¡Hola!
Esta vez regreso a la semana exacta, ni yo misma lo creo. La compu ha sobrevivido, ya hasta tengo esperanzas de que no le pase nada… -cruza los dedos-
Sobre eso, quería decirles que como este ciclo tengo horarios nuevos, ya no podré actualizar los miércoles –clases hasta tarde T.T- sino entre los jueves y sábados.
Y hablando del capítulo… Er, lo escribí en mis vacaciones y, la verdad, no estaba con los mejores ánimos por entonces (en contraste con mi situación actual… Creo que el exceso de café me pone demasiado hyper… XDDD). Por eso el tema. No algo típicamente rayito de sol y arcoirisado, aunque el final…
-no spoilers-
Espero que les guste.
Advertencias: Es angst. Cambios constantes de primera a tercera persona. Repetición excesiva de palabras -pero es a propósito XDDDD- Datos sobre el pasado de Kakashi aunque no los sigo a la exactitud. Ya dije que es angst?? –o al menos un intento- .
Disclaimer: Naruto y toda su manchita de Konoha-citizens (y otras aldeas) no me pertenecen, sino a Masashi Kishimoto-sama. Pero un día, no muy lejano, kakairu también será canon… !!
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Namida no (Im-lacrĭma)
Romance. Angst. 2089 palabras.
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Hatake Kakashi nunca ha llorado.
Al menos no en el sentido estricto de la palabra. Puede que lagrimee de vez en cuando, cada vez que bosteza, o cuando el discurso de alguien (en especial Gai) resulta más que aburrido… Pero no es lo mismo, ¿verdad? Esas lágrimas falsas no tienen el sabor del mar.
Hatake Kakashi nunca ha llorado de verdad.
No sabe cómo.
Y lo ha intentado. Nadie podría imaginar lo mucho que lo ha intentado. En cada momento, con cada dolor y cada golpe, cuánto ha deseado la liberación de una, por lo menos una, solitaria lágrima que resbale por sus mejillas. Un signo de que es un ser humano. Aunque a veces él mismo lo dude.
No pudo.
No puede.
Tal vez nada ha sido lo suficientemente fuerte, nada lo suficientemente mucho, para lograrlo. Tal vez nada lo será, pensó, cuando ríos y ríos de sangre emanaban de las palmas abiertas de sus manos, atravesadas por su kunai. Tal vez soy el bastardo insensible que todos creen, o tal vez puedo sentir pero no percibir, no transmitir, piensa, o tal vez…
Tal vez no merezco llorar.
Hay algo extraño con tu quinto chackra. Es lo que te hace genio y también… Lo que te hace así.
Tal vez era el precio que tenía que pagar.
La verdad, Hatake Kakashi nunca ha llorado.
No por decepción, aún cuando siendo pequeño (antes de que sus recuerdos estuvieran siempre bañados de carmín) la mujer, la princesa de las flores en el cabello que velaba por él y algún día de estrellas brillantes regresaría, como en los cuentos, se convirtió en una foto y la realidad de una madre muerta que realmente nunca llegó a conocer. Esa fue la primera vez que sintió un golpe directo en el pecho, como una agujita molesta y constante que picaba, picaba, picaba… Sin detenerse. Dolió ya no creer en ese amor perfecto e ideal, recuerda, y sus ojitos ardieron con la pena.
Pero no pudo llorar.
No por pena, al descubrir la vergüenza de su padre y la manera en que Sakumo Hatake, Colmillo Blanco de Konoha, el shinobi que eligió vida sobre deber, y luego muerte sobre vida, recuperaría su honor en nombre de sus antepasados. Kakashi fue el primero en verlo, en el baño, en el piso, y aún cuando comprendió perfectamente que todo lo que le quedaba en el mundo se desvanecía, no pudo llorar.
Aún cuando cubrió su rostro con una máscara negra, con el silencio del luto, no pudo llorar. No cuando juró que llevaría ese símbolo hasta el día en que la muerte dejara de hacerle constante compañía, en un idealizado futuro en el que pudiera sentirse seguro.
La máscara se volvió inseparable.
No por impotencia, mientras trataba de rescatar a Obito con desesperación, sólo logrando romperse las uñas contra la corteza dura y fría de las rocas. Cuando los te quiero y los perdóname, hermano se quedaron atorados en su garganta seca, y el Uchiha le regalaba una parte de sí. Rin estaba llorando, el propio Obito también y Kakashi quería decirle, bromearle por lo infantil que era, siempre el niñito quejoso, el llorón, y lo siento, lo siento, por llamarte todo el tiempo así pero tú no sabes, de verdad, la envidia que me das, no lo sabes…
Cuando Obito murió, hasta el cielo lloró.
Pero Kakashi no pudo.
Su, ahora su, ojo izquierdo dibujó un camino húmedo sobre su rostro, y él lo saboreó con insistencia. Lágrimas no suyas marcaron su piel, atravesando el espacio entre sus labios. Eran saladas, agrias, diferentes (¿así que éste es el sabor del dolor?) y, demonios, ¿por qué siempre es todo tan rojo cuando es tan triste? ¿Por qué?
Rojo es el color de las penas.
Y de su medio reflejo en el espejo, para nunca olvidar.
Hatake Kakashi nunca ha llorado.
No por su soledad, no por resignación, no por arrepentimiento. En su primera misión como Anbu, él y su equipo se las arreglaron para acabar con una caravana completa en menos tiempo de lo que les había tomado encontrar su ubicación. Sus compañeros terminaron temblando, enfermos ante lo que veían, lo que podían oler, y él permaneció quieto, tratando de distinguir el aroma de las hojas secas del otoño en medio de las olas de muerte que inundaban el aire.
Quería, necesitaba llorar. Al fin desahogarse.
No pudo.
Minato-sensei, Sarutobi-sama, Asuma-san, Jiraiya-san.
Por la traición, la huida de Sasuke.
Por el dolor, los sueños de traer de vuelta al amigo de Naruto.
Algo de alivio, por favor.
No pudo.
No por Iruka.
Ni siquiera por Iruka.
No cuando el moreno lo escudó con su cuerpo y le gritó (le ordenó, le suplicó) que siguiera adelante sin él, que no arriesgara la misión, que la prioridad era recuperar el archivo para Konoha y sólo déjame, Kakashi, estaré bien…
Hatake no tenía muchas fuerzas restantes. El enemigo escapaba. No podía esperar.
No tenía otra opción.
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Un éxito la misión, algunos dijeron. Hicieron lo que se creía imposible.
Son héroes.
Pero no se sentía como un triunfo.
Iruka, por mucho tiempo, no despertó.
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- Te he traído algo de comer, Iruka. Sé lo mucho que detestas la comida de hospital. No, no te ilusiones, no es ramen. ¡Por Kami! ¿Cómo puedes querer comer eso todo el tiempo? No tiene ningún ingrediente nutritivo, vas a terminar adelgazando mucho y después yo no tendré nada que abrazar… Maa, no te enojes, eso no fue un comentario pervertido, fue cariñoso. Hay una gran diferencia que nunca quieres apreciar… Espera, espera, abriré la ventana. Es una hermosa mañana que no querrás perderte… Así… Bien, entonces, dime cuál prefieres… ¿jugo de naranja o manzana?
Pero Iruka sólo miraba por la ventana, congelado en el tiempo.
Aún cuando Kakashi tomaba de rato en rato su mano entre las suyas, para darle algo de calor, aún cuando el peliplateado besaba su mejilla y peinaba sus cabellos en la coleta de siempre, deshaciendo nudos uno por uno con la paciencia de una madre con su hijo… Iruka sólo miraba por la ventana.
Como si no estuviera allí y hubiera una pintura fresca, muy parecida, en su lugar.
Sumergiendo su nariz en hebras chocolate, apoyando su mentón sobre un hombro delgado, abrazando una figura impávida desde atrás… Hatake Kakashi nunca antes en su vida había tenido tantos deseos de llorar.
Pero no podía.
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Una vez, el Umino cayó de la cama y golpeó su cabeza. Kakashi casi mata al enfermero de turno por el descuido y, en general, armó un gran caos en toda la sala. Tsunade-sama amenazó con expulsarlo en medio de más gritos. Sakura-chan lo tomó del brazo y lo llevó al patio, casi a rastras. Los ojos esmeraldas de la pelirrosada se esforzaron en encontrar a su sensei como lo conocía, como era antes. Trataron de calmarlo con palabras de compasión. Él estaba tenso, cansado, triste, enojado…
Y no se daba por vencido.
Yo sólo quiero llevarlo a casa, dijo el peliplateado.
Yo sólo quiero que esté en casa, conmigo.
Ella, perdida en recuerdos del pasado, entendió.
Ella sí lo entendió.
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- No puedo creer que estés viendo esa tontería…
- Kakashi, relájate, es una simple película. No va a matarte…
- Va a destruir mis neuronas.
- Lo que queda de ellas después de tanto porno, dirás.
- Hn. Al menos mi porno tiene más argumento que tu película.
- Espera, espera… Shhhh… Esta parte es espectacular… Él se va a disfrazar de mujer para entrar a la fiesta de la chica y entonces…
Iruka reía hasta que debía limpiarse las lágrimas del contorno de los ojos, todo su cuerpo vibrando con cada caecajada, tan libre, tan simple, tan sincera como la anterior... Kakashi sólo apoyaba su cabeza en el hombro moreno, o en su regazo, y esperaba hasta el final.
Era perfecto.
- No entiendo cómo algo que has visto más de cincuenta veces te pueda causar tanta risa…
- ¡Shhh, Kakashi! No me dejas escuchar…
- ¡Pero te sabes el diálogo! Iruka, no seas niño, qué tontería… Deja ya de lagrimear…
- Mira, Kakashi. Hay cosas que no tienen solución por las que no vale la pena ni quejarse. Pero, como alguien muy sabio un día me dijo, está bien llorar si…
Kakashi despierta así, casi siempre a medianoche. Aunque trata, no lo puede recordar. Tiene la misma escena en la cabeza todas las noches, como una hermosa pesadilla que no lo abandona jamás. Parece tan lejano, tan irreal…
Era demasiado perfecto.
Como un sueño.
Tal vez todo el tiempo fue sólo eso.
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- No.
- Tienes que.
- No.
- Es una orden.
- Por favor, no.
- Lo siento.
- Él podría reaccionar en cualquier momento.
- Está empeorando cada vez más. Acéptalo. No quiero que hagas las cosas más difíciles, jounin-sama.
- Debe haber algo que…
- No hay nada que puedas hacer, aún si te quedaras a su lado por siempre.
- Pero lo puedo intentar.
- Sólo intentar no es suficiente, Kakashi.
- Él nunca se rendiría. No lo haré yo.
- Ya no hay esperanzas.
- ¡Siempre las hay!
- Por lo que más quiero, Kakashi, espero que tengas razón. Que tengas razón…
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Vine a decir adiós. Recibí una misión larga, y no estaré aquí por un tiempo. Pero Pakkun se queda a hacerte compañía, y Naruto, Sakura, Hinata y los demás prometen que te visitarán todos los días. No te preocupes, le hice jurar a Gai que no te daría ninguna charla "motivadora" al menos hasta que yo vuelva. Es algo, ¿ne? Maa, Iruka-kun, tenme más confianza… Pero sí, te prometo que tendré cuidado. No haré estupideces. Tú no estarás allí para salvarme esta vez.
¿Te vas a poner bien, ne, Iruka? ¿Es una promesa, verdad?
¿Verdad?
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Hatake Kakashi nunca ha llorado.
Nunca, jamás.
Ni siquiera cuando al ver las puertas de la aldea su mente se pierde en la sensación de estar en casa, por fin.
Dos años sin noticias, sin rostros que importen, sin la montaña de los Hokage, sin el olor a recién cocinado del Ichiraku que se esparcía por las calles puntual como un reloj, sin saber nada de nadie, especialmente de él. Dos años, una eternidad.
Había esperado cualquier cosa. Se había preparado para todo lo que podría suceder. Para encontrarse, en el mejor de los casos, con lo mismo: hallarlo despierto y sin memoria ni mayor reacción. Para saber que había sido trasladado a un lugar de mejores cuidados, para verlo en coma otra vez e incluso, porque en algunos días de lluvia vespertina se permitía pensamientos tan oscuros como los cielos cuando están bañados con la bruma del mar, para aceptar que ya no estaría más. Que todo había acabado.
Se equivocó.
El grito de su nombre lo obliga a voltear.
Kakashi había esperado cualquier cosa. Se había preparado para todo lo que podría suceder, sí. Pero no para esto. No para la risa, el abrazo, el beso largo y añorado, tan fuera de práctica pero, oh-dios, tan especial. Labios temblorosos mezclándose con los suyos una y otra, y otra vez…
Ojos disímiles queman como nunca antes, y el peliplateado siente, aunque es imposible, que todo lo que es simplemente hermoso está brotando de su interior, suave y fresco como el rocío de las mañanas, sin poder parar. Lágrimas, no sólo las de Obito, sino también suyas, cálido recorrer de mariposas por sus mejillas que Iruka se ocupa en besar y besar.
Kakashi está llorando, está abrazando, sus ojos hinchados, su rostro humedecido, sus dedos acariciando el rostro aún ligeramente pálido y ojeroso de Iruka también lo están.
Las lágrimas le saben a libertad.
Quería avisarte, uno de ellos dice, pero la Hokage dijo que no podíamos contactarte, aunque regresaras hoy… ¡A veces la quería matar!
Regresé como lo prometí, ¿ves?, responde.
Te escuchaba e intentaba volver, pero todo estaba oscuro y no sabía cómo… Luego, un día, ya no te oí más… Yo sólo quería escuchar tu voz, Kakashi, así que lo intenté más y más…
No seas tonto, Iruka, ya estamos juntos, deja de llorar…
Idiota, Iruka ríe, tú también lo haces, no lo puedes negar… Además, cuántas veces te he dicho que…
… Hay cosas que no tienen solución por las que no vale la pena ni quejarse.
Pero, como alguien muy sabio un día me dijo, está bien llorar si…
Kakashi ahora puede llorar. Kakashi ahora puede recordar.
Puede entender.
Está bien llorar si es de felicidad.
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- c'est fini-
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Pues, como verán, tiene muchos detalles de la primera parte de la saga de Naruto (lo que le dijo el rubio a Inari), y de la primera película (la actriz que tampoco lloraba). Pero la idea en sí la obtuve cuando leí un artículo que mi amiga me prestó en el que se explicaba la teoría de los 7 chacras y como un problemas con el quinto (vishudha - vishuddha) se podría manifestar en incapacidad para llorar, expresar sentimientos, excesivo remordimiento y la tendencia a exagerar la verdad, entre otras cosas… Por supuesto que no soy experta en el tema, así que no es muy exacta la situación en el fic, pero la idea está.
Después de todo, fics son fics, ¿no?
El título significa Lágrimas de (Privado de lágrimas). Lo último es latín, pero no una palabra que exista de verdad... -yo siempre deformando los lenguajes... XSSS-
Y la próxima semana regreso -por fin- con uno de los retos, que no los he olvidado... Sólo he sido ligeramente lenta... Ligeramente...
Espero les haya gustado! No olviden que los comentarios son LOVE y hacen a una Hina feliz… -puppy eyes-
Gracias por leer! Cuídense mucho y que les vaya muy bien!
Kisses!
Hina
