Capitulo 28: Isildur y Gondor
No recordaba cuanto tiempo llevaba así. La espera le resultaba insoportable, sin saber exactamente lo que ocurría, escuchaba rumores y especulaciones que no se podían confirmar.
El rey de los noldor se quitó la diadema de plata que siempre llevaba
consigo, la que su prima Idril le regaló, y deseó por un momento
que estuviera con él para ayudarlo.
Suspiró profundamente y volvió su atención a los pergaminos
que necesitaban de su firma, tomó la pluma llena de tinta negra y garabateó
al final del papel, adjuntándolo con su sello.
Solo esperaba que Elendil pudiera decirle pronto lo que estaba ocurriendo en el sur, pues ahora que las palantir parecían haber sido inutilizadas, todo el reino de Arnor parecía un arco demasiado tenso que podría romperse en cualquier momento.
Pero, para él, lo peor de todo era que se había visto obligado a permanecer en Lindon y le era imposible marcharse. Se apoyó en el respaldo del sillón y suspiró de nuevo, esperaba de corazón que Arien aceptara su disculpa aunque no la llevara personalmente.
Levantó la cabeza, aguzando el oído cuando el sonido de un caballo a galope le llegó a través de la ventana. Escuchó los rápidos pasos por el pasillo tras la puerta cerrada y supo enseguida que algo había sucedido al fin.
Se levantó al tiempo que la puerta de la habitación se abría de golpe y un teleri de cabellos claros y ojos inquietos aparecía tras ella.
- ¡Amlach! - exclamó Ereinion con sorpresa- Cuanto tiempo, me alegro de verte.
- Yo también me alegro de veros señor- dijo el teleri haciendo una reverencia.- Mas permitidme saltarme las palabras de alegría pues el señor Círdan me pidió que os entregara este mensaje sin demora.
El rey tomó la carta que Amlach le tendía con manos temblorosas. La abrió presuroso y leyó su contenido, y al terminar lo leyó de nuevo para asegurarse que nada se le pasaba por alto.
- Esto es peor de lo que me imaginé- masculló- ¿Cuánto hace de esto?
- Cuatro días, señor- respondió el teleri.
- Muy bien, gracias Amlach, ve a descansar.- dijo Ereinion acompañandolo hasta la puerta.- escribiré una carta a Círdan para que se la lleves en cuanto estés recuperado.
El elfo le agradeció el descanso y tras una inclinación de cabeza
marchó por el pasillo.
Gil-galad se inclinó hacia el pasillo y vio a su ayuda de cámara
no muy lejos, hablando con Nirie. Les hizo un gesto para que se acercaran, y
ambos obedecieron y entraron en la habitación.
- Mehtar- dijo el rey- necesito que prepares todo para una pequeña comitiva antes del atardecer. Partiré a Annúminas cuanto antes.
El elda asintió y se retiró apresuradamente. Nirie se quedó mirandolo con curiosidad.
- ¿Qué ocurre?
- Círdan acaba de enviarme un mensaje.- comenzó Ereinion mientras colocaba todos sus papeles en los cajones de su escritorio.- Isildur, el hijo de Elendil, llegó a Mithlond hace cuatro días.
- ¿El hijo de Elendil?- repitió ella con sorpresa.
- Parece que huyó de Gondor con su mujer y sus hijosporque el enemigo asaltó su ciudad.
El rostro de la noldo era de desconcierto y terror.
- Círdan me ha informado que Isildur marchó de los Puertos el mismo día que llegó porque deseaba hablar con su padre. - continuó él- Y es mi deber averiguar lo que está ocurriendo, además debo ayudar a Elendil.
Nirie asintió, comprendiendo.
- Avisa a Vorondil por favor, quiero que me acompañe, y a tu hijo también, necesito que lleve un mensaje importante a Imladris. Hace mucho que no envío ningún mensajero a Elrond.
- Tenías a todos los mensajeros yendo y viniendo de Lindon a Arnor y a las colonias del sur. - sonrió ella.
- Lo sé, pero eso no es excusaNirie, mientras no esté, quiero que te ocupes de todo. Mis consejeros te ayudarán.
- Pero
- Tranquila, volveré pronto, no voy a dejarte todo el trabajo sucio a ti- sonrió Ereinion.
Ella suspiró.- De acuerdo.
El rey noldo se apresuró a tomar la capa que descansaba sobre una silla, tenía mucho que hacer y muy poco tiempo.
- Ereinion- lo llamó Nirie antes de que este se marchara.
- ¿Si?
- ¿Qué va a ocurrir ahora?
Gil-galad suspiró. - Ojalá lo supiera.
*****
Cuando el grito que anunciaba que había llegado un mensajero de Lindon se extendió por los pasillos de la Casa de Elrond, un torbellino dorado se abrió paso por las galerías provocando el desconcierto y las risas de los eldar con los que se cruzaba.
Apenas Aradan había puesto un pie en Imladris cuando se encontró a su hermana colgando de su cuello, sonriéndole divertida.
- ¡Arien!- sonrió él, abrazandola- Menudo susto nos diste, pensabamos que te había pasado algo.
- Lo siento.
- Menos mal que Elrond tuvo la precaución de enviarnos un mensaje diciendo que estabas aquí, y a salvo. Papá habría matado al rey si no llega a recibir esa carta- sonrió su hermano.
Arien río. - Exageras.
Aradan negó con la cabeza.- No exagero, créeme. Pero ahora tengo que darme prisa, el señor Elrond me espera. Mas antes, toma, esto es para ti.
Ella tomó una pequeña cesta de mimbre que su hermano le tendía.
- ¿Para mi?
- Sí, tengo otras cosas tuyas en el caballo, puedes ir a buscarlas si quieres. Ahora debo irme o se enfadarán conmigo por hacerles esperar tanto tiempo y estas noticias no pueden rezagarse.
Aradan se despidió y continuó corriendo hacia el salón. Arien se preguntaba qué sería tan urgente, pero encogiéndose de hombros, le quitó importancia, ya se lo diría cuando terminara la reunión.
Con curiosidad, cogió la cesta preguntandose que llevaría dentro. Al abrirla, un grito de sorpresa y felicidad escapó de sus labios.
-¡Fein!
El gato negro de cola blanca, ronroneaba mientras se revolvía entre las flores y el paño que llenaban la cesta. Arien tomó al animal entre sus brazos y lo acarició, riendo.
- Te he echado de menos- le dijo
Fein respondió con un suave maullido y ella sonrió divertida ante el lazo azul que le habían atado en el cuello.
- ¿Y esto?- se dijo Arien de pronto.
El lazo venía unido a un pergamino amarillento, que el animal arrastraba de un lado a otro. Lo desató con curiosidad y al desplegarlo sonrió. Reconoció enseguida la elegante letra de tinta negra que se deslizaba en hermosas formas; la leyó lentamente, y a cada palabra su sonrisa se ampliaba mientras sus ojos se volvían brillantes, llenos de lágrimas.
Al terminar, apretó el pergamino contra su pecho y rió de felicidad. Se sintió la elda más feliz del mundo y echó a correr hacia su habitación, esperaría a que su hermano terminara, tenía mucho que preguntarle.
Las luces del día se fueron apagando poco a poco, perezosos copos de
nieve cayeron sobre el valle, no lo suficientemente densos para dejar nevado
el paisaje pero si lo bastante numerosos como para mojarlo todo y convertir
los caminos en autenticos barrizales.
Arien caminaba de un lado a otro por Imladris, Aradan parecía haberse esfumado de pronto, tras la reunión, lo había buscado por todas partes sin hallarlo. Se detuvo en una de las galerias formada por ramas entrelazadas al observar como dos jóvenes elda se acercaban por el lado contrario, esperó de corazón que alguno pudiera ayudarla.
- ¡Miluinel!¡Gadonen!- los llamó a viva voz.
Al escuchar sus nombres, la doncella y el joven interrumpieron su conversación para mirar a Arien.
- ¿Habeis visto al mensajero de Lindon?
Los ojos de Gadonen brillaron con picardía.
- Te refieres a ese muchacho de cabello oscuro y ojos verdes tan atractivo?- rió.
Arien puso una mueca. - Es mi hermano.
- Oh- el elfo puso una mueca, ya le habían estropeado unos minutos de diversión.
- Lo vimos en las caballerizas hace unos minutos- respondió Miluinel.
- ¡Muchas gracias!
Arien salió nuevamente a toda velocidad, mientras dejaba a los dos elfos mirándose con curiosidad.
Aradan se encontraba descargando algunos paquetes que había dejado sobre
su montura debido a las prisas. Suspiró con gesto cansado, necesitaba
irse a dormir pronto, aunque estaba seguro de que su querida hermana iría
a hacerle una visita antes de que se echara un merecido sueño.
Como respondiendo a sus pensamientos, Arien apareció por la puera de las caballerizas y se acercó a él con cara de agotamiento.
- Te he buscado por todas partes- dijo ella.
- Menos aquí- sonrió Aradan.
Arien le golpeó el brazo, bromeando.
- Bueno, ¿vas a contarme lo que ha pasado?
- ¿Nuestro buen rey no te lo explicó todo en la carta que te envió con Fein?- rió él.
Ella se sonrojó ligeramente. - Solo decía que no le era posible venir a Imladris porque necesitaba hablar con Elendil urgentemente.
Su hermano sonrió divertido. - Seguro que algo más te habrá dicho en esa carta tan largaaunque por supuesto no es de mi incumbencia.
Su hermana frunció el ceño - Pero ¿vas a contarmelo?
- Sí, sí, pero vamos, te lo contaré por el camino ¡me muero de hambre!
Mientras su hermano devoraba un plato lleno de panecillos con miel, Arien buscaba a su gato con la mirada.
- Quizás esté dando una vuelta- se dijo.
- ¿Quepmdiches?
- Aradan, traga antes de hablar- rió Arien.
El joven puso una mueca y tragó.
- Entonces todavía no se sabe demasiado ¿no?- le dijo ella.
- No, tendremos que esperar a que el rey vuelva de Annúminaspor cierto, no sé si te lo habrá mencionado, pero Gil-galad no quería que salieras de Rivendel.
La noldo parpadeó, sin comprender. - ¿Y eso por qué?
- No sé, supongo que porque piensa que si algo ocurre estarás más segura aquí, que en Lindon, pues Elrond, Glorfindel y la dama Galadriel y su esposo están aquí. Tienes una escolta maravillosa hermanita.
- No digas bobadas.- respondió ella- pero supongo que tiene razóna menos que mamá me necesite, me quedaré aquí.
Aradan sonrió. - Por eso te he traido casi todas tus cosas, incluidas esas capas que llevas haciendo durante los ultimos mil años.
Arien hizo un mohín. - Es que no he encontrado los broches adecuados. Pero en cuanto los encuentre, las terminaré.
Su hermano rió, recordando cuantos mercados de Forlond había recorrido su hermana en busca de los broches "perfectos". Apoyó la espalda en el mullido sofá y suspiró.
- Vete a descansar, tendrás que recuperar fuerzas si mañanas vuelves a casa.- le dijo ella.
- Si, me voy a dormir. Te veré por la mañana.
Aradan salió de la habitación mientras Arien seguía buscando a Fein.
- ¿Dónde se habrá metido ese gato?- se dijo.
Aunque lo quería mucho, Fein tenía la innata cualidad de meterla
en líos, ya fuera colgandose de las cortinas del salón o colándose
en las cestas de la ropa recién lavada.
Tras varios minutos recorriendo todas las esquinas, se dejó caer sobre
el sillón.
- Estará bien- dijo con la vista clavada en el techo- mientras no se le haya ocurrido colarse en las habitaciones de Elrond o
Arien se levantó de un brinco ¡las habitaciones! Salió de su cuarto precipitadamente y echó a correr por el pasillo como si la persiguiera un troll. Lo primero que había hecho Fein cuando llegó a Forlond fue meterse en las camas de todas las habitaciones del palacio, recordaba perfectamente cuantos nobles salieron corriendo de sus cuartos al sentir una bola peluda entre sus sábanas. Resultó gracioso, excepto por la reprimenda de su madre.
De pronto se detuvo y ahogó un grito, al tiempo que sus mejillas se sonrojaban de vergüenza. Frente a ella, la dama Galadriel salía de su habitación, con un dormido Fein entre sus brazos.
Ahora estaba segura de que la iban a regañar por dejar suelto a ese animal revoltoso, por no decir que llevaba días evitando a la Dama Blanca porque estaba segura de que la consideraba una niña mimada por haber huido a Imladris, solo porque el rey noldo le había dicho unas palabras fuera de lugar.
Se tapó los oídos, esperando algún grito como el de su padre cuando se tropezaba con Fein por los pasillos, pero por el contrario escuchó su nombre pronunciado dulcemente.
****
En el gran salón, el fuego crepitaba mientras la nieve caía suavemente en el exterior y se amontonaba en el alféizar de las ventanas.
Una voz potente y firme, produciendo un ligero eco en el interior, explicaba con todo detalle lo sucedido en las tierras de Gondor, mientras una multitud de hombres y algunos pocos elda lo escuchaban en silencio.
- Entraron en el sur Ithilien y se dividieron en dos para cerrarnos el paso, el sur de su ejército estaba formado por esos Haradrim, con sus caras pintadas de rojo como las puntas de sus lanzas, eran como lobos hambrientos pues todo lo que encontraban a su paso lo destrozaban.
Isildur hizo una pausa, y tras tomar aliento, continuó.
- El flanco norte lo formaban orcos, y aunque la luz del sol parecía afectarles, no fue de gran esperanza la llegada del día, pues el cielo se cubrió de nubes oscuras como si fuera de noche. A la cabeza del ejército había unos seresalgo que jamás había visto. Se vestían con largas túnicas oscuras y cabalgaban en caballos negros, jamás vi sus rostros, pero su sola presencia hacía que los más jóvenes de mis soldados echaran a correr aterrorizados.
- ¿Qué extraños seres serán estos?- se preguntó Elendil.
Su hijo negó con la cabeza en gesto abatido.
- No lo sé, padre, tan solo distinguimos entre los gritos del enemigo el nombre de dos de ellos, Hoarmûrath y Akhôrail. Ojalá hubiera podido verles los rostros y contaros más de lo que sé.
- Aunque lo desearas no habrías podido hacerlo- interrumpió Gil-galad, haciendo que todos los presentes se volvieran hacia él. - pues esos seres no tienen rostro ni cuerpo.
- ¿Sabéis lo que son, señor?- preguntó Isildur.
- Hace muchos años, esos mismos seres oscuros se pasearon por las tierras del este y el oeste, y fueron llamados los Nazgûl, los espectros de los reyes de los hombres, consumidos por los anillos de poder de Sauron.- explicó el rey de los noldor.
Un tenso silencio llenó el salón. Elendil, suspirando, le indicó a su hijo que continuara.
- El ataque fue rápido e inesperado- dijo Isildur- y no estabamos preparados,
en tres días consiguieron atravesar las murallas y al anochecer del cuarto
día, habían tomado Minas Ithil. Conseguimos huir, no sé
muy bien cómo, y a buen juicio tuve la precaución de llevar conmigo
un vástago del Gran Arbol Blanco, pues el humo que vimos elevarse tras
los muros de la ciudad mientras nos alejábamos, nos indicó que
ya lo habían quemado.
Viajamos por el Anduin hasta Pelargir no sin dificultades y allí tomamos
un barco hacia Mithlond, el resto, ya lo conoceis.
Un murmullo comenzó a elevarse cuando Isildur volvió a su asiento, los nobles discutían indignados, los eldar susurraban entre sí inquietos, y los reyes, tanto Elendil como Gil-galad permanecían en silencio.
De pronto, Elendil se levantó y levantó los brazos para aplacar las voces.
- Es mi deber, como señor de Arnor y Gondor, socorrer a mis hijos en estos momentos. Anárion no podrá repeler él solo los ataques de nuestro enemigo, por eso, un ejército será preparado para partir cuanto antes hacia el sur. Todos los hombres capaces de empuñar un arma serán llamados a filas y se prepararán para la guerra que Sauron nos ha declarado.
La voz del rey de los hombres sonó clara y firme, nadie replicó, aunque los ojos de muchos se volvieron inquietos y temerosos.
- Esta guerra no solo te incumbe a ti, amigo mío.- exclamó el rey de los noldor, levantándose.
Los elfos que lo acompañaban, miraron a su monarca con curiosidad.
- El señor de Mordor es enemigo de todos, y si no nos unimos, caeremos juntos al abismo, quizás unos antes que otros, pero todos caeremos.- continuó Ereinion- Si me lo permites, mis ejércitos se unirán a los tuyos y tal vez, muchos otros que han esperado este día, el día en que puedan acabar al fin con el Señor Oscuro.
Elendil estrechó la mano del rey noldo y sonrió.
- Mis palabras no pueden expresar mi gratitud, pues cada soldado de tu tierra será como una estrella más en el cielo que nos dará esperanza.
- Todo está dicho entonces- dijo Gil-galad- será una alianza de hombres y elfos.
- Así sea- respondió Elendil, y volviéndose, se dirigió a sus hombres- Dentro de diez meses, todo nuestro ejército deberá estar reunido en Amon Sûl. Asi que nadie podrá demorarse en sus tareas, el tiempo apremia.
- Mi ejército se reunirá con vosotros allí- le dijo el rey noldo- y marcharemos a Imladris para después cruzar las montañas.
Elendil asintió y le indicó a su hijo que se acercase.
- Imagino que marcharás con nosotros- le dijo sonriendo débilmente.
- ¡Por supuesto!- exclamó Isildur.
- Bien, necesitaré más detalles de la situación y toda la información que puedas darme. Probaré de nuevo la palantir, quizás pueda ver con más claridad ahora.
- Tened mucho cuidado- dijo su hijo- pues esos Jinetes Oscuros tienen en su poder la piedra de Minas Ithil y no tardarán en averiguar cómo funciona.
- Por eso no podías mirar por ellas, amigo mío- le dijo Ereinion- probablemente ya sepan para qué sirve y se hayan encargado de dificultar cualquier comunicación con tu hijo Anárion.
- En ese caso, miraré con cuidado- le sonrió Elendil.
Gil-galad sonrió, era evidente que el señor de Arnor y Gondor no se dejaba amilanar con facilidad. Mientras las conversaciones continuaban en el gran salón, Ereinion salió al patio para contemplar el paisaje nevado de Annúminas.
Su cabeza trabajaba sin cesar, tendría que ir a Mithlond y organizar todo desde allí, con la ayuda de Círdan podría equipar a su ejercito en el tiempo convenido y enviar mensajes a todos los puntos de Endor. Suspiró profundamente, no esperaba una guerra tan pronto, pero ya era inevitable.
- ¿Estás seguro de esto?
La voz de Vorondil le hizo levantar la cabeza.
- ¿Crees que Elrond y la dama Galadriel aprobarán tu decisión?- le preguntó nuevamente.
- Sí, lo cierto es que estoy seguro de ello- le sonrió- de hecho, creo que la dama se alegrará de que al fin tome cartas en el asunto, llevo postergando esta decisión desde hace casi dos mil años.
El sinda se apoyó en la barandilla junto a su rey.
- A Nirie no le va a gustar nada- comentó.
- Me temo que no será la única.
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Bueno, espero sus opiniones respecto a este capi ^^ ya sé que he dejado la conversación entre Arien y Galadriel en suspense jejeje pero si digo la verdad, es que no tenía ganas de hacerla :P Si Elanta tiene la bondad de hacerlo, se lo agradeceré enormemente, si no, que cada uno se imagine lo que quiera, siempre me ha gustado dejar las situaciones abiertas para todos ustedes usen esas cabezas imaginativas ^^ Y por cierto Lothluin espero haber tratado bien a tus personajes, sé que salieron muy poquito, pero aun queda uno o dos capitulos más en Rivendel y me encantaría darles más uso ^_^U (que mal me expreso :P)
¡¡Les agradezco mucho mucho mucho los reviews!!!
PD. Todavia no voy a matarlo ¡asi que no me lo repitan más! aun quedan varios capitulos por delante, y no es mi intención matarlo enseguida....y que conste ¡que no es mi culpa que se muera!
