Buenas noches mis amores;

¡WOW! Este ya es el ANTEPENULTIMO CAPÍTULO y es bastante cortito pero igual espero que lo disfruten pues está muy tierno y lleno de sentimientos.

Muchísimas gracias a todas mis adoradas por sus rw, Graciela, Carmen, Rake, Rossy, Nimbretell (gracias en especial por leer este fic casi que de una sentada) Andrea, Jeanny y mi Claudys que me debe el rw, pero sé que me lo dejará jajajaja.

UN BESOTE ENORME A TODAS Y FELIZ SEMANA SANTA

Stef.-

Capítulo 28

Canto: La Boda

Todos los presentes quedamos mudos, Stelios y mi esposo no dijeron una sola palabra y simplemente me marcharon para descargar su rabia y frustración en otro lado. Andrómaca no demostró sea lo que fuese que pensó, el gran Rey tomo la mano de su sobrina y dijo:

— Es el hijo de un Rey y de un gran guerrero cuyo nombre le precederá por siglos y siglos — Calló para mirarme y luego volver sus ojos hacía Briseida — Bueno o malo, eso es lo que han decido los Dioses, tu hijo será amado por tu familia mi pequeña, pues viene de tu vientre y esa es suficiente razón para amarlo con locura.

— Mis primos…— calló para limpiarse las lágrimas.

— A ellos les costará un poco aceptarlo, son jóvenes y gallardos por lo tanto aún inmaduros ante mis ojos, no te preocupes por ellos, sé que la frustración no les durará mucho y cuando este hermoso ser abra sus ojos al mundo ambos caerán enamorados ante su presencia — Las palabras de Príamo fueron un gran alivio para todas, con calma se levantó dejando en la frente de su sobrina un beso con ternura — Ahora descansa mi niña, en dos días hay fiesta en este palacio y debes estar repuesta para celebrar — mi suegro se marchó dejándonos solas.

— Briseida — susurré, sin saber bien qué decir — Yo… yo no sabía, nunca lo pude imaginar… discúlpame, te pido perdón si por mí culpa…

— ¡ssshhh! No tienes por qué pedir perdón, no tienes responsabilidad en lo que me ha pasado, Mithos… el hasta el día de ayer me aseguró que te ama — me sentí terrible al ver la expresión del rostro de ella cuando sentenció la frase — pero es mentira Anaïs, él no te ama a ti, ni a mí, ni a mi hijo, él es incapaz de amar a alguien…— volvió a mantener silencio mirando pensativa por la ventana, y volvió a hablar más para sí misma que para los que la escuchábamos — quizás amó un poco a Adelphos, lo digo pues ni siquiera por la pérdida de Eros lo vi tan mal como por la muerte de su primo, pero dudo que aparte de él llegase sentir amor por alguien más.

— Eso ya no tiene ninguna importancia — sentenció Andrómaca — lo que importa es que estas acá, en tu casa, con tu familia, con la gente que sí te ama, de tu bebé no tienes por qué preocuparte, sobraran manos que deseen con fervor cargarlo y amarlo, ahora si me disculpan, hay una boda que aún tiene mil detalles pendientes — todas sonreímos ante la alegría que demostró Andrómaca con sus palabras.

— Es cierto, además yo deseo dormir y ustedes tiene mucho por hacer — ambas le dimos sendos besos en las mejillas y nos marchamos dejándola descansar.

Pasaron dos días agitados y divertidos, por su parte Eros estaba más nervioso que Electra y pendiente de todo detalle al punto de casi volverme loca con su "perfección".

Todo el Palacio relucía en flores y brillantes telas de colores, distinguidos invitados se hallaban en la enorme sala ceremonial de Apolo, a causa de la guerra el matrimonio no sería todo lo magistral que debía ser, pero sin embargo estaba a gusto con los novios.

Entré llena de orgullo tomada de la mano de mi hijo que vestía una gran gala de colores blancos y dorados como era costumbre en la nobleza griega, llegamos a la altura en donde estaba el gran pontífice de Apolo, con sutileza me solté de mi primogénito y le dije al oído.

— Deja los nervios, te aseguro que no duele — reí un poco al igual que él y le di un beso en la mejilla, esperamos y esperamos un poco más de lo que se debía, divertida pude ver como Eros se desesperaba, Thomas no soportaba la risa al verlo tan nervioso pero igual hizo acopió de su serenidad y pasándole la pequeña Paris a Briseida se acercó a mi hijo.

— No se ha arrepentido, eso te lo aseguro, así que cálmate, pues comienzas a transpirar demasiado — se mordió la lengua para no reírse a carcajadas.

— Se está demorando más de lo que se suponía — contestó casi molesto por la angustia.

— ¡Eros! Te aseguro que se tarda porque no le quedan las flores del cabello como ella quiere, así son las mujeres — dijo Thomas.

La humeante hecatombe se elevó hasta el olimpo y el olor de la sangre y la carne pego en el ambienta dando prueba de que la novia estaba próxima, mi amado marido volvió a su lugar a mi lado. Me dijo al oído.

— Si te hubieses tardado, lo que se ha tardado Electra te mataba en el mismo altar — lo miré de manera significativa ante su osada confesión.

— ¿Y tú pretendías darle calma a mi hijo cuando me dices esto?

— Es mi obligación de Padre dársela, pero eso no quiere decir que no comprenda perfectamente por lo que está pasando — Me alegró tanto escucharle decir "obligación de Padre" que perdí toda noción de los hechos por un momento y tan solo me quede viendo el hermoso ámbar de sus ojos.

— ¡Que hermosa esta! — dijo mi amado obnubilado al ver a su sobrina, su voz me hizo voltear y la vi, mi pequeña Electra era toda una mujer, sus ondulados cabellos estaban en un complicado y hermoso recogido con flores blancas que lo adornaban, varios tirabuzones de su cabello caían enredados con cintas azules, su vestido era blanco amarrado a el cuello y a la mitad de la espalda, la tela estaba finamente bordada en azul rey por todas las orillas del traje, en sus manos un ramo de flores azules como el cielo, en su rostro un suave rosa en sus labios y un tenue azul en sus ojos, Stelios venía a su lado más gallardo que nunca, además estaba visiblemente emocionado y eso me alegró pues dejaba ver que aceptaba a Eros de corazón.

La pareja tomó su lugar delante del sacerdote, las palabras fueron dichas, los ritos realizados y las hecatombes vigorizadas con más grasa de buey, un suave y dulce beso selló el acto de amor, los aplausos retumbaron por todo el lugar, las bendiciones cayeron de todos lados, los primeros en llegar a los novios, ahora esposos fuimos los padres de la pareja.

— Te amo y a ti también te amo — dije besándolos a ambos, Andrómaca y yo estábamos inundadas en lágrimas de emoción y felicidad, Stelios y Thomas besaron y abrazaron con fuerza a Electra y a Eros al punto de casi no dejarlos respirar, Briseida y Príamo vinieron luego a felicitar, mi cuñada y yo nos olvidamos de nuestros maridos y salimos abrazadas aún llorando con rumbo a la estancia destinada para la celebración, ese día fue uno de los más importantes en mi vida, jamás soñé luego de salir de Ptía en tener la oportunidad de compartir ese momento tan especial con mi primogénito.

El vino rodaba en abundancia y los padres de la pareja estábamos más felices y contentos que el resto, Andrómaca y yo tomamos a Electra para darle ciertos consejos finales.

— La mujer teucra es una sierva en la cocina — dijo de forma suave y dulce, pero el rostro de mi cuñada cambio en el acto y con una mirada demasiado pícara agregó — pero somos tigras en la cama, así que espero que esta noche dejes en alto nuestro género — yo reí a más no poder y a la pobre Electra le quedaron los ojos como platos, jamás espero que su madre le dijese eso.

— Nada de nervios, ni de vergüenzas, ese hombre ahora es tu marido y disfrutaras de él a plenitud — sentenció nuevamente Andrómaca.

— Madre, por favor…— dijo completamente roja, pero igual no se escaparía de unos cuantos consejos más descriptivos que estos, por su parte Stelios y Thomas no perdonaron a Eros.

Ambos Príncipes tenían al novio acorralado en una esquina y Stelios lo tomo con fuerza por el cuello para decirle con un aliento muy fuerte a vino que:

— Más te vale que esta noche te comportes… que seas todo un caballero — con cada palabra lo zarandeaba más — y que si ella no quiere no la fuerces, tenle mucha paciencia.

— Y ni te atrevas a ser brusco… — dijo Thomas a viva voz y mostrando con claridad su estado ebrio — tienes que ser delicado, sutil, tratarla como lo que es, una tierna flor — lo que todos los padres no sospechábamos es que hacía meses que ambos jóvenes se habían comido el pastel de bodas.

No tenía muy claro si a mí amada Paris la tenía Tula o Briseida, pero sabía que estaba en buenas manos, jajaja el vino me había afectado en todos los sentidos, los novios escucharon un claro "recuerda lo que te dije" antes de marcharse a su habitación nupcial, por nuestra parte Stelios, Andrómaca, Thomas y yo brincábamos al son de la música y bebimos hasta la inconciencia, éramos muy felices en ese momento.

— ¡DIOS! NO PUEDO CREER COMO HAN BEBIDO — dijo Electra entre risas mientras entraba a la habitación.

— Y si supieras las cosas que me dijeron tu padre y tu tío — dijo él en el mismo tono de risa.

— ¡Ah! Ni me lo digas a mí me agarraron mi madre y mi tía, y te juro que recordar sus palabras y "consejos" me da escalofríos, jamás quise escuchar esas cosas de ellas.

— ¿Y qué consejos fueron esos que aún te sonrojan? — dijo seductor atrapándola entre sus fuertes brazos.

— Unos muy útiles que aún no he puesto en práctica — dijo mucho más seductora que él y acercándose peligrosamente a los labios de Eros, el joven de rubia melena enloquecía con solo mirar su gesto y se lanzó por su boca.

— Espera — dijo deteniendo los labios de él con su dedo índice — me pondré más cómoda — se soltó de los brazos de su aqueo para dirigirse al lavado pero él la detuvo volviéndola a poner contra su pecho.

— Yo te puedo poner mucho más cómoda — no espero nada y se lanzó por el cuello de la joven, los sutiles mordiscos y los besos la hicieron jadear, sus bocas se mezclaron bebiendo mutuamente sus alientos.

— Espera — dijo soltándose un poco de su placentera opresión — esta noche será muy especial, así que iré a cambiarme, pues yo te la haré especial — sin esperar respuesta se encerró en el lavado y se dedicó a ponerse más cómoda.

Por su parte Eros destendió la cama y raudo se quitó toda la ropa para ponerse la hermosa bata azul que le correspondía, camino al balcón y se bañó con la luz de las estrellas, miró la hermosa ciudad dormir, pero como si de un sueño se tratase frente a él se creó un punto de luz que se fue haciendo cada vez más grande, no tuvo miedo por contrario ese fenómeno le produjo una paz impresionante, la luz tomo forma y un respingo dio al verla.

— Solo falto yo por felicitarte — las lágrimas se aflojaron en sus mejillas de inmediato, no podía creer que lo que veían sus ojos, la tristeza y la más grande de las felicidades se unieron en su pecho al punto de casi no dejarlo respirar.

— Venus… — dijo con un hilo de voz.

— Felicidades — dijo la visión con una hermosa sonrisa en sus labios y con sutileza levito hasta llegar al rostro de él y darle un beso en la mejilla — Soy muy feliz por ti hermano, esta noche has hecho realidad un deseo, pero ahora harás realidad otro — Eros se quedó con cara de no comprender pero ella con un ademán le indico que no hablase — es poco el tiempo concedido, pero es tan grande tu amor por mí que has logrado que yo venga acá esta noche — sonrió traviesa mientras su miraba curioseaba dentro de la alcoba, más lagrimas salieron de sus ojos al verla sonreír, lo hacía tal cual él lo recordaba.

— Esta noche amarás con fervor a tu mujer y engendrarás una niña que se llamará Venus al igual que se llamará la hija de esta —la niña miró hacía el cielo y volvió a sonreír — Búscame en sus ojos, en sus cabellos y me volverás a ver todos los días hasta el final de tu tiempo Eros… te amo mucho hermano — y conforme como vino se desvaneció ante sus ojos.

— EROS — dijo con un poco de fuerza Electra llegando hasta él, pues hace rato lo llamaba y él no reaccionaba, pero al verle el rostro lleno de lágrimas se alarmó — Amor mío, ¿Qué sucede?

— Sucede que te amo — la abrazó con mucha fuerza — Y que esta noche te amaré tan intensamente como ninguna otra — sus labios se encontraron y en ese recinto vivieron la más hermosa de las experiencias, pues no solo fue el gran disfrute carnal sino la enorme e inigualable conexión de almas que tuvieron lo que hizo esa noche más que inolvidable.