¡Hola! Si, lo sé, no tengo perdón de Dios pero acá viene el capítulo. Mil gracias por todos sus reviews, no las menciono una a una en esta ocasión porque quiero subir el capi cuanto antes, pero quiero que sepan que todos sus comentarios son super bienvenidos y agradecidos.
¡Disfrútenlo!
28. El juicio
Draco se estaba vistiendo con lentitud, tomándose su tiempo para que todo quedara perfecto. Se había puesto los pantalones oscuros y se estaba ajustando la elegante camisa de seda blanca. Un chaleco y una corbata negra esperaban sobre la cama. Y en un perchero, extendida para que no se ajara, esperaba la elegante túnica de terciopelo negro. Sabía que ese día debía impactar a los miembros del Wizengamot y gran parte de eso dependía de su apariencia fuerte y decidida, rayando en lo que su padre siempre había llamado una "segura frialdad". Aunque por dentro estés temblando, nadie tiene por qué enterarse de ese detalle, le había dicho siempre.
Y vaya que lo había entrenado toda su vida a suprimir sus emociones para lograr lo que quería. Justo ese día, tendría la mayor prueba de su vida y estaba consciente de que su destino dependía de lo que allí se decidiera. Pensó con ironía de que los giros más importantes de su vida habían estado marcados por imprevistos: confirmar el embarazo inesperado de Irene lo había lanzado a trazar su destino como espía de la Orden del Fénix y ahora, casi tres años después su futuro inmediato estaba por definirse luego de que una treta mal armada del Ministerio de Magia amenazara su tan ansiada estabilidad familiar. Y su libertad dependía de un grupo de magos y brujas que no le tenían gran estima a su linaje.
Unos años atrás habría sido impensable ver a un Malfoy en esta situación pero su padre se había encargado de enlodar todo el prestigio familiar labrado durante siglos. El también había contribuido a que eso pasara, aunque quisiera no podía negarlo, al sucumbir a las presiones de su padre y acceder a convertirse en mortífago, y si había seguido inmerso en aquella locura había sido por la seguridad de las dos mujeres de su vida.
Ahora cuando al fin había sentido que podía tocar el sueño de vivir en familia con Hermione, se le desvanecía como humo entre las manos. Y no quería separarse de su familia. No ahora que Voldemort había sido destruido. No ahora que la sociedad mágica se estaba reconstruyendo de los destrozos de la guerra. No ahora, después de todo lo que habían tenido que pasar con Hermione. No ahora, se repetía constantemente. Se sentó en la única silla que había allí y hundió su rostro en sus manos. Se frotó el rostro suavemente.
Tomó aire profundamente y se puso de pie. Alcanzó la túnica del perchero y se la puso acentuando la sensación de vacío que sentía en el estómago. Esta harto de toda la situación y lo único que deseaba era poder salir de allí lo antes posible.
Sus manos temblaran ligeramente mientras abotonaba la elegante túnica. Negra y sobria como todo lo que vestía para las ocasiones importantes. La única vez que se decidió a vestir algo de color fue para su boda con Hermione. Su espalda se estremeció por lo helado. Tenía cerca a un dementor. Un breve recuerdo feliz y esa cosa se había acercado a él para continuar secándole el alma. Suspiró con cansancio. Se sentía agotado, física y sicológicamente.
Sus pálidas manos se miraban casi amarillentas por el mes que había pasado en la prisión. Un mes y casi había enloquecido dentro de Azkaban. Un mes había pasado desde ese día en que se había despedido de Hermione en la puerta del Cuartel de Aurores.
Había caminado sin volver a verla. Se había sentido partido en dos cuando la besó y vio sus ojos..., una punzada se clavó en su corazón por su mirada tan triste. Y se había sentido tan descolocado por esos ojos apagados y tristes, que avanzó sin volver la cabeza atrás. De haberlo hecho, estaba seguro de que habría perdido la compostura.
Ese era el poder que Hermione tenía sobre él. Que con solo una mirada lo hacía perder su habitual frialdad.
Los aurores le habían entretenido corroborando sus datos personales. Como si no podían verificarlos en el Departamento de ciudadanía mágica, pensó hastiado de la estupidez de todo el proceso. De paso, aprovecharon que le tenían allí y le interrogaron sobre la batalla final y las actividades que había realizado al servicio de Voldemort pero se interesaron más en los servicios que había prestado para Dumbledore y la Orden del Fénix. No dio mayores detalles. Habían acordado revelar lo mínimo posible, para luego poder usar todo lo que pudieran en el juicio.
Sabía que todos los mortífagos estaban siendo confinados en la misma ala de Azkaban y que eran colocados en celdas compartidas con otro reo más. Si el mortífago era encontrado culpable, algo que ya había sucedido con Parkinson y McNair, eran trasladados a la sección de reos de alta peligrosidad. Con visitas restringidas a un par al año y con más dementores alrededor. Dudaba mucho que esos mortífagos tuvieran algo de cordura cuando terminaran sus condenas.
Le preocupaba no saber quien sería su compañero de celda... si se topaba con alguno de los más fanáticos, no podría ni siquiera dormir tranquilo esperando una venganza. En este bando, las traiciones se pagaban con la muerte. Y atacar al contrincante por la espalda era la especialidad de muchos. Para consolarse, pensó que era una suerte que los mortífagos más peligrosos estuvieran en prisión. De lo contrario, su angustia habría sido por la seguridad de Hermione e Irene, más que por su seguridad dentro de prisión. Gracias a Merlín que los pocos que habían logrado escapar no eran reconocidos ni por su astucia ni por poder tomar grandes decisiones.
La puerta de la celda se abrió, pudo apreciar el estrecho espacio con sus altas paredes y casi cercano al techo, una pequeña ventana desde donde se podía ver el cielo. Dio unos pasos, entrando en ese diminuto lugar en el que tendría que vivir vaya a saber Merlín cuanto tiempo. No sabía si esa ventana estaba encantada, así como las del Ministerio de Magia, pero ese cielo que se divisaba en lo alto era de un gris oscuro como de nubes de tormenta.
La celda estaba casi a oscuras pero no le fue difícil reconocer a su compañero. Y no supo si echarse a reír o a llorar.
"Padre, un placer como siempre", le dijo irónico, mientras sentía como se cerraba la puerta a sus espaldas. Sintió un hormigueo en sus muñecas que le indicó que las esposas mágicas habían sido retiradas. Abrió y cerró los puños repetidas veces, desentumeciendo sus manos porque le habían colocado las esposas mucho más apretadas de lo necesario y aunque llevaba las manos algo coloradas, fue lo demasiado orgulloso como para no decir nada al par de imbéciles aurores que lo escoltaron a Azkaban. Sabía que lo hacían para provocarlo y simplemente no quiso darles el gusto de oírlo protestar.
Lucius Malfoy solo hizo una especie de gruñido. Parecía un ángel caído, allí sentado a la orilla de la litera de abajo. Deslizó su mirada gris sobre su hijo con languidez pero pronto volvió el rostro hacia la pequeña ventana, como si allí estuviera la solución de todos sus problemas.
Draco vio que su padre había tomado posesión de esa litera. Era la ventaja de ser el primero en llegar a la celda, así que sin mediar más palabras se arrellanó en la cama de arriba. Dios, no había terminado de entrar cuando ya quería irse de allí. Lo más pronto posible. La prisión era helada, no solo de sentimientos, sino que sus paredes parecían irradiar un frío que calaba los huesos. Eso era, las paredes carcomían el cuerpo y los dementores se ocupaban de tu alma.
"Ya estarás contento", le recriminó su padre, con voz queda.
Draco suspiró con cansancio, rodó sus ojos y sacudió ligeramente la cabeza. Hasta mucho se había tardado en comenzar con los reproches y él había sido un completo iluso al creer que su padre iba a permanecer en silencio. Tenía que enfocarse en la afilada y muy bien dotada lengua de su progenitor, que era capaz de abatir hasta al más fuerte con una de sus hirientes palabras. Así que se preparó mentalmente a rebatir todo lo que pudiera decirle.
"Pues sí. El cara de serpiente está muerto", le respondió insolente. "Y yo podré seguir adelante con mi familia"
"¿Eso es lo que crees?", le preguntó.
"Por supuesto", le dijo decidido. "Hermione y la niña están esperándome. Cuando salga de aquí..."
"Si es que sales de aquí", le interrumpió Lucius, quien se puso de pie y comenzó a caminar frenético por toda la habitación. "Tú y tu querida familia tendrán que vivir con el rechazo de una parte de la sociedad mágica. ¿O es que crees que van a olvidar que fuiste mortífago?"
"No, padre, tienes toda la razón", dijo en tono condescendiente. Sabía que su padre odiaba cuando le hablaba de esa forma. Se quedó acostado. Se había sorprendido cuando su padre se levantó repentinamente, pero ahora que tenía la palabra, volvió su rostro hacia el techo, dejándole ver que la situación no le preocupaba tanto. Aunque en realidad sí pensaba mucho en eso y sus consecuencias para Irene, pero era algo que jamás iba a admitir frente a Lucius. "Para unos siempre seré un mortífago malvado, pero para otros, y déjame decirte que son los que más me interesan, siempre seré el mortífago que ayudó a derrotar definitivamente al Lord Tenebroso"
Lucius sintió que algo se le revolvía en las entrañas y que la cólera le dejaba un gusto amargo en la boca. Justo en ese momento deseaba que su hijo no hubiera crecido y permaneciera siendo un niño que no rebatía ninguna de sus palabras. "Tendrás que vivir con el estigma de ser un traidor"
"Padre, no es el primer estigma con el que tendré que vivir. ¿O es que crees que en mi niñez no tuve que aprender a vivir a la sombra de tus pecados? La etiqueta de hijo de mortífago no me la quité en ninguna parte, mucho menos en la escuela"
"¡Pero te ayudó!"
"Si hacerme de un puñado de enemigos gratuitos es una ayuda en la vida. Pues sí, padre, me ayudaste ¡muchas gracias!", las ironías no venían solo del lado del padre, el hijo también estaba bien dotado en ellas. La cara de Lucius permaneció inexpresiva pero sus ojos no lo fueron tanto. Draco supo que le había pegado un golpe bueno y duro.
"No lo niegues, Draco. Tener la etiqueta de cruel y déspota solo por ser un Malfoy bien que te ayudó en algunas situaciones", contraatacó Lucius.
"No lo estoy negando, pero en general no creas que todo lo que me has heredado es bueno".
"Ya tienes una hija. Es cierto que es mestiza...", escupió y Draco se obligó a permanecer acostado y sin reaccionar a esa clara provocación. "...pero al fin y al cabo es tu hija. Ya veremos si dentro de unos años ella no te reprocha la forma en que has actuado en esta guerra". Ouch, eso dolió porque era algo en lo que él venía pensando desde hacía varios meses. No lo pudo evitar y cerró sus ojos. "Los hijos siempre tienen mejores maneras de resolver los problemas de los padres. O al menos creen que hubieran podido resolver las cosas de manera diferente", siguió Lucius con su reflexión mordaz.
"Yo no te he dicho cómo debías actuar, sino cual ha sido la herencia de tus decisiones", rebatió Draco.
"Algo que probablemente haga tu hija"
"Probablemente", concedió.
Durante el tiempo en que compartieron celda, casi todas las conversaciones fueron en ese tono. Lucius sabía que Narcisa se había adaptado al hecho de tener una nuera sangre sucia y que lo más conveniente era aferrarse a ese precario recurso para tratar de recuperar el poder social y político que habían perdido al aliarse con Voldemort pero él simplemente no podía tolerarlo. No podía. Era un trago demasiado amargo y a pesar de que le había prometido a su esposa acoplarse a la nueva situación para sacar el mayor provecho, no lo había logrado. Narcisa tuvo mucha paciencia pero estaba un poco desencantada de que Lucius no le siguiera el juego que le habría propuesto. Lo que no pudo alcanzar a comprender es que Lucius estaba en un lugar donde le revivían los peores momentos de su vida y que probablemente de haber permanecido en otro lugar habría manejado mejor la situación.
Para Draco, su padre fue peor que todos los dementores de Azkaban juntos. Con él, le bastaba y sobraba para revivir los peores momentos de su vida.
"¿Por qué con una sangre sucia?", preguntó un día sin poderse contener.
"¡No la llames así!", le respondió Draco indignado. "Es una bruja brillante..."
"¡Podrá ser una lumbrera! ¡Pero eso no le quita lo sangre sucia!", le había rebatido su padre. Draco lo vio con cara de querer estrangularlo y estarse conteniendo a duras penas, pero eso no amilanó a Lucius. "Puedes ponerte como quieras pero es un hecho que no puedes negar. ¿Qué es lo que pretendías? ¿Llevarnos la contraria a tu madre y a mí?"
"Nunca lo hice para ir en contra de ustedes", respondió. "Aunque no lo creas simplemente sucedió"
"Sí, como no...", la ironía había saltado por todos los poros de Lucius Malfoy.
Draco suspiró fastidiado. "No fue algo que planee que sucediera. Ya tú habías planificado mi vida con la suficiente anticipación"
"Para lo que me sirvió. Al final terminaste haciendo lo que te dio la gana", le reprochó.
"Soy un Malfoy, padre. Está en mi naturaleza hacer lo que me da la gana", Lucius lo fulminó con la mirada. "Estoy enlazado con Hermione, es mi esposa y quiero que la respetes como tal".
Lucius bufó. "Sé que ahora eres la cabeza de la familia Malfoy pero no por eso estoy obligado a aceptar a la sangre sucia. Nunca los he admitido, ni siquiera como amigos, mucho menos como familia"
En ese momento, Draco no había insistido más en el tema. Pero ahora que se preparaba para su juicio, esas palabras le venían claras a la mente, sobre todo por la brillante idea del Ministerio de enjuiciar juntos a los Malfoy. Aunque quizás no sea tan malo, pensó, pues si su padre no podía ocultar su desprecio hacia Hermione, tal vez al Wizengamot no le costaría trabajo creer que había actuado por su cuenta y en contra de la voluntad de su padre.
Se acercó a la puerta y tocó, para que el auror que lo custodiaba supiera que ya estaba listo. Sintió lo grilletes mágicos en sus muñecas y la puerta se abrió. Dio unos pasos al frente para salir al pasillo que lo conduciría hacia la sala principal del Wizengamot.
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En ese momento, también Hermione estaba dando los últimos toques a su apariencia. Luna y Ginny estaban con ella y le habían ayudado a preparar también a Irene, porque la pequeña asistiría al juicio de Draco. Ella y Narcisa habían pensado mucho sobre la conveniencia de llevar a la niña y al final habían llegado a la conclusión de que al permitir que los miembros del Wizengamot vieran que existía una relación padre-hija, podía influir en su decisión final a favor de Draco.
Hermione observó el elegante reflejo que le devolvía el espejo de su habitación. Y acarició el suave terciopelo de la única que se había colocado.
Era de color verde oscuro con el emblema de los Malfoy bordado en la orilla con hilo dorado, era similar a la que usó cuando acompañó a Draco al Cuartel General de Aurores. Si por ella hubiera sido, habría usado esa misma túnica porque esos detalles de apariencia y vestuario realmente le eran indiferentes. Pero a Narcisa no. Se había aparecido dos días antes con este nuevo modelo y se lo extendió con una sonrisa complacida en la sala en la Sala de Grimmaiuld Place.
"No me digas que no habías pensado en lo que usarás para el juicio", le dijo cuando se percató que a su nuera no le emocionaba nada la túnica que se extendía frente a ella.
"Pues sí, pero había pensado usar la misma túnica que…", Hermione se calló cuando vio la expresión seria de Narcisa. Sabía que había metido la pata pero no comprendía por qué.
"Sé que no has sido criada en el mundo mágico", le explicó Narcisa tratando de ser diplomática "pero alguien de nuestra posición, jamás y compréndeme bien: jamás, repite un conjunto de ropa en un evento público. Con los hombres son más tolerantes porque a fin de cuentas se visten más o menos igual", añadió "pero a nosotras, las críticas nos destrozan"
"¿Las críticas?", Hermione había visto a su suegra algo desconcertada. No es que a ella no le gustara vestirse elegante, es que simplemente su apariencia en el juicio era lo último en su lista de prioridades en ese momento. Lo primero y lo más importante para ella era la estrategia que seguirían junto con Dumbledore para sacar a Draco de la cárcel. ¿De verdad a Narcisa le importaba más que no repitiera túnicas en público?
"¿Crees que los periodistas de El profeta y el Quisquilloso no estarán en el juicio? Creo que hasta habrá alguien de Corazón de Bruja… y desmenuzarán tu atuendo, eso tenlo por seguro", le dijo completamente seria. Entonces no le quedó ninguna duda: para su suegra la prioridad era la vestimenta.
En ese momento, Hermione pensó que realmente no sabía en lo que se estaba metiendo cuando aceptó la ayuda de Narcisa. Es cierto que le hacía ver cosas que ella ni siquiera hubiera imaginado, pero en general a Narcisa solo le interesaban las cosas superfluas de la vida ostentosa que estaba acostumbrada a llevar. Al terminar el juicio, ella recuperaría su buen juicio y pondría algo de distancia con su suegra. Además, un día que Draco estaba bastante comunicativo, le había confesado que lo que más amaba de su personalidad era que no se parecía en nada a su madre. Y por supuesto que no iba a comenzar a contradecir los gustos de su esposo.
Narcisa siguió dándole detalles de vestuario y apariencia en general, hasta que añadió algo que sí le interesó a Hermione. "Esta túnica es especial. No cualquiera puede usarla", le había explicado con una sonrisa. "Por que es herencia de la familia y solo las mujeres Malfoy por derecho pueden colocársela sobre los hombros sin problemas".
A Hermione le brillaron los ojos, al fin algo sustancial que esa túnica podía aportar al juicio, por que era una forma de comprobar que realmente estaba enlazada con Draco. "¿Y eso lo saben los miembros del Wizengamot?"
"Todo aquel que se precie de conocer un poco la historia de los linajes antiguos lo sabe", le dijo Narcisa. "Por que fue hecha hace 300 años y está hechizada para evitar que impostores se hagan de ella y la usen a su antojo".
"Y si yo la uso en el juicio...", dedujo.
"Sabrán que realmente eres una Malfoy y que no estás mintiendo para evitar que Draco vaya a la cárcel"
Hermione había ensanchado la sonrisa que tenía en el rostro. Había tomado la prenda con mucho cuidado y la había subido a su habitación. Y ahora, el reflejo que le devolvía el espejo era el de una mujer joven y elegante, preparada para hacer frente a la adversidad. Tenía que ser fuerte. Se lo debía a Draco después de todos esos años arriesgando su vida por protegerlas a ellas.
Mientras tanto, Ginny y Luna terminaban de arreglarse. Respetando el silencio en el que estaba Hermione. Últimamente permanecía así, bastante ensimismada y las dos chicas comprendían que ella no estuviera muy comunicativa. Sin embargo, ellas siempre estaban cerca de su amiga por si las necesitaba. Comenzaban a tener ciertas sospechas con respecto a lo que le pasaba a Hermione, pero no querían presionarla para hacer una confidencia.
El juicio también sería la primera vez que Ginny se presentaría en público desde la batalla final. Con la muerte de Voldemort, ya no hubo necesidad de esconderse ni buscar refugio fuera de Inglaterra. Y a pesar de no haberse enlazado todavía, de la mansión Malfoy se fue directo a la casa de Harry y se quedaron viviendo juntos. No querían desaprovechar ni un segundo la oportunidad que tenían de un futuro prometedor juntos y sin un asesino lunático tras ellos. Los Weasley habían estado un poco recelosos pero no les quedó más remedio que aceptar la situación, por que la pareja anunció que no se enlazarían sino hasta después que se resolviera lo de Draco. Al principio, Hermione se opuso a que por ellos pospusieran un enlace que habían deseado tanto, pero con delicadeza le hicieron ver que no podrían disfrutar plenamente de una celebración cuando ella estaba pasando por un momento tan difícil.
A pesar de todo, Ginny no se había dejado ver mucho, pues aunque el peligro de muerte había pasado, consideraron que era mejor que ella se quedara alejada de todo escrutinio público mientras todo se calmaba y la comunidad mágica comenzaba la reconstrucción, por lo que muy pocos sabían de su embarazo.
Sabía que iba a armarse un gran revuelo en cuanto le vieran su barriga. Cinco meses de embarazo ya no se ocultaban fácilmente con una túnica holgada. El Profeta se había dedicado en las últimas semanas a especular sobre ella y Harry, pero no habían podido lograr que nadie cercano les revelara lo que pasaba realmente. Esta tarde tendrían por fin la confirmación que tanto habían buscado.
Luna y Ron también ya estaban viviendo juntos. Ellos sí se habían enlazado en una ceremonia discreta y sencilla realizada en la casa de Luna, poco después de que George dejara el hospital. Hacía mucho tiempo que estaban comprometidos y habían decidido posponer sus planes de boda en solidaridad con Harry y Ginny, pero ahora el enlace de sus amigos era cuestión de tiempo así que no había caso en que ellos siguieran esperando.
Su enlace fue un motivo de celebración familiar, no solo por que se iniciaba una nueva familia dentro del clan Weasley sino por que fue una especie de bienvenida de los tiempos de paz y tranquilidad. Era la celebración de que la familia había logrado sobrevivir los tiempos oscuros sin perder a ninguno de sus miembros.
Ese día, Ron había estado exultantemente feliz y Luna irradiaba una felicidad tan completa que hasta su rubio cabello parecía brillar. Y el viejo Xeno no había terminado de entregar a su hija en el altar cuando había comenzado a exigir a sus nietos. Si vienen en pares, pues mejor, había añadido haciendo alusión al nacimiento de gemelos en la familia Weasley y arrancando las carcajadas de todos los que estaban cerca.
"¿Ya están listas?", les preguntó Hermione, siempre viendo su imagen reflejada en el espejo.
"Yo, sí", respondió Luna, quien recién se había acercado a Irene para distraerla y jugar con ella antes de salir de casa.
"Yo solo tengo que ir por mi bolso", le dijo a su vez Ginny.
"Bien, porque quiero estar temprano en el Ministerio", les explicó. Se dio la vuelta y las vio a ambas. Los ojos comenzaron a llenársele de lágrimas. "Quiero darles las gracias... por todo su apoyo. No sé qué habría hecho sin ustedes".
Luna se acercó y la abrazó. "No debes llorar. Tienes que estar tranquila", le recomendó. "Y no tienes nada que agradecernos. Tu apoyo para nosotras también ha sido incondicional".
Unos suaves golpes sonaron en la puerta. "¿Están presentables las señoras?", preguntó Harry.
"Sí", le respondió Ginny con una sonrisa.
Harry solo asomó la cabeza por la puerta. "Es hora de irnos".
Las chicas se pusieron en movimiento rumbo al ministerio.
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Draco entró con paso sereno a la sala del Wizengamot. Observó a su alrededor el circo que se había montado el Ministerio para el juicio de los Malfoy. Supuestamente, los juicios eran privados. Pero esa sala ministerial estaba llena a su máxima capacidad, magos y brujas de todas las edades llenaban los graderíos, todos con sus túnicas de gala. Todos lo observaban y volvían la cabeza unos a otros compartiendo comentarios.
Como había sucedido desde que se supo lo suyo con Hermione, la opinión dentro de la sala estaba dividida, entre quienes lo consideraban culpable de todos los crímenes de guerra habidos y por haber, incluido el de haber engatuzado a Hermione para garantizar su libertad, y los que deseaban que lo liberaran de cargos para que pudiera, al fin, disfrutar de su familia. Así que cuando entró, recibió tanto muestras de afecto como de desprecio.
Caminó con la cabeza erguida y sin bajar la mirada ni un momento. La verdad era que imponía respeto. Eso era innegable en los dos Malfoy que estaban siendo enjuiciados. Los aurores lo escoltaron hacia una de las sillas que estaban al centro de la sala y le indicaron que se sentara. En cuanto lo hizo, las esposas mágicas fueron sustituidas por las ataduras que surgieron de la silla, dejándolo inmóvil de muñecas y tobillos.
Su padre ya encontraba allí, sentado frente de los miembros del tribunal, también atado de manos y pies a la silla. Vistiendo la mejor túnica que Draco le había visto en toda su vida. Y entonces, no le cupo la menor duda: su madre seguía apoyando a Lucius, lo que significaba que Narcisa tenía otros motivos para aceptar a Hermione y a su hija, motivos mucho más profundos que los que había expresado en voz alta.
Draco le dedicó una mirada hostil pero no le dirigió la palabra y Lucius lo ignoró completamente, ni siquiera se dignó a volver el rostro hacia su hijo. Situación que no pasó desapercibida entre los miembros del Wizengamot, que estaban pendientes hasta del más mínimo detalle.
Cuando tomó asiento, observó que la primera fila del estrado estaba vacía.
"Todos hagan silencio", dijo el Ministro Scrimgeour, que estaba a cargo del juicio. "Vamos a dar inicio al proceso en contra de Lucius Malfoy y su hijo Draco Malfoy por sedición, conspiración en contra del Ministerio y actos terroristas en contra de la Comunidad Mágica"
Toda la sala guardó silencio inmediatamente. "En los días previos, hemos escuchado las declaraciones de los testigos en contra de los acusados...", explicó el Ministro. Draco no pudo evitar dar un respingo, luciendo confuso. ¿Cómo habían podido hacerlo sin que ellos asistieran?. "Este día, escucharemos a los testigos de descargo. Que entren los testigos de los reos".
Uno de los miembros del Wizengamot se puso de pie y extendió un pergamino. "La testigo de Lucius Malfoy: su esposa Narcisa. Los testigos de Draco Malfoy: Albus Dumbledore, Harry Potter, Ginevra Weasley, Pansy Parkinson y su esposa Hermione Granger - Malfoy"
Draco escuchó a su padre dar un pequeño gemido. Claro que estaba en desventaja frente a su hijo y lo más probable era que se fuese preso unos años a Azkaban, pero nunca la situación fue tan palpable como en ese momento, en que se presentaron los testigos de descargo. Todos los nombrados entraron a la sala con paso mesurado y se fueron ubicando en la fila que estaba vacía al frente del estrado. Draco observó a Pansy. No la había visto desde la noche de la batalla final. Se miraba bien, elegante y recuperada de las torturas a la que fuera sometida por Voldemort y sus secuaces.
Detrás de Pansy iba Harry con Ginny tomada de su brazo. Tal y como lo esperaban, los murmullos surgieron en cuanto la vieron entrar y todos pudieron apreciar su protuberante abdomen. "Todos hagan silencio", ordenó Scrimgeour, golpeando su mazo con fuerza y viendo también con suspicacia a Ginny. ¿Por qué nadie le informaba de estas cosas importantes para no llevarse sorpresas en público? De pronto, se percató que faltaba uno de los testigos que habían anunciado. "¿Dónde está Hermione Granger?", preguntó.
"Ella entrará hasta el final del juicio, Rufus", le explicó Dumbledore. "De momento, está escuchando nuestros alegatos desde la parte trasera de la sala".
A Scrimgeour no le hizo mucha gracia pero era parte de la estrategia de la defensa y en ningún lugar estaba escrito que los testigos estaban obligados a estar dentro de la sala del juicio.
Los testimonios comenzaron. Primero habló Dumbledore, quien explicó la participación de Draco como espía de la Orden del Fénix, pero no mencionó que su enlace era Severus Snape para evitar revelar la condición de espía del profesor de pociones.
Luego hablaron Ginny y Pansy, explicando los sucesos que los habían hecho caer prisioneros a manos de Voldemort en la mansión Malfoy. El último en dar su declaración fue Harry, quien dio todo los detalles de los hechos acontecidos la noche de la batalla final y cómo la actuación de Draco fue vital para que él pudiera enfrentarse y vencer a Voldemort en los jardines de Malfoy Manor.
Finalmente, fue el turno de Hermione para testificar sobre su relación con Draco. "El Wizengamot llama a declarar a la testigo Hermione Granger", la llamó Scrimgeour.
Cuando la vio avanzar dentro de la sala Scrimgeour frunció el ceño profundamente. Caminaba pausadamente, porque de la mano llevaba a su pequeña hija. ¿Qué se proponía esa chica? "Mi nombre es Hermione Malfoy, Señor Ministro."
"No tengo ningún registro oficial de su enlace mágico con el procesado Draco Malfoy", replicó el Ministro tratando de mantener el control de la situación, pero comenzaba a sentir que todo se le iba de las manos. Quizás no fue buena idea enfrentarse a Dumbledore y a Potter por el joven Malfoy...
"Pero sí lo estoy, así que le pido que se refiera a mí como Hermione Malfoy", le reafirmó. Mientras caminaba al centro de la sala, todos fueron conscientes de la túnica que la chica llevaba y que solo las legítimas mujeres Malfoy podían portar. Era una Malfoy con todos los derechos. A partir de ese momento, a nadie le cabía la menor duda sobre eso. "Quiero solicitar permiso para que cadenas mágicas sean retiradas de las muñecas de mi esposo".
Los murmullos se incrementaron y el ministro la vio con el rostro severo. Ella se quedó de pie justo atrás de las sillas donde estaban Draco y Lucius. Y como si supiera la importancia de ese momento, Irene permaneció al lado de su madre. Es probable que la amplia sala la tuviera un poco cohibida, pero más que asustada, la pequeña se miraba como una nena muy bien educada que se quedaba cerca de su madre hasta que fuera el momento de irse.
"Usted sabe que eso no puede permitirse...", comenzó el Ministro, pero Hermione le interrumpió sin ponerse a pensar que se trataba del mismísimo Ministro de Magia.
"No le estoy pidiendo su liberación, Señor Ministro, sino que le permita tener sus manos libres para cuando su hija lo vea", explicó. Hubo murmullos de aprobación, para más contrariedad de Scrimgeour.
"Este no es lugar para traer niños", rebatió el Ministro.
"La defensa tiene razones de peso para considerar necesaria la presencia de Irene en este juicio", dijo Hermione, sin inmutarse en lo más mínimo. Si no fuera estudiante a sanadora, habría sido una excelente abogada.
Draco no pudo evitar una sonrisa ladeada, tan llena de orgullo y superioridad que Scrimgeour se sintió todavía más irritado, pero estaba entre la espada y la pared. Maldita la hora en que se le ocurrió abrir ese juicio al público... así que unos segundos después Draco sintió el característico hormigueo en sus muñecas que lo desataba de la silla. Sin esperar ni un momento, se giró hacia donde estaba Hermione con Irene.
"¡Papa!", el grito de felicidad de la niña retumbó por toda la sala. Así como había sucedido en la celda la noche en que Lucius descubrió la existencia de su nieta, Irene se soltó de la mano de su madre y corrió hacia donde estaba Draco. Hubo un jadeo colectivo cuando todos vieron a la niña llegar donde su padre y prácticamente saltar sobre él para subírsele en el regazo. Draco la recibió con los brazos abiertos y una expresión afable.
"Hola princesa", la saludó Draco y le dio un beso en la frente. La niña se abrazó a él de lo más contenta.
"Papi, ¡Juguemo!", lo invitó y se bajó de sus piernas, para esperar que Draco se pusiera de pie y jugara con ella.
"En estos momentos no se puede, cariño", le respondió suavemente.
"¿Todavía tas enfelmo?", le preguntó en su media lengua, levantando una de sus cejas en un gesto típicamente Malfoy y viéndolo con sospecha, por que para ella se miraba bastante sano.
"Sí", le mintió él y la miró con seriedad. "Todavía no podemos jugar"
"Uy, qué mal", exclamó la pequeña. Entonces levantó sus brazos hacia su padre, para que la alzara. Cuando Draco lo hizo, rápidamente se acomodó en su regazo con la vista al frente de toda la audiencia y sin mostrarse para nada atemorizada de estar bajo la mirada de tantas personas. No tenía por qué sentir miedo, si estaba con su papá y cerca de su mamá.
Todas las miradas de la sala estaban puestos en la niña. Incluyendo la de su abuelo Lucius, quien había observado la escena y el comportamiento de su nieta, sin alterar su rostro en lo más mínimo. Es una lástima que su madre sea una sangre sucia, pensó, por que es una Malfoy hecha y derecha.
Harry, sus amigos y todos los que estaban allí sonrieron complacidos por el comportamiento de la niña. Los demás la vieron con escepticismo.
"Lo que quiero demostrar, señor Ministro", habló Hermione "es que existe una relación estrecha entre Draco y nuestra hija, que él se ha mantenido tan cerca de nosotras como la guerra lo ha permitido y que por obvias razones de seguridad nuestro enlace mágico permaneció oculto de la comunidad mágica todo este tiempo"
"¿Desde cuando están juntos, Señor Malfoy?", preguntó el Ministro.
"Desde nuestro séptimo año en Hogwarts", le respondió.
"¿Y el embarazo fue planeado?", continuó. Hubo algunas risitas entre los presentes, que terminaron de descolocar al ministro ¿Podía una pareja de jóvenes de 17 años planear un embarazo con una guerra en ciernes y estando en bandos contrarios?. Era una pregunta de lo más estúpida. Hermione le sonrió condescendiente.
"Por supuesto que no fue planeado... lo descubrimos un mes antes de terminar nuestros estudios..."
"Ejem, ejem", se metió una vocecita aniñada y Hermione no pudo evitar un escalofrío al reconocer la chillante y exasperante voz de Dolores Umbrigde "¿Entonces no hay controles en Hogwarts para evitar que estas cosas sucedan entre los estudiante?".
"Sí, los hay", le respondió tranquilamente. "Pero no es el sistema de Hogwarts el que estamos enjuiciando en este momento..."
"¡Eso es algo que no debemos dejar pasar!", vociferó con su voz aniñada. "Creo que es necesario hacer unas reformas en..."
"Subsecretaria Umbrigde", la interrumpió a su vez Hermione. "Le pido que se enfoque en lo que nos compete en este momento y es el juicio de mi esposo. Creo que usted ya tuvo su oportunidad para hacer cambios y reformas en Hogwarts. Y déjeme decirle, que la experiencia fue absolutamente desastrosa". Dolores enrojeció como si hubiera sido abofeteada. Y fueron varios los miembros del Wizengamot los que sonrieron con el comentario.
Entre los testigos de descargo, Albus Dumbledore miraba complacido el desempeño de Hermione frente al Wizengamot. Habían pensado mucho en cómo desenvolverse en el juicio y ella había insistido en ser la última en dar su declaración. Tengo un as bajo la manga, le había dicho Hermione y aunque no se lo había revelado, el anciano director había confiado en estaba haciendo todo lo necesario para obtener la libertad de su esposo.
Hermione se había colocado a la par de Draco y había puesto su mano sobre su hombro. Si no hubiera sido porque estaban frente al Wizengamot, habrían sido la estampa de la familia perfecta.
"Buscamos al profesor Dumbledore hasta después que nos graduamos", continuó Hermione. Draco levantó levemente una de sus cejas pero su expresión no cambió por lo que pasó desapercibido. Inmediatamente comprendió que la mentira estaba justificada: tampoco era de poner en evidencia que el director y parte del profesorado de Hogwarts habían tolerado el embarazo de Hermione sin tomar ninguna medida disciplinaria drástica. "Y fue el mismo profesor Albus Dumbledore quien nos enlazó en diciembre de ese año. Desde entonces hemos tratado de ser una familia, pero ha sido difícil, primero por la guerra y ahora, por la acusación del Ministerio".
Fue un golpe tan directo, que el Ministro se quedó momentáneamente callado mientras que en la sala, los murmullos se elevaban. Los de a favor complacidos por el desempeño de Hermione y los que estaban en contra comenzaban a dudar. "Pero ustedes nunca han vivido juntos, ha sido como un matrimonio de conveniencia", cuestionó el ministro.
"No vivimos bajo el mismo techo, pero Draco ha estado presente en los momentos más importantes, como el nacimiento de nuestra hija", explicó Hermione, quien siguió dando todos los detalles de su matrimonio con Draco. Por último añadió "Me he enfocado en las cuestiones familiares, porque ya el profesor Dumbledore explicó ampliamente la participación de Draco dentro de la Orden de Fénix. En los últimos años e incluso desde nuestra época de estudiantes, cada uno de nosotros colaboró por que la comunidad mágica goce de la estabilidad política y social que vive en este momento. Draco y yo sacrificamos nuestras vidas personales por el bien de nuestra sociedad y también sacrificamos a nuestra hija por eso..."
Inconscientemente Scrimgeour comenzó a invocar a Merlín y a todas las deidades mágicas. La chica estaba cerrando su discurso de una manera impecable...
"Así que todo lo que pido es que nos permitan ser una familia y vivir realmente como una familia, que nos permitan criar a nuestros hijos sin que nos sintamos amenazados por alguna represalia ministerial", dijo Hermione.
"Disculpe, señora Malfoy", intervino Amelia Bones. "¿Ha dicho usted nuestros hijos? ¿No solo es Irene Malfoy?"
Hermione sonrió enigmática. Draco volvió a verla con el corazón bombeando con fuerza en la garganta. "Pareciera que hay una resistencia en vernos a Draco y a mí como un matrimonio, madam Bones", le respondió Hermione "pero aunque habitamos en casas separadas, siempre hemos sido un matrimonio. Sí, he dicho nuestros hijos... y esta es una noticia que por obvias razones no he podido comunicarle a mi esposo si no hasta hoy y es que estamos esperando a nuestro segundo bebé"
Las exclamaciones y murmullos que brotaron en toda la sala cortaron cualquier otra cosa que dijera Hermione. Incluso el ministro y los demás miembros del Wizengamot perdieron la compostura. Solo entonces, Hermione dirigió su miraba hacia Draco, quien estaba con una sonrisa de oreja a oreja y con sus ojos grises brillantes de felicidad. Impedido como estaba a ponerse de pie y en calor del momento, solo acertó a extender su mano para tomar a Hermione por la base de la nuca y atraerla hacia él, para darle el beso más entusiasta dado por un Malfoy en público.
Desde su asiento, Albus Dumbledore también sonreía feliz. Lo de Hermione no había sido un simple as bajo la manga, sino los cuatro ases juntos tirados al rostro del Ministro de Magia.
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Siiiiiiiii, viene otro Malfoy en camino! La mayoría de ustedes acertó en sus suposiciones.
Comentarios y demás, me mandan un review.
Abrazotes!
Clau
