―Cuánto tiempo hacía que no te veía, cariño… ¿Has estado llorando? ―Cuestionó la anciana mientras acariciaba el rostro de la pequeña.

Charlotte era una mujer de unos setenta años que seguía manteniendo su jovialidad intacta. Era un poco más alta que su nieta, aunque no llegaba a alcanzar la estatura de su hija, que observaba la escena sin mucho convencimiento. Siempre había detestado la impetuosidad y el cariño de su madre, aunque prefirió evitar hacer comentario alguno al respecto. Los ojos verdes que Kitty poseía era casi herencia de esa buena mujer, que acariciaba los brazos de la rubia con suma delicadeza y cuidado. A veces le costaba a la animadora ver la relación que existía entre su propia madre y su abuela. No se parecían en nada de nada.

―Yo…He tenido un mal día ―aclaró, esquivando la mirada furiosa de su madre ―. He discutido con mi mejor amiga.

Pudo comprobar que las facciones de Emily se relajaron al comprobar que era por temas de asuntos personales, y nada que ver con el instituto. Aclaró su garganta, recibiendo un beso en la frente por parte de la otra mujer, que tiró de su nieta para poder hablar tranquilamente,

― ¿A dónde va usted, madre? ―Quiso saber la otra, frunciendo el ceño.

―Mi princesa necesita hablar, y tú nunca has sabido tratar con delicadeza a nadie―musitó con una sonrisa extensa, ladeando la cabeza―. Vamos, pequeña.

Ambas se adentraron en la habitación de la animadora. Charlotte se quedó fascinada ante todos los trofeos que poseía su nieta. Sabía que había triunfado en el mundo de las animadoras, pero comprobarlo era algo que le llamaba la atención. Recordaba como en su niñez, intentaba triunfar como lo haría más adelante su hija, y su nieta; sin embargo, al contrario que Emily, nunca había impuesto una prioridad tan intensa a algo como aquello. Siempre le había importado los sentimientos por encima de todo, aunque tuviese que casarse con un hombre al que nunca amó.

―Sí que tenía razón tu madre…Sin lugar a dudas, eres una triunfadora―alabó, clavando su mirada en el rostro de su nieta―. ¿Ya estás mejor? Me has dejado preocupada, cielo.

―Estoy bien…Me arreglaré con mi amiga tarde o temprano.

Charlotte se quedó en silencio, sentándose en la cama de la menor mientras miraba a su alrededor. La rubia no pudo evitar sonreír. Le hacía gracia casi pensar en su abuela como en una amiga, pero su comportamiento era tan sumamente encantador que no le costaba nada colocarse a su lado y pensar en ella como en una buena amiga. Una de esas personas que conseguían que todo se calmase un poco.

Veía a su abuela una vez al año, y el anterior había sido con la consecuencia de que ella y su madre discutieron gravemente sobre un tema del que la rubia no se enteró nada de nada. Sabía que era algo delicado, y no le extrañaba que su madre estuviese a la defensiva; aunque si era sincera, a la mujer no le agradaba nadie que estuviese en contra de sus ideales y forma de actuar. Y una de esas personas era la abuela Charlotte. Una mujer decidida, conservadora, pero con un talante que admiraba la animadora por completo.

― ¿Segura que es una amiga? No será ningún chico ni nada, ¿verdad?

La aludida rio entre dientes, nerviosa y recordando por momentos la razón por la que había estado llorando. Su rostro se transformó en una mueca, no pasando desapercibida para la anciana, que se levantó mientras se dirigía hacia la ventana, mirando hacia el exterior. Parecía pensativa y preocupada.

―Abuela…

― ¿Qué? ―Replicó con suavidad y dulzura, cosa que no terminaba de encajar en la personalidad de la menor―. ¿Qué te sucede, cariño?

―Si una persona te hace daño…Bueno…No sé cómo…

―Empieza por el principio―la aludida negó, sin atreverse a hablar.

Sabía que su abuela no era como su madre, ni mucho menos. Lo único que había recibido por parte de la segunda eran golpes y silencio ante preguntas curiosas de una adolecente que pedía un poco de atención y de amor; y de la primera obtenía cariño y amor, pero no estaba segura de que pudiese recibir comprensión por parte de ella. Era una mujer antigua que había vivido muchas experiencias, cierto, pero eso no le aseguraba que entendiese que todo aquello era por una chica. Una chica que la volvía loca pese a todo.

―Abuela…

―Mira, si lo que me estás preguntando es si deberías perdonar a alguien que te ha hecho, yo no puedo darte una respuesta.

―No entiendo―respondió tras una breve pausa, fijando sus ojos verdes en el rostro de la mujer.

―Puedo aconsejarte, pero si te soy sincera, lo único que se me ocurre decirte es que eso tiene que salir de ti, cielo. Cuando quieres a alguien, se le acaba perdonando todo. Pero eso es con el tiempo. Va sanando poco a poco. Solamente procura no meter la pata sobre el asunto.

― ¿Meter la pata?

―Me refiero a que procures no hacer algo de lo que te puedas arrepentir―musitó Charlotte con una sonrisa afable―. Sé que eres un poco impetuosa, como tu madre.

La comparación desagradó por completo a la chica, pero prefirió evitar llevar la contraria a la mujer. Asintió, pensativa, mientras se tumbaba en la cama. No sabía cómo comportarse ni cómo actuar. Podría fingir, no dirigirle la palabra a Marley y refugiarse de nuevo en sí misma. También podía echarle en cara todo y pedirle que no volviese a hablarla. Y también podía perdonarla, pero el orgullo se imponía. La otra opción era que se ablandase un poco, pero lo justo para que la castaña no saliese asustada.

Por primera vez, se detuvo a pensar las razones de la cantante para actuar como lo había hecho, y su corazón se removió cuando entendió que tampoco había dejado opción para mucho más. Se encogió, abrazándose a sí misma bajo la mirada de la anciana, que no sabía qué hacer. Nunca había visto a la rubia en un comportamiento como aquel. Prefirió guardar silencio, saliendo de la habitación.

Se encontró con la mirada de la otra mujer, fuerte, potente. En general, una de esas miradas que causarían el pánico y temor en cualquiera; pero no en Charlotte. Se mantuvo seria, rígida, sin bajar la vista en ningún momento. No iba a permitir que ella venciese esa especie de batalla que desarrollaba entre ambas. Ni estaba dispuesta a que nada malo le sucediese a su pequeña. Si tenía algo claro, es que prefería dudar y estar atenta a dudar y mantenerse al margen.


Quinn se encontró con la mirada de Santana, que se había presentado en su piso sin avisar ni nada. La latina parecía estar pensando detenidamente en si hablar o no con la rubia acerca de la conversación que había mantenido con Rachel. Sabía que Quinn llevaba días sin dar señales de vida, y la diva estaba sumamente preocupada por toda la conversación que se había desarrollado entre ellas.

―Creía que te había pasado algo. No es normal que no des señales de vida; con lo que te gusta llamar la atención―declaró Santana con una sonrisa torcida, adentrándose en el piso sin recibir invitación alguna por parte de la rubia.

―Pasa, estás en tu casa―replicó con ironía Fabray, recibiendo una especie de guiño por parte de la morena.

―No seas estúpida, Fabray. Berry está preocupada y me está empezando a dolor la cabeza de todas las llamadas que me hace. Dice que no le aceptas las suyas o algo así.

―Eso no es verdad.

―Vale, sé que se lo cogiste una vez y le comentaste que necesitabas tiempo.

―Exacto. Le pedí una semana para calmarme y para relajarme, y ella me ha concedido una hora porque me ha bombardeado a llamadas todos los días desde el otro día―musitó con molestia la rubia, cruzándose de brazos.

― ¿Pero qué te sucede, Quinn? Creía que estabas bien con ella. Es más, parecíais perfectas la una con la otra.

Fabray se mordió el labio, sentándose en el sofá mientras sostenía su rostro entre sus manos. Se sentía frustrada por aquella maraña de sentimientos en su interior. No pudo evitar soltar un lastimero gemido mientras intentaba contener el llanto, consiguiendo que la latina se preocupase por ella. Nunca había visto llorar a Quinn, salvo en situaciones excepcionales. Y que Quinn llorase solo significaba que era un tema que la estaba destrozando por dentro. Frunció el ceño.

Nunca le había gustado Berry.

Desde el principio le desagradó por su carácter, o más bien por su personalidad en concreto. También había detestado el hecho de que la morena siempre quedaba como la buena de la película, y su mejor amiga como la mala. Quizás era una forma de ver la vida muy sencilla, pero eso había sido así durante mucho tiempo; y aunque eso sirvió para que la ex animadora madurase, no le pareció justo. Ella recordaba que, aunque Quinn no actuó bien con Finn, la otra intentó interponerse en la relación entre el chico y la otra.

Sin lugar a dudas, nunca le había dado buena espina.

Era cierto que ahora se llevaba de manera cordial con ella, y que si necesitaba algo, estaba dispuesta a ofrecerle su ayuda. Pero siempre que eso no se interpusiese en los deseos de la que era su mejor amiga. Brittany era importante para ella, y la quería mucho, pero no era como Quinn. Podía admitir que tenía cierta atracción hacia Fabray, pero quien no sintiese nada parecido, es que era estúpido; Quinn Fabray era la mujer más guapa que nadie hubiese visto, y esa era la verdad. Pero era casi como una hermana. Una hermana a la que estaba dispuesta ayudar siempre, aunque no lo pareciese.

―No estoy bien, Santana.

―Gracias…Creía que estabas celebrando algo―soltó con sarcasmo. Esperaba una mirada molesta de la chica, pero ni siquiera era eso. Era algo que le importaba. Y mucho― ¿Qué ha sucedido? No me digas que ha aparecido Finn para intentar que su futura esposa no disfrute de una vida lésbica plena.

―Puedes tomarlo así si quieres―respondió brevemente, clavando su mirada en cualquier parte que no fuese el rostro de su amiga.

― ¿Me vas a explicar qué es lo que ha sucedido?

―Si te lo explicase…

Su voz se vio interrumpida por el móvil, indicándole que acababa de recibir un mensaje. Frunció el ceño, tomando el artefacto para descubrir que era Kitty, su pequeña hermana. Sonrió un poco, mordiéndose el labio mientras abría el mensaje.

― ¿Quién es? ―Quiso saber Santana, curiosa.

―Kitty…

"Necesito consejo de hermana mayor, Quinn :(."

"¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Estás bien?"

Tardó un breve tiempo en recibir la contestación. La morena estaba sentada a su lado, leyendo la conversación con cierta curiosidad. No le agradaba del todo la rubia, pero tenía que admitir que la razón era que le recordaba mucho a lo que llegaron a ser Quinn y ella. Esbozó una sonrisa al comprender que su amiga sentía lo mismo, y parecía sumergida en los problemas de la menor como si fuesen los suyos propios.

"Me he enterado de algo que…No sé cómo reaccionar si quiera."

― ¿Qué le habrá pasado? ―Inquirió Santana, llamando la atención de la rubia.

―Eres una cotilla, López.

―No soy cotilla; puede que mi sabiduría ayude para que la chica solucione sus problemas―consiguió que la rubia riese entre dientes.

"¿Qué es lo que ha pasado? Me estás preocupando, Kitty :(."

"He descubierto que Marley me ha estado mintiendo todo el tiempo, y no sé qué hacer."

"¿Mintiéndote?"

"Se acercó a mí por interés, Quinn. Ella ahora dice que me quiere, pero…Creo que me dice la verdad, pero tengo mucho miedo."

― ¿Marley? ¿Qué me he perdido?

―Se nota que a ti el radar gay no te funciona muy bien―susurró entre dientes, consiguiendo que Santana le diese un codazo en el estómago―. No vuelvas a hacer eso―bufó.

― ¿Me vas a explicar o no?

― ¿Quieres la versión larga o la resumida?

―La resumida.

―Pues que a mi chica le gusta tu chica, y a tu chica le gusta mi chica; y las pillé liándose en el baño―la mente de la latina enseguida reaccionó.

― ¡Oh Dios mío! ¡Eran ellas! ¡Y tú diciendo que no los conocíamos!

―No quería interrumpir su momento; además, te veía capaz de sacar a Kitty a rastras para que se mantuviese lejos de la cantante.

―Es posible―concedió, haciéndose la interesante―. Dios…Lo que tiene que ver una.

Su móvil también vibró, provocando un escalofrío por toda la columna vertebral de su cuerpo. Miró hacia la pantalla, nerviosa.

― ¿Quién es? ―Quiso saber Fabray, interesada.

―No lo sé. Supongo que publicidad.

Sonrió para sus adentros, leyendo el mensaje rápidamente para cerrarlo y volver a fijar sus pensamientos en la conversación que estaba manteniendo la rubia con la animadora.

"¿Mañana a las nueve y media en el Starbucks? :D ―R


Ive: Jajaja lo supuse, pero no me gusta meter la pata. Me alegra de que fueses tú, la verdad ^^ Charlotte va a dar guerra, pero de la buena ;P Jajaja no disfrutas con el dolor de la rubia, pero sí con la historia...Me alegra, porque no quiero que nadie disfrute con el dolor de mi rubia xDDDDDD Jajaja ¿Masoquista? No os hago sufrir mucho, que conste xD Y bueno, me gusta conocer a le gente que me lee xD Así se hace todo más cercano xDDD Un besuco y muchas gracias a ti :D