Rose soltó un sollozo y se abrazó a su padre con delicadeza.
–¡Despierta, papi! –suplicó la pequeña, derramando más lágrimas. Hermione no pudo aguantar más y también comenzó a llorar en silencio.
–Vamos, Rose. Dejemos a papá descansar –intentó Hermione. La niña se abrazó más a su padre y negó con la cabeza.
–No. Quiero estar con él –determinó la pelirroja firmemente.
–Tenemos que salir –dijo Hermione limpiándose las lágrimas.
Rose se quedó callada por unos segundos.
–Te amo, papá –dijo la niña rompiendo el silencio.
–También... te amo, princesa –contestó Ron con una voz ronca.
–¡Papá! –gritó Rose sonriendo.
–¿Cómo te sientes? –se apresuró a preguntar la castaña.
–Me duele la cabeza –Ron se llevó la mano a la cabeza e hizo una mueca de dolor –. Y el resto del cuerpo.
–Iré por un doctor –dijo Hermione pero la mano de Ron la detuvo.
–Espera –pidió Ron. Hermione asintió y se quedó junto a ellos. Rose se abrazó de nuevo a su padre, mientras él le acariciaba el cabello –. Lamento haber roto mi promesa.
–No importa, papi –sonrió la niña –. Mamá me ha dicho que no siempre se pueden cumplir las promesas.
–Bueno, es que tu madre es muy inteligente –comentó Ron tratando de sonreír. Su expresión se volvió de repente seria y confusa.
–¿Qué pasa? –preguntó Hermione, comenzando a preocuparse.
–Hermione, ¿por qué no siento las piernas? –preguntó Ron con voz aterrada.
Hermione sintió un dolor en el pecho. Ojala no fuera así. Ojala el médico se hubiera equivocado.
–Ron, cálmate. Iré por un médico –avisó Hermione nerviosamente.
–¡No quiero un médico! ¡Quiero saber por qué no siento las piernas! –gritó Ron tan fuerte que Rose se asustó. Ron notó la reacción de su hija, por lo que se calmó –Lo siento, princesa.
–Rose, ve afuera –ordenó Hermione inmediatamente. La ojiazul iba a protestar, pero al ver la mirada de su madre decidió mejor salir de la habitación no sin antes darle una última mirada a su padre.
–Hermione, dime que está pasando, ¡por favor! –suplicó el pelirrojo. La castaña sintió una vez más el nudo en la garganta al escuchar el tono tan lastimero de Ron.
–Iré por un médico –repitió Hermione una vez más.
–¡Que no quiero un médico! –Explotó de nuevo Ron – ¡Dime qué diablos me está pasando!
–¡Cálmate, por favor! –Pidió Hermione acercándose a él – Tranquilízate.
–No me pidas que me calme, Hermione –replicó Ron, ahora con un tono de voz normal –. No cuando no sé porque estoy así.
–Escúchame, Ron –Hermione se acercó un poco más y tomó la mano de Ron entre las suyas. El pelirrojo la apretó suavemente, sintiéndose reconfortado –. Iré por un médico para que te revise y así podremos saber qué es lo que está pasando, ¿de acuerdo?
–De acuerdo –accedió el pelirrojo como un niño pequeño. Hermione, por impulso, acarició la mejilla de Ron y sonrió.
Las palabras de Ron quedaron ahogadas en su garganta cuando la puerta se abrió. Ambos miraron hacia esa dirección para ver al médico Peterson y a una enfermera. Detrás de ellos se podían distinguir unas melenas pelirrojas.
–Muy bien. Ya ha despertado, señor Weasley –apuntó el médico en una tabla –. Necesitamos hacerle un chequeo...
–No siento las piernas –interrumpió Ron con una nota de pánico en la voz.
Peterson miró a la enfermera y está asintió.
–Señora Weasley, salga por favor. Necesitamos examinar a su esposo.
De no haber estado en un hospital, con un Ron accidentado, ambos se hubieran ruborizado. Sin embargo, Hermione no tuvo tiempo de replicar por que la enfermera ya la estaba empujando hacia afuera. Además de que su mente se había quedado momentáneamente en shock.
–¿Qué pasa, Hermione? –preguntó Ginny al ver a la castaña salir.
–Lo van a checar –comunicó la castaña saliendo del trance. Todos los Weasley se quedaron mirándola fijamente, esperando que dijera algo más. Pero Hermione solo se dedicó a buscar a Rose con la mirada.
–Está en la cafetería con Luna –contestó Harry al notar la reacción de la castaña. Hermione asintió y pasó por en medio de los Weasley. Una mano la detuvo.
–Quisiera hablar contigo –Hermione miró aquellos ojos miel que pertenecían a Molly Weasley.
Sintiendo un poco de temor y nerviosismo, Hermione asintió. Los demás miembros de la familia también observaban sorprendidos y un poco alarmados.
Molly, ignorando la reacción de sus hijos y esposo, caminó por el pasillo. Hermione la siguió en silencio. Finalmente se detuvieron, al final del pasillo.
–Es difícil esto, ¿sabes? –comenzó la pelirroja tallándose la cara.
–Supongo –contestó Hermione soltando un suspiro.
–Rose es una niña excelente –comentó la señora Weasley. Hermione no dijo nada, solo se limitó a asentir con la cabeza –. Se parece mucho a ti y a Ron también. Muchos dirían que es una mezcla completa entre tú y Ron –Hermione no pudo evitar sonrojarse ante lo dicho por la mujer. Molly sonrió ante la reacción –. Sin dudas has sabido ser una buena madre.
–Gracias, señora Weasley –agradeció Hermione con una media sonrisa.
–Molly –dijo ella –. Aunque no lo creas, me alegró de verte de nuevo Hermione. Tú, al igual que Harry, siempre fueron unos hijos más para mí. Y lamenté tanto cuando te marchaste...
–Yo... –intentó hablar la castaña, pero Molly se lo impidió.
–No. Déjame terminar. Se lo que pasó entre Ron y tú. Todo ese estúpido asunto –Hermione se sorprendió al escuchar a Molly decir "estúpido" a aquel asunto –. Solo causó un montón de sufrimiento que no vale la pena recordar ahora.
No te voy a negar que estuve enfadada cuando me enteré de la existencia de Rose. Yo como tú, soy madre. Y entiendo la necesidad de proteger a tu hija. Comprendo que estabas destrozada cuando sucedió aquel incidente, y que ese dolor te haya llevado a tomar decisiones de las que tal vez luego te arrepentirías.
Hermione se sintió peor de lo que se sentía. Esa mujer, en lugar de estarle gritando por haberle ocultado a su nieta, la estaba comprendiendo.
–Pero lo hecho, hecho está –prosiguió la pelirroja –. Ahora mi hijo necesita de Rose y de ti, Hermione. Te pido que no lo abandones...
–No lo haré –aseguró Hermione firmemente.
–Confió en ti, querida –Molly sonrió y le dio un abrazo a Hermione. La castaña, sorprendida e impactada, correspondió al abrazo.
–Gracias –fue lo único que pudo decir.
–Bien, Ronald, ¿cómo te sientes? –preguntó el médico Peterson.
–No siento las piernas –repitió Ron una vez más.
–Mmm –reflexionó el hombre examinando los papeles que traía.
–Dígame por qué no siento las piernas –exigió Ron desesperadamente.
–No lo sabemos con certeza –comentó el médico.
–¿Qué quiere decir? –farfulló Ron tratando de incorporarse un poco más en la camilla, pero le fue imposible.
–El derrumbe causó golpes en tu espina dorsal. Es probable que haya daños en ella –añadió el médico con gravedad.
–Eso... eso... ¿quiere decir que...no podré caminar? –sugirió Ron aterrado, imaginándose en una silla de ruedas de por vida.
–Existe la posibilidad –respondió el médico seriamente –. En este momento no podemos saberlo con certeza. Te hemos sedado contra el dolor, eso influye a que no sientas las piernas en este momento.
Una luz de esperanza se filtró en los azules ojos de Ron.
–Entonces, tendré que esperar a que se pase la anestesia –dedujo el pelirrojo pasándose una mano por su pelirrojo cabello.
–En unas horas más habrá pasado el efecto y podremos comprobarlo –dictaminó el médico Peterson.
–Bien –suspiró Ron.
–Será mejor que descanse –propuso el médico antes de salir de la habitación.
Rose se quedó con la mirada fija en el suelo. Sus pies se balanceaban de adelante hacia atrás y lágrimas silenciosas bajaban desde sus ojos azules hasta la punta de su nariz y de ahí al suelo.
–Mi papá una vez estuvo en el hospital –mencionó una vocecita a un lado de ella.
Rose giró su rostro para encontrarse con los ojos grises de Scorpius.
–¿Y qué pasó? –preguntó Rose.
–Bueno. Se enfermó, pero salió unos días después –contó el pequeño sentándose junto a ella. Rose lo miró, pero no dijo nada –. Yo lloré mucho, pero mi mamá y mis abuelitos me decían que iba a estar bien. Y papá después se recuperó.
–¿Y si mi papá no se recupera? –cuestionó la pequeña con el miedo reflejado en la voz.
–Yo creo que sí se recuperara –afirmó el rubio con una sonrisa. Levantó la mano y con delicadeza y ternura, limpió las lágrimas de la pelirroja –. No te ves bonita cuando lloras.
Rose se ruborizó. Regaló una sonrisa al rubio.
–Gracias –dijo ella. Scorpius asintió y miró hacia los demás primos Weasley y Potter. Estaban sentados en dos mesas que habían sido juntadas. Tazas de chocolate y pequeños panecillos estaban frente a ellos.
–¿Vamos? –preguntó Scorpius. Rose asintió y lo siguió hasta donde estaban sus primos.
–Rosie, el tío Ron se va a poner bien –le aseguró Dominique sonriéndole alentadoramente a su prima.
–Mamá me dijo eso –mencionó Rose sentándose entre Albus y Lucy.
–¿Ya viste a tu papá? –le preguntó Lucy. Rose alcanzó a notar el enrojecimiento en los ojos de su prima, detrás de sus lentes.
–Sí, pero tuve que salirme –contó Rose agachando la cabeza.
–¿Por qué? –preguntó Roxanne.
–Porque comenzó a gritar –respondió Rose. Todos sus primos se miraron entre sí. Angelina, Audrey y Fleur intercambiaron miradas de preocupación. Albus tomó la mano de su prima. Rose agradeció el gesto con una sonrisa.
–A veces los adultos gritan –aseguró Audrey.
–No debes preocuparte –Luna le sonrió –. Todo saldrá bien.
–¿Rose? –Hermione había llegado a la cafetería. La niña volteó rápidamente y corrió hasta su madre –Tranquila, cielo. Papá está bien.
–¿Ya no está gritando? –preguntó la pequeña escondiendo la cara en el hombro de su madre.
–No, cariño. Papá ya no está gritando –aseguró Hermione tranquilizadoramente.
–¿Puedo verlo? –pidió Rose alzando la vista.
–¿Nosotros también? –corearon los niños Weasley. Albus y Lucy un poco más fuerte que el resto.
–Claro –sonrió Hermione. Los pequeños se levantaron y comenzaban a correr cuando las voces de sus madres los detuvieron. Los niños se detuvieron resignados a esperar a que las mujeres las alcanzaran. Rose se agarró de la mano de Lucy y Albus. Hermione y Luna se quedaron en la cafetería.
–¿Está mejor? –preguntó Luna sentándose en una de las mesas.
–No lo sé –admitió la castaña ocupando un lugar frente a la rubia.
–Lo estará –aseguró la ojiazul apretando una mano de Hermione.
–Eso espero. No soporto verlo así. Cuando Harry nos dijo que estaba en el hospital, creí… creí… que lo perdería para siempre… –Hermione no pudo aguantar más y dejó las lágrimas salir.
–Hermione, espero que con esto recapacites y te decidas de una vez –objetó la rubia en un tono firme.
–¿Qué…?
–No me salgas con "Qué-quieres-decir" –cortó Luna impaciente –. Sabes muy bien a lo que me refiero, Hermione. Lo amas.
Hermione se quedó en silencio contemplando sus manos.
–¿Y si él no me ama? –preguntó la castaña aún con la vista en sus manos.
Luna rodó los ojos exasperada.
–¡Sigues con eso! No sabrás si no haces nada –advirtió la rubia.
–¿Qué hay de ti y Fred? ¿Lo perdonaste?
–No me cambies el tema, Hermione Granger –señaló Luna acusadoramente, sin embargo sonrío.
–Por lo visto ya lo has perdonado –sonrió Hermione pícaramente.
Luna rió y contó a su amiga todo lo que había pasado. Así mismo, Hermione le contó lo que había sucedido la noche anterior con Ron. Sin embargo se puso triste al pensar en la situación del hombre que amaba.
–Saldrá de esto, Hermione –alentó la rubia con una sonrisa reconfortante.
–Es lo que más deseo en este momento –suspiró la castaña. Se quedó un momento pensando. De repente se sobresaltó –¡Mis padres! ¡No les he avisado y hoy es su vuelo!
–De eso no te preocupes, ya les he avisado –tranquilizó la rubia consultando la hora en el reloj del celular –. En unos cinco o diez minutos estarán aquí.
–Gracias Luna –agradeció la castaña sinceramente.
–Luna, Hermione –ambas voltearon. Fred caminaba hacia ellas con una débil sonrisa en el rostro –. Rose está preguntando por ti –añadió hacia la castaña. Luego miró a Luna y besó su mejilla –. Y yo me preguntaba dónde estabas tú.
–¡Me has encontrado! –bromeó la rubia.
–Lo dejo. Nos vemos después –Hermione se levantó y salió de la cafetería.
–¿Estás bien? –preguntó Luna a Fred.
–Estaré mejor cuando sepa que Ron no tiene nada –contestó el rodeando a la rubia con sus brazos.
–Esperemos que sea así –murmuró Luna pensativa.
–Esperemos... –suspiró Fred.
Hermione entró a la habitación de Ron. Todos los Weasley estaban ahí. Los pequeños rodeaban la cama de su tío y Albus y Rose estaban sentados a cada lado del pelirrojo. Sonrió cuando vio a Ron sonreír.
–¿Y Fred? –preguntó George percatándose de la falta de su hermano.
–Se quedó con Luna –contestó Hermione quedándose cerca de la puerta.
Los hermanos Weasley intercambiaron una mirada de complicidad y sonrieron.
La puerta se volvió a abrir y el médico Peterson entró en la habitación. Se sorprendió de ver a todos los pelirrojo ahí.
–Dije que necesitaba descansar –reprendió el médico cruzándose de brazos.
–Solo unos minutos más –suplicaron los pequeños.
–Lo siento, pero esta vez no. El paciente necesita descansar –indicó el médico rotundamente.
–Ya oyeron niños –dijo Arthur. Aunque quería estar con su hijo, su prioridad era que estuviera bien.
Los pequeños se despidieron de su tío y salieron de la habitación, refunfuñando por lo bajo. Cada uno de los hermanos Weasley se fue despidiendo de Ron, hasta que solo quedaron los señores Weasley, Ginny, Harry, Charlie, Hermione y Rose.
–Ve a descansar mamá, estaré bien –decía el pelirrojo mientras sujetaba la mano de su madre.
–Vamos, Molly, hazle caso a Ron –estuvo de acuerdo Arthur poniendo sus manos en los hombros de su mujer.
–Pero Ron... –protestó la pelirroja mujer mirando a su hijo.
–Yo me quedaré con él –se ofreció Charlie para tranquilizar a la mujer.
–Y mamá y yo también estaremos aquí –añadió Rose todavía sentada junto a su padre.
–¿Ves, mamá? No estaré solo –remarcó Ron, sintiéndose contento de saber que Hermione estaría con él.
–Vamos, Molly –insistió de nuevo Arthur.
–Está bien. Pero estaré aquí en unas horas más –accedió ella. Dio un beso a su hijo en la frente y se despidió de los demás. Cuando pasó junto a Hermione, le sonrió y en voz baja añadió –: Cuídalo.
La castaña asintió y sonrió.
–Vendremos mañana, descansa hermanito –Ginny también besó la frente de su hermano.
–Descansa, amigo –deseó Harry.
–Hasta mañana, hijo –se despidió Arthur con una sonrisa.
Al final solo quedaron Charlie, Rose y Hermione en la habitación con Rose.
–Iré un rato a la cafetería. Te dejo en buenas manos –sonrió Charlie antes de salir de la habitación.
–Hermione, no tienes...
–No. Está bien –le cortó la castaña acercándose a la cama.
–Bueno, pero tu si tendrás que ir a casa –ordenó Ron a Rose.
–¡No! Yo quiero quedarme contigo, papi –protestó la pequeña cruzándose de brazos.
–Rose, esto es un hospital, no puedes quedarte aquí –remarcó Ron abrazando a la pequeña.
–Pero quiero estar contigo –rebatió de nuevo la pelirroja con ojos acuosos.
–Y yo. Pero comprende que no puedes quedarte –Ron besó la cabeza de su hija y miró a Hermione.
–Te quedaras con la tía Luna –determinó Hermione. La pequeña solo asintió, abrazándose más a su padre.
Tocaron la puerta con dos leves golpes y después se abrió.
–¿Se puede? –preguntaron Hugo y Jean Granger
–Adelante –contestó Ron con una sonrisa.
–¿Cómo estas, Ron? –preguntó la señora Granger.
–Bien, por ahora –sonrió el pelirrojo mirando de reojo a Hermione.
–Jean y yo hemos estado hablando... y podemos retrasar el viaje...
–No. No es necesario, señor Granger –interrumpió Ron con un gesto de la mano –. Yo estaré bien en unos días.
–Está bien. Pero nos gustaría saber al tanto –dijo Jean abrazando a su hija.
–Descuida, te mantendré informada –aseguró Hermione sonriendo.
–En ese caso, un taxi aguarda por nosotros –indicó Hugo checando su reloj.
–Buen viaje –les deseó Ron.
–Los voy a extrañar –Rose abrazó a su abuelos.
–Y nosotros a ti, pequeña –dijeron ambos adultos.
–Pórtate bien y cuida de tus padres –añadió Hugo en voz baja para que solo oyera la niña.
–¡Lo haré! –rió la pequeña.
–Recupérate pronto, Ron –dijo Hugo estrechando la mano de Ron –. Tienes dos princesas por las que luchar –susurró el hombre guiñándole un ojo.
–No necesito otra motivación –aseguró Ron.
–Estaremos al pendiente, Hermione –dijo la señora Granger mientras abrazaba a su hija.
–Ustedes también manténgame informada –pidió la castaña, ahora abrazando a su padre.
–Lo haremos, cariño. Cuídate. Ojalá cuando volvamos a vernos, tengamos muy buenas noticias.
Hugo Granger sonrió significativamente hacia su hija. La abrazó una vez más y después de otra ronda de despedidas, los Granger dejaron de nuevo solos.
–¿Tienes hambre? –preguntó Hermione a Ron.
–¡Mucha! –exclamó el pelirrojo llevándose una mano al estómago, que en ese momento rugió.
–Iré a avisarle a una enfermera –dijo Hermione riendo ante la reacción de Ron.
–Pero no tardes mucho –suplicó el pelirrojo con un mohín.
–Está bien –Hermione sonrió una vez más antes de salir de la habitación.
–Rose se ha quedado dormida –anunció Ron mirando a la pequeña, que estaba entre sus brazos.
–Creo que es hora de llevarla –dijo Luna, sentada a un lado de Fred, en el pequeño sofá que había en la habitación. Hermione estaba de pie junto a la cama, al igual que Charlie.
–Llevaré a Fred y a Luna y volveré después. Tengo algo que hacer –dijo Charlie. Los cuatro le miraron un poco desconcertados pero no hicieron preguntas.
–Volveremos más tarde –dijo Luna despidiéndose de Hermione y Ron.
–Descansa, hermano –Fred cargó a la pequeña pelirroja entre sus brazos, mientras que la rubia la cobijaba con uno de los abrigos de Ron.
–Dulces sueños, princesa –susurró Ron dándole un beso en la frente a su hija.
Hermione también besó a su hija antes de que Luna y Fred se la llevaran. Finalmente la puerta se cerró detrás de Charlie, dejando al pelirrojo y a la castaña, solos.
–¿Tienes frío? –preguntó Ron al ver a Hermione cubrirse con sus brazos.
–No –negó la castaña.
El silenció apareció entre ellos. Hermione se quedó con la vista clavada en el suelo. Ron, miraba sus manos con interés.
–Es...extraño... estar así –murmuró Ron de repente. Hermione lo miró y se acercó un poco más a la cama.
–Ron... –susurró ella.
–Tengo miedo, Hermione –confesó el pelirrojo pasándose una mano por el rostro y el cabello desesperadamente –. Tengo miedo de quedar así para siempre...
–Eso no va a pasar –interrumpió la castaña con un hilo de voz.
–¿Y si eso pasa? –preguntó el pelirrojo alzando la vista.
Hermione pudo ver el miedo, la desesperación y la impotencia reflejados en aquellos ojos azules.
–Si eso pasa... encontraremos alguna forma de solucionarlo. Yo estaré contigo –con timidez y nerviosismo, Hermione tomó la mano libre de Ron y se sentó en el borde de la cama.
–No quiero ser una carga para nadie –replicó Ron volviendo a bajar la vista.
–Ron, tú nunca serás una carga para nadie –aseguró Hermione apretando su mano suavemente. Ron, ante el gesto, volvió a mirarla –. Eres un hombre fuerte, saldrás de esto. Por ti, por Rose, por tu familia.
Y por ti, añadió Ron en su mente.
–Gracias, Hermione. Gracias por estar conmigo –sonrió Ron. Hermione también sonrió.
–No tienes nada que agradecerme Ron –dijo Hermione acercándose para darle un suave beso en la mejilla –. Será mejor que descanses.
–¿Tú no descansarás? –inquirió Ron.
–Después. Ahora duerme –ordenó Hermione.
Ron solo asintió. Cerró los ojos mientras susurraba un "te quiero" que la castaña no oyó.
¡Hola, hola! Bueno, ya sé que ha pasado bastante tiempo desde el último capítulo, pero aquí estoy, esperando que les gustara este pequeño capítulo. Últimamente tengo más tiempo así que espero actualizar con más regularidad.
Muchas gracias por sus reviews y PM que no he podido responder, pero muchas gracias.
¡Hasta la próxima!
