Capítulo 28
Aunque les llevó un tiempo decidirse, ya habían logrado elegir dos platos principales: un picante Chu Chi Plaa (salmón rosado, curry rojo, lima kaffir, cilantro, y chiles sobre colchón de verdes y arroz basmati) para Levi y el agridulce Kai Pod Met Mamuang (un salteado de pollo con ananá, castañas, hongos, y vegetales) para Eren. No se interesaron por las entradas, un poco porque les parecía demasiada comida y otro poco porque eran bastante caras. Para cuando la moza* se acercó a tomarles el pedido, ya se les habían terminado las conversaciones protocolares del tipo "¿cómo estuvo tu día?" y "no hace mucho frío, ¿no?".
—Bueno… ¿empezamos nuestra charla? —propuso Eren, con incertidumbre en la voz, apenas estuvieron solos de nuevo.
Quizás por la complejidad que había llevado la tarea de seleccionar la comida, pero la corriente mágica que había sentido Levi al entrar se había apaciguado y ahora recordaba algunos de los temas que les quedaban pendientes.
—Dale. Una cosa por la que olvidé consultarte el sábado son esas anécdotas que me contaste durante el partido de tenis… cuando hiciste que despidieran a ese tipo. Y el chabón* al que le cagaste la vida mandándole porno a todos sus contactos… ¿todo eso era cierto? Digo, ya que mentiste en la mayoría de las cuestiones, no puedo saber qué creer.
Debía de ser justo algo que a Eren le incomodaba particularmente, ya que infló los cachetes y dejó salir el aire por un huequito de sus labios, soplándose el flequillo en un gesto infantil de enojo.
—Ah, eso…. Mmm. Exageré un poco. Y usted, ¿en serio se agarró a las piñas* esas veces?
—Obvio. Bueno, no nos vayamos de tema. Entonces, ¿cómo fueron esas historias en realidad?
—Es que… —resopló—. El mundo está lleno de tarados, Levi. Me quería resguardar. Pensaba que si le contaba esas anécdotas así al pasar, podían funcionar como amenaza encubierta. O sea, para que no se burlara de mí en el futuro o algo así.
—Gran estrategia, esa de mentir y hacerte ver como un psicópata en nuestro segundo encuentro. Yo salí de ahí pensando en que cuando estuvieras enojado serías capaz de agarrar mi celular para mandar insultos a mi vieja.
Enrojecido, Eren se cubrió el rostro con las manos y negó fervientemente.
—¡Lo sé, soy un pelotudo! ¡Re exageré! ¡Me sentí avergonzadísimo cuando nos despedimos! Soy un salame*…
—Un poco.
—Gracias por su apoyo.
—De nada.
Levi esperó a que el chico se calmara y volviera los brazos a la mesa antes de insistir. Por suerte, la moza eligió ese momento para llevarles sus bebidas, agua para él y un té helado para el muchacho.
—¿Y entonces? No me dijiste qué parte de esas historias es verdad. ¿O era todo inventado?
—No, bueno… a mi compañero de trabajo lo despidieron, es cierto, pero es porque además de que yo denuncié sus chistes ofensivos, se acostó con la novia del jefe —se encogió de hombros, como para restarle relevancia a la segunda causal—. Y el pibe* del porno… es todo cierto. Menos lo del porno.
—O sea… sí te acostaste con él. Y sí dijo esas groserías sobre vos teniéndote al lado.
Acaso fuera por la escasa luz difuminada del lugar, pero por un instante pareció que los ojos de Eren se habían humedecido.
—Sí. No me acuerdo exacto lo que dijo, fue algo feo, capaz no tal cual como te lo conté, qué sé yo. Pero no me animé a hacer nada. Me hice el dormido y apenas nos despedimos, lo bloqueé de todos lados y no supe más de él. Me hubiera gustado hacerle algo igual, se lo merecía.
—Lo que se merecía era que no te hubieras acostado con él en primer lugar.
—¿¡Y yo qué iba a saber que era un desgraciado!? No puede ser que haya que "hacerse el difícil" solo por las dudas de que el otro sea un hijo de puta, si tengo ganas, tengo ganas y voy de frente. Eso no me hace "fácil", me hace sincero.
—Bueno, bueno, tampoco es que la sinceridad sea tu fuerte, digamos.
—Esto es un caso particular, quería protegerme.
—Claro, haber escondido las fotos y adornos familiares de tu casa cuando te visité fue un acto de supervivencia —murmuró Levi con sorna.
Fueron interrumpidos por la moza, que les sirvió los platos con amabilidad. No eran del tamaño que Levi esperaba, pero no se veían mal.
—Ya me decía Armin que se iba a dar cuenta… —masculló Eren, mientras masticaba el primer bocado.
El otro paró la oreja enseguida. Recordó otras ocasiones en que Eren había hecho referencia a alguien que siempre parecía estar disponible para él… esta era su oportunidad de descubrir quién era esa bendita persona misteriosa.
—¿Quién?
—Un amigo… que me ayudó a limpiar la casa para nuestra cita.
—¿Hubo sesión de limpieza especial y todo?
—Uff, ni se imagina, todo el día limpiando. Y diga que Armin es un pan de dios y me ayudó a pesar de estar en desacuerdo. Si no, no terminaba más.
—O sea que alguien te había advertido que estabas metiendo la pata y seguiste igual.
—¿Tiene que fijarse en lo malo siempre? ¿No me va a felicitar por haber limpiado todo para usted?
—Eso era esperable.
—Pff… no se conforma con nada.
—Y no. ¿Y qué hay de ese amigo?
—¿Qué hay qué?
—¿Es un amigo amigo o… un amigo… "amigo"? —dobló dos dedos de cada mano para representar unas comillas.
—¿Me está preguntando si me cojo a Armin?
—Sí, bueno, no es necesario que lleguen a tanto…
—Cierto que para usted ya intercambiar mensajes equivale a estar comprometidos de por vida…
—No pongas palabras en mi boca, mocoso, nunca dije nada parecido.
—Uy no, solo me preguntó si no se me había ocurrido que nos casaríamos el día que empezamos a chatear.
—¡No fue eso lo que quise decir! ¡Entendés lo que se te canta!
—Así es el mundo, señorito inglés, a ver si se va acostumbrando… la gente tiene derecho a hacer su propia interpretación, no siempre va a prevalecer su punto de vista.
—Mirá las vueltas que das para no contestarme lo de ese amigo tuyo, desgraciado.
—¡Ay, qué pesado, Levi! ¡Es un amigo! ¿Querés que te cuente todo de nosotros? ¿Cuándo nos conocimos? ¿De qué hablamos? ¿El color de sus boxers?
—¿Por qué sabrías el color de sus boxers?
—Porque tengo visión de rayos equis, pelotudo. Los tuyos son negros, por ejemplo.
Levi se alteró tanto que tuvo que tomarse de la mesa.
—¿Cómo sabés eso?
El chico soltó una carcajada tremenda y se agarró el estómago, que debía de dolerle de tanto reír. Era notorio que la moza, no muy lejos de allí, se esforzaba por no sonreír y mantener su mirada al frente. Por su parte, Levi fue poniendo cara de hastío en la medida en que reconocía que la risa era simulada para puro molestarle.
—Lancé un tiro de prueba y acerté… ¡si sos más predecible, vos! ¡En todo este tiempo solo te vi camisas azules, negras y blancas! ¡Ni una remera de entre casa, nada! Era obvio que ibas a usar boxers negros. O eso o slips blancos, pero realmente no quería que fueran slips, me dejé llevar por mis expectativas, lo reconozco…
—Mirá, mocoso irrespetuoso, primero a mí me tratás de usted… y segundo… me visto como adulto, ¿qué querés que haga? No es mi culpa que no hayas superado tu adolescencia gay arcoíris.
—¿Me está diciendo que crecer equivale a volverse aburrido? Qué espantoso prospecto. Y por cierto —murmuró, inclinándose hacia adelante sobre la mesa hasta quedar casi frente a su nariz—, no se haga el señor de buenos modales conmigo… la única razón por la que quiere que lo trate de usted, es porque lo calienta. Admítalo.
—Me tenés que tratar de usted porque… porque soy un señor mayor.
Eren se partía de la risa de nuevo. Levi no sabía dónde meterse. Lo había dicho sin pensar, todavía turbado por la palabra "aburrido" que flotaba en el ambiente.
—Ok, ok, me convenció, se trata de un respeto generacional… jaja.
—Como sea… no seas tan escandaloso. ¿No ves que el personal escucha todo?
—Escuchan todo aunque susurremos, me trajo a un restaurante diminuto y vacío, Levi.
—Ah, ahora resulta que no te gusta el restaurante que elegí.
Metiéndose una cucharada en la boca, Eren negó.
—La comida está rica, no dije que no me gustara, digo que debería haber supuesto que nos iban a escuchar. Pero qué sé yo, aunque nos graben y filtren los audios en Wikileaks, ¿quién carajo va a querer descargarlos? No somos tan importantes, le aviso.
—Te hacés el buenito pero te quejás de mi ropa, me decís aburrido, criticás mi restaurante… no estás sumando puntos.
—¿Y usted qué hace para sumar puntos? Hasta ahora, fueron todas preguntas y críticas hacia mí, pero yo también tengo algunas cosas que plantearle antes de ver si nos reconciliamos.
—¿Ah, sí? —dijo Levi, tratando de ocultar su sorpresa—. A ver, dispará.
—En mi humilde opinión, usted también me mentía.
—¿De qué hablás? —se atajó, cada vez más preocupado pero sosteniendo su cara de piedra.
—Primero, lo del teléfono… hizo malabares imposibles para no darme su número y para justificarse cuando tardaba mucho en contestarme. Yo no me creo lo de que se le cayó al inodoro y no sé qué… dígame, ¿eso era cierto o mi intuición tenía razón?
—No voy a decir que tu intuición tuviera razón, sería alimentar el pensamiento mágico.
—O sea… que no era cierto y me está dando vueltas de nuevo.
Levi chasqueó la lengua, atrapado.
—Tan solo… me abrumabas. Yo necesitaba dejar de hablar unos días y vos ¡me perseguiste y te metiste en mi reunión con mis colegas! No daba que te explicara cómo me sentía… qué sé yo. Sos un poco invasivo.
—Puede ser, está bien, yo le acepto ese defecto de mí, pero usted acepte el suyo. Mintió en eso y capaz que en más cosas. Como cuando decía que "tenía mucho trabajo"… para mí, era chamuyo*. Aparte me dejaba mensajes sin contestar, no escuchaba todos los audios… eso me parecía irrespetuoso la verdad.
—¡Pero mandabas demasiados!
—¡Y me lo hubiera dicho! "Eren, prefiero que me mandes menos audios así los puedo escuchar con más atención". Y listo. Pero se le atravesaba una piedra en la garganta cada vez que tenía que decir cómo se sentía realmente frente a algo.
—Tampoco para tanto.
—Puf, claro que es para tanto, ahora sí que no exagero, ni un poquito.
Juntando un montoncito de arroz con chile en el borde del plato, Levi suspiró.
—A veces… a veces no soy muy expresivo. Estoy acostumbrado a estar solo. Y a que a poca gente le importe cómo me siento, además. Vos te la pasás hablando y me superás, no puedo procesar todo y mucho menos corresponder contándote esa cantidad de cosas mías.
—¿Y por qué no me paró el carro? Tampoco tenía que abrir su corazón, solo decirme que le hinchaba las pelotas que hablara tanto. No digo que me fuera a callar, pero al menos sabría a qué atenerme.
—Es que… —apretó su puño derecho y se quedó contemplándolo—. Tampoco quería que te callaras ni nada parecido. Verte tan entusiasmado, con tantas ganas de compartirme todo era… no estaba mal, digamos. Tan solo… no podía ir al mismo ritmo. No te alcanzaba.
Por la manera en que jugaba con la lengua entre los dientes, con la mirada baja, Eren supuso que Levi todavía tenía algo más que decir y aguardó.
—Me parece que… me daba un poco de miedo.
—¿Mi entusiasmo?
—Sí, qué sé yo. Que parecieras tan… bueno. Tan interesado en mí. Así de la nada. Sin que yo hiciera mérito. Ahora sé que fue por el anuncio, pero antes…
Eren apartó su plato, casi vacío.
—No, no confundamos los tantos. Le escribí por el anuncio pero después lo fui conociendo. Me pareció culto, inteligente… aunque tiene sus arranques brutos también es bastante caballeroso… es atractivo, incluso su hombro, su nuca, esas fotos que me mandaba yo creo que para disuadirme o no sé qué, pero a mí me gustaban, eran originales y usted es muy hermoso, no sé si lo sabe. Me hacía reír… bueno, no lo puedo explicar bien. Pero mi entusiasmo era sincero, hacía cosas que me atraían. Capaz que también era porque se mostraba inaccesible y yo pensaba… bueno, esta no es una persona cualquiera, no sale todos los días con el primer fulano con que se cruza, es profunda y tiene algo que proteger… no sé, todo eso me atraía. Ahora siento que todo lo que digo suena estúpido.
Contando con que la oscuridad del lugar disimulara el rubor que acababa de subirle al rostro, Levi forzó una voz burlona.
—Sí, un poco estúpido suena.
—Ya hizo ese chiste hoy, no sea tonto —se quejó Eren, haciendo un puchero.
Durante unos segundos, jugaron con los cubiertos sobre el mantel.
—Está bien… —murmuró Levi.
—¿Está bien, qué?
—No voy a dejarte los audios sin escuchar. O si lo hago, te aviso. Voy a ser más sincero, aunque eso implique tener que admitir que no puedo manejar algunas cosas.
Eren sonrió, triunfal.
—Esa es una gran frase, apuesto a que logré más que cualquier terapeuta.
—Nada que ver… nunca hice terapia.
—Mal por usted. Bueno. Yo también voy a ser sincero de ahora en más. Le pido disculpas por mis exageraciones y todo eso. Y trataré de no llenarlo de audios y mensajes, al tercero que no contesta, paro.
—Suena bien. ¿Y la condición que te puse el otro día?
—¿Qué, la de llegar vírgenes al matrimonio? —bromeó el chico.
—Y subir al altar de blanco. ¿Te vas a poner un vestido para mí?
—Cállese, pervertido… como sea. ¿En serio quiere estar sin sexo?
—Sí, me parece que nos puede servir. Aparte, con las malas experiencias que tuviste, deberías ser vos el que lo propusiera.
—Tuve experiencias malas y experiencias buenas, yo no pienso renunciar a coger por culpa de unos tarados que tuve la mala suerte de cruzarme.
—Ok, ok… entonces, ¿podés renunciar por este tarado? —se señaló a sí mismo y esbozó una especie de sonrisa.
Eren suspiró.
—Si no queda otra.
Con la mano levantada, Levi hizo la seña para que le trajeran la cuenta.
—Ah, espere, espere —agregó el muchacho, apresurado—. Tengo una pregunta más, una muy importante.
—Te escucho.
—No está casado, ¿no?
Levi casi escupe el último sorbo de agua de su vaso.
—¿Qué? ¿Cómo voy a estar casado?
—Sí, por ejemplo, no sé, esa Hange, la amiga con la que pasa taaanto tiempo…
—Ya tuvimos esta conversación, Eren —pensó "hasta cuando no le hablo esa cuatro ojos me trae problemas", pero no hizo ninguna referencia a su pelea—. Te dije que soy gay, no me van las minas.
—Bueno, pero tal vez esté casado con un hombre.
—Mirá, si estuviera casado, ahora mismo estaría cenando muy feliz con mi esposo en lugar de estar acá tratando de descifrar a un mocoso, ¿no te parece?
Eren sonrió, más tranquilo.
—Que me dé esa respuesta quiere decir que ni siquiera tuvo relaciones muy largas, ¿a que no? Sino, sabría perfectamente que después de un tiempo toda la gente casada empieza a tener horas libres para salir con terceros. El matrimonio es casi un negocio, el amor puede ir por cualquier otro lado.
—No sé con qué casados te andarás juntando vos para tener esa idea…
Se callaron de inmediato cuando la moza se acercó con la cuenta. Antes de que Eren pudiera sacar la billetera, Levi le dio su tarjeta a la mujer.
—Creí que íbamos mitad y mitad, no hubiera pedido un plato tan caro sino…
—Todo bien, Eren. No soy rico, pero puedo invitar a mi chico a cenar de vez en cuando, che. Además, puedo usar la tarjeta de crédito de mi esposo, que para eso lo tengo según vos, ¿no?
Por la cara del muchacho podía notarse su mezcla de sentimientos: una carcajada por su mal chiste y un leve rubor por la subrepticia declaración. Le quedaba bien esa expresión, potenciaba su natural luminosidad. Levi se sorprendió a sí mismo sintiéndose satisfecho de sus pequeñas acciones el día de hoy.
Notas de Autora: ¡Logré cumplir con la fecha! ¡Uff! La verdad no lo releí después de la última corrección, ya no doy más xD El siguiente sábado que nos tocaría es el 6 de octubre, pero ese día tengo un compromiso (nos reunimos con mi hermano a festejar nuestros mutuos cumpleaños, que son a lo largo de septiembre) así que incluso en el hipotético caso de que llegara a escribir el capítulo, no creo que logre subirlo. Si puedo, lo dejamos para el domingo 7 y sino para el sábado 13, ¿está bien? Bueno, ahora que parece que nuestros dos tórtolos se decidieron al fin a tener algo… ¿qué creen que nos depare el futuro? ¿De qué piensan que tratarán los próximos capítulos? ¿Qué nos queda por resolver? Uff, pues muchas cosas, jaja. A ver qué se les ocurre. Les dejo un enorme abrazo y ¡un GRACIAS infinito por su apoyo!
Glosario:
* moza: mesera o camarera. Es la persona que atiende las mesas, sobre todo en un restaurant aunque creo que a veces también se usa la expresión en bares y otros espacios.
* chabón: manera muy vulgar de decir muchacho, hombre, tipo.
* piña: puñetazo. Se le dice "agarrarse a las piñas" a pelearse con alguien. También usamos "irse a la manos" y "cagarse a palos".
* salame: forma suave de decir "tonto".
* pibe: manera vulgar de decir muchacho, joven. Un pibe siempre es alguien más joven que la persona que así lo nombra, al menos que los dos sean muy jóvenes.
* chamuyo: mentira, cuento, invento. También le decimos "hacer el verso".
