Nota de autora: ¡Miren quien anda por aquí otra vez! ¿vieron? ¡Esta vez no fallé! MUCHAS gracias por los reviews, en serio me hicieron sentir muy bien, no me canso de agradecer su apoyo. Por alguna extraña y odiosa razón, no me está permitiendo responder los mensajes... así es que no crean que los estoy ignorando, ¡eso jamás! yo leo todos sus mensajes, tomo en cuenta sus opiniones y trato de hacer/no hacer lo que uds me aconsejan por medio de feedback. Aquí les traigo el capi, se acerca el final de la nove -Final que aún no escribo jaja pero que ya le estoy dando forma en mi cabeza.

Un saludo y hasta el próximo capítulo.


Cuarenta y cinco minutos más tarde Emily honestamente ya no daba más. Por el momento estaba sola en el cuarto con los doctores que la estaban evaluando. Hace 20 minutos le habían dado otra pastilla para ayudarla a inducir el parto, y la dilatación, según le informaba el doctor en ese preciso momento, había aumentado a 8 centímetros, lo cual significaba que faltaba muy poco para poder comenzar a pujar y oh Dios, como deseaba poder comenzar a pujar de una vez porque ya se estaba volviendo loca del dolor.

Y para rematar… Hotch aún no llegaba.

Si Emily no hubiese estado tan adolorida, ella misma se paraba e iba a buscarlo y arrastrándolo de una oreja lo llevaba hasta la clínica. Pero con amor, por supuesto.

García por su parte había llevado al pequeño Jack a desayunar algo al casino del recinto.

-Tía Penélope ¿Cuánto más va a tardar mi hermanita en nacer?- preguntó mientras cortaba un trozo de su panqueque.

-No lo sé marshmallow, no creo que falte mucho.- respondió con sinceridad.

Jack asintió.

-¿Tengo que comer rápido?

-Oh no, tómate tu tiempo cariño, todo está bajo control.- le dijo sonriendo.

Más minutos fueron pasando y el dolor ya era insoportable. Pero Emily era testaruda. El doctor hace bastante rato le había preguntado si es que quería la epidural y ella se había negado en ese entonces y hasta ahora. No, ella no quería eso. No quería y punto. Aunque el dolor la estuviese destrozando, ella quería tener un parto natural en todo el sentido de la palabra.

-Bien, vamos a revisar otra vez- dijo una enfermera que desapareció entre las piernas de Emily.

Ella ya ni respondía, le habían metido mano tantas veces que ya ni vergüenza sentía. Ya todo le daba igual, ni su dignidad le importaba.

-Buenas noticias cariño- le informó la mujer- Estamos en nueve centímetros y medios, lo que significa que estamos listos para comenzar a pujar.

-¡No!- gritó levantando un poco la cabeza- Tenemos que esperar a… ¡ah!- gritó de dolor- al papá.

-Emily no podemos seguir esperando- sentenció el doctor- Llevas demasiadas horas y no queremos poner en riesgo a la bebé.

-Está bien- accedió finalmente. Por supuesto ella no quería que Hotch se perdiera el nacimiento de su hija, pero claramente tampoco quería poner en riesgo la vida de su niña, así es que no tuvo más alternativa que hacerle caso al doctor y comenzar con el proceso.

Cuándo terminó de ponerse los guantes de látex y el equipo médico ya estaba en posiciones, el doctor volvió a hablar.

-Quiero que en cuanto sientas la próxima contracción, pujes tan fuerte como puedas, ¿sí? Con mucha fuerza.- le indicó.

Ella esta vez asintió. Rezando en su mente para que todo saliera bien, pues estaba asustada, nerviosa, adolorida y sola. Ella deseaba con todo su corazón que Aaron hubiese estado con ella en estos momentos pero al parecer no iba a ser posible…

En cuanto sintió la contracción, Emily se disponía a hacer lo que el doctor le había indicado pero la desconcentró el sonido de la puerta abriéndose.

-Oh Dios mío, ¡Aaron!- chilló pujando en cuanto lo vio aparecer por la puerta, ya envuelto en el traje apropiado para poder asistir al parto de su hija.

-Emily, cariño aquí estoy- dijo corriendo hasta su lado, tomándole la mano y besando su frente cubierta de sudor- Aquí estoy, haremos esto juntos. Te amo.- le aseguró.

Ella asintió y apretó su mano con todas sus fuerzas, sintiendo nuevamente el deseo de pujar una, otra, otra,

Y otra vez.

Hasta que luego de bastantes minutos y muchísimo sufrimiento y sudor, por fin oyeron el llanto de Lauren.

Su hija.

La hija de los dos, aquella que si bien no había sido planeada… llevaban esperando por meses.

Y este era el momento más feliz de sus vidas.

-Felicidades, mamá- le dijo la enfermera en cuanto se la acercó hasta su pecho. Ambos, con lágrimas en los ojos, besaron a su hija y la tuvieron por unos segundos con ellos, disfrutando de la presencia de la vida que ellos dos, juntos, habían creado.

-Sigo sin poder creer lo pequeña que es- susurró la mamá primeriza, con su hija en brazos, acurrucada en su pecho.

Hotch, quién estaba sentado en una orilla de la cama junto a ella, con su brazo rodeando el hombro de la mujer que amaba, la miró y le sonrió.

-Es tan preciosa, se parece a ti- comentó antes de darle un casto beso a Emily en su mejilla.

Ella negó levemente con la cabeza, sonriendo.

-sus ojos tienen la forma de los tuyos- contradijo mientras reacomodaba a su hija en sus brazos, a lo que la niña protestó con un leve lloriqueo, para luego seguir durmiendo.

-uhm. No lo creo.

-La verdad, es perfecta- dijo ella, embobada con la belleza de la pequeña- honestamente yo creo que se parece a los d…

Pero Aaron solo asintió, mirando a las dos mujeres de su vida. Dios, las amaba. A Emily por ser la mujer de sus sueños, por aguantarlo… y sobre todo por haberle dado este regalo precioso que era la pequeña Lauren, un nuevo y hermoso motivo para seguir luchando cada día.

-Cariño, te estoy hablando- le habló un poco más fuerte, posando una de sus manos en su mejilla opuesta al lado en que estaba ella, haciéndole que le prestara atención.

-Lo siento, me quedé en mis pensamientos- se disculpó, tomando la mano que ella había usado para tocar su mejilla entre las suyas.

-Está bien- respondió Em- ¿Te encuentras bien?.-

-Todo está perfecto- le aseguró.

-Bueno…- respondió ella.

-¿Em?

-¿sí, amor?

-¿Te casarías conmigo?- preguntó sin ademán.

Ella lo miró sorprendida, sin decir nada por un momento, sin quiera pestañar.

Entonces Hotch decidió hablar.

-Sé que quizá es muy pronto, que quizá necesitas más tiempo… si no estás segura de tu respuesta puedo esperar un poco más pero yo necesito que sepas que es contigo con quien quiero pasar el resto de mi vida. Quiero despertar cada día a tu lado, sintiendo tu aroma y la suavidad de tu piel junto a mí, quiero que juntos criemos a Lauren y a los posibles niños que quizá algún día podríamos tener. Necesito saber que cada día, al llegar a casa, serás tú quien me reciba o llegue conmigo, que cenemos juntos, que pasemos cada navidad, año nuevo y cada cumpleaños juntos, que nunca más tengamos que dormir separados y que cada vez que alguien te vea y te diga un cumplido yo pueda decir con orgullo que tú eres mi mujer, la madre de mis hijos y que yo soy el tipo más afortunado por tenerte a mi lado y por tener la posibilidad de amarte y que por alguna razón tú me amas de la misma manera…- recitó.

Emily no pudo contener las lágrimas al escucharlo decir todo aquello. Y quería responder. Debía hacerlo… Pero se había quedado sin palabras.

-¿Entonces, qué dices?- volvió a preguntar, esta vez sacando una cajita del bolsillo de su pantalón y poniéndola en frente de Emily.

-Oh… Aaron- dijo entre lágrimas- Oh por dios, por supuesto que quiero ser tu mujer-

Ambos sonrieron y se dieron un pequeño beso, uno despacio, tratando de transmitir todo el amor que sentían el uno por el otro. Al terminar de besarse, no se separaron completamente, sus frentes quedaron unidas mientras que él se encargó de ponerle el anillo de compromiso a Emily.

Era hermoso.

Levantó su mano entre las suyas y le dio un beso al lugar en dónde ahora descansaba la pequeña joya que indicaba que estarían juntos por el resto de sus vidas.

-Te amo tanto- susurró Emily.

-Y yo a ti- respondió él, del mismo modo- Oh, a ustedes- se corrigió, moviéndose un poco para besar la cabeza de la pequeña Lauren.

En ese momento sintieron unos golpecillos en la puerta y medio segundo después, Jack y García entraron a la habitación, con dos globos color rosa y sus caras llenas de felicidad.

-¡¿Ya puedo verla?!- Preguntó el niño un poco demasiado eufóricamente, haciendo sonreír a Emily.

-Jack- chilló despacio Hotch- tienes que hablar más despacio, amigo- le informó- Sí, puedes verla. Pero está dormida. Ven, acércate- le indicó.

El pequeño llegó hasta donde estaban ellos y Hotch lo ayudó a subir para que pudiera ver a la bebé.

-Oh, mira papá- habló más despacio esta vez- ¡tiene la nariz respingada igual que Emily!

-¿A qué sí?- dijo con satisfacción el padre, enarcando una ceja en dirección a Emily, quién se negaba a aceptar que la niña se parecía solo a ella.

-Es tan diminuta- agregó García- y la verdad es que se parece a los dos. Es muy guapa y probablemente va a romper mil corazones en Quántico cuando se convierta en una agente de tomo y lomo tal como sus papis.

Ambos agentes se miraron al mismo tiempo al oír las palabras de la hacker. ¿Su hija siendo agente? No gracias.