En la calle que separaba el parque del polígono industrial, un grupo de cinco jóvenes se preparaban para volver a sus casas tras una noche loca de fiesta sin descanso. Sin embargo, una de las chicas del grupo tenía que esperar un tiempo para irse.

-Joder, me estoy meando...-Dijo la joven sin vergüenza alguna.

-¿Te acompaño a los baños del parque, Mine?-Preguntó su mejor amiga, que asintió. Miró a los tres chicos que las acompañaban y que ya se encontraban en el coche.- ¡Volvemos en nada!

-¡Os esperamos a las puertas del parque!-Informó el conductor.

Las chicas se adentraron en el parque a través de dos barrotes rotos que había en una de las verjas. El servicio estaba a unos pasos de ellas, no hacía falta ni de dar el rodeo.

-Venga, tía, te espero aquí en la puerta, ¿vale?-Dijo una de las amigas, apoyándose en el marco de la entrada a los servicios públicos.

-Vale, salgo ahora.-Dijo la otra, entrando en el lugar.

Nada más entrar, la muchacha se encontró con algo en el suelo. Parecía una persona. Se acercó más al bulto. Pudo ver que era una chica de su edad, con el pelo recogido con un lazo. Estaba muy pálida. La muchacha puso su mano en la piel de aquella joven. Estaba helada.

-Eh, oye, levanta...-Intentó reanimarla la chica, zarandeándola.- ¡Eh, Mirei! ¡Aquí hay una chica que no se mueve!

-¡¿Qué?!-Dijo la nombrada, entrando en el servicio.- ¿No me jodas que está muerta?

-No, no... Tiene la piel fría como el culo de un pocero, pero no creo que esté muerta...

-Voy a llamar a una ambulancia, esto no pinta bien...

-¡Tía! ¡No tiene pulso!-Gritó agitada la compañera, que estaba junto a la muchacha del suelo tomándola el pulso por la muñeca.

-Mójale la cara, a ver si así espabila y despierta...-Dijo Mirei con el teléfono en el oído.

Mine dejó la cabeza de la enferma en el suelo con cuidado.

-Dame tu chaqueta, Mirei.-Pidió amablemente la joven.

Mirei le dio la chaqueta. La otra puso la prenda bajo la cabeza de la chica inconsciente a modo de almohada para poder levantarse y humedecer el pañuelo que llevaba al cuello con algo de agua del grifo. Después, le frotó con la tela húmeda por la frente, las mejillas y la clavícula.

-Seguro que lleva identificación, un teléfono o algo...-Dijo la chica que estaba llamando a emergencias.-Mira a ver... ¡Ah! ¡Hola! ¡Necesitamos ayuda! Nos hemos encontrado con una muchacha inconsciente, pálida y con la temperatura muy baja en el parque Shisheido, del centro de Osaka...

Mientras Mirei daba indicaciones al administrativo que la había cogido el teléfono, Mine rebuscó en los bolsillos de la chica. Sacó un móvil y una cartera. El móvil no tenía por qué mirarlo, por lo que abrió la cartera. Dentro encontró lo que buscaba, el carné de identidad: la afectada se llamaba Kazuha Toyama, de 17 años, nacida y residente en Osaka.

-Dicen que en quince minutos los tenemos aquí...-Dijo la otra joven, guardándose el teléfono en el bolsillo de sus pantalones cortos.- Me han dicho que no la movamos del lugar ni que intentemos reanimarla con ningún tipo de técnica porque podríamos causarla mayores daños, y que guardemos su identificación y su teléfono para entregárselo inmediatamente al equipo médico cuando llegue.

-Entonces...

-Simplemente cuidaremos de ella hasta que llegue la ambulancia.-Dijo Mirei, sentándose al lado de su compañera.- Pobrecilla...

-¿Qué le habrá pasado?-Preguntó la otra, apoyando la cabeza de Kazuha en su regazo.

Mirei detectó algo en el suelo, un poco lejos de las tres. Era pequeño, blanco... Una especie de pastilla... Se acercó y la cogió. Era una pastilla de pequeño tamaño, de color blanco, de aspecto compacto y con el dibujo de un delfín grabado en su superficie.

-Me temo que esta chica ha hecho hoy lo que no debía...-Murmuró apenada Mirei.

-¿Por qué lo dices?

-Ha tomado éxtasis...