Soy muy consciente de que esta vez me he retrasado demasiado, pero el trabajo me ha tenido muy ocupada y no me daba tiempo a penas a escribir. Iba a subir hace una semana, porque me fui de viaje, pero no me dio tiempo a terminar el capítulo. Espero que me perdonéis. Para compensaros, el capítulo de hoy es bastante larguito, más de lo que yo suelo escribir, así que espero que compense.

A leer!

- Veo que el hecho de ser un reno te hace estar familiarizado con todo tipo de animales – decía (croaba) el jefe – Este tipo de rana… se alimenta de escorpiones, los que hacen que pueda generar tal veneno. He tenido cuidado de no tocarte directamente chiquilla.

- ¡Nami, corre! – gritó Chopper - ¡Quítate esa chaqueta rápido, con cuidado de no tocar la manga!

Nami obedeció sin rechistar.

En ese momento, vieron una gruesa y larga lengua dirigirse hacia ellos, afortunadamente Luffy consiguió esquivarlo. Todos se dispersaron y comenzaron a aparecer hombres. Entre ellos estaba el espadachín que había nombrado anteriormente el hombre-anfibio. El susodicho se dirigía de lleno a por Robin, pero en el momento justo se escucharon un choque de espadas.

- Déjala en paz – dijo Zoro – Yo me ocuparé de ti.

- Así que… Estilo de las tres espadas ¿eh? – dijo aquel espadachín con una voz sorprendentemente profunda – ¿No crees que eso está muy anticuado?

Zoro no hizo ningún caso al comentario. En lugar de eso, izó la katana haciendo que su oponente retrocediera.

- ¿Pensáis que es buena idea pelear teniendo en mis manos el detonador? – decía la rana gigante.

- No pienses que una ladrona profesional va a cometer tal descuido de dejarse atrapar tan fácilmente – aclaró la ladrona – ¡Robin!

Una tercera mano apareció al lado de Nami para darle el mando que controlaba las bombas de Sara.

- La navegante y yo hacemos muy buen equipo.

Los ojos del jefe reflejaban lo furioso que estaba.

- ¡Chopper! ¡Ve y ayuda a Sara! – le ordenó Luffy.

- ¡Tú no irás a ninguna parte! ¡Ninguno iréis a ninguna parte!

Se escuchó una explosión al fondo del motel. Provenía del lugar donde se habían llevado al padre de Sara. Varios hombres saltaron por los aires y entre el humo apareció el hombre delgaducho, cojeando. Todos se quedaron estupefactos ante esa entrada, creo que a todos les hubiese gustado aparecer de esa forma en escena. El hombre delgaducho, ya no les parecía tan débil, en su rostro se dibujaba una triunfante sonrisa.

- ¡Tú no eres rival para este muchacho! – Le gritó a la rana - ¡Chico! Su punto débil es la lengua – Metió la mano en uno de sus bolsillos y le tiró una pequeña esfera – Yo también comparto las virtudes de mi hija. Esto te ayudará. Dale lo que se merece.

Luffy se giró decidido y le plantó cara a aquel anfibio.

- Sanji, Usopp, poner a salvo al padre de Sara, Nami, ve con ellos y luego buscar a Sara y a Franky.

La rana, malhumorada, puso la boca en "O" y apuntó al cielo.

- ¡Cuidado muchachos! ¡Es una lluvia de veneno! – les advirtió Edmond.

Todos se pusieron a cubierto, menos Luffy. Había mejorado su técnica desde Ennies Lobby, ahora era más rápido, mucho más rápido y era capaz de esquivar todos los pegotes de veneno que caían del cielo. Su único objetivo era la boca de aquella asquerosa rana amarilla.

Por otro lado, Zoro seguía en su pelea con aquel hombre. La verdad, que comparándolo con todos sus otros enemigos, aquel no le preocupaba demasiado. "Es un novato" pensaba Zoro. Un gran remolino se formó a su alrededor, levantando por los aires no solo al espadachín principiante, sino también a todos aquellos hombres que les cortaban el paso Chopper, Sanji, Nami y Usopp. Dos hombres se acercaban por la espalda de Edmond.

- ¡4 Floure! – Gritó Robin – Eso es un poco cobarde.

Dos manos aparecieron a ambos cuellos de los hombres para después escucharse un "crack".

Mientras tanto, Sara había conseguido encontrar a Franky, le estaba esperando en la esquina del bar donde le habían dejado tirada.

- ¡Franky! ¡Tienes que ayudarme!

- Lo sé, lo sé, lo escuché todo – le dijo Franky muy serio – Pero yo no soy médico, Sara.

- Pero te convertiste a ti mismo en cyborg.

- Lo siento Sara, la mecánica es lo mío, no la medicina, yo no me atrevo a intervenirte a no ser que Chopper me supervise. Debería haberse quedado con nosotros.

- Está bien, está bien… Solo tengo que calmarme… - Sara comenzó a hiperventilar.

- ¿Te encuentras bien?

- ¡¿CÓMO NARICES CREES QUE VOY A ESTAR BIEN?! – Estalló – ¡TENGO CINCO BOMBAS DENTRO DE MI!

- Oye, oye, perdiendo la cordura no le haces ningún favor a nadie. Además, estás llamando la atención – intentó tranquilizarla.

- Está bien, pensemos en un plan – le dio la razón aún no muy tranquila.

- No hay ningún plan Sara – la susodicha la miró incrédula – ¿Quieres poner en peligro tu vida?

- Tienen a Luffy…

- Y a tu padre como rehén.

Prácticamente lo había olvidado, su padre… resulta que estaba allí, después de tanto tiempo…

- Me da igual. Estoy segura de que Luffy se encargará de eso.

- No lo dudes, pero Sara… Debemos ser cuidadosos, si no le han quitado el detonador a tu jefe…

- Estoy segura de que si.

Franky sonrió de medio lado, triunfal, le encantaba haber conocido a aquella chica. Tenía el mismo espíritu que el resto de la tripulación, confiaba plenamente en su capitán. Había puesto en sus manos la vida de su padre y la suya propia.

- Está bien, vayamos a liarrrrrla, odio quedarme fuera de juego. ¡Tenemos el factor sorpresa!

- ¿Cuál es el factor sorpresa?

- Echa un vistazo al fondo del callejón.

Sara avanzó unos metros hasta que se topó con aquello a lo que se dirigía Franky.

- ¡Dios mío!¡Es genial Franky! – dijo gratamente asombrada – Sois increíbles.

Arrasaron con el pueblo, iban montados en un vehículo de tres ruedas, de dos metros de alto.

- ¡Funciona con cola! – le gritaba Franky.

Apenas podían comunicarse, iba descubierto y había demasiado ruido a su alrededor.

- ¡CUIDADO! – Le gritó de repente Sara - ¡NOS VAMOS A ESTRELLAR!

Por otro lado, Luffy intentaba colarle a la rana enorme la bomba que Edmond le había dado. En escena sólo estaban el capitán, Zoro y Robin. Los hombres de la rana no eran ni de lejos, rivales para ellos, por lo que el único problema era la cantidad. De repente, comenzó a escucharse el rugido de un motor y en lo alto del motel, apareció un automóvil de tres ruedas que, literalmente, estaba volando sobre todos ellos.

- ¡WOOOOOOOOW! – Gritó Luffy impactado y a la vez eufórico.

- ¡SUUUUUUPEEERRRRRR!

- ¡Cuidado cuidado! – Gritaba otra voz masculina en el auto.

- ¡Franky! ¡NOS VAS A MATAR! – Decía una tercera persona.

- ¡Oh Dios mío! ¡Esto va a matarme antes que las bombas!

En aquella monstruosidad iba el resto de la tripulación.

Cuando la gravedad empezó a hacer efecto, el automóvil comenzó a caer en picado, mientras los gritos de todos ellos invadían la zona.

Acto seguido se escuchó… nada. Luffy había llegado a tiempo, había conseguido hincharse y amortiguar la caída de todos.

- ¡Serán desgraciados! – Gritó furioso el jefe – ¡A por ellos! ¡Qué no escapen!

Múltiples manos salieron de la nada, para escucharse a continuación como se rompían los huesos. Un gran torbellino los lanzaba por los aires y patadas de fuego los mandaban a cruzar el pueblo. Plantas, lluvia, un reno gigante. Había demasiada confusión, demasiado ruido y Sara empezaba a agobiarse. De repente comenzó a hiperventilar.

- Sara, ¿qué te pasa? – Le preguntó preocupado su padre.

- Estás vivo… - Aún seguía sin poder creérselo.

- Lo siento tanto mi niña.

- Te… te marchaste – decía aún agobiada.

- ¿Qué te pasa? – Volvió a preguntarle.

- Sara – una tercera persona se involucró en la conversación, aquella voz era inconfundible, a pesar del ruido, la chica la reconoció – ¿Te encuentras mal de nuevo?

- Zoro…

No era capaz de hablar, su vista empezaba a nublarse, como aquella vez. Se sentía muy agobiada y confundida. Tenía cinco bombas dentro de su cuerpo, su padre, el que había desaparecido hace años, estaba frente a ella, Luffy estaba peleando con su jefe que disparaba veneno… ¿Cómo se iba a solucionar todo aquello?

- Tenéis que marcharos – le ordenó el espadachín al padre de Sara.

- ¿Marcharnos? – preguntó atónita Sara.

- Si te quedas aquí perderás la cordura. No hemos avanzado tanto estas semanas para que ahora todo se vaya a la mierda. Nosotros nos ocuparemos de ellos.

- Las bombas…

- Hemos conseguido el detonador.

Edmond simplemente asintió y le tendió la mano.

- Les estaré eternamente agradecido.

- Sálvala.

Y volvió a la pelea.

Sara y su padre corrían por un espeso bosque que había al lado del pueblo, iban dirección al puerto, intentando respirar hondo.

- Te prometo que cuando estemos seguros, yo mismo te sacaré esas bombas y te explicaré todo lo que ha pasado mi niña. Perdóname por favor.

Mientras tanto, Luffy seguía en la pelea con la rana, intentando meterle la bomba por la boca, pero era prácticamente imposible. A pesar de sus dimensiones, la rana era bastante ágil. En un momento, una lluvia de enormes gotas de veneno caían sobre ellos y la rana se desplazó a la otra punta del recinto, pasando a toda velocidad al lado de Nami.

- Ríndete Sombrero de Paja, no tienes nada que hacer.

- Eres tú el único que tiene que rendirse. Te has quedado solo.

Tenía razón, todos sus hombres habían caído.

- ¿Vas a matarme?

- Peor ¡Voy a patearte el culo! – le gritó furioso – ¿Cómo te has atrevido a amenazar a mi amiga?

- Verás Sombrero de Paja… Eso ya no es una amenaza. Lo que dije será un hecho.

- ¿A qué te refieres? – le preguntó Usopp.

Entonces mostró el detonador. Nami palpó sus bolsillos y se dio cuenta horrorizada de que en medio de toda la confusión, cuando había pasado por su lado, aquella rana asquerosa le había quitado el mando.

- Espero que os hayáis despedido de ella – se burló con una amplia sonrisa.

Todos se lanzaron a él, Luffy, el más rápido.

- ¡Gomu Gomu no 100.000 Degree Bazooka!

Le dio de lleno en el estómago, haciendo que el detonador saliese disparado.

- ¿Ha… ha llegado a apretar el botón? – Preguntó con miedo Chopper mientras observaba al anfibio.

La risa sin fuerza del jefe comenzó a asustarles.

- Solo unos segundos…

Todos escucharon horrorizados una gran explosión en el bosque.

- ¡SARA!