Hola a todos…
Aún es viernes, ya tarde, pero viernes al fin así que aquí estoy, cumpliendo con mi palabra y colgando un capítulo más, espero que lo disfruten…
A leer:
HARRY POTTER Y EL FABRICANTE DE POCIONES
LIBRO TRES: "CAMINOS"
CAPÍTULO 28: "UN ACCIDENTE MUGGLE"
En cuanto puede se me escapa
Del aire cuelgan mis suspiros... y es
así de simple, así de grande
es algo que... no consigo no querer
Y no me cabe más paciencia
estoy cansado de morderme el corazón, no puedo más
si es el destino el que me rompa a estas alturas,
que me parta de una vez
"Si puedo volverte a ver"
"Miguel Bose y Benny Ibarra"
h t t p : / / w w w . y o u t u b e . c o m / w a t c h ? v = q i Q W _ x r y S 0 g
Londres, desde mayo hasta julio del 2001.
Harry aplicó un hechizo de calentamiento sobre él y sobre Larissa Abrain, una de sus compañeras de clase, ambos estaban de pie, dentro de la ciudadela creada para entrenamientos y pese a que fuera ya casi era primavera, el lugar seguía helado.
—Me pregunto —empezó a decir Larissa castañeando los dientes y sosteniendo con fuerza la varita —si todos ellos se juntarán en el salón de torturas a planear cómo castigarnos logrando el mayor dolor posible.
—Sí, es muy probable —masculló Harry casi pudiendo imaginar a todos los profesores frente a la chimenea y con una copa de whisky, deliberando sobre cuál ejercicio los haría sufrir más.
—Vienen —alertó una voz que los hizo girar. Harry y Larissa vieron que se trataba de Chris, que estaba parado a unos metros de distancia, también delante de otro edificio ficticio, el frío había hecho que sus labios se pusieran ligeramente azules, Harry se preguntó si es que él también tenía los labios azules, pero no se animó a hacer la pregunta en voz alta.
—De acuerdo —respondió Larissa y giró rápidamente hacia el otro lado —. Vienen —alertó tratando de no ser demasiado bulliciosa. La voz de Posey le respondió que de acuerdo. Seguramente el chico seguiría pasando el mensaje, no les daría mucho tiempo pero al menos permitiría que los superiores los encontraran parados correctamente y sin hablar.
—¿Crees que los expulsen?
—Sí —replicó Larissa con los dientes apretados.
—Aún tienes frío.
—Ya… ya se pasara —Larissa agitó el cuerpo de una manera que a Harry le hubiera parecido graciosa si es que no estuvieran en esa situación —. Son un par de estúpidos, no debieron emborracharse y mucho menos pelearse.
—Y no sé por qué nosotros tenemos que pagar por eso, es decir, fueron ellos los que se la montaron en la sala de estrategias, yo no los ayudé.
Larissa iba a replicar pero la voz de su tutor la detuvo.
—Todos, a la salida inmediatamente —ordenó con voz firme y molesta el profesor O'Neill.
—Al fin —dijo Harry hacia Larissa sin emitir sonido alguno, ella sonrió asintiendo y ambos se encaminaron hacia la salida, en el camino se les unieron Chris, Emma y Edwin, ninguno habló, cuando por fin pudieron salir notaron que habían pasado toda la tarde allí y que el sol ya se estaba ocultando, el cielo tenía una gran cantidad de colores, el aire era fresco, nada comparado al frío que habían sentido en el interior de la ciudadela de prácticas.
Se sorprendieron al ver que de la misma ciudadela salían los chicos de primer año también, no sabían que habían estado en el mismo lugar que ellos. Todos parecían asustados y bastante congelados mientras su instructor les ordenaba formar a una distancia bastante alejada de donde se encontraba la clase de Harry.
—Formados —ordenó el instructor O'Neill, que estaba delante de ellos, su mirada era furiosa, Harry no vio por ningún lado a Malcolm Baddock ni al chico de primer año con el que se decía había estado bebiendo en la sala de estrategias para luego terminar en una pelea, tampoco a Simak que era el que los había encontrado y tratado de separar.
Violet se formó delante de él, junto a Dashiell, Leighton, Selick y Chris en su posición ya habitual, mientras Harry se quedó atrás, junto a Joel, Edwin, Lisa y Vance. Nadie se animaba a respirar demasiado fuerte siquiera, nunca habían visto a O'Neill tan molesto, ni siquiera la vez en que unos chicos habían sido descubiertos causando alboroto en un bar durante su primer año. Sus ojos oscuros relampagueaban y parecía que en cualquier momento podría dar un golpe por los apretados que estaban sus nudillos, sus mejillas estaban pálidas y los miraba uno a uno, como si se tratara de una bestia escogiendo a su presa. El estómago se le encogió y luchó por no moverse o parpadear.
—El director Moore desea tener unas palabras con ustedes —dijo finalmente con aquella voz tan dura que usaba —, y luego no crean que se libran de nada, luego ustedes y yo tenemos una charla pendiente —O'Neill caminó hasta pararse junto a Violet en el preciso momento en que Moore, el director, hacía acto de presencia. Durante los casi dos años que ya llevaba allí el director Moore no les había dirigido la palabra ni una sola vez, lo más alto que alguien había podido llegar en caso de un problema era el instructor o incluso el subdirector y coordinador, pero jamás Moore, supuso que algo realmente malo había pasado si es que sería el mismo director el que les hablaría.
Moore era un hombre alto, completamente calvo y pese a las arrugas de su rostro parecía como un viejo tronco, firme y derecho, se notaba aún la fortaleza de sus músculos con solo verlo caminar. El hombre se paró delante de ellos y con un ligero movimiento de muñeca una tarima apareció de la nada, el hombre subió alargando el silencio y la expectativa; cuando se giró para verlos su mirada furiosa intimidó a todos, incluso, pensó Harry, a su instructor O'Neill.
—Esta Academia tiene cientos de años —empezó a hablar el hombre con voz firme —, y todos los que se han graduado han sido hombres y mujeres de intachable comportamiento, orgullosos de la Academia donde se formaron, orgullosos de ser aurores y además capaces de hacer sentir orgullosa a esta institución por tenerlos entre sus alumnos, entre sus frutos. Sin embargo nosotros no podemos decir eso de ustedes, no podemos garantizar que tenemos un grupo de futuros aurores, porque ustedes no se comportan como tales. No. ¡Ustedes piensan que esto es un campamento, un lugar donde pueden divertirse, pues de ahora en adelante se acabó la mano blanda con todos ustedes!
"Tanto los alumnos de primer como de segundo año se encuentran castigados hasta el termino del curso, que será en tres meses: el diecinueve de julio, hasta entonces ningún alumno, bajo ningún concepto y sin ninguna excepción abandonara la Academia. Se agregará un turno más de entrenamientos nocturnos y también dos turnos los fines de semana, además de la obligación de estar preparados para cualquier práctica o simulación en la madrugada".
"Por demás está decir que aquellos compañeros que fueron implicados en tan vergonzoso comportamiento han sido expulsados, sin derecho a recomendación y que cualquiera que infrinja al menos una pequeña norma será expulsado también. No quiero volver a escuchar acerca de ningún problema con ustedes y espero no tener que volver a hablarles porque sería para expulsarlos, y créanme, aunque el Ministerio presione porque pronto le de un nuevo grupo de aurores no me importaría el expulsarlos a todos ustedes y empezar de nuevo. No nos arriesgaremos a dar al mundo mágico un grupo de ineptos y vulgares aurores que no serán capaces de realizar su trabajo de la manera adecuada".
Y dicho esto el hombre se giró y bajó del estrado, caminando con pasos firmes y molestos hacia el interior de los edificios, Harry sentía sus mejillas sonrojadas y se preguntó si es qué se notaría mucho y si es qué sus demás compañeros se sentían igual de avergonzados. No le parecía justo, ellos no habían sido los que estaban de fiesta en el aula de Estrategias, ni los que habían hecho nada malo. ¿Por qué los tenían que castigar a ellos? Y de esa manera encima, sería como ser prisionero. Ya casi podía leer (menos mal que no había teléfono en la Academia y no le permitían usar la red flú para hablar con Noah) la sarta de reclamos que le enviaría el chico. Pero sus problemas con él era un tema en el cual no debía pensar de momento, por lo pronto debía concentrarse solo en vigilar que no lo expulsen.
El instructor de los alumnos de primer año se acercó hasta el profesor O'Neill e intercambiaron lo que al parecer eran tensas palabras, ante el aire contenido de los alumnos de primero y segundo, hasta que finalmente se alejaron.
Harry vio de reojo como el instructor de primero, cuyo nombre no sabía, daba la orden y los enviaba luego hacia dentro del edificio, esperó que al menos a ellos les dejaran descansar también, llevaban toda la tarde expuestos al frío de la ciudadela de prácticas.
—Deben ir a su habitación y prepararse para la cena, luego de eso tendrán que venir de vuelta al campo. Iniciaremos con las prácticas nocturnas —y dicho eso el hombre dio media vuelta y caminó con pasos rápidos hacia el interior del edificio.
Todos se miraron de manera interrogante antes de empezar a caminar, tratando de no hacer ningún ruido, hasta el interior del edificio, al menos los dejarían tomar una ducha caliente y probar algo de comida antes de continuar con el entrenamiento.
En el pasillo del cuarto piso se cruzaron con el grupo de los alumnos de primer año, ellos aún eran un grupo mayor que el de Harry, aunque sabía que no por mucho, en el primer semestre había sido cuando más chicos y chicas habían desertado y habían sido expulsados. Pese a que por lo general los de primer año los miraban con respeto y hasta adoración en esta ocasión les dieron miradas hostiles y de reproche. Era como si ellos pensaran que los de segundo tenían la culpa de lo ocurrido.
Cuando por fin llegaron a su habitación se encontraron con Simak, luciendo su túnica y el cabello mojado, estaba aplicando un hechizo de calentamiento sobre sus ropas. Parecía algo enfadado.
—No hay agua caliente… no la habrá, creo —informó tiritando ligeramente.
—¿Por qué no usaste un hechizo de calentamiento en el agua? —preguntó algo brusco Edwin, como si el que Simak no lo hubiese hecho implicase una prueba de que tal vez el director Moore tuviera razón.
—¿No crees que lo hice? No se puede… Anda, congélate el culo mientras tratas de invocarlos.
—No me jodas, Simak —replicó Edwin.
—Ya paren —se metió Joel entre ellos, que ya parecían dispuestos a pelearse, a Harry le parecía raro, no que fueran los mejores amigos del mundo pero nunca los había visto tan agresivos —, acaban de expulsar a dos por pelearse y ahora todos estamos castigados hasta que el semestre termine, ¿qué quieren?, ¿qué nos quedemos encerrados hasta el fin de la carrera?
Edwin y Simak se dieron una mirada más de amenaza pero luego se apartaron, Simak continuó ordenando sus cosas en silencio mientras Edwin se metía al baño, los demás se miraban algo preocupados.
—Vamos, tenemos que cenar antes de que encuentren la forma de torturarnos —dijo Norman hacia Harry metiéndole prisas, el grito ahogado de Edwin los hizo correr a todos hacia el baño, donde Edwin desnudo y dentro de una de las regaderas tiritaba de frío.
—Puta agua de mierda —masculló con los dientes apretados y Harry arqueó una ceja, por lo general Edwin no se expresaba de esa manera.
—Se los dije —murmuró Simak, que se había acercado a ellos sin que se dieran cuenta. Edwin le dio una mirada molesta y apretó los dientes mientras terminaba de bañarse. Norman, Joel y Harry se dieron una mirada de valor antes de desprenderse de su ropa y meterse a las regaderas vacías.
Harry comprendió el por qué del grito de su amigo y el baño se lleno de una sarta de insultos hacia el agua helada, pensó que su cuerpo se acostumbraría al frío pero cuando su ducha (una de las más cortas que jamás había tomado) terminó, aún tiritaba de frío y sus uñas estaban azules.
Se aplicaron hechizos de calentamiento entre ellos y bajaron en silencio hacia el comedor, por la cara que tenían sus compañeros comprendieron que no eran los únicos a los que el agua se les había congelado.
Se sentó junto a Norman, Simak, Joel, Edwin y rápidamente se les unió Lisa, Larissa y Amber, ninguno habló ni mencionó nada. De reojo vio como Violet junto a Dashiell, Chris, Sebastián y Brian comentaban en murmullos algo, mirando hacia su mesa. Supuso que tal vez querían preguntarle a Simak qué era lo que había pasado en la sala de Estrategias, Harry también sentía curiosidad pero por la actitud de Simak parecía que nadie se enteraría, no muy pronto al menos. Se preguntó si es que no lo habrían sancionado por alguna estúpida razón y si esa era la razón de su mal humor.
Luego de la cena fueron llevados al campo, donde estuvieron practicando los ejercicios de rastreo hasta muy entrada la madrugada, el profesor O'Neill aún parecía demasiado furioso y junto con el profesor Hulme, Vibrad y Conklin se encargaron de plantear mil y un escenarios y prácticas. En uno de sus vuelos pudo ver al otro lado del campo a los de primer año sobre volando y realizando ejercicios que él recordaba haber hecho en su primer año. Se veían realmente agotados y se preguntó si es que no estarían esperando a que alguien cayese de la escoba por puro cansancio para dar por concluido el ejercicio.
—Cuidado, Potter —escuchó la voz de Dick y se agachó justo al tiempo que un rayo azul pasaba en donde unos momentos antes había estado su cabeza, sobre voló hacia donde Dick estaba, junto a Emma.
—Gracias.
—Ya, no te distraigas… —resopló Dick alejándose.
Ya casi estaba amaneciendo cuando se metieron a las camas, ninguno pensó siquiera en pasar por la ducha, tenían tan solo unas cuantas horas para dormir antes de tener que asistir a la primera clase de la mañana, Simak seguía de muy mal humor y todos los demás demasiado agotados para siquiera preguntar algo.
Estos tres meses serán demasiado largos, suspiró Harry antes de quedarse completamente dormido.
*
Draco se sentía cansado, demasiado cansado, las clases habían aumentado de ritmo y sentía que trataba de meter tanta información dentro de su cabeza que ésta pronto estallaría. Gael estaba en similar situación, ambos pasaban el tiempo libre en la biblioteca estudiando o en algún laboratorio preparando pociones y presentando prácticas. Sentía que el tiempo estaba volando y antes de darse cuenta le llegaron los primeros pedidos para fabricar pociones para el estrés, para estudiar mejor y para no dormir. Los exámenes de medio semestre estaban ya cerca, lo cual significaba mucho más trabajo aún.
—Yo te puedo ayudar —opinó Gael mirando la lista de pociones pendientes por preparar que Draco tenía sobre la cama.
—No quiero envenenar a nadie, no quedaría bien en mi registro —comentó Draco en broma, pues Gael lo ayudaba usualmente con las pociones, le gustaba porque tenía mucha paciencia y meticulosidad para hacerlas.
—¡Yo no envenenaría a nadie! —protestó Gael y Draco simplemente negó con la cabeza, maldiciendo el tener que ir precisamente esa tarde al Ministerio, a la sección de aurores para su visita mensual, pensó, con cierta ironía que ya tan solo le faltaba dos años de visitas obligatorias. Se metió al baño a terminar de cambiarse mientras Gael se quedaba en la habitación.
Como era ya su costumbre Gael fue hacia el escritorio y dando una última mirada a la puerta cerrada, abrió el cajón del lado izquierdo, una vez lo había abierto mientras buscaba una pluma y había encontrado allí la foto del chico del que seguramente Draco hablaba cuando decía que quería a alguien más.
Era guapo, no podía negarlo, algo desaliñado tal vez, lo que contrastaba mucho con la imagen de Draco, pero la forma como se miraban revelaba que realmente sí se querían. El rostro del chico se le hacía ligeramente conocido, pero no sabía de dónde, estaba seguro que no lo había visto en el campus, tal vez en el callejón Diagon. Draco no le había dicho nada más acerca del chico o la razón por la cual ya no podían estar juntos. Y le daba envidia y algo de celos que ese chico, pese a no estar cerca de Draco al menos ya por más de una año, fuera el merecedor de su fidelidad, y que él, que estaba tan cerca no pudiera obtener siquiera un poco de cariño y consuelo. Draco se lo había dejado en claro, no lo harían porque estaba mal, porque no quería lastimarlo y porque eran amigos, mejores amigos, había dicho y generalmente eso le bastaba, pero había veces en que sentía y quería más, aunque Draco se hiciera el que no se daba cuenta.
—Iré a conseguir los ingredientes que faltan para esto —explicó hacia Draco en el momento que salía del baño ya cambiado —, cuando vuelvas ven a mi habitación y podremos empezar con las más simples.
—Me parece bien, pero llegaré casi de madrugada, tengo trabajo.
—Cierto.
—No te preocupes, mañana puedo empezar, de todas maneras hoy adelantaré tareas.
—No te quedes hasta muy tarde —recomendó Gael mientras ambos salían ya por el pasillo hacia la salida.
—Sí, mamá —se burló Draco y Gael suspiró fastidiado.
—Lo digo por tu bien.
—Ya.
—Tal vez… —tentó ya pasando por la caseta de seguridad para que ambos pudieran salir, uno a comprar al callejón Diagon y el otro hacia el Ministerio —, yo te pueda esperar esta noche para ayudarte…
—No, no te preocupes, yo puedo solo —comentó Draco guardando la identificación dentro del morral, no prestando atención real a las palabras de su amigo. Sintió la mano de Gael sobre el hombro y levantó la vista interrogante
—Te veo —dijo el chico a modo de despedida antes de darle un ligero apretón y girarse para caminar hacia el lado opuesto al que Draco tenía que ir. Draco solo se encogió de hombros y se apresuró hacia la parada de buses.
*
Cuando por fin pudo salir del Ministerio, lo hizo echando humo, mucho más furioso de lo que había estado en largo tiempo, le habían tocado Desai y Benoit, esos dos le tenían manía y siempre aprovechaban todas las oportunidades para burlarse de él y perjudicarlo; cuando salio eran ya las diez de la noche, debía estar en el trabajo desde las ocho así que, sintiéndose avergonzado, llamó a su jefa explicándole que se sentía muy enfermo y que apenas había podido llegar al teléfono, y que al día siguiente estaría allí puntual. Perpetua le había dado un largo discurso acerca de lo necesario y correcto que era que cumpla con al menos avisar temprano y que le descontaría ese día de trabajo.
Al menos ahora tendría tiempo de adelantar las pociones ya pedidas, calculó que Gael aún estaría despierto y fue directo a su habitación, tocó la puerta suavemente, para no molestar al resto del pasillo y Gael le dio una mirada asombrada cuando finalmente abrió.
—¿Qué pasó? —preguntó extrañado, había esperado sentirlo llegar cerca de media noche.
—Estúpidos aurores —masculló Draco.
—Oh… —Gael sabía sobre las visitas de Draco al Ministerio y lo poco que le gustaba hablar de ellas así que no comentó nada y lo invitó a pasar mientras sacaba de uno de los cajones una bolsa con una gran cantidad de ingredientes y se la pasaba a Draco —. Podremos adelantar pociones.
—Sí, podremos… ¿Vamos a mi habitación? Allí ya tengo el resto.
—Claro —Gael sacó un par de libros y algunos implementos más y ambos caminaron en silencio hasta la habitación de Draco.
Trabajaron hasta muy entrada la madrugada, finalmente cuando apagaron el último caldero Gael sentía que los ojos se le cerraban solos, Draco, a su lado bostezaba y tenía los ojos rojos.
—Solo necesitamos dejar la poción antiestrés descansar hasta mañana al anochecer y tendremos todo listo —informó Draco desprendiéndose de su túnica.
—Y mañana tenemos clases —Gael recogió un par de libros y se acercó a Draco que ya estaba sentado sobre la cama desanudándose las zapatillas. Sin pensarlo mucho se arrodilló delante de él y Draco levantó la mirada algo alertado.
—Gael… —advirtió seriamente, pero Gael no se dio por aludido y con una mano temblorosa acarició la mejilla de Draco suavemente, la mirada que le dio no era ni remotamente parecida a la que le daba al chico de la fotografía, nunca había visto en Draco esa mirada o esa sonrisa, la forma como sus ojos brillaban… ni cuando sacaba una excelente nota o lograba algún proyecto muy difícil, esa mirada jamás había aparecido en su rostro en todo el tiempo que lo conocía, sintió algo quebrándose en su pecho. Entendió al fin que no había forma en que pudiera competir con él y que tal vez debería dejar de intentarlo.
—Eres un gran chico, ¿sabes? No dejes que nadie te haga creer lo contrario —susurró antes de acercarse y darle un beso en la mejilla, Draco cerró los ojos y asintió suavemente, no sabiendo de dónde venía aquello, pero no queriendo alargar más la situación.
Finalmente Gael se puso en pie y suspiró.
—Antes de irte a desayunar mañana toca a mi puerta, algo me dice que me quedaré dormido —comentó ya casi en la salida.
—Claro, también haré de tu reloj despertador —replicó Draco, Gael le guiñó un ojo y salió.
Draco finalmente se desprendió del resto de su ropa y se puso el pijama, caminó hacia el escritorio y sacó la fotografía de Harry y él, la miró un largo instante y sonrió antes de meterse a la cama. Se quedó dormido inmediatamente, realmente sí estaba agotado.
*
Aquellos siguientes tres meses efectivamente se sintieron largos y agotadores, incluso más que el tiempo que había pasado junto a sus amigos durante la guerra, tal vez la diferencia estaba en que en ese entonces no había tenido opción y él se guiaba por lo que pensaba que debía hacer en ese momento y en cambio ahora tenía que obedecer las ordenes de su instructor y de sus maestros, que estaban dispuestos a sacarles hasta las últimas fuerzas cada día. Aunque claro, siempre había una opción: renunciar, y nunca antes se había planteado el renunciar a nada antes, pero había algunas noches en que simplemente no podía evitar pensar que todo sería mucho más sencillo sí admitía que no podía más y abandonaba, y no era el único que había pensado así, después de un mes de ser sometidos a ese ritmo hubo la primera renuncia: Marielle Kerr, seguida dos semanas después por Richard Dick; Emma Wilkie, novia de Richard había dicho que el chico había aceptado un empleo en la destilería de su padre, donde hacían licores y durante varios días se vio triste y apática, aunque según les había comentado Géraldine, se sentía aliviada porque que Richard simplemente no podía soportar más el estar allí.
Los pormenores de lo ocurrido en aquella aula entre Malcolm Baddock y el chico de primer año no se conocieron hasta casi dos meses después de ser castigados, cuando finalmente Simak decidió contar lo ocurrido, aunque solo a sus compañeros de habitación: ocurrió una noche, entre susurros y con las luces apagadas. Harry y los demás habían quedado más que asombrados de escuchar que en verdad ambos chicos habían estado bebiendo durante toda la noche y que para el amanecer el chico de primero, que había invitado a Baddock, lo había querido besar, o tal vez mucho más, pero Baddock era mucho más alto y fuerte que él y lo había golpeado y lo hubiera terminado matando si Simak no llegaba a tiempo. También contó como luego Baddock lo había querido obligar a guardar silencio, a no buscar ayuda ni delatarlo, pero Simak no había podido evitarlo, se sentía culpable por haber traicionado a uno de sus compañeros pero el chico de primero estaba muy herido, inconsciente y había mucha sangre alrededor. Baddock había jurado vengarse si lo delataba pero Simak simplemente no pudo encubrirlo. Finalmente el chico de primero había quedado con algunas lesiones graves y ambos habían sido expulsados. Los comentarios entre los compañeros de habitación corrieron entre que Baddock era un idiota por aceptar una invitación para tomar estando en clases hasta que el chico de primero se lo tenía bien empleado por tener esas desviaciones y más aún por intentar forzar a otros a hacerlo. Harry tenía sus dudas acerca de lo que podía realmente haber pasado, recordó a Baddock en la escuela, era uno más de los que había reído de los insultos a Draco. Casi estuvo seguro que ese chico de primero había caído en una trampa de Baddock, una que le estalló en la cara al propio Baddock.
El tiempo libre que tenía (casi nulo) no le daba tiempo para seguir analizando aquel hecho y se dedicó mejor a responder las cartas de Andrómeda, Hermione y Ron y sobre todo de Noah.
Sus amigos habían tenido diversas reacciones sobre el castigo: Andrómeda había dicho que sabía lo que era estar allí por su hija y que no tirara la toalla, que tres meses se pasaban de manera rápida y que al final estaría agradecido por todo lo aprendido. Harry no dudaba en que al final aprendería mucho y que tres meses podían pasar relativamente rápido, aunque se negaba a creer que en algún momento de su vida agradecería ese tiempo encerrado.
Hermione se había mostrado indignada, le había escrito una larga carta donde le explicaba que ellos tenían derecho a protestar y reclamar porque aquella no había sido su falta y que no se dejaran amilanar por las ínfulas de poder de aquellos directores e instructores. Harry quemó esa carta lo más rápido posible, no necesitaba que cayera en manos extrañas o peligrosas.
Ron había sido más el amigo que esperaba, había llenado la carta diciendo lo mucho que lo lamentaba, lo malos que podían ser los aurores algunas veces y prometiéndole que en cuanto saliera ambos irían a volar y a pasar un buen rato con un par de cervezas.
Y Noah… Noah no había comprendido nada y por primera vez desde que lo conocía le instó a usar su nombre y su fama para que lo dejaran salir al menos una vez al mes a verlo; incluso dijo que podía sobornar a algunos de los vigilantes para que lo dejaran escapar. Cada tres días le llegaban cartas de él, diciéndole cuánto le extrañaba y cuánto ansiaba su regreso.
Harry finalmente le había dicho que se podía quedar en Grimmauld Place poco tiempo después de que le hubiera dicho que le quería, y al principio todo había sido bastante bueno, los desayunos en la cama, levantarse tarde junto a un cuerpo tibio, las conversaciones frente a la chimenea, incluso el ir a hacer las compras… Pero pronto, mucho más pronto de lo que Harry había pensado, todo empezó a parecer una rutina demasiado agobiante, y eso que se veían únicamente dos fines de semana al mes. No se había animado a contárselo a Mikel ni a los demás porque todos ellos parecieron muy contentos cuando les contaron que ahora eran novios, formales, exclusivos y todo. Así que el estar encerrado y por ende imposibilitado de ver a Noah durante tres meses le supo a un descanso, aunque sus cartas no daban tregua y si dejaba de contestar alguna la siguiente llegaba mucho más exigente, algunas veces, en casa, habían discutido, básicamente, según decía Noah, por la falta de interés de Harry en la relación, y durante esos tres meses en que permanecieron carteándose aquel reclamo aparecía al menos una vez a la semana. Harry estaba ya convencido de que se había equivocado al aceptar a Noah de esa manera, que esa no era la mejor forma de olvidar… Tal vez al salir pudiera decirle eso a Noah, pedirle que fueran amigos nuevamente, la pasaban muy bien como amigos.
Sin embargo cuando salió al fin de la Academia, terminando el primer semestre de su segundo año, no fue directo a casa, decidió pasar primero por un bar mágico donde se encontró a Mikel, que lucía algo cansado pero feliz de verlo de vuelta, intercambiaron algunas noticias; Mikel le comentó que Noah había estado pasando el tiempo con ellos, contando lo triste que estaba por su ausencia, Harry le contó lo que había pasado y ambos mantuvieron una larga conversación sobre la forma como los heterosexuales trataban a los gays y como siempre les querían echar la culpa de todo, hasta que de pronto, Harry no supo como, la conversación derivó en el caso de un paciente que había llegado aquella tarde y que había causado cierto alboroto en el hospital: Draco Malfoy.
*
Gael ya se sabía los horarios de Draco de memoria, siempre le parecía admirable la capacidad del chico para organizarse y cumplir con el trabajo, la universidad, sus auditorias en el Ministerio e incluso la venta de algunas pociones por encargo. Trataba de estar siempre cerca, ayudándolo en todo lo posible, sobre todo en conseguir ingredientes, pues a Draco no le gustaba ir al callejón Diagon ni a ningún otro sitio mágico. En más de una ocasión Gael le había dicho que necesitaba salir más, mostrarse ante el mundo pero el chico siempre se negaba en redondo argumentando que tenía cosas mucho más serias que hacer que tratar de socializar con un mundo que no le quería. Fue por eso que en aquella tarde de julio, en que Draco debía volver a las seis de la tarde y no apareció, intuyó que algo extraño podía estar pasando. Esperó a que la clase de la noche, a la que Draco debía asistir, terminara para salir en busca de su amigo.
Conocía la dirección donde quedaba el supermercado en el que Draco trabajaba, lo había acompañado un par de veces y, a diferencia de Draco, él sí tenía licencia para aparecerse así que obvió la parte del autobús y en un instante apareció a unas cuantas calles del lugar.
Avanzó con pasos rápidos pero a tan solo dos calles supo que algo andaba terriblemente mal: había varios camiones de bomberos y ambulancias muggles llegando y saliendo, una gran cantidad de gente rodeando la calle en donde la tienda quedaba y una gran humareda saliendo del sitio. Corrió lo más a prisa que pudo hasta llegar lo más cerca posible, a través de la barricada formada por cintas amarillas y algunos policías pudo averiguar que al parecer una fuga de gas había hecho volar la tienda, que había una decena de muertos y muchos heridos y que por suerte ya nadie quedaba dentro del local, aparentemente. Finalmente le dieron la dirección de un par de hospitales a donde habían sido trasladados los heridos y de la morgue donde los muertos habían sido llevados. Negándose a pensar en esa última opción tomó un taxi hasta el primer hospital que le habían mencionado, había una gran cantidad de familiares y amigos preguntando por los pacientes y esperó por más de media hora hasta que alguien le confirmó que en ese hospital no había ningún Draco Malfoy registrado.
Con el pánico mucho más latente llegó hasta el segundo hospital, donde tuvo que esperar más de media hora hasta que una regordeta y mal humorada enfermera ubicó en el ordenador que Draco Malfoy había sido recogido por sus parientes y trasladado a una clínica privada.
Gael sabía que Draco no tenía parientes ni amigos y luego de pensarlo un momento cayó en cuenta de que lo más probable fuera que los aurores lo hubieran ido a buscar y trasladado a San Mungo por el tema del secreto mágico.
Le fue difícil averiguar dónde quedaba San Mungo, tuvo que volver a la Universidad y buscar en los libros de información hasta que encontró la manera de ingresar al lugar.
Por fin en el lugar empezó a preguntar por Draco y por su estado, las enfermeras lo mandaron de piso en piso hasta que finalmente una le dijo que estaba en el área de Aurores y detenidos. Gael no entendió la razón por la cual podría estar detenido, pero no se quedó a preguntar, y corrió lo más posible hasta que dio con la habitación de Draco; en el último piso. Era un pasillo largo y blanco, en la puerta había un par de hombres con cara de pocos amigos. Tuvo que someterse al pequeño interrogatorio de los hombres, sabía que ellos conocían la historia de Draco y que no podía argumentar ser ningún pariente lejano así que dijo la verdad, que era su amigo y que al menos quería saber su estado. Los aurores, que ahora lo miraban de manera mucho peor, lo hicieron esperar durante mucho rato más en las afueras de la habitación hasta que una enfermera salió, cargando unos cuantos frascos de pociones vacías.
La mujer sí era amable y no se negó a darle información e incluso lo dejó entrar, pese a la mirada molesta de los dos hombres de la puerta, aduciendo que el paciente necesitaba que alguien lo cuidara y que si los aurores no lo iban a hacer al menos deberían dejar que Gael lo hiciera.
Gael entró a la habitación mientras la enfermera le terminaba de contar que Draco se encontraba fuera de peligro, que sus pulmones habían sido ya limpiados del humo que había aspirado y que las heridas habían sido sanadas, que dormiría al menos unas doce horas más, hasta que todos sus órganos se encontraran funcionando en condiciones óptimas y que si deseaba podía pasar la noche allí. Gael no necesitó que se lo repitieran y se acomodó en un pequeño sofá, delante de la cama de Draco, observándolo dormir, su rostro parecía mucho más pálido que antes, sin embargo el que su pecho subiera y bajara a un ritmo constante y que los hechizos alrededor le indicaran que todo estaba funcionando bastante bien lo hicieron sentirse aliviado. Inspeccionó el cuerpo de su amigo: tenía las manos y los dedos rojos e hinchados, como si se hubiera quemado, una sábana blanca delgada lo cubría hasta el pecho, donde se veían unos cuantos arañones y cortes.
—¿Qué fue lo que te pasó? —susurró inútilmente hacia la nada.
*
Harry trató de no aparentar preocupación mientras Mikel le contaba que había ocurrido una explosión en un supermercado muggle y que al parecer Draco había estado allí. Que había quedado algo herido y que había respirado mucho humo, que los aurores lo habían sacado del hospital muggle y lo habían llevado a San Mungo, pero al área de detenidos, porque sospechaban que él podía haber creado la explosión.
—¿Por qué haría algo así? —preguntó Harry tratando de entender el razonamiento de los aurores.
—Al parecer usó un hechizo en el lugar, pero honestamente creo que lo debe haber hecho para salir de allí, cualquiera lo haría. No sé mucho al respecto, yo entiendo que ese chico es hijo de Lucius Malfoy y un ex mortífago, aunque Butler, la medibruja que lo atendió, aseguró que no llevaba la marca… aunque claro, este tema lo debes entender tú mejor que yo… supongo que cuando aquel que no debe ser nombrado murió la marca desapareció.
—No, Malfoy no tenía la marca… nunca la recibió —comentó Harry —¿Entonces él está bien aunque detenido?
—Lo interrogaran mañana que despierte, según sé, hay dos aurores custodiándolo… Ya sabes, en el séptimo piso se creó un ala para aurores y detenidos, es curioso que ambos vayan al mismo sitio…
—¿En serio? No lo sabía —contestó Harry tomando en cuenta la información de Mikel y ya planeando como escabullirse por San Mungo, necesitaba ver a Draco, asegurarse de que en verdad estaba bien, que no estaba mal herido y luego… luego seguir de cerca lo que ocurriera con él, no creía que Draco pudiera volar un sitio muggle a propósito… Pero… — ¿Qué hacía Draco Malfoy en un supermercado muggle?
—Traía un uniforme, dicen que allí trabaja, aunque no lo imagino trabajando allí…
—¿Trabajar?
—Lo sé, suena raro, pero no creo que estuviera haciendo nada malo, es decir, está bajo libertad de prueba y dicen que ha hecho algunas cosas malas en el pasado pero Malfoy fue el que obtuvo la beca de fabricante de pociones de La Universidad Mágica de Gunhilda de Gorsemoor, supongo que debe ser muy capaz para poder llegar a obtenerla, conozco varios que postularon y no se acercaron siquiera un poco a ganar, no creo que quiera arriesgar el futuro que puede obtener con ese título por tonterías como esas.
—Sí, la obtuvo en el último año de la escuela.
—¿Estudiaste con él? Debe tener tu edad.
—Ajá… Escucha Mikel, ya debo ir a casa… ¿nos vemos mañana?
—Claro, anda y consuela a Noah que está más que impaciente por verte. Mándale saludos.
—Ya… nos vemos.
Harry salió con prisas del lugar, solo una idea en la cabeza, ver a Draco; asegurarse de que estaba bien.
*
Gael escuchó el sonido de alguien tocando la puerta, frunció el ceño por la interrupción y miró hacia Draco que aún seguía durmiendo profundamente.
No contestó, se levantó y caminó hasta la puerta y la abrió de un solo tirón, fuera estaban los dos aurores conversando junto a una bruja de mediana edad, Gael la conocía, la había visto un par de veces era Dora Williams, asistente social de la universidad, lucía una túnica clara y el cabello, que por lo general estaba recogido en un moño, suelto sobre los hombros, supuso que la habían pillado fuera de la universidad.
—Señor, Eytinge, interesante encontrarlo aquí —dijo la mujer en cuanto Gael cerró la puerta para darle tranquilidad a Draco.
—Buenas noches, señora Williams. Estoy cuidando a Draco, él y yo somos amigos…
La señora levantó una ceja y le dio una mirada fastidiada antes de asentir y volver hacia los aurores.
—Como les decía, Draco Malfoy es estudiante modelo y tiene permiso para trabajar en ese sitio, incluso tengo su horario de trabajo y esta tarde le tocaba estar allí hasta las cinco, así que no veo la razón para que lo tengan detenido, este tipo de publicidad le hace mucho daño a la Universidad, sobre todo porque ustedes no tienen ninguna prueba de que el chico haya volado ese supermercado.
Gael, que por un instante se había sentido aliviado de que la mujer defendiera a su amigo se enfureció mucho.
—¿Creen que él voló la tienda esa?
Uno de los aurores le dio una mirada de desdén mientras que el otro lo ignoró y se dirigió a la señora.
—Pues no es nuestra culpa que le den becas de estudios a mortífagos, estaba en la escena del crimen, rodeado de muggles, a los que antes decía aborrecer y el Ministerio tiene derecho a sospechar.
—Tal vez a sospechar pero no ha comunicarlo a la prensa, no crea que somos tontos, señor…
—Ramsden —se identificó uno de los aurores.
—Señor, Ramsden, tenemos contactos y sabemos que de alguna extraña manera la noticia se ha colado al diario "El Profeta" y a "Inglaterra mágica hoy", y supongo que algunos otros más.
—Ellos deben informar ¿no? Que un mortífago ha vuelto a las andadas, para que la comunidad lo sepa.
—Él no es un mortífago, es un alumno de nuestra universidad y no tienen porqué tenerlo detenido —defendió la mujer, Gael supo, por su tono de voz, que estaba perdiendo la paciencia.
—Sí, él solo trabaja allí para poder pagar sus gastos ya que ustedes le arrebataron todo lo que su familia tenía, ¿por qué no lo pueden dejar en paz? —intervino Gael.
—Ese no es tu asunto —contestó el segundo auror. Gael abrió la boca para replicar pero en ese momento una enfermera caminó hacia ellos y se paró delante de la puerta de la habitación.
—Lo siento, debo revisar al paciente —dijo con voz aburrida, ninguno de ellos la tomó realmente en serio, Gael se hizo a un lado y la dejó pasar antes de continuar con sus réplicas.
*
La enfermera entró a la habitación y se quedó de pie muy quieta, mirando hacia la ventana. Un instante después Harry salía debajo de la capa de invisibilidad, le dio una mirada de disculpa a la enfermera.
—Lo siento, sé que no debería hacerlo… —negó con la cabeza, la mujer no podía entender lo que decía, no bajo el hechizo.
Pensó que las personas que estaban afuera aún demorarían mucho más en regresar, parecían en medio de una discusión, se preguntó quienes serían y qué tendría que ver con Draco, al cual no se había animado a ver aún, no con la enfermera allí. Levantó la varita y le ordenó con el pensamiento que volviera a la estación de enfermeras, donde la había encontrado, la mujer ni siquiera parpadeó y pronto estuvo saliendo de la habitación, dejando a Harry solo con Draco.
Harry caminó con algo de temor en la habitación oscura, ahora viendo lo que no había querido ver al entrar: el cuerpo de Draco sobre la cama, cubierto apenas con una sábana blanca, y rodeado de hechizos y frascos de pociones. Dejó caer la capa en el piso y avanzó hasta la cama, lamentaba que las luces estuvieran tan bajas como para no poder apreciar lo suficiente a Draco, pero luego de no haberlo visto por dos años aquello bastaba.
Con un dedo tembloroso acarició la mejilla, su piel seguía tan suave como antes, aunque su cabello parecía más corto, sus labios estaban apenas rosados, en el pecho había un par de cortes y golpes, los brazos tenían moratones en varios puntos, supuso que por la forma como lo habían jalado para sacarlo de aquel incendio. Recordó entonces la forma cómo en la última batalla lo había sacado de aquel incendio y se preguntó si es que Draco no había rememorado aquel terrible momento que no le gustaba recordar, esperó que no, que lo hubieran sacado antes de que se asustara demasiado.
Con sus dedos acarició el hombro y siguió bajando, pensando en lo mucho que extrañaba esa piel y lamentando no poder verlo a los ojos, no poder escucharlo, Draco siempre tenía algo que decir, nunca se quedaba quieto hasta conseguir la última palabra, sonrió un poco por ese recuerdo. Sus dedos llegaron a la muñeca y luego hasta los dedos, hinchados y con ampollas, supuso entonces que tal vez había tenido que agarrar o empujar algo muy caliente para poder salir de aquel sitio.
Suspiró profundamente y miró todo lo que pudo ver, empapándose de su imagen: de como su pecho subía y bajaba, de como su rostro parecía tan sereno y de la forma como sus labios dejaban escapar el aire lentamente… Un ruido a la izquierda lo hizo girar con rapidez, levantando la varita en posición de ataque, soltó un jadeo cuando descubrió que en la puerta ya cerrada estaba uno de los chicos que había visto afuera discutiendo y que además lo miraba de manera amenazante.
*
La enfermera salió unos instantes después mientras la señora Williams seguía diciéndole a los aurores que si no quitaban el título de "Detenido" al señor Malfoy entonces la directora de la universidad, la señora Cassandra Davenant, tendría que ir en persona a quejarse con el jefe de aurores por un tratamiento tan inadecuado.
Ninguno de los aurores se inmutó siquiera ante la amenaza y finalmente la señora Williams dijo que no podía hablar con personas tan intransigentes y se marchó dejándole a Gael una tarjeta para que pudiera localizarla en su casa en cualquier momento si es que algo llegaba a cambiar en la situación de Draco o si es que tenía algún problema y advirtiéndole que no debía hablar con ningún periodista.
—Y tú, niño, si vas a cuidar a tu… amiguito, mejor métete de una vez, antes que nos desanimemos —le dijo uno de los aurores, Gael no necesitó que se lo repitieran y comprendió al fin en toda su extensión porque Draco detestaba tanto a esos hombres, realmente eran despreciables.
Entró a la habitación tratando de no hacer sonido alguno y en cuanto cerró la puerta y giró vio a un chico extraño sobre el cuerpo de Draco.
—¿Qué quieres? ¿Ni siquiera van a esperar a que despierte para interrogarlo? —preguntó a la defensiva, importándole muy poco que el chico le apuntara con una varita y caminando hasta la cama de Draco dispuesto a hacer que ese tipo sacara las manos de encima de su amigo.
—¿Quién eres tú? —preguntó Harry bajando la varita pero no apartando la mano que tenía sobre el brazo de Draco.
—Tú eres el que no debe estar aquí, así que… —Gael se detuvo abruptamente y abrió los ojos sorprendido, tenía el cabello mas largo y parecía mucho más fuerte que antes pero… sí, estaba seguro que se trataba de él. ¿Qué demonios quería ese chico con su amigo? Ya lo había dejado solo demasiado tiempo, no podía permitir que ahora regresara, no cuando Draco tenía una vida copada y sin sobrante de tiempo para ex novios con sentimientos de culpa.
—Lo siento, no quería molestar, ¿no sabes quien soy? —preguntó Harry cambiando el tono a uno más calmado.
—¿Por qué habría de saberlo? —preguntó Gael cruzándose de brazos —, y suelta a Draco.
—No eres de aquí ¿cierto? —cuestionó Harry obviando la orden del chico pero maquinando ya que probablemente ese era el "novio" del que Neville había hablado, y maldición, era demasiado lindo y guapo y eso solo lo hacía sentir mucho más furioso y posesivo —, lo digo por tu acento.
—Y tú no deberías estar aquí, así que si no quieres que llame a los aurores de afuera…
—De acuerdo, mi nombre es Harry Potter, soy amigo de Draco y…
—¿Potter? —interrumpió Gael —¿Potter el que mató a Voldemort?
—Definitivamente no eres de aquí, muy pocos se animan a decir ese nombre, a Draco no le gusta hacerlo…
—No lo sé, no hablamos de eso —Gael sintió un retortijón más, el chico del que Draco estaba enamorado, al que decía querer y por el que decía valía la pena cualquier sacrificio no era otro más que Harry Potter, empezaba a entender en algo la razón por la cual no estaban juntos, seguramente Potter no podía dejarse ver con Draco, menos con todos los antecedentes que cargaba encima, seguro que sería una muy mala imagen para "El Gran Héroe".
—¿Él está bien? —preguntó Harry, sintiéndose amenazado por la mirada que le daba el chico, incluso se había vuelto mucho más ruda.
—Sí, lo está, y lo estará más si es que lo dejas en paz, él no necesita que vengas a verlo o a darle migajas de tu tiempo.
—Yo no le quiero dar migajas de nada… Hablas demasiado sin estar enterado de nada, ¿sabes?
—¿Y tú sabes que es a mi novio al que estás tocando? Y eso no me gusta para nada —. Bien, había mentido, pero no soportaba estar delante de él, no después de saber que era el Grandioso Harry Potter, el que había abandonado a su amigo.
Harry lo miró fijamente un instante y luego miró hacia Draco. Novio, había dicho novio, ese chico había conseguido que Draco se mantuviera a su lado, había logrado… lo que él no había podido lograr. Retrocedió un paso y luego otro, alejándose de la cama y sintiendo que se alejaba de Draco también, como una confirmación de que lo había perdido, quizá ya para siempre.
—No sabía que él y tú…
—Desde hace casi un año —mentía descaradamente, lo sabía, pero ya qué, no dejaría que ese chico se acercara a Draco, le diera esperanzas y luego lo lastimara.
—Claro —asintió Harry —¿Cuándo le darán de alta? —preguntó queriendo obtener toda la información posible para volver a casa tranquilo —¿No tiene heridas graves?
—Tuvo un corte grande a la altura del hígado, no saben si porque calló contra algo al momento de la explosión o si porque se lastimó al querer salir, respiró mucho humo, pero ambos problemas ya han sido solucionados, realizó un hechizo, un aguamentí, aunque puede haber sido más de uno, con esos aurores nunca se sabe —masculló eso último mirando a la puerta con enojo —. Mañana en la tarde despertará y podrá volver a casa en un par de días más… Él no te necesita, y si eso era todo lo que querías saber…
—Yo… —Harry se alejó por completo de la cama de Draco y caminó hasta donde había dejado la capa de invisibilidad, la tomó entre las manos y miró hacia Draco y hacia Gael de manera alternativa —. Supongo que… — resopló y de pronto se sintió demasiado cansado, como si todo el peso del mundo cayera sobre sus hombros e hiciera que la espalda le pesara y las piernas se le doblaran. Pese a la mirada de rabia de Gael se acercó hasta Draco y le dio una última mirada, se agachó y le dio un beso en la frente antes de retroceder y ponerse la capa sobre los hombros.
—¿Así es cómo entraste? —preguntó Gael asombrado porque el chico tuviera una capa de invisibilidad, sabía que eran muy escasas y caras.
—Más o menos… No me dijiste tu nombre.
—Gael, me llamo Gael Eytinge, no te mentiré y te diré que me da gusto conocerte…
—¿Draco te ha hablado de mí? —esa pregunta, sabía Harry, era solo con deseos de alimentar más su dolor.
—Sé que lo conoces, creo que de la escuela, ¿acaso había algo más que decir de ti?
Y sí, dolió que Draco no lo haya mencionado, que ni siquiera haya admitido su existencia o la relación que tuvieron. ¿Qué si había algo más que decir de él? Él podría llenar libros enteros de cosas que decir acerca de Draco, de los sentimientos que lo ligaban a él… deseó tener un cigarro a la mano, o tal vez un trago de whisky, eso le haría bien. Se forzó a hablar con tranquilidad pese al nudo que se le estaba formando en la garganta:
—Me iré si es que abres la puerta por alguna razón y así no sospechan de que la puerta se abrió sola…
—Encantado —respondió Gael aliviado de que al fin Potter decidiera irse.
—Y, Gael —agregó en el último momento quitándose la capa de encima una vez más —, no le digas que estuve aquí, no quiero importunarlo…
—De acuerdo.
Harry sacó del bolsillo una tarjeta y la encantó para que apareciera su dirección y la forma cómo llegar.
—Si alguna vez… si pasa algo y Draco necesita ayuda… cualquier tipo de ayuda…
—No la necesitará —interrumpió Gael con voz cortante, negándose a recibir la tarjeta de manos de Harry.
—Uno nunca sabe… si le pasara algo y yo pudiera hacer cualquier cosa… incluso si tú necesitaras ayuda…
Gael puso los ojos en blanco, ansioso porque Potter se largara de una buena vez, tomó de mala manera la tarjeta y se la metió en el bolsillo, pensando en quemarla a la primera oportunidad.
—Demás está decirte que lo cuides mucho ¿verdad?
—Sí, está demás.
Harry no contestó nada y se metió nuevamente bajo la capa, Gael abrió la puerta y salió al pasillo, esperando el tiempo suficiente para que Potter saliera.
—Hey, ¿ahora qué pasa? —preguntó Ramsden con voz fastidiada.
—¿Por casualidad no irán por café? —preguntó Gael con voz falsamente amable, un gruñido fue la respuesta de ambos hombres —. De acuerdo, yo solamente preguntaba —dijo antes de volver a meterse en la habitación.
Permaneció el resto de la noche despierto, recordando con detalle la conversación con Potter y jugueteando con la tarjeta, leyó la dirección muchas veces, incluso el pequeño mapa de cómo llegar. Cuando el sol salió guardó la tarjeta en el bolsillo y pese a sus iniciales intenciones de quemarla no lo hizo, sin imaginar que esa tarjeta le ayudaría algún tiempo después.
*
Harry salió de San Mungo envuelto en una nube de incredulidad, por haber visto a Draco después de tanto tiempo, por la situación en la que lo había visto y por Gael, por ese chico lindo y posesivo al que Draco dejaba que lo llamase novio.
Pese a saber que Noah posiblemente lo esperaba desde muchas horas antes, no volvió inmediatamente a casa, estuvo en los bares muggles, bebiendo en exceso, recordando y sintiéndose más miserable a cada momento. Ya el cielo clareaba cuando el barman de uno de esos bares lo puso en un taxi rumbo a Grimmauld Place.
Intentó abrir la puerta un par de veces hasta que Kreacher apareció y la abrió mágicamente, en el inicio de las escaleras estaba Noah, mirándolo acusadoramente y Harry no pudo hacer nada más que derrumbarse a sus pies y empezar a sollozar un momento antes de quedarse dormido.
Claro que esa última parte no la recordaba, ni Noah se la haría recordar jamás, aunque sí era un recuerdo que Noah tendría muy presente, sobre todo la forma como su Harry llamaba a ese tal Draco. Tendría que investigar un poco más sobre él en el futuro. Seguramente ese era el chico del que Harry había estado enamorado. Aunque por la forma como regresó aquella noche Noah empezó a sospechar que aún estaba demasiado enamorado de él, que pese a todos sus esfuerzos no lograría que Harry lo olvidara.
*
Comentarios:
Nancy
Hola! Gracias por tu comentario, me alegra que te gusten las frases del inicio, esa de Neruda que me mencionas es muy significativa para mí también.
Un beso y espero que hayas disfrutado el capítulo de hoy.
XD
Shadow Lestrange
Hola!
Gracias por tu comentario… Ya ves que ahora Harry tiene más que suposiciones y chismes… creo que lo que ahora te fastidiará será la actitud de Gael.
Draco es alguien muy reservado, si abrió su corazón hacia Gael es porque ya lo considera un amigo y siendo honestos, es lo que necesita ahora, alguien que esté a su lado, para que no ande tan solo, eso tampoco es bueno.
Un beso desde Lima, viste que ya actualicé hoy viernes, aunque casi al limite XD
*
Gracias a todos por leer…
Espero que les haya gustado el capítulo, sé que habían teorías por allí respecto a qué significaba el título y les adelanto que en el siguiente sí sabremos cómo es que fue el accidente muggle.
En este momento me pongo a responder los comentarios atrasados, pensé que les gustaría más tener el capítulo así que mientras lo leen yo me pongo a contestar.
El siguiente capítulo: "DE VENGANZAS Y AGRADECIMIENTOS"
Un beso y muchas gracias por sus comentarios, siempre me alegran, así que vamos, alégrenme un poco y déjenme su opinión.
Actualizaré en el horario antiguo, si todo sale bien, el lunes a media noche.
Zafy.
