Exención de responsabilidad: One Piece, sus personajes, historia, y sus películas, no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda y Toei. Escribo esta historia sin ánimo de lucro.
Muchísimas gracias a todos por las reviews, como siempre. Bienvenida a la familia Rukiakuran, espero que la historia siga gustándote de aquí en adelante, porque además, como muy bien adivinó Kirika, estamos a punto de llegar a la pelea entre el Almirante de la luz y el Rey de la oscuridad... o el monstruo y el vergas, como prefiráis ;)
Poco que decir, las reviews anónimas os las contesto al final del capi, y ahora, solo me queda dejaros con la lectura del capítulo final del arco de la isla Zafiro.
El próximo será el Especial de Rayleigh vs Kizaru.
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SAGA DE MARINE FORD
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CAPÍTULO 27
ARCO DE LA ISLA ZAFIRO
EL RESPETO ENTRE ENEMIGOS
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Ocultos en los tejados de la plaza, y aún temblando de miedo por la enormes explosiones, la intensidad de la pelea, y la destrucción de un montón de edificios, los tres niños a los que Luffy había salvado observaron toda la pelea, teniendo que correr en un par de ocasiones para escapar del derrumbe de un par de edificios sobre los que estaban, hasta que finalmente, cuando todos los Pacifistas salvo el que estaba quieto fueron destruidos, saltaron y dieron gritos de alegría.
– ¡Está decidido, cuando seamos mayores, iremos con Luffy sama y seremos piratas bajo su mando! – gritaron muy contentos.
Nadie podía saber en ese momento, que esos niños con sueños de convertirse en piratas, y decididos a seguir a Luffy y su carisma, serían determinantes para cierto acontecimiento del futuro que afectaría a todo el mundo pirata. Nadie podía saberlo... ni siquiera ellos
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Todos los Pacifistas habían sido finalmente derrotados. Los Mugiwara habían observado sorprendidos como las otras tripulaciones se las habían apañado para acabar con sus respectivos Pacifistas.
– Tsk. Aunque los derrotaran, nosotros acabamos con dos – comentó Zoro, mientras envainaba la última de sus katanas.
– Y además, nosotros no perdimos a nadie en la pelea. La mayor parte de sus nakamas han sido heridos y están inconscientes, en cambio, nosotros seguimos en pie – apuntó inteligentemente Robin. Y era cierto, todos seguían en pie. Sanji tenía heridas las piernas, Zoro estaba igual algo herido, Altazor tenía contusiones en la cabeza y quemaduras en los brazos, a Brook le habían dañado los huesos... pero él ya era huesos dañados, así que no era algo tan grave, y Luffy tenía la herida del lanzazo y los nudillos de las manos sangrantes por los golpes. El resto tenían contusiones y heridas menores, pero todos podían mantenerse en pie y seguir peleando.
Sin embargo, todos los piratas de Kid, y la mayoría de los piratas de Law, habían sido heridos de diversa consideración, y casi todos estaban o inconscientes, o agotados e incapaces de pelear más.
– Todavía queda un Pacifista, aunque no se ha movido en todo este tiempo – intervino de pronto Zoro, haciéndoles volver a todos a la realidad.
– Algo me dice que debemos acabar con él, tan rápido como sea posible – comentó Franky, mientras se preparaba para pelear y se colocaba unos curiosos puños americanos en los nudillos. El resto de Mugiwaras adoptaron poses de combate.
– Sí, algo raro ocurre con él. Ataquemos todos juntos – reconoció Luffy con el ceño fruncido, mientras activaba por enésima vez ese día su Gear Second. Comenzaba a sentirse un poco agotado, necesitaba cuanto antes un buen festín con mucha carne para reponer fuerzas.
– Está transmitiendo nuestra posición a... – murmuró Robin, pero todos pudieron escucharla. Y Altazor, tragó saliva y asintió.
– A la voz que todos oímos antes. Al Almirante Kizaru Borsalino – contestó el peli plateado, y su rostro volvía a tener un rictus de odio y rabia similar a los que le habían visto en Siaramina. Zoro desenvainó sus tres katanas.
– Si ese montón de chatarra hubiera mandado el código completo, el Almirante ya habría llegado – razonó el peli verde. Quería descansar y beber una buena botella de sake, pero, al parecer, todavía tendría que esperar un poco más – Destrocemos esa cosa – añadió con una fiera sonrisa. Todos sonrieron, y con un grito, los Mugiwara se lanzaron al ataque.
Fue un ataque total, masivo, y rápido. El Pacifista, centrado en transmitir su posición a cierto Almirante, ni siquiera se defendió. Brook, Sanji y Chopper atacaron primero, golpeando desde todas partes el cuerpo del robot, seguidos de los ataques a distancia de Nami, Franky y Robin. Altazor, Luffy y Zoro lanzaron el asalto final, empleándose a fondo. Altazor le rajó con sus espadas imbuidas de haki la armadura frontal, Zoro lo envolvió en llamas azules con sus tres katanas, repitiendo el ataque que usó contra Ryuma, y Luffy lo empotró contra el suelo con su Gear Third.
La combinación de la fuerza de todos hizo que en apenas un minuto de pelea más, pese al cansancio y heridas de todos, el Pacifista comenzara a sobrecargarse, amenazando con una nueva explosión masiva. Y, a diferencia del resto de robots derrotados anteriormente, el Pacifista hizo brotar de sus brazos y piernas unos taladros que se clavaron en el suelo profundamente, impidiéndole el poder ser desplazado con facilidad. Sin pensárselo un segundo si quiera, Luffy, Franky, Altazor y Zoro saltaron bajo el Pacifista sobrecargado, cada uno desde un punto cardinal.
– ¡Luffy hagamos eso! – gritó Zoro, mientras giraba sus espadas en el aire.
– ¡Hagamos eso Zoro! Si no quiere volar él, lo arrancaremos del suelo con suelo incluido shishishishi – confirmó Luffy, mientras preparaba su puño. Luffy, comenzó a mover sus brazos a toda velocidad, mientras Zoro giraba sus katanas cargando su ataque a distancia favorito.
– Gomu Gomu no... ¡Sanbyaku Pondo Cannon! – gritaron ambos, espadachín y usuario, vicecapitán y capitán, golpeando justo debajo al Pacifista. El suelo se destrozó por la presión a la que se sometieron los taladros por el golpe, y los brazos que se anclaban al suelo se partieron. Altazor, extendió su brazo con la mano extendida.
– Rēzā rēzā no mi ¡Ō no ude! – (Láser Láser no mi, Brazo del Rey) atacó, y un láser con forma de brazo y mano palmeó de lleno al Pacifista, terminando de destrozar el suelo al que se agarraba y rajando y partiendo en dos las piernas con las que todavía se anclaba al suelo.
– ¡Este es mi Suúuuuperrrr momento de gloria! – anunció Franky, mientras sus antebrazos se hinchaban por la carga masiva de viento que estaba preparando – ¡COUP DE VENT! – gritó, y una potentísima ráfaga de viento, disparada a bocajarro, los derribó e hizo rodar por los suelos a los cuatro, mientras el Pacifista salía volando hacia el cielo nublado, y explotaba a decenas y decenas de metros por encima de ellos.
– Eso estuvo bastante bien – reconoció Sanji, mientras se relajaba.
– Chicos, os rebajaré un 10% la deuda a todos ahora que hemos ganado – anunció la navegante, provocando mandíbulas caídas seguidas de gran alegría generalizada. Franky, con el pelo azul ahora caído, y casi agotado totalmente de cola salvo la justa para poder correr, comenzó a hacer un extraño baile al que Chopper, Usopp y Luffy se unieron en seguida entre grandes carcajadas.
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En algún lugar del mar entre Marieoja y la Isla Zafiro
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Kizaru llevaba observando un rato, en silencio y con una misteriosa sonrisa, la luz verde que palpitaba en el radar que sostenía en su mano. De pronto, su luz parpadeó con fuerza, para luego apagarse. La sonrisa de Kizaru vaciló, hasta que finalmente desapareció, dejando a su portador con una expresión neutra en el rostro.
– Oe, viejo, la luz del transistor se apagó – se quejó Sentomaru, mirando por encima del hombro del Almirante al radar apagado – Tanta palabrería, y al final no ha servido de nada todo esto.
Kizaru se limitó a volver a sonreír.
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De vuelta en la Isla Zafiro
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– Oe, Franky. Estas cosas han quedado totalmente destruidas – se lamentó Usopp, que se había asomado al boquete abierto por la explosión del Pacifista que Luffy había enterrado en el suelo. Abajo, entre restos de humo y fuego provocados por su explosión, había algunos pedazos de piezas destrozadas... nada que pudiera ser aprovechado, o si quiera investigado.
– Mmmmmmhhh, no me desagradaría hacerme con los diseños de esas cosas. Son Súperrr duros – reconoció Franky mientras se rascaba el mentón pensativamente. El hecho era que esas armaduras y sistemas mecánicos, le estaban dando multitud de ideas a Franky. Especialmente por el rayo que disparaban – Creo que podría crear algo semejante a eso... si tengo las herramientas, y consigo más información sobre estos robots – añadió. Luffy y Chopper escucharon eso.
– ¡Uaaaaaa! ¡Sí por favor Frankyyyy! ¡Un Súuuuuper robot gigante! – gritó Luffy con estrellitas en los ojos.
– ¡Sí! ¡Suuuuuuper! – gritaba Chopper subido en la cabeza de Luffy.
– Juajajajaja, dije que a lo mejor podría. Pero si es por vosotros, ¡lo haré! Auuuuuu – contestó Franky, haciendo su súper pose. Cuando se calmaron, Altazor fue el primero en acercarse al D.
– Luffy, toda tu forma de pelear fue impresionante. Más aún cuando no usaste haki – comentó Altazor poniendo una mano en el hombro no herido del peli negro.
– Shishishishi, conté con mucha ayuda – respondió Luffy humildemente, quitando importancia al asunto – Todos trabajamos en equipo, ¿verdad mina? Haremos una barbacoa para celebrarlo ¿neeee? – añadió mientras babeaba súbitamente, y Sanji asintió, mientras intentaba mantener una pose seria y gruñona, pero en realidad estaba riendo por dentro por la divertida reacción de Luffy. Altazor no pudo evitar sonreír.
– Sois... somos un buen equipo... tener un equipo en el que confiar, con el que poder luchar codo con codo... – reconoció, mientras bajaba la cabeza y mantenía su ligera sonrisa. Se miró los brazos, que Chopper le había vendado con cuidado y profesionalidad. ¿Cuándo fue la última vez que alguien atendió sus heridas tras una batalla? Durante años, no había querido confiar en nadie... no podía confiar en casi nadie, ni era capaz, y por ello lo hacía todo solo – Esta fuerza de ayudarse unos a otros, cuidarse unos a otros... – comentó, hablando más para sí mismo, aunque todos lo escuchaban. Y recordó su recién creada rivalidad amistosa con Zoro – Esta rivalidad entre camaradas de armas... – dijo, y alzó la cabeza mientras cerraba los ojos y comenzaba a reír a carcajadas – Jiejajajajajaja ¡cómo echaba de menos esto!
Fue la primera vez que le escucharon reírse de forma natural, con su risa más real, desenterrada de un pasado que le cambió para siempre. Su risa era agradable, y contagiosa. La mayoría rápidamente se unió a las carcajadas, aunque para Nami, Robin, Sanji y Zoro sus palabras tuvieron un significado más profundo, y se limitaron a sonreír, contentos y aliviados de que todo hubiera terminado bien. Cuando se acabaron las risas, Luffy volvió a hablar.
– Para eso están los nakamas. ¿De qué sirve ser el más fuerte, o el Rey Pirata, sin vosotros? – dijo Luffy sonriente y reflexivo, provocando que Altazor abriera los ojos de par en par, y asintiera una sola vez, claramente impresionado por las palabras del peli negro. Zoro sacudió la cabeza, y sonrió satisfecho.
Luffy siempre sabía dar con las palabras exactas.
– Deberíamos marcharnos todos. Ahora que todo está tranquilo, podemos embarcar y aprovechar la tormenta que está por llegar para escapar de la isla – intervino Nami. Luffy asintió.
– Yosh, está decidido entonces. ¡Nos largamos de la isla, Sanji prepara la barbacoa! – gritó, mientras alzaba los brazos, pero tuvo que bajar uno al momento – Itéeeee... – se quejó, mientras se masajeaba el hombro herido.
– Luffy, no fuerces ese brazo o se te volverán a abrir las heridas – pidió Chopper.
– Que le pidas eso a Luffy es como pedirle al marimo que no se pierda, Chopper – se burló Sanji, y Zoro le devolvió los insultos sin moverse del sitio, no parecían tener muchas ganas de tener una pelea física. Todos rieron, felices y divertidos. Zoro y Sanji, frustrados porque sus peleas fueran motivos de risa para el resto, se quedaron en silencio.
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– Sentomaru... la mayor diversión en eeeeeste mundo...
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Los Mugiwara se reunieron con Law, Kid y Killer, en el centro de la plaza. No había ni rastro de Capone y de Bonney. Zoro y Killer se evaluaron con interés, ambos eran espadachines y ambos eran bastante letales cuando se lo proponían. Por su parte, Law intentó iniciar una conversación con Luffy de capitán a capitán, aunque en seguida se dio cuenta que eso era algo del todo imposible.
– Fue toda una demostración de fuerza, Mugiwara ya – comentó Law cortésmente.
– ¿Eh? ¿Y tú eras? – preguntó Luffy mientras le miraba con curiosidad y se picaba la nariz con el dedo chiquito.
– Te lo acabo de decir, me llamo Trafagar D Water Law – dijo armándose de paciencia el "Cirujano de la Muerte"
– Ah, sí, eso es Torao. Shishishishi, tú también eres muy fuerte – contestó Luffy.
– No soy Torao, soy Tralfagar D... – empezó a decir Law, con una mueca furiosa en la frente, pero al ver la mirada perdida del capitán, lo dejó por imposible – Déjalo, nos diste muchos problemas con tu tontería de atacar a un Tenryuubito.
– Era un tipo molesto – contestó Luffy frunciendo el ceño – Además, todo salió bien ¿no? – añadió, y tuvo asentimientos positivos de Zoro y Robin. Law simplemente suspiró, pero no tenía más remedio que dar la razón a la infantil lógica, pero lógica al fin y al cabo, de Luffy.
– Reconozco que sí, Mugiwara ya. Y esto fue un buen calentamiento para nuestro viaje al Nuevo Mundo – añadió Law.
– Idiotas, no sé ni por qué me metí a ayudaros – intervino Kid de pronto. A su lado se apoyaba un Killer renqueante al que se le notaba realmente cansado. Law fue a abrir la boca, pero un remolino naranja fue más rápido.
– Oye, ten más respeto idiota – se quejó Nami apuntándole con un dedo a la nariz. Kid fue a replicar, pero la mirada de la navegante daba miedo, e incluso un pirata aterrador como él se mordió la lengua para no replicar. Tampoco era idiota, no el convenía empezar una pelea con los Mugiwara en ese momento, no estaba preparado.
– Sigo sin hacerme a la idea de que tú, tú, de entre todos los cabrones que viajan por este mar, estés con ellos – dijo finalmente, ignorando a Nami y clavando sus ojos en Altazor.
– Son mi gente ahora... ya sabes lo que eso implica. Los protegeré con todo lo que tengo – fue la sencilla (y amenazante) respuesta del peli plateado.
– Todo eso son cosas muy complejas, lo mejor que podemos hacer si se ha acabado la diversión aquí es ir al barco. El ossan nos estará esperando – habló Luffy, estirando los brazos y soltando un gran bostezo. Tenía prisa, quería ir a rescatar a su hermano cuanto antes.
– Bueno, supongo que esto es todo. Deberíamos aprovechar ahora para escapar todos, en el Nuevo Mundo ya nos enfrentaremos – reconoció Law, echándose su espada al hombro. Bepo llevaba consigo a dos de sus nakamas inconscientes, y la mitad de sus nakamas, los que aún se tenían en pie, a la otra mitad. Algo similar ocurría con los subordinados de Kid y Killer.
– Tenemos más compañía... – interrumpió de pronto a todos Altazor, mientras sus ojos se entornaban y giraba la cabeza para mirar hacia atrás.
– Disculpen, piratas... tengo una petición – dijo una voz a espaldas de todos.
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– Es arrebatarle la esperanza a aquél que cree que tooooodo le ha salido bien...
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– ¡Marcio! – dijeron varios Mugiwaras sorprendidos de volver a verle tan pronto. Marcio acababa de llegar a la plaza, y se acercaba hacia ellos seguido de sus cuatro oficiales, y de todo un escuadrón en formación de marines. La mayoría parecían cansados, sucios, y algunos tenían hasta leves heridas, pero seguían a Marcio, una figura respetada como pocas entre la tropa, con verdadera lealtad.
– ¡Oe, Marcio! ¿quieres pelear otra vez? – preguntó Luffy al reconocerle mientras saludaba con los brazos en alto y su clásica sonrisa.
– Monkey D Luffy... no he venido a pelear. Vengo a hacer una petición, como capitán de la Marina, a los capitanes piratas que tengo ante mí – dijo formalmente y con voz potente.
– ¿Qué cojones querría un puñetero capitán de la mierda Marina de mí? – preguntó Kid, con su forma de ser agresiva que guardaba para aquellos que no le caían bien, es decir, para casi todo el mundo.
– Le escucho, capitán – respondió Law, que había estrechado los ojos, interesado por el inesperado acontecimiento que se estaba dando. Era algo insólito que un capitán de la Marina tratara con formalidad a un grupo de piratas enemigos, más aún después de haber sido derrotado por ellos.
– Claro, mientras no sea algo malo para nosotros no hay ningún problema, ¿verdad mina? – afirmó Luffy.
– Jum, mientras no nos pida dinero... – contestó Nami, con los brazos en jarras.
– Fufufufu, realmente no piensas en otra cosa – se rió Robin a su lado. Nami sonrió también. Eso no era cierto, ella también pensaba en más cosas... como en ropa, por ejemplo.
Y también en Luffy.
"¿Pero qué estoy pensando otra vez?" se dijo a sí misma, y se obligó a volver a la realidad, deseando que nadie se hubiera dado cuenta del rubor que súbitamente había teñido sus mejillas. Solamente Robin la dirigió una mirada insondable, pero sus labios sonreían divertidos. Aunque la morocha fue lo bastante hábil para no hacer ningún comentario sobre el tema.
– Monkey D Luffy, Trafalgar D Water Law, Eustass Kid... y también... Altazor D Solaris y Rorona Zoro, ya que no sé muy bien qué rango ostentarás ahora mismo... os pido formalmente el poder retirar a nuestras tropas heridas de la plaza – los murmullos se extendieron a espaldas de Marcio, y algunos alzaron la voz diciendo que no se podía negociar con piratas – ¡Silencio! Hemos sido derrotados por toda la isla, ¡y aquí más que en ningún sitio! ¡Lo primero es salvar a los nuestros! – gritó, sin girarse si quiera.
– Pero señor, no se puede negociar con escoria pirata. ¡Una leyenda como usted no puede rebajarse a eso! – gritó uno de los soldados, pero los cuatro oficiales de Marcio se giraron para encarar a los soldados, que enmudecieron al instante.
– Yo asumiré las consecuencias de este acto. Hemos podido rescatar a todos los nuestros en el resto de la ciudad, solamente nos quedaba este lugar, y por vuestra pelea contra los Pacifistas tampoco podíamos venir aquí sin arriesgar a más de los nuestros... vuelvo a decirlo, os pido formalmente que nos permitáis retirar a nuestros heridos de la plaza, para luego marcharnos de la isla – dijo con voz firme, para luego inclinarse ante Luffy y el resto, gesto que los cogió a todos por sorpresa, incluso a Kid y Law, más frío uno y agresivo el otro que la mayoría de personas. Los soldados se quedaron admirados de que su capitán se humillara, en opinión de ellos, hasta ese punto, por unos simples marines como ellos.
– ¿Qué hay del Tenryuubito? – preguntó Law, no obstante. Y es que, capturar a uno de los Dragones Celestiales con vida, aunque supusiera un enorme riesgo para todos, era algo que daría un poder tremendo a cualquiera para negociar un rescate con la Marina.
– Llegado este punto, mi prioridad es salvar el máximo número de vidas posibles... si me voy sin el Tenryuubito, es seguro que seré ejecutado nada más llegar a la primera base de la Marina. Pero no puedo priorizar una vida sobre cientos. Si dejo a los agentes del Gobierno Mundial y a los Marines en ésta isla, después de lo que hemos provocado, no tengo claro que los locales les perdonen la vida – contestó Marcio. Siguió un largo silencio, en el que nadie habló. Silencio que finalmente rompió Kid.
– Grmppphhhh, maldita sea, eres un tío con pelotas, aunque seas Marine... eso lo respeto. Llévate a quien quieras, pero me deberás una ¡Que no se te olvide! – dijo el pelirrojo, y sin añadir más, se giró. No quería ver más.
– Por mi parte, tampoco puedo negar una petición así, pero algún día me cobraré éste favor, Marine – contestó Law, y se cruzó de brazos, dando por terminada su intervención. Marcio alzó la cabeza, y dirigió su mirada hacia Zoro y Altazor, que se encontraban juntos con las espadas desenvainadas, aparentemente relajados, pero en realidad estaban listos para pelear con todo.
– No es una decisión que deba tomar yo. Quien te derrotó fue Luffy, respaldaremos lo que él decida, ¿cierto Zoro? – dijo Altazor, lanzando la pelota al peli verde.
– Tsk, que Luffy decida. Haré lo que mi capitán ordene, pero te diré, que eres un hombre con honor... incluso para ser un Marine – dijo Zoro, sin dejar de observar con la cabeza ladeada a Marcio.
– Shishishsihi, sería muy triste para todos que a ti te pasara algo, eres un buen tipo. No está bien hacer daño a la gente cuando ya ha sido derrotada, ni siquiera a alguien como ese maldito... – empezó a decir Luffy, que al recordar a Sabo tuvo que apretar el puño y los dientes, deseoso de volver a golpear a ese tipo, gesto que no pasó desapercibido para nadie – Pero ya le he pateado el culo, ahora me siento mejor. Llévate a quien tú quieras contigo Marcio, eres libre de hacer lo que quieras, siempre que no le hagas daño a mis nakamas – dijo, y Marcio asintió lentamente.
– Gracias a todos. Nos retiraremos en seguida – contestó, y dio la vuelta para marcharse de allí.
– ¡Espera! Hay algo que quiero a cambio – dijo de pronto Luffy, y Marcio se giró sorprendido. Y también estaban sorprendidos casi todos, salvo Nami y Zoro, que eran los que mejor conocían a Luffy y sospechaban lo que éste iba a hacer.
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– Y de paso, demostrarle a tu alumno... que aúuuun le queda mucho por aprender... ¿neeee? – completó su lenta frase Kizaru, mientras mostraba en el mapa del radar un punto en concreto – Cinco minutos antes de que destruyeran al últimooo Pacifista... yo ya tenía su ubicación – añadió, mientras se ponía en pie, con su capa blanca ondeando al viento. Sentomaru, una vez más, se vio obligado a guardar silencio, ese hombre al que seguía... realmente era alguien calculador, y diabólicamente inteligente – Te veréeeee en la isla Zaaaafiro en unas horas – añadió, y con una brutal carga de energía, Kizaru se convirtió en un rayo de luz que salió disparado hacia una lejana tormenta que se adivinaba en el horizonte.
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– Si haces un trato, lo suyo es darse la mano ¿no? – fue lo que añadió Luffy, y estiró el brazo con la mano extendida hacia Marcio. Todos, piratas, Marines, Mugiwaras, se quedaron con la boca abierta. En seguida los murmullos se extendieron por ambas filas.
– No puede estar hablando en serio – decían unos.
– Es una broma – decían otros.
En seguida, al ver que Luffy no retiraba la mano, los Marines comenzaron a dejar de murmurar, y algunos incluso amenazaron a Luffy. Pero Marcio alzó un puño sin volverse hacia los suyos, y todos enmudecieron al instante.
– Sea pues. Es un pequeño precio a pagar, a cambio de rescatar a los míos – habló finalmente Marcio. Pero su rostro no parecía molesto, aunque sí sorprendido. Caminó lentamente hacia Luffy, y observó la mano que éste todavía le tendía, y luego observó la clásica sonrisa del D – No haces esto para molestarnos, ¿verdad? – preguntó, aun sin cerrar el apretón.
– ¿Ehhhhh? ¿Eres idiota o qué? Claro que no, hago esto porque aunque seas mi enemigo... ¡eres un buen tipo! Me agradas shishishishi – contestó Luffy, como si fuera lo más obvio del mundo. Marcio sonrió, para su desgracia, sonrió, y finalmente, aceptó la mano que Luffy le tendía y la estrechó en un apretón lento pero lleno de significado.
Los piratas y los Marines seguirían siendo enemigos. Luffy y Marcio, seguirían siendo enemigos.
Pero incluso entre los enemigos se podía dejar un lugar para el respeto y el honor.
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En el momento en el que ambos se separaron, se desató el infierno.
Una luz amarilla pudo ser vislumbrada en el lejano cielo de más allá de la bahía de la Isla Zafiro, por debajo de las nubes grises cada vez más bajas... y un segundo más tarde, toda la plaza se desintegró en mil pedazos, en una explosión que alcanzó a todos, Marines y piratas por igual.
Luffy a duras penas tuvo tiempo de extender su brazo para proteger a Nami con su propio cuerpo. Los edificios salieron volando por los aires, y ni siquiera Altazor, Marcio, o Law pudieron anticipar y protegerse de la explosión redondeada y amarillenta que lo envolvió todo.
Cuando el mundo dejó de temblar y rugir, Luffy consiguió entreabrir los ojos, y pudo comprobar que Nami estaba envuelta entre sus brazos. Todo a su alrededor era destrucción. Le pitaban los oídos, estaba mareado, y le dolía todo. Al menos, había llegado a tiempo para proteger a Nami.
– ¿Est...ás... bien, Nami? – consiguió murmurar él. Se tocó la cara, al comprobar como la visión de su ojo derecho se volvía roja. Era su propia sangre, producto de un golpe en la cabeza, y que ya cubría todo el lado derecho de su rostro. Nami tosió, y se apretó contra su cuerpo, y Luffy instintivamente la abrazó protectoramente. Al comprobar que estaba bien, pudo dirigir su vista hacia el centro del cataclismo que los había envuelto, pero el humo negro con jirones de luz amarilla no le dejaban ver nada.
– ¿Moooooshi moooooshi? Aquí el Aaaaalmirante Kizaru Borsaliiiino. ¿Sigue alguien con vidaaa por aquí? – dijo una voz malévola y burlona desde el centro de la explosión.
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No doy a basto para actualizar más rápido, y yo que quería en este capítulo dejaros con la pelea entera de Borsalino y Rayleigh... pero al final se me alargó todo, y si la hago como hubiese querido, este capítulo se habría hecho demasiado largo jejejeje.
Como dirá Karou sama, siempre dejo las cosas cuando más tensas están, tendréis que perdonarme. Os prometo que actualizaré rápido! Para el domingo que viene, tendréis la pelea entre los dos monstruos.
Y ahora vamos con las reviews anónimas.
- Rukiakuran: bienvenida a la familia una vez más. Me alegro muchísimo que te enganchara tanto, y espero que sigas disfrutando de ella de ahora en adelante
También me gusta que te hayas encariñado con Altazor, es un personaje hecho para quedarse, asique eso es bueno para ti :D
Poco a poco esos dos idiotas enamorados irán profundizando, pero tiene que ser algo progresivo y lento, si no Luffy no sería Luffy jajaja
Pues aquí tienes la actualización, y en poquito seguirá avanzando... hacia el arco de Impel Down
- Kirika: Aquí está Kizaru, pero... como siempre... lo dejé justo antes de que empezara lo bueno. Prometo que en el próximo será la pelea a tope!
Gracias como siempre a todos los que seguís y leéis la historia. Espero vuestras reviews, y nos vemos pronto en el próximo!
