Sí, lo sentimos, esta vez nos hemos pasado con la tardanza, pero bueno aquí lo tenéis. Queremos avisar que sólo queda un capítulo o dos como mucho, depende de cómo se alargue el final que tenemos pensado. Muchas muchas gracias por vuestra paciencia y esperamos que disfrutéis de esto :)


Capítulo 28. Un paso más cerca

Unas horas después, Regina estaba sentada junto a ella, no dejaba de mirarla mientras sujetaba su mano y entonces vio cómo por fin abría sus ojos.

–Ey…- hablando bajito e intentando poner buena cara para que no se asustase.

-Regina… ¿qué pasó? ¿Qué… qué estoy haciendo aquí?- estaba confundida por todos los sedantes, sólo notaba que le dolía cada parte de su cuerpo.

-No sé qué ha ocurrido, pero te vas a poner bien… ¿te duele mucho? ¿Quieres que llamemos para que te suban la medicación?- acarició su mejilla con cuidado.

-Me duele todo…- intentó moverse pero no pudo -¿Tuve un accidente con el auto?-

-No… según parece alguien te dio una paliza- Regina contuvo sus lágrimas sin poder creer todavía quién tendría motivos para hacerle aquello.

Emma la miró confundida, pero empezó a recordar a esos dos hombres.

–Sí… me golpearon… cuando salí del club… no sé porque lo hicieron Regina- la miró fijamente asustada.

La morena apretó su mano.

–No te preocupes, vamos a descubrirlo, vamos a coger a esos idiotas, la policía se va a hacer cargo- tomó aire –Dios… me diste un susto de muerte- una lágrima atravesó su rostro.

-Querían matarme Regina, es obvio- sus ojos también se llenaron de lágrimas.

-Sea lo que sea vamos a averiguarlo y te prometo que no voy a dejar que te pase nada-

-Gracias…-

Llamaron a la enfermera, le dolía mucho todo y le subieron la dosis de los calmantes, eso hizo que se volviera a dormir. Era casi de noche, Regina había pasado prácticamente todo el día ahí, así que decidió aprovechar que estaba dormida para pasar un rato por su casa, se cambiaría, vería a Henry y le explicaría a Max que no podría quedarse en casa a dormir esa noche, quería hacerle compañía a Emma. Le daba igual que sonara sospechoso que quisiera estar en el hospital con la niñera, pero cuando le contó lo sucedido, su esposo se empezó a poner muy nervioso.

-Pero… ¿está viva?-

-Sí…- Regina no podía comprender su reacción. El hombre parecía preocupado pero no particularmente por lo delicada que estaba Emma, parecía que había algo más.

-Pero…- empezó a caminar de un lado a otro llevando una mano a su mentón, señal de que estaba muy nervioso.

-¿Pasa algo?- preguntó la morena haciéndose la tonta.

-No, nada, vete, está bien- dijo Max haciendo un gesto con la mano para que su mujer abandonara la sala. Tenía que hacer llamadas y enterarse de qué había ocurrido, ¿por qué seguía viva cuando había ordenado su muerte? A esos dos hombres que había contratado probablemente les iría mucho peor que a la pelirroja por haber fallado en una tarea tan importante.

Regina salió y se quedó parada en el pasillo, no estaba segura de lo que acababa de pasar, su marido se había tomado la noticia de que estaba viva como una decepción. La cabeza le daba vueltas sin parar, empezó a pensar que había una posibilidad de que Max hubiera tenido algo que ver con el ataque a Emma. Quizás se había enterado de su relación y quería matarla. No podía creer que eso de verdad estuviera ocurriendo. Decidió que pensaría en aquello al día siguiente, no debía sacar conclusiones apresuradas, lo importante en ese momento era que tenía que volver junto a la pelirroja aunque se sentía peor que nunca imaginando que quizás todo había sido culpa suya.

La noche en el hospital se hizo eterna, ayudó a Emma a comer algo de cena y luego la obligó a cerrar los ojos para que descansara. La stripper se sentía muy alerta, tenía miedo de que alguien se apareciera en la noche para matarla, y cada vez que se dormía despertaba bañada en sudor por las horribles pesadillas que tenía.

Por suerte se durmió enseguida y bastante tranquila ante la atenta mirada de Regina, pero para la morena no fue tan fácil. No dejaba de darle vueltas a la idea de haber podido perdido a la mujer que amaba y lo que era peor, saber que todavía podría haber alguien allí afuera queriendo hacerle daño.

Al día siguiente fue a casa temprano para ver a Henry, Max le dijo que pasaría el día trabajando pero a ella poco le importaba. Después de dejar a su hijo en la escuela y de darse una ducha volvió al hospital, estaba caminando por el pasillo cuando le pareció ver a su esposo salir de la habitación de Emma. Sorprendida corrió hacia allí con temor de que hubiera hecho algo. Entró jadeando pero se encontró a la pelirroja durmiendo tranquilamente y a una enfermera con ella.

-¿Pasa algo señora?- preguntó la enfermera.

-¿Había… había un hombre aquí? Moreno, alto, con traje- Regina hablaba atolondrada y gesticulando con sus manos.

-Sí, sí, acaba de irse, entró, me preguntó si la paciente estaba fuera de peligro y se fue. Todo muy raro la verdad. Le dije que si no era familiar no podía quedarse-

Regina se pasó las manos por el pelo, su teoría ya no parecía tan loca, ¿habría ido Max a terminar su trabajo? El sólo hecho de pensarlo le ponía los pelos de punta. Tenía que saber la verdad antes de que fuera tarde. Se aseguró de darle indicaciones a la enfermera para que estuviera pendiente de Emma y de que no entrara ninguna visita, ya no se fiaba de nadie y después fue a casa.

Entró al despacho de Max y se sentó frente al ordenador, si había algo importante seguro lo tenía ahí. El problema es que estaba protegido con contraseña, probó unas cuentas sin éxito hasta que se le ocurrió meter el nombre de su difunta esposa. Era correcto. Empezó a buscar en las distintas carpetas hasta que encontró una que se llamaba "E.S", la abrió y encontró mucha información sobre Emma, cosas de su infancia, de sus padres y hasta lo del niño en adopción que ella sabía. No podía dar crédito a esto, Max la había estado espiando, pero cuando pensaba que no podía sorprenderse más vio una foto de Henry junto a un certificado de adopción. El corazón le empezó a latir muy rápido y tuvo que releerlo varias veces hasta por fin darse cuenta de lo que pasaba. ¡Max y su ex esposa habían adoptado al bebé de Emma!

Regina se quedó unos segundos con la mirada perdida, y comenzó a atar cabos. Ahora todo tenía sentido, Max había descubierto que la pelirroja era la madre de Henry y seguramente pensaba que ella lo sabía y que había entrado a trabajar como niñera para robarle a su hijo. Y había mandado a alguien para matarla. La morena tapó su rostro con ambas manos e intentó recomponerse. Apagó el ordenador y fue al hospital sin saber cómo iba a contarle a Emma que se acababa de convertir en madre.


Emma seguía sin poder moverse, su brazo derecho tenía fractura y en el otro tenía una venda por haberse raspado contra la calle. Eso no era ni la mitad de las heridas que había sufrido, pero de a poco iba mejorando. Las enfermeras la habían ayudado a incorporarse un poco para poder comer, aunque sentía dolor hasta cuando tragaba.

Ya había llegado al postre luego de comer muy lento, era una gelatina horrible, cuando vio a Regina asomarse por la puerta. La pelirroja sonrío, aunque la notaba rara.

Regina estaba algo pálida pero intentó sonreír para disimular.

-Hola, ¿Qué tal estás? Te veo mejor-

La pelirroja la miraba atentamente.

-Me están dejando comer, así que supongo que estoy mejorando- hizo una pausa, era obvio que había algo mal –Tú no te ves muy bien… ¿pasa algo?- Emma no podía evitar comenzar a preocuparse.

Regina se acercó a la cama muy seria y se sentó en un costado.

-Emma… sé quién te hizo esto- tomó aire –Fue Max-

La stripper casi se atraganta al escucharla y dejó la bandeja de comida a un lado.

-¿Max? ¿Se ha enterado de lo nuestro?- no entendía qué motivo podría tener, aunque si lo pensaba bien, que la mujer de un político saliera con una stripper no tenía nada de divertido.

-No…- hizo una pausa intentando buscar las palabras adecuadas, tomó la mano de Emma entre las suyas –En realidad… es una buena noticia, pero, no sé… cómo vas a tomártelo-

-¿Una buena noticia? ¿Que haya mandado a alguien que me mate es bueno? No entiendo Regina…-

La morena la miró fijamente.

–No es eso… es sobre el niño que diste en adopción hace tiempo- Regina podía ver la cara de confusión de la otra mujer y sonrió un poco –Emma… Henry, es tu hijo-

La cara de la pelirroja no se movía, estaba en shock. No podía asimilar lo que estaba escuchando, nunca había creído en las coincidencias pero tenía que admitir que en ese caso el destino había estado jugando con ambas.

-¿Henry? ¿Mi hijo? ¿Cómo… cómo es posible?-

-Max lo adoptó y nunca me dijo nada, por eso se puso loco cuando yo pensaba que estaba embarazada, probablemente sea estéril o algo así- hablaba muy rápido debido a la emoción, sus ojos a punto de desbordar de lágrimas de alegría y una pizca de miedo –Y el destino ha querido que tú te encuentres con él-

Emma sonreía mientras comprendía lo que estaba ocurriendo, tenía sentido, todos los parecidos con el niño, la gran conexión que ambos habían sentido al conocerse, y lo mucho que disfrutaba pasando tiempo con él, como si no fuera un niño cualquiera.

La emoción se apoderó de ella haciendo que llorase también

–Dios, no puedo creerlo- abrazó a la morena con cuidado de no lastimarse. Pero entonces algo la hizo volver a la realidad y la miró fijamente -¿Por eso me quiere matar? Porque no quería que apareciera la madre de un niño que supuestamente no era adoptado, ¿cierto?-

Regina asintió, lamentablemente esa era la realidad. Max no era lo suficiente hombre para querer a un niño adoptado y mucho menos para aceptarlo como tal ante la sociedad.

–Sí… pero lo he estado pensando y creo que esto nos puede servir Emma, lo podemos usar en su contra, es intento de asesinato, podríamos librarnos de él metiéndolo en prisión. Sólo necesitamos encontrar alguna prueba y estoy segura de que el juez se podría poner de nuestra parte- sonrió sintiendo un poco de esperanza luego de tanto tiempo.

La pelirroja se alegró ante tal idea, no sólo Henry era su hijo sino que tenían la posibilidad de formar una familia los tres juntos.

–Tenemos que hacerlo con cuidado… sin que él sepa que ya lo sabes, sino puede intentar algo contigo también-

-Sí, te prometo que haré todo lo que pueda- se acercó a ella besando sus labios con cuidado. Mil emociones la recorrían, aunque el miedo siempre estaba presente, más aún cuando sabía que tendría que enfrentarse a una persona como Max –Estoy muy feliz de que seas la madre de mi hijo Emma-

-Yo también estoy muy feliz, aunque…- la pelirroja hizo una pausa y bajó la mirada. Había tristeza en su rostro, que Henry fuera su hijo no le garantizaba que él la reconocería como tal. Ella lo había dado en adopción, lo había abandonado y lo peor de todo es que no le tocó la familia que ella hubiera querido, sino fuera por Regina se sentiría la peor persona del mundo -Espero que pueda perdonarme por abandonarlo y no hacerme cargo de él-

-Emma… no te preocupes de eso. Sabes que sí va a perdonarte, lo conoces, te quiere. En realidad, ya eres como su madre- tomó su mano entre las suyas acariciándola aunque por dentro rogaba que Henry fuera comprensivo con la pelirroja, pero nunca se sabía -¿Cuándo quieres contárselo?-

-No lo sé… ¿tú crees que sería conveniente traerlo al hospital? Sino podemos hacerlo luego, me muero por decírselo, pero puedo esperar a que me den el alta-

-Vale, tampoco hay prisa, ahora estamos más cerca que nunca de conseguirlo- Regina no podía dejar de sonreír de sólo imaginarlo.

-No puedo creer que haya encontrado a mi hijo, todo este tiempo lo tuve tan cerca… Dios ¡quiero verlo! ¿Sabes cuánto tiempo más me tendrán aquí?-

Regina salió a buscar al médico. Emma tenía heridas serias pero si se mantenía haciendo reposo, yendo de la cama al baño, podría estar sin problemas en su casa.

-Me dijo que si podías levantarte y caminar, mañana podrás irte. Por supuesto que va a dolerte todo, así que voy a cuidarte lo más que pueda ¿sí?-

-Yo sé que sí… tengo un traje de enfermera por si lo necesitas- la pelirroja le guiñó un ojo divertida.

-¡Emma!- la morena negó con la cabeza –Siglos faltarán para que podamos hacer algo, siglos-

-Bueno, pero podrías alegrarme la vista-

Estuvieron un rato más juntas, pero Regina sabía que tenía cosas que hacer si quería hundir a su marido. Le daba asco siquiera pensar en que estaba casada con una persona así, tan miserable que no podía quererse ni a sí mismo. Tuvo que cenar con Henry y él, lo disimuló muy bien, aunque nunca había sentido tanto odio, hacía fuerza para que la ira que la estaba consumiendo no se desbordara e hiciera algo que pudiera jugarle en contra.

A la mañana siguiente fue a buscar a Emma para llevarla a su casa, las enfermeras la noche anterior la habían ayudado a caminar un poco así que el médico no dudó en dejarla marcharse.

Regina aparcó su coche frente al edificio donde vivía la pelirroja.

-Henry está deseoso de verte, sólo has estado dos días fuera y te echa de menos-

-Yo también lo extraño mucho…-

La morena dio la vuelta para ayudarla a bajar.

-Dios, me duele cada parte de mi cuerpo, ¿crees que seré capaz de moverme por mí misma en algún momento?- Emma bromeaba.

-Tendrías que haberte visto hace dos días… has mejorado mucho- la ayudó a entrar a la casa y la llevó directo a la cama –En nada iré a buscar a Henry a la escuela… ¿ya sabes que vas a decirle?-

-La verdad que no estoy muy segura… estoy algo asustada, no quiero mentirle pero es pequeño para saber toda la verdad. Él no puede saber a lo que me dedico, bueno, dedicaba. Dudo que alguien me contrate después de todo esto-

-No te preocupes por eso Emma, volverás a ser la de antes y no tendrás que trabajar más de eso porque estaremos los tres juntos, ya verás-

Tomaron un té juntas y luego Regina fue a buscar al niño al colegio. También se sentía nerviosa, aunque creía que Henry lo tomaría bien, pero quizás sería algo shockeante para él.

Cuando Henry se dio cuenta que su madre se estaba metiendo en un barrio desconocido se puso alerta.

-¿A dónde vamos?-

-Vamos a ver a Emma, tuvo un accidente y está en su casa descansando…-

Cuando entraron al departamento Regina le indicó dónde estaba el cuarto de la pelirroja, el niño corrió y se quedó con los ojos abiertos al verla en ese estado.

-¿Qué te ha pasado Emma?-

Obviamente Emma no pensaba decirle que su padre había sido el que casi la mata, así que prefirió mentirle.

-Tuve un accidente con mi auto, pero no pudo conmigo- sonrío y el niño se sentó a su lado –Tengo que hablar contigo…-

-¿Por qué? ¿Pasa algo? ¿Ya no vas a ser mi niñera?-

-No lo creo pero no te preocupes por eso- Emma tomó aire, había llegado el momento, y quizás todo lo que había pensado decirle se había esfumado de su cabeza.

-Mira, hay muchas cosas que no sabes de mí, y cuando te cuente todo esto quiero que seas sincero conmigo, ¿sí? Que me digas lo que sientes porque en serio puedo soportarlo-

Henry estaba confuso, pero de todas formas asintió.

-Bueno, cuando yo era joven, hace unos 9 años, tenía un novio, y éramos muy felices. Un día tuve la sorpresa de enterarme que estaba embarazada- Emma gesticulaba –La verdad es que me alegré mucho, y él también- sonrió al recordar aquel día –Pero a veces las cosas no salen como uno espera… mi madre enfermó gravemente y mi novio… bueno tuvo un accidente que le costó la vida –tomó la mano del niño- Me había quedado sola Henry, no tenía a nade más que a ese bebé, y tampoco un trabajo ni nada. Entonces tuve que tomar una decisión…-

-¿Dónde está tu hijo?-

-Bueno, lo di en adopción, aunque puedo jurarte que quería quedarme con él, pero no iba a poder darle una buena vida…- se le llenaron los ojos de lágrimas, recordar su llanto y el momento en que se lo llevaron era de los recuerdos más tristes que tenía -¿Lo entiendes?-

-Sí, claro que lo entiendo Emma- Henry se mostraba comprensivo, aunque no entendía porque le estaba contando todo eso.

-Henry, ese bebé que di en adopción hace 9 años… eres tú-

El niño se quedó totalmente inexpresivo, aunque dentro suyo nada tenía sentido, como si lo que Emma estaba diciendo no fuera cierto. No entendía porque no sabía que era adoptado.

-Pero… pero mi mamá murió hace unos años-

-Sí, lo sé… pero ella y tu padre te adoptaron. No sé porque te lo ocultaron siempre, pero es la verdad. En serio lo siento mucho Henry…-

El niño ladeó su cabeza intentando acomodar sus pensamientos, era demasiada información junta para un niño de 8 años.

-¿Por eso no me parezco en nada a ellos? ¿Porque no son mis verdaderos padres?-

La pelirroja asintió.

-¿Y por eso a los dos nos gusta la pizza de peperoni?-

El comentario de Henry le sacó una carcajada a Emma.

-Bueno sí, supongo… yo estoy tan sorprendida como tú, me acabo de enterar de todo esto. Siempre pensé que nunca te encontraría…-

El niño se quedó callado por un momento. Emma sufrió esos segundos, no sabía que le diría, quizás no la perdonaría o no querría verla más y eso la destrozaría.

-¿Si te abrazo te va a doler?-