Siento mucho la espera pero pensé que ya no leía nadie. Ya sabéis si nadie comenta yo no puedo ver a los lectores fantasmas.

Asique he recibido un comentario y aquí estoy actualizando.

Y ahora, ¡A leer!


Capítulo 28

Las semanas pasaron demasiado rápido y cuando quise darme cuenta me encontraba en el aeropuerto facturando la maleta y la guitarra, enseñando la tarjeta de embarque y esperando a que Danny pasara después de mí. Habían sido unas semanas llenas de altibajos, pase la mayoría del tiempo en casa y la otra mitad en el estudio de Danny y aquellos días en los que el sol se dignaba a visitarnos, esos días salía al jardín, me sentaba debajo del sauce y escribía, componía, pensaba o simplemente dejaba volar mi mente.

Durante este tiempo me había apoyado en una persona o más bien una persona había querido ser mi apoyo, Dougie había pasado largas tardes en mi casa, escuchando mis canciones o simplemente sentado en el sofá viendo la tele como si esta fuera a resolverle todas las preguntas del universo. Durante esos días hubo una canción, una que compuse a su lado, una canción que él cantaría conmigo en el disco. Había tardado más de 3 días en convencerle, rogándole de todas las maneras posibles, él siempre se negaba, decía que odiaba ser el centro de atención, que su voz no pegaba con la mía. Falló. El día en el que nos grabamos cantando a la vez, sus excusas se fueron por la borda.

Luego estaba Danny, mi relación con Danny había cambiado notablemente, él seguía ahí, ayudándome con el disco pero una barrera nos separaba y esa barrera tenía nombre, apellidos y unas piernas muy largas, si, esa barrera era Georgia. Los primeros días que me la cruce por la casa, no supe como reaccionar, al principio me sorprendió, me incomodó, después empecé a encontrarlo normal y cuando les veía abrazados en la puerta de casa despidiéndose algo en mí se clavaba aunque no lo quisiera reconocer.

- Kate, despierta, es hora de embarcar – murmuró Danny a mi lado.

Asentí con la cabeza y cogí el bolso con fuerza, alejando esos pensamientos de mi cabeza y encaminándome hacía la puerta de embarque. Entramos en el avión, me recosté en el asiento y comencé a pensar.

Durante esas semanas había pasado algo más que debía remarcar y que no dejaba de acosarme, mi padre había llamado por primera vez en 2 meses. Durante nuestra conversación, decidí pasar por alto mi nueva vida, él no se interesaba por ella y yo no quería que lo hiciera. El día que llamó yo estaba en casa con Dougie, hubo un momento incómodo en el que él me vio hablando con mi padre y supongo que como muchas veces decía, mis ojos eran libros abiertos a mis sentimientos, porque después de esa llamada recibí aquello que él no solía regalar, recibí un abrazo sincero, uno que me hizo confiar más aún en él, uno que me ayudó a desahogarme.

Era doloroso saber que tu padre solo llamaba una vez al mes por compromiso, si por él fuera nunca llamaría. Seguía culpándome de la marcha de mi madre, aún después de tantos años todo seguía igual y yo ese día exploté, le conté todo a Dougie y él me escucho, estuvo a mi lado. Eso es algo que sinceramente, me unió a él mucho más de lo que en un principio hubiera pensado, con Dougie todo era muy fácil.

Volví al mundo real cuando la azafata indicó todas las instrucciones de vuelo, en ese momento saqué el teléfono del bolsillo con intención de apagarlo y en la pantalla vi un aviso de mensaje recibido, pulse la tecla y acto seguido, sonreí como una estúpida: "En menos de quince días volverás a tenerme dándote el coñazo, recuerda, como una vez dijo el que esta a tu lado, You're not alone"

Negué con la cabeza sin borrar la sonrisa de mi cara y apagué el móvil volviendo a guardarlo en el bolso. Mire a mi derecha y vi a Danny, con sus ojos clavados en mí y una ceja levantada.

- ¿Qué? – mustié recostándome de nuevo en el asiento

- Bonito mensaje – murmuró girando la cabeza.

Bufé sonoramente pasando por alto el doble sentido que esa frase pretendía tener, sabía que creía que Dougie y yo manteníamos una relación más allá de la amistad, pero como le dije en su día, se equivocaba mucho, pero no sería yo quien le sacara de su error.

Conecte el ipod y la música inundó mis oídos, relajándome, en cuanto el avión despegó mis ojos se cerraron y volvieron a abrirse ya en tierras Belgas. Cogimos nuestras pertenencias y montamos en un coche que la discográfica había puesto a nuestra disposición.

Cuando lleguemos, te presentaré al equipo, son John, Henry y Andy. Ellos serán quienes lleven la parte tecnológica del proceso – dijo Danny mientras contemplaba el paisaje que nos rodeaba.

Asentí con la cabeza y me dedique a mirar por mi ventanilla, a observar como aunque el sol estuviera oculto, la ciudad tenía otro tono, otro color, uno muy diferente al de Londres. Abrí la ventanilla y el viento entró en el coche, despeinándome, inundando mis pulmones, se podía notar la próxima llegada de la primavera solo con la brisa que soplaba y sonreí.

Llegamos al estudio y tres hombres salieron a recibirnos, después de las obligatorias presentaciones y de dejar las maletas en el hall, me hicieron un tour por el lugar. Este se componía de tres edificios intercomunicados por unos pasillos internos. Primero entramos en la que sería nuestra sala de estar, estaba inundada de cuadros con fotos de grupos, discos y reliquias musicales, pasamos por una piscina interna que me mantuvo unos minutos hipnotizada, también había un gimnasio y para acabar teníamos un jardín repleto de sillas blancas y pequeños farolillos, perfecto para pasar una noche tranquilos.

Después me llevaron al estudio, a la que sería mi segunda casa, según dijo John, el técnico de sonido y efectos, era realmente impresionante, todavía más grande que el de Island en Londres. Tenía de todo, pero lo que más me impresionó fue la cantidad de instrumentos que inundaban la sala contigua, pude contar alrededor de 20 guitarras diferentes, 8 baterías y otros tantos bajos. Era el paraíso.

Como última parada entramos en la parte en la que se encontraban las habitaciones, en total había cinco y los chicos después de unas semanas en el estudio ya se habían quedado con las del piso de arriba, por lo que la disputa estaría entre Danny y yo.

- Creo que yo debería tener la del final del pasillo – murmuró Danny mientras subíamos las escaleras.

- ¿Y eso por qué? Aquí se echa a suertes – contesté llegando al segundo piso y mirando a ambos lados del pasillo.

- Soy el mayor, debería tener el derecho de elegir primero – mustió por detrás de mí.

- ¿Dónde se ha quedado lo de "las damas primero"? – pregunté intentando ocultar mi sonrisa.

- ¿Dama? Yo no veo ninguna.

Por ese comentario, Danny Jones se llevó una de las mayores collejas que recibiría en su vida. Solté una carcajada al ver su cara de sorpresa, mientras él se llevaba la mano a la cabeza.

- En serio, pegas demasiado fuerte ¿Qué desayunas?

- Red bull – contesté mientras le sacaba la lengua.

- Entonces qué ¿Quién elige habitación? – preguntó señalando al pasillo.

- Lo echamos a suertes y ya esta.

Como si de dos niños pequeños se tratara lo echamos a piedra, papel o tijera y gané, su cara al perder fue realmente graciosa.

- Siempre pierdo en este sitio, no es justo – mustió intentando dar pena.

- ¿Siempre? – pregunté curiosa.

- Si, cuando vine con los chicos me tocó la habitación más pequeña y alejada de todas.

- Pobre cachorrito, siempre pierde – bromee dando suaves palmadas en su espalda.

Escuché como bufaba sonoramente ante mi gesto y me dirigí a la primera habitación, abrí la puerta y entre de golpe pasando mis ojos por la estancia, era realmente increíble, preciosa y enorme. Mira hacía la puerta donde se encontraba Danny apoyado con gesto de indeferencia. Salí de la habitación y entré en la segunda, era muy parecida a la otra, pero esta tenía algo, puede que fuera la ventana, daba al jardín y los rayos de sol se colaban por ella, iluminando el oscuro escritorio que se encontraba debajo.

No me lo pensé demasiado, me gire de nuevo buscando a Danny y le encontré en la misma posición que antes.

- Me quedo con esta.

- ¿Con esta? – preguntó sorprendido, separándose de la puerta.

- Si, la otra es toda tuya.

- ¡Pero si esta es más pequeña y no tiene nevera! – gritó Danny sin entender mi elección.

- Pero esta tiene otras cosas que prefiero, además no te quejes que te estoy dando la mejor habitación y ahora lárgate antes de que cambie de idea.

- Eres…eres muy rara – mustió mientras salía de la habitación con una sonrisa.

Sabía que con esa habitación sería feliz, simplemente con salirse con la suya ya era feliz, como un niño pequeño y eso era algo realmente especial, no conocía a nadie que con 25 años pudiera emocionarse con cosas tan banales, como bien dijo Tom el día de su cumpleaños, solo había un Daniel David Alan Jones.

Durante la siguiente media hora me dediqué a colocar mi ropa en los armarios. Situé la guitarra a un lado del escritorio y sobre este ya descansaba mi libreta, aquella que contenía todos mis tesoros. Henry nos había prometido una comida suculenta en el jardín y todavía tenía una hora para mí misma. Abrí la ventana y me senté en el alfeizar de esta, dejando que la brisa me rozara, las vistas eran maravillosas y el sol chocaba directamente contra mi piel, calentándola poco a poco.

Agarré el teléfono y lo encendí de nuevo, hasta ese momento no lo había recordado y no creí que nadie se hubiese acordado de mí, me equivoqué. En cuanto lo encendí comenzaron a llegar mensajes, en concreto 4, 3 de llamadas perdidas, uno de texto. Dougie. El mensaje decía esto: "¡Ni se te ocurra coger la habitación de la nevera, a las 8 de la mañana empiezan a sonar las cañerías, siempre! Tu habitación debe ser la del escritorio de roble"

Comencé a reírme como una niña pequeña, agarrándome con una mano el estómago. Era increíble como podías conectar tanto y tan perfectamente con una persona, en tan poco tiempo, hasta el punto de que vuestras mentes funcionarán a la misma velocidad.

Mi teléfono comenzó a sonar y al ver su nombre descolgué entre carcajadas.

- ¡Al fin! Espero no llegar tarde – dijo Dougie al otro lado de la línea y yo solo pude reír más fuerte - ¿Kate? ¿Estás bien? ¿Qué has tomado? Cuidado con las hierbas del jardín, que no es Holanda, pero casi.

- ¡Oh dios mío! – grité al teléfono sin poder parar de reír – Creo que me voy a vomitar.

- ¿Vomitar? ¿ha comido setas? ¡No comas setas! – gritó de nuevo Dougie contagiándose de mi risa.

- Vale, para o necesitaré ir al baño – murmuré intentando coger aire.

- ¿Ya te has calmado?

- Si, creo que sí, es que esto ha sido surrealista, justo cuando he encendido el móvil acababa de elegir habitación, ¿sabes cual? – pregunté sentándome de nuevo en el alfeizar de la ventana.

- La del escritorio y puedo asegurar que ahora mismo estas en la ventana sentada – contestó Dougie.

- Un punto para Poynter – bromeé sonriendo.

- ¿Danny esta en la otra?

- Si, se ha salido con la suya, por lo que me he enterado, la última vez le marginasteis – dije mientras contemplaba como Henry y John colocaban las mesas en el jardín.

- Lo echamos a suertes y perdió, tiene mala suerte con esas cosas – río Dougie al otro lado del teléfono.

Me quedé unos segundos callada, mirando el jardín y el contraste que el sol hacía con los colores verdes que inundaban la calle, era realmente precioso.

- ¿Kate?

- Si, si, estaba pensando – murmuré sin despegar la vista del horizonte.

- ¿En que?

- En lo lejos que estás ahora mismo y en lo mucho que te voy a echar de menos. No, en lo mucho que ya te echo de menos.

- Antes de que te des cuenta estaré ahí – contestó Dougie.

- Eso espero.

Desvié la vista hacía la habitación, encontrándome con la gélida mirada de Danny, apoyado en la puerta, escuchándolo todo.

- Creo que es hora de que cuelgues, la comida ya esta lista – mustió dándose la vuelta.


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