Acá vengo con un nuevo capítulo, ojalá les guste. Siento estar tardandome en publicar, he tenido cosas que hacer ¬¬ Gracias por los reviews, trato de responderlos todos, pero algunos no puedo porque no me sale la opción de responder :(, pero muchas gracias! :)
PD: La historia es mía, pero los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.
GRACIAS POR LEER! :) y ya quedan poquitos capítulos porque no quiero forzar la historia jejej, serán los necesarios, no alargaré, pero espero comenzar otra :)
Xoxo
Al día siguiente desperté de un salto cuando escuché que algo tocaba el suelo. Me asusté y me incorporé de inmediato para salir corriendo al cuarto de Mía, pero un alivio recorrió mi cuerpo cuando la vi paradita en el marco de la puerta con su chupete en la boca y rasgándose los ojitos. Menos mal que traía puesta la parte de abajo del pijama.
-Papi.- dijo soñolienta al ver que me estaba parando.
-Ven acá tesoro, me asustaste.- dije extendiéndole mis brazos para que se acercará. Fue hacia mi lado despacito, pero antes recogió la muñeca que se le había caído al suelo. –Tienes sueño aún eh?.- musité acurrucándola en mis brazos y ella asintió con su cabecita. –Bien, acomódate aquí.- dije indicando a un lado de Bella.- Papá irá al baño y vuelve para que sigamos durmiendo.-
Salí del baño y Mía ya se había quedado dormida, aún con el chupete en su boquita y abrazando a Bella, que parece no haberse dado cuenta de nada. Ayer había quedado agotada después de todo el cumpleaños. Me acosté al lado de mi bebe y dormimos por al menos tres horas más, cuando volvió a despertarme, está vez también despertó a Bella.
-¡Pipí!, ¡pipí!.- comenzó a decir a la vez que se retorcía en la cama y Bella se levantó y la llevó hasta el orinal que estaba en su habitación. Yo cerré mis ojos un minuto más hasta que unas pequeñas manitos se posaron en mi cara.
-Te amo.- me susurró antes de darme un besito baboso en la mejilla.
-Yo también bebe.- dije devolviéndole el besito y comenzando a hacerle cosquillas para oír el ruidito de su risa que tanto amaba.
-Ey par de risueños, estoy acá.- dijo Bella poniéndose las manos en la cintura fingiendo celos.
-¡Mami ven!.- chilló Mía estirándole los bracitos para que se uniera a las risas con nosotros.
Nos quedamos en la cama regaloneando al menos una hora más, hasta que Mía comenzó a ponerse odiosa porque tenía hambre. Bella le dio leche mientras yo bajé a preparar el desayuno. Quedaba aún mucha comida del cumpleaños, así que solo hice té. Comimos con Bella en silencio mirándonos de vez en cuando y acordándonos de la noche anterior. Mía permanecía en su sillita concentrada en el trozo de torta que tenía frente a ella. Tenía sus manitos todas pegajosas y con Bella solo nos reíamos.
Terminamos nuestro dulce desayuno y me quedé limpiando los restos de torta que habían tirados por el piso. Lave la loza y pase un trapo. Después subí y Mía ya estaba bañadita y con una toallita sentada sobre su cama. Bella estaba buscándole ropa en su armario.
-Bella, voy a ducharme mientras.- grité desde la puerta de la habitación de mi hija.
-Claro amor, así luego juegas con Mía mientras yo me arreglo. Alice llamó y dijo que vendrían por la tarde para ver el tema de las vacaciones.- gritó de vuelta.
-Oh ya veo.- susurré para mí caminando hacia el baño. Había olvidado absolutamente las vacaciones.
Me vestí, jugué con Mía mientras Bella se duchaba. Esperamos en el salón mientras venían a recoger las cosas del cumpleaños y luego pensamos en ir a comer afuera, pero nos dimos cuenta que aún quedaba mucha comida, así que nos dimos un gran festín. Luego con la panza llena nos sentamos los tres en el sofá a descansar. Mía duró solo un ratito con nosotros y se paró a dibujar e su atril, que habíamos dejado junto a la ventana para que pintara mirando hacía el antejardín. Estuvo tranquilita un rato, hasta que de repente se acercó a nosotras con el pincel y me rayó la mano.
-Mía, ¿qué haces?.- la reprendió Bella, al ver como Mía comenzaba a pintar mi mano.
-Codazón (Corazón).- dijo mi bebe mirando a Bella con el ceño fruncido.
-¿Quieres dibujarle un corazón a papá, pequeñuela?.- dije tomándola en brazos y quitándole el pincel. –Pero primero papi te hará uno.- musité con una sonrisa maliciosa.
-Edward.- me advirtió Bella prediciendo lo que iba a hacer. Solo la miré y continué con mi propósito.
Comencé a dibujarle un corazón en la cara a Mía, en una mejilla primero y luego en la otra. Después comencé con sus manitos, ella me miraba divertida y ansiosa por que llegara su turno para pintarme.
-Edward, la bañe recién.-me regaño Bella tratando de reprimir una sonrisa. Solo la miré, dejé de pintar a Mía y me acerqué a ella. –No, no, ni se te ocurra.- dijo poniendo sus manos como escudo.
-¡Pinta a mami!.- comenzó a decir Mía mientras aplaudía.
-Ves, tú hija quiere que estemos los tres iguales.- dije con una sonrisa torcida y estiré mi mano con el pincel y logré rayarle la cara.
-Edward, ¡te lo advertí!.- dijo parándose del sillón y caminando hasta el atril de Mía. Cogió el pincel más grande y un bote de pintura. Se dirigió con una sonrisa maliciosa a nuestro lado y con Mía nos quedamos atónitos observando como Bella se lanzaba sobre nosotros y comenzaba a pintarnos.
-Mamá quiere guerra.- susurre al oído de mi bebe que estaba escondida tras de mí, mientras Bella iba corriendo por otro bote de pintura. –Pues guerra va a tener.- musité tomando a Mía en brazos y corrimos donde Bella con nuestro pincel.
Nos tumbamos en el piso y comenzamos a pintarnos los tres, menos mal que el piso era lavable porque derramamos varios botes de pintura. Quedamos completamente manchados y estábamos en lo mejor cuando alguien tocó el timbre, era mi familia.
-Pero ¿qué ha pasado acá?.- dijo Alice apenas entró a la casa. Estaba un tanto irritada porque apenas le abrí la puerta, la abracé y manché su vestido con un poco de pintura.
-¡Tamos pintando! (Estamos pintando).- chilló Mía parándose del suelo para ir a saludar.
-Ni se te ocurra pequeñuela, tu papi me ha dejado ya lo bastante sucia.- dijo Alice tratando de ser amable con mi hija, pero no resulto, ya que Mía solo entendió el rechazo y se puso a llorar. –Bebe, yo no quise…- musitó Alice agachándose para quedar a la altura de Mía y la abrazo. Nadie se aguantaba verla llorar.
Luego de ese pequeño momento incomodo tomé a mi hija en brazos para que saludara con un besito a sus abuelos y así evitar mancharlos. Alice insistió en que nos fuéramos a dar un baño mientras ellos esperaban abajo. Fui a preparar el jacuzzi, que nunca habíamos usado, para meternos los tres. Una vez listo, llamé a Bella para que trajera a Mía, yo ya estaba adentro. La metió a ella y mientras yo la sostenía se quitó la ropa para unirse a nosotros en el jacuzzi. Entre los dos bañamos a Mía, nunca antes habíamos hecho eso y era hermoso. Bella salió primero y se puso la bata para luego sacar a Mía que estaba jugando con sus monitos de goma. Nos vestimos y bajamos a conversar de las vacaciones.
-Hasta que al fin se dignaron a bajar.- dijo Alice con tono de broma.
-Parece que hace falta Jasper aquí.- dije entre risas.
-Tonto.- musitó Alice. –Ya, vengan a sentarse para que planeemos nuestras vacaciones, queda muy poco.-
Nos sentamos y comenzamos la plática. Hace unos meses habíamos acordado que iríamos a España, pero decidimos barajar otras posibilidades y nos decidimos que después de la navidad iríamos a Chile por dos semanas. Yo ya no podía dejar la empresa tan botada. Una vez que acordamos eso mis padres y Alice se fueron de vuelta a San Francisco y volvimos a la tranquilidad de nuestro hogar.
Pasó la semana y llegó navidad. Mía era la más feliz de todos, la habían llenado de regalos. Con Bella ya no sabíamos donde más poner juguetes y ropa.
Decidimos celebrarlo en nuestra casa y reunirnos todos ahí. La familia de Bella y la mía. Cenamos cerca de las 8 de la noche y mi madre junto a Renee hicieron la cena mientras que Alice y Bella arreglaban los últimos detalles de los regalos. Después de cenar, Mía ya estaba un poco cansada, pero estaba ansiosa por ver que contenían todos los paquetes que había en el árbol. Bella le dio la leche e intento hacerla dormir y entre ambos la convencimos de que mañana abriríamos los regalos, pero no hubo caso, pese a que tenía sueño y estaba mañosa, solo quería abrir los regalos. Llegaron las 12 de la noche y la sentamos en el trono que le habían regalado para su cumpleaños. Su carita cada vez que abría cada paquete era única, tenía una sonrisa, mostrando sus pequeños dientecitos, que iluminaba toda la habitación. Luego de abrir todos los regalos, nos fuimos todos a acostar. Mi familia y la de Bella se quedaron en nuestra casa, ya que era muy tarde para que se fueran.
Mía se durmió apenas la dejamos en su cuna, no alcancé ni a leerle una página de un cuento y ya estaba sumergida en el mundo de los sueños. Con Bella dormimos abrazados y felices por pasar nuestra primera navidad junto a nuestra hija, aunque era la segunda para mí, pero la primera junto a Bella.
Pasaron solo dos días y ya nos encontrábamos empacando las últimas cosas para irnos de vacaciones. Mía estaba tranquilita jugando con todas sus cosas nuevas, así que no tuvimos problemas a la hora de arreglar las maletas. Yo le expliqué que nos iríamos a pasear y que nos subiríamos a un avión y ella se puso feliz y comenzó a correr por la habitación con las manitos extendidas imitando a un avión. Yo solo la tomé en brazos y la hice volar. Inundo de risitas el lugar y los tres nos tendimos en la cama a dormir nuestra última siesta antes de partir.
El viaje, pese a que fueron casi 11 horas, fue tranquilo. Mía se fue la mayor parte durmiendo en su asiento y la otra dibujando rayitas y parloteando. Al fin aterrizamos en Santiago de Chile y esperamos en el aeropuerto para el siguiente vuelo que nos llevaría a nuestro destino. Viajamos a La Serena y tomamos un tour que nos llevó a conocer gran parte de la zona. Todos estaban encantados y mi bebe estaba feliz de no estar inmersa en edificios cuando visitamos el Valle del Elqui. Luego nos fuimos a quedar en un hotel frente a la playa, que sería nuestro hogar temporal por al menos dos semanas, pero eso no nos impedía seguir conociendo y visitando la región.
No me había dado cuenta que esa era la primera vez que iba a la playa con Bella y la segunda vez con Mía. Esta vez sí lo disfruto, ya que la primera vez era solo una bebe de unos meses.
-¡Papi vamo al agua! (¡Papi vamos al agua!).- comenzó a decir Mía apenas llegamos a la arena.
-Deja que me quite la polera y vamos.-
Tomé a mi bebe de la manito y camine con ella por la arena hasta la orilla. Apenas puso uno de sus piececitos en el agua se quejó de lo helada que estaba, así que la tomé en brazos para sumergirla un poco más adentro. Comencé a hundirla de a poco y a ella pareció gustarle. Quería que la soltara, pero era muy profundo así que la llevé un poco más a la orilla y la bajé. No le solté la manito y juntos arrancábamos de las olas que venían. Más tarde se nos unió Bella, que le tomó su otra manita y ahora éramos los tres arrancando. Jugamos un rato en la orilla y después le propuse a mi bebe hacer un gran castillo de arena. Ella asintió entusiasmada y de pronto era toda la familia ayudando a hacer el castillo. Lo terminamos y era enorme. Bella había traído un par de muñecas a la playa, así que comenzó a jugar con nuestra hija. Mía estaba realmente fascinada con el castillo. Ya se estaba haciendo tarde y la marea comenzó a subir. Nos costó convencer a Mía de irnos, pero finalmente accedió, pero cuando estábamos caminando hacia el hotel la marea derrumbó el castillo y Mía se puso a llorar.
-Mi catillo (Mi castillo).- comenzó a decir entre sollozos.
-Bebe no llores, mañana haremos otro.- le dije acariciando su espaldita para calmar el hipo que comenzaba a salir.
-Agua mala.- dijo enojada y aún entre sollozos.
-Bebe ya pasó.- dije tratando de reprimir la sonrisa que me provocaban sus enojos de bebe.
Llegamos a la suite y nos bañamos. Habíamos alquilado una con cuatro habitaciones. En una dormían mis padres, en otra Alice, en otra el colado de Jasper y en la otra nosotros tres. Los padres de Bella no quisieron venir, y que tenían mucho trabajo y Emmett y Rose tenían otros planes, además que Rose seguía trabajando en el jardín.
Los siguientes días transcurrieron entre arena y mar, Mía estaba fascinada y yo amaba verla cuando iba con Bella a buscar agua en el balde. Que caminara de la mano con Bella era una de las cosas que disfrutaba ver. Además se veía tan tierna con su pequeño traje de baño rojo con puntitos blancos, que tenía una pequeña faldita en la cintura. Las onditas de su pelo ya estaban pasando el hombro. Estaba creciendo tan rápido, hace solo unos días era mi bebe, tan indefensa y que solo se limitaba a llorar cuando necesitaba algo. Ahora seguía siendo mi bebe, pero solo un poco parlanchina. Debo admitir que amaba escucharla hablar, podía pasar horas escuchando su voz y su risita contagiosa. ¿Quién iba a pensar que ahora estábamos los tres juntos?, cuando hace unos meses solo éramos Mía y yo.
Nos subimos en el avión de regreso a Los Ángeles y dormimos todo el camino, estábamos exhaustos, pero habían sido las mejores vacaciones que pudimos tener. Toda la familia estaba renovada y con nuevas energías para seguir con el nuevo año que estaba comenzando. Pasamos el año nuevo en otro país y fue una de las mejores experiencias. Todos fueron a ver el espectáculo pirotécnico desde la playa excepto Bella, Mía y yo. Nuestra bebe estaba dormida después de otro día de playa y no quisimos despertarla, además se asustaría con el ruido. Los vimos desde el balcón, abrazándonos y besándonos como una joven pareja enamorada.
Llegamos a Los Ángeles y mi familia tomó inmediatamente otro avión para San Francisco ya que debían organizar todo para volver el lunes a la rutina. Nosotros tomamos un taxi y nos fuimos a casa. Mía estaba dormida y cuando llegamos la arropamos para meterla a la cuna, pero despertó porque tenía hambre. Bella la amamanto y volvió a quedarse dormida. Con Bella comimos algo y nos tiramos en la cama a descansar, ambos estábamos también exhaustos, pero eso no impidió que nos regaloneáramos un poco antes de dormir.
-Edward estás siendo un pervertido en este momento.- dijo Bella cuando comencé a acercarme a uno de sus pechos.
-Lo sé y que me lleven preso por esto.- dije riéndome en su abdomen.
Al otro día vaciamos las maletas, lavamos ropa y ordenamos todo para el lunes volver a la rutina, al menos yo.
Era lunes por la mañana y me levanté temprano para ir a la oficina. Le di un beso a Bella en la frente antes de irme y fui a sacar a Mía de su cuna para dejarla durmiendo junto a su madre. Ambas irían hoy a visitar a Renee, ya que como no la veían desde la Navidad, Bella quería aprovechar el mayor tiempo con ella ahora que se llevaban bien. Yo las recogería después del trabajo. Hoy no almorzaríamos juntos.
Luego del papeleo habitual de la oficina me dirigí a almorzar con Emmett como no lo hacíamos hace tiempo los dos solos. Conversamos de la vida, de cómo iba su relación con Rosalie y de mi vida familiar. Emmett era a la única persona con la que podía hablar de todo, además de Bella, que además de ser mi pareja era mi mejor amiga.
Volví a la oficina y me dispuse a revisar un informe cuando recibí una llamada de un número desconocido. No era asunto de negocios, ya que en ese caso hubiesen llamado al número de mi oficina. Contesté y me llevé un gran susto.
-Aló Edward, vamos camino a la Clínica.- dijo Renee al otro lado del teléfono y cortó. Yo como todas las veces que había ocurrido algo así, dejé todo tirado y salí rumbo a la clínica. No sabía quién era la que estaba mal, si mi hija o Bella, pero la voz de Renee no se oía alarmada y eso me tenía un poco tranquilo.
