Nota del autor:

Después del receso "sol y playa en Varadero" retomamos el hilo conductor original de esta historia, precisamente con respecto a la tan mencionada "tregua unilateral" que las FARC-EP propusieron a partir del 19 de noviembre y que terminó el 20 de enero de 2013.

A pesar de que algunos organismos internacionales y ONG's colombianas insistieron en la posibilidad de una tregua de parte y parte, eso generó rechazo de parte del gobierno que se ha pronunciado diciendo que "no se acordará un cese al fuego sino hasta que se firme el acuerdo final". Esa premisa ha acompañado gran parte de los diálogos, agregado al hecho de que la "tregua" no ha sido respetada, a causa de que las FARC siguen con su accionar delictivo en gran parte del país.

La "tregua de navidad" propuesta por las FARC no dista de ser una farsa, una jugada política que pretendía recuperar la credibilidad política que la guerrilla había perdido en los últimos 20 años. Sin embargo, no les funcionó mucho, debido a la fuerte coyuntura política que atraviesa américa latina en estos instantes con el velo de misterio que rodea el estado de salud del presidente Chávez. Aun así, el gobierno reconoció un "cumplimiento parcial" de la tregua, al menos en algunas regiones del país.

Agrego a esto, incluyo otras declaraciones que han surgido en recientes días con respecto al proceso. Sigifredo López (el único sobreviviente del grupo de 11 diputados departamentales asesinados por las FARC hace ya unos cinco años) ha declarado que "en la mesa de negociaciones solo están representados un 20 o 30% de la guerrilla". Esto, tomando en cuenta la ausencia del "paisa", comandante del bloque central de las FARC, el cual tiene una rígida formación militaristapuede ser verdad, lo cual supone un distanciamiento entre las alas política y militarista de las FARC. Por obviedades, Iván Márquez desmintió estas declaraciones, que son más que evidentes y ciertas, a causa de que la aparente "tregua" no ha sido respetada de lado y lado, aunque a esta tregua no se le puede considerar como tal porque no ha sido acordada por ambas partes. Márquez, aparte de la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente propuso una "tregua legislativa", o en otros términos la cesación de aprobaciones de proyectos legislativos durante el tiempo que dure el proceso.

Cabe notar que todavía insisten en la convocatoria a una asamblea nacional constituyente, aunque no descartan la idea de un referendo. He citado estas proposiciones ya en otros capítulos anteriores, por lo que se hace previsible que a fines de este año se promueva un referendo que ratifique o rechace el acuerdo. Aunque por extensión, también en el referendo deberían hacer una consulta que defina el estatus político de las FARC. Y a pesar de que personalmente nunca me ha agradado Uribe, le tengo que dar la razón en decirle que es "inadmisible" que un guerrillero de las FARC tenga estatus político, ya que esto sería una burla cruel a las víctimas de la guerrilla, así como ha sido una burla cruel la entrada de los paramilitares al senado colombiano hace unos años atrás, en contra de las victimas del paramilitarismo. Un hecho curioso está en que también el ex presidente Uribe ha solicitado la convocatoria a una Asamblea Constituyente, por lo que le doy la razón a Lucho Garzón en lo que acaba de decir: "los extremos se tocan".

Una opinión personal:

Quiero decirles algo a los venezolanos de la comunidad hetaliana: estoy indignado por el encuentro de cancilleres ocurrido hace días atrás entre Elías Jaua y la canciller María Ángela Holguín en Caracas, en estos momentos de incertidumbre que ustedes están sufriendo en carne propia. Lo que hizo la canciller, fue prácticamente legitimar "de facto" la usurpación constitucional que ha ocurrido en el país vecino, cosa totalmente inadmisible y contradictora del espíritu democrático colombiano. La oposición tiene razón en afirmar que se está violando flagrantemente la constitucionalidad venezolana a costa de seguir sosteniendo a un gobierno que a todas luces es ineficaz y barbáricamente corrupto (ya el hecho está viéndose con evidencia a causa de la escasez de alimentos de primera necesidad que empieza a evidenciarse en Venezuela) y que está acabando con una lentitud cancerígena al pueblo y a esta nación hermana de Colombia.

Lo prudente del caso es que la canciller renuncie de forma irrevocable a su cargo, pues si de esta manera manejamos la política exterior, estamos perdidos.

Otra cosa que quiero decir es con respecto a las declaraciones del embajador de Panamá ante la OEA, uno de los pocos que han tenido la valentía de denunciar los atropellos del chavismo contra la constitucionalidad venezolana. Es admirable lo que hizo este diplomático (a pesar de que después fue destituido por el presidente Panameño) porque fue el único que levantó su voz, diciendo que es muy hipócrita lo que hace en este momento la OEA, al cerrar ojos y oídos frente a lo que sucede en Venezuela, mientras que la misma organización criticó con fuerza y vehemencia los sucesos en Honduras (la deposición de "Mel" Zelaya, uno de los amigotes de Chávez) y Paraguay (la destitución de Fernando Lugo) y a lo sucedido en Venezuela no le presta mayor atención. Evidentemente el embajador Venezolano, el señor Chadderton (un diplomático que no merece serlo) se salió de la ropa y empezó a insultarlo como una vulgar verdulera. ¿No le debería dar vergüenza a un Venezolano que uno de sus representantes se ponga a buscar camorra como si fuera un vulgar pillo de barrio, en un escenario diplomático tan importante como la OEA?. ¿Acaso Chadderton está buscando aplicar la nefasta "doctrina Brezhnev", esparciendo un sistema fracasado y destructivo por Latinoamérica?. Solo queda decirles que Colombia en toda su extensión desconfía del chavismo, pues ve en él, y en el desastre social que sufre Venezuela, la ruina y la perpetuidad de la pobreza económica y cultural de Latinoamérica.

No siendo más, los dejo con este capítulo. Disfruten de la lectura.

Capítulo 27: fantasmas de 1985: un pasado para olvidar.

"La responsabilidad y el dolor son los títulos de nobleza de la humanidad"

Friedrich Nietzsche.

La Habana, 21 de enero de 2013 por la mañana.

Todo parecía volver al inicio. El sopor mañanero en el auto era inevitable, a pesar de la fresca brisa matinal que sentían al abrir la ventana. Después del delicioso y reconfortante descanso en las playas de Varadero, tenían que regresar a los deberes y obligaciones en la mesa de negociaciones.

Descendieron del auto, dirigiéndose los cuatro (pues José tampoco pudo acompañarlos en esta ocasión) hacia la entrada. Entre la marea de periodistas y corresponsales, notaron dos o tres de la prensa rosa, algo extraño en ese momento. Naturalmente entraron, tomaron de nuevo las fotos, no atendieron a las peticiones de los corresponsales de REUTERS y AP para que dieran sus correspondientes declaraciones. Con paso rápido, se dirigieron a la sala de conferencias, en donde todos los negociadores de ambas partes les esperaban.

Al llegar todos, se dio inicio a la ronda de ese día.

—buenos días señores —exclamó el colombiano.

Todos atendieron al saludo. El jefe negociador de la guerrilla comenzó entonces su intervención.

—como ustedes sabrán, en este momento se reinician las hostilidades con las fuerzas gubernamentales, dado que la tregua pactada…

—dirá usted "anunciada", señor Márquez —exclamó la representación de Colombia— yo no he pactado ningún tipo de tregua.

Desatendió la corrección, y prosiguió.

—dado que la tregua pactada ya llegó a su término a las 00:00 horas del 20 de enero de 2013, es necesario poner en discusión un acuerdo de regularización del conflicto.

—no está incluido en los temas de la agenda, —atinó a decir Humberto de la calle de forma pausada— la prioridad en este momento es dar por termino este primer punto de política agraria sostenible, para pasar al punto siguiente.

Siguieron entonces en la discusión. El pasar de las horas era lento, tiempo que corría a cuentagotas como si fuera una clepsidra goteante, en medio del soporífero calor agobiante del día. La insistencia de una asamblea nacional constituyente se había convertido en una de las más insalvables diferencias entre ambas partes negociadoras, que a través de argumentos y contraargumentos intentaban rebatir las posibles alternativas para refrendar el acuerdo final. La propuesta que había puesto en discusión Noruega días atrás era la más sensata, y la que era apoyada por parte del equipo negociador del gobierno como el comisionado Andrés Botero y el ex comisionado Frank Pearl. Márquez, Santrich, Andrés París y Rodrigo Granda todavía insistían en la necesidad de una asamblea constituyente. Y solo Humberto de la Calle era el único que sensatamente decía que no era el momento para poner en discusión la posibilidad de un mecanismo de respaldo para el acuerdo final, y que eso correspondía a la última etapa.

Juan reconocía el enorme esfuerzo que hacía el ex constituyente para sostener y encausar de nuevo los diálogos hacia su debido ritmo. Humberto de la Calle cargaba con casi gran parte del peso de los diálogos. Era el único que daba la cara en medio de las declaraciones, el único que podía estar autorizado para declarar, en nombre del equipo de negociadores del gobierno, todo lo pertinente al proceso. Hasta el incidente de la columna de Santos, había cumplido de forma estricta el acuerdo de confidencialidad entre ambas partes.

Pero con el pasar de los días, sentía un inconcebible agotamiento y desgaste, agregado a una enorme falta de apoyo en el jefe negociador del gobierno. Era como si el predicase en el desierto, intentando volver a seguir encausando y redirigiendo día a día las rondas a los principios que se habían planteado ante la comunidad internacional en Hůrdal.

—otra cosa que proponemos a esta mesa es el establecimiento de un acuerdo para la regularización del conflicto, en el cual se establezcan claras reglas de juego de las operaciones de guerra.

—no conviene discutirlo. —afirmó el comisionado para la paz— La regularización del conflicto es como garantizar la perpetuidad del mismo, es inviable e inaceptable su proposición, señor Márquez.

Tocaban una fibra bastante sensible en ese momento. A pesar de que apenas recién se había puesto en discusión la posibilidad de un acuerdo para la regularización de la guerra, eso había generado bastante incomodidad. Y una patente molestia entre los negociadores del gobierno.

—por lo pronto deberíamos primero analizar las propuestas que han llegado a la mesa de negociaciones.—exclamó Enrique Santos— Tengo una que ha llegado desde la página web[1], en la cual nos proponen la convocatoria de una consulta popular para definir el estatus político de los líderes guerrilleros.

—eso no puede dejarse a la consideración de un referendo… —dijo de forma algo dubitativa Andrés París.

—¿dígame por qué no?

—Bueno… como ustedes sabrán los referendos pueden prestarse a manipulaciones de cualquier tipo o clase. —prosiguió París— y ya sobre la participación política es un tema que debemos de discutir con más calma en otro momento.

Eso generó un tanto de desconfianza en Juan Pablo. Carlos seguía mirando con atención desde su silla el desarrollo de las discusiones, sin intervenir, sin decir nada. Prudencia, tacto y mesura, le había recomendado su canciller.

—por lo pronto, hay otra consideración que debemos hacer en cuanto a lo que respecta a ese proceso maquinal de parcelaciones que hace el gobierno en favor de las oligarquías. —siguió Márquez.

—¿está refiriéndose a los procesos de restitución?

—es un despojo. —terció el jefe negociador de la guerrilla— no puedo considerar "restitución" cosa semejante.

El delegado enviado por el ministerio de agricultura se aprestó a intervenir, pero sin embargo Colombia lo ataja. Ya no puede tolerarlo, así que decide plantear sus argumentos.

—a ver Ivancito… —le dijo el colombiano al negociador en jefe de la guerrilla, como si fuera un niño que no entendía— ¿Qué es lo que no logras entender del proceso de restitución?.

—entender… lo entiendo a la perfección.

Sin embargo, tenía que contenerse, contener ese ímpetu irritante que se acrecentaba. Se levantó, como pretendiendo estirar las piernas, aunque lo que estaba presto a hacer es explicar los pormenores del proceso de restitución de terrenos.

—como muchos de ustedes sabrán, durante casi 40 años diferentes grupos al margen de la ley han operado en gran parte de mí, sembrando el terror y la muerte entre campesinos indefensos. —Tomó un vaso de agua— Muchos campesinos, obligados ya sea por Narcotraficantes, guerrilleros o paramilitares, fueron expulsados a sangre y fuego de sus parcelas, que extrañamente fueron a parar a grandes hacendados, industriales, narcotraficantes y también líderes paramilitares y guerrilleros.

—nosotros nunca hemos despojado a nadie, no sé qué se está atreviendo a insinuar con semejante despropósito— exclamó irritado Rodrigo Granda.

Colombia lo miró aceradamente con sus ojos verde esmeralda. Su mirada era fría como el hielo, sus ojos, tenían un fiero y llameante brillo verde que denotaba una rabia y fiereza, el monstruo interno que deseaba salir a flote, el despiadado soldado que era capaz de todo. El lancero de las sabanas cundiboyacenses que siempre había tenido Colombia adentro, que siempre había salido a flote en las peores circunstancias, el hermano de sangre y batallas del lancero del llano, de aquel centauro indómito que parecía estar oculto en la enferma servilidad de su hermano Venezuela.

Granda se acalló.

—como decía, esas tierras, sin importar a quien llegasen a parar, eran usurpadas. Según estadísticas de la unidad de restitución de tierras son más de… —tomó su pad, buscando el documento, leyendo con atención—a ver, a ver, a ver… si, es por aquí, si!, 4'850.000 Hectáreassegún el último estimado. —posteriormente se dirigió hacia uno de los ayuda de cámara que asistían en medio de las negociaciones— eh… ¿podrían traerme un proyector, si no es mucha la molestia?, lo agradecería.

Trajeron el proyector. Después de unos quince minutos instalando el equipo de proyección, lo conecto a su Ipad. En una pantalla de proyección se plasmó un mapa que señalaba en zonas rojas, verdes y amarillas los diferentes niveles de despojo y sus zonas.

—Como ustedes verán, las zonas marcadas en rojo indican los lugares en donde el despojo es mayor. Las mayores expropiaciones forzadas se registran en departamentos del litoral atlántico como sucre y córdoba, en especial en las regiones de los montes de maría. —luego, señaló con un apuntador otras zonas del país— le siguen en ese orden otras extensiones del piedemonte llanero y amazónico, en especial los departamentos de Caquetá y Putumayo en la amazonia y el departamento del Meta en la región de los llanos.

Todos al menos conocían los niveles de expropiaciones forzadas, expulsiones, asesinatos. Era sencillamente un recopilatorio cruel e infame de los largos años de crónica y despiadada guerra.

—ya sabemos todo eso señor Botero, ¿entonces cuál es el motivo de su presentación?—inquirió con interés la Nieljmeier.

Desatendió de nuevo la pregunta. De forma algo tajante, siguió con la presentación.

—el primer lugar como expropiadores activos está entre los paramilitares., con el 52% del área total expropiada, la mayor parte en los departamentos de la costa. Le siguen naturalmente las guerrillas, en especial las FARC-EP…

—no está comprobado, nosotros no… —cortó intempestivamente Granda

Pero irritado por el hecho de que lo estaban contradiciendo, desata su ira.

—CALLESE MALDITA SEA —gritó iracundo el colombiano de ojos vede esmeralda— Y DEJEME CONTINUAR.

Y por segunda vez, prosiguió con su intervención.

—como les decía, el 43% de las tierras usurpadas pertenecen a las FARC-EP, mientras que el resto está en manos de narcotraficantes y el ELN.

Dicho todo esto, se aprestó a la explicación.

—… la iniciativa que surgió el año anterior pretende hacer una "restitución histórica" a las víctimas del conflicto. Las unidades de restitución de tierras en este momento están revisando títulos de propiedad de diferentes extensiones de terrenos de dudosa adquisición para devolverlos a sus legítimos propietarios. Todo esto aplica a los casos de despojo posteriores al 1 de enero de 1985 en adelante, fecha de inicio en la que se dispuso que se podían iniciar la revisión de títulos de propiedad. Y hemos encontrado muchas cosas interesantes en las pesquisas.

—¿porqué 1985, y no 1964?, —inquirió entonces Noruega algo perplejo.

Colombia sonrió con la pregunta. Sabía que tendría que llegar a explicar este punto.

—fue difícil discutir este punto, desde que fecha debemos de partir para iniciar el proceso. —luego, cambió la diapositiva— 1985 fue el año en que el conflicto armado se recrudeció a un punto de no retorno. La guerra se convirtió en un asunto de extrema prioridad, ya no se combatían en el campo, sino que ahora era directamente en las ciudades. Y los primeros casos registrados oficialmente de despojo y expropiaciones son de 1984 a 1986, a causa de que los narcotraficantes, aliándose con incipientes grupos paramilitares empezaron a hacer expropiaciones para extender sus cultivos de coca y amapola en regiones de difícil acceso del estado como el Guaviare y el Vichada. Partiendo de esta premisa, la unidad de restitución y reparación de victimas ha decidido empezar con los títulos de propiedad posteriores a 1985, los cuales muestran el recrudecimiento del conflicto en una extensión…

Interrumpió la presentación, mirando ensombrecido sus dos brazos. Recordando ese día tan cruel y nefasto que parecía perseguirlo sin piedad[2]. Se tocó instintivamente el pecho, la cicatriz aún estaba allí, cubierta bajo las trazas de lino amarillento que le habían puesto apresuradamente ese día, el 6 de noviembre de 1985. Recordaba el espantoso dolor que oprimía su pecho, las noches de insomnio que tenía que soportar por obra del dolor y el tormento, los gritos y alaridos que día y noche retumbaban en su cabeza.

—Juan, que está sucediendo —le inquirió el noruego al ver el estado catatónico en el que había llegado a estar en ese instante.

Abría y cerraba la boca, recordando esa noche cruel[3]. Lo habían obligado a mirar, desde el edificio del capitolio, todo aquel baño de sangre insoportable que sentía en su cuerpo. Cada carga de artillería era como un golpe opresivo a su cuerpo, una descarga de dolor incontrolable y sangrante que parecía matarlo con lentitud. Ese día, deseaba que todo acabase de una maldita vez, que se consumara esa inconcebible espiral de dolor y muerte insoportable.

Los negociadores le miraban. Carlos entendió, quizás era una especie de crisis catatónica, un recuerdo repentino de ese pasado doloroso al que siempre la representación de la república de Colombia intentaba echarle tierra, pero que siempre patente, resucitaba en momentos inconvenientes como este.

—lo mejor es que entremos en un receso de unos cuantos minutos, disculpen —exclamó el noruego, sacando presurosamente al colombiano de la sala de conferencias, en medio de la perplejidad de ambos cuerpos negociadores.

Unos cuantos minutos después…

—Juan, que te está sucediendo. —exclamó preocupado Carlos.

Manuel reconocía el estado en el que había entrado Juan. Él había pasado por ese trance un par de veces, pero lo distinguía con claridad: a veces el parecía regresar hacia el palacio de la moneda, a aquel 11 de septiembre de 1973, a aquel golpe sangriento que cobró tantas vidas. Era difícil, pues solo un par de personas podían ayudarlo a salir del estado en el que a veces el chileno se encontraba: una, era Arthur Kirkland, y la otra, por muy extraño que pareciera era Diego Andrés Sarmiento. Era como entrar en un limbo, en una dimensión extraña rodeado de lamentos, gritos ensordecedores de tortura y dolor. Surgía en los momentos de peor tensión, en los instantes en los que a veces era inevitable recordar esos hechos a causa de que algo se lo hacía rememorar.

—tienen que traer a José rápido —sugirió el austral— él es el único que sabrá que hacer.

Por lo pronto, intentó sacar el mismo al colombiano de ese recuerdo repentino que había surgido. Lo miró fijamente. Sus ojos reflejaban la angustia, el recuerdo de aquel día, todos aquellos lamentos que oía con claridad.

—escúchame… tienes que saber que no fue tu culpa, que hiciste todo lo que estaba en tus manos por evitarlo pero no pudiste, pero no es tu culpa —le decía el chileno intentándolo hacer reaccionar— hay cosas que no puedes evitar, pero tienes que superarlas,… intenta entender que lo que pasó está en el pasado y en el pasado se queda.

Chile no sabía que causaba ese estado catatónico, pero comprendía su situación.

José había llegado rápidamente. Miró perplejo a su hermano, los ojos ausentes, el brillo de desesperación. Y sabía bien que tenía que sacarlo de ese trance catatónico en el que estaba.

Hizo a un lado de forma abrupta y violenta al chileno. Lo abrazó. Inevitablemente el llanto del colombiano empieza a fluir de sus orbes verdes.

—todo está bien,… todo pasó, está bien… —le musitaba José a Juan Pablo suavemente, mientras este al final reaccionaba en sí—ya todo pasó.

Un par de horas después…

Juan Pablo había sido excusado por sus homólogos naciones después de tan repentina crisis. Lukas consiguió volver a redirigir el tema del proceso de restitución, antes de que se diera por concluida la ronda del día.

Y ya al final, leyeron el acta del día, la firmaron todos, Humberto de la calle e Iván Márquez dieron por concluida la ronda de ese día, y salieron de la sala de conferencias. Sin embargo, el ex vicepresidente se queda junto con el noruego de ojos purpura.

—se lo que pasó con Juan, y le agradezco que haya actuado tan rápido señor Bönndevik.

—no tiene porqué agradecer, señor De la Calle. —respondió el noruego.

Se dispuso a salir de la sala. Sin embargo, antes de que el jefe negociador del gobierno se retirara le preguntó.

—¿sabe por qué el señor Botero reaccionó así, de esa manera?

Don Humberto solo lo miró, con algo de interés, en su rostro se transfiguró una triste y melancólica mirada.

—es un peso que el carga desde hace ya más de 27 años. —responde el ex vicepresidente y ex constituyente— cuando sucedió todo aquello, se prometió a si mismo que no volvería a suceder, que de cualquier modo buscaría la forma de acabar con toda esa guerra. Estuve en el senado ese día[4], viendo como Juan sangraba y miraba impotente desde el ventanal el cruce de balas.

—¿Usted estaba allí?

—sí, lo estaba. —siguió el jefe negociador del gobierno— era representante a la cámara por Bogotá en ese momento. Y cuando terminó todo, el ejército declaró que ya estaba el área segura, vi como el señor Botero se arrodilló, mirando el interior del edificio destruido por las balas de mortero y las llamas, de la misma forma que hace unos minutos atrás. Nunca olvidaré en lo que me quede de vida ese rostro, esa angustia, mientras el lloraba de rabiosa impotencia, sosteniéndose a duras penas por el dolor de las heridas.

Ahora entendía la reacción de Juan. Simplemente era un recuerdo repentino que surgió en un momento inconveniente. Un fantasma, que parecía volver con su sombra a recordarle a Colombia que la guerra siempre lo acompañaría, que siempre lo torturaría por toda la eternidad.


[1] Pongo esta propuesta como un ejemplo de cómo se desarrollaría una discusión al respecto. Como había comentado en capítulos anteriores, hace unos meses atrás propuse a la mesa de diálogos la posibilidad de una consulta popular o referendo en la que se defina si las FARC debe de establecerse como movimiento político. Y dado que la proposición de un referendo que apruebe los acuerdos está en el tema de debate, se puede decir que mi proposición está englobada también en la posibilidad hipotética de un referendo que apruebe o rechace el acuerdo final que surja de la mesa de diálogos.

[2] Lo que recuerda Colombia en ese momento es la toma del palacio de justicia, e de noviembre de 1985. Canon Hispanic Hetalia: Hay una cicatriz de quemadura en el pecho de Colombia, y tres cicatrices de bala en su abdomen que aluden a las tres descargas de mortero que fueron lanzadas contra el edificio del palacio de Justicia la noche del holocausto. Por lo general las lleva siempre cubiertas con un vendaje de lino.

[3] Alude a la madrugada del 7 de noviembre de 1985: durante la retoma del palacio de justicia, la escuela de artillería descargó varios proyectiles en la edificación, que destruyeron gran parte de la misma, y que causaron un terrible incendio que mató a gran parte de los rehenes.

[4] Durante los días de la toma, los senadores y representantes del congreso en pleno se reunieron de emergencia en el edificio del capitolio. El ejército intentó disolver las cámaras durante la toma, a través del presidente Betancur el cual solicitó al presidente del senado que el congreso no sesionara ese día. Sin embargo, el congreso en pleno, y bajo unanimidad se declaró en "Asamblea permanente", encerrándose todos los parlamentarios en el edificio del capitolio durante un día y una noche, custodiados por la policía nacional, mientras el ejército intentaba retomar el palacio de Justicia. Solo tres veces el senado ha estado en esta posición: otra de las ocasiones en las que el senado se declaró en asamblea permanente fue durante el golpe del general José María Melo en 1853, cuando los senadores y representantes se encerraron en la iglesia de san francisco, esperando las fuerzas gubernamentales que suprimiesen la rebelión. La otra ocasión a la que refiero sucedió ya durante la guerra de los mil días, durante el golpe del vicepresidente Marroquín al presidente Manuel José Sanclemente, en julio de 1900