Capítulo 28:Humillación

La luz apagada, una penumbra total. Sombras, sombras eran las que prollectaban su corazón en esos momentos tan lamentosos. Su mentón rozaba sus rodillas fleccionadas y húmedas. Una corriente helada recorría su alrededor, como si la ventana estubiera abierta y tragera un viento de tormenta, pero no había ninguna ventana abierta, era la simple el aura a su alrededor.

Se había lamentado tanto que ya no tenía lágrimas para llorar o pensamientos para comprender el por qué de la agobiante situación por la que pasaba. El destino le había jugado una pasada que no podía soportar.

—¿Sigues llorando?

No se había percatado de otra prescencia en la oscura habitación ¿En qué momento aquel ángel de ojos dorados había llegado? Hacía solo unas horas que se habían despedido. Él la había acompañado hasta su casa, todo el trayecto la habían pasado en silencio, con lo único audible en la calle, levemente iluminada por los faroles de luz, eran sus pisadas, luego de eso se habían despedido sin decir nada. Pero ahora, en esos momento, Sesshomaru volvía a estar presente, sentado en una de las esquinas de la cama dándole la espalda... tal vez se había preguntado como se encontraba a altas horas de la noche, imaginando la situación en la que estaba.

—...Aquel sujeto que se hace llamar mi hermano es un idiota... —repuso en voz baja.— Rin acaba de salir de aquella casa hace como dos horas, ahora ya esta durmiendo.

Kagome agachó la mirada sin responder nada. No iba a comentar nada a favor o en contra de Inuyasha, ya no valía la pena, o si es que la valía, ya no quería ni pensarlo.

—...Se que esta mal que te lo diga, pero no deberías seguir sufriendo por él, no vale la pena.

—¿Acaso...? ¿Pasó algo cuando me fuí?¿Por eso me lo dices?— preguntó apenas, sin ánimos, sin vida.

Pareció dar en lo cierto, pues el ángel no le respondió, se quedo notoriamente callado con la vista clabada en un punto alejado de ella, tal vez muy alejado. Le hubiera dicho que con aquel silencio ya lo entendía, pero prefería escuchar su respuesta.

—No es nada.— se limitó a responder.— Lo que importa ahora es que duermas de una vez, tanto tiempo en vela te hará mal.

Kagome negó con la cabeza, luego bostezó de una forma prolongada demostrando lo contrario. El ángel la contempló con recelo por unos segundos, acto seguido tomó la colcha que estaba a un lado de la cama y rodeó a la chica con ella.

—Duerme.

—P-pero... —comenzó a quejarse, volvió a bostezar.

Sesshomaru volvió a examinarla con aquellos ojos frios y calculadores. Ella pudo leer la preocupación en ellos a pesar de todo, un sentimiento raro en él, al menos, que no solía demostrar... ¿O si?¿Algun vez se había preocupado a un grado máximo por alguien? Aquella duda comenzó a crecer en su interior lentamente.

Pero el sueño era aún más poderoso que ella, ahora el frío se había desvanecido casi, apenas podía sentirlo, todo gracias a aquel hombre frente a ella que fingía descinterés, pero estaba segura de que sentía todo lo contrario.

Cerró los ojos apenas, poco a poco se encontraba más en el sueño que en la realidad siquiera. Pasados unos pocos segundos en los cuales podía sentirse flotando en la nada, un cuerpo más grande y robusto se situó a su lado y, por inercia, ella recostó su cabeza en su hombro, casi sin darse cuenta.

Hubo un suspiro que la atrajo a la realidad. Abrió los ojos del todo y se separó rápidamente de Sesshomaru como si se hubiese quemado. Lo contempló asustada, como si hubiese cometido una irremediable falta (una más), pero él solo volvió a desviar la mirada hacia otro lado, demostrándole que no había por qué disculparse.

Otros eternos segundos de silencio transcurrieron como si fueran horas, que fue interrumpido por la voz de Sesshomaru.

—Solo dime lo que puede hacerte felíz.

—¿He?— preguntó sin entender el origen de la pregunta.

—Lo que deseas, cualquier cosa. No quiero verte con esa cara.

Arqueó las cejas sin comprender totalmente. Algo que deseara... ¿A qué venía esa pregunta? Decidió hacerle caso y pensar en algo rápido.

Lo primero que se cruzó por su mente fue la imagen de Inuyasha a su lado, pero no podía desear volver con él aunque en esos momentos fuera su mayor anhelo. Volvió a cambiar la imagen, esta vez, los recuerdos de cómo él le gritaba lo que la estremeció pero soportó la sensación desesperada de caér otra vez en aquel pozo infinito de agonía. Por ultimo, la imagen de Bankotsu se hizo presente en su mente... aquel que descansaba preso en su corazón... ¿Lo que deseaba? Pues tal vez sería separarse de él para siempre, estar juntos le había traído muchos problemas y por el cual pasaba en ese momento era el peór de todos... ¿Pero que pedir relacionado con eso?

—M-mi deceo sería desacerme de Bankotsu... pero eso es imposible.— objetó volviendo a cerrar los ojos, agotada, antes de quedar completamente vencida por el sueño.

Sesshomaru volvió los ojos a ella, contemplándola intensamente, ya estaba dormida, el sueño la había vencido completamente. Estaba sufriendo, y tal vez, la mayoría de ese sufrimiento era en vano...

—Pero... si hay una forma...— susurró para sí, meditando el anteriór comentario de Kagome.

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—Kag... —Sango se sentó a su lado, en el banco del parque de recreación, con una expreción de profundo dolor.— ...Olvídalo... ya es el momento de que lo hagas.

Su amiga poco a poco había comenzado a ser la misma chica de antes, fría, sin ningún sentimiento expresado en su cara más que un gran dolor... sin ganas de seguir viviendo siquiera... ¿Cómo es que una persona podía entrar en tanta depreción solo por haber terminado una relación? ¿Será que tanto lo amaba?

Kagome no respodió absolutamente nada, sino que agachó la mirada intentando retener las ganas de llorar. Desde que había puesto un pié en el instituto esa tarde, había sufrido millones de miradas curiosas y chismosas de todos. Ni siquiera Sango ni Rin sabían a siencia cierta porqué ella e Inuyasha habían terminado, tal vez pensaban que era muy doloroso para ella hablar sobre eso, y es que lo era. Aunque de lo que si estaban seguras, era de que Kikyo algun papel sospechozo debía tener en el medio ya que ahora actuaba como su "remplazo"; Si, corrían los rumores de que ahora Inuyasha salía con Kikyo.

—¡Pero no lo comprendo!— se escandalizó la de cabello rebelde y en punta, Rin.— ¿¡Kikyo!?¡Mira que caer tan bajo...! Debes hacerlo, Kag, haz lo mismo que él, olvídalo todo de una buena vez.

Kagome sonrió apenas.

—Pero es que no puedo... Inuyasha... a pesar de todo... a pesar de haber ocurrido lo que ocurrió... y haber terminado, yo lo sigo amando, nada ba a cambiarlo. Ni siquiera que me halla olvidado. Si él es feliz aún sin estar conmigo, yo lo voy a entender.

—Que estúpida que eres Higurashi...

El trío no necesito alzar la mirada para adivinar de quién se trataba la nueva integrante a su conversación. Allí estaba otra vez Kikyo intentando, seguramente, refregarle a Kagome en la cara lo contentos que estaban ella e Inuyasha juntos ahora...

La chica de ojos café agachó la cabeza para no mirarla, no tenía nisiquiera fuerza ni voluntad para enfrentarla.

—¿No te decía yo que mi querido Inuyasha terminaría conmigo? Eres una estúpida en seguir pretendiendo fantasear con MI NOVIO ¿Por qué no lo entiendes?¿Por qué no renuncias a él y aceptas tu derrota?— Kikyo suspiró y luego exibió una sonrisa ganadora.— No te haces una idea de lo bien que lo pasamos el Sábado cuando te fuiste de la casa... Inuyasha hasta parecía eufórico de desacerte de ti ¿No es estupendo? Hasta creo que hasta ahora, es el mejor que me ha besado en toda mi vida... y me ha hecho el amor...

El labio inferiór de Kagome comenzó a temblar ligeramente del shock. Se lo mordió para que nadie lo notara, pero era mucho mas fuerte que ella, cada palabra que Kikyo pronunciaba era una suma más a su dolor y al encogimiento de su estómago y su corazón. Se cubrió la cara con ambas manos, horrorizada, al oir sus últimas dos palabras. Ya no era capás de soportar aquel dolor y aquella humillación; Si hubiese sido capás de desaparecer bajo la tierra, lo hubiese hecho. Además ¿Kikyo... había... estado con Inuyasha... realmente?

Cuando Rin y Sango se recuperaron del grito horrorizado que profirieron (pasados unos cuantos segundos), se pusieron de pie y comenzaron a defenderla, pero no se detuvo a prestar atención en lo que decían. Una vez que Kikyo se marchó sonriente y ellas volvieron a quedar solas en aquel banco bajo los abedules, se sentaron a su lado otra vez y la abrasaron para contenerla.

—No creeras en todo lo que aquella vívora te decía¡Es DES-CA-BE-LLADO!— se escandalizó Rin.— Mira que... "hacerlo" en la misma noche que se ponen de novios...

—Además, Inuyasha no es de ese tipo de hombres. —objetó Sango recordando bagamente a su nuevo novio.— Nunca lo ha hecho contigo, y eso que te conoce de toda la vida.

Kagome no despegó la cara de sus palmas, ahora recordaba los extraños "sonidos" que provebían de la habitación de Inuyasha aquella noche, pero, no había sucedido nada... ¿Pero si solo había interrumpido su "comienzo"? Negó con violencia, de tan solo imaginárselos... se le partía el corazón.

—Otra cosa.— repuso Rin.— Inuyasha no mostró ni una sonrisa chiquita en toda la noche... a lo mejor, si te extraña, tanto como tu a él.

—Lo dudo... — se autocastigo Kagome sin separar sus manos de su cara.

—Deja de lamentarte Kag... nos pone tristes también verte así... —comentó Sango.

—P-pero... él me dijo que me odiaba... que no quería volver a verme...

—¿Y si lo dijo sin pensar?— objetó Rin.

—No lo creo.

—Bueno... pero piensa que ya encontraras a otro.— Sango sonrió un poco.— Ya sabes como es esto de las relaciones románticas...

—Ya lo dije hace mucho.— Repuso Kagome cortante.— NO habrá nunca otro.

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—Inuyasha... piénsalo mejor... ¿Pero tan malo fue el error de la señorita Kagome?— preguntó su amigo, el de ojos azul oscuro.

—Feh! Ni me la menciones.

El joven se cruzó de brazos con aire petulante y subió ambos piés al respaldo del banco que tenía enfrente. No necesitaba consejos ni ruegos de nadie con los fines de que volviera arrodillado a Kagome pidiéndole perdón de álgo, pero, pensándolo ceriamente, el no tenia por qué pedir perdón de nada: ELLA había cometido el error, como mucho, si de algo debía aceptar, le había gritado y la había hechado de su casa, solo eso. Un delito mucho menor.

—Bueno, entonces... ¿¡Por qué demonios estas con Kikyo ahora!?

Inuyasha entornó los ojos y fulminó a su amigo con ellos. Miroku parpadeó asustado por esa mirada tan penetrante que resivía en aquellos momentos.

—Sango te mando a hacerme este cuestionario ¿Verdad?— preguntó con suspicacia.

Miroku sonrió con culpabilidad, lo había pescado.

—Bueno, si, lo acepto. Pero Sanguito me hizo esas preguntas y como yo no sabía que responderle, por eso te lo pregunto a ti.

—Veo que tu noviecita y tu se llevan perfectamente bien... —gruñó por lo bajo mientras contemplaba el techo.— Te doy un consejo de amigos, Miroku, Sango es la mejor amiga de "ella"; y estoy completamente seguro de que si sigues saliendo con ella, te pasará lo mismo que a mí: Te ocultará cosas que son enscensiales que lo sepas, pero se las dirá a otro que no tiene nada que pintar en su relación.— Su seño se frunció recordando la escena de la fiesta, él no estaba enterado de nada de lo que le sucedía a Kagome. En cambio, el desagradable de su medio hermano estaba al tanto de todo lo que pasaba con ella... era su confidente por lo que se veía...

Su amigo se mantuvo pensativo por unos segundos, repasando lentamente sus palabras, aunque no muy convencido de lo que le decía, el confiaba en su Sanguito, ella nunca lo traicionaría.

—Yo confío en ella.

—Yo también confiaba hasta que paso. —Inuyasha bufó y se sentó normalmente con las manos entrelazadas sobre la mesa del pupitre.— Por eso te digo; no confies tanto, no se puede confiar en la gente.

—¿Y que opinan tus padres de esto?

—Feh.— miró hacia otro lado, no iba a contestarle, no le incumbía.

Realmente, sus padres tampoco estaban de acuerdo con la decisión que él había tomado... ¿Pero que importaba? Nunca le había importado la decisión agena.

Definitivamente, ella no me agrada.— El hombre de ojos dorados y cabello castaño claro se paceó por la sala a grandes zancadas, como un león enjaulado.— No es para ti, Inuyasha.

¿Y tú que sabes lo que es para mí?— se defendió su hijo desabotonándose los primeros botones de su camisa, agobiando el calor del lugar.

La fiesta acababa de terminar y todos ya se habían ido. Sus padres habían presenciado casi el final de la fiesta, guiados por el rumor de que ahora su hijo tenía una nueva novia presente allí, decididos a conocerla, aunque por las caras que pusieron al verla, le dieron a entender que no estaban conformes en absoluto.

¿Qué estas ciego?— preguntó clavando sus ojos dorados, un poco más opacos que los de su hijo por la edad.— ¡Esa chica es una cualquiera!¿Qué no viste su atuendo?No tiene clase siquiera... solo te quiere para aprovecharse de ti.

Inuyasha frunció el seño y se dejó caer en uno de los sillones. Su madre lo contemplaba con suma preocupación a un lado de la purta. Su cabello largo y negro rozaba el suelo, aunque era cedozo y brillante, hermoso.

¿Y que pasó con Kagome? Aquella niña era muy inocente, hasta parecía sacar lo mejor de ti, mírate ahora, estas completamente malumorado... Kagome parecía un ángel...

Feh! Pues de ángel no tenía absolutamente nada, madre.— la contradijo en un tono un poco más respetuoso que con el tono que le hablaba a su padre.

Entiendo que se hallan peleado, eso es normal en toda relación... pero... tampoco hay que tomarselo todo tan a pecho...—Izayoi se acuclilló hasta estar a la altura de su hijo, tumbado en el sillón, mientras lo contemplaba con ojos dulces.— acepta que Kagome cometió un error y a lo mejor ella quiere remediarlo.

Inuyasha no respondió absolutamente nada, desvió los ojos de los de su madre, sabía que si seguía contemplándolos, ella lograría convencerlo; era algún tipo de "mágia" que ella siempre había tenido o algo así: esa mirada tan profunda y amable que lograba conmover al corazón mas duro.

¿Por qué no lo entienden?— gruñó entre dientes.— Kikyo será mi novia a partir de ahora, les guste o no, me da iguál lo que opinen los demás.

Se puso de pié evadiendo a sus padres, subió las escaleras y se encerró en su habitación, hecho una furia ¿quiénes se creían intentando manejar su vida?

La campana anunció el fin de clases en ese día. Todos se pusieron de pié y comenzaron a juntarse en la puerta, apretujándose por intentar salir primero. Luego de pasar por aquella montaña de alumnos, ambos amigos comenzaron a caminar por el pasillo en dirección a la salida.

—¿Dámos una vuelta por el gimnacio?— preguntó Miroku con una pequeña risita en sus labios.

—¿Y desde cuando haces deporte?— Inuyasha arqueó una ceja sin comprender.

El de ojos azul oscuro negó con la cabeza, incapás de comprender lo cabeza hueca que era su amigo en no saber la razón específica por la cuál DEBÍAN aprobechar para ir al gimnacio.

—En este momento, las de segundo año tienen clase de natación en el gimnacio.

—¿Y?— preguntó el de ojos dorados.

—Podemos visitarlas en los vestuarios y...

—¿¡He!? ¿No que ahora tienes novia, pervertido?

Miroku se encogió de hombros.

—Mirar no es un pecado.

—Pero si una buena razón para resivir una bofetada de las buenas.— suspiró.— no cambiarás jamás...

—¡INUYASHA!

Unos brazos más pequeños se colgaron de su cuello desde atras. Pudo detectar a la dueña de ese perfume tan seductor en pocos segundos sin necesitar de verla a la cara.

—Ha... Kikyo... Buenos días.

La chica se soltó de su cuello y caminó hasta posarse frente a él. Se acercó a sus labios y los besó por unos eternos segundos.

Tal vez fueron minutos para un incómodo Miroku que contempló la escena con el seño levemente fruncido, ahora estaba totalmente de acuerdo con Sango: Kikyo era una experta en el género masculino y sabía seducir perfectamente, no era nada angelical ni mucho menos inocente como Kagome, eran dos polos completamente opuestos el uno del otro.

—¿Ibas a algún lado, amor?— preguntó con aquella voz seductora tras separse de su beso.

—Pues no, princesa.— aseguró el otro con una sonrisa.— ¿Tu?

—Pensaba en ir a la cafetería que queda a media cuadra de acá, claro, contigo.

Lo sujetó del brazo y podría decirse que lo arrastró sin que antes pudiera responderle ni despedirse de su amigo. Tal vez era simplemente a la razón de que Kikyo era algo impulsiva, pero no había problema con eso. De todas maneras, no iba a negarsele a su tentadora invitación.

Llevaban puestas todas las miradas, aunque esta vez no eran de asombro como cuando estaba "ELLA" a su lado. Comenzaban a susurrar cosas que pudo oír claramente, cosas como que Kikyo si era digna de estar a su lado, que era la experta y la indicada para él, no como la "inexperta" e "inocente" Kagome. Aunque eso le produjo un poco de rabia, casi sin notarlo estaba sintiéndose con la necesidad de gritarles a todos que Kagome era tan buena como Kikyo, o tal vez mejor; Pero se contuvo, volvió a recordar que Kagome lo había humillado de una forma que no iba a perdonarla, odiaba la humillación.

Llegaron a la cafetería, parecía bastante formal y cara. Se sentaron junto a la ventana y ambos tomaron las targetas de menú sobre la mesa. Como suponía, todo estaba bastante caro, quizo imaginarse que Kikyo traía algo de dinero encima para pagar sus gastos al peor de todo, fue que ella pidió casi lo más caro del menú.

—¿Vamos a comer todo eso?— le preguntó contemplando la taza de café y varias porciones de torta de diferentes tipos que se había pedido.

—No, YO voy a comer esto.— repuso mirandolo con cautela.— Yo me pedí esta parte, que yo sepa, aún no te has pedido nada, amor.

—Ha... entiendo... — Aún fantaseaba que, siendo ella la que había ordenado tanto, se pagaría sus gastos.

—¡Ho...!— Kikyo se palpó la frente en señal de descuido.— Acabo de recordar que no traigo ni un centavo encima...

—¿D-de... verdad...?— su mandíbula se desencajó unos sentímetros.

Ella asintió con una amplia sonrisa.

—Pero vamos amor... siendo más que mi novio y un gran y millonario caballero, me pagarás mis gastos...— Habló con un tono más alto de lo normal, lo que supuso que funcionaría para que los presentes olleran.

Le sonrió con un poco de dolor. No traía mucho dinero encima ese día, su fortuna había bajado un poco con los gastos de la fiesta y además debía comenzar a reponerlos lentamente lo que suponía que le costaría bastante, pues la mesada que sus padres le daban cada mes se reduciría o, si tenía menos suerte, se cancelaría momentaneamente por la "pequeña discución" que habían tenido el Sabado.

—Ho... eres un amor...

Optó por solo ordenarse un Café Simple tras exalar un suspiro. No sabía que Kikyo fuera tan aprovechadora por ese lado... y ni siquiera se molestaba en parecer preocupada.

Recostó la frente en la ventana que daba a la calle y se mantuvo contemplando el clima a travez de ella, parecía muy inestable. Las luces y la calefacción del café ya estaban encedidas.

Por mucho que lo intentara, no dejaban de llegarle momentos pasados que hubiese preferido no recordar ¿Acaso lo hacía porque la lluvia le recordaba a ella? En cada uno de sus recuerdos, permanecía presente una imagen femenina con una cara angelical, un pequeño cuerpo esbelto, y mejor que el de cualquier modelo si solo se empeñara en exibirlo completamente... Recordaba una vez haber "contemplado" aquel cuerpo, y como lo había lamentado...

"De pronto, sintió un grito de ella que lo despertó y, junto con él, todos sus sentidos. Se puso de pié y, casi sin pensarlo, abrió la puerta de par en par...

Tal vez, en aquel instante, los papeles habían cambiado, porque podría jurar que en aquel momento, él ya no era el ángel... sino ella... Jamás se había tomado la molestia de observarla completamente, ya que su insano prejuicio le decía que no valía la pena porque jamás le había encontrado ni una pizca de atractivo...

Aunque era todo lo contrario, Kagome podía permitir que cualquier modelo pasara desapercibida al estar junto a ella. Era... totalmente hermosa... tal vez, el ángel más hermoso que jamás se habría imaginado ver...

Parpadeó varias veces, saliendo del trance y dio una rápido mirada al origen del grito de ella: una insignificante araña... Que le costaría la vida... pues lo siguiente que ella hizo, fue tan rápido que casi no pudo ni ver sus movimientos: Apartó al insecto de un golpe, se cubrió con la toalla que había tirado a un costado y, lo último y más doloroso...

¡FUERAAAAAA!

... Tomó una jabonera y se la arrojó, acertándole en la cabeza. Inuyasha retrocedió un poco, cubriéndose con una mano el lugar del impacto.

¿¡PERO QUE TE PASA!?— Le gritó para que lo oyera entre medio de los gritos de ella, aunque a continuación, más objetos de baño se le vinieron encima. Lo que lo obligó a cerrar la puerta de un portazo para no recibir más daño.

¡FUERA, FUERA, FUERAAAAA!!!"

Comenzó a reír por lo bajo, no pudo evitar que una pequeña sonrisa se formara en sus labios. Alzó la mano hasta tocar el lugar en donde aquella jabonera había impactado en su cabeza; hubiese jurado que aún permanecía aquella cicatriz. Debía aceptar que no conocía a nadie mejor que Kagome, la había visto crecer durante toda su vida, fue con quién había experimentado lo que se siente ser querido por primera vez, la que le había enseñado a amar.

Volvió a susupirar, debía sacarse esos tontos recuerdos de la mente, Kagome ya era historia, ya no volverían a estar juntos, ya no volvería ni a dirigirle la palabra nunca más. Ahora era Kikyo a quien le comenzaba a demostrar su amor y con quien que ya casi había entablado mucho más que una simple relación romántica, ella era mucho más mujer... más atrevida y más adicta a la pasión, por decirlo de alguna manera...

La lluvia comenzó a caer con fuerza retumbando en el techo del lugar. Inuyasha se irguió, despertando de sus tontas vacilaciones y tomó la taza de café que aún no había tocado, dispuesto a beberla.

Estaba helado.

Kikyo ya iba por su última porción de torta, parecía muy concentrada en su tarea que ni siquiera lo miró. Al terminar, se relamió los labios y lo contempló detenidamente mientras se paraba por sobre la mesa para alcanzar sus labios.

—No te haces una idea de lo mucho que te amo... lo pasé genial el... Sabado... —le guiñó un ojo.

Inuyasha sonrió de lado y alcanzó sus labios que volvieron a fundirse. Besar a Kikyo era algo nuevo, más apasionado, en donde podría decirse que ella era quien poseía la mayor parte del control. No supo por cuanto tiempo se mantuvo recordando las beses en las que la había besado en una misma noche...

—¿Y amor?—le preguntó tras separarse. Comenzó a jugar con uno de los mechones de su reboltozo flequillo.— ¿Nos vamos?

Él asintió sin decir palabra, le hizo una seña al camarero que al instante le trajo la cuenta. Casi se muere al ver la suma de cada cosa que Kikyo había pedido.

—Gastaste casi 45 dólares... —dijo en un hilo de voz.— No llevo tanto conmigo...

Su corazón comenzó a latir con violencia ¿Y ahora que se suponía que debía hacer? Mirar con ojos de cachorro desvalido al mesero, decirle "¿no, solo que vinimos a pasar la tarde pero la glotona de mi novia se deboró más de la cuenta...? ¿Podría fiarme?" "¿Sabía que soy el multimillonario Inuyasha Taisho que en este momento no trajo dinero suficiente para pagarlo?"

—¿Va a pagar o no?— preguntó el mesero, cortante.

—He... yo... — sonrió con culpabilidad.

—Hay mi dios, Inuyasha...— Kikyo roló los ojos.— Si vas a tardarte mucho te espero afuera, y si sigues tardando, me tomo un taxi.

La chica se encaminó hacia la salida a paso sensuál con lo que más de un hombre se volteó a mirarla pasar. Inuyasha apretó los dientes, no podía dejarlo en banda ¿Y ahora que se suponía que debía hacer?

—No tiene para pagar...— más que preguntarlo, el hombre pareció meditarlo.— ¿le gustaría pasar a la cocina a lavar un par de platos hasta pagar su cuenta?

Definitivamente, era la última vez que salía a comer con Kikyo, y la última vez que se procuraba de no llevar casi nada de dinero encima.

CONTINUARÁ


Hola!! aca otro capi!!!

me encanta hacer pagar a Inuyasha por sus malos actos... muajajajaja que sufra lavando platos... Ò_Ó _

Lo que seguramente todas se preguntaran si realmente pasó algo entre Inuyasha y Kikyo... y lamento informarles que.... */&%$&()/-+///%&$$... capitulo. (Lo lamento, esa parte de la hoja se me mancho con un poco de tinta.) Pero todo parece indicar que si...

El amor n es d color d rosa...